Capítulo 19

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La confusión solo había empeorado conforme se buscaron respuestas y explicaciones a lo sucedido.

No solo Kakashi pasó aquella noche en vela. Ino y Kiba dejaron sus diferencias infantiles de lado y la pasaron discutiendo estrategias y buscando maneras de reforzar la seguridad en la aldea, sin lograr demasiado en esas horas sin sueño, alimentadas por cantidades obscenas de café.

Sasuke tuvo que someterse a un interrogatorio ante Ibiki, pasó más de dos horas encerrado con los concejos de la aldea y del clan Hyūga, contestando un sinfín de preguntas que no llegaban a nada, y terminó aquella noche de sinsentidos frente a las manos de Ino, que violó su privacidad para obtener más pruebas de su inocencia, que los ancianos refutaron de igual manera.

Hanabi estuvo cuidando el tormentoso sueño de su hermana, que no mostraba mejoría. Parecía seguir dentro del trance, no abría los ojos, pero tampoco se sumía por completo en la inconsciencia. De sus labios escapaban palabras sueltas, gemidos, ruegos y sinsentidos la mayor parte de las veces. Sudaba copiosamente y temblaba, como aquejada por fiebre.

Dejó caer la toalla dentro del balde con agua fría y, luego de exprimirla, volvió a acomodarla sobre la frente de Hinata. Se frotó la frente y observó la poca luz que comenzaba a trasminarse por las cortinas… el amanecer había empezado.

Recargó los brazos y la cabeza en la cama, unos momentos. Esa situación había logrado agotarla.

―… sensei…

Su mano se arrastró por las sábanas y estrechó la de Hinata. La había escuchado arrastrar los nombres de varias personas, así que si se trataba de Sasuke, a esas alturas no le importaba. Se relajó ligeramente, comenzaba a quedarse dormida cuando una sensación violenta la obligó a sentarse.

Se encontró con la mirada de Hinata, los ojos estaban abiertos de par de par y la miraban fijamente.

—¿Cómo te sientes? ―susurró, quitándole el cabello del rostro. ―… te desmayaste y estuviste delirando toda la noche…

Hinata juntó ligeramente las cejas y miró su habitación unos momentos.

—¿Qué pasó?

—Te desmayaste ―repitió.

Con la toalla en la mano, estiró el brazo, dispuesta a secar el sudor que había empapado de nuevo el rostro de Hinata, pero recibió un manotazo que lanzó la toallita lejos. Observó el bultillo blanco en el suelo y luego miró a la muchacha.

―¿Qué-

―¿Quién eres? ―susurró, con voz ronca. Se llevó una mano a la cabeza y notó las gasas que cubrían las heridas en sus manos. —¿Qué me pasó? ¿Dónde estoy?

Hanabi se quedó de una pieza. Separó los labios para hablar, pero a pesar de sus intentos, la voz se quedó escondida en su garganta. Lo único que atravesó sus labios fue su respiración.

―¿Dónde estoy? ―insistió, recogiendo sus piernas.

―… estás en casa ―susurró.

Hinata separó los labios para hablar, pero un gesto le descompuso el rostro; se llevó las manos a la cabeza y luego de unos segundos se desvaneció de nuevo, hundiéndose una vez más en ese estado febril que la había aquejado toda la noche. Hanabi apenas había alcanzado a detener la caída y estrechó el cuerpo tembloroso de su hermana unos momentos; sus ojos observaron las sábanas, el corazón le latía con fuerza.

¿Qué demonios estaba pasando?

Acomodó a Hinata en la cama y corrió a la puerta, abriéndola y asomándose al pasillo.

―¡Alguien llame a Yamanaka! ―gritó.

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Antes de aquel suceso, Ino había sentido que se encontraba estancada en una búsqueda a tientas, parecía que había llegado al final del camino y la noche había caído y no había traído linternas consigo; Konoha estaba tan tranquila y por primera vez aquello le parecía terriblemente desesperante. Los rastreos dentro del país del fuego y del aire no habían arrojado resultado alguno y la investigación de Naruto y Shikamaru era tan estéril como la suya. Sus esfuerzos se sentían inútiles y, en un intento por preservar su espíritu, se había resignado a esperar, contentándose con vigilancias nocturnas y anotaciones de cualquier detalle, por más insignificante que fuera.

Ahora que al fin obtenían una confirmación de sus temores, no sabía cómo sentirse… pero imaginaba que podía culpar al cansancio de ello.

Por suerte ya había pedido relaciones antes, todas del año en que Hinata había desaparecido. Los había reunido en un intento por estar preparada cuando la situación lo requiriera. Ahí había una gran variedad de datos recopilados, pero por desgracia ninguno de ellos podía ayudarlos, solo les gritaban lo que ya sabían: No sabían a quién buscaban, ni a quién se enfrentaban.

La única prueba que tenían era ese extraño chakra en la psique de Hinata y el rastro que los perros de la policía habían encontrado aquella tarde.

Las últimas relaciones obtenidas del equipo de barrera y la policía, eran de las ausencias durante los días en que se realizaron los rastreos y las presencias durante el día anterior, y de cualquier denuncia por avistamientos sospechosos dentro y fuera de la aldea en esas mismas fechas; pero ahí tampoco parecía haber coincidencias.

Kiba arrojó la carpeta de la que había estado leyendo y se frotó los ojos. Ino removía el café en su taza, completamente silenciosa.

―… tienes razón, nada ―exhaló.

―Quizá Shikamaru está equivocado… y esta persona sí puede moverse entre dimensiones.

Kiba enarcó la mirada. —… aquí hay gato encerrado.

—¿Dónde? ―arrastró, recargando la mejilla en la palma. ―Tenemos la investigación de Shikamaru… si no fuera por ese dibujo que ofreció Sasuke, esta persona sería prácticamente un fantasma.

―Nadie puede existir sin ser visto, ni dejar rastro ―gruñó. Reviviendo la frustración que sintió, luego de que los perros siguieran un rastro que solo trazaba un círculo.

―Tenemos un rastro y alguien lo ha visto… lamentablemente esto es como seguir un arcoíris ―lamentó, ahogando un bostezo.

―… deberías dormir ―recomendó, no había podido ignorar la complexión cada vez más pálida de Ino. —Pareces muerta… estás pálida como una vela. Estás gris. Cada vez te pareces más a Sai…

—¿Se supone que debe ser una ofensa? —arrastró, levantando apenas la mirada, con algo de fastidio.

Negó. —Estoy siendo realista, agotada no sirves de nada.

―Tengo más lucha dentro de mí de la que crees ―aseguró, pero la verdad era que estaba tan cansada que se sentía nauseabunda.

Unos golpes a la puerta los arrancó de aquella situación. La cabecilla de uno de los recaderos del Hokage se asomó, luego de que Kiba diera permiso de pasar. El muchachillo los miró nervioso y solo se atrevió a entrar cuando Kiba le hizo una seña con la mano para que se acercara. Caminó bajo la atenta mirada del jefe de policía, que no dejaba de reclinarse sobre su silla.

—Disculpe que interrumpa, pero llegó una petición urgente por parte del clan Hyūga ―explicó, entregándole el pergamino. ―No tiene que presentarse ante Hokage-sama, solo vaya directamente a la dirección.

Ino lo miró alarmada, desenrollando el pergamino, y asintió. ―Gracias, puedes irte.

El muchacho salió y los ojos verdes se encontraron con los negros de Kiba, luego de leer el contenido del pergamino.

―… Hinata despertó con amnesia.

―Maldita sea ―exclamó, poniéndose en pie y mandando la silla al suelo con su súbito movimiento.

Kiba le daba la espalda a Ino, que en esos momentos buscaba entre los papeles de la mesa sus pertenencias más importantes.

―Te informaré lo que obtenga en cuanto termine de evaluarla ―aseguró, sin mirarlo.

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Ino alejó la mano de la frente de Hinata y abrió los ojos, encontrándose de nuevo en la lúgubre habitación, que mantenían en las sombras.

―¿Y bien? ―preguntó Hanabi, que se había mantenido en la esquina todo es tiempo.

Ino tragó saliva con dificultad y giró un poco el torso para mirar a la muchacha no darle la espalda. Tenía los dientes apretados y tuvo que hacer un gran esfuerzo, para sobreponerse a las sensaciones que abrumaban su cuerpo, y poder hablar.

―… todo está en orden ―aseguró. ―Los recuerdos que hemos recuperado están intactos, esto solo fue una laguna mental provocada por el estrés-

—O quizá no hiciste bien tu trabajo y aprovechaste esta hora para corregir tus errores —soltó Hanabi, con rencor en la voz.

Hubo un pesado silencio.

Las muchachas se enfrentaron con la mirada. Ino apretaba los puños con fuerza y tenía las cejas juntas, al contrario de Hanabi, que lucía su semblante plano de siempre, pero una mirada que no perdonaba.

―Hinata está bien. Rendiré mi reporte de inmediato ―pronunció con voz suave, luego de pasarse la lengua por los dientes, en un intento por relajar su quijada. ―Podrán enterarse de los detalles en él. Con permiso.

Se dirigió a la puerta, consciente de que Hanabi se había lanzado hacia ella. Sacudió el brazo, impidiendo que la muchacha le tomaba la muñeca y la detuviera; se giró y enfrentó la mirada iracunda de Hanabi.

―Con permiso ―repitió, enfatizando cada sílaba.

Cruzó el pasillo con paso de plomo y salió de la casa, apenas dándole tiempo suficiente a una mujer para acompañarla a la puerta. Lamentaba el estado en el que se encontraba Hinata. Lamentaba haber tenido que enfrentar aquella situación con Hanabi, entendía a la muchacha, pero su orgullo estaba herido y eso no lo perdonaría pronto. Pero suponía que ese era el costo por la confirmación que acaba de recibir.

La persona de la que debían preocuparse, era la misma que Hinata había dibujado por órdenes de Sasuke, porque lo buscó en los recuerdos y en los espacios más recónditos, sin encontrarlo.

Rindió su reporte, con lujo de detalles. Aquello terminó de liberar a Sasuke del yugo de los ancianos y hundió a los Hyūga en reuniones y un periodo de cambios que agobiarían a Hinata al despertar.

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No había tenido que abrir demasiado la boca para que Kakashi le leyera hasta el futuro en la cara. El silencio que los envolvía en esos momentos era pesado.

—Este no ha sido el único evento ―concluyó.

Sasuke respondió, negando con la cabeza. No estaba encorvado, ni había empequeñecido, pero tenía la actitud de un niño que estaba siendo regañado luego de una travesura.

—¿Por qué no lo reportaste?

Casi se mordió la lengua. —… creí que eran ideas mías o que tenías ANBU siguiéndome.

Kakashi exhaló y se presionó el puente de la nariz con los dedos. Ahora entendía la actitud del muchacho en el cementerio… había sentido algo extraño, pero no había querido empujarlo demasiado y ahora pagaba las consecuencias.

—Si tuviera ANBU siguiéndote, te lo habría dicho —insistió, reclinándose en la silla y mirándolo con las cejas un poco juntas. —Ideas tuyas…

—No repitas lo que digo.

—Estoy intentando entender la situación ―lo regañó. ―Esta es una omisión muy grave, Sasuke.

―Lo sé, pero ya te expliqué que-

―Se supone que eres el segundo ninja más fuerte del mundo… y bastante inteligente, además. No deberías de cometer este tipo de errores. Pudiste informarme y yo manejaría la información y evitaría el escándalo.

―Lo sé ―apresuró, recordando las veces que le había recriminado de manera similar a Hinata por sus errores.

―Sabes que tendré que reportarlo y no se verá bien.

Asintió.

―¿Lo sentiste durante los entrenamientos?

Negó. —En el apartamento… una noche de enero, pero llevaba días sintiendo que alguien me observaba…

—Los Hyūga no han reportado algo similar, suena a que te están espiando a ti. ¿Estás omitiendo otra cosa? ¿Enemigos que no hayas mencionado en tus declaraciones anteriores?

—Kakashi, Ino ya demostró que el problema no es conmigo…

—Bueno, ahora no puedo estar seguro de ello, ¿no crees? Entre Hinata y tú, tú eres quien más enemigos se ha echado encima, ella podría estar quedando embarrada en todo esto.

―Ino encontró chakra… ―le recordó, pero guardó silencio al encontrarse con la mirada severa de Kakashi.

Sabía que, si se reducía a ello, en condiciones de fuerza Kakashi saldría perdiendo, pero esos no eran los únicos parámetros que servían para diferencialos… Se sintió amedrentado por la mirada y se vio obligado a agachar el rostro y pedir una sincera disculpa. Se inclinó, haciendo una reverencia.

El punto no era que las pruebas demostraran la existencia del conflicto que habían temido… el punto de todo eso era que había cometido un error al actuar por su cuenta.

―Lo siento.

El silencio los rodeó unos momentos. Sasuke a veces se frustraba por lo insulso que le resultaba Kakashi en ese papel de kage; sabía que era parte de su personalidad, pero no toleraba esa paciencia, mucho menos cuando la gravedad de las cosas era tan evidente. Quería tomarlo por el cuello de la camisa y agitarlo, hacerlo entrar en razón, provocar una reacción, algo de actividad, lo que fuera.

Kakashi exhaló y asintió.

—Te creo ―aseguró. ―Pero vas a tener que enfrentar las consecuencias de tus acciones o, más bien, omisiones. El equipo ANBU de Sai estará a cargo de la vigilancia, pero su equipo ninja vigilará los entrenamientos a partir de hoy y ya veremos cómo progresa esto —explicó, señalándolo. —Tu prioridad será la seguridad de Hinata, no solo en los entrenamientos. Si surge otro evento, si llega a haber actividad sospechosa, ella será tu responsabilidad por completo, ¿entendido?

—¿Por qué? Tiene una banda de imbéciles vigilándola todo el tiempo —enfatizó, extendiendo el brazo en un intento por señalar aquella situación. —No me dejes de guardaespaldas, déjame actuar. Déjame salir a investigar. Te sirvo más allá afuera.

—No.

—¿Por qué? —renegó.

—El consejo no lo aprobará… y en este momento tenemos la vara corta. No te conviene involucrarte en conflictos.

—¡Al diablo con el consejo-

―¡Sasuke, cometiste un error muy grave! ―exclamó, poniéndose en pie y enfrentando al muchacho, que de inmediato perdió la actitud retadora. ―Vamos a tener que dar la cara, por ti, una vez más… y por una estupidez. ¿Cómo crees que deja esto a Naruto a ojos del consejo y el Daimio?

Miró el rostro sorprendido y casi arrepentido de Sasuke. No le extrañó aquella actitud, si había algo que podía afectar a Sasuke, era Naruto. Negó y agachó la mirada, decepcionado.

―Entiendo que tu especialidad ahora sea la obtención de información y el espionaje, podrás practicarlo, aquí adentro. Te quedas aquí. Proteges a Hinata. ¿Está claro?

―… sí.

Aquello tuvo el efecto esperado, Sasuke desapareció de ahí, con un dramático vuelo de su capa, pero sin el portazo habitual. Se frotó el rostro y miró por la ventana.

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―Repasemos la situación ―pidió uno de los ancianos.

Hanabi y Neji se miraron; Hanabi se encogió ligeramente de hombros, haciendo un gesto de fastidio y Neji agachó la mirada y observó su regazo por toda respuesta.

―Uchiha no será relevado, ni castigado, dejemos ya el tema ―ordenó el patriarca, harto de andar en círculos. ―Esta situación solo confirma que mi hija sigue en peligro y no podemos descartar la posibilidad de que otras personas o el clan entero sean el blanco de este ataque. Mi único interés, en estos momentos, es mantenernos seguros. Concentrémonos en eso.

Hanabi relajó los hombros, aliviada de que por fin se estuviera llegando a algo. Neji asintió.

El aire estaba pesado.

—El reporte de la misión, que rindió Sasuke, está respaldado por Sai, que vigiló en todo momento y tampoco notó la presencia de alguien o le vio huir, y su declaración está respaldada por Naruto, que estuvo con él mientras Hinata-sama sufría el ataque —resonó la voz tranquila de Neji. —En los recuerdos de Hinata-sama no hay indicio de que esa alucinación o ilusión haya sido provocada por Sasuke. Además el reporte de Ino ha confirmado la manipulación de la memoria de Hinata-sama, la ausencia de un nuevo chakra en su red, el aumento en la presencia del chakra anterior y la ausencia del recuerdo del hombre del dibujo. Todo esto puede indicar que él es el culpable de la desaparición de Hinata-sama, hace siete años.

―¿Están seguros que no reconocen a esta persona? ―preguntó Hanabi, elevando la copia del dibujo.

Los miembros del clan, congregados en el dojo, negaron casi al mismo tiempo, luego de echar otro vistazo a las copias del dibujo que les habían facilitado, junto a las copias de los reportes. Ninguno había visto antes a esa persona.

Hiashi exhaló y Hanabi bajó la hoja.

―Si alguien llega a encontrar un recuerdo de esta persona, lo deben informar de inmediato, no importa cuánto tiempo pase ―les indicó la muchacha.

Tomó asiento de nuevo y revolvió el contenido de su taza de té, ahora frío.

Se distrajeron unos momentos con los cambios de la vigilancia interna. Muchos integrantes ofrecieron, voluntariamente, renunciar a algunas de las misiones que les fueran asignadas para poder pasar más tiempo y que la fuerza del clan no mermara demasiado. Si antes, aquella casa había sido uno de los lugares más seguros de Konoha, ahora tendría que obtener el estatus de fortaleza impenetrable, así que la restricción del uso de Byakugan dentro de los terrenos se levantó y se impuso un horario para hacer uso de los baños y las duchas.

Era obvio que no estaban muy contentos con aquella decisión, pero no tuvieron más opción que respaldarla. Hanabi miró a Neji de soslayo y lo encontró con la mirada gacha y contemplativa, supuso que se encontraba pensando en las dificultades que enfrentaría ahora para verse con Tenten. Bajó la mirada a sus manos y jugó unos momentos con una de sus uñas, mientras escuchaba a los ancianos renegar de la intrusión de los ANBU en los terrenos y lo involucrado que Sasuke estaría en la vigilancia y la protección de Hinata.

Esa situación estaba complicando aún más, algo que de por sí ya estaba terriblemente enredado. La punta de la madeja se le perdió y sentía que entre más la buscaba, más apretaba el nudo.

―Uchiha ha trazado sus propios límites, no pasará del ala de la casa en la que se encuentra la habitación de Hinata, a menos que la situación lo requiera. Esperemos no se vea obligado a traspasar ―decía Hiashi. ―Se concentrará en la vigilancia del bosque, por igual, coordinándose con los Inuzuka y los Nara, sus puestos de vigilancia aún no son decididos, les haremos llegar la información en cuanto la tengamos.

―¿Alguna duda?

―¿Cuántos perros dispondrán los Inuzuka para nosotros?

―Once, diez se encontrarán dispersos por los terrenos y uno se mantendrá en la casa. Sai mantendrá su técnica en los bosques y Uchiha hará uso de sus invocaciones, cuando lo considere necesario.

Hubo un murmullo general, pero luego de unas cuantas preguntas más, la habitación se vació. Mientras los ancianos terminaban de discutir con Hiashi, Hanabi se quedó sentada en su sitio, contemplando y mentalizándose a las nuevas disposiciones y pensando la manera de darle el golpe a Hinata, sin hacerle mucho daño. Levantó la mirada al escuchar el susurro de las ropas de Neji y lo vio sentarse frente a ella.

―Se vienen días interesantes ―murmuró.

Neji asintió, su gesto se mantenía impasible. ―Habrá que hacer algunos rodeos.

Sonrieron ligeramente y Hanabi volvió a agachar la mirada. No tenía que exteriorizar su descontento por la presencia de Uchiha en los terrenos, el resto de los integrantes del clan ya lo habían hecho en su momento.

―¿Crees que Hinata pueda soportar el nuevo régimen?

―Tendrá que hacerlo ―murmuró, sin dejar de mirar a los ancianos. ―No tiene opción. Tendrá que superar su fuerza en la mitad del tiempo.

―… no me refería a los entrenamientos.

Neji la miró entonces y apretó los labios. ―No le gustará, pero no será la única afectada esta vez.

―Espero lo vea así…

Levantaron la mirada al prestar atención a la conversación que llevaban los ancianos con Hiashi y no les sorprendió encontrarse en la mira. Habían escuchado el susurro sobre las posibilidades de continuar con el proceso de matrimonio de Hanabi. Los gestos de los seis se mantuvieron inamovibles e impasibles, pero cada cual libraba una batalla de pensamiento.

―Creo que esto podemos dejarlo para otra ocasión ―concluyó Hiashi. ―Enviaré un mensaje y pospondré el siguiente viaje.

―Debes cuidarte de no levantar sospechas o arruinarás el futuro de esa niña.

Hanabi solo atinó a rascarse la frente, para ocultar el gesto de inconformismo y rechazo que tuvo como reacción a aquella referencia.

―Tendré mucho cuidado, tío ―aseguró Hiashi, haciendo una reverencia. ―Gracias por recordármelo.

Los ancianos salieron y, luego de unos instantes, Hiashi miró de nuevo a los muchachos. Se acercó a ellos, obligándolos sin querer a ponerse en pie, y los miró a los ojos por unos momentos.

―¿Qué se traen entre manos?

―Nada ―aseguró Hanabi.

Neji solo negó. Aquello los había tomado por sorpresa.

Los miró de nuevo, pero asintió una sola vez. ―Se vienen situaciones complicadas. No se sobre esfuercen, por favor.

―No ―respondieron al unísono. ―Usted tampoco, por favor.

Sonrió. Posó una de sus manos sobre el hombro de cada uno y se los estrechó con cariño. Asintió una sola vez. Su rostro estaba ajado por las arrugas, que se habían marcado en su frente y alrededor de sus ojos al enterarse de la situación de su primogénita.

Soltó a Neji y aprovechó para tomar el rostro de Hanabi entre sus manos. ―Descansen un poco, yo cuidaré de Hinata.

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Luego del fiasco con Kakashi, Sasuke se había ido a encerrar a casa.

No había sido un día ajetreado, los entrenamientos con Hinata se pospondrían hasta nuevo aviso y en aquella ocasión faltaría al entrenamiento con Naruto; además aún no se acostumbraba a dormir ocho horas seguidas, así que, a pesar de haber pasado la noche en vela, era extraño que apenas se sentara en el sillón se hubiera quedado profundamente dormido, pero no era en eso en lo que reparó al sentarse sobresaltado a medio día y cubierto en sudor, como si hubiese despertado de una pesadilla escurridiza que escapa a la retención de la memoria al primer indicio de consciencia.

Clavó la mirada en la ventana y corrió rápidamente a ella, abriéndola y saliendo, sin cuidado de molestar a sus vecinos con el sonido de sus pasos, pues no lo necesitaba, esos años en el exilio estaban grabados en sus músculos y ademanes, y en realidad tenía que obligarse a hacer ruido.

Desde la ventana salió disparado en silencio, recorriendo los kilómetros de casas, edificios, techos y luces que se extendían frente a él, siguiendo la línea que había trazado aquella punzada.

No lo sentía desde aquella primera noche, pero llevaba la sensación bien presente.

Ahí estaba el malnacido.

Se detuvo sobre una antena de transmisión y observó la aldea, barriendo con su Sharingan las calles, hasta el último recoveco, pero nada. No había nada. No había nadie. La gente iba y venía con tranquilidad, los vigilantes se mantenían en sus puestos, algunos merodeaban por el muro de la aldea. La tranquilidad reinaba en la juventud de aquella tarde, casi podía escuchar las bromas que se gastaban en los puntos de vigilancia.

Bajó de la antena y se perdió en una callejuela. Exhaló y se acuclilló, tenía la respiración agitada, pero no por la carrera.

Miró al suelo en silencio, sintiendo el sudor que se secaba en su nuca y en su frente. Escribió rápidamente y esperó en completo silencio, hasta que un par de pasos comenzaron a interrumpir el silencio. Al levantar la mirada se encontró con la inquisitoria de un policía, que parecía mantener su distancia y profesionalismo, pero no podía deshacerse del brillo de reproche en la mirada.

―¿Se puede saber qué fue eso? ―inquirió el hombre, llevándose las manos a la cintura.

―¿Tienes tiempo qué perder? ―murmuró, volviendo la mirada al punto en el suelo que había observado antes.

―¿Qué clase de pregunta es esa?

Con aquel pequeño intercambio confirmó que aquel hombre estaba ahí por el disturbio que él había provocado, no había notado nada más.

―… lo siento ―arrastró, poniéndose en pie y mirándolo.

Nada en su lenguaje corporal indicaba que estuviese ocultando algo y se aseguró de no lucir demasiado abierto, pues temía que aquello pudiera hacerlo lucir sospechoso. Levantó la mano y le tendió el pergamino que había escrito.

El hombre enarcó la mirada. Sasuke se mantuvo en silencio.

―¿Qué es esto?

―Un informe, puede leerlo y actuar como crea conveniente.

El hombre enarcó la mirada, pero leyó rápidamente el mensaje. Levantó la mirada y la clavó en los ojos de Sasuke, luciendo alarmado.

―¿Es una broma?

Negó.

Aquello motivó al policía a llevarse la mano a la solapa y activar el comunicador, dio la orden de revisar el sector del este y le devolvió el pergamino a Sasuke, luego de tomar una copia.

―Vaya con Hokage-sama, yo informaré al jefe.

Asintió. ―Gracias.

El hombre le señaló con la mano que era libre y luego desapareció de ahí.

Imitando al hombre, desapareció de la callejuela y pronto aterrizó en la terraza de la torre Hokage. Miró unos momentos la aldea y, luego de exhalar, caminó hacia el interior. No había tenido intenciones de volver tan pronto y tampoco estaba de humor para pararse ante Kakashi, pero confío en la celeridad que le darían al asunto.

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Media hora después, se encontraba en casa, sumamente molesto; no tanto por aquella interacción con la policía y el escriba, sino por el fracaso que su empresa había conseguido. Una vez dentro de su apartamento cerró la ventana y las cortinas, pero se mantuvo vigilante a través de una rendija.

Pensó unos momentos en Hinata, su casa se encontraba en el mismo sector al que había ido a parar. Confío en que se encontraba protegida por su pelotón de mirones y la alejó de su cabeza. Más allá del guardia que lo había encarado a él, ningún otro se había movido de su puesto. Y si nadie había alertado algo, quería decir que solo era él quién había sentido aquello.

Resopló y se quitó el fleco de la frente, luego soltó su cabello y se frotó el cuero cabelludo en silencio.

Nada parecía poder calmar esa irritación.


¡Espero hayan pasado muy felices fiestas! Les deseo lo mejor en este nuevo año n.n Lamento informarles que sigo sin computadora, así que no puedo prometerles actualizaciones semanales aún, pero no me olvido de ustedes, ni de los rincones que dejé acá.

Lunes, 02 de enero de 2023