Capítulo 03: Limpieza Mágica.
Qué aburrimiento... Hay días en que no pasa nada y nos pasamos la noche entera Mi señora y Yo en el despacho aburridos esperando a que pase algo. Hoy parecía ser uno de esos días... Digo "parece" porque no tardó en cambiar todo en cuanto llamaron a la puerta del despacho.
"Adelante."
Entró Sakuya con una carta en la mano. Hizo una reverencia antes de empezar a hablar.
"Le ha llegado una carta urgente, Milady."
Remilia asintió con la cabeza y Sakuya le dio la carta. Remilia la abrió y empezó a leerla. Su expresión se hacia más seria conforme iba leyendo la carta. Terminó de leerla y la dejó en la mesa.
"¡Salty y Sakuya, al frente!"
En medio segundo, ambas nos pusimos enfrente suya firmes como una estatua. Remilia caminó hacia nosotras cruzándose de brazos.
"La carta es de la Comunidad Vampírica de Gensokyo. Ha surgido una emergencia y me necesitan. Parece que no volveré hasta cerca del amanecer, así que tendréis que ocuparos de todo en mi ausencia."
"¡Sí, señora!" dijimos Sakuya y Yo al unísono. Remilia caminó hacia mí y se agachó para verme mejor.
"Salty, esta es la primera vez que vas a estar al mando según el Orden de Mandato de la Mansión. Aun así, quiero pedirte que ayudes a Sakuya con sus deberes." Sakuya nos miró de reojo al escuchar eso. "Sé que Sakuya es muy independiente y que puede encargarse de todo ella sola, pero ya que hoy no estaré aquí, me gustaría que terminárais todo cuanto antes y descansárais. Os quiero en buena forma siempre que estéis conmigo después de todo."
"¡Claro, cuenta con nosotros Mi señora!" dije alegre. Remilia sonrió y se levanto.
"Con todos mis respetos Milady, yo no necesito ayuda para hacer mi trabajo. Si lo que quiere es que lo termine hoy antes, así será."
Sakuya hizo una breve reverencia y Remilia caminó hacia ella. Era de esperarse una reacción así de Sakuya ante su orden. Sentía mucho orgullo por su trabajo, como es comprensible por otra parte. No todo el mundo es capaz de mantener en orden toda una mansión por su cuenta.
"Sakuya, sé que puedes hacer algo así, pero eso sería sobrepasar tus energías. Eso es precisamente lo que no quiero,"
"P-pero..."
"Es una orden, Sakuya."
Le costó, pero terminó cediendo. Tras esto, acompañamos a Mi señora hasta la entrada de la mansión. Allí nos despedimos de ella y esta abrió la puerta. A mitad de atravesarla, se detuvo y nos miró de reojo una última vez.
"Puedo confiar en vosotras, ¿verdad?" dijo Remilia con cierta duda.
"Por supuesto Milady," dijo Sakuya asintiendo con los brazos cruzados.
"¡Será pan comido!" dije con ilusión.
Remilia asintió con la cabeza y se fue. Al cerrar la puerta, Sakuya se giró hacia mí y caminó lentamente hacia mí. No pude evitar retroceder las orejas al ver como Sakuya se alzaba sobre mí; sabía lo que estaba haciendo.
"Vamos a dejar las cosas claras, Salty. Yo no soy la asistenta de ningún animal. Yo solo obedezco a Milady y a nadie más. Así que déjame hacer mi trabajo sin ayuda de nadie." Sakuya agachó medio cuerpo, haciendo que sus ojos estuvieran casi pegados a los míos. "Ah, y ten el valor de darme una orden, Y TE ENTERAS."
Silencio incómodo. Sus ojos azules clavados en los míos detonando todo ese poder hacía que sudara y me sintiera pequeña… En ese momento, la puerta de la entrada se abrió de golpe. Ambas miramos hacia esta y nos sorprendimos al ver a Remilia muy cabreada.
"¡Sakuya, ahora por idiota solo harás la comida! ¡Salty, encárgate de la limpieza de la mansión!" gritó Remilia con imponencia. Los ojos de Sakuya se agrandaron, pasando de mí y dando unos pasos hacia Remilia.
"¡P-pero Milady, yo tengo unos prin-"
"¡NO LO VOLVERÉ A REPETIR!"
Sakuya calló y miró al suelo. Yo estaba petrificada sin saber que hacer ni que decir. Acto seguido, Remilia se fue finalmente de la mansión pegando un portazo. Otro silencio incómodo... Sakuya caminó hacia la cocina sin mirarme ni decir nada. Me quedé sola…
Qué barbaridad… Qué situación...
"Sakuya siempre ha sido muy dominante con su trabajo." Miré a la dirección de la voz. Era Patchouli. Se acercó a mí flotando. "No es la primera vez que pasa esto. Pasó lo mismo con la anterior mano derecha de Remi. Llegaron a luchar Sakuya y él, pero por supuesto Sakuya ganó."
Me llevé una pezuña a la barbilla, pensativa. La anterior mano derecha de Remilia... Volví a mirar a Patchouli y esta me miró lista para escucharme.
"¿Cómo que Sakuya ganó? ¿Esa persona nunca pudo derrotarla?" dije sorprendida.
"No," respondió Patchouli sin más.
"¿Y aun así fue admitido en la familia?" dije confusa.
Las peleas entre miembros de la familia suelen tener consecuencias muy malas, por lo que me sorprendió este dato. A Sakuya supongo que no le pasaría gran cosa por todos los años de fidelidad en la familia que lleva arrastrando, ¿pero a él?
"Sí."
"¿Por qué?"
"Él tuvo un privilegio."
"¿Un privilegio? ¿Qué privilegio?" dije con mucha curiosidad.
"Un corazón negro," dijo con su tono indiferente.
"¿Un corazón negro? ¿Qué quieres decir?"
"Tu corazón, por ejemplo, es azul como el mar... El que él tenía era negro como la noche, pero para Remilia ese corazón era rojo como la sangre... Nunca me gustó ese corazón."
...¿Yo tengo un corazón azul? ¿Qué?
"Ya que Sakuya no tiene intenciones de colaborar, te ayudaré a hacer tu trabajo. Démosle a Sakuya su espacio por el momento," dijo Patchouli acariciándome la cabeza.
"Bueno, está bien," dije con cierta preocupación por Sakuya. No me gustaba que estuviésemos en esta situación, pero tampoco se podía hacer mucho más.
Abrí la puerta del armario de limpieza y la dejé abierta. Me frote las pezuñas delanteras con un nuevo ánimo.
"Bueno, si te parece bien Patchouli, limpiemos la mansión con algo de ritmo," le dije con una sonrisa.
"¿A qué te refieres?"
Me acerqué a ella y le susurré al oído mi idea. Una vez terminé de contarle mi idea, me retiré de ella y esta asintió. Patchouli empezó a mover las manos en el aire como si fuera la directora de una orquesta. Los cubos de plástico empezaron a salir del armario, volando hacia una ventana cercana. De aquí, iban al jardín donde una manguera les esperaba. Poco a poco, la manguera iba llenando los cubos de agua y estos volvían al interior del edificio por otra ventana distinta que conducía al vestíbulo. Con los cubos poniéndose en fila poco a poco, las fregonas empezaron a salir. De una en una, iban metiéndose en los cubos y restregando el agua recibida por el suelo. A un ritmo constante, los utensilios de limpieza hacían su trabajo con ilusión. Al mismo tiempo, los paños secos salían del armario y se metían en los cubos de agua. Con el agua recibida salían, se restregaban por si solas y volaban a las ventanas empezando a limpiarlas.
"Cuando eres un poni terrestre, es fácil sentir envidia por los ponis unicornios y su capacidad de hacer magia," dije sintiendo un poco de nostalgia por Equestria.
"Es interesante que en tu mundo el uso de la magia esté limitado por la raza," me dijo Patchouli de reojo sin dejar de mover las manos.
"Bueno, todos tenemos nuestros puntos fuertes y débiles. Hay cosas que los ponis terrestres podemos hacer que los unicornios no, por ejemplo. Es importante recordar siempre eso cuando nos dejamos llevar por la envidia," dije soltando una risita nerviosa. Patchouli se quedó unos segundos mirándome.
"Me gusta que tu corazón sea tan azul," me dijo Patchouli volviendo a mirar al frente.
"¡¿Pero qué esta pasando aquí?!"
Todo se detuvo ante aquel grito. Miramos lentamente a Sakuya. Las manos de Patchouli seguían aún alzadas en el aire, pero quietas. La cara de sorpresa incrédula de Sakuya no tenía precio. Sonreí nerviosa.
"¡Hola, jeje! Emm... Estábamos limpiando..."
"¡¿Qué estabais limpiando?! ¡¿Con magia?!" dijo como si ese hecho fuera una blasfemia.
"Eeeh, ¿qué tiene eso de malo?" dije extrañada ante aquella reacción.
"¡¿Tú que te crees que esto, la anarquía!? ¡Aquí las cosas se hacen a mi modo!"
No se por qué, pero empecé a sentirme cabreada... Esto me hizo sentir algo que llevaba muchos meses sin sentir. Mi cara se iba transformando poco a poco en una cara de seriedad.
"Yo soy la que está al mando cuando Remilia no está, te guste o no," dije con un cambio de tono notable.
"Aquí la que lleva limpiando la mansión durante muchos años, soy yo," dijo Sakuya con una mirada asesina.
"¿Y eso a mí, qué? Esta es mi forma de limpiar la mansión. Si hubieras aceptado mi ayuda, no tendríamos que estar usando magia para hacer esto," dije devolviéndole la mirada asesina.
"¡Pues a mí no me gusta tu forma de limpiar la mansión!" me dijo empezando a caminar hacia mí. Pretendía hacer lo mismo de antes.
"¡¿Pero a ti qué demonios te importa el cómo limpiemos la mansión?!"
"¡AQUÍ MANDO YO, Y TE PROHÍBO LIMPIARLA ASÍ!"
"¡ACÉPTALO SAKUYA, NO ESTÁS AL MANDO!"
"¡ANIMAL ASQUEROSO!"
Una bofetada directa a mi cara llegó, haciéndome retroceder unos pasos. Miré a Sakuya asustada mientras esta me miraba con odio.
"¡No te basta con quitarme a mi familia, también tienes que quitarme la mansión!"
"¡¿QUÉ?! ¡¿DE QUÉ ESTÁS-"
"¡CÁLLATE!"
Otra bofetada. Mis ojos empezaron a humedecerse.
"¡TE ODIO!"
Una tercera bofetada se venía, pero alguien paró su mano. Sakuya miró sorprendida a la persona de reojo.
"Esto ya ocurrió antes," dijo Patchouli con la misma expresión indiferente de siempre.
"¡PATCHOULI, NO ME DETENGAS!"
"Odiaste a ese hombre porque te estaba quitando a Remilia. Le venciste y humillaste una y otra vez en batalla, pero no te bastaba. Nada de lo que hacías cambiaba ese hecho." Unas lagrimas empezaban a correr por las mejillas de Sakuya. "Remilia te castigó muy duro por tus actos. Pensaba que eso te enseñaría algo, pero hoy demostraste que no aprendiste nada de nada… La gente te llamará monstruo si se entera de que has pegado a un animal... Y Remilia se decepcionará contigo muchísimo. Solo nosotras podemos no decir nada y evitar eso. Piénsalo y decide."
Sakuya se quedó en silencio, sollozando de vez en cuando. Yo... me senté y esperé. Al rato, Sakuya paró de sollozar y se secó las lagrimas. Me miró poco a poco. Sakuya tenía los ojos muy irritados. El odio que sentía seguía reflejado en ellos. Tras unos segundos mirándome, se giró y se fue. No para la cocina, pero para su cuarto. Un nuevo silencio incómodo... Me froté las mejillas; me dolían. Una mano me tocó la cabeza. Vi a Patchouli al mirar hacia arriba.
"¿Estás bien?" me preguntó.
"Sí... Solo me duelen un poco las mejillas... No entiendo nada Patchouli... Hemos estado todas bien durante estos cinco meses que he estado de servicio... ¿Por qué de repente están ocurriendo estas cosas?" dije deprimida. Patchouli me acarició la cabeza como si fuera un gato, sintiendo su cariño.
"Todo esto pasó antes... La historia tiende a repetirse con el tiempo... Por lo menos Meiling no ha estado presente. Se habría inflado a puñetazos con Sakuya si la hubiera visto azotarte."
Meiling...
"Intentemos terminar el trabajo lo antes posible. Eso debería ayudarte a desviar tus pensamientos."
¡Oh por dios, me olvidé por completo de eso!
Remilia aterrizó en la entrada de la mansión. Vio a Meiling durmiendo en su estratégico punto a la izquierda del puente. Remilia sonrió ante aquello.
De vuelta en casa...
Abrió la puerta y lo vio todo oscuro, pero impecable. Todo resplandecía de lo limpio que estaba. Remilia volvió a sonreir. Acto seguido, se dirigió hacia su cuarto. Al llegar, entró con cuidado. Me vio durmiendo en mi camita hecha de cojines con las mejillas inflamadas.
Sakuya...
"Algún día lo superará... Si no, la veo en la calle."
