El Ascenso de un Científico Loco
¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!
Los Juegos de Leidenshaft
Tras volver a Dunkelfelger me concentré en los últimos preparativos, tratando de olvidar la amenaza de Rozemyne.
Sabía muy bien de lo que mi novia era capaz y, en definitiva, no quería que fuera a usar algún afrodisíaco para ayudarme. No quería lastimarla de forma innecesaria u olvidar nada sobre nuestra primera noche.
A la séptima campanada, después de la cena y ya en la privacidad de mi habitación, las palabras de Ralfreida comenzaron a darme vuelta sin permitirme descansar. "La princesa Santa quedaría tan rota por dentro como mi querido Galtero."
Hasta hace un año viví sin esperar nada de él. Su repentina maduración me provocó sentimientos encontrados y una gran confusión. Tras mi compromiso con Rozemyne pareció redoblar sus esfuerzos para obtener la corona, pero en algún momento antes del inicio del verano comenzó a desesperarse y marchitarse, hasta el punto de parecer un cascarón vacío.
Si no se hubiese dejado caer en la desesperación, si hubiera entendido que como príncipe tenía una responsabilidad que no podía ignorar, si hubiera comenzado a avanzar con la mirada en el futuro, lo habría aceptado como ministro.
La familia real era muy pequeña y él tenía la suficiente inteligencia para liderar a la familia colateral dedicándose al mejoramiento del país junto con nosotros, sin embargo, ahora… me sentía mal por su esposa.
Descarté el pensamiento tan pronto como surgió. La única forma de ayudarla a evitar el castigo colectivo, aun si la mujer era mi prima, sería que se divorciara de Galtero y la única forma que encontré de garantizar su vida tras eso seria si le ofrecía un lugar como mi segunda esposa.
'Si hiciera eso, mi prima moriría antes de nuestro enlace y yo no quiero otra esposa además de Rozemyne.'
Tres días después visite Hauchletzte, una visita corta.
Recibí los informes y me alegré de verificar que avanzaban sin retrasos. Antes de irme, sin embargo, recibí una noticia que no esperaba. Nahelache, la hermana de Lord Albinus, pasaba sus días encerrada en la villa de mi madre adoptiva. Cuando podía, incluso dormía ahí.
La situación era tal, que aun si la joven tenía un hijo del segundo príncipe estaba buscando refugio en su antigua Gedulh en preparación para el divorcio.
Según escuché, tras la primera noche que era obligatoria, Galtero no volvió a tocarla y ahora ni siquiera le devolvía la mirada. Mi hermano adoptivo pasaba algunas campanadas en el despacho de padre como si solo fuese un autómata haciendo el trabajo asignado. No comía si no lo obligaban. Sus asistentes tenían que sacarlo de la cama a la fuerza.
Un grave cuadro de depresión se mirase por donde se mirase.
Constance y su esposo, más que sentir lástima o preocupación por Galtero, estaban preocupados por la joven princesa Hauchletziana, quien perdió a su prometido cuando aún era una niña en edad escolar. Según sabia, Sigiswald y su prometida estaban enamorados. Por desgracia, el compromiso fue arreglado como una regalía: la princesa de Hauchletzte se casaría con el heredero de Zent.
Como consecuencia los contratos se firmaron antes de que el príncipe muriera y Nahelache quedó atrapada con su actual esposo.
Antes, cuando Rozemyne entró en la competencia de zent, se le preguntó si quería cancelar su compromiso. Galtero ya no era el heredero, pero debido a que tenían tanto tiempo comprometidos no tuvo valor de cancelarlo y aceptó seguir con el compromiso. Con todo eso en mente hice lo único que podía hacer ahora para evitar muertes innecesarias. Me comuniqué con Rozemyne.
"¿Justus?"
La respuesta llegó al día siguiente… en manos de mi hermano y no del asistente usual para la correspondencia en Dunkelferger.
"La princesa Santa me pidió que te trajera varias cosas. Ahm… de hecho, tengo que hablar contigo… príncipe Ferdinand."
Su titubeo me pareció extraño, o que hubiera tenido ese desliz con la rigurosa etiqueta al hablar… o que llamara Santa a Rozemyne. Miré a mi alrededor, notando a mis escoltas que me recordaron sobre el recorrido pactado.
"¿Qué tan apretados estaban en la villa con el trabajo de oficina?"
"Sobrevivirán un día sin mi" respondió Justus "Dejé a Laurenz a cargo, nuestro… ÉL quería venir, pero le prometí que te daría el mensaje."
Sospechoso, todo eso era demasiado sospechoso.
'¿Ralfreida o alguna de sus asistentes escapó? No, le habrían notificado al Zent y Justus me estaría informando por medio de una herramienta antiescuchas… ¿Galtero?... No, ese hombre es más un cadáver… quizás Rozemyne no tomó a bien mis preocupaciones por otra mujer, ¿será eso?'
Miré a Justus, pero él solo siguió caminando junto con nosotros, agitado a todas luces, pero no con apremio. Era como si algo lo estuviera molestando a él… y a Laurenz.
Ese día terminé de inspeccionar y dar indicaciones en tiempo récord, despejando apenas un cuarto de campanada para ir con mi hermano mayor a mi habitación justo antes de la hora de la comida. Si demorábamos mucho, excusarme y solicitar que me enviaran mi comida a la habitación de invitados sería lo más adecuado.
"¿Qué sucede? ¿Rozemyne se enfadó por mi carta?"
"¡Oh, no! No, la princesa te envía algunas sugerencias para preservar el honor de la futura ex esposa del príncipe Galtero así como su vida. La idea de que Lady Nahelache se asile en el Templo como una Doncella azul le permitiría criar a su hijo fuera del panorama político. También podría solicitar asilo y protección a Eisenreich, pero en ese caso, lo más seguro es que la hicieran firmar para que su hijo se case con alguien de la casa Archiducal... podrías ir para acompañar a la princesa a darle opciones a Lady Nahelache, te lo agradecería mucho, digo, la princesa estaba encantada de que le pidieras consejo, después de todo."
"Eso no explica por qué estás aquí y además tan nervioso."
Justus dejó escapar una sonrisa tonta, sus rodillas golpeándose de forma rápida y repetitiva como si se tratara de alguna especie de tic, mirándolo no muy seguro antes de notarlo calmarse y devolverme la mirada.
"Tienes que teñir de nuevo a la princesa."
'¡¿Qué?!'
"Yo… sé que no… digo, te golpeé tan fuerte y… es que no sabía que… ¿Por favor, Ferdinand?"
Me sentía tan confundido que por un momento no me moví, pensando que había escuchado mal. Justus NO podía estar hablando en serio, de modo que procedí a tallar mis oídos con fuerza, sacudir mi cabeza y tallar mis ojos con las palmas abiertas antes de pellizcarme el puente de la nariz y volver a preguntar.
"Justus, ¿qué, en el nombre de todos los dioses, acabas de pedirme?"
"Lo… lo siento. Sé que suena hipócrita luego del… sermón y… la golpiza de cuando… bueno, tú sabes… pero es que necesitamos que se tiñan de nuevo… ¡Por favor!"
La idea de que Rozemyne les había lavado el cerebro a mis hermanos de alguna forma fue lo primero que pensé, luego decidí que no iría tan lejos como para convencer a mis hermanos de…
"¿Puedo preguntar de donde ha salido este… repentino cambio de actitud?"
Justus pareció dudar un poco, jugueteando con sus dedos de forma nerviosa y mirando a todos lados, jalando incluso el cuello de su uniforme de erudito como si no pudiera respirar de manera adecuada.
"Ahm… bueno… ¿Recuerdas que ustedes…? ¡Por supuesto que lo recuerdas si quedaste inconsciente por tres días!"
Lo miré con atención. No solo estaba nervioso, había algo más ahí, algo similar a la locura al fondo de su mirada al tiempo que uno de sus tobillos comenzaba a golpetear con ímpetu el suelo sin que se diera cuenta.
"Cuando, cuando ustedes dos volvieron a la normalidad, bueno… parece que no solo Margareth y yo buscamos consuelo en el matrimonio tras toda esa tensión… el caso es que… ahm… el invierno con Margareth fue MÁS que sublime, fue…"
Esto no me gustaba nada. ¿Qué tenía que ver su vida sexual en todo esto?
Los pensamientos debían estarse filtrando en mi rostro porque apenas verme, Justus comenzó a frotar sus manos con nerviosismo, columpiándose apenas un poco antes de verme con alarma.
"¿Tú sabes, no? Que los, que los juramentados podemos ser… influenciados por los cambios en el maná de nuestros maestros y… ahm… estoy bastante seguro de que has intercambiado maná con la princesa, entonces… deberías… deberías saberlo…"
"¿Saber que, Justus?"
En ese momento se detuvo todo él, como un muñeco de cuerdas al que se le ha agotado la energía y no puede volver a moverse a menos que se le mueva o se le dé más cuerda.
La mirada de Justus era de súplica, llorosa incluso y su semblante pálido, cómo un adicto al que se le han negado sus drogas y comienza a sentir los efectos de la abstinencia.
"Que el maná puede jugar un papel fundamental en las bendiciones de Brëmwärme y Beischmacht y… oh, ¡no tienes idea de lo que sus manas así de teñidos nos han hecho a los juramentados! Lo hablé con Laurenz y él y su esposa están de acuerdo. Ustedes DEBEN teñirse de nuevo. Pueden usar pociones si gustan, pero…"
"¡Justus, para!" dije horrorizado al darme cuenta de la situación, inyectando maná sin querer a la piedra del nombre de mi hermano porque guardó silencio de inmediato, congelado en un obvio estiramiento en la espalda con una mueca de dolor. Me relajé entonces, contándole lo que había pasado tras apresar a Ralfreida, yendo tan lejos como para mostrarle la marca en mi pecho y ventilando mi preocupación.
"No puedo volver a la Soberanía, ¡no voy a tomarla solo por qué quiere estar segura de que soy suyo y de nadie más!"
"¡¿Pero por qué no?!" se quejó Justus como un niño al que ofrecen llevarlo a Disneylandia, diciéndole horas antes que el viaje se ha cancelado "¡Ella está dispuesta! ¡Tienes casi el permiso del Zent! ¡Incluso te ayudaremos a entrar a su habitación si nos lo pides o las chicas te la traerán a tu alcoba!"
Estaba lívido.
Justus tenía, en efecto, síndrome de abstinencia y por lo visto, también Laurenz, Alerah y Margareth. ¡Era simplemente inaudito!
"¡¿Y arriesgarme a dejarla embarazada?"
"¡Solo debes meter tu espada en el cáliz de Vantolé!"
"¡¿Qué?!"
El término era de verdad nuevo para mí. Justus pareció olvidarse de las bromas o el pudor porque en ese momento me enteré de que a veces, Margareth decía que el suelo en el cáliz de Geduldh estaba demasiado fértil y lo obligaba a tomarla por… por el otro lado para evitar la carga. No iba a permitir que nuestra primera vez fuera así. ¡Quería que fuera especial! De sobra sabía que iba a lastimarla la primera vez, pero hacerle eso…
"¡No!" dije sin miramientos, hastiado al notar la decepción en la cara de Justus.
"¡Pero, Ferdinand…!"
"¡He dicho que no, Justus! ¡No voy a desflorarla de ese modo y definitivamente no voy a reclamarla antes de atar nuestras estrellas! ¡Su virtud vale más que una calentura!"
"¡Si, pero ella no quiere que respetes su virtud y nosotros necesitamos que se tiñan de nuevo!"
Estaba furioso, avergonzado y por alguna extraña razón mi cuerpo parecía estar tratando de opinar al tiempo que la advertencia de Rozemyne, su despedida y la forma en que me marcó volvían a mi mente.
"Dile a Rozemyne y a todos los otros pervertidos que no voy a tomarla mientras no haya un modo de evitar la carga sin lastimarla. En especial no antes de nuestro enlace…"
"¿Entonces solo debemos investigar?"
No sabía si gritar, golpearlo o buscar un modo de hacer tecnología criogénica para poner a dormir a los cuatro bichos raros de nuestros séquitos porque esto no iba a pasar pronto.
Justus era, posiblemente, el más centrado de ellos. Estaba seguro de que esa fue la razón de que lo eligieran a él para pedirme esto. Por desgracia no sabía cómo tratar los síntomas o como volverlos más ligeros, como devolverles la razón.
Tomé varias respiraciones profundas antes de entrelazar mis dedos y apoyar mi rostro en ellos sin dejar de ver el rostro de esperanza absoluta en mi hermano mayor. Patético.
"No pueden atrasarse con el trabajo burocrático solo por investigar y en definitiva no voy a arriesgar a Rozemyne. No me importa si ustedes enloquecen por abstinencia de maná, si tengo que quedarme aquí hasta el invierno o si tengo que lidiar con cinco pervertidos cuando vuelva… yo"
"¿No la deseas lo suficiente? Porque en ese caso, Alerah…"
"¡Conozco los trucos de Alerah y Rozemyne no los necesita! ¡No la tomaré si eso la pone en riesgo! ¡Y no voy a hacerlo solo porque si! ¡Tiene que ser especial! ¡Tiene que ser algo que recordemos con afecto y no solo con lujuria!"
Hubo un momento de paz, calma y silencio. Justus estaba absorto pensando algo antes de dejar todos sus paquetes en la mesita para café en mi habitación, luego comenzó a tomar notas, soltando lo que me pareció un suspiro de alivio antes de ponerse en pie y volver a su actitud usual.
"Entiendo. Algo especial. Lo suficiente para ser la segunda opción ante el atado estelar. Lo comentaré con Laurenz y con las chicas. Te veré mañana, Ferdinand. Voy a estar trayendo tu correspondencia mientras no vuelvas a casa."
¿Volver a casa? ¡Esa villa no es mi casa!' Pensé sin poder decir nada mientras Justus salía con una sonrisa de orejas a oreja y yo me derrumbaba en mi lugar apretando el puente de mi nariz, desactivando la herramienta antiescuchas de rango específico y llamando al asistente que se me había asignado.
"¿Sería una molestia pedir que me traigan la comida a mi habitación? No creo poder salir luego de las noticias que me trajo mi erudito."
La comida no tardó en llegar y tuve una campanada entera para descansar.
Con Laurenz entre la bola de pervertidos que ahora deseaban que me tiñera con Rozemyne y la reclamara… ese idiota se iba a quedar a dormir en los laboratorios hasta tener hechos preservativos y varios métodos anticonceptivos que no tenía idea de cómo hacer porque ninguno de los dos estudió farmacología… luego en serio me alarmé. Justus dijo que lo comentaría con las chicas… Rozemyne iba a enterarse… ¡Rozemyne iba a enterarse!
"¡Con un demonio! ¡Si Urano alguna vez leyó sobre anticonceptivos o farmacología…!"
Estaba más que condenado ahora.
Para cuando pude salir de la habitación de invitados hablé con Werdekraft. En definitiva, no iba a regresar a la Soberanía por el resto del verano.
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Para mi alivio o quizás no, la correspondencia volvió a llegar de mano de los eruditos de Dunkelfelger. Si Justus no había vuelto, era seguro suponer que estaría trabajando en algo con los otros.
Por desgracia, no existía forma de explicar mi frustración o lograr que alguien la entendiera. Como Tetsuo me criaron en una familia política, pero mis padres fueron uno de esos casos donde los hijos de la familia que se comprometía eran más que conocidos.
Mi madre quería que yo escogiera para perseguir mi felicidad, no me obligó a casarme con la hija de uno de los tantos socios de mi padre. Quería que pudiese amar a mi esposa, por eso me dejó conocer a tantas chicas y decidir si aceptaba a alguna como novia o no. Al menos hasta que Urano se volvió candidata y decidió que ella era la indicada para mí.
Dejé salir el aire mientras me acostaba a dormir.
Una campanada después me rendí y busqué algo, cualquier cosa, para hacer. Mi mente y corazón estaban agitados, lo sabía. Sabia también que era mi arrepentimiento el que me impedía ceder a mis propios deseos.
¡Claro que la deseaba! Amaba a Rozemyne y quería una vida con ella, los dioses sabían cuánto esperaba que nuestras estrellas se ataran, pero tras todo lo que vivimos antes, quería mostrarle todo mi respeto en lugar de perder la cabeza y dejarme llevar.
Para el momento en que la diosa de la luz comenzaba su recorrido, yo ya tenía varias cartas listas para enviar. Todas eran diferentes, pero la idea era la misma: me disculpaba con los archiduques de los ducados medios que debía visitar, explicando que las preparaciones de los juegos eran mayores a las esperadas y pedía reprogramar mi visita para algún momento del otoño. Con algo de suerte podría permanecer fuera de la soberanía el tiempo suficiente como para evitar los avances de Rozemyne al menos hasta el invierno, donde estaría tan ocupado siendo profesor, que ella no podría quedarse a solas conmigo el tiempo suficiente para nada.
Debía planear teniendo en cuenta que los estudiantes de Lanzanve llegarían a Ahrensbach en algún momento después del festival de la cosecha. Padre asistiría a este primer recibimiento para firmar los acuerdos que se establecieron a inicios del verano y para entregar a Ralfreida como garantía.
También debía estar ahí porque era mi proyecto, por lo tanto, debía ser eficiente y exacto en los tiempos de reprogramación para mis visitas a los otros ducados.
Envié además una carta al Zent para explicarle que no volvería a la Soberanía por un tiempo, pero que aún seguiría recibiendo mi trabajo en Dunkelfelger, ya que no quería causar problemas o retrasos.
Por desgracia no podría volver a usar los hábitos este año. Rozemyne podría retenerme tras finalizar la ceremonia de dedicación y...
'Es casi un año, falta menos de un año ¡¿Por qué se rehusa a esperar?!'
"¿Príncipe Ferdinand? ¿todo en orden?" la voz de Lazfam me tomó por sorpresa. Le aseguré que estaba bien mientras me ponía de pie para prepararme para el día. Quizás era mi juramentado, pero no podía decirle el motivo por el cual estaba tan alterado.
Los siguientes días recibí cartas de los archiduques sobre las nuevas visitas en otoño. Algunos incluso me ofrecían dos o tres fechas diferentes para elegir. Estaría un poco apretado y mi último viaje sería durante el festival de la cosecha, de modo que no me encontraría con Rozemyne en la Soberanía.
Con suerte, mis hermanos y sus esposas habrían superado los síntomas de la abstinencia y volverían a pensar con claridad.
Sin mis continuos viajes de regreso a la soberanía tenía mucho tiempo libre, el cual invertí en leer mi sabiduría, concentrándome más que nada en la historia de Lanzenave.
Necesitaba saber lo que pudiera para prepararme para el intercambio, si comentaran algo o quisieran buscar más beneficios por algo que no sabíamos.
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"Dregarnuhr no pareció bendecirnos durante el verano, Ferdinand."
Sonreí ocultando el pánico en mi interior cuando vi a Rozemyne seguida de Justus y Margareth cerca del final del verano, tranquilizándome cuando noté que mi hermano lucía más tranquilo que la última vez que lo vi. Mis ojos revolotearon al no ver a mi hermano menor y a su esposa, sintiéndome más calmado por no ver ni a Alerah ni a Laurenz. Si esos cuatro estaban separados, era menos probable que Rozemyne encontrara una forma de llegar a mi durante nuestra estadía en Dunkelfelger.
"Ciertamente el tejido de ventuchte no nos favoreció esta temporada." Respondí con una sonrisa noble para ocultar el tumulto de preocupaciones en mi interior.
Mi novia tenía una sonrisa de dama en su rostro, sus ojos no me dejaban leer nada acerca de lo que estaba pensando, lo que me tenía un poco preocupado. Por otro lado, ella me advirtió que me haría reclamarla una vez que los juegos terminaran, por lo que, en teoría, podía estar tranquilo mientras estuviésemos en Dunkelfelger.
Con eso en mente, la escolté hasta las escaleras que daban a las recámaras de las mujeres en la zona de invitados para que pudiera supervisar que sus cosas estuvieran en orden y se cambiara por un atuendo más acorde al clima. Al menos una campanada después volví para llevarla a saludar a Brunhilde, Sieglinde y Werdecraft con quienes tuvimos una amena fiesta de té. Los detalles y el programa de los juegos fueron ampliamente comentado en ese momento. Tras la comida y escuchar a las esposas de Werdecraft y a Rozemyne discutiendo con bastantes ánimos los últimos volúmenes de una serie de romance creada por una joven promesa de la pluma que se hacía llamar Lady Erantura, todos salimos del castillo para desplazarnos en bestia alta al coliseo principal.
Era una cálida tarde de verano. El coliseo principal no tardó en llenarse de nobles. Cuando todos los asientos estuvieron ocupados y vendedores de comida ambulante comenzaron a circular por entre las filas, el padre de Werdecraft dio la bienvenida desde la arena, hablando de las maravillas de los nuevos ditters y las nuevas competiciones de destreza, fuerza y agilidad que estaríamos presenciando por primera vez.
Rozemyne apretó mi mano desde su silla en el palco que compartíamos con Werdecraft y sus esposas. La emoción refulgía en su mirada al tiempo que los equipos de las diversas provincias de Dunkelferger hacían su aparición bajo los estandartes que representaban a las casas de sus Giebes.
En lugar de medallas o premios en efectivo, se ofreció la gloria de portar coronas de reconocimiento y llevarse estatuillas de Leidenshaft, Angriff, Seheweit y los otros dioses del panteón del fuego acompañados por Kuntzeal para que quedaran como testigos del valor, el poder, la fuerza, la eficacia y la velocidad de los participantes que se proclamaran ganadores.
A diferencia de los Juegos Olímpicos de la era moderna en la Tierra, no hubo bailes folclóricos ni música emblemática, pero si hubo pirotécnia mágica iluminando el cielo que se volvía nocturno, pétalos de flores lloviendo sobre los equipos y atletas representantes de sus provincias y por supuesto, vítores de emoción que más parecían rugidos por parte de los espectadores.
El primer enfrentamiento se anunció entonces. Ditter de velocidad.
El tiempo que tardaba cada equipo en acabar con alguna bestia fey era tan corto, que se decidió que podía ser suficiente para satisfacer la necesidad de ditter de los asistentes y participantes por ese día.
"No pensé que diría esto, pero el ditter de velocidad puede ser bastante entretenido" me comentó Rozemyne cuando el tercer equipo concluyó "Me da una idea de porque equipos apostar para los ditters principales."
"¿Vas a apostar?" pregunté divertido, relajándome ante la conversación mundana y vanal.
"Brunhilde y Sieglinde tienen a sus propias provincias predilectas. Pensamos que sería interesante apostar qué equipo se lleva más estatuillas y coronas."
Asentí y seguí observando, disfrutando del espectáculo y de las diversas estrategias desplegadas frente a nuestro ojos. Era más que obvio cuanto terminó por influir que Werdecraft se volviera Sumo Obispo de Dunkelferger y sus esposas Sumas Sacerdotisas porque en todos los equipos pudimos observar invocaciones de una u otra arma divina con los schtappes, lo que solo hablaba de la cantidad de maná que esos cabeza de músculo estuvieron dedicando a los dioses, así fuera solo por hacerse con las herramientas divinas. Cuando lo comenté con Rozemyne pude notar la emoción y la alegría refulgir en sus ojos.
La primera competencia terminó. Estaban apenas anunciando los tiempos para definir la primera provincia ganadora cuando Rozemyne se puso en pie. Por supuesto, me levanté junto con ella ante la mirada cargada de extrañeza de nuestros anfitriones.
"Temo que debo estirar un poco las piernas. No puede esperar más. ¿Ferdinand, serías tan amable?"
"Será un honor."
La escolté fuera del palco, seguido de cerca por nuestros respectivos séquitos. Estábamos todavía deambulando por los pasillos cuando Rozemyne me acorraló contra la pared. Estábamos solos.
"¿Rozemyne?"
"No volviste a la Soberanía, Ferdinand" me reclamó ella usando mejoras físicas para mantenerme contra la pared en una posición que me impedía usar mejoras físicas para liberarme "Ha pasado tanto tiempo, que mi marca ya debe haberse desvanecido."
Mi corazón debió detenerse junto con mi respiración en ese momento porque me quedé en shock, sintiéndola remover mis ropas hasta abrirlas en el área que ella deseaba, mirando mi piel y la mancha casi desvanecida y diminuta que quedaba.
"No podemos hacer esto aquí." Intenté hacerla entrar en razón.
"Oh, no te preocupes, Geduldh, no voy a quitarte la virtud todavía." pareció burlarse ella antes de acercar sus labios a mi pecho para dejar un par de besos y mirarme a los ojos "¿No te advertí que te revisaría?"
"Si, lo hiciste."
"¿Y no me dijiste que podía hacer lo que quisiera?"
"Estábamos en mi habitación oculta, resguardados de todo... no en un pasillo que no va a tardar en llenarse de fanáticos del ditter."
Ella solo sonrió, besando de nuevo la piel sobre la pequeña mancha y soltándome.
"Te hice una promesa, así que al menos déjame marcarte de nuevo, Ferdinand."
Torcí la boca sin importarme si estaba o no mostrando demasiado mis emociones. Estaba incómodo, alerta... y sintiendo la adrenalina que daba la posibilidad de ser descubiertos en esta posición tan indecorosa.
"¿Solo vas a marcarme?"
"Así es."
Suspiré. Por eso era que no quería encontrármela. Su mirada atenta y decidida, sus labios provocativos y su hermosa figura... ¿quién podía decirle que no a esta mujer?
"Mañana antes del desayuno. Baja sin tu séquito y en serio... solo vas a marcarme y ya."
Ella me sonrió y yo me sentí derrotado y un poco feliz. La falta de sueño debía estar nublando mi juicio porque jamás debí dejarla.
Para el día siguiente, Rozemyne me marcó de nuevo en un pasillo cercano al de las escaleras, lejos de miradas indiscretas y no volvió a intentar nada más, luciendo una enorme sonrisa mientras veíamos el torneo de quidditch, el ditter de robo de tesoros entre los mejores cuatro equipos regionales, el torneo de danza de espadas, el de giros de dedicación, el de arquería mágica, las carreras de velocidad a pie y sobre bestias fey, así como los otros juegos que se prepararon para la ocasión.
Rozemyne quedó segunda en sus apuestas, con Sieglinde siendo la ganadora y Brunhilde quejándose por haber sido la que atinara a menos ganadores. Por suerte, las tres se conformaron con apostar libros, hojas de té y horquillas, convirtiendo el último día de los juegos en un recuerdo entrañable para todos conforme esperábamos por la ceremonia de premiación a la provincia con más vencedores.
Las doncellas azules del Templo, que eran en verdad casi tantas como las de Eisenreich, desplegaron una danza ritual en honor a Verfuremeer que ayudó a que todos pudiéramos relajarnos luego de las felicitaciones y la promesa de ver a más promesas del ditter en los años por venir.
Cuando volvimos al castillo nos esperaba un verdadero festín al cual fueron invitados los giebes de Dunkelferger y los atletas de la provincia ganadora. No podía pedir una mejor forma de terminar aquel día, entre música, buena comida, bebida al por mayor y amigos sinceros festejando por un trabajo bien hecho.
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Con los juegos terminados, era momento de volver a la soberanía. Mis asistentes se encontraban empacando todo. Con casi una temporada completa viviendo en Dunkelfelger tenía mucho que empacar. Me senté en la mesa mientras revisaba mis próximos planes cuando algo llamó mi atención.
En el escritorio, apartadas del resto de los materiales escritos, encontré algunas cartas que a la distancia parecían cerradas. Los eruditos se detuvieron, incomodos, como si no supieran que hacer con eso.
"Dénmelas." Ordené mientras se ponían cada vez más pálidos, caminando de forma mecánica hasta darme los sobres.
Tres cartas de Zent.
Miré estupefacto lo que tenía en la mano. Era cierto que le escribí a mi padre adoptivo sobre el cambio de planes, pero nunca recibí una respuesta. Mis eruditos y asistentes estaban igual de confundidos ya que ninguno recordaba haber recibido los sobres.
Los abrí de inmediato, leyendo el contenido.
En la primera carta, padre escribía que estaba preocupado por mi repentina carga de trabajo. Me pedía que descansara tanto como pudiera y que recordara que el médico no recomendaba que usara pociones de ningún tipo por al menos dos temporadas.
La segunda carta decía que no me preocupara por participar como miembro de la delegación que recibiría a los visitantes de Lanzenave puesto que, ya que estaría viajando todo el otoño a diferentes ducados, usara el tiempo entre mi último viaje y el inicio del invierno para descansar en mi villa y prepararme para las clases del invierno, recordando que acepté seguir siendo profesor en la academia hasta que uno de nosotros ascendiera a Zent.
En la tercera, padre me comunicaba que llevaría a Galtero y a la Primera Reina Magdalena con él a Ahrensbach. La idea era mostrar un frente unido ante el rey extranjero. Usarían al segundo príncipe como delegado en parte para tratar de ayudarlo. Galtero estaba tan deprimido que incluso Rozemyne estaba preocupada por él, según lo que leí.
Ninguna de las cartas requería una respuesta, pero pude haber enviado una para evitar que Galtero fuera en mi lugar... para evitar quedarme a solas con Rozemyne en la Soberanía. Pero ahora… Zent, la Primera Reina, Galtero y la prisionera Ralfreida estarían en Ahrensbach, lo que significaba que solo un número mínimo de nobles permanecería en la Soberanía. Incluso mi madre adoptiva estaría en Eisencher para verificar la educación de mis hermanas menores, lo que significaba que prácticamente estaríamos solos Rozemyne y yo.
Si hubiese recibido las cartas antes podría haberme negado a su preocupación, asegurando que estaría bien para ir como uno de los delegados…
Mis eruditos estaban níveos mientras se miraban unos a otros, tratando de descubrir quien recibió estas cartas y porque no me las habían entregado. Tuve que cerrar los ojos al percatarme que los estaba aplastando. Recordé entonces que Damuel no estuvo presente como uno de los caballeros de escolta de Rozemyne y todo cobró sentido.
Al tomar el sobre otra vez sentí algo. Apenas aplicar maná me percaté de un círculo mágico inscrito en el papel del sobre o bien con tinta invisible. No podía estar muy seguro, pero era claro que Rozemyne era la culpable de que no las hubiera recibido.
"No los castigaré." Dije después de un momento, mientras trataba de contener mis pensamientos erráticos. "No fue su culpa."
Me dejé caer de nuevo, pensando en lo que esto significaba.
Según sabia, la desintoxicación es la primera etapa del tratamiento integral para la recuperación contra las adicciones. Por lo general duraba entre 7 y 21 días. Mis hermanos estuvieron en abstinencia por más tiempo que eso, deberían haberlo superado.
Pero no lo superaron. De haberlo hecho me habrían informado de las cartas, advirtiéndome de los planes de Rozemyne, pero no fue así porque ellos fueron quienes entregaron esas mismas cartas a Rozemyne, quien luego debió enviármelas por medio de Damuel, quien pudo colarse dentro de mi sequito durante el verano, sin que nadie lo notara.
Si esa fue la orden, las cosas cobrarían sentido. Justus y Laurenz eran los encargados de enviar la correspondencia y recibirla después de todo, ellos habrían leído y contado a sus esposas sobre mi cambio de planes, orquestando entonces el modo de bloquearme.
No pude evitar preguntarme si a pesar del tiempo transcurrido, la sensación de nuestro maná sería tan adictiva que en realidad no estuvieran del todo desintoxicados, solo funcionales.
En verdad no lo sabía, y por más que busqué dentro de la sabiduría, no encontré nada.
Parecía como si nadie hubiera pasado antes por este problema. ¿Era acaso que antaño solo los adultos ya atados tomaban juramentados? ¿Sería que nuestra compatibilidad era así de inusual?
Me reí ante esa última teoría. Era lógico. Rozemyne y yo teníamos un maná demasiado compatible, tanto que era como beber ambrosia. Todavía podía recordar nuestro primer beso, las sensaciones sobrecogedoras que me invadieron y la necesidad de más.
Quería que nuestra primera noche fuera especial, deseaba que fuera un recuerdo dulce que sobrescribiera nuestro primer beso, que fuera lo suficientemente único como para compensar una vida perdida y nuestro sentir alterado de cuando Rozemyne se veía como una flor y yo estaba ciego en medio de mi propio egoísmo y mi negación.
'¿Por qué no pueden entenderlo…?'
Dejé salir el aire mientras me dirigía al círculo de teletransporte para volver a la Soberanía con la idea de castigar a mis hermanos demasiado presente, pero sin atreverme a hacerlo. Era culpa mía y de Rozemyne que estuvieran en este estado, como un par de drogadictos que necesitaban de alguna sustancia para sentirse bien.
'Necesito encontrar una forma para desintoxicarlos del todo.' Decidí cuando me reuní con mi novia en la sala de espera, 'Si no lo consigo, estos meses se sentirán como años…'
