SenHaku Week – Agosto 2024 del Grupo Senku & Kohaku

Día 4

Tema: Viéndose a escondidas

Título del fanfic: Primos

El joven de cabello blanco-verdoso entró emocionado a su hogar, seguido de la hermosa y despampanante rubia, su "prima". Era el último día de clases y pronto se irían de vacaciones, finalizando, por fin, su último año de preparatoria, lo que quería decir que Senku podría irse a la universidad con Kohaku y continuar su romance de una forma más… cercana.

Y es que definitivamente mantener su relación en secreto y seguir viéndose a escondidas era algo que había resultado realmente gratificante para ellos, desde que habían iniciado ese "romance secreto" tras haber empezado a frecuentarse para "ver películas en casa". Era osado lo que hacían, pero finalmente habían convencido a sus respectivos padres de lo inofensivo que sería ser roomies mientras cursaban estudios universitarios en California.

¿Qué más podían pedir que finalmente dejarse llevar de la forma más libre posible? Pues, tal vez, otra solicitud magnífica sería poder pasar los días venideros de vacaciones, antes de viajar al otro lado del mundo, haciendo todo aquello que fácilmente podría ser considerado "prohibido".

Y la verdad era que uno de los más grandes problemas era justamente ese: que les costaba muchísimo verse cuando había muchas personas en la casa o cuando estaban realmente atareados con todo y no era para menos. Senku había participado en muchos eventos científicos los últimos meses y Kohaku había estado ocupada con los clubes deportivos y de artes marciales en los que participaba.

Así que eso solamente significaba que ambos tenían una tensión sexual acumulada desde su último encuentro, que había sido en la habitación del chico, cuando Kohaku había sido realmente atrevida y había llegado por la ventana con un sexy traje de policía para dejarse llevar por grandes tentaciones.

Senku no dejaba de pensar en lo increíble que había sido y cómo él, totalmente amarrado, había podido experimentar el movimiento enloquecedor y esos "sentones" tan maravillosos de Kohaku.

"La leona sí que sabe complacerme" —pensó el joven científico, intentando no parecer desesperado.

Y es que el tiempo había pasado y no habían podido tener otro encuentro de ese modo, y lo más cercano a dejarse llevar por el placer sexual que los carcomía había sido hablar en conversaciones subidas de tono por las noches.

Pero ese día… ese magnífico día, su padre había tenido que atender asuntos urgentes con Lilian, llevándose a su hermano menor y dejándole la casa completamente sola a ambos.

"Oh, sí… hoy me divertiré muchísimo" —pensó Senku, mientras terminaba de dejar las cosas sobre una mesa y tomaba a la leona por la cintura, para luego empezar a besarla apasionadamente, sin mucha delicadeza, ¿qué más daba? Esa leona era realmente fuerte.

Después de unos cuantos besos, Senku empujó a Kohaku sobre el sofá, tirándose sobre ella sin mediar casi ninguna palabra, porque sí, las palabras sobraban en ese momento en el que Senku solamente quería comerse a su "prima", sin importarle otra cosa más que sentir cada centímetro de su cuerpo.

Llevó una de sus manos a apretar uno de los pechos de ella, sabía que protestaría, pero no le importaba, su mente solamente pensaba en lo mucho que deseaba darle todas las horas posibles.

"Esta leona va a matarme, pero me importa poco si puedo dejarme llevar" —pensó antes de besar el cuello de la joven, quien arqueó la espalda al sentir los labios el científico atendiendo tan descaradamente su cuello y arrancándole gemidos desesperados.

—Senku… —Hizo una pausa para gemir, mientras él exploraba sus curvas—. Vayamos despacio, tenemos toda la tarde para nosotros —habló ella en tono de broma.

Solo lo dijo para provocarlo, obviamente, pero, aun así, a Senku le molestó, por lo que intensificó sus toques con ella, y subió nuevamente para morderle los labios, dejando posteriormente un camino de besos hasta su cuello.

Ese cuello… ese cuello tan delicioso, un deleite de mirar un poco hacia abajo y encontrarse con una perfecta visión de sus pechos debajo de la camisa. Era increíble, realmente tenía que admitir que le encantaba ese preciso instante, porque esos prominentes pechos, tan blancos, con esa piel tan suave, solo hacían que incrementara su excitación, llevándolo rápidamente a tener una erección, pese a que muchas veces luchaba por controlarse para aumentar su duración.

Sin embargo, ¿quién podría controlarse teniendo a semejante diosa frente a él?

Kohaku volvió a gemir y pareció intentar protestar, pero, a modo de reprimenda, Senku llevó ambas manos a los pechos de ella, apretando con más fuerza de la necesaria.

—Tienes razón, leona. —Él se acercó a su oído, mordiendo con suavidad su lóbulo después de decir esas palabras, a lo que ella contestó con un gemido—. Pero incluso aunque tenemos tiempo suficiente, pretendo aprovechar al máximo cada minuto. —Le dijo en tono dominante, besando por el espacio entre sus pechos, con suaves besos que la hicieron jadear.

—No me digas leon… —No pudo terminar sus palabras, ya que en ese momento una de las manos de Senku bajó hasta su intimidad, mientras la otra seguía jugueteando con su pecho por encima de la ropa.

Kohaku tuvo que morder su labio para contener el gemido.

—No… —le reclamó el científico con voz ronca—. Hoy tienes prohibido ahogar tus gemidos. —Comenzó a acariciar el clítoris con sus dedos encima de la ropa, de forma sutil, mientras ella arqueaba su espalda sin pensarlo demasiado.

Adoraba verla con el uniforme de la preparatoria y sinceramente no quería quitárselo, al menos no en ese momento, sino que se limitó a quitarle sus bragas rápidamente con una mano y volver nuevamente a atender su intimidad.

Los genitales de Kohaku le encantaban, siempre mantenían una cálida temperatura que hacía que Senku deseara introducir su pene sin ningún preámbulo, pero al mismo tiempo disfrutaba sacándole todos los orgasmos posibles y ese día no sería la excepción.

Pasó sus dedos por el clítoris de la rubia en un jugueteo delicado, sutil, tan delicioso para él como notoriamente lo era para ella, un movimiento circular. Ella gimió más, no podía contener el placer y él lo sabía. Senku sonrió con arrogancia y decidió meter sus dedos en esa húmeda y caliente vagina, uno por uno, hasta tener tres dedos en su interior.

Estaba demasiado lubricada, le encantaba hacer ese movimiento dentro de ella y escuchar sus gemidos, todo esto sin dejar de apretar su pecho, jugando con su pezón simultáneamente. Era una delicia para él, y su pene estaba demasiado duro con solo ver cómo Kohaku disfrutaba de lo que él estaba haciendo.

Para el disfrute de Senku, Kohaku gimió de forma armoniosa para sus oídos cada vez que se movía dentro de ella, adoraba esa parte de ella, incluso se arriesgaría a jurar que podría oír los gemidos de ella todo el día sin cansarse.

—Estás demasiado húmeda, leona traviesa… se ve que quieres más de esto —se burló él, con una sonrisa divertida—. Pero…

Saco con lentitud sus dedos de la deseosa feminidad de Kohaku, arrancándole un gruñido que denotaba molestia.

—¿Q-q-qué haces, escoria? —Ella jadeaba, aunque aún se sentía la molestia en su voz, había logrado llevarla al punto de la desesperación, ese punto donde ella solía pedir más.

—Quizás tengas razón, deberíamos tomarnos nuestro tiempo… —soltó Senku en tono burlón mientras relamía los dedos que habían estado dentro de Kohaku.

Era delicioso el sabor de su flujo vaginal, le encantaba cómo quedaban empapados sus dedos después de estar dentro de ella.

—Eres un asqueroso. —A pesar del insulto, la voz de ella era de deseo, le encantaba, ella disfrutaba de verlo hacer eso tanto como él disfrutaba de pasar su lengua por esos fluidos que quedaban residuales entre sus dedos—. Continua —sentenció dominante.

Senku, sin mediar palabra, se acomodó para poder meter su cara debajo de la falda de la chica. Ella iba a protestar, pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo cuando el científico empezó a lamerla de forma sutil, sobre los labios de su feminidad, pasando luego a succionar su clítoris, ¡y vaya que le encantaba!

Él adoraba cada centímetro del cuerpo de ella, pero su preferencia por el área genital era innegable. Y lo mejor de todo era que ella estaba realmente húmeda, tanto que sentía que, si introducía su pene en ese momento dentro de ella, terminaría demasiado rápido, y él no iba a permitir que eso sucediera.

Tomó sus piernas para envolverlas alrededor de su cuello, mientras la rubia arqueaba la espalda nuevamente e incrustaba sus uñas en su cuero cabelludo. Le encantaba cuando su fiera leona desataba sus más oscuros instintos para llevarlo al borde del placer a él también.

—Leona, vas a matarme —balbuceó como pudo, casi sin despegarse de la intimidad de ella, mientras ella aplicaba más fuerza para hundir su cara en esa región tan sensible, haciéndolo llevar su lengua a la húmeda y deliciosa vagina que tenía frente a él.

Recorrió las paredes con su lengua, sacándole nuevos gemidos, notando cuán placentero parecía ser para ella.

"No me quejo para nada" —pensó en medio de su satisfacción, aumentando el ritmo con el que lamía cada parte de su vulva, para luego combinar el trabajo realizado con sus dedos en el interior de su vagina y con su boca succionando deliciosamente el clítoris y así arrancarle aquellos sonoros gemidos que tanto adoraba.

Ella dejó escapar un gemido realmente fuerte, que Senku fácilmente podría haber pensado que podría escucharse en toda la casa (por suerte no había nadie).

El joven científico pudo sentir cómo el orgasmo de ella atrapó sus dedos y le dedicó una sonrisa de satisfacción, mientras ella jadeaba e intentaba acompasar su respiración para volver a hablar.

—Más… más… por favor —expresó Kohaku al aire, mientras liberaba la cabeza de Senku.

El susodicho sacó la cabeza de la falda de Kohaku, levantándose sobre ella con una sonrisa ladina y una notoria erección en sus pantalones.

—Tranquila… —Hizo una pausa mientras desabotonó la camisa de ella, quitando con habilidad aquel sostén que había sacado ya miles de veces antes, y, sin tanto preámbulo, comenzó a lamer sus pezones con devoción, le encantaba cada parte de ella—. Te arrancare todos los orgasmos que desee este día —le habló él con arrogancia, mostrándole una sonrisa ladina, antes de seguir con su labor.

A la par de la estimulación que hacía en sus pechos, comenzó a frotar el bulto que apretaba cada vez más en sus pantalones.

Después de un momento, abandonó las succiones que estaba realizando en sus pezones para trazar un camino de deleite, llegando así a la boca de la rubia, quien parecía rogar por más, incluso aunque no había hecho ningún otro comentario.

Las lenguas de ambos parecían bailar a un compás que solo ellos conocían, y realmente Senku no podía negar que adoraba dominar y sentir en sus brazos a una chica por la cual todos en su club babeaban.

Bajó la cremallera de su pantalón, sacando su miembro totalmente erecto, reconociendo que la erección reprimida por tanto tiempo había llegado a sentirse realmente insoportable. Kohaku, al verlo, lo tomó sin chistar, alineándolo con su intimidad con desesperación.

Era evidente para Senku que ella quería pasar a la acción de una vez y, sin importarle más los preámbulos, la embistió con fuerza (o al menos con la fuerza que un debilucho como él podía alcanzar).

Entrar dentro de ella era demasiado delicioso, las paredes vaginales presionaban de una manera que en su mente tenía que buscar alguna distracción que limitara lo placentero. Húmeda, caliente y apretada, era la descripción que Senku podía dar a la vagina de la hermosa rubia frente a él, quien parecía que con el vaivén de los movimientos realizados por él se ponía mucho más húmeda.

Kohaku arqueó la espalda mientras se dejaba llevar por el placer y empezó a acompañar los movimientos de Senku de una forma que resultaba realmente deliciosa, haciendo movimientos circulares mientras su pene permanecía en el interior.

No podía dejarse llevar, no debía ser tan débil, incluso aunque la vagina de ella pareciera jugar estratégicamente con su pene, con los movimientos adecuados para hacerlo sentir un placer irracional, pero él tenía que aguantar hasta el final, y continuó moviéndose mientras en su mente resolvía ecuaciones diferenciales para alargar su duración.

Kohaku tomó por los hombros a Senku para atraerlo hacia ella y abrazarlo, a la par que Senku se movía para embestirla, un poco más lenta y sensualmente, cambiando el ritmo para ayudarse a sí mismo.

Hasta que ella no alcanzara otro orgasmo, él no podía permitirse a sí mismo correrse.

El ritmo lento pareció exasperar a la rubia, quien ya no soportó más y utilizó su fuerza para invertir las posiciones, haciendo que Senku quedara debajo de ella y empezó a subir y bajar encima de él.

Además, Kohaku arrancó partes de la camisa del joven científico, para dejar su abdomen y pecho al descubierto, arañando la zona, y marcándolo. Parecía no importarle en lo más mínimo dejarle marcas en ese momento y eso por fin lo ayudó a centrarse un poco más y poder decir algo.

—Eres una leona absurda —comentó él entre jadeos.

Ella seguía moviéndose, subiendo y bajando, zarandeándose de todas las formas posibles y llevando a Senku a la desesperación. Sentía como si su pene estuviera a punto de estallar, pero no podía permitirse correrse tan rápido.

—Eres… ah… m-m… ah… mío… ah —habló ella entre gemidos, recostándose en el pecho de él, y luego besándole el cuello mientras seguía moviendo sus caderas sin cesar, buscando más de su "primo".

Esas palabras fueron suficientes para que el autocontrol de Senku se fuera de sabático, haciéndolo correrse dentro de ella sin pensarlo demasiado, esas caderas eran excelsas, esa vagina era una delicia total.

Sin embargo, él no pensaba desaprovechar el resto del día… y rápidamente volvió a besarla y estimularla, para volver a su erección y continuar penetrándola todo el tiempo que fuese posible.

Así fue como siguieron sin parar por varias horas, dejando salir toda esa energía sexual adolescente, lo que le permitió a Senku arrancarle cada orgasmo que pudo a su leona y, por supuesto, ella replicar lo mismo para llevarlo al máximo punto de desesperación y deseo.

Mientras las horas pasaban, solo querían consumir aquel deseo que tanto los quemaba desde aquella primera vez, pero esta vez realmente enloquecidos, haciéndolo en casi todos los rincones de la casa.

En una de las últimas oportunidades que tuvieron ese día, después de hacerlo en la lavandería de la casa, el cansancio les llegó y terminaron en el suelo de aquel lugar, Senku aún dentro de ella, abrazándola a la espera de recuperar sus energías.

No obstante, en ese momento un grito proveniente de la entrada de la lavandería los hizo voltear, encontrándose con Ruri que los miraba con las manos en la boca.

—¿Qué es esto? —les gritó Ruri impactada.

—Calma… puedo explicarlo —aseguró Kohaku, mientras tapaba a ambos con una toalla que tenían cerca.

—Ustedes… bueno… eso… ustedes… ya saben… —Ruri estaba realmente sorprendida y sonrojada, lo que la hizo voltearse y retirarse de la lavandería—. M-mejor ha-hablamos en la sala…

Después de decir esas palabras, la mayor de las rubias se retiró, por lo que Kohaku no tuvo más remedio que levantarse y Senku la miró con fastidio.

—Te lo encargo, leona —expresó él, mientras se rascaba el oído con el meñique, antes de ir posteriormente a bañarse.

Lo dejaría en manos de Kohaku, quien sabría lidiar mejor con su hermana.

¡Y eso es todo! ¡Espero que les estén gustando mis aportes para la Semana SenHaku del grupo Senku & Kohaku! Esta historia tiene una dedicación especial para Celeste Kaomy, porque bueno, ella sabe que le prometí tres historias +18 y esta es una de las tres, la del AU de Trenza del Mar Esmeralda fue la primera. ¡Ya solamente falta 1 más y termino la cuota de las historias +18!

Y bueno, como saben, los personajes de Dr. Stone no me pertenecen, sino a Inagaki y Boichi, pero los utilizo para traerles estas hermosas historias.

Espero que a todos les guste y puedan dejarme comentarios, que me motivan a seguir escribiendo.

¡Los amo mucho!