I
Su mirada permanecía perdida en el aire, prestándole total atención a nada en específico, el aire frío revolotea los mechones de su cabello azabache, despeinándolo. Le dolía horrible el corazón y su estado emocional estaba hecho lío interminable. Sin embargo, en su mirar no había ni rastro del tumulto que ocurriría en su interior. A simple vista, parecía estar observando a las nubes pasar.
Se estaba haciendo el fuerte, a pesar de encontrarse completamente solo en lugar apartado.
Por más que le daba vueltas al asunto, no lo entendía, le era difícil procesar todo. Nunca espero vivir una de las tantas amargas experiencias que solía escuchar de vez en cuando de la boca de otros saiyajines desdichados en el bar que suele frecuentar con sus amigos, luego de los entrenamientos y las largas misiones asignadas, y mucho menos, justo el día de su boda. El día que, desde luego, debió ser uno de los más felices, mágicos e inolvidables de toda su vida, no al contrario, uno trágico y doloroso.
Que resultó ser, de manera irónica, sólo inolvidable.
— ¿Por qué? — preguntó al aire, casi inaudible con voz quebrada, esperando inútilmente a que la respuesta llegase del cielo cómo por arte de magia.
En su mente, se repetía en bucle la terrible escena que vivió. Su futura esposa siendo asesinada ante sus ojos, por culpa de un potente ataque a manos de un intruso inesperado buscando venganza, cuyo planeta, fue previamente destruido y conquistado por él y su escuadrón hace poco, el cual, tomo por sorpresa a Bardock y a todos los presentes al comenzar la ceremonia. Nadie pudo reaccionar a tiempo, ni siquiera él, para poder evitarlo. En cuanto todos regresaron a la realidad, luego de la conmoción, ya todo había terminado. Lo único que pudo hacer fue quedarse ahí parado, con el cuerpo paralizado y sus pupilas temblando dentro su propia esclerótica, contemplando el cuerpo ya sin vida de su prometida tendido en el suelo sobre un charco de propia sangre durante unos segundos.
Segundos, que le parecieron eternos en ese instante.
Su día especial se convirtió en funeral en un abrir y cerrar de ojos. Bardock apretó los puños, una mezcla insoportable de rabia y náuseas se comenzaba a producirse en su adentros, intensificando su tumulto emocional. Acabar con la vida del responsable de su desgracia no le fue suficiente. De hecho, sentía que el infeliz no sufrió lo suficiente, en cuanto pudo reaccionar y moverse, se abalanzo sobre el intruso atacándolo repetidas veces con múltiples bolas de energía hasta matarlo. Si sus amigos no hubieran intervenido, el cuerpo del individuo hubiera quedado carbonizado.
De pronto, los colores del cielo empezaron a cambiar por unos más grisáceos, anunciando que pronto lloverá. Las primeras nubes negras empezaron a amontonarse en un solo punto. Bardock arrugó su entrecejo en señal de molestia, si algo lo caracteriza muy bien, es su semblante serio, casi inexpresivo, alguien que no demuestra sus sentimientos tan fácilmente. Esa simple acción le hace sentir vulnerable y estúpido, dos sensaciones que repudia a muerte. Por ello, nunca le gustó llorar. Ni siquiera estando a solas. Además, ver a un saiyajin llorar no es muy bien visto, y mas si trata de un guerrero, sin importar su nivel.
Mas pronto que tarde, las primeras gotas empezaron a caer sobre su rostro, su cuerpo y el suelo. Hasta que el sonido de ellas estrellándose contra su persona y el suelo rocoso se hizo presente. Y por primera vez, sin poder aguantar ni un segundo más, se permitió llorar. Cada lágrima que el saiyajin derramaba se mezclaba con la lluvia, pronto un fuerte nudo en su garganta se formó y su respiración se volvió agitada. Ya no le importa si alguien lo llega a ver así, lo único que desea es sentirse libre de su dolor.
No paso mucho tiempo cuando comenzó a gritar de frustración con todas sus fuerzas, hasta donde su garganta le permitía. El aura de su propio ki cubrió su cuerpo y sin darse cuenta, el suelo bajo sus pies empezó a temblar y posteriormente a partirse en trozos irregulares.
— ¡Maldición! — gritó tan fuerte como pudo mientras estallaba mas en llanto, sentía que algo en su interior se rompía. En su mente regresaron aquellas visones que lo atormentaban.
Rápidamente el ki de Bardock aumento de golpe, haciendo que el suelo rocoso partido temblara con fuerza y se levantara por los aires en pedazos, para luego ser arrojados por el ki del saiyajin en diferentes direcciones. Acto seguido, se elevo rápidamente en el aire repitiendo la misma acción y sin dejar de gritar. Su ki aumento aun mas su tamaño sacudiendo todo a su alrededor con violencia.
II
En otro lugar apartado, sentado sobre el pasto húmedo, con una de sus piernas flexionadas a la altura de su pecho, con su espalda recargada sobre un árbol, Tooma junto con los demás miembros del escuadrón observaban a distancia la triste escena que su capitán protagonizaba en esos momentos.
Tooma torció sus labios mostrando un poco de la impotencia que siente, al ver a su líder en ese estado. Después de todo, él era su mejor amigo además de su mano derecha, por ello, el no saber cómo ayudar le hace sentir cómo el ser más útil de todo el planeta Vegeta. Aunque sabía que debía darle su espacio a su amigo, algo en su interior le decía que ya era hora de actuar.
— ¿Creen que debamos ir con él? — preguntó Pumbukin a Tooma y al resto de los presentes.
— No, déjalo — respondió enseguida Tooma.— Si vamos, lo único que haremos es estorbarle
— Pero... — trató de replicar Pumbukin.
— Tooma tiene razón. Lo mejor que podemos hacer es dejar que Bardock se desahogue y hablar con él cuando ya se tranquilice.— concordó Fasha.
Tras su palabras, el resto de saiyajines asintió concordando con ella. Nadie dijo ni una palabra más, solo se limitaron a ver en silencio.
III
Al finalizar la triste escena, el lugar acabó completamente destruido y polvoriento. El cuerpo de Bardock quedó cubierto por una gruesa capa de sudor con algunos rasguños en sus brazos y piernas, causados por los trozos de piedra que salieron volando durante la destrucción del lugar, su respiración todavía era agitada, por lo que apenas comenzaba a recuperase.
Bardock no sabia cuanto tiempo había transcurrido ya, hacia un rato dejo de llover, el clima era fresco y por los colores del cielo intuía que probablemente amanecería en unas horas.
No tenia prisa por irse. Nadie lo esperaba en casa. Aun así, no tiene planeado quedarse al amanecer.
Cuando por fin recupero el aliento, emprendió el vuelo de regreso a su hogar tomándose su tiempo para contemplar la destrucción hecha por su rabia y dolor. El panorama no era muy diferente a los que suele ver estando en combate en otros planetas. Luego de volar cierta distancia, se percato que su escuadrón duerme pacíficamente bajo la copa de un árbol, verlos ahí lo dejo sorprendido un poco. Si no los conociera, diría que estuvieron entrenando hasta tarde.
En silencio fue descendiendo hasta que sus pies tacaron el pasto, gracias a los rastreadores que sus compañeros traen consigo, estos emitieron un pitido al detectar su energía despertando a Tooma y al resto del equipo.
— Mañana, a primera hora del día. Si llegan tarde darán mil vueltas al campo de entrenamiento ¿Entendido? — les dijo con voz autoritaria.
Sin agregar algo mas, ni dándoles chance para responder, Bardock se alejo volando tan rápido como llego, dejando a su equipo soñoliento procesando sus ordenes.
IV
El día avanzo velozmente, literal, se sintió como si hubiera dado un gran salto de un instante a otro en cuestión de segundos. La mañana se convirtió en tarde apresuradamente.
Bardock y su equipo se encontraban trotando en el campo de entrenamiento, como ultimo ejercicio para terminar la sesión. Cuando de pronto, un soldado sirviente del rey Vegeta; llamado Leek, los interrumpió dándoles una noticia que no esperaban recibir, uno de los días menos esperados se aproximaba. En menos de una semana se realizara la selección militar para los nuevos reclutas, para completar los escuadrones incompletos. Como el suyo en este caso.
Aunque ya lo suponía, simplemente nunca espero que el puesto disponible en su escuadrón tuviera que ser ocupado tan pronto, ni tres días habían pasado desde que el lugar quedo libre, pues, perteneció a su prometida. Y si eso no fuera suficiente, el soldado mencionó cuáles serían las consecuencias si continuaban incompletos, se quedarían sin paga y fuera de las misiones.
Aquella noticia sorprendió a todos, molestando principalmente al líder, quien fulmino al joven soldado con la mirada, causando que un escalofrió le recorriera la espina dorsal, tensándose, defendiéndose diciendo que él no ponía las reglas. En respuesta, los presentes le dirigieron miradas poco amigables al guerrero.
Recuperando un poco la postura el joven soldado termino por comunicarles los últimos detalles del acaecimiento a Bardock y los demás. Detalles que no hicieron muy feliz al saiyajin de cabello pincho, aumentando su molestia inicial. Estuvo a punto de propinarle un buen puñetazo a Leek, pero el instinto de este fue más rápido, retirándose antes de que Bardock pudiera hacerle algo, dejándole a Tooma una hoja impresa con la notica notificada.
V
Gine es la saiyajin a la que todos consideran particular, debido a su naturaleza dócil y tranquila. Su forma de ser amable y generosa siempre provoco un sentimiento extraño en los demás cuando ella demuestra esas cualidades suyas, pues, dentro de la raza saiyajin aquellas características son anormales, ¿la razón? la gran mayoría de saiyanos carecen de ellas por ser una raza guerrera, poseedora de un gran orgullo natural, presta para cualquier combate. Por ello, en ocasiones, se convertía en una presencia invisible ante los otros e incluso llegaban a alejarse de ella, ya que nadie deseaba contagiarse de sus "debilidades", como suelen referirse a su carácter.
Y aunque no lo demostraba, Gine odiaba pasar por esas situaciones. Le hacían sentir incomoda.
De por sí, ella no destacaba como luchadora, ademas de ser inteligente para crear buenos planes y estrategias, sabía defenderse bien en combates cuerpo a cuerpo y usar sus poderes como todos los demás, a pesar de poseer un poder de pelea cerca de las 1000 unidades. Un nivel aceptable para no ser considerada una hembra débil y aguantar en el campo de batalla. Pero no lo suficiente para no pertenecer a la clase baja. Hecho que no le molesta en absoluto.
Sin embargo, ella es una de los pocos saiyajines que nacen con un poder especial. Un poder que probablemente le permitiría tener otra clasificación y reconocimiento hasta cierto punto. En el planeta Vegeta se sabe que hace años dentro de la raza saiyajin, cuando apenas los primeros saiyanos habitaban el planeta luego de asentarse en el, a pesar de que todos contaban con los mismos poderes, solían haber infantes; tanto hombres como mujeres, que nacían con poderes especiales, únicos entre si. Los cuales eran heredados por sus descendientes, a veces saltándose generaciones, hasta que, con el pasar del tiempo, estos poderes fueron desapareciendo, pues, cada vez mas fueron naciendo saiyajines sin su poder especial.
Por lo tanto, Gine es una pocas afortunadas en poseer uno, luego de tantos años. No obstante, prefiere mantenerlo en secreto. Estar alejada lo más posible del campo de batalla, era mejor para ella. Debido a que, no disfruta de las peleas como sus semejantes, ni de hacer grandes daños sin sentido.
VI
Los siguientes días pasaron volando, la fecha fijada para el reclutamiento de nuevos soldados llego.
— ¡El siguiente! ¡Numero 93! — la voz del instructor a cargo resonó en la sala de selección militar.
Gine se dirigió a paso firme a una de las mesas donde proviene aquella voz, en su camino respiro hondo para despejar los nervios de su cuerpo. Como es tradición en Vegeta, ya cuenta con la edad suficiente para formar parte de un escuadrón y cumplir obligatoriamente su deber como guerrera como todos sus semejantes.
Ante ella, se encuentran sentados frente a una mesa larga, el instructor y sus dos ayudantes; de apariencia reptil, encargados de llevar a cabo la labor de la selección. Cada uno de ellos sostenía en sus manos una tabla portapapeles de madera con hojas llenas de datos de los presentes a reclutar. Al ver frente a frente a la joven saiyajin, ninguno le miro con buenos ojos, no hacia salta decirlo, era notorio los aires de superioridad de los tres.
— Nombre de la recluta: Gine, género: femenino, nivel de pelea: 1000 unidades — habló uno de los ayudantes en cuanto llegó. En su mirada la recién nombrada pudo notar un evidente repudio cuando este leyó la cantidad de su nivel de pelea, pero no dijo nada al respecto.
— Serás asignada al escuadrón 1990 — prosiguió el otro ayudante, extendiéndole una hoja de papel, la cual contiene el resto de información que debe saber, tomándolo enseguida.— Si tienes alguna duda, favor de leer cuantas veces requieras la información que te acabo de proporcionar
Aquel comentario amable, realmente no lo era, en el se escondía una intención mordaz. El maldito reptil se estaba burlando de ella disimuladamente.
VII
Envueltos en el ajetreado ambiente del bar, se encontraban sentados en una de las mesas más alejadas de la entrada, en silencio, Bardock y su equipo observaban como los demás guerreros bebían y reían tras hablar sobre los acontecimientos que vivieron en sus recientes misiones. Destacando el hecho de como les gustaba ver a los seres de otros planetas hacer esfuerzos por defenderse e implorar por sus vidas, para luego ser exterminados sin mucho esfuerzo.
Aquellos comentarios e historias aumentaban más la molestia de quienes los escuchaban.
— ¡Maldición! ¡Esos infelices se están llevando toda la diversión! —se quejo Tooma golpeando la mesa con sus puños.
— Ya lo sabemos —hablo Fasha luego darle un sorbo a su bebida.—La buena noticia es que pronto acabara nuestra mala racha —comento tratando de calmar a Tooma.
— Si, pero gracias a las nuevas reglas puede que tengamos problemas — agrego Totappo a la conversación.
— Era de esperarse —continuo Fasha terminando su cerveza, dejando su jarra vacía sobre la mesa.— Últimamente nadie cumplía con las reglas, todos hacían lo que querían con las misiones, sus integrantes y las ganancias. Era un caos
— Si, tienes razón —dijo entonces Tooma bajando su vista a la mesa.
En mutismo, el líder del escuadrón repaso las palabras de su subordinada mentalmente, evidentemente ella tenia razón, y aunque no quisiera, debía admitir que las nuevas reglas traerán orden y más oportunidad para los escuadrones afectados por abuso de los más grandes. Cómo el suyo.
Su preocupación principal caía sobre el nuevo integrante, gracias a las malas conductas de sus compañeros ya no podían elegir ellos mismos a sus integrantes y al tratarse de un novato no podía exigir demasiado, lo mínimo que pedía era que se tratara de alguien fuerte, que rivalizara con el poder de pelea de alguno de ellos.
Mientras tanto, tendrá que esperar como todos los demás.
VIII
Aquella tarde nublada, su armadura verde y amarilla contrasta alegremente con los edificios despintados de la ciudad. Gine vuela rápidamente en dirección al lugar donde se presentará con su nuevo escuadrón, recién asignado. No le emociona pertenecer a uno, pero tampoco le desagrada, sentía curiosidad por saber cómo son sus nuevos compañeros y el capitán a cargo, se preguntaba si podría llevarse bien con todos, aunque no llegase a entablar amistad con nadie. Después de todo, será el primer escuadrón donde ella formará parte y no deseaba echarlo a perder.
Por otro lado, la oportunidad de pasar tiempo fuera de casa capturaba más su interés. Cambiar su rutina aunque sea un poco, alborotaba su disposición, principalmente, por el hecho de encontrarse sola casi siempre, incluso en su casa. Y no porque ella así lo prefiere, su padre era un hombre muy ocupado desde que logro ascender a un puesto elevado en el ejercito mientras que su madre es una mujer muy ausente, amante de pasar largas horas jugando y apostando en el casino y gastar sus ganancias en restaurantes lujosos.
Dando como resultado a Gine solitaria, a pesar de haber tenido una niñez relativamente buena, nunca le faltó nada, siempre estuvo rodeada de las mejores cosas materiales y muchos muñecos de peluche como compañía. Aunque, solía tener un par de amigos, tarde o temprano cada quien se fue por diferentes caminos hacer su vida. Por fortuna, de vez en cuando tenia la presencia de su padre en casa.
En esta ocasión, tuvo que tomar un camino más corto porque se le había hecho tarde. Gine disminuyó la velocidad de su vuelo al elegir atravesar un callejón estrecho y en penumbras para llegar rápido. Al entrar, una brisa helada golpeo su rostro y una vaga sensación de temor comenzó a apoderarse de su delgado cuerpo. Su instinto de supervivencia le decía que algo malo había en ese lugar. Por fortuna, para ella, se mantenía alejada a cierta distancia del suelo, la suficiente para conservar la calma consigo.
Recorrió con la mirada todo el pasadizo sin encontrar nada sospechoso, solo botellas vacías, cajas de cartón y algo de basura regada, aun así, su instinto le indicaba que debía irse de ahí, pronto. Dio media vuelta para salir, y entonces inesperadamente sintió como alguien halo de su pierna, con fuerza, tirándole al suelo. En ese momento, lo vio, era un saiyajin, alto y robusto, de apariencia sucia y pestilente, una lasciva sonrisa adornaba sus labios.
— Parece que hoy me sonríe la suerte, precisamente cuando me hace falta compañía— el desconocido saiyajin comento al mismo tiempo que comenzaba a arrastrar a Gine a un rincón oscuro y sucio, comiéndosela con la mirada sin ningún disimulo.
Intento liberarse forcejeando un poco, causando el tipo se molestara y apretara su agarre.
— ¡Escucha! ¡No intentes hacer una tontería o te matare enseguida! ¿oíste? —amenazo creando una bola de energía con su mano libre.— Ademas, no quiero tener que acabar contigo antes de que pueda divertirme ¿entiendes?
Gine comenzó a pensar de forma rápida, tenia que hacer algo ya. Como respuesta, con toda la fuerza que pudo reunir con su pierna libre pateo la región posterior de la pierna de su acosador, quedando liberada inmediatamente.
— ¡Miserable! —chillo de dolor el desconocido saiyajin agarrándose la zona afectada.
Sin pensarlo, la joven salio volando velozmente aprovechando los pocos segundos que logro conseguir para escapar, ignorando el dolor que sentía en su cuerpo por haber sido derribada bruscamente al suelo.
Cuando creyó estar a salvo a cierta distancia, detuvo su vuelo para descansar un momento, siendo sorprendida por el acosador, quien la tomo del cuello por detrás, ahorcandola. Forcejeo varias veces para intentar liberarse pero no dió resultado está vez, su agarre era más fuerte que antes. El saiyajin la apretaba cada vez más fuerte mientras se reía de ella descaradamente, la desesperación comenzó a recorrer el cuerpo delgado de Gine a gran velocidad, si no hacía algo pronto perdería la consciencia por la falta de aire. Entonces, se armó de valor y con toda la calma que pudo reunir, empezó a imaginar unas manos invisibles dentro del cuerpo robusto de su atacante, impidiéndole el paso de aire a sus pulmones.
—¡E-estúpida! ¡M-mi-sera-ble ser!—dijo el saiyajin con dificultad, sintiendo la falta de oxígeno, soltandola en el proceso.—¡T-te mandare al... infier-no!—chilló torpemente con la respiración entrecortada, dispuesto a atacarla, pero antes de que pudiera hacerlo, cayó al suelo inconsciente.
IX
Mientras intentaba regular su respiración, Gine se quedó observando el cuerpo inconsciente de aquel saiyano desconocido, parecía que dormía plácidamente, cómo si los hechos ocurridos hace un momento nunca sucedieron.
Por otro lado, el rostro de la joven saiyajin reflejaba sorpresa. Era la primera vez en mucho tiempo que utilizaba su habilidad especial.
En cuanto se recuperó salió volando enseguida del luga, sin mirar atrás.
