PRÓLOGO
Dieciséis años atrás...
Rachel Julie Russo, desde que tenía uso de razón, amaba el mes de noviembre, pues era cuando las tardes se volvían tan agradables y acogedoras, y los paisajes de Vermont, se teñían de un apantallante marrón, creando así, un verdadero espectáculo visual. Las hojas de los árboles mutaban a varios tonos cálidos; el rojo, naranja y amarillo eran los que predominaban. El aire, se impregnaba con ese aroma característico de tierra húmeda; inclusive, se podía percibir las dulces fragancias asociadas a las cosechas: de las manzanas, las calabazas, y especias, como lo eran la canela y el cardamomo. No obstante, lo que más la enloquecía, era que a medida que el follaje caía, se creaba un tapiz crujiente bajo sus pies, y los vientos suaves le susurraban cánticos a través de sus ramas desnudas.
Sin embargo, no fue así este martes 25, porque el ambiente, como si, se tratase de un presagio, le estaba advirtiendo que algo distinto sucedería. El día había amanecido nublado, y la sexy climatóloga del noticiero de Univisión Vermont, había pronosticado que, en cualquier hora de la noche, caería una gran tormenta proveniente de un frente frío del océano atlántico; pese a ello, no fue un impedimento para que Rachel caminase por la calle con un gorro sobre su cabeza, en sus audífonos se reprodujese: "Time Keeper" de Grace Potter y llevara las manos dentro de los bolsillos de su abrigo. Por supuesto que no, jamás se permitiría llegar tarde a cualquier cita que tuviera así se cayera el cielo sobre de ella.
"No puedo creer cuánto tiempo ha pasado,
Guardián del Tiempo.
Desearía poder empezar de nuevo.
Soy demasiado joven,
Para sentirme así."
Rachel estaba en una época difícil de su vida. Estaba lidiando con la pérdida inesperada de un ser tan querido como lo había sido la de su exnovio, Allan Prescott, el líder del equipo de fútbol. Sentía un enorme dolor dentro de su corazón por su partida un año atrás. Había sido su compañero por tres largos años, hasta que ambos, habían tomado caminos distintos. Él prefería la tranquilidad y simpleza de su pueblo, y ella, lo complicado y caótico que era Nueva York. Su recuerdo, y el hecho de que sus madres viviesen allí, habían sido el mejor pretexto para visitar su añorada niñez. Así que, acompañada por Troy y de Salma, sus compañeros de apartamento, hizo el viaje de Manhattan a Montpellier.
Estando allí, los mejores amigos de Allan le argumentaron que querían reencontrarse y pasar una agradable velada post Día de Acción de Gracias para homenajearlo. Y habían logrado su cometido, convencerla a pesar de tener una agenda no muy accesible por culpa de su trabajo como protagonista del musical: "Moulin Rouge". Hoy, ninguno de ellos, estaban dispuestos a tirarle pintura verde sobre su rostro, convirtiéndola así, en Elphaba, como el personaje del que se había obsesionado toda su vida. Ya no les importaba que la chica irritante con aires de grandeza se uniese a ellos. Había pasado de ser la más acosada, a ser la más admirada por ser una celebridad. Ya la reconocían en todo el pueblo, por ello, debería verse como toda una diva y caminar con la frente en alto. Había conseguido la meta de llegar a su Olimpo, a su Oasis llamado Broadway, donde estaba a punto de ganar su primer Tony.
Las cosas tenían que cambiar, por lo menos, hacia su persona. Por eso inhaló, y haciendo gala de su seguridad y orgullo, tocó la puerta de la casa de Salma. Quien le abrió fue su madre, Paula Rodríguez, recibiéndola con un dulce abrazo. Muchas fueron las veces que Paula los había ido a visitar a Nueva York, que incluso, a ella y a Troy ya los veía también como parte de su familia.
Al entrar, al primero que vio entre las luces estrambóticas fue a Christian Freedman, el chico más popular de su generación y mejor amigo de Allan; mantenía una entretenida charla con Liam y Lucas, seguramente sobre qué equipo ganaría el Super Bowl. Willow, Katherine y Elena estaban bailando en el centro de la sala: "My Humps" de Black Eyed Peas, mientras se ponían al tanto de todo lo que habían hecho en esos dos años que habían salido del instituto. Salma y Allison estaban dirigiéndose apenas la palabra; a pesar de que las chicas habían sido novias en el pasado, actualmente parecían odiarse, la distancia había sido el principal problema para su separación. Allison cursaba Arquitectura en Stanford, y Salma, Negocios, en la Universidad de Nueva York.
Por último, y no menos importante, estaba Anne Caroline Spencer, la capitana de porristas que la había atormentado la mayor parte de su estadía en la preparatoria. Y aunque en el último ciclo escolar ambas supieron solucionar sus conflictos, jamás habían sido las más unidas, lo habían sido exclusivamente por ser vecinas y su disputa por ser la pareja de Allan, pero nada más, jamás se había abierto lo suficiente con ella. Rachel, durante varios años había buscado desesperadamente ser su amiga, pero nunca lo había conseguido. Si bien creyó que la estudiante de actuación de Harvard no se uniría a todos ellos por su falta de interés por relacionarse con su pasado, y en especial con ella, estaba allí, acompañada de un chico con un semblante serio y con un sutil aire de elegancia. Ambos, estaban bebiendo una copa de vino enfrente de la puerta de vidrio que daba al jardín trasero.
—Anne… —musitó con extrañeza cuando la capitana le sonrió, sin embargo, no le dio la suficiente importancia al hecho y siguió su camino hasta Troy. Él era con el único que se sentía en confianza en ese lugar, y no era para menos, al igual que ella, había sufrido el acoso de todos los que estaban en la fiesta por culpa de su preferencia sexual. Rachel y él por fin habían encontrado su lugar seguro en Nueva York. Allí nadie los había molestado o destruido su confianza; la ciudad se había convertido en su verdadero hogar. El chico había decidido estudiar periodismo en la misma universidad que Salma.
—Por fin llegaste, ya me había aburrido de ser el único en armonizar este lugar… —él y su novio, estaban sentados sobre un improvisado escenario—. Por favor, por favor, Rach, debes de unirte a Joe y a mí.
—Yo… verás… Troy, sigo cansada del viaje y debo cuidar mi voz porque debo de regresar para el jueves a la función de Acción de Gracias —respondió sin muchos ánimos—. ¿Por qué no se lo pides a Salma?
—Satanás se la ha pasado ignorándome —hizo una mueca de molestia—. Ya sabes que, en Vermont, es una persona totalmente diferente a la de Nueva York, y si estoy aquí, es solo por ti. Vamos, amiga, tenemos que hacerlo y redimirnos ante todos estos fracasados. Quedamos que los dejaríamos con la boca abierta, ¿te acuerdas? Así como lo hicimos en el Ellen's Stardust Diner —la sacudió por los hombros.
—Olvídalo, Troy, a nadie le interesa el que yo…
—A mí me interesa escucharte, Rachel… —alguien los interrumpió a la distancia.
—¿Anne? —ambos giraron el rostro con incredulidad en la dirección de donde procedía la voz. Esperaron cualquier palabra ofensiva de su parte, pero no fue así, allí estaba ella con una gran sonrisa —. ¿Realmente quieres que cante?
—Lo cierto es que sí… sí que quiero —se encogió de hombros—. Ya estoy fastidiada de los berridos de esos dos.
—¿Berridos? Mira intento de Regina George, si crees que puedes seguir maltratándonos como cuando compartíamos clases, estás muy equivocada…
—Cálmate, Troy —Rachel intercedió.
—Nada de Troy, ella no puede seguir torturándonos…
—¿Qué te sucede, Anne? —lo silenció con un movimiento de mano—. Es muy chocante que seas específicamente tú, quien me pida esto, no es normal, porque si no mal recuerdo, yo te desagrado.
—No me sucede nada, solo deseo oír a alguien que cante de manera decente. ¿Tan difícil es de entender? Deja de sobre pensar las cosas como siempre lo haces… —Anne puso los ojos en blanco.
—Rachel… —insistió el chico, pero la morena le cubrió la boca con su dedo índice.
—De acuerdo… —frunció sus labios, no muy convencida de su respuesta—. ¿Deseas que cante alguna en específico?
—Mmm… "On My Own" de Les Miserables, ¿podrías complacerme con ella?
—Ok, déjame ver qué puedo hacer.
—Perfecto —en Anne se reflejaba una gran sonrisa.
—¿De verdad que piensas condescender? Rachel, esto no me huele bien, seguramente es otro frívolo plan de su parte… —Troy susurró.
—Lo sé, pero me siento realmente curiosa de averiguar qué es lo que quiere en realidad. Anda, pon la pista —respondió de la misma manera.
—¡Agh! ¿Dónde está Salma cuando más la necesitamos? —soltó un sonoro suspiro e hizo caso a la petición.
—¿Qué es lo que te pasa? Tú nunca me has mirado así —se dijo a si misma mientras analizaba el semblante de Anne, quien no había dejado de sonreírle en todo momento.
—¿Lista? —Troy le preguntó.
—Lista —le levantó el pulgar a modo de aprobación.
"Por mi cuenta, finjo que él está a mi lado.
A solas, camino con él hasta que amanece.
Sin él, siento que sus brazos me rodean.
Y cuando me pierdo, cierro los ojos y ella me ha encontrado."
Las deliciosas notas de la canción fueron acompañadas de su bien educada y madura voz. Todos esos años de ensayos en Broadway, habían dado excelentes frutos.
—Vaya, Anne… Esa tal Rachel sí que es tan talentosa como me lo advertiste, no estabas exagerando —su acompañante le musitó al oído. Stephen estaba igualmente encantado como ella lo estaba.
—Lo es, sí… siempre lo ha sido —sonrió con la copa entre sus labios.
—Pues, deberíamos llevarla a alguna de las cenas de beneficencia de mis padres. Les encantará, te lo aseguro —le acarició con suavidad su hombro.
"Cuando llueve, todas las luces se empañan en el río.
En la oscuridad, los árboles están llenos de luz de estrellas.
Y todo lo que veo es a ella y a mí por siempre y para siempre."
Ambas miradas se encontraron directamente al llegar a esa parte de la canción. Anne la contemplaba con un brillo especial en sus ojos; ya no era con esa superioridad y altanería que la caracterizaba. Y Rachel, estaba cambiando parte de lo que decía la letra por culpa de la adorable sonrisa que le estaban obsequiando; por primera vez en su vida, sentía nervios arriba de un escenario.
"Y sé que sólo está en mi mente,
Que estoy hablando conmigo misma y no con ella.
Y aunque sé que ella es ciega, todavía pienso,
Que hay un camino para nosotras."
—Ahora vuelvo, iré a hablar con ella, necesito confesárselo y dejar de ser una cobarde —Anne sirvió otra copa de vino decidida a hacérsela llegar personalmente, pues su voz, como si fuera canto de sirena, era la culpable de que estuviese perdiendo la cabeza.
—¿Estás segura de que puedes lidiar con esto? ¿Por fin llegó el día? —Stephen preguntó con preocupación.
—Eso espero…
—¿Por qué dices que eso esperas? ¿Hay algo que te detenga?
—Hoy mismo… ya nada. Él ya no está.
—Entonces, ¿qué esperas? Ve a por ella —la alentó.
—Tienes razón, llevo mucho tiempo esperando por este momento —soltó un gran suspiro y se trasladó hasta el escenario. Rachel por fin había terminado de interpretar su canción favorita.
—No puedo creer que la "abeja reina" te haya pedido que cantaras… —Troy le dijo a la morena, mientras ella observaba con atención las acciones de Anne—. Lo cierto es que yo no me creo su repentino cambio de actitud… algo oculta. Y lo averiguaré antes de que acabe la noche, te lo prometo.
—O es que simplemente se cansó de ser esa horrible persona… —rodó con nerviosismo el anillo de su dedo anular—. ¿Sabes? La noto un tanto diferente. ¿La viste sonreírme en toda la canción? Ella nunca lo había hecho antes.
—Mmm, sí, pude percatarme de ello… fue bastante extraño —ambos advirtieron el cómo los demás chicos se abrían paso ante ella, como si del mar rojo se tratase, como si siguieran en los pasillos del instituto y ella fuera parte de la realeza. Anne no solo caminaba como una mortal, sino flotaba como una diosa por la elegancia en cómo lo hacía—. Sin embargo, ten cuidado, Rach, Anne Spencer puede que luzca más amable, pero te recuerdo que fue una verdadera perra con nosotros y no quiero que te lastime una vez más.
—No puede herirme más de lo que ya estoy.
—De igual modo, por cualquier cosa, estaré espiándolas por si necesitas algo —le dejó un tierno abrazo y se unió a su novio en la mesa de las bebidas.
—Hola, Rachel.
—Hola, Anne.
—Yo, mmm… ¿Puedo? —no sabía cómo es que debía saludarla, pero Rachel se lo hizo más fácil, al dejarle un suave beso en la mejilla.
—¿Te gustó? ¿Estuve a la altura de tus… expectativas? —se mordió el labio con nerviosismo.
—¿Me gustó? —preguntó confundida.
—La canción… —susurró.
—Ah, sí… Fue lindo… Y sí, siempre has estado a la altura de mis expectativas —le entregó la bebida dejando con sutileza una caricia en sus dedos, cosa que no le molestó a Rachel, ni pasó desapercibido para Troy, quien seguía con curiosidad la charla entre ambas chicas—. ¿Te sientes mejor? De, lo de … ya sabes —se aclaró la garganta con una bocanada de vino al ver a Rachel removerse incómoda en su lugar —. Yo, eh… lo siento, no debí ser así de entrometida.
—No, no te preocupes —se abrazó a sí misma.
—Claro que sí me preocupo, he sido un poco impertinente y desconsiderada al respecto.
—Ya, no tienes que estarte disculpando… no es nada, solo que aún me toma por sorpresa cuando me preguntan específicamente sobre eso.
—Comprendo.
—Y sí, sí me encuentro mejor que hace unos meses atrás.
—Me alegro por ello —le acarició el hombro con suavidad.
—¿Y tú? ¿Cómo estás? ¿Todo bien? No he sabido de ti desde que me fui a Londres —se acercó aún más a ella, para así, poder escuchar a través de la fuerte música que había retornado a la fiesta. Estuvieron tan próximas, que Anne pudo sentir el ligero contacto de las manos de Rachel chocar con sus brazos.
—Un poco ocupada con los exámenes finales, pero fuera de eso, pues sí, sí que lo estoy.
—Eso es genial, también me alegro por ti, Anne —tomó de su copa.
—Sé que dejaste la universidad y preferiste cumplir tu sueño de estar en Broadway.
—¿Cómo lo averiguaste? —curioseó.
—Allan… él me lo dijo. Aunque no lo creas, seguíamos teniendo contacto… como amigos —remarcó la última parte.
—Oh, vaya, eso sí que no lo sabía… Y sí, ya me sentía lista para ello, y no me arrepiento, es lo mejor que pude hacer.
—Y sé que seguramente estás maravillosa en la obra… fue una lástima que no pudiera acudir a tu estreno. ¿Te llegaron mis flores?
—Gardenias… —lo recordó con una sonrisa—. Y sí, me las hizo llegar Salma.
—Qué bien —frunció su nariz—. Bueno, tendrás que regalarme una entrada y con gusto estaré allí cuando se termine el ciclo escolar. Es una promesa.
—Por supuesto, te guardaré un asiento hasta enfrente —bajó la mirada, Anne era más intimidante en la cercanía. ¿Desde cuándo se había vuelto tan atractiva? ¿Lo era por su nueva manera tan refinada al expresarse?
—No te escondas de mí, Rachel… no tienes por qué temerme —le levantó la barbilla con delicadeza.
—Bueno, es que es tan extraño lo diferente que estás siendo conmigo, que no sé si debo esperar alguno de tus ataques.
—No… esta vez no tienes que esperar por alguno de ellos, te lo prometo.
—Ok… creo que tu estadía en Harvard te hizo bastante bien… y amm… También luces un tanto diferente —otro trago a su copa.
—¿Tú crees? ¿Qué ves diferente en mí? —cuestionó con curiosidad.
—Ajam, te ves más relajada, inclusive, cambiaste tu forma de vestir… eres un poco, ¿cómo decirlo? ¿esnob?
—Vaya… ¿Rachel Russo diciéndome esnob? ¿Es queja? —levantó su ceja izquierda.
—¡No! ¡Por supuesto que no! No es queja… lo que quiero decir es que luces, no sé… ¿más interesante?
—¿Interesante? ¿Antes no lo era? Vaya, Rachel, ahora no sé cómo saldrás de esta —fingió sentirse molesta.
—¡Dios, no! No quise decir que antes no lo fueras… porque claro que lo eras… y no solo eso… por supuesto es que siempre he creído que eres hermosísima y así —dijo con su acostumbrada verborrea.
—Ok, te perdono porque me dijiste hermosísima, y sabes que me encanta que me elogien, eso no ha cambiado en mí —soltó una gran carcajada contagiando a Rachel de ella—. Y ya está, te doy mi palabra de que estaré allí en tu obra para aplaudirte como tu fan número uno.
—¿Mi fan número uno? —preguntó con asombro.
—Por supuesto, siempre lo he sido, incluso más que Allan…
—Oh, no, no lo puedes hacer quedar mal ahora que no está para defenderse.
—Claro que puedo, porque sé que lo hace desde ese hermoso lugar que se encuentra —ambas sonrieron por su recuerdo—. ¿Sabes? A veces lo siento, a veces creo que está a mi lado cuando me rio hasta llorar o cuando escucho cualquier canción de U2.
—Yo también lo siento… lo siento cuidándome en cualquier lado al que voy —se aprisionó el pecho con una tierna sonrisa.
—Pues bien, brindemos por él y porque: "Fuiste la estrella de Vermont, eres la estrella de Broadway y próximamente serás la más grande estrella que haya existido en el mundo" —le mostró su copa, y Rachel chocó la suya.
—¿Y tú? ¿Qué piensas hacer cuando termines de estudiar?
—Aun no lo sé… no soy como tú, mi voz no encaja con los musicales.
—Pero es que no necesariamente tienes que ir a Broadway como yo. Veamos… —puso el dedo índice en su barbilla—. Yo te veo en una ciudad más europea… no sé… algo así como Cannes. O podrías ser una actriz de Hollywoood y trabajar para Sophia Coppola, Guy Ritchie, Gaspar Noe o con David Lynch.
—Oh, no… no… no creo llegar hasta allí —dijo con nerviosismo y se tomó lo último que sobraba de su copa.
—¿Por qué no? Con tus créditos de estudiar en esa imponente universidad y ese perfil de Grace Kelly, por supuesto que lo lograrías, es la combinación perfecta. Solo confía en ti.
—Yo no aspiro a mucho, Rachel. Yo no tengo la misma ambición que tú, ni soy igual de talentosa, y seguramente el papel que me darían, sería como lo que fui aquí en Vermont, de porrista o de un papel secundario.
—No digas eso… eres mucho más que ello. Siempre he creído en ti. Y si necesitas ayuda, podría hablar con mi representante para que…
—No te preocupes, Rach. No es necesario —la morena sonrió por cómo la había llamado, jamás en la estadía en el instituto lo había hecho de esa manera tan tierna.
—Por mí no hay ningún problema… Si puedo ser de ayuda, lo haré… no me cuesta nada el proporcionarte mis contactos…
—Gracias, Rachel —la interrumpió. Anne se sentía terriblemente mal por haberla abandonado en uno de los peores momentos por los que había pasado, y se lo estaba haciendo más difícil, ahora que le estaba ofreciendo su ayuda—. De verdad lo siento por no venir cuando eso pasó… De verdad deseaba estar allí, pero…
—No, no te preocupes. Sé que no pudiste venir. Entiendo que estuvieses ocupada.
—No es que no me importase Allan o que estuviera ocupada, solo que… —soltó un gran suspiro.
—No te sientas mal, no pudiste venir y ya está —hizo un aspaviento con su mano.
—Rachel, déjame continuar, por favor, sino no podré decir lo que tengo que decirte —le acarició dulcemente la mejilla—. Es que yo… —se acercó a centímetros de su rostro.
—¿Sí? —se colocó un mechón de cabello detrás de su oreja y la invitó a que continuara, muy dentro de ella sabía lo que sucedería con esa acción de Anne y no fue capaz de detenerla, sin embargo, alguien más las interrumpió.
Anne soltó un bufido con cansancio al ser partícipe de como Salma tomaba del brazo a Rachel y la separaba de ella.
—Por fin llegas, Russo… tienes que ayudarme con… Allison… con eso que dijimos… en… Nueva York —Salma, a diferencia de Anne, ya tenía el suficiente alcohol dentro de su organismo, que le dificultaba su hablar.
—Estoy ocupada ahora mismo, Salma. Estoy hablando de algo importante con ella —tomó la mano de Anne.
—Anda ya, deja de coquetear con Spencer. Esto es más importante que cualquier cosa que esa rubia tonta tenga por decirte —la arrastró con ella hasta el otro lado de la habitación.
—Lo siento… —fue lo último que Anne pudo leer de los labios de Rachel antes de perderse entre los demás.
—¿Sí es ella verdad? —Stephen musitó a sus espaldas.
—Lo es… y espero que lo sea para siempre —sonrió con ternura.
—Pude notarlo… eres muy obvia.
—Solo que he sido una verdadera estúpida con ella durante tanto tiempo… y ahora que estaba tratando de hacérselo saber, mi entrometida amiga se atravesó.
—Bueno, ya tendrás más noche para ello.
—Supongo… —soltó un fuerte suspiro—. Anda, vamos, antes de que Salma se me adelante y Rachel queme la casa —se dispusieron a llegar hasta donde estaban la mayoría de los presentes.
—Oigan, cállense todos, ya me aburrieron… —Salma bajó el volumen de la música e inició con su plan—. Es momento de jugar: "Verdad o Reto".
—Vaya, hasta que por fin alguien se decide hacer cosas más divertidas, esto parecía más un velorio y no una fiesta. Allan estaría bastante avergonzado de todos nosotros — Christian agregó con la aprobación de todos los demás.
—Salma… no estás muy bien —Rachel le susurró—. Pienso que deberías pensarlo mejor.
—Cállate, Gizmo. Deja de entrometerte, yo sé lo que hago —la interrumpió—. Todos, vamos, hagan un círculo… y sí, también te lo estoy diciendo a ti, Spencer, es hora de que tu noviecito estirado conviva —Anne frunció el ceño, ella no estaba deseosa de participar en ese juego que sabía a la perfección terminaría mal, sin embargo, se unió por la insistencia de Stephen de conocerlos mejor.
Todos se sentaron en la gran sala como lo había ordenado Salma. Christian, Allison, Rachel, Katherine, Liam, Willow, Elena, Troy, Joe, Salma, Anne y Stephen, ese era el orden que se habían acomodado.
—Y tú, chico bonito de Bastan, ¿cómo te llamas? —Willow le preguntó imitando el acento del lugar.
Rachel no dejó de analizar con detenimiento las expresiones de Stephen.
¿Quién era en realidad ese misterioso chico? ¿Era realmente el novio de Anne?
—Me llamo Stephen… Stephen Lockwood y me encanta conocer a sus mejores amigos —la chica de ascendencia afroamericana le ofreció su mano a modo de saludo—. Ya le había comunicado mis intenciones de conocerlos, pero todo este tiempo se había negado —Anne le dejó un sutil golpe en el brazo—. ¿Podrían contarme un poco cómo era ella aquí?
—Pues… era un poco egoísta y manipuladora, que incluso, peleó de muchas maneras distintas con Rachel por el amor de su exnovio muerto, no obstante, todo fue un momento de arrebato para continuar siendo la más popular —Salma la describió sin un poco de empatía.
—Vaya, eso sí no me lo esperaba —extrañado, frunció el ceño—. En Harvard ha sido completamente distinta.
—¿Salma qué tratas de lograr? —Anne le susurró con molestia.
—¿Yo? Nada… Solamente unir a tu amiguito.
—¡Claro! Unirlo… Déjate de tus tonterías, la última vez quedamos en algo.
—Ya, ya, ya… a lo que estábamos —hizo un aspaviento con la mano—. Ahora que por fin ya todos nos conocemos, ¿podemos iniciar por fin con el juego? —mostró la botella de vino que se había encargado de terminar ella misma.
—¿Cuáles son las reglas? —Elena preguntó con interés.
—¿Eres una rubia tonta, acaso? Todos ya las saben, o respondes o te ponemos un divertido y humillante reto.
—¿Y quién va a empezar? —Allison medió.
—Yo, me muero porque me tenga que besar con alguna de ustedes —Christian le arrebató la botella y la hizo girar.
Al inicio estaba siendo divertido, las preguntas no habían sido subidas de tono ni habían sido incómodas, hasta que, como lo había advertido el "Tight end", ya se había besado con Allison y con Katherine, poniendo así, celosa a Salma, la cual, decidió empezar a atacar a los demás. Esa era parte de su ácida personalidad cuando no obtenía lo que quería.
—¿Por qué no viniste el día que pasó eso con Allan, Spencer? ¿Por qué abandonaste a Rachel? —los demás presentes observaron con curiosidad a Anne.
—Estuve ocupada… y ya deja de ser tan intensa conmigo, estás comenzando a hartarme.
—¿Tan ocupada que no pudiste pararte por aquí? ¿Tan poco te importó que nuestro mejor amigo se fuera para nunca más volver? Pensé que tenías un poco de corazón —siguió con el ataque.
—¿Qué? ¿De verdad vamos a discutir por eso? —bufó con cansancio.
—Pues sí. Por supuesto que sí… porque no acepto la respuesta de que no te importamos ni un poco por estar jugando en alguna de esas clasistas fraternidades, te conozco más de lo que crees.
—¡Basta! No te permito que des por hecho cosas que son completamente falsas. Además, a la única que le debo una explicación es a ella —observó de reojo a Rachel—. Y ya deja de meterte en asuntos que no te competen. Ese asunto es entre ella y yo.
—Yo me meto en lo que yo quiera y más si se trata de Russo —la señaló con el dedo.
—Ya, dejen de pelear, esto estaba siendo divertido, pero ambas se están encargando de arruinarlo —Allison era la única que podía detener la furia de Salma y así lo hizo—. Anda, Rach, es tu turno, gira la botella.
Y como si algo más le faltara a Anne, una vez más la botella se había detenido entre ella y Troy. No sabía lo que se le vendría por culpa de la curiosidad del periodista, y de su ADN en la búsqueda de la información de primera mano.
—¿Verdad o reto?
—Reto —respondió contundente. No quería más preguntas incómodas.
—Tú y Rachel tienen que meterse a ese closet por cinco minutos… —soltó con valentía. El chico había sido participe de la extraña conversación que ella y Rachel habían mantenido y eso lo había dejado realmente interesado. Creía saber lo que Anne ocultaba con tanto recelo gracias a su gaydar, y ahora, solo le faltaba confirmarlo. Se moría por conocer la verdad.
—No, Troy… por favor —Rachel suplicó al descubrir el semblante serio por parte de la capitana.
—Sexy… Dos chicas que siguen en el closet… —Christian intervino frotándose las manos.
—Cállate, cerdo… —Anne puso los ojos en blanco—. Y no, no lo acepto, quiero que sea otro reto.
—Es eso, o tienes que responder a una jugosa pregunta —reformuló con perspicacia dejándola sin opción alguna.
—¿Cuál pregunta? —se masajeó la frente.
—¿Es cierto que una chica de aquí te parece lo suficientemente sexy para querer besarla?
Salma y Anne se vieron directamente a los ojos por unos cuantos segundos; ambas se habían prometido que jamás lo revelarían. Sin embargo, ¿Troy también lo había descubierto? ¿Habían sido tan obvias sus acciones para con Rachel que el chico lo había notado?
—《 ¿A Anne le gusta una chica de aquí? Nah, no puedo creerlo… A ella siempre le han ido los chicos, incluso, peleó conmigo por Allan. ¿O es que en Harvard se ha sentido más libre y por eso su cambio de actitud? Y es que hace 30 minutos antes ¿quería besarme? Nah, imposible, solo estaba siendo amable y quería que escuchara mejor su respuesta. ¿Le gusta Salma? Sí, debe de ser ella, no creo que le guste Elena, bueno, Elena también es sumamente bonita… No, no… no creo, sí, es Salma… pero ¿Por qué no me lo contó en Nueva York? ¿Es la verdadera razón que terminara con Allison? ¿Anne? —Rachel observó con atención a la rubia y a Salma. La única chica de la que podría referirse Troy era la colombiana, posiblemente esa era la razón por la que las había separado minutos atrás y era lo que las tenía peleando. Y no supo por qué eso había cambiado su estado de ánimo; pasó de estar nerviosa a sentirse realmente incómoda.
—De acuerdo, prefiero encerrarme con ella en el closet —Anne se puso de pie y caminó hasta él—. Anda, Rachel, ¿qué esperas? Vamos.
—OK… —accedió con el disgusto instalado en su interior.
Rachel aceptó el reto porque quería afirmar que Salma era la chica que le gustaba y vio una maravillosa oportunidad con el estúpido reto de Troy. Así que le siguió el paso con sus labios fruncidos.
Anne cerró la puerta y ambas se sentaron en el oscuro lugar sin decir ni una sola palabra, hasta que la morena perdió la paciencia e inició con el diálogo.
—¿Qué tenías por decirme allá afuera, Anne? —cuestionó cortante.
—Nada importante en realidad —la buscó entre la penumbra.
—Ok…
—Rachel, ¿te pasa algo? —murmuró preocupada.
—No —respondió escueta.
—Rachel… no entré aquí para pelear contigo, pensé que ya estábamos bien después de la plática que tuvimos allá afuera.
—¿Lo estamos? Porque ahora no quieres hablar y continuar en lo que nos quedamos.
—De acuerdo, si ese es tu problema, pues te lo diré… no quiero más malentendidos contigo —guardó silencio por algunos segundos reorganizando sus palabras de una forma más dulce y hacer cambiar la actitud de Rachel—. Quería que supieras que no es que no me importasen Allan o tú; Salma no tiene la razón, solamente que, no me sentía cómoda estando yo allí. No quería hacerte sentir mal con mi presencia, por eso decidí quedarme en Massachusetts.
—Mira, Anne —soltó un suspiro para tranquilizar en nudo que se estaba formando en su garganta—, no lo harías, porque siempre supe que eras muy importante para él, así que debías de estar a su lado sin importar que yo estuviese allí.
—Claro que importabas, eras lo más especial que él tenía, y yo siempre fui cruel contigo.
—Lo sé, sin embargo, te lo repito, no importaba eso.
—¿Por qué siempre tienes que ser así? Ser tan amable a pesar de que las personas te han tratado muy mal… jamás he conocido a una persona tan compasiva como tú.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Tener mala cara siempre? No puedo, Anne.
—No digo que siempre debas tener mala cara, pero sí deberías ser más egoísta, y defenderte, sobre todo, de nosotros.
—Sé perfectamente que nadie de ustedes me quería, de hecho, siempre supe que me odiaban, específicamente tú, pero me cansé de discutir.
—No te odiaba, no digas eso.
—Por supuesto que lo hacías. Todos trataron de hundirme una y otra vez sin importarles mis sentimientos, y tarde que temprano, dejé de luchar contra mis inseguridades. Para mí siempre fue más importante lograr mis sueños, y no les permitiría a ustedes que los destruyeran. Sé quién soy y hasta dónde quiero llegar.
—Y de verdad lo siento por ello —soltó un gran suspiro—. Mira… Cada vez que mis padres me dicen que no soy buena o que les fallé, ¡Dios! Es como si me sintiera como tú, como yo te hacía sentir o Christian o Salma o todos los que estuvimos aquí para hacerte la vida imposible, y aunque no lo parezca, en ocasiones, me ponías en tu lugar, a veces me hacías sentir la menos talentosa, la menos especial o el más insignificante insecto cuando subías sobre el escenario y nos deslumbrabas con tu gran talento y resplandor de estrella. Yo te tenía celos, Rachel. Siempre fuiste mejor que yo.
—¿Soy uno de tus fantasmas? No lo creo, tú siempre has sido la chica más segura y la más popular. ¿No lo recuerdas? Todos en los pasillos se hacían a un lado al ver pasar a la capitana de las Starburst. Tú movías a todos, Anne, los movías porque eras especial a tu manera.
—Lo ves, no necesariamente todo eso es malo, Rachel. Simplemente debes de usar esas cosas y dejar que te motiven, así como yo las usé en su momento.
—Me pone triste que creas que arruiné tu estadía en este lugar —Anne la contempló conmovida—. Es solo que, no lo sé, tenía esa extraña sensación de que siempre éramos tú y yo. Con esa rivalidad y conexión especial, con una conexión extraordinaria que nos hacía decirnos las cosas fríamente cuando eran necesarias. Con esa conexión para ayudarnos.
Y en parte era verdad, a pesar de que Anne siempre había sido parte de todas las bromas de sus compañeros, y no ser precisamente su amiga, cuando se percataba de que cometería alguna estupidez, se lo hacía saber, aunque después, la siguiera agrediendo. Y todo eso tenía una obvia razón de ser, aunque no quisiese aceptarlo.
—Yo igual lo he pensado —se mordió el labio, signo indiscutible de nerviosismo—, siempre he creído que eres la mejor cantante que haya escuchado, Rachel, incluso hoy que me dedicaste mi canción preferida. Siempre he creído que serás la más grande estrella de este pueblo y me sentiré orgullosa de decirles a mis hijos que te conocí; de decirles que fui tu compañera de clases.
—¿No crees que Julie Andrews y Emily Brönte se sientan igual?
—No lo sé, pregúntame cuando tengas tu Tony y yo mi primer Emmy, ¿está bien?
—Bueno, supongo que habré ganado mi primer Tony para entonces.
—Seguramente —le sonrió con dulzura—. Vamos, ven aquí, cielo —la abrazó como nunca se había atrevido a hacerlo y le dejó un tierno beso en la cabeza—. No quiero que sigas enojada por cosas tontas, por cosas que te hice en mi pasado. Si estoy hablando contigo, es porque quiero solucionarlo todo. Me importas, y me importas muchísimo, ¿está bien?
—De acuerdo —se liberó de su abrazo.
—Allison y Salma están mal, ¿no es así? —cambió de tema para hacer que Rachel bajara sus defensas.
—Lo están. Allison decidió terminar la relación hace unos meses atrás.
—Vaya, no lo sabía. Allison simplemente me dijo que era muy importante mi presencia, si no, no estaría yo aquí —una vez más el silencio las inundó.
Por la mente de Rachel aun rondaba la inquietud del, ¿A Anne de verdad le gustaba Salma? ¿O era Troy una vez más viendo cosas donde no pasaban nada?
—Mmm… Anne… me gustaría saber algo, ¿podrías responderme? —la rubia asintió con curiosidad—. Sé perfectamente que Troy suele ser un intenso, y que seguramente la pregunta que te hizo allá afuera solo fue para molestar y no porque necesariamente te esté pasando algo con alguien de aquí… y no, tampoco tengo ningún problema con que te guste alguna chica, ya sabes… tengo dos madres.… pero… es, ¿Salma la chica que te gusta? Lo digo porque Allison no se merece esto… Ya sabes, ella la ama y aunque no estén bien ahora mismo, todos sabemos que ellas van a volver porque son almas gemelas —dijo todo de corrido y sin respirar.
—No te detendrás hasta que no lo confiese, ¿no es así? —la morena negó con la cabeza—. Verás, Rachel… No, no hay un sí a la pregunta de Troy, porque no siento nada por Salma más que una amistad, no hay una historia romántica detrás de nosotras...
Entonces esquivó la mirada y evitó a toda costa que Rachel la viera mentir, porque sí, Anne Caroline Spencer también sabía hacerlo, y, sobre todo, con sus sentimientos.
—Está bien, Anne. Si no sientes la suficiente confianza conmigo, lo entiendo… si sientes algo por Elena, deberías decírselo, ambas harían una hermosa pareja.
—Rachel… tampoco siento nada por Elena… —se quedó en silencio mordiéndose su labio.
—Ok —no le dio crédito a sus palabras, sentía que algo más le faltaba por decir, su mirada inquieta así lo indicaba, sin embargo, no insistió—. De acuerdo, deberíamos ya salir de aquí y yo pueda regresar a mi casa, es demasiado tarde y mis mamás necesitan de mí para saber qué vamos a cenar, yo únicamente venía un rato para cumplir con ustedes y ya que lo hice, me voy —se puso de pie y tomó el picaporte de la puerta sin dejarle el tiempo suficiente a Anne para seguir respondiendo a su pregunta.
—¿Por qué siempre tienes que hablar más de lo que escuchas, Rachel? ¡Espera! —rápidamente, se interpuso en su camino poniendo una de sus manos en la puerta y la otra la ocupó para girar a su compañera sobre sus pies—. Rachel, lo cierto es que no solo eres tú quien quiere saber ciertas verdades, yo también vengo arrastrando esto desde hace tantísimo tiempo —se recargó en la puerta poniendo ambas manos al lado de la cabeza de Rachel y vio directamente a unos cuantos centímetros de su rostro los dos grandes orbes avellana. En ese instante, supo que se arrepentiría por lo que vendría después, pero ella de igual modo quería resolver sus dudas—. ¿Por qué ser tan obstinada todos estos años? ¿Por qué querías ser mi amiga con tanta insistencia? Te traté horrible todo este tiempo que se me hace tan insólito que quisieras pasar tiempo a mi lado.
Le era mucho más difícil a Rachel hablar por la escasa cercanía en la que Anne la retenía, que, incluso, podía sentir su delicada respiración correr de entre sus labios. Llamándola como un hipnotizante y poderoso imán.
—Por favor, solo respóndeme eso… y te prometo que te dejo ir —soltó suavemente las palabras y destinó su mirada a los labios de Rachel.
—¿Te gusta Katherine? Si es así, me temo que yo… —arrastró sensualmente las palabras y acarició el cuello de Anne.
Y sucedió.
Sucedió algo que por ninguna razón coherente pasó por la mente de Rachel, algo que la rubia llevaba esperando por más de cinco años. Anne no le respondió con palabras, respondió con algo acorde a la teatral personalidad de Rachel y dejándose llevar por ese par de atrayentes labios rojos.
Con un beso. Uno tan fascinante que Rachel no tuvo las fuerzas para apartar. Uno que Anne llevaba esperando con tanta desesperación, y que después de que vio la oportunidad por la invitación de su sensual voz, se atrevió a hacerlo. Duró el tiempo justo para que Anne se diera cuenta, que sí, efectivamente, las peleas y celos que habían tenido en el pasado, tenían una razón de ser, una atracción casi religiosa por parte de ella. Porque desde el primer día que la vio caminar por los pasillos con su torpe e inusual manera de hacerlo, había sentido esa curiosidad hacia la pequeña estrella, y aunque hubiese tratado de alejarla un sinfín de veces con ayuda de múltiples humillaciones, así había sido siempre. Y aunque hubiese salido con todos los chicos del instituto, que incluso, por un momento quisiera quitarle a Allan solo para ella no sufrir, no podía seguir haciendo como si nada ocurriese.
—Yo… Lo siento… Yo no puedo, Anne —se tocó con nerviosismo sus propios labios.
—Espera, Rachel. Puedo explicarlo… espera, por favor… —la detuvo de la mano—, no puedes dejarme así, sin decirme nada. Sé que sentiste lo mismo que yo… sé que sientes lo mismo que yo —insistió.
—No puedo, Anne… hay alguien más —sentenció haciéndola a un lado y saliendo con rapidez de la habitación.
Anne sintió como su corazón se rompía en mil pedazos por culpa del que creyó era el amor para su vida en esos núbiles y tiernos momentos de su adolescencia. Ese amor ideal y onírico que es un imposible y se vuelve una loca obsesión. Rachel se estaba convirtiendo en esa estrella fugaz de la que hablaba Train en su canción: "Drops of Jupiter".
¿Nunca han escuchado que ese amor es con el que más experimentas sensaciones intensas y percibes que tu corazón late a mil revoluciones por minuto?
¿Ese qué crees que nunca se terminará y será eterno?
¿Nunca te ha pasado que te ha gustado tanto alguien para querer encerrarte en tu habitación, poner música y brincar sobre tu cama?
Pues ese era el que sentía Anne Caroline Spencer por Rachel Julie Russo, y del que un día, la psiquiatra Marie Wright, le había hablado en terapia.
