El Ascenso de un Científico Loco
¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!
Un invierno Agotador
El bautismo y compromiso de Lady Seradina me habían dejado más cansado de lo que esperaba, aun así, tenía demasiadas cosas que atender temprano en la mañana.
Como Rozemyne ya había terminado las clases prácticas del curso de candidatos, decidió acompañar a su madre a realizar la ceremonia de protección divina.
Era sencillo, los estudiantes de tercero comenzarían a realizar la ceremonia tras el almuerzo, por lo cual el único momento para que Seradina pudiese realizarla sin tener contacto con los estudiantes era la mañana. También era el mejor momento para ocultar donde recuperaría su voluntad divina.
La única razón por la que estaba tan dispuesto a arriesgarme tanto era que no estaba dispuesto a otra situación como la que paso con Rozemyne durante su tercer año.
'Lo que parece muy probable dada su devoción a los dioses.'
Ya que quería mantener en secreto que se podía obtener la voluntad divina en lo alto del altar los tres que me acompañaban eran mis tres juramentados, no necesitaba a más dentro de la academia y gracias a los dioses Laurenz era también un erudito, por lo que eso cubría todo.
Tras salir de la villa, toda esperanza de pasar desapercibidos se esfumó.
En compañía de Rozemyne, Lady Seradina comenzó a seguirme junto a su sequito, quienes debido a su situación actual eran todos adultos provenientes de Eisenreich, lo cual llamaba mucho la atención.
No era que no tuviese estudiantes a su servicio, pero debido al programa que llevaría, solo podrían asistirla cuando finalizase sus clases.
Por otro lado, que Rozemyne caminara al lado de su madre también generaba miradas confusas seguidas de comprensión. La identidad de la princesa secreta se expandiría como pólvora para antes del almuerzo.
Del modo más discreto posible les ordené a mis hermanos que reunieran información sobre lo que se decía en la academia, principalmente quería corroborar que no hubiese malos comentarios sobre Seradina.
Al llegar al altar Rozemyne, su madre y yo entramos, la ceremonia debía ser secreta, sin embargo, por decoro dos adultos no podían estar solos, debido a esto, tambien entraron dos miembros del sequito de Seradina con nosotros. La orden había venido de Zent y del tio, por lo que no pude negarme.
No importaba que yo fuese su profesor en la academia o ella fuera la madre de mi antigua prometida. Lo mejor era evitar rumores innecesarios.
"Es posible que algunos vean el ingreso de Lady Seradina a la sociedad noble como una posible novia para ti. Se parece mucho a Rozemyne en todos los sentidos, por lo que los más osados afirmarán que tú te comprometerás con ella y Galtero tendrá a la princesa."
Mi primer instinto fue descartar la advertencia de Laurenz como absurda pero después cambié de idea. Mi hermano había nacido noble, tenía un sentido común más acertado que el mío, aunque decidiera ignorarlo por mucho tiempo, por lo que pensé su advertencia tenía sentido. Cuando lo consulté con Justus y Eckarth ambos coincidieron que no era una idea absurda.
Klassenberg aún tenía ducados bajo su protección. Eran pocos, pero solo se necesitaba una chispa para encender una mecha, por lo que debía tener cuidado.
Como sospeché, Lady Seradina obtuvo veinticuatro bendiciones, al mismo nivel que los azules de Rozemyne. Mi novia entonces la instó a subir la escalera y a recuperar su voluntad divina.
"Lo mejor será que satures la feystone, así podrás absorberla más rápido." Le aconsejó.
Mientras esperábamos a que la mujer bajara, vigilados por los dos asistentes que daban la espalda al altar por órdenes mías, fue que Rozemyne dijo algo de lo más curioso.
"Profesor Ferdinand, le ruego que no ponga mucha atención ni a las hijas de Flutrane y Efflorelume ni a los ordonnanz volando sin rumbo en los pasillos."
Tuve que mirarla con duda, alerta a cualquier movimiento en la cima del altar.
"¿Algo de lo que deba preocuparme o algo que prefieras que ignore?"
"Tal vez ambas. No estoy segura."
La observé a conciencia. Estaba demasiado quieta, con los ojos fijos en el altar y las manos tratando de mantenerse abiertas y a vos lados de ella. Extraño.
"Tu consejo podría estar llegando algo tarde, ¿sabes?"
"Entonces finge que no has oído ni escuchas nada. La mejor reacción ahora podría ser no reaccionar en lo absoluto."
Estaba por preguntarle más cuando noté algo brillante como vientos de estrellas, notando a la madre de Rozemyne bajando las escaleras con su cabello semirecogido y el rostro algo pálido. Mi novia se apresuró a alcanzarla entonces llevando la mano a su cinturón de pociones en lo que yo vigilaba que ninguno de los asistentes volteara ahora. Al parecer, Seradina estaba teniendo dificultades para absorber su voluntad divina a toda velocidad. Me parecía lógico. Rozemyne ya tenía una cantidad absurda de maná cuando absorbió la suya, por lo tanto, Seradina seguro iba a requerir ayuda para lograrlo.
"Princesa Rozemyne, Princesa Seradina, los asistentes y yo las estaremos esperando en la sala contigua.
Los dos hombres se pararon para seguirme con miradas cargadas de asombro, pero sin atreverse a voltear o gesticular siquiera. Cuando estuvimos en la sala donde solían esperar los estudiantes para poder pasar, ambos hombres me miraron interrogantes. Seguro el tío les había pedido reportar al Zent y a él cualquier irregularidad.
"Las princesas necesitaban tiempo a solas. Han vivido separadas demasiado tiempo."
Eso pareció ser suficiente para que los dos hombres dejarán pasar el asunto, después de todo, madre e hija estaban solas al otro lado de la puerta. No habría nada de malo en ello.
Por otro lado, para cuando todos volvimos a nuestras respectivas actividades, comprendí a qué se refería Rozemyne con su consejo.
"¿De verdad crees que sean ellos?"
"¡Mi padre estaba seguro! Los Dioses no solo les dieron inspiración divina para sanar nuestro nuevo ducado, además los enviaron a ambos a rellenar la puerta que compartimos con Klassenberg."
Tanto Eckhart como yo nos detuvimos en seco antes de dar vuelta al corredor casi vacío. Simulé entonces darle una herramienta antiescuchas a mi escolta para darle alguna orden cuando en realidad solo estábamos escuchando en silencio.
"Pues los candidatos de Klassenberg aseguran que el Príncipe Galtero fue quien acompañó a la princesa Santa a llenar las puertas."
"¡Lady Ariadne! Su padre fue muy claro al pedirle que no estuviera comentando de esto en la Academia. Arruinará la develación del sudario de Verbergen que tanto trabajo ha costado mantener."
Lady Ariadne debía ser una candidata a Archiduquesa de Kaltmeer o de Waldjagd de primer año, no tenía idea. En cuanto a las otras voces, sospechaba que se trataban de candidatas de cursos superiores de alguno de los ducados bajo la protección de Klassenberg. '¿Pero de donde ha sacado esa tal Ariadne esa información?'
"Bien, solo diré una cosa y no volveré a hablar. Tenemos pruebas de que el segundo elegido por los dioses lleva el cabello largo y todos hemos visto que tan largo usan el cabello los dos príncipes."
Algunos sonidos de sorpresa seguidos de pasos y Eckhart y yo retomamos nuestro camino, topándonos al dar vuelta con los diminutos grupos de las candidatas y sus asistentes.
La que parecía haber concluido con la conversación nos saludó como si nada raro estuviera pasando, en tanto las otras tres chicas y sus séquitos empalidecían de inmediato, dándome una buena mirada de arriba abajo antes de cruzar sus brazos y saludarme, haciéndose a un lado para permitirme pasar. Fingí no haber escuchado nada y seguí hacia los laboratorios. '¿Qué está pasando aquí? ¿De qué pruebas hablaba esa chica?'
Apenas llegar a los laboratorios entregué una herramienta antiescuchas a Eckhart, esta vez de verdad, y le ordené que me trajera toda la información que pudiera sobre Lady Ariadne y no lo comentará con nadie que no fueran mis hermanos.
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Estábamos los cuatro solos en mi habitación oculta, sopesando la información que acababa de ser compartida. Las palabras de advertencia de Rozemyne no dejaban de repetirse al fondo de mis pensamientos como una campana poniéndome en alerta con su constante repiqueteo.
"Así que hay rumores de que se nos vio a mí y a Rozemyne llenando la puerta de Klassemberg, otras que afirman haber visto a dos figuras en otras puertas y un pequeño grupo esparciendo rumores de que Galtero estuvo llenando las puertas con la princesa." Resumí los nuevos hallazgos.
"Es tal y cómo dices, milord" respondió Justus lanzando una mirada incómoda a Eckhart. Con él aquí, ninguno de los dos se atrevía a llamarme hermano o Ferdinand "además de eso, hay algunos pocos rumores que dicen que Lady Seradina podría ser comprometida con usted para que la tome como esposa, aunque son muchos menos que los que ponen en duda que se a la madre de Lady Rozemyne. Al parecer, varias han sido vistas juntas algunas cuantas veces, las suficientes para poner en duda la edad de Lady Seradina o su parentesco con Lady Rozemyne."
'Eso es justo lo que temía y que me venía esperando, a decir verdad.' "Ya veo. Justus, comparte esa última información con Margareth, por favor. Laurenz, coméntaselo a Alerah. Por mucho que me gustaría intervenir, no veo cómo podría serles de ayuda a esas dos para aplacar los rumores."
"En cuanto a la chica que me pidió investigar, milord" intervino Eckhart al fin, llamando la atención de los otros dos "estuve solicitando a algunos familiares que me apoyaran para compilar información. Al parecer, Lady Ariadne es hija de Aub Kaltmeer. Tengo entendido que poseen una herramienta mágica que les permite…. Atrapar y proyectar imágenes en movimiento. No pudimos averiguar para qué han estado usando dicho aparato, pero por lo que entendí, parece que prepararon la herramienta con antelación ante la sospecha de que serían visitados con prontitud."
"¿Así que esas son las famosas "pruebas de Verbergen" de la que he estado escuchando?" comentó ahora Justus, sopesando la información y mirándome a mi "escuché por casualidad al respecto, milord. Había algunos chicos de Kaltmeer y Waldjagd bastante emocionados comentando en susurros sobre tener una idea de quienes son los enviados de los dioses en las puertas. Lo curioso es que todos ellos simulan que no desean dejar escapar la información y que la han comentado por accidente."
'Así que es eso. Los nuevos Aubs parecen haberse puesto de acuerdo para desacreditar a Galtero.'
Estaba a punto de decir algo más cuando Laurenz prorrumpió en un pequeño grito de fastidio y se puso en pie, mirándome con mala cara y aproximándose a mí, provocando que Eckhart se pusera en pie de inmediato, desenvainando la espada y colocándose en una posición de protección.
"¿Podrías hacerte a un lado, Eckhart?"
"No, ¿qué tal que intentas lastimar a nuestro señor?"
"Agh, ¡por todos los dioses! ¡Es mi hermano y tiene mi nombre! ¿cómo carajo podría lastimarlo?"
Eckhart pareció dudar, bajando su espada y haciéndose a un lado mientras yo miraba a Laurenz con sospecha y un millón de ideas sobre cómo podría un juramentado dañar a su amo.
Laurenz terminó de cerrar la distancia entre ambos, mirándome con el ceño fruncido antes de acercar apenas la mano hasta rozar la bufanda en mi cuello para luego caer de rodillas frente a mí, hablando en japonés.
"¡Dime cómo al convenciste, por favor! ¡yo también quiero una bufanda de amantes!"
Justus empezó a reír a pesar de no comprender ni una palabra de lo que estábamos diciendo, Eckhart nos miraba de uno a otro con algo de nerviosismo e incredulidad y yo solté un suspiro cansado y me llevé una mano a la cara, sonriendo divertido luego de que el idiota de mi hermano rompiera con el ambiente tenso para decir semejante estupidez.
"Es su forma de marcarme sin marcarme. Quizás si te haces de algunas admiradoras, Alerah decida hacerte una también." Respondí en burla, encontrándome con los ojos llorosos y el rostro algo decepcionado de Laurenz.
"Alerah siente atracción por las chicas también, ¿sabes? Ya ha empezado a buscarme una segunda esposa con la cual divertirnos los dos. Algo como eso no la hará marcarme con una bufanda."
"¡Pídele que te teja una, entonces!"
"¡Pero no quiero pedirla, quiero que salga de ella!"
Bufé, poniéndome de pie, golpeando mi sien antes de mirarlos a todos y volver a hablar en el idioma del país.
"Este idiota quiere que su esposa le teja una bufanda como la mía, ¿Justus?"
"Yo estoy bien, no necesito darle a Margareth materiales para divertirse a mi costa."
Preferí no investigar más en ese asunto, prometiendo a Laurenz que le comentaría a Rozemyne, viendo como su rostro se iluminaba de inmediato. Al menos su distracción había servido para relajarme un poco. Lo necesitaría para ignorar la campaña de los Aubs.
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Seradina había absorbido su voluntad divina relativamente rápido, por lo que pudo integrarse con los alumnos de primero a las clases. Algo que no le era muy agradable.
La profesora Hirshur comenzó a dar las indicaciones y yo me quede cerca de mi asesorada para guiarla con lo que necesitase.
"¿Alguna recomendación para mi, profesor Ferdinand?" me pregunto Seradina.
"Lo ideal es tener una imagen mental clara. Lo hará más fácil", respondió Rozemyne por mí. Mirándome con una sonrisa divertida "¿no es así profesor?"
La mire con mi propia sonrisa, tanto ella como yo quedamos atrapados con schtappe que no deseábamos, pero a diferencia mía, Rozemyne no odiaba el suyo ya que era algo que ella misma había diseñado. En cuanto a mí… simplemente me resigne a no poder modificarlo.
"Es correcto. Entre más clara la imagen mental, más sencillo será invocarlo."
"Oh, ¡ya entiendo!" celebro la madre de mi novia. "¿Fue por eso por lo que me sugeriste crear una talla?"
"¿Una talla?" pregunte confundido.
Rozemyne entonces me explico que sugirió a su madre crear un schtappe en madera como el que ella misma había hecho hace años, de modo que el proceso le resultase más sencillo. Como ya era una adulta lo ideal era trabajar con ideas bien establecidas desde el inicio.
Cuando pregunte si podía verla, lo que me entrego su erudito no era madera, por lo que podía ver era algo similar al bastón que se usaba durante el bautismo, aunque más elaborado, al tocarlo absorbía el maná automáticamente.
"Mamá necesitaba aprender rápido." Explico Rozemyne a mi pregunta no dicha.
El bastón le había permitido practicar teñir feystone y enviar ordonnaz, aparentemente estaba basado en una de esas herramientas mágicas que intentaron sustituir los schtappe, Rozemyne seguramente lo había sacado de su sabiduría para ayudar a su madre.
Sabia que Seradina tenia herramientas de formulación como las que use durante mis primeros años como noble, por lo que debía estar acostumbrada a esos elementos y no debería costarle trabajo formarlos.
Mientras veía a la mujer convocar su schtappe tres veces en rápida sucesión sin dudar y luego formar los elementos de formulación me pregunte si acostumbrar a los alumnos a usar las herramientas era tambien una forma de ayudarlos en esta clase.
'Definitivamente será lo primero que corrija en el plan escolar al ascender.' Pensé para mi cuando Seradina lanzo un Rott, finalizando en un día la clase de transformación.
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El ciclo escolar avanzó casi como se había previsto, con toda clase de chismes que trataba de simular que ignoraba cuando en realidad tenía a varios de los eruditos y asistentes de mi sequito haciéndome llegar todos ellos.
Fue en este ambiente que debía comenzar a envolver a Rozemyne con hielo disimulado. Al principio resultó complicado idear una manera de cubrirla. La joyería era algo demasiado obvio y no sería bien visto, por otro lado, yo era malo en lo que concierne a tejido y bordado, así que tuve que encargar a algunos plebeyos de la compañía Gilberta preparar varias prendas de ropa con hilo hecho en parte con mi maná. Si bien los diseños eran míos, quería darle algo hecho solo por mí, algo equivalente a la bufanda que, sin duda, había pasado días enteros tejiendo.
Tal vez por eso había empezado a prepararle todo tipo de materiales de escritura en mis ratos de ocio desde que me entregó la bufanda.
Capturé una bestia Fey para sacarle las plumas, afilarlas, tratarlas y decorarlas para que tuviera varias con las cuales escribir. Le tallé un par de manguillos de madera que luego decoré con metales y gemas, aunque los cabezales tuve que mandarlos a hacer con un herrero de precisión para que Rozemyne tuviera puntas de diferente grosor y largo para su díptico. Le preparé algunos lápices de grafito en diversos colores con algo de ayuda de Laurenz, además de prepararle una lata con acuarelas, ignorando las bromas de mis hermanos cuando usé parte de mi cabello para los diferentes pinceles. Incluso llegué al extremo de probar varias combinaciones de gumcka y piel de animal para crear un material entre cuero y plástico con el cuál sujetarlo todo… para cuando terminó el primer mes de clases, le había entregado con disimulo y fingido desinterés algunos aditamentos de escritura y tenía casi lista una bolsa de mensajero tallada en madera, con un soporte de metal que le permitiera transportar sus libros, tomar anotaciones e incluso hacer algún dibujo si así lo deseaba, colocando con cuidado en el interior correas hechas del nuevo material elástico para que todos los utensilios que le estuve obsequiando permanecieran en su lugar. Si acaso lo único que iba ahí sin que yo lo hubiera preparado, eran un frasco de vidrio con agua y varios otros frascos que llevaban tinta de diferentes colores.
Por supuesto, cada una de las herramientas llevaba círculos mágicos tallados de manera directa, ocultos debajo de decoraciones de joyas y metal. Incluso los frascos tenían círculos ocultos en las etiquetas que marcaban el material y/o el color que contenían. La ropa no tardaría en comenzar a llegar. Algunas blusas que pudiera usar con su uniforme y unos cuantos pares de calcetas para no ser demasiado inapropiado.
Con el material nuevo que me sobró y que contenía mi maná en grandes cantidades preparé la correa con que se sostendría la bolsa de madera y le tejí algunas pulseras sencillas, trenzando el material con tres o cuatro hebras y colgando algunos eslabones de metal mánico para que pudiera colgar en ellas diferentes amuletos… amuletos que pensaba hacer, recordando gracias a Laurenz ciertas pulseras de amuletos que llegaron a ser populares en nuestro mundo anterior. De momento, el único amuleto que me atreví a colgar fue una segunda versión del amuleto anti hombres mucho más pequeño que el original y con forma de un pequeño libro cerrado que esperaba fuera del agrado de Rozemyne.
'¿Cómo debería entregarle el bolso?' me pregunté la noche que logré incluir también un libro con algunos cuentos tradicionales de Japón que de un lado estaban en japonés y del otro en el idioma de Yurgensmith. Quería asegurarme de que el obsequio con todos los aditamentos no sería demasiado pesado. Cuando lo probé, decidí grabar un último círculo mágico para asegurarme de que el bolso se sentía ligero, ocultando todos los grabados externos con una tela a juego con el uniforme de Rozemyne y los internos con una tela satinada que protegería bien cuánto ella guardara en el interior. Por suerte no fue necesario pensarlo mucho, nuestro padre adoptivo nos citó para una fiesta de té durante un día de descanso, yo aproveché para preguntarle a Rozemyne por medio de Laurenz si podía escoltarla, a lo que respondió de manera afirmativa.
Quizás el hecho de que ambos habitáramos la misma villa era una verdadera bendición. No tendría que disimular a dónde iba o cuidarme de no deambular demasiado temprano por los pasillos de la Academia Real. La parte negativa era que no éramos los únicos ahí. Si le entregaba el obsequio en alguna de las diversas salas comunes, era posible que hubiera espectadores… tampoco podía ir a su habitación, cualquiera de los guardias de la escalera notaría mi presencia de inmediato. Por suerte, aquel día parecía que todos tenían cosas que hacer, no había nadie en el pasillo de la escalera.
"Ferdinand, ¿llevas mucho esperando? Podías haber comenzado a escoltarme desde un lugar más cómodo para esperar."
"Temo que no era posible si quería entregarte esto."
Ante una señal, Justus sacó el envoltorio que entregó a Margareth para que verificara que estaba limpio, luego lo entregaron a Rozemyne que parecía sorprendida.
"¿Vamos a dejar de jugar al profesor ayudando a su atolondrada alumna?" preguntó antes de abrir su obsequio.
"Puedes tomarlo como un obsequio de un profesor para una alumna con demasiadas pertenencias y un enorme apetito de conocimiento."
Cuando Rozemyne desenvolvió la caja, parecía desconcertada, al menos hasta abrirla del todo, dejando escapar el aire de un modo nada noble y bastante sorprendido, notando que había al menos un material de escritura de cada tipo para señalar donde acomodar todos los que ya le había obsequiado. Cuando sacó el libro que yo había cosido para encuadernarlo de forma algo torpe, sus ojos se llenaron de lágrimas y una sonrisa sincera acudió a su rostro mientras Alerah sostenía el resto de la bolsa para permitirle hojear el improvisado libro. Sus ojos brillaron con sorpresa y deleite justo antes de cerrar su nueva posesión para aferrarla tal y cómo yo deseaba estrecharla a ella.
"¡Es un regalo maravilloso, Ferdinand! Voy a atesorarla y usarlo de manera continua."
Sonreí observándola guardar el libro de vuelta al maletín que no tardó en colgarse de forma cruzada, satisfecha antes de acercarse a mí para aceptar mi brazo y mi escolta. Comenzando a intercambiar maná conmigo apenas la piel de sus dedos logró hacer contacto con la base de mi pulgar.
"Te queda bien mi hielo, Geduldh. Aunque todavía tengo más cosas en las que sepultarte." Le susurré en japonés a modo de broma.
"Quizás debería entregarte los objetos que he estado haciendo, yo también."
La mires sin dejar de caminar, deteniéndonos frente a la salida de la villa y sintiendo la ausencia de su brazo en el mío y del pequeño intercambio de maná. Pronto, Rozemyne sacó una cajita de dentro de una de sus mangas, misma que abrió para comenzar a sacar adornos que no alcancé a ver, pero que ella no dudó en colocar en diferentes partes de mi trenza y luego a manera de botones en mis mangas. Observando mi brazo con más atención, noté que llevaba un par de mancuernillas con forma de hojas de eucalipto e imaginé que los adornos en mi cabello eran iguales.
"¿Joyería, en serio?" me burlé un poco, haciéndola sonrojar.
"No es usual que los hombres reciban joyería, así que puedo darte un poco."
Miré a Justus al darme cuenta de que estábamos usando de nuevo el idioma común y noté que estaba temblando, tratando por todos los medios de no reír a carcajadas.
"Ya veo. Veamos quien de los dos es más discreto."
Ambos nos sonreímos y retomamos nuestro camino al Palacio de Zent, donde ya nos esperaba tanto nuestro padre como Lady Seradina.
La pequeña fiesta de té fue sencilla. Zent solo deseaba saber de los avances de Seradina tanto en lo académico como en lo social, fue ahí que me di cuenta de que Rozemyne había sido comisionada para instruir a su madre en las sutilezas de la socialización femenina, aunque me parecía más una excusa para dejarles tiempo a solas.
El intercambio de regalos siguió con bastante regularidad luego de eso, siempre en el pasillo de la escalera, lejos de miradas indiscretas. A pesar de dicha medida de prevención, Galtero seguía mirándome con odio cada vez que nos cruzamos en la biblioteca. Ahora podía estar seguro debido a los tomos que el principito estaba consultando. Galtero buscaba información del Grutisheit y parecía estar muy lejos de su objetivo. Su manejo de la lengua antigua era equivalente a la que yo había desarrollado en mi primer año en el templo, de modo que sus traducciones eran bastante lentas.
"¿Necesitas que te ayude con algo?"
"¡Por supuesto que no! ¡Soy perfectamente capaz de hacer mis propias transcripciones!" respondió un día, cuando se me ocurrió ofrecerle ayuda, en parte por la pena de verlo avanzar con tanta lentitud.
Demasiado tentado, me asomé a lo que estaba haciendo, sin poder contenerme. Ser profesor me había vuelto proclive a señalar fallos.
"Esa palabra está mal. Por el contexto, se está refiriendo a una fuente, no a una flor azul."
"¿Quién te pidió tu opinión? ¿No tienes otra cosa que hacer? ¿Preparar exámenes o algo así?"
Lo consideré un momento, notando como tachaba su error para corregirlo y continuar.
"Si, todavía debo terminar de trabajar en un proyecto encargado por Ahrsenbach y el Zent, pero el lenguaje antiguo es algo que domino bastante bien… y eso de ahí hace referencia a una puerta, no a un puente."
La punta de la pluma de Galtero se rompió, dejando una enorme mancha de tinta en el papel que el sujeto estaba usando. De haber tenido una buena taza de café, le habría dado un sorbo ruidoso solo para disimular cuánto me estaba divirtiendo con esto.
"¿Por qué no te metes en tus propios asuntos? ¡Y de paso deja de restregarme el maná de Rozemyne en la cara!"
Miré mis manos de inmediato, llevando una a mi cabello. Ese día llevaba un par de mancuernillas en forma de copos de nieve y un par de pasadores de maná a juego entre mis cabellos, sonriendo con algo de malicia antes de asomarme una última vez al texto, justo cuando Galtero acababa de tirar su pluma y cambiarla por una nueva.
"Y al cruzar la puerta, deberás dedicar tus cantos y oraciones para ser reconocido por aquella cuyas aguas traen el cambio y destruyen la nieve de Ewigeliebe. Sólo si eres digno, el apoyo de la diosa y sus subordinadas podrá materializarse en la voluntad divina."
Hubo un momento de silencio y luego Galtero rompió su segunda pluma, mirándome con odio y la quijada tan apretada que me dolieron los dientes.
"Mira, estúpido sacerdote profano, ¡lárgate de aquí antes de que puedas arrepentirte!" gritó Galtero al final, cuando ya no pudo contenerse.
"Si me atacas, vas a salir lastimado. Si destruyes los libros, la misma Rozemyne acabará contigo de un modo tan despiadado y doloroso cómo el daño que hayas causado a sus preciados libros. Si no quieres mi ayuda, al menos pídele a quien te esté enseñando que te ponga ejercicios de traducción más complicados o vas a seguir cometiendo errores."
"¡QUÉ TE LARGES, MALDITO SACERDOTE!" gritó golpeando la mesa, provocando que el shumil negro acompañándonos se acercara, como si detectase peligro.
Miré al autómata y no dije nada más, solo guardé los materiales que ya había memorizado y salí con calma… o eso creí.
"Hermano, no sé qué hiciste ahí abajo con el principito, pero deberías dejar de sonreír así." Me amonestó Justus por medio de una herramienta antiescuchas tratando de no reír.
Apenas devolvérsela, Laurenz comenzó a hablarme en japonés, tratando de ocultar su tono divertido.
"¿Mataste al príncipe idiota?"
"No, solo le ofrecí ayuda y se enojó."
"Le vas a provocar una úlcera al pobre tipo."
"Yo estaba intentando ser un buen hermano mayor y profesor." Traté de defenderme sin poder disminuir demasiado mi sonrisa de satisfacción.
"Por supuesto. Dile eso a alguien que no los conozca a ver si te cree."
Ninguno de nosotros siguió hablando, Rozemyne se acababa de detener frente a nosotros y Justus no tardó nada en darle una herramienta antiescuchas a su esposa, seguramente para informarla de quién estaba en la biblioteca subterránea.
Estaba por saludar a mi novia cuando escuché algunos susurros de los demás estudiantes a nuestro alrededor mezclándose con el sonido de hojas pasando, rollos siendo desarrollados y plumas rasgando sobre pergamino o papel.
"¡Por todos los dioses! De verdad se ven como los enviados de las imágenes."
"¿El profesor Ferdinand siempre fue tan alto?"
"Si los dioses los seleccionaron a ellos para llenar las puertas…"
Estaba nervioso ahora, no estaba seguro de cómo disimular que los oía cuando miré al segundo piso casi desierto.
"Princesa Rozemyne, escuché que llegaron algunos libros nuevos sobre flora y fauna de Hauchletze. ¿Me permitiría mostrárselos?"
"Sería un placer, profesor Ferdinand."
Para cuando estuvimos a salvo en uno de los cubículos con solo Justus y Margareth dentro, ella comenzó a reír.
"¿Por qué estamos huyendo?" preguntó ella divertida.
"Galtero está abajo tratando de traducir un texto que habla sobre ciertos templos y había demasiado ruido a nuestro alrededor." Le respondí sin más, sacando de una de mis bolsas la pulsera con el amuleto en forma de libros "Por cierto, hice esto para ti. Puedes colocarle todos los amuletos que desees en estos aros que tiene tejidos."
Le coloqué la pulsera y ella pasó de mirarla a mirarme a mí, haciéndome sonrojar cuando noté que traía puesta una de las blusas que acababa de obsequiarle, haciendo que me preguntara si también traía calcetas con mi maná.
"Gracias… por cierto… ¿dónde aprendiste a tallar madera? No me llegó ningún informe sobre que hubieras solicitado nada a los artesanos o a los carpinteros."
Sonreí sin poder evitarlo, recordando que era parte de la educación de los plebeyos. Un plebeyo casado debía saber manejar la madera hasta cierto punto para reparar las ventanas y los muebles de su casa, preparar flechas y trampas para alimentar a su familia al cazar… además, al trabajar para el alcalde, debía poder hacer herramientas de escritura en caso de que se nos terminaran.
"Te lo diré cuando hayamos atado nuestras estrellas. Debo irme ahora, todavía tengo mucho trabajo por hacer."
Rozemyne me miró con suspicacia y luego tomó mis manos en actitud derrotada, pasándome maná y recibiendo el que le mandé a cambio antes de besarle los dedos y salir.
Aún si Justus y Margareth eran nuestros juramentados, me sentía bastante incómodo con ellos observando nuestras interacciones.
"¿Están compitiendo para ver quién cubre más al otro con hielo?" preguntó Justus en cuanto llegamos a mi habitación, haciéndome voltear.
"Justus, no voy a tener esta conversación contigo." Luego de lo cual me senté en mi escritorio para retomar el proyecto de nacionalización Lanzenaviana.
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Lady Seradina era asombrosa, no podía decirlo de otro modo.
Completó cuatro años del curso de candidatos antes de que la temporada social iniciara. Sabía que Rozemyne la había acompañado a algunas fiestas de té, orientándola tanto como pudo, pero ahora que debía partir hacia el templo para el ritual de dedicación, nos pidió a Eglantine, Melisa y a mí que la cuidáramos y ayudáramos en lo que necesitara.
Christine también la estaría cuidando, pero como profesora, no podía involucrarse mucho con ella. Quizás por eso, Anastasio se ofreció a escoltarla a las fiestas de té o a los lugares que necesitara para evitar alimentar los rumores sobre nosotros comprometiéndonos, mismos que seguían aumentado ya que muchos dudaban de la identidad de Seradina. Algunos comenzaban a murmurar que en realidad era una de las hijas de Waldifried que volvía a la nobleza.
Por lo visto, que Seradina y Rozemyne lucieran iguales, pero con colores diferentes, orilló a muchos, partidarios de Klassenberg principalmente, a decir que en realidad ellas eran hermanas, hijas del difunto zent. Algo que podría derivar en problemas y el motivo por el cual me estaba distanciando de la mujer ahora que finalizó sus clases.
Agradecí a Gundolf y retomé desde donde se quedó. Apoyando a los estudiantes que quedaron rezagados.
Aunque apoyarlo con las clases de los rezagados no fue lo único que debía hacer ahora que estábamos tan entrados en el ciclo escolar.
"¿Jueces del Torneo?"
"Príncipe Ferdinand, ¿va a decirme que nunca notó que había profesores caminando entre las mesas de juego de Drewanchel para determinar que nadie hiciera trampa?"
En realidad, podría afirmar que nunca noté a los profesores en los pocos torneos en los que llegué a participar. La idea de enviarle una carta a Sylvester y Lavinia me pasó por la cabeza, estaba ajustando la redacción en mi cabeza cuando llegamos al salón de juegos de Drewanchel y casi me atraganto, olvidando de momento la carta de consulta.
Lady Seradina estaba ahí, charlando de forma tranquila con algunos chicos de Drewanchel. Al menos cuatro de los que asistían se parecían a ella, lo cual me pareció un temible foco de alerta. ¿Cuánto tardarían en notar que ella no era una princesa oculta, sino una flor de Adalziza?
"Muy bien, muy bien, chicos. ¡A sus mesas y ya saben que hacer! Que Gebotornung, la diosa del orden y Willkürspab, el Dios de los juegos den su bendición para esta nueva temporada de juegos que proclamo abierta. ¡A jugar y nada de apuestas indecentes o inaceptables!"
Escuché algunas risas y un coro de alumnos asintiendo y respondiendo. Entonces me di cuenta de que nunca entré a estos mini torneos justo el día inaugural sino después, cuando me quedaba sin excusas para negarme.
'Por otro lado, estaba la ceremonia de dedicación. Aunque Rozemyne siempre dijo que podría volver antes.'
Los chicos corrieron a tomar asiento en la mesa de gweginen más cercana. Pocos eran los que buscaban las mesas con tableros de ajedrez, shogi, go o damas chinas. Comencé entonces a imitar a Gundolff, paseando por entre las mesas con calma, solo prestando atención a lo que pasaba, captando un par de risitas demasiado familiares en una de las filas que todavía no recorría.
Eglantine estaba sentada junto a Lady Seradina explicándole las reglas de apuesta como una profesional.
"Eglantine, ¿puedo preguntar qué tan seguido vienes a esto?" dije en cuanto las alcancé, interrumpiendo un poco la partida de mi antigua hermana menor.
"Desde mi segundo año. Si no fueras tan serio, te habría arrastrado cuando aún eras estudiante, querido hermano" respondió con una sonrisa noble en el rostro, mirando al tablero como si estuviera considerando su siguiente movimiento "Aunque supongo que te habrías negado o traído a la princesa Santa contigo. Siempre has sido más sobre protector con ella que Anastasius y conmigo, o el resto de nuestros hermanas." Remató Eglantine como si aquello fuera una broma, provocando una pequeña risita de parte de Lady Seradina.
"Me pregunto que cambió para que mis viejos ojos no hayan sido testigos de eso, Lady Eglantine." Comentó Lady Seradina con total inocencia.
Ambas me miraron, se sonrieron y volvieron a jugar. Yo me quedé ahí un momento, estudiándolas a ambas por medio de sus movimientos.
Eglantine era una digna hija de Bonifatius. Su estrategia era feroz, casi salvaje si el rival era agresivo o comenzaba a sembrar demasiadas trampas. También parecía ser tan intuitiva como el propio Bonifatius, solo la vi perder una vez ese día y todo por cargar de frente y sin miramientos contra uno de los chicos de Drewanchel de sexto año.
Lady Seradina, por otro lado, era toda sonrisas nobles y nada de artimañas, de modo que terminó perdiendo una buena parte de sus juegos, viéndose obligada a responder a varias preguntas de los curiosos eruditos de Drewanchel y de los estudiantes de otros Ducados que fueron invitados.
"Oh, gracias, pero no soy la hermana mayor de Rozemyne. Aún puedo recordar mi vientre creciendo con el hilar de Dregarnuhr y su hermosa cabecita cubierta de pelusilla azul cuando nació."
"¿Por qué luzco tan joven? A decir verdad, fui envenenada, uno de mis sobrinos llego a Eisenreich bajo la excusa de ser protegido. Estábamos en guerra después de todo. Así que tuve que entrar a mi jureve. Los dioses lograron limpiar mi cuerpo, pero a cambio de ello, debí perderme varias vueltas en el tejido."
"¿El Templo? Ha sido un hogar para mí todo esté tiempo. Las doncellas y sacerdotes han sido todos muy atentos y amables conmigo. Cuando pasas más de una vuelta del tejido en jureve, tus brazos y piernas dejan de funcionar cómo es debido. Se vuelve necesario que otros te ayuden para que aprendas a moverte de nuevo."
"¿Comprometida con…? Ojojojojo, que graciosos son los jóvenes de hoy en día. No podría atar mis estrellas a otro que no sea el padre de mi niña, y Rozemyne no podría contener su tristeza si yo me casara con uno de los príncipes."
Sonreí cuando escuché aquello. Esperaba que sus palabras acabaran poco a poco con todos los absurdos chismes sobre mí tomando a Seradina como esposa.
"¿Yerno? Bueno, me gustaría que mi niña atara sus estrellas a algún joven trabajador, empático, serio, protector, que la ame tanto como el Dios Oscuro a la diosa de la Luz y que ella lo ame en la misma medida. Quiero que mi pequeña sea feliz mientras siga caminando en el jardín de los dioses."
Lady Seradina volvió a verme entonces con un gesto de lo más inocente y una mirada cargada de intención. "Si mi yerno, además, fuera un profesor solícito y paciente, incluso podría ascender la imponente escalera con gusto, sabiendo que mis nietos contarán con un padre excepcional."
Mis orejas se calentaron y yo tuve que disculparme antes de salir de ahí, sintiendo todas las miradas sobre de mí a pesar de que yo estaba inspeccionando las mesas con los juegos que no eran gweginen en ese momento.
'¡¿Qué demonios fue eso?! ¡No era necesario agregar la parte de profesor a su respuesta! ¡Solo le faltó señalarme y decirme hijo o yerno ahí mismo!'
Cuando volví a entrar, los alumnos estaban enzarzados en una última ronda de juegos y yo pude respirar con calma cuando di Lady Seradina ganó esa partida.
Al terminar el torneo, me ofrecí a escoltar a ambas estudiantes a la biblioteca, donde pasarían el resto de la tarde. Eglantine comenzó a hablar entonces, haciendo un pequeño esfuerzo por no comenzar a girar ahí mismo.
"¡Tengo tantas ganas de ver a mamá, Ferdinand! Ya quiero verla y contarle todo lo que ha pasado."
"Ustedes siempre han sido muy unidas. ¿Cómo sigue?"
"Igual. Se niega a que le pongan implantes o la usen de experimento. Ya sabes cómo es."
Lady Seradina comenzó a ver os de uno a otro, interviniendo de pronto.
"Parece que ambos se llevan muy bien, príncipe Ferdinand. Aunque pensé que usted no tenía una madre cuando fue Candidato a Archiduque de Eisenreich."
"Oh, Lady Seradina, temo que nadie debió explicárselo porque lo consideran un tema delicado" respondió Eglantine lanzándome una sonrisa triste que confundió un poco a Lady Seradina.
"Cuando Lord Bonifatius ofreció adoptarme, yo ya sabía que no tendría una madre de manera oficial" respondí sin rodeos "La primera esposa de Lord Bonifatius, la única que seguía viva en ese momento, perdió la capacidad de ponerse en pie dos años antes de mi adopción. Esa fue la razón de que no pudiera pararse a mi lado cuando fui adoptado."
"Mamá siempre se lamentó mucho no poder asistir. Estaba muy entusiasmada por poder educar a otro hijo." dijo Eglantine con fervor. Yo asentí.
Los tres seguimos avanzando en silencio un poco más cuando Lady Serafina volvió a mirarnos.
"Así que, esa es la razón de que su capa tenga bordados tan similares a los de Lady Eglantine y no a los de la princesa Melissa."
Nos detuvimos entonces, mirándola impactados. Nadie jamás había señalado aquello.
"¿No debí preguntar?" Lady Serafina lucía un tanto preocupada al respecto "he visto muchos diseños de capas este año, al entrar en la Academia Real con todos estos chicos y… no pude evitar notar los hermosos patrones en las capas de ambos. Al principio pensé que podría deberse a qué son patrones normales de Eisenreich, pero, los que mi niña lleva en su capa son más rígidos. Ni siquiera las astas que enmarcan el bajo de sus capas se parecen tanto como las de las capas de ustedes dos."
Eglantine sonrió entonces, inflando el pecho con orgullo, cómo si ella misma hubiera bordado mi capa negra de la Soberanía.
"Bueno, nuestras capas se parecen porque mamá bordó gran parte de la de mi querido hermano mayor con esmero y cariño. Yo la ayudé un poco. También Lady Rihyarda, aunque su contribución no se nota, debido a que ella bordó la mayor parte de los círculos ocultos entre nuestros diseños."
El recuerdo de la anciana esposa de Bonifatius entregándome mi capa de la Soberanía con una disculpa y una sonrisa triste pasaron frente a mis ojos y yo sonreí con nostalgia.
Esa fue la ultima vez que regrese a Eisenreich como un candidato a archiduque.
"Madre es una mujer excepcional. Estando atada a su silla, no ha hecho más que refinar su habilidad de costura y ya que no pudo poner más que un par de decoraciones en la capa ocre que solía portar en Eisenreich, decidió usar todo su tiempo por despierta para bordar me esta. Esa fue su forma de despedirme de la familia. De decirme cuánto lamentó no poder pararse a mi lado. Su maná nunca fue suficiente para que se sostuviera con herramientas mágicas de apoyo, después de todo."
Y era cierto. La mujer a la que casi no pude visitar por estar siempre tan ocultado era una mujer dulce con un severo caso de artritis en las piernas. Pararse junto a mi en la adopción le habría pulverizado los huesos.
"Entiendo." Respondió Lady Seradina parándose frente a mí con una sonrisa maternal tan entusiasmada como la que Lady Amaretta, la esposa de Lord Bonifatius, me mostró el día que fuimos presentados.
"Un día podré llamarte hijo, no me cabe duda" comentó Lady Seradina sin darme siquiera una herramienta antiescuchas "Espero que me dejes hacer algunos pequeños bordados a esa capa tuya para entonces. Sería una buena ocasión para mostrarle algunos diseños hermosos a mi niña para que le borde a las capas de mis nietos."
Estaba sonrojado y lo sabía.
Eglantine y Lady Seradina comenzaron a reír por lo bajo y supe que podían ver mis orejas cambiar de color. Eglantine me liberó de la escolta, asegurando que ambas podían caminar sin problemas el pasillo que nos separaba de la biblioteca y yo supe que esas dos planeaban hablar de mi. No hice más que tragarme un suspiro y despedirme entonces, soportando el extraño sonido que Justus hacía cuando su risa era de veras difícil de contener.
"Bueno, Ferdinand. Al menos tienes la bendición de tu mami suegra." Dijo Laurenz en japonés en un tono que usaría de estar planeando un ataque a algún enemigo o dando un reporte a una figura de autoridad que no fuera yo "Hasta me parece que te seguiría adorando aún si tomaras ventaja de la princesa."
"Laurenz, ¿quieres que me divierta de nuevo viendo tu cara de sufrimiento por no poder venirte cuando estés con Alerah?" pregunté en el mismo tono serio que él estaba usando.
"¡Pero qué cascarrabias! Yo lo decía de corazón."
"Claro, igual que todos los que se han estado burlando de mí raffel."
Y la conversación murió. Al menos no tuve que soportar más comentarios inapropiados el resto de la semana, después de todo, Lady Seradina no volvió a presentarse en los salones de juego del Ducado del conocimiento.
