Verdadero final
Notas iniciales
Siento desde hace un tiempo que me hacía falta honestidad para cambiar el final de esta historia. Si, hice los otros capítulos cortos que fueron una clase de parodia combinaba con ciencia ficción de un canon que siempre tuve en mente. Me di cuenta, casi al instante, de lo irrespetuoso que eso era para todos, aunque en ese momento no me importaba demasiado, solo quería desquitar una fuerte ansia que tenía, y que ahora se ha despejado por completo.
Lo cierto es que siempre me gustaron otras parejas de Vocaloid aparte del Len x Rin, me gustaba mucho el Luka x Len y el GakuRin, aunque creo que eso es muy obvio ahora. Pero hubo algo en el Len x Yuki que hizo que me gustara, incluso cuando escribí un lemon cualquiera en una de las historias ahora borradas. De alguna manera seguía manteniendo una fidelidad al Len x Rin porque pensaba que era algo justo y correspondiente para una pareja que se juraba tanto amor. Pero incluso releyendo esta historia puedo ver lo desacertado que era mi concepto del amor en esos tiempos, y lo mucho que necesitaba aprender.
¿Eso quiere decir que todo lo que escribí es falso y por lo tanto no vale nada? Quizá…Lamentaría que alguien tomara los demás capítulos como verdaderas muestras de amor entre Len y Rin. No es fácil comprender que toda la literatura que escribiste por años fue tan desacertada.
Si, es verdad, traté de crear una nueva base del Len x Yuki, y si, fracasé en atraer la atención de alguien, por más honesto que hubiera sido mi acto o mi intención de entregar algo que compusiera un sentimiento más verdadero. Y claro, después de este fracaso, ya no me sentía con deseos de hacer nada más que volver a esta historia y destriparla, quizá de esa manera se habría vuelto algo importante.
Cierto que me volqué al cinismo por unos momentos, pero tras mucho recapacitar y reflexionar en un sentido profundamente humanista, me di cuenta de que ese cinismo era completamente justificado, pues me he dado cuenta de que tanto las artes como el entretenimiento son completamente inservibles, y solo una expresión de vanidad y narcisismo. Suena a una opinión cínica pero es lo que pienso realmente, y siento que el único valor que se puede sacar del arte es el intento que esta realiza en poder la verdad de la vida, algo que el arte moderna y el entretenimiento ya solo pasa por tangente, a veces yendo en contra de esta, algo lo cual se vuelve cada vez más común. La alternativa es la creación de una parodia en contra de los medios en general y la obsesión a estos, algo que ahora me causa repulsión. Creo que es lo único que queda.
Esto es lo último que escribiré de Vocaloid en este canon. Este es el final Canon.
Vocaloid no me pertenece.
Era de tarde, pasada ya la hora de la comida y antes de la hora de darse el baño. Desde hacía un par de semanas la nueva rutina de la casa se estaría desarrollando y formándose, esa nueva rutina que le espera a todos los que se han dedicado su vida al trabajo y han llegado al retiro, ahora teniendo que vivir un nuevo tipo de existencia.
La persona que empezaba esta nueva forma de vida era una mujer de cabellos blancos desde la raíz, con una cara que pese a sus sesenta y seis años se sentía aun viva y capaz de soportar muchos años más, su cuerpo siempre pequeño estaba ahora ligeramente encorvado luego de varios años de pasar sus horas laborales sentada en una mala postura, pero pensaba en sustituir los malos hábitos ahora comenzando a sentarse de buena manera en sus descansos.
Hablando de eso, ahora mismo que había terminado con sus quehaceres, pensaba recostarse en el sofá durante un buen rato, finalmente pudiendo leer uno de sus libros favoritos, el Libro de Job. Se preparaba para sentarse cuando sintió algo sujetándola de la cintura, cayendo de espaldas sobre algo que no era el sofá.
-¡Ven aquí! -escuchó la voz de Len, su esposo, tomándola de la cintura y acariciando su estómago mientras la recostaba sobre si mismo.
-Len, espera… -trató de decir ella mientras se intentaba separar, pero incluso con setenta y un años, el rubio seguía siendo fuerte como para sostenerla.
-Te necesito para poder tomar mi siesta -dijo en lo que la abrazaba también con sus piernas-. Eres mi almohada, mi almohada Yuki -añadió mientras frotaba su mejilla contra la de ella, aun disfrutando la suavidad de la piel de su mujer.
-No me digas así -dijo Yuki mientras se acomodaba sobre el pecho de su esposo, dándose cuenta de que no podría leer su libro-. Supongo que incluso en el retiro tu seguirás siendo mi principal prioridad -dijo abrazándolo y de sus brazos, asegurándose de sostenerlo cerca de si misma.
-Tenemos suficiente ahorrado para vivir de pan y agua hasta los cien años sin mucha ayuda del gobierno -dijo Len mientras besaba la mejilla de Yuki-. Podríamos dedicarnos el resto de nuestros días a amarnos y nada más… -añadió mientras que empezaba a acariciar más su cuerpo.
-Si… ojalá aun tuviéramos veinte años, sería una historia diferente -dijo ella, no expresando hartazgo, sino colaborando con los esfuerzos de su esposo.
-Aunque fueran cuarenta años, podría seguir amándote como el primer día -contestó Len, para besar los labios de su esposa.
Aun con toda la edad, ambos seguían acostumbrados al aroma del otro tras un día de labores. Disfrutaban también la suavidad del cuerpo ajeno y podían darse la libertad de acariciarlo y explorarlo a como les diera la gana, con la misma confianza con la que sus propios dedos se acariciaban a si mismos.
Yuki suspiró mientras que se tranquilizaba y volvía a recostarse sobre su esposo, ahora contemplando las luces del techo que habían sido un regalo de Shino de hacía varios años. Trató de tocar a Len y miró sobre su hombro, encontrándose con el rubio (aunque sus cabellos eran ahora blanquecinos), dormido casi por completo.
-Estuviste teniendo pesadillas, ¿Verdad? -le cuestionó ella en lo que le tomaba de la mano, tocando sus anillos juntos.
-Solo una, muy larga… -dijo Len mientras que afianzaba su agarre con su amada-. Empezaba como un sueño, en donde estaba en un claro en mitad de un bosque que podría ser todo lo que había sobre la faz de la tierra, con un cielo gris en donde no había rastro del sol o de la luna, y que aparentaba ser eterno en todas sus dimensiones. Me sentía muy solo en este sueño, pero no una soledad de tristeza común, me sentía solo como de forma inconsolable, no como cuando alguien se encuentra deprimido, sino una desolación que dañaba mi alma; lo comparo como aquellas veces en las que leía de la historia de la humanidad y aprendía de todas sus atrocidades, esa desolación que te deja cuestionándote si es que existe un futuro para la humanidad, y que te hace pensar si es que puede existir el bien en un mundo lleno de tanto caos.
-Creo que ya he sentido algo similar -dijo Yuki-. Es un sentimiento muy adolescente, cuando uno piensa que sabe como funciona el mundo y lo imagina todo tan terrible -dio su opinión, como era normal, de los pensamientos de su esposo.
-Pero iba más allá de solo eso, me sentía despedazado, deshecho, como si fuera yo quien hubiera afrontado la tragedia sin la fortaleza de poder resistirla. No lo comparo como ver morir a alguien, sino como observar a una persona muy querida quitándose la vida -añadió suspirando.
-No… sabría si es que he llegado a sentir así -ahora habló Yuki, mirando la mano de su esposo.
-pedía al cielo que me diera un consuelo y veía una nube dorada en mitad de toda la maleza que me comenzaba a consumir, y no me daba la paz que buscaba, sino solo un buen sentir como el aire que uno puede respirar en mitad de un naufragio antes de perder el conocimiento. Entonces del cielo comenzaba a surgir algo más, no podía entenderlo porque eran muchas formas puestas una sobre otra, entones llegabas tú, como si fuera la primera vez que nos vimos, corriendo alegremente con un vestido blanco… y me hacías despertar, tú misma, volviendo a la realidad… -terminó de comentar mientras que suspiraba.
-Vaya… -dijo Yuki aun mientras que palpaba la mano de su esposo-. ¿Qué te parece que significa?
-Quizá solo sea lo mucho que te extrañé por tantos años, por todos esos años perdidos en los que no estuvimos juntos… -comentó él en lo que pasaba su barbilla por el cabello de Yuki.
-No fue tiempo perdido… disfrutaste de tus hijos, y pudimos vernos el uno al otro, me encantó verte en esos años… -respondió tratado de dormir.
-Si… supongo que no lo fue -pero antes de que pudiera concluir con esa conversación, el teléfono empezó a sonar.
No era muy usual que sonara por aquellas horas, pues tan solo esa conversación hizo pasar el tiempo hasta que las nubes de otoño ennegrecieron las calles y el panorama. Len se levantó sin dudarlo, algo alertado, y empezó a golpear su rodilla tan pronto como dijo "Bueno".
-¡Papá! -escuchó la voz de su hijo Vigo del otro lado del teléfono.
-Vigo, que sorpresa, me alegra que nos llames -a sus cincuenta años de edad, el primogénito Kagamine seguía siendo algo descuidado, iba muy por su lado, metido a sus propios negocios y a su propia conveniencia incluso siendo ya padre de familia.
-¿Estas sentado? ¿No has comido carne muy pesada el día de hoy? -preguntó en tono serio el Kagamine menor.
-Bueno, comimos algo de bistek en la comida, pero no fue demasiado -dijo mientras miraba a Yuki, sabiendo que podría encaminarse una noticia importante.
-Está bien, tengo que darte una noticia… algo ha ocurrido, estoy ahora en la sala de espera del hospital y Shikari está conmigo… -dijo mientras se mantenía sereno.
-¿Algo le pasó a Chikara? -dijo Len elevando la voz, refiriéndose a su primera nieta.
Al escucharlo, Yuki se levantó del asiento solamente para preguntar con señas si es que algo había ocurrido.
-No, aunque ella ahora mismo está involucrada, pero ella está bien… -dijo Vigo suspirando mientras que hacía un par de sonidos de sus pasos.
-Entonces… ¿Le pasó algo a alguien de la familia? -dijo consternado-. ¿Algo le pasó a Junk o a Zulu?
-Papá… es Rin… -dijo Vigo tranquilamente, para luego suspirar nuevamente y decirlo-. Está muerta.
El camino hasta Sapporo fue tan tranquilo como lo esperaban, casi un recuerdo liminal de la transición desde la salida de la casa hasta la llegada al hospital general. No dijeron mucho, Len sabía más o menos lo que había ocurrido por las breves descripciones que Vigo le había dado, aunque él mismo no había preguntado por más detalles. Solo se sabía que a las ocho y cuarto de la mañana, un auto se había detenido enfrente de la entrada de urgencias del hospital con una mujer cargada en su hombro, la cual, según el mismo sujeto, se había desmayado de camino al aeropuerto debido a un problema respiratorio. Cuando los primeros paramédicos la revisaron encontraros sus signos vitales sumamente debilitados, apenas capaz de mantener los ojos abiertos o de balbucear algo. Pero incluso con toda la atención premeditada, tuvo un paro cardiaco tan solo catorce minutos luego de haber entrado, declarándosele muerta en ese instante. ¿La causa de todo? Un terrible cáncer de laringe que ella misma no se atendió mas que un solo día, pese a haberlo detectado cinco años en el pasado.
En cuanto al sujeto que la acompañó, la abandonó tan pronto como cayó en manos de las enfermeras, y se retiró en el mismo vehículo en el que llegó, teniendo como único distintivo que se trataba de un sujeto de unos cincuenta años de cabello negro, lentes y un traje de oficinista. Nada más se sabía de él, ni siquiera cometiendo la decencia de dejar el nombre de la implicada, pues a pesar de haber llegado con un bolso, parecía ser que cualquier forma de identificación había sido robada junto con su dinero. No fue sino hasta que Chikara Kagamine, hija de Vigo y de Shikari, quien hacía sus estadías como practicante de médico general, logró enterarse de que había una mujer similar a ella que no podía ser identificada. Ella logró contactar a su padre, a quien le mandó la información de la persona, pues en su vida había visto a quien se suponía era su abuela, y este arribó al hospital cuatro horas más tarde, confirmando que se trataba de la mujer que lo había concebido.
Ahora solo quedaba avisar al resto de la familia. Shino y Kiiro no podrían llegar ese mismo día, ambos tenían trabajo en la India como músicos profesionales y no eran capaces de dejar sus obligaciones de forma tan repentina. Vigo llamó a Shikari una vez que hubo confirmado la identidad de su madre, sin saber como es que ella la tomaría, y para cuando Len entró a la sala de espera al lado de Yuki, su expresión era idéntica a la de su hija, una seca mueca incapaz de decir o de explayar más que la seriedad de lo que era esperado o mejor dicho, inevitable.
-Mamá, buenas noches -dijo Shikari al ver a Yuki acercarse, abrazándola pese a que se habían visto la semana pasada.
Vigo se acercó a Len y le puso una mano en la espalda, tratando de consolarlo de alguna manera, tratando de comprender cual era el sentimiento que habitaba en su corazón ante la noticia de la muerte de su hermana. Sabía muy bien que él y Rin no se habían hablado desde hacía ya veinte y un años, siendo la última vez que se vieron a causa de una corta reunión que hubo para celebrar un evento de Vocaloid. Por lo demás, ni al nacimiento de Chikara, ni al de ninguno de los otros nietos ella había asistido, ni tampoco siquiera a los funerales de sus padres. Se habían desconectado por completo durante esos años, y ahora, como era de esperar, esa unión se cortaba nuevamente, ahora de manera definitiva.
Pero antes de poder entrar en un estado ameno con su padre, Chikara salió de la sala de emergencias al lado de uno de sus amigos de la facultad de medicina, con quien había entablado una relación íntima, contrario a los deseos de su padre. Ella era tan joven y linda como lo habían sido sus abuelas en su momento, y usaba siempre su cabello en una sola coleta que bajaba hasta la mitad de su espalda, con un par de mechones cayendo a los lados de su cara, aunque su cara era un tanto más suave y tierna que la de su madre, de expresiones más pequeñas pero ojos más abiertos.
Miró a sus familiares y lo primero que hizo fue abrazar a su madre, para luego tomar la mano de su padre sin decir mucho. Luego de eso miró a Len y a Yuki a quienes no había visto desde su fiesta de cumpleaños en agosto, y tan solo por una videollamada.
-Abuelito… lo lamento mucho… no sé como decirlo… -dijo ella mirando a Len mientras que este permanecía con su mirada tranquila, casi inexpresiva.
Para ella, todos los sentimientos y emociones que Len había experimentado por Rin en su momento eran todo un misterio, y había crecido en un mundo distinto, en donde ya la idea de su incesto había quedado no solo olvidada, sino repudiada al punto del tabú nuevamente, siendo solo recordado por sus tías abuelas. Anon y Kanon.
-Está bien, Ryoku… -le dijo Vigo con cariño con el apodo con el que se refería a ella-. Ya le conté todo lo que sabemos por teléfono -tomó el brazo de su hija e hizo como si no fuera necesario dar semejante nivel de consuelo.
-¿No han sabido nada más del sujeto que la dejó en la entrada? -dijo ahora Yuki, acercándose a su nieta.
-No… las cámaras no lograron captar las placa debido a que había mucha bruma en la mañana, pero la policía investigará este caso… pese a que se haya determinado que fue fallecimiento por causas naturales, no se puede ignorar el acto de negligencia de dejar a alguien en ese estado sin ninguna consideración -al mencionar estas palabras, sus ojos buscaron la mirada de su abuelo, tratando de encontrar algún deje de arrepentimiento o de dolor, sorprendido por verlo sin siquiera reaccionar.
-Bueno, ¿Podremos pasar a verla? -preguntó Vigo sosteniendo la mano de Shikari.
-Pueden pasar, pero solo unos minutos… -dijo ella, pues había sido aquello un favor especial del hospital-. El cuerpo se entregará hasta mañana en la mañana, para el proceso funerario.
Dicho esto los hizo cruzar por el umbral azulado del recinto, guiándolos por el laberinto que era aquel hospital general, pasando entre habitaciones llenas de camas de pacientes en urgencias, tras haber sido operados, o incluso en estado intensivo, pero todos ellos con la esperanza de alguien quien les esperaría, ya fuera a la salida, para continuar y retomar sus vidas, o para que se les recibiera al otro lado de la frontera con la muerte.
Al llegar a la sala en donde mantenían los cuerpos, notaron que no había más cuerpos en las camillas grandes e iluminadas que reinaban simétricamente en el recinto. Solo ese cuerpo, envejecido y demacrado de una mujer de cabellos blancos, arrugada y más pálida que todos los demás días en los que existió. En garganta había un punto negro, una clase de punto ahora abierto por el tiempo por donde en otro momento habría respirado. Chikara fue quien se acercó y se contuvo solo unos segundos antes de comenzar a hablar.
-Nunca… nunca pude conocerla y aun así me causó una terrible lástima verla en este estado -dijo con un suspiro, dejando que su cabello cubriera sus ojos en lo que miraba hacia abajo.
Esperaron entonces, a que alguno de ellos pudiera decir unas palabras, pero no lo hicieron, ninguno lo hizo. No era posible saber si es que alguno de ellos hubiera formulado alguna maldición o una lamentación, había un resentimiento que el tiempo había ocultado tras sucesos y memorias borrosas que resultaban ahora apenas soportables, en su momento, traumáticas.
Era como si todos ellos esperaran a que Len pudiera decir algo, expresar alguna opinión profunda acerca de cómo la vida los había traído juntos pero ahora los separaba de manera premeditada, incluso más aun, siendo la ironía de que fuese ella la primera en fallecer, cuando él era quien en su mitología creada por todas las canciones que cantaron en conjunto.
Pasaron los minutos que tenían que pasar para la identificación del cuerpo, y todos salieron del cuarto, dejando en la soledad el cuerpo.
El funeral fue bastante rápido, se hizo sin una persona que hablara, y debido a la separación de Rin con la religión, no se ofreció ningún tipo de rito, solamente se cremó su cuerpo y se depositó en una urna, colocada ahora en un templo Shinto, pues su separación de la iglesia católica había sido más que evidente en sus últimos años.
En la ceremonia del funeral se vieron a todos los que fueron sus amigos de sus primeros años de vida, casi nadie que hubiera conocido después de su divorcio con Len. Miku, siendo la más prominente de todas, ahora siendo tratada como una estrella matriarcal de todas las idols de país, fue vista llorando de forma desconsolada durante la ceremonia, y abrazó fuertemente a todo quien se le acercaba. Piko, Miki, Luka y Gumi fueron los únicos que habían sobrevivido hasta esa edad, y quienes fueron, más compadecidos por la familia Kagamine que nada. La única persona que realmente sorprendió a Len, fue el Master Salta, quien tendría que tener más de 100 años para ese momento, no estuvo en el funeral en si mismo, pero se acercó a la urna, soltando una burla por haber superado a Rin en vivir más tiempo que ella, y luego solo se retiró.
Shino y Kiiro llegaron hasta en la noche, hablaron tranquilamente con Vigo en privado, no dijeron nada demasiado trascendente, no tocaron temas que los hiciera sentir incómodos. Hablaron de trabajo, hablaron de recuerdos que tenían de sus primeros años de vida, se dijeron algunos insultos de forma tranquila, como era normal de los hermanos, se hablaron de los hijos que cada uno de ellos tenía, y no se les pasó por la cabeza hablar acerca de cómo les explicarían el fallecimiento de la abuela a todos ellos. Huyu fue quien se mantuvo más alejado de todo el evento, si bien asistió a la ceremonia, para él, Rin era más un adversario en la historia de su familia, pues él era el único que había crecido siendo criado por Yuki, y no fue hasta años después que se enteró que Len era su padre.
Para Shikari, el funeral había terminado desde antes, y pese a las condolencias recibidas y lo demás, ella se interesó en ir hasta un punto distinto del cementerio, a una tumba relativamente nueva en donde yacían los restos exhumados de otra persona que ella podría considerar su prima. En una lápida pequeña, estaba escrito con el jaonés tradicional el nombre: "Kagamine Mili", y había sido llevada hasta allá tan solo unos días después de que el matrimonio de Len y Rin hubiera terminado.
Yuki se acercó hasta su hija y le tomó de la mano, acariciando su hombro y sonriendo.
-Tienes muchas cosas en que pensar, ¿No? -dijo ella mientras trataba de conversar un poco.
-Creo que todos estamos en las mismas -dijo Shikari mientras que volvía a mirar la tumba.
Yuki no podía decir que fuera una persona sabia, pero era intuitiva, y siempre se compadecía por los demás, intentando ser tan sensible y humanista como fuera posible. Ella también había sido lastimada por Rin de una manera que a cualquiera le habría parecido criminal, pero aun con eso, comprendía que jamás llegaría a sentir el mismo nivel de injuria que su hija había sentido. Entonces Shikari comenzó a hablar.
-Aquí es en donde yo estaba, ¿No? -dijo de pronto-. Durante todo el tiempo en el que pensé que Rin era mi madre… era aquí en donde yo realmente estaba… -comentó mientras que se hincaba para tocar la tumba.
-Viviste todos esos años, aunque no fueras Mili Kagamine, seguías viviendo, y fuiste tu misma durante esos años… -dijo Yuki tratando de ser comprensiva.
-No puedo decir que eso sea cierto… mirando en retrospectiva, yo era la niña que Rin quería que fuera, una futura idol, con prácticas de música, dietas para mantenerme hasta los huesos, haciéndome usar ropa reveladora en las fiestas, incluso presentándome a sus productores que me miraban de forma lasciva incluso cuando solo tenía doce años… me hizo repudiar la música como resultado de su presión y su deseo por convertirme en el producto que ella quería -continuó diciendo-. ¿Qué se podía esperar de una mujer que robó a una bebé de los brazos de su madre y le dejó a su propia hija fallecida en su lugar?
Expresó aquel crimen mientras algunas lágrimas salían de sus ojos, la herida, pese a que hubiera ocurrida hacía ya tantos años, continuaba adoleciendo a la mujer a su cuarenta y dos años de vida. Ella había sido un simple producto para Rin, en remplazo de su fracaso para poder tener a su propia niña, y su nombre era el que Yuki había deseado ponerle desde el inicio, Kaai Shikari.
-Pero al final… todo salió bien. Yo sentía dentro de mi que las cosas saldrían bien… pudimos descubrir la verdad, y ahora tu padre y yo estamos juntos, como debió ser desde el principio, si es que las circunstancias hubieran favorecido nuestros deseos -comentó con alegría ella.
-Sé que eran otros tiempos, y que las cosas eran diferentes. Pero aun así, quisiera haber sido consciente de todo… me pregunto cómo habrían sido las cosas si tan solo hubiera sabido que eras mi madre desde que te conocí… -rememoró los días en los que la guerra estuvo en sus más oscuros días, cuando la conoció, siendo una niña de cuatro años, sin saber nada más de ella que solo el conceto de una amistad paterna.
-Yo lo sentía en ese momento… no sabía lo que era, pero mi instinto maternal me hizo sentirte como si fueras mi propia hija, aunque en esos momentos pensé que mis lágrimas eran por pensar que tendrías tú la misma edad que mi hija fallecida -rememoró ella también sus ideas de aquel día.
-Y aun así con todo eso que sentiste… ¿Crees que las acciones de Rin merecen justificación? -habló con un nudo en la garganta, dividida entre la intensa lástima hacia la Kagamine y un odio latente que sobrevivía todos esos años.
-Por supuesto que no -respondió de forma terminante Yuki-. Sus actos fueron viles y repugnantes… desde la infidelidad hacia tu padre, todas sus mentiras con las que pretendía ganar el amor de otros, el daño tan terrible que le hizo a Miku y a Luka… nada de lo que hizo está justificado, y sus acciones deberían de ser vistas con el horror que fueron, y recibir su justa retribución.
-¿Entonces cómo podríamos vivir en paz con Dios reteniendo este odio por ella? -preguntó mirando hacia el suelo.
-Porque no estamos odiándola a ella, estamos odiando sus acciones, sus pecados, hay que odiar el pecado, pero no al pecador -dijo Yuki abrazando un poco a su hija al levantarla-. Es verdad que ella me trató de una manera terrible y me causó mucho dolor, incluso cuando yo era apenas una niña… pero cuando me enteré de todo lo que hacía, las infidelidades, las traiciones, haber convertido su cuerpo en un objeto sexual a cambio de favores y de fama… me di cuenta de que no sentía odio por ella, sino lástima, asco, repulsión, y de ahí mismo pude darme cuenta de que no tendría sentido alguno odiarla en primer lugar, porque ella no era más que una persona con muchos fallos, muchos errores y muchas cosas que habría sido mejor cambiar. La verdad, dejé de sentir asco, y comencé a sentir compasión por ella, e incluso intenté desarrollar empatía por su situación, apelando al sentimiento más humano posible, y me di cuenta de que si comenzaba a odiarla, entonces una parte de mi moriría por ese odio -susurró acariciando el cabello de su hija.
-Eso lo entiendo… pero no soy capaz de separar a Rin de todo lo que hizo… esa era la naturaleza que ella tenía, y hasta el último momento que nos conocimos, nunca supe que se redimiera ni un poco… ¿Cómo puedo creer que una persona así se pueda perdonar? -dijo aun tratando de explicar sus sentimientos.
-A veces solo basta ofrecer el perdón, y tener la esperanza de que la otra persona estará bien, a donde quiera que vaya a estar… -le dio un fuerte abrazo-. Tienes que ser capaz de amar, no solo a las personas que son cercanas a ti, sino también a tus enemigos, a cada persona… sé que suena imposible, pero es a lo que tenemos que aspirar, es el motivo de vivir.
-Lo entiendo… -dijo Shikari-. Vigo siempre me dijo que… no importaba lo que pasara, ella seguiría siendo nuestra familia de una forma u otra… creo que él tenía más sentimientos por ella, al fin y al cabo era su verdadera madre.
-No permitas que el odio te lleve contamine –Volvió a abrazarla mientras que acariciaba su cabello-. Perdona a Rin… no a lo que hizo, sino a la persona.
-Si Mamá… lo haré… al final ella era mi tía, merece algo de piedad.
-Merece el perdón… perdona, hija mía… -con otro abrazo dieron por terminada la plática.
Para las horas siguientes, cada quien se fue para su casa, pero unos cuantos se fueron directamente a la casa de Len y de Yuki, para seguir con el luto luego de la efímera despedida.
Miku y Gumi fueron las dos externas de la casa que querían visitar a sus amigos luego de un largo periodo de haberse encontrado en persona, mientras que Miki y Piko, al lado de su hija IA, eran vecinos de la pareja, y los visitaban constantemente. En esa noche, pidieron algo de cenar y Junk, quien acompañaba a su amigo Vigo, llevó varias botellas de sake.
En mitad de la plática y de la comida, Miku era quien más resentía la partida de su amiga.
-Cantamos tantas canciones… nos gustaba mantener un tipo de canon en donde ambas éramos como amigas que viajaban a múltiples dimensiones -decía la Hatsune, moviendo la cabeza con alegría mientras que su primer vaso de sake apenas y llevaba un par de sorbos retirados-. Y en los conciertos… yo sabía que si se me olvidaba un paso de baile ella me lo recordaría… era la mejor amiga que podría haber pedido -dijo en un tono sumamente melancólico.
-Aparte de eso, ella se acostó con tu primer esposo y causó que te contagiaras de sífilis… sin mencionar que fue la que provocó la separación de PiaPro y Vocaloid… -añadió Gumi, quien se había limitado a consumir un poco de hierba de su pipa.
-¡No hables así de ella! -reclamó Miku, elevando su arrugada mano-. Todos cometen errores… ella más que otros pero nadie está libre de culpas en esta vida… -parecía ser que estaba a punto de quedarse dormida.
Entre todos los presentes, Huyu parecía ser el único que no tocaba su bebida. Su naturaleza era tranquila, era el Kagamine que menos hablaba, y pese al amor que toda su familia sentía por él, seguía siendo alguien externo, ya fuera por su cabello negro azabache como el de su madre, o porque fue criado hasta los diez años como hijo único hasta descubrir y que Shikari era su hermana y Vigo su medio hermano. Shikari se acercó a él y le puso la mano en el hombro.
-¿Te encuentras bien? Pareces ser quien más está de luto de entre todos nosotros… -le dijo Shikari con una sonrisa.
-Y eso que apenas y la conociste… quizá por eso estás así -dijo Miki dando un sorbo a su sake.
-Es solo que… todo esto es tan surreal para mi -dijo un poco consternado mientras miraba a su propio vaso, del cual no había tomado-. Hasta hace un par de años tuve que explicarle a mi hija menor lo que era el incesto, porque iba a ser imposible para ella evadir las historias de el dichoso "Kagamincest", que de vez en cuando toma popularidad nuevamente en las redes sociales, y tuve que contarle la historia verdadera… o al menos lo que creo que es la historia verdadera, la que todos cuentan como secreto a voces, pero de la cual realmente conozco tan poco de ello… -explicó su frustración.
-No es una historia que sea muy bonita de recordar -dijo Shino-. De alguna manera quisiera que fuera olvidada…
-Va mucho más allá que la infidelidad que cometió contra tu padre… -dijo Gumi interrumpiendo, sintiéndose como alguien quien conocía mucho más que todos-. Siempre fue así, desde el inicio ella fue ambiciosa, deseando ser la que ocupara el mejor escenario, que fuera visto por todos… creo que eso la llevó a prostituirse con los productores para conseguir más fama y mejores contratos…
-¡Gumi! -gritó Miku-. No digas esas cosas, no sabemos si es que ella lo hizo por esas razones, ella realmente amaba al primer chico con el que perdió su virginidad…
-Pese a que él tenía veinte y un años, y ella solo catorce cuando lo hicieron -comentó Miki.
-Ella siempre fue muy libre para amar, sin importar la edad… -añadió Miku-. No le gustaba sentirse poseída por otro, por eso jamás quiso una relación estable.
-En lugar de eso destruyó otras relaciones, la suya, la de tus padres, la de Luka… -dijo Gumi mientras que volteaba a ver a Miku, sabiendo que ella era una de las referidas.
-Sigo sin comprender… acaso… ¿Ella pensaba que era el centro del universo? -preguntó Huyu, frunciendo el sueño.
-¡Que el mundo es suyo! -gritó Miku mientras se reía-. Quizá fue por culpa de esa canción que siempre tuvo envidia de mi… -empezó a llorar nuevamente la Hatsune.
-Ser una idol habría sido la mejor opción para ella, hay que admitirlo… -dijo ahora Kiiro, de forma sarcástica.
-No soy quien para juzgar… -dijo Huyu-. Habría sido bueno que ella pudiera conformarse… entender que alguien no puede ser el dueño del mundo, esa es quizá la mejor lección que ustedes me dejaron -dijo refiriéndose a Miku, Gumi, Piko y Miki.
-Y es verdad… uno no puede poseer siempre el mundo, aunque estuvimos cerca de eso -dijo Gumi-. Aun con todo el éxito que tuvimos, no puedo dejar de pensar en que los más afortunados fueron quienes encontraron un amor compasivo y verdadero, ya fuera en una familia, o en una comunidad, o donde fuera necesario -dijo de manera reflexiva, pues en su propia vida había llegado a esos pensamientos.
-Ella lo pudo tener, con nosotros, pero su misma naturaleza se lo habría impedido -habló Shino-. Solo para que te des una idea del asunto, yo aun no sé quien es mi verdadero padre -le confesó a Huyu.
-Pe… pero pensaba que tu eras hijo de Gakupo… al igual que… -trató de replicar.
-No, yo soy hijo de Gakupo, un deseo extrapolado que Rin tenía de formar una vida con el único hombre que de verdad respetó…
-Vaya, que bueno que Luka no está entre nosotros -dijo Piko con una sonrisa.
-Mi verdadero padre… ni siquiera Rin lo conoce -reveló el muchacho-. Al parecer solo fue a un club de encuentros sociales, en donde los hombres iban desnudos, solamente con máscaras de saco en la cabeza… no sé que fue lo que hizo en ese lugar, pero lo más que investigamos era que podía ser hijo de uno en cincuenta tipos diferentes que estuvieron esa noche en ese club…
La confesión dejó a la mayoría de ellos helados, en especial a Shikari que apenas había sabido de las infidelidades de Rin hasta antes de que todo saliera a la luz. Le era imposible imaginar eso.
-Si… tiene sentido… Rin era así, ella disfrutaba de esconder la cara de sus amantes -dijo Miku algo adormilada.
Las siguientes horas fueron de escasas conversaciones, y ya para terminar con la noche, Miki se retiraron, llevando a Gumi a su casa para que pasara la noche, mientras que Miku se quedaría en el sofá de la casa de Len a dormir. Solo un invitado faltaba, y este era el novio de Chikara, quien los había acompañado desde la salida del hospital hasta el funeral, y que se había quedado durante la sesión de bebida, aunque participando desde la lejanía. Este era un inmigrante, y pese a sus buenas actitudes, no se había ganado la confianza ni el agrado de Vigo, por lo cual él mismo lo llevaría hasta su departamento, para luego llevar a su hija de vuelta a su propio hogar.
Antes de realizar el rápido viaje de regreso, Vigo se encontró en soledad con su padre, quien estaba limpiando los últimos platos de la comida.
-Ten mucho cuidado con la carretera, a veces hay personas que se lanzan a toda velocidad pensando que ya nadie circula por ser de noche -dijo Len a su hijo al verlo entrar a la cocina.
-Está bien, no es como si nunca hubiera conducido a estas horas -respondió Vigo, dándose cuenta de que había hablado de una forma un poco grosera-. Acabo de cumplir cincuenta años, y te sigues preocupando por mi como si fuera un niño…
-Para eso soy tu padre -contestó Len, aun mirando los platos mientras los acomodaba-. Incluso si tú mismo eres padre o abuelo, yo seguiré estando por sobre ti en la jerarquía -explicó con una sonrisa.
-Es bueno saberlo… -dijo Vigo con algo de ironía-. Al menos en tu caso, no dejarás de ser mi padre de un momento para el otro… -añadió.
Aquello consternó a Len, quien había continuado con las grandes preocupaciones que tuvo en los primeros años desde que empezó su aventura con Yuki hasta que finalmente logró casarse con ella.
-Siempre sentí que tu eras la persona más afectada de toda esta situación, Vigo… -dijo Len en lo que suspiraba-. Tu y Huyu sufrieron por todo esto, por la decisión que tomé al lado de Yuki… fue demasiado para unos niños.
-Para nada… -respondió Vigo con una sonrisa-. ¿Estás seguro de lo que estás diciendo? De no haber sido porque decidiste amar a Setsu en lugar de pretender que tenías un amor con Rin, entonces ni Shikari ni Huyu hubiera nacido… -dijo con claridad, en un tono incluso orgulloso.
-Lo sé… pero incluso con todo lo que pasó, yo también tomé parte de ese juego de engaños y de mentiras, también fui un esposo con una amante y eso es imposible de negar -dijo mientras que comenzaba a guardar las cosas y mantenía las manos sobre la mesa de la cocina-. Sin mencionar… que yo fui el que más insistió en eso, en la relación, fui yo quien se enamoró y permitió que ella se aprovechara de todo lo que prosiguió.
-Vamos, ya es muy tarde para seguir culpándose por eso… -dijo Vigo mientras que se sentaba frente a él-. Yo mismo vi, en primera fila, como Rin te faltaba el respeto de mayor manera de la que tu podrías haber imaginado -denunció con una voz determinante-. La vi llevando a uno de mis amigos de la escuela directamente a tu cama en donde estuvo con él hasta que llegaste a la casa y él tuvo que escapar a mi cuarto, aun llevando la ropa interior de ella sobre su cara…
-Lo sé… todo eso lo sé -dijo Len con una voz clara y firme-. Ella misma me lo contó esa noche, mientras explicaba lo asombroso que era acostarse con un adolescente.
Vigo se quedó en silencio, mirando al suelo, comenzando a resentir todo lo que había dicho.
-Hasta el día de hoy sigo pensando… en todas las cosas que hizo contra nosotros, contra toda la familia, alguna razón para poder emanciparme de ella…
-Pero no es algo que puedas hacer con facilidad -dijo Len a su hijo mientras que suspiraba-. Ella fue tu madre muchos años, fue la mujer que te trajo a la vida, es verdad que Shikari puede hablar de cómo ella fue robada y su verdadera madre fue otra todos estos años, pero incluso con eso, ustedes dos fueron sus hijos, aun cuando más tarde Yuki pasó a ser la figura materna que ambos deseaban y necesitaban.
-Fuimos sus hijos… pero jamás sentí que hubiera un verdadero cariño por nosotros, quizá una compasión como la que se tiene por una mascota, pero no un instinto de maternidad verdadero -reclamó Vigo.
-Lo sé, aunque te resulte raro saberlo, los primeros años en los que solo éramos tú, ella y yo, fueron los días de mejor estabilidad… yo acababa de separarme de la amistad que tenía con Yuki y al parecer eso fue suficiente para que ella se tomara en serio la promesa de tenerte y de intentar ser una familia, pese a todas las fallas que hubo previo a esto.
-¿Y qué fue lo que hizo que los problemas resurgieran? ¿Qué hizo que todo se desviara de nuevo? -preguntó Vigo.
-No puedo saberlo, ella jamás me lo dijo, un día simplemente me empezó a hablar de las maravillas de las relaciones poli-amorosas, y a mostrarme testimonios de personas que vivían ese tipo de relaciones a plenitud sin miedos. Nunca tuve nada en contra de ellos, simplemente sentía que no eran lo mío… -añadió rápidamente, sabiendo que uno de los amigos cercanos de Vigo practicaba eso-. Y en lo que menos lo esperaba, me proponía hacer una orgía, un intercambio de parejas, para ser preciso, con Gakupo y con Luka… -terminó de relatar.
-Y tú aceptaste… -dijo el hijo Kagamine.
-Pensando que sería un control de daños, que con eso ella podría calmar su ansia por oficializar ese estilo de vida tan mundano.
-Y nueve veces después de esa noche… nació Kiiro -concluyo el escucha.
-A veces pienso que ella misma lo planeó así, para hacerme criar justamente al hijo de otro hombre -juntó sus manos mientras decía aquello.
-¿Así fue como pasó? ¿Cómo lo permitiste? -preguntó Vigo.
-Todo fue una cadena de eventos y de resentimientos… -admintió apenado-. Meses antes de eso, yo mismo le fui infiel por culpa de muchas sospechas que tenía sobre ella, y en un arranque de emociones culpables, terminé por besuquearme con Luka, pensando que era lo justo después de que ella nos separó por años debido a sus celos, y a eso le precedía mi amistad con Yuki que ella veía con desagrado desde hacía años, pero eso había sido causado por los engaños que ella misma había cometido… -trató de simplificarlo-. Creo que todo esto no fue más que una cadena de errores.
-Y nada de eso era sabido por sus fans, ¿Verdad? -dijo Vigo con ironía.
-Te sorprendería lo mucho que ella hizo para defender la mentira que había construido, el "Kagaminecest" -replicó Len con asco.
-No lo creo, para este punto mi sentido del asombro está completamente quemado, incluso ella llegó a publicar un libro acerca de la relación…
-Si, llegué a escuchar del asunto, pero incluso cuando me fue ofrecido por un fanático, no quise saber nada, solo sé que el título era "¿Cómo puede el amor ser algo malo?"
-Exacto, ese era el nombre del libro -dijo Vigo con tranquilidad-.
-Me cuesta trabajo creer que realmente usó ese nombre… esa era la frase que usé muchas veces con ella para expresarle mi amor, cuando no estaba seguro de mi propia razón por la cual amar a alguien… -explicó Len.
-Entonces seria un título muy acertado… básicamente eso es todo lo que contiene ese libro, solamente ideas de lo que es el amor, pero ningún hecho ni mucho menos algo significativo, solo palabra que abandona la sustancia
-Su extraña forma de ver la vida la llevó a visualizar el amor de esa manera… incluso cuando tuvo la oportunidad de estar al lado de Gakupo, lo trató como una comodidad, no distinto a como me trató a mi.
-¿Pero cual fue el punto de todo esto? -preguntó Vigo-. ¿Qué es lo que ella quería en esta vida? ¿Acaso solo controlarte a ti, a Gakupo o a cualquier hombre que se le cruzara? ¿O su único objetivo fue la fama y nada más que eso, dejando todo lo demás como secundario? Es que es obvio al leer ese libro que fabricó todo un universo idealizado en su mente, en donde si perdía, ganaba más, o en donde lograba siempre ser ella la que representaba el verdadero amor… ¿Qué era lo que quería? -dijo nuevamente en desasosiego.
-Ese es el punto, Vigo, ella solo "Quería", eso era el amor para ella -dijo Len con pesadumbre-. El concepto del amor era el "Quiero" el desear, y una vez que lograba conseguir lo que deseaba, ya no había amor, porque ya no había nada que desear.
-Pero hubo amor… ¿No es así? Aunque sea algo que la motivó a no… abortarme… -dijo finalmente dejando salir aquello que lo había atormentado durante muchos años.
-¿Cambiaría algo si supieras que ella te amó o no? -dijo Len mientras juntaba sus dos manos-. Han pasado muchos años, demasiados desde que juré que la amaba como no tienes idea. La forma en la que yo la amaba en ese entonces era tan… Juvenil -se rió un poco al mencionar esa palabra.
-Pero fue suficiente para hacer que ella… que ustedes dos me concibieran -dijo Vigo de forma tranquila-. Lamento si esto llega en un momento inoportuno, pero es un tema del cual jamás hemos hablado, papá -añadió con sinceridad.
-Cierto, y tengo que ser sincero, siempre tuve algo de temor de que fuera algo demasiado complejo para ti… al menos eso pensaba cuando eras solo un niño, después de unos años, me di cuenta de que solo fui un estúpido en ese momento… -dijo Len.
-¿Y cómo supiste que no fuiste un estúpido cuando decidiste que amabas a Setsu? -preguntó su hijo con claridad.
-Creo que la mejor manera de explicarlo todo, es refiriendo la canción que me hizo creer lo que era el amor -dijo Len suspirando-. ¿Recuerdas la historia de La hija del Mal? -preguntó con claridad.
-Claro que si, incluso Shino estaba haciendo la obra del sexagésimo aniversario de la obra -dijo él con una sonrisa.
-Esa fue la primera canción que me hizo plantearme lo que era el amor. En ese tiempo vi el sacrificio de mi personaje como el acto más puro y más noble de amor que jamás habría existido -explicó con mí, esa era la dirección que tenía que tomar el amor, la de un acto de entrega absoluta que podría sobrepasar a cualquier objeto material, o cualquier consideración social. Para mi, esa historia representaba a una pobre chica que no comprendía lo que era el amor hasta que alguien daba ese paso, el sacrificio que representaba el amor.
-Y en cierta manera lo es… -contestó Vigo.
-Pero no lo es todo… más tarde cuando logré entender de lo que se trataba el amor, me enteré de que aquel vital sacrificio era sólo una molécula de todo lo que realmente este representaba -replicó ahora Len-. Es verdad, el acto de amor debe de ser tal que puedas dar tu vida por otra persona… pero no era solo eso, el amor tiene que intentar ser eterno, racional, existir incluso cuando uno no es capaz de amar conscientemente -dijo con claridad-. Un sacrificio es una muestra de amor, es cierto, pero el verdadero amor es más silencioso, es más constante, es inconsciente a veces, pero racional…
-Pero la princesa nunca fue así con el sirviente, ¿O si? -dijo Vigo-. No recuerdo muy bien la historia, pero sé que ella era una desgraciada con él, así como con todos los demás.
-Precisamente por eso no puedo decir que entendía del amor -dijo Len con tranquilidad-. Me habría sacrificado por Rin, sin dudarlo, un solo momento, pero ese amor no podría, ni pudo sobrevivir, porque no era mutuo. Ella jamás habría sentido lo mismo por mí. Nuestro amor había sido algo temporal y ya, pero no era correspondiente como para tener la trascendencia que siento con el amor de Yuki -dijo con tranquilidad.
-¿Trascendencia? ¿Lo dices por el sentido religioso? -preguntó Vigo.
-Más por un sentido existencialista… Yuki me ayudó a sentirme realmente amado, me hizo comprender lo que era la verdadera libertad, y a ser yo mismo, no basándome solo en instintos, sino en buenos deseos, no como alguien quien tenía que morir por amor, sino vivir por amor.
-Me pregunto… si queda algo por lo cual vivir una vez que se pierde el amor… -dijo Vigo.
-Ese es el infierno, la incapacidad de amar -contestó Len, para después ver que la hora de la charla había llegado a su fin-. Oh cierto, tienes que llevar al novio de Chikara a su casa.
-Ni lo menciones, no es algo que me ponga muy cómodo… lo del novio, me refiero -dijo Vigo mientras que se levantaba y sacaba las llaves de su auto.
-Vamos, Shikari tenía esa misma edad de ella cuando tuvo la tuvo a ella -dijo Len riendo un poco-. ¿Cómo se llama el muchacho?
-Se llama Basavaraja… ¿Tienes idea de lo difícil que es escribirlo? -dijo Vigo.
-Vaya… ¿Qué quiere decir ese nombre? -preguntó su papá.
-Señor de los toros, o algo así -dijo Vigo sin darle mucha importancia.
-Podrías llamarle Gyuou… como te gusta cambiarle el nombre a las personas -contestó Len con gracia.
-Claro, podría… -dijo Vigo-. Volveré más noche, nos vemos, papá -y con esta despedida finalizó su conversación.
Ya habiéndose dicho todo, fue la hora de conciliar el sueño, y tras las preparaciones finales, Yuki se dirigió a la cama con su esposo, mirándolo con los ojos cerrados, como en una posición de descanso o meditación más que de un sueño relajado. Su esposa se acercó a él y comenzó a abrazarse a él, poniendo su cara contra su cuello, su mano derecha contra su pecho y la izquierda contra el oído del lado contrario de su cara, como si fuera un apreciado tesoro.
-La forma en la que me tocas… siempre me hace feliz… -dijo Len mientras que comenzaba a despertar, girándose para encarar a la mujer.
-Quería consentirte hoy, sé que te sientes decaído -le dijo ella.
-Sé que sabes lo que es perder a un hermano… pero no sabía decir si es que nuesras situaciones son comparables -dijo Len, tratando de no sonar grosero.
-Es verdad… -dijo tenía ocho años cuando mi hermano Huyu murió, fue un gran dolor para mi porque era mi guardián y mi protector, y no tenía a nadie en quien confiar hasta que Miki llegó a mi vida.
-Es así como yo me sentía con Rin… incluso con todo lo que salió mal entre nosotros, ella seguía siendo mi hermana, mi gemela, mi otra mitad con quien vine al mundo, realmente siento que le fallé…
-Hiciste loque pudiste con ella, Len, fuiste hasta los extremos a los que nadie debería de ir, pero lo hiciste por amor… permaneciste con ella hasta que todo el cariño y el romane terminó, y lo hiciste de forma consciente, con propósito… -dijo tranquilamente-. Esa es la mejor manera de amar.
-Ella…confesó que me odiaba, de manera inconsciente al inicio, de forma desinteresada después, pero que siempre sintió un cierto odio por mí, que se combinaba con el cariño… dijo que me odiaba precisamente por lo mucho que daba por ella, y por todo lo que había sacrificado por su bienestar…
-Te odiaba por ser bueno -dijo Yuki, soltándolo con una pequeña risa, pues era la misma razón por la que Rin le había dicho a ella que la odiaba, años atrás, cuando era solo una niña pequeña de nueve años.
-¿Qué se puede hacer en ese caso? -dijo Len aun intentando no llorar-. Siento que por más que hice lo que tenía que hacer… le fallé.
-No le fallaste -contestó Yuki-. Hiciste lo que tenías que hacer, era parte de tu vida darle ese amor… y lo diste… por eso no pienso que esos años fueron perdidos, porque amaste, incluso si tu amor no fue correspondido.
-Pero no dejo de pensar en lo que pasará ahora… con ella -dijo Len con tranquilidad en lo que suspiraba, adolecido-. Sabes que no puedo dejar de pensar en la vida después de la muerte… siempre he pensado que tiene que haber un tipo de juicio al final de la vida, y que aquellos que de verdad saben lo que es el amor recibirían el amor de Dios… y todos los demás pues… -guardó silencio.
-¿Temes que Rin termine en el infierno? -preguntó Rin de forma directa.
-Suena algo tonto para un viejo de más de setenta años, ¿No? -dijo Len, mirando a su esposa.
-No del todo, tu siempre pensaste de esa manera… -lo abrazó más mientras trataba de pensar en como explicar el poco consuelo que podía ofrecerle.
-Pienso que al final de su vida, ella solo estaba cansada, incapaz de confiar en alguien más allá de lo que pudiera sacar de provecho para si misma… -empezó a explicar-. Incluso desde antes, era así… desde que éramos jóvenes, ella amaba las cosas por sus formas ideales, por sus cosas únicas, por lo que había que destacar, era una persona tan apasionada, que pensaba que eso era lo que amaba de ella, su locura, su personalidad, pero en realidad todo se reducía a ella, a su persona, a Rin, que su vida fuera como una película…
-¿Y eso a donde la llevó, Len? -preguntó Yuki, y antes de que su esposo pudiera responder, le dijo-. A donde merece estar, a donde querrá esta cuando reciba su juicio… no habrá una sola persona que clame por injusticia al final de los tiempos -le contestó con franqueza.
-Desearía haberle dado una oportunidad, haberle dado una cebolla -dijo Len con ironía.
-Se la entregaste, Len… ella tuvo la oportunidad de recibirla -contestó Yuki-. No puedes cambiar a la gente, ni forzar a que sientan el amor que les entregas.
-Aun así, no puedo evitar sentir que fue mi culpa -dijo arrepentido Len-. Una vez, Yuki, tu me lo dijiste, me dijiste que lo más importante que podías hacer era salvar una vida…
-Y en ese momento lo hiciste, salvaste mi vida dando una parte de la tuya -le contestó, tocando su pecho, en donde continuaba la cicatriz que lo había marcado hacía más de medio siglo-. Y de ahí diste más vida, a muchas otras personas, ahora de tus decisiones ha surgido mucho más amor del que podrías haber imaginado. Solo mira a toda tu familia, y el amor que hay entre todos…
-Lo sé… creo que es hora de que deje ir a Rin… ella era mi mitad, la otra parte de mi alma, llegamos aquí juntos, pero creo que eso es todo… ahora nos separamos -y diciendo esto tomó la mano de su esposa, mirándola a los ojos.
-A pesar de todo… diste lo mejor de ti. No pienses que tu amor falló con ella, piensa que amaste con todo lo que pudiste -dijo ella tranquilizándolo-. Pero no puedes cambiar el mundo, no puedes salvar a todos…
-Creo que eso me demuestra que solo podemos crear nuestros pequeños espacios de cielo -y dicho esto, abrazó a su esposa, besando sus labios con delicadeza.
Comenzaron a besarse nuevamente como lo habían hecho tantas veces desde hacía tantos años, Len acariciándole la mejilla mientras que ella tomaba los mechones de su cabello entre sus arrugados dedos y lo acercaba para si misma.
Con la muerte de Rin, sus menciones fueron desapareciendo, se hicieron algunos cuantos programas rememorando a la gran idol que, sin embargo, fue siempre ensombrecida por la espectacular Hatsune Miku, para luego ser opacada por la vida incestuosa, que para empeorar las cosas terminó con un divorcio escandaloso, enmarcado por engaños que se habían extendido por rumores desde hacía ya más de veinte años. Rin se había vuelto una estrella del pasado, una referencia o cameo de una época de incertidumbre previa a la guerra. Su infidelidad había sido tan conocida que había alcanzado un estatus legendario entre los conocedores de la industria, y su hermano, su supuesta pareja eterna, la había abandonado por una mujer más joven y más hermosa.
Había algo que Yuki jamás le había dicho a Rin, luego de todos esos años. La Kagamine siempre pensó que la joven Kaai se había vuelto la amante de su esposo desde que ella demostró su completa frialdad y desde hacia el matrimonio que tenía con este, pero incluso antes que eso, cuando Yuki era solo una pequeña de nueve años, pidió un regalo a Len, algo solo como un capricho ligero: un beso, el primero de ella. Len, con sus catorce años, lo consideró como un pequeño favor para ella, pero aun con eso, y con un fuerte sonrojo, a escondidas dejó que los pares de labios se tocaran velozmente.
Ese beso había sido un triunfo para Yuki, y ahora sus labios eran los únicos que se posarían por el resto de su vida sobre los de Len.
-Quieres… ¿Intentar hacerlo? -preguntó él al encontrarse un poco de espíritu juvenil en la forma de una erección.
-Ah, no dejas de sorprenderme… -dijo ella mientras que le habría la camisa de la pijama y comenzaba a lamerle el pezón-. A esta edad y continuas siendo un semental…
-Quizá ya dispare salva… -dijo Len un poco consternado.
-Está bien, de cualquier manera yo también perdí mi fertilidad -dijo Yuki como si fuera nada, retirando su ropa interior-. Yo iré arriba, no quiero que lastimes tu cadera -dijo la mujer mientras se colocaba en posición.
-Solo era una fisura… -dijo Len lentamente mientras que la sentía moviéndose sobre él, insertando su miembro en ella, como tantas otras veces.
La intensidad de sus emociones en ese momento era algo que repetían tantas veces. Si les hubieran preguntado en sus juventudes si es que ellos dos seguirían haciendo el amor siendo tan mayores, probablemente habrían negado todo, pero seguían manteniendo la intensidad de esos días primerizos, y como en todos ellos, el orgasmo llegó con la pasión de los dos.
Veintiún años separaron a Len y Rin en su estadía en la tierra. Len vivió hasta la edad de noventa y dos años, hasta el último día de su vida apreciando la belleza de su amada esposa Yuki. Ese mismo día de su muerte ella permaneció tranquilamente dormida a su lado, y comprendió cuando la vida había dejado su cuerpo.
Yuki, de ochenta y seis años, sobrevivió otros cuatro años, que pasó al lado de su hija Shikari, viviendo con ella y con Vigo, quienes la cuidaron hasta que perdió la vida a la edad de noventa años. Llegó a conocer a sus bisnietos.
Esa era la última frontera, aquella desconocida fase que continuaba para la conciencia pero no para el cuerpo.
Para cuando la vida terminó, Len se percató de la absoluta verdad, encontró el significado del amor algo que en vida solo pudo encontrar en los más efímeros instantes de lucides, mirando a través de la lógica y la razón. Fue en ese instante que comprendió lo que era el amor. Su último deseo se hizo verdad, y en esa absoluta felicidad, se encontró de nuevo con Yuki, de entre todas sus personas amadas, pero de Rin, no hubo rastro alguno.
Fin
Notas finales:
Si, creo que esto es lo último de vocaloid que saldrá de mi, al menos de forma de fanfic.
Bye.
