El canto matutino de las aves llenaba el ambiente mientras el sol ascendía lentamente por el horizonte, anunciando un nuevo día tanto en este mundo como en la vida de Norman, que estaba a punto de adentrarse en un terreno completamente desconocido para él.
Frente a él estaba la tímida pegaso amarilla que lo había rescatado la noche anterior. Yacía boca arriba, con las patas abiertas, sostenidas por él. Todo había ocurrido tras descubrir su pequeño secreto: un diario donde ella plasmaba sus fantasías más íntimas, alimentadas por años de soledad. Un comentario un poco brusco sobre su falta de originalidad, había desencadenado esta peculiar situación.
Con un movimiento lento y cuidadoso, soltó una de las patas de Fluttershy y acercó una de sus manos a una de sus ubres, tan tersas y redondas como melones. Estas se balanceaban con elasticidad debido a la respiración nerviosa de la yegua. Comenzó a masajear con calma su piel, sintiendo su suavidad y hundiendo ligeramente los dedos en su turgencia. Exploró su superficie hasta llegar a sus rosadas areolas, con sus pezones invertidos, escondidos dentro de su carne.
Sus dedos trazaban círculos perfectos alrededor de estos, en una amplia espiral que se acercaba de a poco hasta la cumbre, donde la hendidura que ocultaba sus pezones se encontraba. Frotó con delicadeza esta zona, repasando las yemas de sus dedos sobre la abertura.
Fluttershy, por su parte, estaba experimentando sensaciones que nunca antes había sentido. El contacto de Norman la excitaba de una manera inexplicable. Su cuerpo se estremecía cada vez que él la tocaba, y un suave gemido escapó de sus labios, "Ah~", mientras sus alas se movían lo suficiente para que uno de sus grandes ojos se asomara un poco. La vergüenza y la curiosidad luchaban en su interior.
Norman le había prometido que le enseñaría nuevas posiciones en la cama. Cualquier otro se habría lanzado directo a ello, pero él sabía que el juego previo era igual de importante o incluso más, que el acto en sí. Desde fuera parecería algo empático, pero que en realidad formaba parte de su egoísta razonamiento, "Para que otros te sirvan, hay que servirles primero... siempre un poco menos, claro".
Sin previo aviso, tomó una de las ubres de Fluttershy con firmeza, apretando su carne entre sus dedos y la llevó a su boca. La piel suave y cálida de la yegua se sentía increíble bajo sus labios. Con movimientos lentos y seguros, comenzó a succionar y a masajear el tejido mamario, provocando que Fluttershy soltara un gemido ahogado, "Ahag~".
Con su lengua exploró su areola esponjosa, concentrándose en su pezón invertido. Con cada lamida, la punta húmeda de su órgano sensorial se introducía dentro de la pequeña abertura. De pronto, el enterró su cara en su teta, dejando que su suavidad la envolviera, para acto seguido chupar su carnoso montículo mientras levantaba su cabeza, estirando su pecho todo lo que podía. Este repentino avance agresivo hizo que Fluttershy se estremeciera de placer, su cuerpo se tensó y sus ojos se cerraron con fuerza.
La habitación se llenó con los suaves gemidos de Fluttershy y los sonidos húmedos de Norman mamando con rudeza de ella. La yegua sentía una mezcla de vergüenza y excitación que la hacía perder la noción del tiempo y del espacio. El humano hizo esto varias veces, hasta que la succión de sus labios se perdiera, haciendo que su pesado pecho cayera de golpe sobre su vientre, agitándose como lo haría un globo lleno de agua.
Erecto y palpitante se erguía su pezón, había sido obligado a salir de su escondite, por el vacío de la boca de Norman, era mucho más largo y grueso que un pezón humano, sin duda un bebé human no podría alimentarse de ella, pero era seguro que un potrillo no tendría problemas con ello. Por un segundo, le recordó a la diosa de la fertilidad que conoció, también sus pezones eran bastantes grandes, pero, eso era por su ya enorme tamaño, ¿No?.
Norman, con una sonrisa, pellizcó suavemente el pezón erecto de Fluttershy, intensificando el placer de la yegua. "Vaya~, este amiguito es bastante grande, ¿Es que acaso en realidad eres una pequeña vaquita?~", y con un movimiento rápido, se giró hacia la otra ubre y repitió la acción, sumergiendo su rostro en el cálido y suave tejido. Para comenzar a estirarla también con su succión, mientras al mismo retorcía entre sus dedos su tetilla erecta.
La yegua no pudo contestarle, se encontraba en un estado de éxtasis que la hacía ajena a lo que la rodeaba. Su cuerpo fuera de control se arqueó entré violentos espasmos, mientras su respiración se volvía irregular. Su feminidad, estimulada por la atención de Norman, comenzó a abrirse y cerrarse rítmicamente haciendo un sonido húmedo y vacío, revelando su clítoris rosado en forma de corazón de su interior. Acompañado de generoso flujo transparente de olor agridulce que se deslizaba por sus grandes nalgas y prominente ano.
Norman observó con asombro la manera en la que la vagina de Fluttershy pulsaba y se contraía, emitiendo ese sonido húmedo y vacilante. Era como si la pegaso estuviera suplicando por más atención, por más de su toque. Sin poder resistirse a esa súplica silenciosa, Norman profundizó su conexión con Fluttershy. Con cuidado, introdujo uno de sus dedos en su interior, sintiendo la humedad y la calidez que lo envolvieron con firmeza. La yegua arqueó la espalda y soltó un, "¡AaaAah!~", que erizó la piel a Norman.
Con cada movimiento de su mano, Fluttershy se estremecía y gemía, su cuerpo contoneándose con un ritmo frenético. Sus dedos se movían con rapidez, explorando cada rincón de su interior, mientras su otra mano continuaba masajeando y pellizcando una de sus ubres y con su boca, buscando exponer su otro pezón con su succión agresiva. Norman se sentía como un explorador, descubriendo un nuevo mundo nunca antes visto, al menos para un humano.
El cuerpo de la poni vibraba con una intensidad que jamás había experimentado. Cada caricia de Norman la acercaba más y más al clímax. Un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras su corazón latía con fuerza en su pecho. "¡OH, CELESTIA!~", exclamó entre gemidos. De repente, una ola de placer la inundó por completo. Con un, "¡¡Ahhah!!~", ahogado, Fluttershy se arqueó hacia atrás y su cuerpo tembló incontrolablemente. De su feminidad brotó un chorro cálido, empapando a Norman y la cama como un géiser.
Sorprendido por la intensidad de la reacción de Fluttershy, el humano sonrió de oreja a oreja. La satisfacción de haber llevado al orgasmo a un ser de otro mundo con solo sus manos le hizo sentir un gran orgullo. Así, soltó la teta que estaba chupando, revelando que consiguió su objetivo, su otra tetilla había salido. "¡Ja, supongo que realmente tengo... El toque~", dijo regocijándose mientras retiraba sus dedos del interior de la pegaso. Para luego lamer el líquido que los empapaba, saboreando su dulce gusto a vainilla con un toque salado.
Antes de que ella pudiera recuperarse de su intenso orgasmo, él se colocó encima y la sujetó por sus caderas. "Fluttershy... probemos una posición conocida como "El misionero". Quédate ahí, relajada, y yo me encargaré... ¿Te parece?" La temblorosa pegaso asintió, con un poco de timidez en su mirada. Nunca había experimentado algo así. Para ella, poder ver directamente a los ojos de su amante la avergonzaba, pero no lo suficiente para negarse a continuar.
Con calma tomo su miembro erecto, y alineó su perverso órgano contra su hinchada vagina, para suerte suya, la anatomía de la yegua no era tan diferente a la de una mujer, así que lentamente, la penetró con suma facilidad, mientras su cuerpo se tensaba y relajaba al mismo tiempo. Su interior era sorprendentemente cálido y apretado. Sus paredes llenas de pliegues carnosos, envolvieron su miembro al abrirse paso por su virginal cavidad, hasta que sus gónadas se presionaron contra su gorda vulva.
"¡¡A-Ah!!~, ¡E-está entrando!~", las patas traseras de Fluttershy temblaron ante el ingreso de él, dando pequeñas pataditas hasta que sus pelvis chocaron entre sí. Su interior se contraía con espasmos violentos, ante la presencia de la barra de carne del humano, se sentía llena y con una sensación de "realización", como si estuviera al fin completa de alguna manera carnal.
Norman tuvo que quedarse quieto por un segundo, "Mierda... Es como un fleshlight recién sacado del empaque~", pensó, su interior estrecho y en constante convulsión estrujaba su pene con una fuerza dolorosa, no había duda, está pequeña yegua, era virgen. No pudo evitar que su excitación aumentará al saber esto, haciendo que su virilidad de endurecerse por completo y un instinto de "cazador" despertará en él.
Así, deslizó sus manos hasta los pechos de la poni y los volvió a apretar con firmeza, sorprendiéndola por su fuerte agarre. Haciéndola gemir por la forma que las tomaba, como si ya fueran de su propiedad. Era imposible que pudiera resistir la tentación de usarlas de punto de apoyo. No solo por lo bien que se sentía su suavidad desparramándose entre sus dedos, sino por lo cómodo que era tenerlas tan a la mano. La cercanía de todas las partes, de su anatomía equina, hacía que estimularla fuera una tarea, sorprendentemente fácil. Realmente, le estaba encontrando el gusto a estas "tetas de entrepierna".
Al principio fue lento y cuidadoso, acostumbrándose a los surcos aún en constante convulsión de su interior, mientras la pegaso se mantenía con sus alas cubriendo su rostro y su cuerpo, daba pequeños saltos por unos cuantos espasmos ocasionales. Pero no pudo reprimir su naturaleza agresiva por mucho tiempo. Como si fuera un animal salvaje, comenzó a moverse con mayor intensidad en cada embestida, buscando llegar más profundo dentro de ella. "N-NO TAN FUERT-¡¡AAaAaH!!~...", grito Fluttershy, al verse sorprendida por la creciente intensidad de sus repentinas embestidas, así aparto sus alas para ver qué ocurría.
Se encontró con los ojos de Norman llenos de una furia sexual, él la veía fijamente mientras no disminuía la velocidad de sus movimientos. Sus caderas y testículos continuaban impactando con fuerza contra sus carnosas nalgas, amortiguando los golpes y produciendo un sonido húmedo y constante, un "¡PLAST!, ¡PLAST!~". Causado por los fluidos vaginales de Fluttershy, que se encharcaban en el centro hundido, del anillo hinchado que era su ano. Que sobresalía tanto, que era la primera en recibir el impacto de su escroto peludo, dejando un hilo de viscosidad colgando entre ambos, cada vez que se separaban.
Completamente fuera de sí, Fluttershy exclamó, "¡N-norman!~", con sus lágrimas resbalando por sus mejillas mientras su lengua, larga y húmeda, colgaba de su boca abierta, empapando su torso con su saliva. Un, "¡AahAhaah!~", resonó por toda la cabaña, sobresaltando a las aves de las pajareras que colgaban en el exterior del edificio. Su cuerpo se estremeció con intensidad y liberó un chorro generoso que empapó nuevamente al humano de cintura hacia abajo.
En ese instante, al verla alcanzar el clímax, él se detuvo con una estocada firme y profunda, que empujó a la pegaso amarilla unos cuantos centímetros en su mullido colchón. Pasaron un par de segundos, en los que su pequeño, pero voluptuoso cuerpo vibró con el placer. Por su parte, Norman había contenido a duras penas el impulso de eyacular, sometido a la intensa presión que Fluttershy ejercía sobre su miembro mientras se aferraba con fuerza a sus suaves ubres.
"Oh, fu-fue t-tan mara-maravilloso... tan... ¡MARAVILLOSO!~", susurró Fluttershy, con una sonrisa radiante. Sus ojos, llenos de una satisfacción indescriptible, brillaban intensamente, mientras el éxtasis la envolvió en una ola de placer que la hacía estremecer por completo.
Había experimentado por primera vez, algo que por años se había negado a vivir debido a su desconfianza y timidez.
Un macho la había desflorado. Llegando a un lugar tan profundo de su cuerpo, que ni siquiera ella misma había explorado.
"¡JA!, ¿Fue?~", preguntó Norman, con tono juguetón en su voz y sin previo aviso, la volteó sobre un costado y tomó una de sus patas traseras, elevándola con cuidado. Intentó llevarla sobre su hombro, pero la yegua era demasiado pequeña, así que la dejó descansar sobre su pecho. Fluttershy se sorprendió, ante el repentino posicionamiento de su cuerpo por parte de él y su repuesta. Así que volteo a verlo y le pregunto nerviosa, "¡Es-espera!, ¡¿V-vas a continuar?!, ¡T-tu aún no has acabad-!", pero antes de que pudiera terminar de hablar, Norman la interrumpió.
"¡Claro!, ¡La lección aún no acaba!, la siguiente es... "La pierna al hombro~"... siii... no es un nombre muy original", exclamó él con una sonrisa pícara mientras daba una poderosa estocada, impactando sus gónadas contra la nalga más cercana al colchón. El golpe la hizo saltar de la cama, arqueando la espalda en un gesto de sorpresa y placer. Pronto, las arremetidas profundas la llevaron al borde del éxtasis, y por un instante, perdió la conciencia. Sin embargo, el placer era tan intenso que la hizo despertar casi de inmediato, alcanzando un clímax aún más poderoso.
A pesar de que aún estaba chorreando, Norman no mostraba signos de detenerse. Sus embestidas eran cada vez más violentas. Fluttershy comenzaba a sentir que su cuerpo no podía soportar más placer. Un escalofrío la recorría, y un gemido ahogado escapaba de sus labios. "¡P-por fa-favor!,¡ P-par-ha~!, ¡D-DETENTE!~", suplicó, con su voz entrecortada por el éxtasis. No era un ruego por qué sintiera dolor, era por placer, uno demasiado intenso y continuo para su cuerpo miniatura.
Los testículos de Norman, más hinchados, que cuando comenzaron a tener sexo, golpeaban con ritmo y fuerza contra una de las redondeadas nalgas de la poni, para ser más preciso, la que descansaba sobre la cama. Con cada azote, la carne de la yegua ondulaba, y una pequeña marca rojiza comenzaba a formarse donde sus órganos, rebosantes de vida, la impactaban. La yegua podía sentir cómo su exótico "semental", preparaba una abundante carga de su preciada semilla para ella. Un escalofrío de anticipación la recorrió.
Sus embestidas se volvieron cada vez más rápidas y profundas. Cuando de repente, con un movimiento fluido Norman la giró, llevándola a la posición del misionero de nuevo y sujetó sus muslos, apretándolos con fuerza y hundiendo sus dedos en su suave carne. Empujó sus piernas hacia arriba, hasta que sus rodillas casi tocaron sus hombros, aprisionando sus ubres perfectas entre sus muslos de manera casi dolorosa. Esto la obligó a levantar las caderas, mientras él se ponía de cuclillas sobre ella, facilitando su penetración desde arriba. "¡Esto, Ah~, se llama, "¡LA PRENSA!~", exclamó con una sonrisa, mientras continuaba bombeando su pene dentro de ella con vigor.
"¡E-es de-demasiado! ¡Eh-eS dhe-hema-hemasiaho!, ¡Eh-eS hEe-heMAa-hemhamHA~sHIaho!~", gritaba entre balbuceos la yegua, siendo cada vez más inentendible lo que decía. Parecía que su mente estaba a punto de disolverse en un mar de placer infinito. Su vulva, convertida en una fuente inagotable de néctar, bañaba constantemente su cuerpo y el de Norman. Si no fuera por su color transparente y su dulce aroma, cualquiera podría haber pensado que se estaba orinando.
Su adorable rostro, se contorsionaba de una forma obscena, en una expresión de éxtasis absoluto. Sus grandes ojos estaban vidriosos y sus pupilas apenas visibles, ocultas debajo de sus párpados. Con la boca entreabierta, jadeando mientras apretaba los dientes con fuerza y su saliva, hecha espuma se derramaba de las comisuras de sus labios y de su nariz escurría una mezcla de fluidos, que mostraba el nulo control que tenía de sí misma. Al parecer, Norman había encontrado su punto G, gracias al ángulo en qué la estaba penetrando, provocándole orgasmos casi continuos con cada embestida.
"¡¡DEMONIOS!!, ¡¡CÓMO CHUPA TU COÑITO!!~", exclamó Norman, jadeando de placer. Los músculos vaginales de la yegua se aferraban a su virilidad con tanta presión, que lo obligaba a hacer bastante fuerza cada vez que retiraba su miembro. Le recordaba a la mujer misteriosa, aunque sospechaba que, la estrechez de su vagina, se debía más a que hace unos escasos minutos ella era virgen, que a una sed insaciable.
Norman dio sus últimas embestidas con fuerza, azotando sus testículos contra el ano de la yegua. Con cada impacto, ambos se unían en un "beso" obsceno, quedando pegados, hasta que se separaban con un "¡POP!~" húmedo al no aguantar más la succión y viscosidad de la hinchada abertura. Fue en ese momento cúspide cuando Norman, sin poder contenerse más, exclamó, "¡¡MIERDA PUTA!!, ¡¡ME VENGO!!~". Dejó caer su cuerpo con todo su peso sobre el de la yegua, enrojeciendo sus nalgas con tan violenta arremetida de sus muslos.
Sus testículos comenzaron a bombear, liberando una generosa corriente de semen. Pero antes de que pudiera salir de su uretra, retiró su miembro del interior de Fluttershy. Como si por puro instinto, quisiera evitar dejarla embarazada, aun si no sabe, que tan posible es eso y metió su pene entre sus ubres, aún apretadas por sus muslos y mientras daba unas últimas embestidas rápidas "de remo", liberó su carga, salpicando el vientre y el pecho de la yegua con unos chorros de semen calientes.
Fluttershy yacía inmóvil, convulsionando sobre un charco de su néctar que cubría casi toda la cama y a ella misma, con sus ojos, por lo normal, brillantes y llenos de vida, ahora vidriosos y fijos en un punto indeterminado. Su larga lengua, húmeda y rosada, colgaba flácida de su boca entreabierta, rozando levemente su mejilla en cada sacudida de su cuerpo. Su respiración entrecortada y superficial, escapaba en pequeños jadeos que inflaban su suave torso, ahora cubierto con la blancura del esperma del humano, con desesperación.
Sus alas yacían extendidas a los lados de su cuerpo, inertes y pesadas. Era como si toda su energía vital se hubiera concentrado en su ahora enrojecida e hinchada feminidad, que se estremecía. Contrayéndose y permaneciendo abierta con su botón en forma de corazón expuesto por varios segundos, ya apenas derramando un poco de su humedad antes de cerrarse. Norman no tenía dudas, si hubiera dejado su pene dentro, se habría quedado atrapado entre esas paredes que se cerraban con fuerza como una trampa para osos.
Su cuerpo, ahora inerte, era igual a una marioneta a merced de Norman o cualquiera que quisiera usarla para satisfacerse. Ni siquiera reaccionó cuando él, con movimientos suaves y pausados, continuaba frotando su aún erecta virilidad entre sus grandes ubres, utilizando su propio semen como lubricante. El placer de sentir su piel tersa envolviendo su miembro lo embriagaba. "Rayos, ¿De verdad derretí tu cerebro con solo una ronda?, ¿Eres acaso la virgen máxima?~", bromeó, sorprendido por la rapidez con la que ella había alcanzado tal estado de éxtasis permanente.
Sin embargo, al mirar el reloj de cuco que adornaba la pared y darse cuenta de que apenas habían transcurrido veinte minutos, una genuina duda lo invadió. No era su primera vez con una virgen, y si bien ya se ha encontrado con algunas extremadamente sensibles, nunca había visto a una que quedara tan sumida en el éxtasis en tan poco tiempo.
"¿Serán todas las yeguas tan sensibles? ¿O es Fluttershy un caso excepcional?", se preguntó, mientras retiraba su miembro de entre sus ubres, cubierto por su viscosa semilla, dejando un rastro pegajoso de humedad.
A pesar de que seguía pensando en ello, comenzó a golpear con suavidad una de sus abombadas y esponjosas areolas, casi de manera subconsciente, dejando una marca húmeda. Los impactos hacían que la ubre se sacudiera por los azotes, formando ondulaciones que se extendían por toda su redondes carnosa, intercalando esto con suaves frotes circulares alrededor del enorme pezón pulsante que lo corona. Era como si estuviera en automático, gracias a sus años de entrenamiento en la tarea de proporcionarle placer a sus compañeras.
"¡Demonios!, no estoy satisfecho con una sola descarga… pero tú ya pareces que has ido más allá de tus límites… debería... ¿seguir usándote de igual manera?~…", se preguntó en voz alta, con una sonrisa maliciosa que no disimulaba para nada. No le importaba si ella podía escucharlo, después de todo, parecía que la mente de la pegaso estaba completamente en blanco. Se sentía poderoso, en control absoluto de la situación. Ahora entendía por qué la diosa de la fertilidad, con su cabello etéreo, lo había tratado de manera similar en aquel callejón. Doblegar a alguien por medio del sexo, haciéndolo llegar al éxtasis y mantenerlo ahí de manera continuada, hasta el punto de que se podría considerar cómo "tortura sensorial"… era... extremadamente gratificante.
Ángel, el conejo, se despertó de a poco molestó, bostezando perezosamente, mientras se frotaba los ojos con una de sus patas. El Sol, lo había estado fastidiando al darle directo en la cara, interrumpiendo su sueño reparador. Al levantarse, Su estómago rugió de hambre y se dirigió a su plato de comida, pero al encontrarlo vacío, un gruñido escapó de su garganta. Furioso, consultó el reloj de pared, Sorprendiéndose al ver que ya era mediodía, al parecer se había pasado toda la noche leyendo su revista para adultos. Su ira aumentó. "¡Medio día y mi plato está vacío!, ¡¡QUÉ DESCARO!!, ¡Esta vez la voy a hacer pagar!, ¡¡VOY A ROER SU COLA!!", pensó, su voz interior resonando con un tono amenazante y sin miramientos, comenzó a buscar a Fluttershy por toda la casa para consumar su venganza.
De pronto, un ruido sordo y repetitivo proveniente de la planta superior lo sobresaltó. Intrigado, decidió investigar y se dirigió hacia la escalera. Mientras subía por esta, un intenso aroma a almizcle y sudor lo envolvió, haciendo que arrugara la nariz, era tan abrumador que no podía haber duda de que se trataba, olor a sexo. Con cautela, asomó su cabeza por sobre el último peldaño y lo que vio, lo dejó atónito.
Norman estaba de cuclillas encima de Fluttershy, con uno de sus brazos rodeando el cuello de ella mientras que con el otro sujetaba su cola. Evitando así que su cuerpo se moviera demasiado por las feroces embestidas que él daba contra su grande y redondeado trasero, el cual se agitaba de manera violenta con cada impacto, enrojecido por el mismo golpeteo de sus pieles. Se encontraba ligeramente elevado, gracias a que su pelvis descansaba sobre sus ubres, enmarcadas por el arco de sus gruesos muslos, se veían hinchadas y tensas bajo la presión de su peso. Ambos se encontraban con sus caras apuntando hacia las escaleras, como si no les importara que alguien pudiera verlos.
Ella, por su parte, yacía dócil, con una expresión de éxtasis en su rostro, cubierto de semen el cual ya se había espesado hace horas. Sus ojos estaban entrecerrados, con la mirada nublada y su lengua se movía sin control desde su boca que formaba una sonrisa torcida de felicidad viciada, mientras emitía pequeños gemidos de placer con cada embestida. Era claro que habían estado copulando desde la primera hora de la mañana, sin parar.
La habitación que solía estar ordenada y con un suave aroma floral, era ahora un caos absoluto. Con las sábanas revueltas en un "nido" sobre la cama, con plumas sueltas entre ellas y el suelo y una cantidad alarmante de fluidos corporales que las manchaban. Los charcos de este jugo pecaminoso se extendían desde la cama hasta la esquina más lejana de la habitación, formando un mapa irregular de los lugares, donde habían tenido sus encuentros.
El conejo no podía evitar sentir un escalofrío al imaginar todo lo que ocurrió mientras dormía profundamente. Si, más de una vez la ha pillado masturbándose salvajemente, al mismo tiempo que dibujaba sus fantasías perversas en su diario durante la temporada de corazones y cascos, jamás se imaginó verla teniendo sexo tan salvaje y que ella pareciera disfrutarlo.
Una repentina punzada de celos y rabia golpeó el pecho del conejo, el no dejaría que las cosas sugieran así, así que se escondió detrás del escalón. A espera del momento perfecto para intervenir. Después de todo, él era el verdadero amo de Fluttershy, y no permitiría que nadie más la tratara de esa manera, ese era, su privilegio.
Pero cuando estaba tramando su venganza, imaginando como saltaría sobre Norman y daría un buen mordisco en los testículos, una voz familiar lo interrumpió. "¡¿Fluttershy?!, ¡¿estás ahí terroncito de azúcar?!, ¡Ayer dejé unas herramientas olvidadas!", se oyó desde la puerta, seguida de unos golpes insistentes. Por un instante, Ángel se quedó paralizado por la sorpresa. Sin embargo, rápidamente una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro… no sería él quien llevaría a cabo su venganza.
(Fin de la cuarta parte)
Sus opiniones serían de mucha ayuda, gracias por leer está parte.
