1 ALEX STONE
Welcome To The Moulin Rouge!
15 de enero del 2023. Alfombra roja de los Emmy, Los Ángeles, California. 17:07 p.m.
—¿De verdad estamos sufriendo esto por ella? Porque pudimos haber asistido al estreno de M3gan y sería menos aburrido. Ya llevamos dos horas aquí paradas y no deja de agobiar este estúpido invierno. Es realmente fastidioso —refunfuñó y se abrazó a sí misma para darse un poco de calor—. Si no mal recuerdo, Rachel Russo, está más que acabada que una anciana en un asilo. Y no entiendo tu obsesión mal sana para con ella, no es Taylor Swift y su The Eras Tour para que estés así.
La que protestaba por todo, era una rubia adolescente de 17 años de edad, la cual, había ido en contra de su voluntad, mejor dicho, había sido engañada por su madre. Anne parecía estar poseída por un payaso por la enorme sonrisa que mantenía en todo su rostro. Su hija trató de entender su cambio de humor, porque la mayor parte del tiempo estaba enojada o siendo la más exigente madre de entre todas las demás, bueno, los niños suelen exagerar los conflictos de la vida. Únicamente sabía que Anne estaba tan emocionada, al límite de estar obsesionada, por esa actriz de Broadway, aquella que ni siquiera podría estar nominada en ninguna categoría, de hecho, llevaba ya muchos años lejos del medio artístico. Ellis no tenía idea del gran vínculo que ambas compartían.
— ¡Oh, por Dios! ¡Allí viene! —ignoró a su hija—. Por fin nuestros caminos se volverán a unir, Rachel —susurró. Tenía que verla de nuevo o enloquecería más de lo que ya creía que lo estaba. Quería poder solucionar lo que en el pasado le había hecho, algo mucho peor que las ofensas del instituto.
—¡Rachel Russo apesta más que los calcetines de mi papá!
—¡Cállate, Ellis! Deja tus comentarios irónicos para otro momento, por favor.
—¡Me avergüenzas mamá! ¡Pareces una foca! —Ellis puso los ojos en blanco y frunció exasperada el ceño al contemplar como Anne, aplaudía eufórica como una adolescente—. Esta mentira para Stephen, mínimo vale una salida nocturna con mis amigas, ¡Lo oíste!
La hija más grande por parte de la familia de los Lockwood sabía aprovecharse de las circunstancias. Ellis ponía siempre de pretexto sentirse bastante herida después de ser rescatada por Anne del internado católico donde la habían incautado sus abuelos, Isabella y Jeffrey. Ambos le mintieron todos esos años y la hicieron pasar por su hija. Anne, después de ser consciente que había hecho mal al aceptar las condiciones de ellos para no destruir la credibilidad de su conservadora familia, y de que Ellis hubiese cumplido 10 años, la buscó en cada uno de los institutos de todo Estados Unidos y le confesó su verdadero origen.
A la adolescente le tomó un par de años perdonarla y ahora quisiera pasar tiempo con ella. Desgraciadamente para Anne, su hija mayor tenía su mismo temperamento explosivo y la misma capacidad de tener a quien quisiera a sus pies. Era cuestión de dedicarles una mirada y levantar su ceja para que le tuvieran respeto, incluida ella. Eso había sido su karma. Le tenía bastantes consideraciones al sentirse culpable de no haber podido ser una buena madre en el pasado.
—¡Basta, Elizabeth Spencer! Ya hablamos al respecto y sabes lo que pienso, no trates de chantajearme.
Fue entonces que cierta morena, que perfectamente reconocería en cualquier lado, pasó frente a sus narices como un torbellino, ignorándola por completo. Rachel tampoco se percató de su presencia.
—No puedes salir. Estás castigada todo este mes, no sé si lo recuerdas.
—¡Eso es injusto! ¿Por qué únicamente yo estoy castigada? Si fue Tony el que no lavó el coche y Emmy tiró la leche sobre los sillones.
—Porque se supone que tú eres la hermana mayor y debes de cuidar a tus hermanos menores. Y ya no hablaremos más al respecto. Caso cerrado, no quiero discutir con tu padre.
—Insisto que eso es injusto —continuaría con sus reproches, pero a la distancia, distinguió algo que realmente le llamó la atención, mejor dicho, alguien con andares de modelo—. ¿Esa de allí es Alexandra Stone? Sí, ¡Es ella! Le pediré un autógrafo y Ashley se morirá de la envidia —con agitación, dio unos brincos sorprendiendo a su madre, porque, ¿quién demonios era Alexandra Stone para que su hija se impresionara de tal manera? Ambas Spencer no entendían la obsesión de una y de la otra—. Ella sí es famosa, no que tu Oompa Loompa es una… —no continuó con la ofensa pues sacudió su mano pretendiendo de que su actriz favorita la volteara a ver—. ¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios! Allí viene. Allí viene ¡Aquí! ¡Aquí, Alexandra! ¡Alex! ¡Lobito!
—Ellis, contrólate. No es la gran cosa —se encogió de hombros restándole importancia.
—¡Sí! ¡Allí viene! ¡Guarda silencio, Anne! ¡Por favor no trates de avergonzarme delante de ella!
—Y tú deja de hablarme así, que soy tu madre…
—Shhh… —la interrumpió y la hizo callar nuevamente. Anne no podía creer que su propia hija se tomara esas atribuciones con ella.
Por supuesto que funcionaron los gritos de la adolescente, porque una castaña de ojos color como el cielo, y de un cuerpo envidiable, se aproximó hasta su posición con una sonrisa llena de arrogancia y superioridad, haciendo que, por segunda vez, Ellis ignorara los reclamos de su madre.
—¡Demonios! Eres Alexandra Stone, ¿Podrías darme tu autógrafo? Porque, pues bien, eres genial, asombrosa y eres la mejor actriz del planeta, qué decir del planeta ¡Del universo entero! ¡Soy tu fan número uno! —musitó acelerada logrando que la actriz cambiara su gesto por una sonrisa conmovida.
—Ellis, deja de maldecir… —Anne la regañó, pero su hija le cubrió la boca.
—Basta, Anne. Prometiste que no me avergonzarías delante de ella —le susurró indignada.
—Claro pequeña gritona —Alex sonrió por la interacción de ambas—. Y aunque admiro todas esas cualidades cada vez que me veo en el espejo, es bueno que una fan tan guapa como tú me diga todos esos halagos. Así que lo más justo y sensato es que nos saquemos una selfie y puedas presumir que estás con la más grande estrella que ha nacido sobre la faz de la tierra —le guiñó un ojo de manera juguetona.
—La única más grande estrella que ha nacido es una y se llama Rachel Russo —Anne susurró, aunque fue perfectamente escuchada por la actriz, que no le dio importancia, sino más bien gracia.
—Vaya que tienes como madre a una que parece tener un palo metido por el culo. Sonríe, Anne Boleyn, no me hagas pensar que eres la Grinch arruina navidades. Eres muy hermosa para que arrugues tu bonito rostro —Anne frunció furiosa su ceño por el sobrenombre que le había puesto —. Pero, ya está, a lo que estábamos… la foto.
—Por supuesto… Por supuesto —Ellis balbuceó luego se aproximó a la barra de separación con su celular en la mano, mientras Anne, se mantenía en segundo plano observando la interacción entre su hija y la irónica actriz. Desde que la vio acercarse, no le gustó para nada.
—Di… ¡Bombón! —Alex se colocó a su lado pasando el brazo por los hombros de Ellis, para después sonreír con sus perfectos dientes de comercial de televisión—. ¡Felicidades! Porque a partir de hoy, serás la más popular en tu instituto. ¿Qué nombre le pongo a tu dedicatoria? —tomó el celular para autografiarlo con un plumín.
—Ellis "la más perra porrista" Spencer.
Se llevó una mirada asesina por parte de su madre. Si es que las miradas de odio de Anne Spencer te asesinaran, ambas ya estarían enterradas 1000 metros bajo tierra.
—Oh, ¡Qué bien! ¿Así que eres porrista como mi novia de reparto? Desde este momento, eres mi rubia favorita —le revolvió el cabello regresándole el celular y luego siguió su camino, andando con gracia hacia la entrada del edificio, donde se llevaría la premiación en unos escasos minutos.
— ¿Y esa es la actriz por la que hoy mueren las adolescentes? Repito, ni que fuera la gran cosa.
—¿Qué no es la gran cosa? ¿De qué siglo eres mamá? Por si no sabes, Alexandra es la protagonista de la serie más popular en todo Netflix USA, "Vidas Paralelas". Esa actriz que dices que no es la gran cosa, está nominada con su serie a la mayoría de los premios. Tanto así, que ella está participando en la misma categoría que Sarah Snook como mejor actriz dramática. Aunque, obviamente, ella se ganará el Emmy, y lo sé porque es cuestión de verla, es genial, divertida y talentosa —contó todo sin respirar un solo segundo.
— ¡Basta! ¡Basta ya! Ya entendí, Ellis. Aunque no sabía que te gustaran las chicas, pudiste contármelo.
— ¿Y quién dijo que me gustan? No porque crea que Alex es una excelente actriz, significa que me atraigan las chicas. De hecho, no todas las que vemos la serie pensamos en llevar una relación con una chica, algunas somos simplemente románticas y nos gusta el amor de cuento de hadas, y créeme que esta serie trata de eso.
—Pues entonces tendré que verla y así entender tu fanatismo casi enfermizo por esa "perfecta" actriz —inspeccionó su abdomen y trasero para compararlos con los de Alex Stone. Ellis sonrió por la intensidad por parte de su madre.
Premiación de los Emmy: Mejor actriz principal de una serie dramática. Interior del Peacock Theatre.
—Estoy muy nerviosa, quiero vomitar, ¿habrá un baño por aquí? —caminó alarmada de lado a lado sin siquiera respirar—. Y ¿si se burlan de mí?, y ¿si me lanzan tomates? ¿o si me abuchean? Aún peor, ¿y si me caigo a la mitad del recorrido como Miss USA?, eso pondría el fin a mi regreso triunfal.
— ¡Cálmate! Si no es que sé que eres una gran estrella, y no entiendo tu ridícula falta de confianza de último momento, tenlo por seguro que no hubiera querido ser tu representante —la detuvo por los hombros mirándola directamente a los ojos—. Respira, cuenta las 10 ovejas que te tranquilizan, y sal allí para hacerme sentir orgullosa —le dio una palmada en el trasero y la lanzó hacia el escenario.
"Presentando una de las más importantes categorías, y regresando de un merecido y desconocido descanso de Broadway, está con nosotros… La hermosa Satine de Vermont.
¡Rachel Russo! Un merecido aplauso para ella."
Rachel resopló al escuchar su señal y recorrió con inseguridad el escenario, donde millones de personas estarían atentas a cualquier cosa que hiciese mal por culpa de su nerviosismo.
—¡Muchas gracias a todos! Me siento muy agradecida que me hayan tomado en cuenta para presentar este importante premio de la pantalla chica, sin siquiera ser partícipe de ella, y menos, si es que creen esos rumores de que soy una diva, eso es completamente falso, eso dejémoslo a mi amada, Anne Hathaway —se escucharon risas de fondo, y todo comenzaba bien para la chica de Broadway—. Sin más que decir y evitar que la princesa de Genovia me mande asesinar, aquí las nominadas para el premio de mejor actriz principal de una serie dramática. Ellas son… —anunció mientras en una enorme pantalla, que ocupaba la mayor parte de la pared central del auditorio, salían cada una de las aludidas.
Rachel Russo estaba arriba de un escenario tan distinto del que se había encontrado con anterioridad. Y lo peor del asunto era que no estuviese nominada, y eso, para los planes que tenía desde pequeña, era algo imperdonable y una verdadera y gran catástrofe para sus metas a largo plazo. Para la edad que ya poseía, debería tener por lo menos cinco Tony, tres Emmy, dos Grammy y estar dentro de los 100 de Billboard, y ¡Hey! No es que Rachel Julie Russo fuese una loca exagerada y con sueños inalcanzables. Bueno sí, pero a sus 35 años de edad, simplemente tenía un miserable Tony por ser la mejor actriz revelación de Broadway, y no es que creyera que en realidad era de menospreciar ello, ya que había luchado mucho por conseguirlo luego de protagonizar Moulin Rouge y ser la obra de teatro más taquillera de una joven e inexperta actriz, pero no había logrado todos sus demás objetivos, y todo tenía una razón de ser, Anne Caroline Spencer.
Ella, era la culpable de sus desgracias, pues un mes después de besarla en la fiesta de Salma y se hicieran novias, la dejó sin darle explicaciones y se casó con Stephen. Anne, el día de su boda, le dijo viéndola a los ojos que no la amaba y le advirtió que la dejara en paz, rompiéndole en mil pedazos el corazón y destruyendo una vez más su autoestima. Troy tuvo la razón, Anne siempre tuvo un frívolo plan para ella.
—La ganadora es… es… —abrió con teatralidad el sobre de la triunfadora—. La ganadora es... —segundos de silencio para darle emoción al ambiente—. Felicidades a nuestra querida, y que tengo que informar, tiene un asombroso y bonito nombre como el mío dentro de su serie, "Vidas Paralelas", Rachel Smith… Démosle paso al estrado a Alexandra Stone.
Y si cuando Rachel Russo subió al escenario y se escucharon aplausos, silbidos y todo tipo de cosas, no se hicieron esperar hacia la nueva actriz ganadora del Emmy. Alexandra Stone se llevó una ovación tan grande que retumbó en todo el auditorio, y quizás, en todo California. Eso dejó con la boca abierta a la morena. Ni ella misma se había llevado tal ovación cuando se ganó su Tony, como la que fue acreedora la ojiazul.
—¡Basta! ¡Basta! Ya sé que soy asombrosa —les pidió a todos un poco de silencio con sus manos—. Muchas gracias ardiente, Rachel. Para mí es un honor que una estrella de Broadway como tú, sea quien me entregue mi merecido premio, porque vamos, siempre intuí que sería la triunfadora, porque soy la más talentosa de entre todas, sin menospreciar a las demás participantes, en especial, a mi coprotagonista Taylor Momsen —señaló con su dedo a una chica rubia que estaba de pie aplaudiendo feliz, y de nuevo, allí estaban las ovaciones para la vanidosa actriz que tomaba su estatuilla y la alzaba por los aires al más estilo de triunfo de guerra—. Sin más que agregar, los dejo con la maravillosa vista del culo de mi gran amiga, Satine —se despidió de Rachel dejándole un abrazo más debajo de lo que debería y susurrarle sensualmente al oído sin que se lo esperase—. Llámame, cielo, y a lo mejor esté esperándote desnuda sobre mi cama y con una botella del mejor vino espumoso para festejar mi triunfo.
Caminando con su premio como si flotara por el escenario, dejó a una Rachel Russo sin palabras y con la boca abierta por segunda vez consecutiva.
Porque Alexandra Stone era su crush y sus sueños húmedos del medio artístico, desde luego, después de cierta capitana de las Starburst, que la admiraba con una brillante sonrisa llena de orgullo a través de la gigantesca pantalla que estaba postrada en las afueras del auditorio. Anne Spencer podría respirar por ahora, porque su chica aun sentía que su corazón latía a mil revoluciones por segundo y su estómago sentía las mismas mariposas que dieciséis años atrás cuando desde las gradas la veía hacer sus piruetas en la cancha de futbol.
