Cuenta la leyenda que las marcas aparecieron por primera vez en un tiempo que no tenía nombre. Antes de la formación de los reinos y los asentamientos. Antes siquiera de los nombres.
Una simple mortal, seguidora de Odín y de los dioses que lo acompañaban, estaba desconsolada. Siendo la mayor de sus hermanos, siendo la única que no había encontrado el amor. Ella pensaba que se no estaba en su destino encontrar el amor, pero su corazón nunca dejo que se rindiera por completo.
Así pasaron años, décadas, y, cerca del ocaso de su vida, rezó con todo su ser a Freyja por respuestas.
Cuenta la leyenda, que Freyja la escucho por sobre el rugido del Valhalla. Una sola voz, suave y triste, pidiendo concejo, y, enternecida, decidió concederle al hombre su primera y única misericordia.
Al tiempo que la mortal terminaba de pedir y suplicar, las marcas aparecieron en un suave parpadeo de ojos.
Se decía, también, que desde ese momento en adelante el hombre uso nombres, puesto que era necesario para conocer a su destino.
Nadie sabía lo que la marca significaba, así que fue a ver a una bruja, quien se decía que tenía una especial conexión con los dioses y ella le reveló la razón de su marca. Así que ella busco y busco, emprendió viajes y conoció tierras desconocidas. Enfrentó grandes adversidades y calamidades hasta que al final, un día como cualquier otro, en un pueblo remoto, a miles de leguas alejada de todo lo que conocía, en una taberna, con tan solo ver a los ojos a un total extraño, supo todo de él y supo, en lo más profundo de su corazón, que él era el dueño del nombre de su marca.
Casi al instante, la misma marca apareció en el hombre.
El resto, como dicen, es historia.
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- ¿Así que eso es todo?, ¿te iras? -
Las palabras le hicieron alzar la vista del suelo. La chica frente a él se veía tan hermosa y relajada como siempre, así que trato de hacer lo mismo y sonrió como si no estuviera pasando nada.
La sonrisa se sintió quebradiza en su boca, pero se negó a dejarla caer.
-Sep. Hora de abrir mis alas y volar. -
Ella negó con la cabeza, sus lizos cabellos rubios ocultaron su cara por un momento antes de que volviera a mirarlo. Un destello de ira en sus iris azules helados.
-¿Quieres tomarte en serio esto, aunque sea por un momento? -
Suspiro y se encogió de hombros.
-No sé qué quieres que diga-
-¿Ibas a decírmelo?-
Su mirada debió decirlo todo, puesto que la rubia se apartó como si la hubiera golpeado una fuerza invisible.
-Entre menos personas sepan, mejor. No te sientas mal. A Fishlegs tampoco planeaba decirle. -
-!¿Se supone que eso me haría sentir mejor?!-
De repente se abalanzó, una mano chocando en su mejilla con fuerza. El sonido fue suficiente para resonar en la habitación.
Hiccup estaba más enojado que sorprendido.
-! ¿Qué otra cosa quieres que te diga? ¡Te conozco hace apenas una semana! -
-! ¿Así que no soy importante para ti?!-
- ¡¿Qué?!, ¿porque dices eso?!-
Astrid se volvió y salió. Como un huracán, hipnótica e impredecible, dejando caos detrás de ella.
Hiccup suspiro y volvió a empacar sus cosas. Tenía un vuelo que tomar.
-.-.-.-.
Hiccup Haddock estaba feliz de estar de vuelta en Berk después de tantos años.
Su habitación era la misma que recordaba cuando se había ido. Comics, dibujos y libros puestos desordenadamente en la pequeña estantería al lado de la ventana, su escritorio lleno de bocetos toscos a lápiz y su capa, incluso su cama y todo el desastre que había dejado ese día seguía estando igual.
-Tu padre insistió en cambiarlo. Yo nunca quise. -
Sintió la alegría llegar a su punto máximo. Incluso después de tanto tiempo fuera, su madre trataba de recordarlo. Le lleno el corazón de ternura por la simple acción.
-Gracias mama. -
-Uff, que bueno que creíste eso en lugar de explicar la verdad incómoda de que nunca nos dimos cuenta de que te habías ido. -
-Ah, sentido del humor. Estoy seguro de que papa lo ama. -
-¿Tu padre?, por favor, no puede tener suficiente. -
Ambos rieron y se abrazaron de nuevo, como cuando recién había bajado del aeropuerto y se habían visto por primera vez en los últimos años.
Los últimos años habían sido duros, pero todo pareció borrarse con un simple abrazo de su madre.
-Ven, ¿no tienes hambre?-
-Estoy hambriento. -
Hiccup, por primera vez en diez años, se encontraba en casa.
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Los Haddock´s nunca hacían nada a medias
Fishlegs Ingerman se tomó un momento para apreciar la escena frente a él.
La casa Haddock se encontraba repleta de gente. La enorme propiedad se encontraba abarrotada hasta el tope de, posiblemente, todas las personas más importantes de Berk. Meseros paseando por el lugar elegantemente vestidos ofreciendo champan y aperitivos. Los recibían valet parking que se encargaban de estacionar los lujos autos al rededor del complejo. La mesa de regalo estaba repleta de lo que, más que seguramente, eran regalos de primer nivel que servirían para alimentar a una familia por varios días.
¿Hiccup lo odiaría, o habría cambiado lo suficiente como para llegar a disfrutarlo?
No había tenido mucho contacto con su mejor amigo en los años que él estuvo fuera. Al menos, no más allá de los mensajes ocasionales y las partidas de ajedrez en los que se demoraban días esperando el próximo movimiento.
-No te preocupes, cariño, será el mismo de siempre. -
Su encantadora prometida (! pronto futura esposa ¡) le apretó el brazo tranquilizadoramente y sintió que parte de la tensión lo abandonaba.
Incluso si la noche resultara ser un desastre, aún habría valido la pena solo por ver a Heather tan hermosamente vestida.
Él se veía y sentía fuera de lugar. Su traje le quedaba perfectamente, pero se sentía asfixiante.
A lo lejos lo vio, totalmente cambiado.
Hiccup siempre había sido pequeño, menudo, delgado, sin ningún tipo de musculo ni grasa además de los necesarios. El hombre que estaba a unos metros no era el mismo.
Había alcanzado la altura respetable (que, comparado con el mismo, aún era pequeño, pero muy pocas personas no se veían empequeñecidas por él), había ganado músculos y caminaba con una confianza que era magnética. Su sonrisa torcida parecía encantar a todos a su alrededor. Sus ojos esmeraldas parecían más viejos de los que recordaba.
-Vamos cariño. No puedes evitarlo por siempre.-
Caminaron lentamente, solo deteniéndose para abrir una charla breve con cualquiera que estuviera interesado en hablar con ellos, pero nunca por demasiado tiempo hasta que llegaron al rango de visión de Hiccup.
Hiccup choco sus ojos con los de él y de inmediato se encendieron con una vieja familiaridad
-¡¿Fishlegs?!. ¡Amigo, cuanto tiempo ha pasado! ¡Ven, dame un abrazo! -
El abrazo se sintió más como abrazar a su propio hermano y sintió una lagrima derramarse inesperadamente por su mejilla.
-Es bueno tenerte de vuelta, Hiccup.-
-Es bueno volver, Fish.-
Cuando se separaron, el castaño miro a su costado y Fishlegs sintió que una oleada de orgullo lo invadía cuando dijo
-Ella es Heather, mi destino, mi prometida y próximamente mi esposa. -
Los ojos de Heather brillaron hermosamente bajo la luz de los candelabros y fue la misma imagen de la nobleza cuando saludo a su mejor amigo.
-Es un gusto conocer finalmente al famoso Hiccup Haddock. Fishlegs no deja de hablar de ti. -
-Cosas buenas, espero. -
-Por supuesto que sí. -
-Encantado de conocerte también, Heather. Eres afortunada con el destino. No encontraras a un hombre mejor en todo el mundo que Fishlegs.-
-Créeme, lo sé. -
Sintió que se enrojecía, pero inflo el pecho con orgullo. Por supuesto, nadie más que él era mejor para Heather, eran destinos, después de todo.
Dio una rápida vista a su alrededor y una pregunta le vino
-¿Dónde está tu destino, Hiccup?.-
La expresión del susodicho a penas cambio, pero para saber cuándo Hiccup mentía, uno tenía que mirar sus ojos.
Fishlegs sintió un miedo nacer de su pecho en el momento en el que miro los ojos esmeraldas de su amigo a pesar de que nada indicaba que tuviera que tenerlo.
-Aún nada, sigo buscando. -
- Oh, bueno, ya sabes lo que dicen. El destino llega cuando menos te los esperas. -
-Si bueno, no queda más que esperar.-
La expresión de Hiccup no era otra cosa que agradable, pero sus ojos estaban muertos.
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Era tarde en la noche cuando la fiesta de bienvenida termino, e Hiccup suspiro aliviado.
Nunca había sido fan de las cosas ostentosas, pero sus padres eran influyentes y, de no invitar a todos, quemarían muchas amistades muy apreciadas.
-En serio que no has cambiado nada, Hiccup.-
-Tu si Fish, ¿cuándo te volviste tan grande?-
Fishlegs estaba a su lado. Tomando una cerveza barata que Hiccup había tenido la precaución de comprar horas antes. El enorme rubio si había cambiado.
Hiccup recordaba a Fishlegs como un niño alto, sí, pero no tanto como lo era ahora. Fácilmente podría llegar a los dos metros de altura, e incluso parecía más grande. En lugar de la gordura, era puro musculo. Y en lugar de la soledad, tenía a Heather.
El trago amargo de la cerveza ayudo, pero no del todo.
-Ya sabes, comer bien, hacer ejercicio, hacen milagros. -rio dando un encogimiento de hombros
-Cierto amigo, muy cierto. Por cierto, nunca te felicite por encontrar a tu destino. -
Fishlegs se hincho de orgullo. La sonrisa ligeramente arrogante que porto hizo que una risa honesta lo abandonara. La primera de la noche.
-Fue magnifico, Hiccup. Ojalá hubieras estado ahí. Estaba cambiando por la calle en un día cualquiera y a lo lejos nuestras miradas se encontraron. Yo sabía que había encontrado a mi destino, y ella vino corriendo tan rápido que me derribo sin esfuerzo. Heh, buenos tiempos. -
-Apuesto a que si amigo. -
El silencio que siguió fue empañado solo por el ruido de fondo de los pocos meseros que quedaban organizando el lugar e Hiccup casi se sintio como un niño otra vez, mirando desde afuera la vida ostentosa de sus padres con su mejor amigo e imaginando una vida mejor. En la cual pudiera ser libre y sin ataduras. Simplemente volando por la tierra junto al viento.
Una cabellera rubia se adelantó de entre la multitud de meceros. Unos ojos azules helados chocaron con sus ojos y, de repente, el mundo estallo en brillo.
Ah, mierda.
