Comisión pedida por Clauliza

Fandom: Haikyuu!

Pareja: Ushijima Wakatoshi x Oikawa Toru


ROMANCE OLÍMPICO

Al término del partido de Japón contra Argentina en los juegos olímpicos de París 2024, Oikawa no pasó por alto la oportunidad de acercarse a Ushijima en cuanto lo vio acudir a los lockers provisionales designados para la selección japonesa. No ingresó de inmediato, esperó a que el resto de los integrantes salieran uno a uno con excepción de él.

Si bien el equipo de Oikawa no ganó el partido, sí cumplió con su objetivo de enfrentar a Ushijima en la cima; de jugar de igual a igual una vez más y darlo todo en la cancha.

—Entonces, ¿qué piensas ahora? —preguntó Oikawa, colocando las manos en jarras a cada lado de su cuerpo.

Ushijima no supo a qué se refería, por lo que no respondió, aunque pareciera que Oikawa había adquirido en Argentina la habilidad de leer mentes, porque no tardó en explicarse.

—¿Sobre mi "inútil orgullo"?

Los labios de Ushijima, normalmente inmóviles en su seriedad, se curvaron en una sonrisa cargada de orgullo, recordando lo que le había dicho a Oikawa cuando aún eran estudiantes de preparatoria.

—Creo que es fantástico.

Escuchar aquello no fue lo que hizo estremecer a Oikawa, sino el hecho de presenciar una expresión rara, casi preciosa, que podría considerar como un fenómeno antinatural a esas alturas.

—Sin embargo, te equivocaste —agregó Ushijima.

—¡¿Ah?! —Oikawa se indignó en el acto, elevando la voz, algo cotidiano en él—. ¡No me digas! ¿Acaso tu frase de "debiste venir a Shiratorizawa" ahora evolucionará a un "debiste quedarte en Japón"? ¿Para qué? ¿Para servirte? ¡Ni lo sueñes!

Los ojos de Ushijima se abrieron un poco más a lo habitual, impresionado por el hecho de que Oikawa continuara sacando conclusiones apresuradas, aunque no podía culparlo del todo después de mencionar la misma frase cada que se lo topaba.

—Seguro que Tobio te acomoda mejor que yo. Me hubieras descartado al instante y yo no…

Ushijima pretendía escuchar con atención cada una de sus palabras, pero tras advertir el nombre de Tobio, optó que sería mejor interrumpir.

—Te equivocas. —Sería egoísta y evitaría escuchar a un furibundo Oikawa desahogarse. Luego de tantos años separados, pretendía aprovechar la oportunidad de aclarar las cosas entre ellos—. No hablo del vóley o de tu trayectoria profesional.

—Es… ¿Eh?

—Yo…

—¿Acaso no planeabas provocarme justo ahora? —preguntó Oikawa, porque hasta se tomó su tiempo en buscar en el baúl de los recuerdos para echarle en cara a Ushijima lo que le molestaba de él: todo, hasta su manera de respirar—. ¿Acaso has madurado? ¿Tú?

—¿Por qué clase de persona me tomas? —Ushijima levantó una ceja con total extrañeza.

—Por una lo suficientemente simple para congeniar con Tobio. —Porque a Oikawa siempre le había parecido peligroso Tobio, no por su talento, sino por lanzarse de cabeza en situaciones que implicaban un alto riesgo y adrenalina, el mismo caso que Ushijima a sus ojos.

Ushijima limitó su respuesta a un suspiro desganado. Discutir eso con Oikawa desviaría el tema que pretendía tratar y del que se negaba a partir sin hacerlo.

—¿Entonces? —inquirió Oikawa, cruzando los brazos con una mirada altiva—. Vamos, te escucho. Aprovecha que estoy dispuesto a prestarte atención. Y, de paso, pide un deseo, porque no es algo que se consiga todos los días, especialmente para alguien como tú.

Ushijima esbozó una leve sonrisa. En el fondo le agradaba tener esa clase de conversación como si tuvieran quince años. Para él, Oikawa seguía siendo el mismo orgulloso exagerado de toda la vida y eso siempre le resultó atractivo, por raro que sonara.

—Te adelantaste a juzgar lo que yo pretendía lograr al llamarte a Shiratorizawa —explicó Ushijima—. Más bien, en ese entonces no lo pude expresar con claridad. Sí, yo quería al mejor armador de la prefectura para que sacara más de mi cien por ciento en un partido, pero la verdad era que te quería a ti.

La confianza que Oikawa irradiaba de manera natural desapareció con la última frase que llegó a sus oídos. Sus facciones se suavizaron para desembocar en la incredulidad con la boca entreabierta y ahogando una réplica en su garganta.

—Si estabas conmigo en la misma escuela —continuó Ushijima—, en el mismo equipo, en la misma cancha, haría que eventualmente nos conociéramos mejor. Entonces, yo podría conseguir las dos cosas que me importaban: mejorar mi trayectoria deportiva y a ti.

El ceño de Oikawa se frunció, no en señal de enojo, sino en un esfuerzo evidente por comprender el alcance de la conversación.

—Creí que te quedarías en la selección japonesa y que allí podría cumplir mi segundo objetivo: tenerte a ti —finalizó Ushijima.

Oikawa se llevó una mano al mentón y otra a la cadera. Sus labios se separaron sin emitir sonido alguno. ¿Acaso había escuchado una confesión fuera de la cancha o era una declaración sobre la conformación del equipo soñado?

Escudriñó el rostro de Ushijima en busca de una pista, un indicio de lo que quería transmitirle; al no encontrarlo, decidió que debía aclarar eso primero.

—¿Por qué a mí? ¿No logras acostumbrarte a Tobio?

—No es un asunto de armadores. Es un asunto personal. Me gustas, Oikawa —soltó Ushijima con la misma fuerza y determinación con la que solía rematar balones.

La expresión de Oikawa se congeló por un momento, como si su cerebro se negara a procesar lo que acababa de escuchar. Sus ojos reflejaron una mezcla entre asombro y desconcierto. Podía sentir cada pulso resonando en sus oídos.

El rubor que inició en sus mejillas se le extendió hacia las orejas, tiñendo su rostro de un rojo intenso. Su boca se abrió y cerró sin emitir sonido alguno. La seriedad en los ojos de Ushijima, la firmeza en su voz, todo indicaba que no había malentendido ni confusión posible.

—¿Qué? —Fue lo más inteligente que Oikawa logró articular.

Al segundo siguiente, Oikawa se llevó una mano a la cabeza y respiró hondo.

—Desde preparatoria (incluso antes) —dijo Ushijima, esperando que el detalle adicional diera intensidad a su declaración.

Los sentimientos de Oikawa se convirtieron en un tsunami de emociones conflictivas: confusión, sorpresa, y algo más profundo que no se atrevía a nombrar. Había esperado muchas cosas de este reencuentro, pero jamás algo así.

Antes de hablar, una suave risa nerviosa hizo acto de presencia y se prolongó hasta convertirse en una mueca astuta.

—¿Puedes tener sentimientos por algo que no tenga forma de balón?

Ansiaba ver cómo reaccionaría Ushijima a su provocación.

Cada segundo en silencio parecía aumentar la tensión entre ellos, o así lo percibía Oikawa, quien sentía las palmas de las manos cada vez más sudorosas por una razón que desconocía.

Ver la media sonrisa, ligera y desafiante, que apareció en el rostro de Ushijima lo obligó a dar un paso hacia atrás. ¿Por qué demonios estaba tan nervioso ahora?

—Puedo —respondió Ushijima sin titubear, obligando a que el corazón de Oikawa diera un vuelco.

Oikawa sintió un escalofrío al ver cómo sus defensas comenzaban a desmoronarse. Siempre odió que sus bromas carecieran de efecto frente a la honestidad de Ushijima.

De un momento a otro, una risa suave escapó de los labios de Oikawa hasta convertirse en una carcajada incontrolable. Le ayudó a liberar la tensión acumulada.

Ushijima lo observó con un puchero estupefacto. No era la reacción que esperaba después de una confesión tan seria y personal. O, ¿acaso Oikawa se había vuelto loco? Tal vez muchos balones golpearon su cabeza en el extranjero.

Después de lo que pareció una eternidad, la diversión de Oikawa se esfumó, convirtiéndose en una serie de jadeos suaves que le permitieron recuperar el aliento.

Lo siguiente que ocurrió, quizá se debió a la adrenalina remanente del partido que acababan de tener, pero Oikawa, con una expresión maliciosa y un brillo travieso en las pupilas, hizo algo que ninguno de los dos esperó: cortó la distancia lo más posible y se sostuvo del cuello de Ushijima.

—Ahora, dime una cosa Ushiwaka —dijo Oikawa, con la voz cargada de un desafío juguetón a la par de una intensidad palpable—, ¿cómo se siente saborear una victoria internacional y, al mismo tiempo, algo que jamás podrás tener?

Antes de que Ushijima pudiera hacer siquiera una pregunta para comprender a lo que se refería, sus labios fueron sellados por los de Oikawa, quien no se limitó a un simple beso; su toque fue deliberado y demandante, moviéndose con la misma precisión que sus dedos durante un partido, imponiendo un toque superficial y provocativo.

Era verdad que no tenía experiencia con eso, incluso si en el pasado había estado en una relación con una chica de su antigua escuela, jamás habían llegado a ese punto.

Entonces, ¿por qué ir tan lejos con Ushijima? Fácil. Oikawa podía asegurar que el tipo –si no era por un balón impactando su cara– tenía labios tan vírgenes como los suyos y tomarlos sería parte de su venganza por sacarlo de quicio con aquella declaración amorosa de momentos atrás.

Pasó la lengua por encima de los labios de Ushijima, dejando un rastro fino de saliva, previo a retirarse mientras se relamía con un gesto a medio camino entre la satisfacción y la diversión.

Sin embargo, Ushijima, pese a carecer de videncia, tenía un instinto claro y potente que le avisó que junto a Oikawa toda clase de cosas eran posibles. Si bien, no reaccionó a ese primer contacto, sí lo hizo con el segundo, esta vez, iniciado por él: con una mano en la cintura de Oikawa y otra en su nuca, lo atrajo de nuevo para tomar la revancha, manifestada en un beso profundo y apasionado.

A Oikawa casi se le cortó la respiración al sentir cómo ese poderoso y tan alabado brazo izquierdo lo rodeó con fuerza, permitiéndole sentir contra su cuerpo partes de un hombre que no estaba acostumbrado ni por asomo a tener tan cerca.

Al principio intentó resistir, tirando de la playera de Ushijima con la intención de separarlo, pero el jaloneo disminuyó a medida que el beso se profundizaba; sus quejas ahogadas y llenas de molestia también se fueron atenuando.

Ushijima cantó victoria para sus adentros cuando el cuerpo tenso de Oikawa terminó por relajarse entre sus brazos, aunque los cortos murmullos exasperados hacían acto de presencia cada tanto.

Cuando el rechazo se desvaneció por completo, Oikawa permitió que la lengua de Ushijima se adentrara a su boca, mezclando el sabor de la saliva con el regusto de una conocida bebida deportiva.

El desafío inicial se había convertido en algo profundo y complicado; algo que ninguno de los dos había anticipado, pero que sentían con una intensidad inexplicable.

Lo siguiente de lo que Oikawa fue consciente –como si hubiera sido víctima de un lapsus temporal– era que tenía una pierna elevada, sostenida del muslo por la mano de Ushijima; los cuerpos de ambos se mantenían en un continuo frote, pesado e intenso, en el que se presionaban el uno contra el otro más de lo que deberían.

Un relámpago de excitación recorrió con velocidad la columna de Oikawa cuando advirtió la mano de Ushijima metiéndose por la parte inferior del short, rebasando su calzoncillo para amasar el glúteo con fuerza.

Oikawa dejó escapar un gemido corto, no precisamente cargado de placer, sino de perplejidad y nerviosismo. Para evitar caer, se sostuvo como pudo del cuello de Ushijima. Le resultó absurdo descubrir que el adolescente estoico que conoció, ahora le pareciera inmenso y le produjera escalofríos.

Oikawa no poseía recuerdo alguno acerca de haber sido víctima de un fuerte deseo sexual en el pasado. Nunca. Sin embargo, una llama en su interior amenazó con incendiar todo a su paso y él, consciente de que sería incapaz de aplacarla, debía dirigirla, así como cada aspecto de su vida desde que supo cuál era su camino a seguir.

—Ushiwa… Ah. A los atletas nos dan… condones. Tengo… Mi maleta…

Ushijima lo sabía: en competencias deportivas de alta envergadura a los atletas les proveían con una generosa cantidad de condones para que cuidaran cada aspecto de su salud durante su estancia en otro país.

Aunque él nunca había ocupado ninguno de esos insumos.

—¡Ah! ¡Ushiwaka! ¡Escúchame, maldita sea!

Ushijima frenó en seco ante el inminente coscorrón que alcanzó su cabeza.


Sin saber cómo demonios pasó, en tiempo récord llegaron a la habitación de Ushijima. Ambos sabían que la cama sería incómoda en cualquiera de los hoteles donde se alojaban y rentar alguno en otra cuadra a la redonda sería imposible por el exceso de turistas, sin mencionar que cualquiera podría detenerlos en las calles e interrumpir el arrebato y la pasión acumuladas.

Casi cayeron al cruzar la puerta, pues parecían un solo ser de cuatro brazos y cuatro piernas, intentando dejar los zapatos en la entrada.

Las prendas cayeron una a una en el trayecto del pasillo, trazando un camino de lascivia que guiaba a una recámara donde Oikawa fue arrojado contra el colchón, listo para presenciar a Ushijima situándose entre sus piernas mientras se sacaba la playera con una seguridad que se le antojó tan sensual como inaudita.

No había forma de que la bestia de Ushijima resultara un semental seductor o eso quería pensar Oikawa, porque fue innegable que su garganta se sintió seca al tragar lo que se le acumuló en la boca con solo ver hacia el frente.

Ushijima se lanzó sobre Oikawa, besando su clavícula expuesta y su cuello. Una mano impaciente se apresuró a masajear por encima de la ropa interior: la única prenda que le quedaba puesta a Oikawa.

—Ushiwaka —Oikawa apenas y pudo hablar entre jadeos—. Espera, acabamos de tener un partido de cinco sets… A-ah. Estamos sudados y… deberíamos…

—Vamos a sudar más.

Como si esa frase tan ronca como cargada de una profunda lujuria no hubiese sido suficiente para entumecer el cerebro de Oikawa, lo siguiente que vio le congeló cualquier pensamiento racional: Ushijima tomó un pequeño sobre de gel lubricante que abrió y vertió sobre su mano, llevándola hacia los glúteos de Oikawa, los cuales expuso al tirar hacia un lado la parte del calzoncillo que estorbaba.

En un movimiento rápido, Oikawa detuvo la muñeca de Ushijima y al presenciar cómo éste fruncía el entrecejo, expresó su inconformidad.

—Oye, oye, no te equivoques. ¿Por qué rayos tú la vas a poner? El armador soy yo.

—Yo gané el partido —declaró Ushijima, forcejeando por soltarse del agarre de Oikawa antes de que el gel comenzara a fundirse con su calor corporal y que se le escurriera entre los dedos.

—¿Y qué? Esto no es "Simón dice" al que gane tres de cinco —replicó Oikawa, en un berrinche que demostraba su descontento.

—Oikawa —dijo Ushijima, con un tono que mezclaba impaciencia y una leve exasperación.

En lugar de responder de inmediato, Oikawa simple y sencillamente gruñó.

Ushijima agitó la cabeza en un vago intento por mantener la concentración y no ceder ante un gesto que, muy para sus adentros, le resultaba más adorable que molesto.

—No pude tenerte en el mismo equipo. No es posible darte mi apellido. Déjame hacerte mío en la cama —pidió Ushijima, con una propuesta que, aunque resultaba poco romántica, directa y sin rodeos, estaba cargada de un claro deseo y sinceridad.

—¿Y qué gano yo con eso? —agregó Oikawa, que por temas de fuerza o quizá cansancio, cedió a que los dedos de Ushijima untaran el gel sobre su ano, antes de que un par se introdujera en su cuerpo hasta los nudillos, haciéndole temblar las piernas y seguro que hubieran hecho lo mismo con su voz si hubiese hablado al tiempo.

—Placer —aseguró Ushijima, usando la mano libre para extraer su propio pene del interior de sus bóxers y proceder a masturbarse para obtener un alivio momentáneo a la dolorosa hinchazón desatendida—. Sentirte lleno.

—Te… Te has vuelto muy vulgar, ¿sabes? —Aunque Oikawa no podía negar que los ojos peligrosos y cargados de lujuria que Ushijima exhibía le produjeron un excitante escalofrío. Por un momento, deseó ser él a quien Ushijima estuviera manoseando.

No obstante, los deseos de Oikawa se cumplieron cuando Ushijima extrajo los dedos de su interior para cerrarlos sobre su erección y ejercer un bombeo firme y apresurado –facilitado por los remanentes de lubricante–, después de arrancarle la ropa interior de un tirón con la excusa de disfrutar mejor su cuerpo.

Oikawa se relajó de manera involuntaria sobre la cama y Ushijima tomó eso como una oportunidad que no debía desperdiciar en absoluto: agarró un preservativo –de los que lanzó sobre la cama en cuanto llegaron– y abrió el empaque de un tirón ayudado por los dientes.

Acto seguido, Ushijima deslizó el condón por todo su endurecido miembro antes de afirmar su lugar entre las piernas de Oikawa.

—Más te vale hacer que se sienta bien —declaró Oikawa en un tono que sonó más como amenaza (porque lo era).

Ushijima restregó la punta del glande sobre el esfínter de Oikawa, antes de presionarlo hasta lograr abrirse paso hacia el interior.

Oikawa abrió la boca, pero la cerró de inmediato, negándose a soltar un solo gemido. Al ser la primera vez que le metían algo de ese tamaño por el ano, era innegable que experimentaba incomodidad y ardor. Tal vez porque no había sido dilatado con propiedad, sólo lubricado.

Sus piernas fueron más honestas que él, temblando a medida que Ushijima se introducía. La prolongación de los tortuosos segundos de penetración hacía que se percibiera todavía más largo de lo que en realidad era.

Ushijima se detuvo una vez que la totalidad de su falo quedó dentro de Oikawa. Frunció el entrecejo y soltó un suspiro, que se le antojó como un gruñido extasiado. Cuando volvió la mirada para saber si Oikawa se sentía igual que él, lo encontró cubriéndose los ojos con el brazo, respirando por la boca, con el pecho subiendo y bajando agitado.

Entonces Ushijima decidió moverse despacio. Destapó otro paquete de lubricante para verterlo sobre la extensión de su pene a medida que entraba y salía. Se sentía increíblemente apretado, caliente y resultaba maravilloso no sólo por el placer que embriagaba sus sentidos, sino porque se trataba de Oikawa.

—Ugh, y ni siquiera pude burlarme —murmuró Oikawa, en una suerte de voz quebrada, mal intento por no parecer sollozo.

—¿Cómo? —Ushijima apenas lo escuchó (no con claridad) y de repente se mostró muy interesado en lo que tenía que decirle.

—Esperaba que la tuvieras pequeña para burlarme, pero… —Oikawa no fue capaz de terminar la frase. Tuvo que apretar los labios para sofocar las ganas de gemir y no darle a Ushijima el privilegio de oír tan interesante sonido, que incluso al propio Oikawa generaba curiosidad.

—¿La sientes grande? —Al no escuchar una respuesta, Ushijima continuó con su lento vaivén—. ¿Te gusta?

—Como si fuera a aceptar eso.

Ushijima soltó un bufido a modo de risa.

—Ya veo —agregó, inusualmente satisfecho, de una forma que jamás creyó experimentar fuera de la cancha.

Si bien, era la primera vez que Ushijima mantenía relaciones con alguien, ejecutaba todo con base al instinto y con la escasa información que poseía. Sostuvo las manos de Oikawa con cada una de las suyas para presionarlas contra la cama. Ahora podía ver aquel rostro que, entre agitación y bochorno, intentaba no perder la compostura.

Sin llegar a salir por completo, cada vez que Ushijima se introducía de golpe en el cuerpo de Oikawa lo hacía con una mayor fuerza y frecuencia, grabando en su memoria la manera en la que Oikawa se retorcía en su sitio y apretaba dedos y dientes, haciendo todo lo posible por evitar que su voz escapara e inundara la habitación.

Ushijima aumentó el ritmo de sus embestidas, al tiempo que se acercaba a los labios de Oikawa, decidido a morder uno de ellos con el cuidado que sus caderas no tenían.

Ansioso y agitado a causa del calor, el nuevo y desbordante placer obligaron a Oikawa a dejar de contener la respiración que guardó de manera inconsciente, permitiendo que Ushijima ingresara la lengua en su boca.

Resultaba abrumador para Oikawa, se sentía aprisionado, superado y, por extraño que pudiera parecer, también lo disfrutaba; el estímulo sobrehumano de ser sofocado lo elevaba a otro nivel.

—Ugh, te detesto —añadió Oikawa, entre jadeos, en cuanto Ushijima le dio una oportunidad para respirar mientras lo observaba relamerse los labios de manera depredadora, como remedo de lo que el propio Oikawa hizo momentos atrás en los lockers.

—¿Significa que accedes a esto con cualquier persona que detestes? —preguntó Ushijima a modo de provocación.

—Já. No hay nadie a quien desprecie más en el mundo que a ti —declaró Oikawa, el rostro siendo un vestigio de la lucidez que no tardaría en desvanecerse por completo.

—Entonces detéstame, despréciame y ódiame todo lo que quieras —con cada palabra Ushijima se volvía más brusco, al punto de tomar las piernas de Oikawa y flexionarlas, ejerciendo una fuerza excesiva en el sitio de agarre—, para que nadie pueda tomar el lugar que me corresponde.

Esta vez Oikawa no logró contener un sonoro jadeo y tal vez era por la nueva posición tan vulnerable o la rudeza con la que era tratado, pero cada vez que Ushijima empujaba su erección hacia adentro, presionaba un punto dentro de él que le obligaba a reaccionar con un violento escalofrío.

—¡Oye, o…! ¡Ah! —gritó Oikawa—. ¿Qué crees que…? ¡Ushijima! —Llevó ambas manos a los hombros de Ushijima por inercia, donde presionó con una firme desesperación en un vago intento por liberar la tensión y la excitación que llegaba a él como violentas olas de mar que rompían contra las rocas.

Poco le importó a Oikawa que sus uñas rasgaran la piel allí donde se clavaban; sin darse cuenta, atrajo cada vez más a Ushijima, obligando a sus cuerpos a ir más allá de rozarse: a compartir calor y mezclar su sudor.

De un momento a otro, Oikawa experimentó un cosquilleo entre sus ingles; más tardó en advertirlo, que en alcanzar el clímax de una manera abrupta y fugaz. Cuando su esperma quedó entre ambos cuerpos, relajó el agarre de sus manos, que cayeron sobre las sábanas.

Sin embargo, Ushijima parecía encontrarse a medio camino de terminar, porque no paró ni un momento.

—Ushiwaka, Ush… Ushijima. —Oikawa hizo un esfuerzo titánico para pronunciar algo coherente—. ¡Ushijima! ¡Espera un momento! Esp… —No dejaba de experimentar repetidos espasmos que oscilaban entre el dolor y el deleite.

—Sé que puedes aguantar más que esto.

—¡Pero no quiero! ¡Ah!

Incluso si Ushijima era consciente del sentido literal de aquellas palabras, el cuerpo de Oikawa lo recibía de una forma descomunal y deliciosa. El esfínter de Oikawa parecía estar menos apretado que al inicio, más suave al momento de introducirse, y le encantaba la manera en que las paredes internas lo cubrían con su calor lo volvían loco.

—No eres una vaca —Oikawa casi se retractó de molestarlo con esa descripción en su adolescencia—, eres un maldito toro.

Ushijima habría reído de no ser porque tenía la mente perdida y cada uno de sus sentidos enfocados en hundirse tanto como pudiera en el cuerpo de la persona que le gustó por años.

—Lindo. —Ushijima emitió un ronco susurró sobre el oído de su amante.

—Hoy has estado muy hablador —se quejó Oikawa, colocando las manos en cada brazo de Ushijima, escalándolos sin prisa, con bastante trabajo para no caer, hasta que llegó de nuevo al cuello para permitirse atraerlo hacia sí—. Termina de una buena vez. —No sabía cuánto más podría aguantar sin perder el decoro.

«No quiero». Si esas palabras no abandonaron los labios de Ushijima fue para no torturar más a Oikawa. En el fondo había aprendido a ser un hombre considerado con sus oponentes, o quería convencerse de eso, porque la realidad era que decidió ocupar la boca en el cuello de Oikawa, dejando varias marcas que evidenciaran su encuentro.

No estaba seguro si podrían repetir en el futuro, pero sin duda pretendía dejar algo que obligara a Oikawa a pensar en él en cuanto se viera en el espejo.

Tal vez Ushijima hubiera durado más si fuera sordo, porque los inesperados gemidos desesperados y angustiosos de Oikawa le resultaron tan lascivos, que no sólo lo orillaban con prisa al orgasmo, sino que hicieron que lo alcanzara de manera precipitada y violenta.

Presionó su cuerpo contra el que tenía debajo y sus manos, que en algún punto pasaron a sostener la cintura de Oikawa, se aferraron tanto a esta que le hicieron protestar de aflicción por resultarle una tortura, incluso le arrancó un par de lágrimas.

Oikawa presionó las piernas contra el torso de Ushijima con toda la fuerza que poseía, pero el hombre ni se inmutó.

Los dos se veían notablemente agitados y sus músculos tardaron más en relajarse de lo que su respiración en regresar a la normalidad. A la inversa de lo que ocurría durante los partidos.

A medio camino entre la pérdida de la erección, Ushijima salió del interior de Oikawa sólo para advertir el condón carente del fluido que debía contener su esperma.

Oikawa se incorporó con mucho esfuerzo para ver si se podía reír de la cantidad de semen expulsado, pero los ojos se le pusieron en blanco tras visualizar la ruptura en el preservativo.

—¡Fue por abrirlo con los dientes! —Una imagen muy sexy de Ushijima saltó de la maldita nada a los recuerdos recientes de Oikawa—. ¡Bestia!

Ushijima no objetó ni se defendió. No lo pensó en el momento, tenía una urgencia mayor entre las piernas. Además, su cerebro todavía se mostraba incapaz de procesar tantas palabras para juntarlas en una oración.

—¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? —repitió Oikawa en voz baja.

—Tranquilo. —Ushijima sabía qué hacer: le puso una mano en el hombro—. No te vas a embarazar.

—¡Lo sé de sobra! ¡Soy hombre! —exclamó Oikawa, efectuando un amago de manotazo—. ¡¿Por qué clase de idiota me tomas?!

«¿Una ETS?» pensó Ushijima. Tenía tres semanas de su último chequeo de rutina, por lo que podría mostrarle los exámenes sin problema, o eso pretendía, hasta que la voz de Oikawa lo frenó en su sitio.

—Ahora voy a tener que sacarlo.

—¿Te ayudo? —Ushijima acercó los dedos hacia el trasero de Oikawa, quien seguía con las piernas separadas.

—¡Olvídalo! ¡Déjalo donde está! —En ese momento Oikawa usó uno de sus pies para mantener lejos la mano que intentaba llegar a sus glúteos.

Ushijima ladeó el rostro y las cejas se acercaron al centro de su frente en señal de desconcierto. A veces no comprendía lo contradictorio que podía resultar Oikawa. Mejor no preguntaba nada más.

—Oh. —Antes de olvidarlo, Ushijima fue por su celular, que dejó en el bolso deportivo donde llevaba un cambio de ropa y el pasaporte cada que salía. Al volver, se lo extendió a Oikawa—. Tu número.

Oikawa tomó el teléfono y lo arrojó contra la almohada más cercana.

—¡Como si fuera a dártelo! —Acto seguido, Oikawa elaboró el gesto más ofensivo que conocía desde los tres años: sacó la lengua.

Ushijima gesticuló una media sonrisa, cosa que enfureció a Oikawa como si le hubiesen dicho que Tobio era mejor armador que él (más tarde descubriría que el hecho de que Ushijima se lo hubiera cogido era lo que hacía que cualquier gesto proveniente de él lo molestara).

—Bien. —Ushijima miró a su celular en silencio durante un par de segundos. Luego, tomó a Oikawa por los hombros y con un certero movimiento lo giró para colocarlo de nuevo contra la cama, esta vez, dándole a él la espalda—. Entonces sólo tenemos que seguir con esto hasta que decidas dármelo por las buenas.

—Como si pudieras hacerlo. —Contrario a las palabras que salían de su boca, Oikawa elevó la cadera, como si quisiera provocar a Ushijima.

En efecto, lo que tenía que pasar, pasó.

Después de cuatro rondas consecutivas, Oikawa no sólo le dio su número a Ushijima, sino que también lo desbloqueó de todas las redes sociales donde este había decidido seguirlo.

No había sido la manera más convencional de establecer una relación de pareja, pero a ellos les funcionaba de ese modo y que la espera para verse fuera tan larga, volvía cada encuentro más emocionante, rudo y pasional que el anterior.

Aunque tal vez sus momentos de intimidad no hubiesen resultado tan salvajes si Oikawa no se dedicara a molestar a Ushijima en sus ratos libres, mandando imágenes con poca ropa o, directamente, sin nada encima, para echarle en cara su abstinencia indefinida.

Ahora Ushijima se concentraba en tomar clases de portugués con Hinata. Si él había aprendido, no debía ser algo muy complicado, o eso pensaba Ushijima –quien pretendía hacer un viaje para sorprender a Oikawa–, aunque el verdadero sorprendido sería el propio Ushijima el día que descubriera que en Argentina se hablaba español. Todo por no investigar.

En fin, al menos Oikawa se divertía. De a ratos.


Gracias por leer hasta aquí.

Este fanfic es una colaboración con una gran artista, Raine Shio, por lo que incluye una ilustración R18 que la plataforma no permite adjuntar con el texto. Para verla, pueden estar al pendiente de mis redes sociales:

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