Una última conversación
Las crónicas de Fenrai pertenece Claudia Ramírez Lomelí, o Clau Reads Books, si la sigues en su canal de YouTube
Este fic participa en el Reto "Multifandom 5.0" del Fandom "Alas Negras, Palabras Negras"
Tabla nº11 Fantástica: Hablar con los muertos
Ezra estaba en la biblioteca del nuevo palacio real de Pivoine.
No es que a él le gustaran mucho los libros ni la lectura, pero en menos de 48 horas se convertiría en el rey consorte de Ilardya y quería saber un poco sobre su nuevo país de acogida.
Aunque ya llevaba unos meses viviendo allí.
Al principio, los ilardianos lo trataron con desconfianza por ser un alariense y un miembro de la familia real. Pero después de ver cómo su rey le tenía confianza y cómo ayudó a actuar contra la pobreza del reino, se ganó su corazón. Ezra se dio cuenta de algo: se sentía más cómodo en Ilardya que en Alariel. En Alariel, por mucho que fuera un príncipe y el hijo primogénito de la reina, era un hijo ilegítimo de padre desconocido. Un bastardo. Un fracaso por no tener poderes de sol. Sobre todo, tras la muerte de su madre y el rey Arthas, los únicos aparte de Emil que le tenían cariño. En cambio, en Ilardya, era el prometido del rey y una prueba de que podía existir una amistad, y un romance, entre un alariense y un ilardiano.
Ezra vio una ilustración que le llamó la atención.
Era sobre una playa de Pivoine a la luz del sol, lo cual era extraño. Los ilardianos eran nocturnos.
Trataba sobre una leyenda que consistía en una playa donde se podía ver y hablar con los muertos.
"Que tontería" pensó.
Esa misma noche, se lo comentó a Bastian, Alistar y Nair. Gianna también estaba allí, pero como era una alariense como él, quizás no sabría de qué trataba esa leyenda. O quizás sí, Gianna pasaba más tiempo en la biblioteca que él.
— Ya sé de qué libro me hablas. — comentó Alistar durante la cena, o sea, casi al amanecer. — Es una playa que está al norte de Pivoine. Dicen que durante los días que hay eclipse, si paseas por esa playa, podrás ver a los seres queridos que han fallecido. No sé si es verdad o no. Nunca he visto a un ser fallecido en esa playa.
— A mí tampoco. — contestó Bastian.
— Mi madre todavía sigue viva. Así que… — Nair se encogió de hombros.
Gianna estaba callada.
Tenía miedo de pasear un día por esa playa y encontrarse con el alma de Marietta Lloyd.
¿Y si su madre sabía que ella la había matado?
— Gianna, ¿todo bien? — le preguntó Alistar con cautela.
— Sí. Perdón. No estaba atenta. No, Ezra. Yo tampoco sabía nada de esa leyenda.
Si su madre sabía que ella la había matado, se le aparecería en sus sueños, ¿verdad? O en sus pesadillas, mejor dicho.
Todos siguieron cenando y más tarde los ilardianos fueron a dormir.
Ezra bajó a la playa, Ilardya era un reino formado por islas. Así que, había playas por todas partes. Se encontró a Gianna leyendo un libro de ungüentos curativos ilardianos.
— Gianna.
— Hola, Ezra. No te había oído venir. — Gianna levantó la vista del libro.
— No, siento haber interrumpido tu lectura.
— La curación en Ilardya es fascinante. Nosotros, los alarienses, basamos nuestra sanación en los poderes de sanación de los solaris. Pero los ilardianos no tienen un poder parecido con los lunaris. La alternativa que han encontrado es con las plantas y la preparación de ungüentos. Estoy aprendiendo mucho con ellos.
— Me alegro. ¿Eres feliz aquí?
— Sí.
— ¿Tienes pensado volver a Alariel? No te lo tomes a mal. Me gusta tener una alariense, y más si es una amiga, aquí. Pero, ¿no echarás de menos a tu familia? ¿A tus amigos? — le preguntó.
— Lo mismo puedo preguntarte. Emil te echará de menos y algunas veces necesitará a su hermano mayor. — Gianna miró al sol y suspiró. — Llevo haciendo toda la vida lo que quería mi madre. Y ahora, debo conocerme a mí misma y saber lo que quiero. Además, en Alariel todavía me ven como la ex reina, con quien el rey Emil se casó y después se divorció. No descarto visitar a mi padre y a mi hermano, sobre todo ahora que mi padre se ha retirado. Pero no creo que vaya a vivir en Alariel en un futuro cercano.
— Lo mismo digo. En Alariel solo era un bastardo de la reina y que encima no tenía poderes. Aquí soy Ezra, el futuro rey consorte. Y Emil ya no me necesita tanto. Mi hermanito ya se ha hecho mayor y es un rey de pies a cabeza. Hasta se ha ganado el respeto de Zelos. Y eso no es fácil. Aunque, siempre que me necesite, ahí estaré.
Gianna sonrió.
— Voy a dar un paseo.
— Bien. Leeré un rato más y me iré a dormir. Recuerda que esta noche será tu boda.
— Sí. No iré a dormir muy tarde. Sólo que, como buen alariense, necesito el sol. Por mucho que no sea un solaris. — Ezra se encogió de hombros.
Se despidió de Gianna y empezó a pasear.
Las casas de Pivoine eran de color blanco y hermosas cuando les daba la luz del sol. Lástima que los ilardianos no lo pudieran disfrutar en todo su esplendor por ser nocturnos.
Ezra caminó y caminó, viendo las diferentes calles, casas y mercados perdiendo la noción de dónde estaba.
Finalmente, llegó a una playa.
Caminó hasta el mar. Se quitó las botas y puso los pies en el agua.
Todavía estaba fría. Por la noche.
Caminó por la orilla del mar con las botas en la mano.
Estaba algo nervioso.
Emil había sido preparado para ser rey desde que nació.
Pero a él nadie lo preparó para ser rey consorte.
Oyó unas risas.
¡¿Esas voces?!
Ezra giró la cabeza de un lado a otro.
Y los vio.
Su madre y su padrastro.
La reina Virian y el rey Arthas.
Pero, eso no era posible.
Su madre había muerto hacía dos años y su padrastro hacía un año.
Estaban los dos de pie en la playa riendo.
Se giraron hacia él.
— Hola, Ezra. — lo saludó su madre.
Ezra estaba en shock.
— ¿Cómo habéis…? ¿Qué hacéis aquí? — preguntó.
— No podríamos perdernos este día tan importante para ti. Te casas esta noche. — le sonrió su madre.
— ¿Cómo lo sabes?
— Llevamos observándoos a ti y a Emil desde que fallecimos. — respondió Arthas.
— ¿Quieres hablarnos de Bastian? — preguntó su madre.
Ezra asintió y los tres se sentaron en la playa.
— Bastian es… imprevisible. — empezó. — Es alocado, impulsivo, no piensa antes de actuar, y a veces me saca de quicio. Le encanta montar espectáculos a lo grande haya donde pasa. — bufó. — Pero es alguien leal con los suyos y también puede ser amable y servicial. Aunque finja que las cosas no le importan, en realidad sí. Ama mucho a Ilardya y está preocupado por los problemas de su gente. — habló de su prometido con pasión mirando al mar. — También tiene sus miedos… teme ser cómo sus padres y su hermana. Pero él no se parece en nada a ellos. Sus padres sólo pensaban en sí mismos y él piensa en su gente y en sus amigos más que en sí mismo. Si no, no habría ido a luchar con nosotros en Lestra contra los rebeldes cuando era un asunto que sólo inmiscuía a Alariel. — esto último lo dijo mirando a su madre y a Arthas.
— Seguro que es una persona increíble. — contestó la reina Virian. — Me hubiera gustado conocerlo como suegra.
— Yo lo conocí. Es un buen chico. Y os complementáis bien. Él te quita de tu rectitud y tú le das la seriedad y la consciencia que Sebastian necesita. — añadió Arthas.
Ezra asintió. Había algo que debía confesarles.
— Madre, conocí a Zair.
— Lo sé. — contestó algo nostálgica. — Te vi desde el cielo.
— Entonces, ¿también viste la batalla contra los rebeldes? — preguntó sorprendida.
Virian lo miró y asintió.
— Claro, hijo. Era una guerra. Tenía que ver si estabais bien y como se desenvolvía Emil como rey. También sé la verdad sobre Zair y sobre ti. — la reina tragó saliva. — De hecho, hemos venido aquí a contártelo. Como te dije en mi carta, la que te dejé por si fallecía, conocí a un hombre llamado Zair y tuvimos una relación basada en las relaciones físicas, sin nada de romance. No estaba enamorada de él, pero sí amaba al hijo que hicimos y no estaba dispuesta a abortar, dijera lo que dijera mi madre. Cuando di a luz, me fijé en que el bebé tenía una pequeña mancha en el estómago, una marca de nacimiento. A la mañana siguiente, me fijé en que no la tenía. La partera me dijo que podría ser que todavía quedaran rastros de líquido amniótico y que se fueran durante la noche. Pero yo no estaba conforme con esa teoría. Las mantas que pusimos en tu cuna no estaban mojadas. Así que, decidí mandar a algunos de mis hombres como espías para que investigaran. Ahí fue cuando encontraron a una mujer sin poderes que también había dado a luz, pero que había fallecido durante la noche. Dijeron que fue a consecuencias del parto. Pero, mis soldados hablaron con la comadrona que la atendió y dijo que el parto había ido bien y apenas hubo hemorragia. Decidí seguir investigando, pero mis soldados no encontraron más pistas. Ahora entiendo que fue porque todos los que orquestaron el cambio de bebés, Zair entre ellos, estaban en Lesbos. — masculló el nombre de su antiguo amante con rencor. — No lo incluí en mi carta porque no tenía pruebas, solo teorías. Mientras tanto, me hice cargo de ti. No me importaba si de verdad eras o no mi hijo o el de esa mujer, desde el momento en el que te tuve en mis brazos fuiste mi hijo. Mi Ezra.
La reina Virian tenía lágrimas en los ojos.
Ezra tosió. Tenía las mejillas sonrojadas. También quería llorar, pero no le gustaba expresar sus emociones en público. Por mucho que fuera ante los espíritus de su madre y su esposo.
Se abrazaron.
Arthas también lo miraban con lágrimas en los ojos.
Virian y Ezra abrieron un poco los brazos para que él también entrara.
Se abrazaron los tres.
Todos pensaban que ojalá Emil estuviera aquí para abrazarse los cuatro. Toda la familia.
Finalmente, se separaron y se levantaron. Listos para despedirse.
— Es mejor que vayas a descansar. Esta noche te casas. — le animó su madre.
— Nosotros estaremos observándote desde el cielo. — le sonrió Arthas.
— Serás un gran rey consorte. — le dijeron.
— Lo único que debes hacer es darle tu apoyo a Sebastian y aconsejarle. — le comunicó Arthas. — A veces, el rey titular necesita otros consejos que vengan de personas que no sean sus consejeros reales. Otro punto de vista más alejado de los intereses de la corona y más a los intereses y realidades del reino. Muchas decisiones que tomó la reina Virian y ayudaron a su pueblo, fueron consejos que le di.
Ezra hizo una inclinación de cabeza en señal de agradecimiento.
— Gracias, madre. Gracias, padre.
Virian y Arthas lo miraron con lágrimas en los ojos.
Se despidieron de él, se giraron y desaparecieron.
Desde que terminé La Corte del Eclipse, me pregunte si Virian sabría de los verdaderos orígenes de Ezra o si los sospechó. Sé que ella lo querría igual, como ha demostrado incontables veces a pesar de que su primogénito no tenga poderes de sol. Pero me gustaría haber tenido una conversación entre Ezra y su madre donde Virian le dijera que ya imaginaba que no podía ser su hijo biológico, pero que le da igual, es su hijo. Lástima que Virian muriera antes de que se revelaran los verdaderos orígenes de Ezra. También me faltaba que Ezra reconociera a Athas como padre. Ha actuado como tal en gran parte de la vida de Ezra y ha dado la vida por él.
No sé si Ezra me ha quedado muy hablador. Él es más bien callado. He hecho lo mejor que he podido.
¿Opiniones?
Hasta la próxima
