Nada de Crepúsculo me pertenece, la historia es de Sthepenie Meyer y yo solo lo utilizo con fines de entretenimiento.

Summary: Secuela de pérdida en crepúsculo. Y de ese modo el león se casó con la oveja. ¡Qué oveja tan estúpida! ¡Qué león tan morboso y masoquista! ¿Qué hago resolviendo sus problemas?

Advertencia: Todos los personajes pertenecen a Meyer; excepto Hannah James, Danielle James, Charles Taylor y todos los personajes del universo de Hannah

Advertencia 2: Algunas frases originales del libro Amanecer aparecerán en la historia.


Parte XLVIII

Inspirado en You`re still one – Shania Twain & You and me – Lifehouse

Cuando abriera los ojos esta vez sabría donde estaría; desde que Alice se había dedicado a verme como si fuera a desaparecer en cualquier instante y luego sospechar que era sobre Charles, comprendí que morir era la única forma de salir completamente de la historia…

Parpadee lentamente, tratando de habituar mi mente a lo que encontraría, sentía como si hubiera pasado una eternidad viviendo en mi cabeza; hubo momentos en los que olvide a charles y nuestro compromiso, viviendo una vida que nunca me perteneció, por que solo una mente como la mía podía crear ilusiones de la nada, así como a la realidad volvía, iba echar de menos a todos, especialmente a los Cullen, mi otra familia.

Mis entornados ojos, capturaron siluetas borrosas muy familiares, no por que fueran personas, sino objetos que se habían vuelto cotidianos para mi desde hace un año; sentí unos molestos tubitos en mi nariz, como también un viento helado que llegaba a mis pulmones una y otra vez. Eso era algo extraño, considerando el tiempo eterno de este nuevo padecimiento.

Mis pupilas se aclararon poco a poco, como también los sonidos que había en el lugar. Estaba en mi habitación, la que tenía en la casa nueva que Harris había adquirido para toda la familia, solté un suspiro y moví mi cabeza en búsqueda de señales de vida, pero estaba el lugar desierto, como si todos se hubieran puesto de acuerdo para abandonarla… ¿Y si un virus mato a la raza humana? ¿Si soy la última sobreviviente?

Tendría que buscar un lugar seguro, lejos de los zombis y luego buscar a mi familia, Harris no permitiría que se convirtieran en pesadillas. Unas voces se escucharon al otro lado de la puerta, los zombis no se reirían, harían guturales sonidos que espantarían a cualquiera. La puerta de la habitación se abrió para dar paso a una mujer de baja estatura, cabello negro y facciones severas, esto era peor que una pesadilla con zombis incluidos, ¿Qué hacía Caroline Park en mi habitación? ¿Quién le dio autorización? Mis pensamientos debieron ser escuchados, por que la mujer me observo con un gesto aterrorizado, seguramente decepcionada porque no había pasado a mejor vida.

- ¿Hannah? -cuestiono Caroline con alivio.

-Si -respondí con voz pastosa-. ¿Qué hace en mi habitación?

- Me alegro de que hayas despertado -contesto Caroline con voz pausada-. No podía soportar ver a Charles sufriendo, aunque no me creas, estaba preocupada por tu salud. Mi sobrino no merecía una perdida tan devastadora como la muerte de sus padres, así que decidí no entrometerme más.

Observe a la mujer con cautela, estaba esperando que dijera que era una broma y solo venia, para cerciorarse que yo muriera de una vez por todas, dejando el camino libre de su sobrino para una chica con más clase, además de normal.

-Siento mucho lo que te hice -dijo Caroline frunciendo los labios con nerviosismo-. Me porté de forma grosera, cuando debí haber entendido mejor la situación.

No abrí mi boca para contestar, estaba un poco sorprendida por la palabras de Caroline; registre la habitación en busca de una cámara escondida, pero no encontré ninguna, me costaba creer que aquella odiosa mujer fuera sincera. Habían sido años de aguantar su odio repentino hacia mí; quizás fuera este el momento de aclarar esas pequeñas dudas que habían rondado por mi cabeza.

Sin embargo, mis intenciones se fueron abajo, la puerta de la habitación fue nuevamente abierta, esta vez Charles humano se adentraba en ella, cuyos ojos volvieron a la vida al contemplarme despierta, con pasos lentos se acerco a mi cama, para cerciorarse que no era una mentira.

- Los dejo solos -intervino Caroline rompiendo el silencio-. Ten cuidado Charles.

Mi novio-prometido asintió vertiginosamente con al cabeza, ya que estaba tan asombrado, que parecía incapaz de pronunciar alguna palabra.

-Has vuelto -pronuncio sin despegar sus ojos de mí.

-Esta vez para siempre -dije con las lágrimas apiñándose en mis ojos.

- ¿Qué ha pasado esta vez? -pregunto Charles acercándose a la cama despacio.

- He muerto en los brazos de Edward -conteste soltando un sollozo.

Charles dejo toda cautela, me rodeo con sus brazos y me acomodo de tal modo, que parecía un bebe siendo consolado de una pesadilla, me deje llevar por los ultimo acontecimientos, las lagrimas se desbordaron de mis ojos sin parar, la camisa de Charles estaba empapada del salino liquido sin que le importara; sus labios me llenaron de besos al igual que su llanto y risa se mezclaba, parecía como si hubiera sido un milagro mi despertar, este era el amanecer de una nueva vida.

- ¿Cuánto tiempo ha sido esta vez? -inquirí intranquila.

-Tres semanas -respondió Charles con alivio-. Estamos a un semana, no has despertado tarde, solo justo a tiempo.

- Lamento esto -mencione levantando mis ojos para observarlo-. Suelo meter la pata en los momentos más inoportunos.

- No debe preocuparte por nada-objeto Charles-. Todo esta resuelto, debiste decirme muchas cosas que ignoraba; como también debí ayudarte más en vez de enfrascarme en el estudio de aquellos casos. Siempre serás lo más importante para mí.

Solté un suspiro, ¿Acaso debía pedir más?, no había forma que dejara de quererlo, era especial a su manera, siempre me anteponía a sus metas, pero sabía cuán importante era para él ubicarse en una buena compañía de abogados; así que me había hecho cargo de todo, no quería presionar más, de lo que estaba.

Ahora todo volvía a la normalidad, quizás mi cuerpo en el mundo de fantasía desaparecía, como solía suceder en muchas películas, me dolía saber que estarían tristes en vez de alegres, me había encargado de arruinarles su día perfecto, en vez de celebrar su buena suerte, sus lágrimas inexistentes llenarían los próximos meses a mi muerte repentina.

- ¿Maggie te suministro los calmantes? -inquirió Charles con recelo-. La pobre ha estado muy mortificada al ver que no respondías, se llevo un susto de muerte pensando que te había asesinado.

- Lo siento -me disculpe de nuevo-. Pensé que lo calmantes desaparecerían la ansiedad; Maggie creía hacer lo correcto, así que no pelees con ella.

Charles soltó un suspiro resignado, él no podía odiar a las personas que yo le tenía afecto, desde la ultima vez que nos había ocurrido algo similar, me había enfadado por tratar de competir con mis amigas, aunque ellas habían hecho exactamente lo mismo, comportándose como unos niños pequeños que se pelean por el juguete más reluciente.

-Está bien -concedió a regañadientes-. Ahora cuéntame que ha pasado con los Cullen esta vez, no dudo que Jacob Black trato de conquistarte nuevamente.

Fui contando la historia, como si estuviera de nuevo en Forks. Charles escuchaba en silencio y con atención los pormenores de mi nueva aventura; no había sido fácil esta vez, la tentación por momentos había ganado, la tristeza tampoco había faltado, la igual que mis ganas de ser un héroe no se había resquebrajado. Lo más fuerte que había enfrentado era a los gemelos de la guardia de los Vulturis, aunque al final la intervención de Alec contribuyó a un final agridulce que no compartía Jane.

Finalmente, cuando la historia acabo, el sol al otro lado de la ventana decidió alumbrar más, bañando con su luz cada rincón de la habitación, el beso de Charles en mi coronilla me trajo a la realidad de nuevo. No fui capaz de contarle sobre su versión en esta historia, seguramente se hubiese indignado que me haya cambiado por otra mujer.

-Pobre Jacob Black -comento Charles con un tono pesaroso-. Debió sufrir mucho, aunque nunca le perdonare el que haya tratado de ganarme.

- Solo es un chico enamorado -reproche-. Él no eres tú, siempre estuvo consciente de eso.

- Esta bien, lo dejaremos como un héroe -dijo Charles soltando una risa-. Pero admiro a Edward Cullen, este tipo tener que aguantarse a su rival de amores sea su yerno, es tener la paciencia de un santo.

-Edward es especial -dije con la voz temblorosa.

-Siento mucho todo esto -expresó Charles besando mi cabeza de nuevo-. Se cuanto los aprecias.

Nos quedamos en silencio unos minutos, Charles me estaba dando espacio para superar mi perdida. De acuerdo con los últimos acontecimientos, nunca más volvería a verlos, el que haya muerto era un paso significativo, nunca más entraría al planeta fantasía, mis ojos no volverían a observar al país maravilla y mucho menos a interactuar con sus habitantes.

-Te amo -manifestó Charles rompiendo el silencio-. Cuando tu te vas, te llevas mi corazón completo.

- Y tu te quedas con el mío -dije esbozando una sonrisa-. Ahora nunca me volveré a ir.

-Así sea, señora Taylor -indicó Charles con alegría.

Por tercera vez, la puerta se abrió como si estuvieran escuchando tras ella, las primeras en aparecer fueron Margaret y Elizabeth con unas sonrisas llorosas, tras ellas estaban mi madre y Harris junto con Alice y Seth, mi familia. No tenia que decir nada, para saber que era bienvenida y que al igual que aquellas cuyos corazones me apreciaban, me habían extrañado y se habían sentido preocupados.

-Nunca nos vuelva hacer esto -manifestó Harris aparentando enfado.

-Lo se -dije sonriendo-. Yo también te echo de menos.

Unos cuerpecitos se subieron con rapidez a mi cama, sus manitas apresaron mis pies y me regalaron una inmensa sonrisa, ellos también me habían echado de menos, yo igual extrañe su compañía y las ganas de compartir grandes aventuras.

- Hannah -dijo Seth babeando la manta.

-…mana -completo Alice soltando una sonrisa infantil.

-Ellos también estuvieron preocupados -dijo mamá tomando de la cintura a Seth-. Bienvenida Hannah, está siempre será tu casa.

Los días siguientes pasaron con mucha rapidez, hubo momentos que rompía a llorar desconsoladamente, pero no eran los nervios comunes que a toda novia aquejaba antes de la boda, era por los Cullen y todo lo que había dejado atrás con mi muerte. Si, parecía maniaca llorar por aquello que desee terminar con prontitud, los añoraba con toda mi alma, además deseaba con fervor que estuvieran en mi boda, compartiendo el día más feliz de mi vida.

-Cariño, déjalo ir -dijo Margaret mirándome a través del espejo-. No te atormentes, eso no fue real.

- Lo fue, Maggie -corregí observándola con seriedad.

-Solo en tu cabeza -comento acomodando su flequillo rubio-. Recuerda que hoy te casas con un hombre que te ama, también por el cual, peleaste con una francesa; así que no lo arruines.

Solté un suspiro resignado, Maggie tenía razón, estaba arruinando un día tan importante con mis locuras. Levante la cara y vislumbre a través de la ventana el jardín dispuesto para que allí se celebrara una boda, los colores naranjas y amarillos claros abundaban en muchas partes, desde los manteles pasando por los arreglos hasta el pastel de bodas. Todo tenia un aspecto magnifico y perfecto, contando que no me habían dejado meter un dedo para nada debido a mi convalecencia.

Así que estaba sentada en la habitación ataviada con un batín blanco, con dos horas necesarias para lucir como una novia radiante el día mas feliz de su existencia, sin embargo, sabia que no era una boda normal, un dispositivo a las afueras, requisaba minuciosamente cada invitado que entrara, evitando que aquellos que nos perseguían se inmiscuyeran en un día donde solo debía reinar la felicidad. El silencio de la habitación se vio interrumpida por dos mujeres que ingresaron arreglándose las faldas de los vestidos amarillos pastel

- ¿No te has comenzado a arreglar? -me reprocho Elizabeth haciendo un puchero digo de Alice-. Al paso que vas, te casaras en batín.

- Eso mismo le digo yo -intervino Maggie bamboleando sus rizos elaborados-. Sigue obsesionada con su mundo imaginario.

- Creo que la están presionando -opino Meredith observando a las chicas de forma contenida-. Se supone que ustedes deben aligerar las cargas, no ponerle más.

Las caras de las chicas era un poema, no sabía si reírme de la cara de Lizzy y Maggie, o la de Meredith. Un flash las descoloco de sus sitios, volviendo sus caras hacia mi madre que tenia una reluciente sonrisa, seguramente porque se deshacía de uno de sus hijos.

- Creo que ser novia de Anthony le despertó las neuronas -murmuro Maggie fingiendo tomar algo del tocador.

- Basta de murmurar -dijo mamá agitando los brazos-. Es hora de poner bonita a la novia, al menos que ella prefiera batear.

-No lo digas ni en broma -replique cruzándome de brazos.

La risa de mamá me dijo que era una broma bien pesada. Entre las cuatro empezaron a transformar mi cara, espolvorearon aquí y allá, le pusieron color a mis ojos y labios. Me hicieron recordar la boda de Edward y Bella, cuando Rosalie transformo mi rostro en alguien quien no conocía; relaje mis parpados y deje que mi cuerpo se fuera a un lugar feliz, en este caso no era la luna de miel incierta, eran los mejores momentos vividos con los Cullen y los chicos de la Push.

Los minutos comenzaron a pasar lentamente, sentía a las cuatro hacer diferentes maniobras en mi cara y cabello, oía las botellas amontonarse y la laca esparcirse en mi pelo, esto debía aterrorizarme, pero realmente estaba resignada a ser el maniquí en el que hacían sus sueños frustrados de hacía varios años.

-Hemos terminado -anuncio mamá mirando el reloj en su muñeca con preocupación-. Nos queda una hora para terminar de vestirla.

- Ahora sabremos el secreto mejor guardado -menciono Lizzy con emoción-. No entiendo por que no nos dijiste. Charles no lee mentes y es un pésimo interrogador.

-Me pareció una buena idea -opino Meredith sentándose en el borde de la cama-. Así todos tendremos las caras pasmadas.

- No es para tanto -refute sintiendo mis mejillas arder-. Simplemente quise que fuera así, sentir que fuera real hasta el día de la boda.

Mi madre fue por la bolsa celosamente guardada en el closet, me dedique por unos instantes a observar mi rostro, tenía un maquillaje delicado como todo lo concerniente a la boda; solté otros suspiro nostálgico, Alice y Rosalie, junto con Bella hubieran estado encantadas de ser mis damas de honor, pero tenía a mis primeras y únicas amigas que había cosechado en la vida; aunque Meredith se hubiera marchado.

-Cuanto siento, no haber estado estos meses -me dijo Meredith tomando mi mano-. Siempre me he portado como una tonta insensata contigo.

-Ya todo paso -la consolé-. Lo importante es que estas aquí, a pesar de los inconvenientes que tuvimos.

-La adolescencia nos hace cometer pendejadas -continúo mirando mis ojos-. Estaba muy ciega al creer que me haría caso.

-Tarde, pero lo comprendiste -intervino Maggie conteniendo las lágrimas-. Vamos, es hora de vestir a la novia.

Mi vista se topo con mucho encaje blanco alrededor del vestido, era la cosa más bonita que había visto, en cuanto lo observe por primera vez super que era el adecuado para este día tan importante. El encaje empezaba a partir de unos hombros descubierto, lo seguían unas mangas que remataban en las muñecas con unos detalles delicados, atrás en el vestido lo acompañaba una hilera de botones que se unían a la cola del vestido, que no era muy extensa. Por los días que había pasado en recuperación lo sentía holgado pero aceptable para una celebración como esta.

-Luces como una princesa -declaro Lizzy limpiándose algunas lágrimas.

- ¿Tienes todo completo? -pregunto Margaret observándome de pies a cabeza.

Puse mi mejor cara de confusión, eché un vistazo a la vestimenta y no faltaba nada, a excepción del velo.

- Nuevo, el vestido -empezó a numerar Meredith.

- Viejo, no veo nada -opino Lizzy con preocupación.

-Eso tiene solución -intervino mamá mostrándome dos peines antiguos y azules-. Son los que me obsequio la madre de Harris; así que es viejo, prestado, azul y de carácter devolutivo.

Menee la cabeza, era exactamente lo que dijo la madre de Harris el día de la boda; la pobre mujer estuvo pendiente de los peines todo el tiempo, para luego olvidarse de ellos cuando finalizo la recepción. Tome una inspiración honda, el velo estaba finalmente en su lugar y ahora, lo único que faltaba era estar puntual para unir mi vida al lado de Charles para toda la vida.

Lance un último vistazo hacía el espejo y en su lamina, observe todo lo que había pasado en mi vida. Estaba dejando atrás mi antigua vida inmadura, indisciplinada y cabezota; entraba en una nueva etapa, de la que se requeriría de mis emociones más maduras, los pies en la tierra y dejar de estar creyendo en cuentos de hadas.

Eso significaba no volver a mencionar a los Cullen, a Jacob, Leah y los demás chicos de la Push, eran personas que vivían entre la hojas de los libros con sus propias y fantasiosas vidas. Jacob y Nessie tendrían probablemente la vida llena de retos, quizás tendrían que transformarlo para volverlo inmortal. Bella y Edward serían adolescentes eternamente, tratando de lidiar con una hija que no habían soñado tener y la cual sentirían perder por el amor, no serían años fáciles para ninguno de ellos.

-Es hora -menciono mamá con esfuerzo.

- Nos vamos adelantando -dijo Meredith mirando a las chicas-. Debemos practicar la entrada.

Maggie, Lizzy y Meredith salieron de la habitación. Mamá se aliso algunas arrugas imaginarias del vestido, estaba tan nerviosa como yo, ahora no me dolía separarme de ella, tenía quien la cuidara y además de unos niños inquietos que la mantenían ocupada, sería yo quien la necesitaría, pero debía hacer mi propia vida, volar fuera del nido.

-No voy a ocultar que me duele -comenzó mamá limpiando algunas lágrimas-. Harris a tratado de hacer entender que es hora de que hagas tu propia vida; pero han sido muchos años en los que solo fuimos las dos, ahora que no estarás aquí siento que parte de mi se está yendo contigo.

- Me paso lo mismo mamá -dije reteniendo un sollozo-. No me voy a ir para siempre, estaré cerca y vendré las veces que me necesites, nunca dejare de ser tu hija.

- Lo sé, Hannah -sollozo mamá-. Es hora de que tomes tus propias decisiones, ya no habrá secretos, ni gente persiguiéndote. Es el momento de ser felices.

-Charles esta a punto de desmayarse -bromeo Harris entrando a la habitación-. Lo podemos reducir, si ya no quieres casarte con él.

Fulmine con la mirada a Harris, estaría encantado que la boda se suspendiera, pero no por una mala razón o por que fuese una mala persona, sino por que en el fondo se sentía igual que mi madre, que Charles no me cuidara como era debido, o quizás no fuese digno de todo el amor y la confianza que depositaban en él; para ningún padre, ninguno era digno del amor de su hija.

-Yo también a veces tengo miedo -confese tomando el ramo que estaba sobre la cama-. Gracias por todo Harris, y si no te protas como es debido con mi madre, sabes que voy a enojarme mucho.

-Ve sin cuidado, ellos están en la mejores manos -dijo Harris con un tono solemne-. Ahora vamos o pensaras que eres la segunda versión de la novia fugitiva.

Mamá y yo soltamos risitas, ahora entendía por qué Charlie se me hacía tan familiar, Harris nunca estuvo tan lejos como yo supuse.

-No se tarden mucho -comento Harris despareciendo por la puerta.

- Es nuestro turno -hablo mamá con seriedad.

Tomé aire de nuevo y conté hasta diez, estaba más nerviosa que Bella en su día de pasar a ser parte de una familia de vampiros, si bien el único problema en la vida de Charles era su tía, no era nada comparado con vivir eternamente con dieciocho y ver a tu hija casándose con el que fue tu mejor amigo.

Baje con mucho cuidado por la escaleras, procurando no pisar el vestido. Podía escuchar las veces de mis amigas dándose instrucciones entre sí, se esperaba que salieran las cosas con bien y el cuento de hadas que habíamos estado protagonizando Charles y yo desde la secundaria, tuviera una gran final feliz.

Quería hiperventilar cuando sonó la marcha nupcial, vi desaparecer a las damas de honor cada 30 segundos, hasta que solo quedamos mamá y yo, escuchar contar los números con vertiginosidad hasta el 50 y la mano cálida de mi madre me indico que era momento de desfilar.

Cuando ambas salimos al exterior, las exclamaciones empezaron a expandirse por el patio trasero; con mi ojos comprobé que tan parecida era mi boda con las de las películas, los invitados estaban sentados en sillas blancas y las que daban al pasillo tenían raso blanco con flores blanca, amarillas y naranjas como las de mi ramo.

El flash de la cámara comenzaron a disparar a medida que avanzaba, entre los asistentes divise a compañeros de la escuela secundaria, Peter, Mark, Lo antiguos compañeros del quipo de futbol de Charles, de la universidad, agentes con su familia, así como Darcy y su recién adquirida esposa; así como la señora Wood, quien me observaba orgullosa desde su puesto.

Al final del interminable pasillo se encontraba Charles y Caroline, cuando la ahora no odiosa mujer se sentó en su silla, puse observar a mi futuro esposo en todo su esplendor; sus ojos azules brillaban con emoción y una sonrisa adornaba su rostro; estaba nervioso al igual que yo, sus mejillas estaban sonrojadas y su cabello rubio se veía lustroso. Nunca lo sentí tan alto como aquel instante, si bien siempre fue el típico chico americano, hoy se veía completamente distinto.

- Cuídala -advirtió mi madre, entregando mi mano a Charles.

- Siempre -contesto Charles depositando un beso en mi mano derecha.

Mi corazón comenzó una carrera frenética dentro del pecho y sentía en mis oídos todo la emoción, la euforia que apenas por los nervios pude sentir; el religioso comenzó con las acostumbradas palabras, a mis espaladas escuchaba los sollozos y los hipos de las mujeres por la emotividad. Nunca despegue mis ojos de Charles, toda la ceremonia estuve atenta a sus gestos, al igual que sus palabras durante los votos, en este caso sería hasta que la muerte nos separe, no sabíamos cuando sería, pero si que seríamos felices el resto de nuestras vidas.

- Ahora puede besar a la novia -anuncio el religioso.

Las manos de Charles se posaron en mi rostro con delicadeza, como si estuviera hecha de cristal; nuestros labios se juntaron y fue el cuadro perfecto del día. Todos desparecieron y solo estábamos los dos en un mundo fuera del espacio y el tiempo, lejos de aquellos mundos, momentos secretos y mentiras que habían girado en nuestras vidas; éramos uno, ese uno completo desde el día que comprendimos que nacimos para estar juntos toda la vida.


Hola, como están todos... parece increíble que este dando termino a este fic. Nunca lo creí posible cuando lo dejé en hiatus desde el 2015. Fue difícil volver y acostumbrarme al ritmo de la historia y encajar el ambiente de esos años, cuando hoy en día han pasado tantos avances, que no podía poner en la historia por que quedaría chueca la trama.

Muchas gracias a todos, sigo leyendo sus mensajes, algunos siguen sin llegar como aviso a mi correo, pero de todo corazón gracias por creer en esta historia que va culminando, ya solo nos falta el epilogo y algunos extras de la vida de Hannah, serán episodios sueltos de su vida en la realidad fuera del mundo de Crepúsculo.

;) Hasta la próxima actualización.