Capítulo 20
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La serie de cambios que sucedió a aquella extraña situación no fue notoria para el ciudadano promedio, pero los shinobi involucrados en ello empezaron a habituarse a partir de la segunda semana.
No solo los Hyūga y los encargados de la seguridad de la aldea habían recibido un golpe, Kakashi se había ganado la desconfianza de A y Ōnoki una vez recitó el comunicado en el que explicó por completo la situación de Hinata y todo lo que involucraba. De no ser por la plena confianza que Gaara tenía en Naruto y Konoha y la mente aguda, flexible y adaptable de Mei, aquella reunión habría terminado en desastre.
Se recuperaban poco a poco de aquel pequeño tropiezo en el camino hacia la paz, aquel mes había servido para limar ligeramente las asperezas que brotaron en la relación de los kage durante el conflicto. Si bien no lograron encontrar más rastros, no volvieron a surgir eventos y las investigaciones volvieron a estancarse, al menos los Raikage y Tsuchikage habían perdido un poco sus reservas al presenciar, por medio de las reuniones a distancia, la vulnerabilidad que sufría Konoha en esos momentos.
Pero de todas las personas, quienes se vieron más afectados y tuvieron que sacar fuerza de flaqueza fueron Hinata y Sasuke.
Al despertar, Hinata había sido ametrallada con preguntas e información. Por desgracia el recuerdo de aquel desconocido había sido completamente borrado de su memoria y le parecía algo imposible que el dibujo, con el que lo identificaban, fuera de su puño; pero aquello no lo lamentó tanto, como saber que había perdido dos días enteros por culpa de su seminconsciencia y que en ese tiempo su libertad también había sido recortada. El inconformismo que sintió se desvaneció al comprender la situación y la desconfianza que aún llevaba dentro recibió un calmante, que la mandaría a dormir por un tiempo indefinido; pronto los entrenamientos y las "misiones" absorbieron su atención. Sus recuerdos alimentaron la sensación de pertenencia y fueron enterrando, poco a poco, sus dudas.
Los primeros días había sido difícil, tanto para Hinata, como para Sasuke, habituarse a las nuevas reglas y a la nueva rutina, pero ésta no tardó en reclamarlos y abrazarlos, con una comodidad fingida. Ninguno se sentía cómodo sabiéndose constantemente vigilado por el resto de los Hyūga, pero no había qué hacer y lo sobrellevaban con dignidad.
Sasuke había acatado todas las órdenes, toleraba con una abnegación de hierro el mal humor del consejo de la aldea, que las primeras dos semanas lo había requerido una y otra vez por todos los inconformismos que tenían o se inventaban los Hyūga, en lo referido a su manera de trabajar. Pronto había pulido su comportamiento, quitándoles el gusto de ganarle un regaño.
Había vuelto a la costumbre de tomar pequeñas siestas a lo largo del día. El cambio había podido calmar un poco su inquietud, pero tomaba unas cosas y soltaba otras; estaba más activo, pero pasaba la gran parte del tiempo conviviendo con los Hyūga y el cuerpo de policía. Con Ino y Kiba apenas había tenido una reunión que se desenvolvió de manera bastante informal, pero no podía escapar a las exigencias de etiqueta del clan Hyūga, ni a su responsabilidad de cuidar de la primogénita, que había demostrado ser un poco difícil cuando se trataba de renunciar a su libertad. Había dejado atrás los paseos por el bosque y los había intercambiado por interminables paseos por los jardines y la veranda de la casa, y por las noches entrenaba en alguno de los jardines por su cuenta.
Hinata se levantaba más temprano de lo acostumbrado a un refrigerio ligero que Hikari preparara la noche anterior y luego entrenaba las técnicas del clan con Hanabi, Neji o su padre. Los ancianos habían observado la primera semana, remontándola a esos tenebrosos recuerdos de su infancia, todo el tiempo la miraron ceñudos y decepcionados, pero no comentaron nada frente a ella.
Después de sus entrenamientos matutinos, tomaba el desayuno en familia. Solía pasar el tiempo entre el desayuno y la comida en la biblioteca o perfeccionando su técnica, a menos que tuviera sesión con Ino, entonces esperaba a la muchacha en su habitación y luego se le iban las horas en ello. Descansaba un poco si lo necesitaba, tomaba la comida y después de perder un poco el tiempo, partía a la academia para entrenar con Sasuke. Volvía a casa, a veces se encontraba a Kiba en el camino y platicaban sobre trivialidades. Tomaba un baño y descansaba un poco antes de la cena.
Durante las noches de insomnio entrenaba hasta caer muerta, consciente de encontrarse, la mayoría de las veces, bajo la atenta mirada de Sasuke, que en ningún momento interrumpió la aparente paz, aquella ilusión, que el clan se empeñaba por mantener.
—Ese brazo está demasiado flojo, Hyūga.
Aquello habría logrado distraerla tiempo atrás, pero ahora la única reacción que obtuvo Sasuke fue una patada que le pasó a milímetros de la frente. Hinata giró el cuerpo y dio un par de pasos, lejos de él, deteniéndose. Le rehuía con la mirada y ocultaba el brazo detrás de ella.
—Estás involucrando bien los músculos, pero el brazo está flojo… lo único que lograrás con eso será lastimarte.
—Lo siento.
Sasuke enarcó entonces la mirada y corrió hacia ella. Hinata se propuso esquivarlo, pero en velocidad aún estaba muy por debajo de él, ya podía reaccionar, no siempre a tiempo, pero si las peleas fueran enserio sabía que mordería el polvo en cuestión de segundos… y lo pudo confirmar en ese momento, que su muñeca estaba bien sujeta por la mano de Sasuke, ni siquiera había tenido tiempo de moverse.
—Tensa el brazo.
―Eso hago —aseguró.
—Tensa el brazo —repitió.
Las pupilas blancas miraron varios puntos del gimnasio antes de establecer contacto con las pupilas negras.
Sasuke enarcó la mirada y deslizó la mano, arrastrando la manga. El brazo estaba hinchado y al intentar girarlo de un lado a otro pudo ver que el rostro de Hinata se arrugaba en una micro-expresión de dolor.
—Debiste avisarme.
Negó.
Enarcó una ceja, sin entenderla. —No —ella volvió a negar. —¿Por qué? ¿O tampoco me lo dirás?
—Y-Yo…
—Habla bien. ¿Cómo te hiciste eso?
—Mientras entrenaba sola ―declaró, mirándolo casi con ironía.
La observó en completo silencio, la manera en que le había respondido había sido más directa de lo que esperó, al parecer no solo la entrenaba físicamente, en actitud también.
—Sola… —repitió, palpando el área hinchada. —Es una contractura muscular, estarás bien.
Asintió, nerviosa.
La miró unos momentos y consultó el reloj, les quedaba una hora. —Bien… descansa un poco. Usaremos el resto de la sesión para estudio.
Asintió de nuevo, alejándose hacia su bolso.
Ese último mes había logrado derrumbar sus intentos por no convivir demasiado y congeniar, no reconocía del todo sus verdaderas motivaciones, porque el tema de Neji la había impactado lo suficiente para olvidarse de lo demás y después había caído en un espiral de información que no terminaba de procesar. Las sesiones de entrenamiento se habían alargado por petición del clan y, además, Sasuke había agregado una hora de estudio de teoría, que pasaban en una sala que acondicionaron en la torre del Hokage. Esas horas de más los había orillado a tener pequeñas conversaciones aquí y allá, todas generalmente rodeaban el mundo ninja, no se habían tocado temas personales y ninguno esperaba o deseaba tocarlos.
Estaban cómodos en aquella relación de maestro-alumna, sobre todo ahora que los entrenamientos comenzaban a dar frutos. La brecha que creaba entre ellos la desesperación de Sasuke se iba cerrando a paso lento pero seguro. El rango de alcance del Byakugan de Hinata aún era de unos cortos seis kilómetros, pero avanzaba en taijutsu a pasos agigantados y Sasuke comenzaba a sudar en los enfrentamientos y recibir roces.
Hinata observó el bento unos momentos y apretó los labios.
Cuando confirmó que aquel régimen no se acortaría pronto, comenzó a salir de casa con refrigerios. Hikari le había quitado la obligación en un principio, pero las porciones que mandaba eran demasiado pequeñas y era imposible compartirlas. Aquel día se había decidido a recuperar ese pequeño pasatiempo y prepararse sola los refrigerios.
Lo dudó unos momentos, pero respiró profundo, se armó de valor y caminó en dirección a Sasuke, que en esos momentos consultaba su reloj y anotaba algunas cosas en un pergamino que enrolló poco antes de que ella se acercara.
La miró, encontrándola más huidiza que de costumbre, y estaba a punto de fastidiarse cuando notó que elevaba el bento, ofreciéndole un onigiri. Sin saber por qué se había quedado de una pieza, tardó unos momentos en reaccionar y la voz de Hinata le llegó mullida a los oídos, no tenía la más mínima idea de que había dicho al principio, pero se aferró a las últimas palabras.
—… le gustan, puede tomar uno.
—Gracias —arrastró, levantando la mano y tomando uno.
Hinata pudo mirarlo entonces y le dedicó una sonrisa que él no había visto desde que comenzara a entrenarla. Asintió una sola vez y mordió la bola de arroz, de pronto temía no quitársela de encima, pero la muchacha le había dejado comer tranquilo y en esos momentos caminaba para sentarse en las gradas.
Masticó un par de veces antes de saborear el relleno y miró el onigiri. No le sorprendía que la muchacha llevara comida tan rica, estaba seguro de que había un excelente grupo de cocineros en aquella casa, lo que le sorprendía era que la muchacha llevara para compartir… con él.
—Traje dos para usted —anunció la muchacha de pronto, levantando el rostro.
Tragó el bocado y asintió, acercándose. Dentro de sí había vacilado, pero aquello no se dejó ver en sus movimientos. Se sentó a lado de ella, a una distancia prudente, y tomó el segundo onigiri. De nuevo una sonrisa. Observó a Hinata dar un mordisco y observó que movía los pies de un lado a otro, contenta.
—¿No se molestará tu padre porque me estás alimentando? —dejó escapar, sin mirarla.
—… probablemente —murmuró, pero una sonrisa le atravesó el rostro, antes de que la preocupación pudiera crecer en él. Suponía que aquellos serían los actos de rebeldía de su adolescencia perdida. —… pero compartir no es un crimen —aseguró, sin mirarlo, no lo había mirado desde esa segunda sonrisa.
Así llevaban la mayoría de las conversaciones, Hinata lo evitaba por timidez y Sasuke no se esforzaba en buscarle la mirada.
—¿Qué vamos a estudiar hoy? —preguntó, mirándolo entonces.
—¿Ya perfeccionaste los jutsu de la semana pasada?
Asintió, pero su gesto mostró un poco de duda, mientras comía el último bocado de su onigiri.
—¿El ochenta por ciento?
Asintió, con seguridad.
—Entonces hoy estudiarás la teoría de los nuevos… pero procura descansar ese brazo estos días —agregó, sin poder detener su lengua. —Quizá deberías ir a revisártelo.
Hinata se miró el brazo y tardó en contestar, con un quedo "lo haré".
Sasuke observó el último onigiri que descansaba en el bento, lo suficiente para observar la perfección que había en cada grano de arroz, pero no tanto como para que Hinata lo notara. Pronto la muchacha lo tomó con sus manos y lo comió en silencio, ignorando por completo que era observada, su mente estaba turbulenta.
El movimiento que captaron sus ojos la sacó de sus pensamientos, Sasuke se alejaba en silencio.
Cerró el bento y trotó tras él, confirmando que el muchacho se preparaba para partir hacia la torre Hokage, donde permanecerían, ella estudiando y él escribiendo en sus tantos pergaminos.
Una vez dentro de su acogedora habitación de estudio, Sasuke la encaró. Hinata detuvo sus movimientos y lo miró atenta, con ese gesto que aún no perdía el aire de temor por él.
―Es posible que nos asignen una serie de simulacros pronto ―soltó, echándose al hombro el bolso con el que cargaba últimamente. ―Lo hiciste bien en los últimos, así que subirá la dificultad.
Asintió, sin saber qué otra cosa hacer.
―No ha habido actividad sospechosa estas cuatro semanas, si las cosas siguen así, pediré que nos permitan salir de misión, fuera de al aldea..
―¿En serio?
Asintió. ―Los simulacros no son suficiente… necesitas una experiencia real, peligro sea real ―aclaró ―, sino no podrás explotar tu potencial.
Asintió de nuevo.
La miró unos momentos y asintió. ―¿Firmaste contrato antes?
―¿Contrato?
―Para invocación ―aclaró.
―No.
Asintió. ―¿Has considerado firmar alguno?
―… la verdad no había pensado en ello.
―Deberías ―aseguró. ―Te sería de bastante utilidad tener un contrato y la situación requiere de todas las armas que puedas manejar. Kakashi, Naruto, Sakura y yo estamos dispuestos a ayudarte a firmar un contrato con cualquiera de nuestras invocaciones.
Asintió.
―En lo personal no te recomiendo firmar contrato con los perros de Kakashi, no son tan útiles para ayudarte a huir. Pero piénsalo.
―… gracias ―balbuceó, sorprendida. ―Lo haré.
Asintió y caminó hacia la pizarra, dispuesto a comenzar la lección de aquel día. ―Ya memorizaste suficientes jutsu de tu naturaleza, es mejor que comencemos a trabajar con los generales.
Se sentó por fin en su lugar y observó las imágenes que Sasuke no tardó en garabatear mientras explicaba.
―Los simulacros se llevarán a cabo en campo abierto, estamos trabajando en la seguridad, así que no te preocupes por ello.
―¿Cuándo dejaré de ser tan vulnerable? ―preguntó, un poco impaciente.
La mano de Sasuke se detuvo y la miró por encima del hombro. ―Eso no depende de mí.
Un gesto de sorpresa le cruzó el rostro por unos momentos y lo borró de inmediato. Asintió una sola vez y comenzó a repetir las secuencias que había en la pizarra, al tiempo que Sasuke volvía su atención a la lección.
―Llevas buen ritmo, Hyūga.
―Gracias ―murmuró, apretando después los labios y clavando la mirada en sus manos.
―Está bien que entrenes por tu cuenta, pero no estaría mal que descansaras un poco más ―declaró, dejando la tiza y alejándose hacia su puesto al otro lado de la habitación. ―Esforzarte demasiado solo agotará tu cuerpo.
―… a veces es la única manera en que logro dormir ―murmuró. ―Pero procuraré descansar ―agregó, no era el único que la había regañado por esforzarse demasiado.
Sasuke se sentó y le dedicó un vistazo. Estaba al tanto de la agenda de Hinata y no debería de tener problemas para dormir, su régimen era bastante estricto y extenuante de por sí. Observó el pergamino que había comenzado a desenrollar y lo dejó sobre la mesilla que usaba para trabajar.
―¿Debo subir la dificultad de los entrenamientos? ―soltó, temiendo estar tentando demasiado a la suerte.
Hinata no se giró para mirarlo, pero notó la ligera pausa que hubo en sus movimientos. Pronto las manos volvieron a practicar las secuencias de sellos.
―… si lo considera.
―Hyūga.
―… aún no ―declaró, incapaz de mirarlo y sintiendo tibias las mejillas. ―No estoy lista.
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La estación de tren estallaba con actividad, como era habitual.
Hinata pensaba en la recomendación de Sasuke, ajena realmente a casi todo lo que la rodeaba, estaba dolorosamente pendiente del muchacho, que se mantenía de pie a unos metros, esperando que la despedida terminara para devolverla sana y salva a casa y él poder reincorporarse a su puesto de vigilancia.
El tren que se preparaba para partir había dejado salir el primer silbido y Hanabi y su padre se despedían de ella. Aquel era el primer viaje que realizaban luego del susto en febrero. Escuchó con atención las indicaciones que le dieran ambos, en las que le pedían que acatara las órdenes y se cuidara muy bien; toleró esos recordatorios con una sonrisa y se despidió de ellos con un abrazo en el que no habría podido estrecharlos el mes anterior.
―Cualquier cosa que pase-
―Enviaré un mensaje ―aseguró.
Hanabi miró por encima del hombro de Hinata, encontrándose con la mirada de Sasuke, completamente vacía pero fija en su hermana. Volvió la mirada a la muchacha y le dedicó la sonrisa que había desarrollado para usarla exclusivamente mientras se encontraran enfrente de Uchiha. Estrechó por última vez los brazos de Hinata y dio un paso atrás, permitiéndole a su padre hacer otro tanto.
―Bien, lo mejor será que vuelvas ya a casa ―recomendó Hiashi.
Hinata asintió, se despidió con una reverencia y dio media vuelta, dirigiéndose directamente a Sasuke. Que no dejó de mirarla en ningún momento y asintió una sola vez, como respuesta a lo que Hinata le dijera.
Hanabi los observó alejarse fijamente y luego miró la locomotora. Quedaban aún quince minutos para partir y se rehusaba a perderlos dentro del vagón, sentada. Observó a su padre subir los escalones y luego exhaló y se alejó hacia la pared, para no obstruir el paso de las personas que aún bajaban y las que llegaban.
Cruzada de brazos, observó a la gente pasar, había pedido a sus acompañantes que se mantuvieran al margen, quería aprovechar el trayecto para estar sola y pensar.
En esos momentos estaba fastidiada. Observó el reloj, a pesar de estar segura de haberle echado un vistazo, segundos atrás. Tamborileó los dedos sobre su brazo unos momentos y se alejó del tiempo y el viaje. Esas últimas semanas las había pasado encima de Hinata, más por obligación que por deseo, y se había dado cuenta de pequeños detalles que no le gustaban nada. No quería sospechar demasiado de ella, pero al verla aquella tarde en la cocina, no había podido evitar sentir que sus temores se confirmaban.
Hinata estaba tomándole confianza a Sasuke y por desgracia no había demasiado que pudiera hacer al respecto. Estaban prácticamente atados el uno al otro en esos momentos. Lo que más la molestaba, era que la persona en la que más podía confiar porque era a la que mejor podía leer, era a Sasuke.
—… aún no conozco a mi hermana —lamentó, tan bajo que apenas pudo escucharse.
Una extraña sensación le bajó por la espalda y la disimuló con maestría. Inclinó ligeramente la cabeza, al tiempo que la locomotora daba el segundo aviso, y aprovechó el aumento en la actividad de la plataforma; las venas se hincharon en sus sienes y miró detrás de ella, buscando la fuente de aquella punzada, tan reminiscente de la que le había incomodado aquella lejana noche del festival de invierno. Desactivó el Byakugan al no encontrar a nadie y sacudió un poco la cabeza para quitarse el cabello del rostro, aprovechando los movimientos para mirar alrededor, fingiendo su fastidio, pero buscando rostros sospechosos.
Nada.
Miró el reloj de nuevo y gruñó internamente. Aquellas esperas eran torturas.
—¿Hanabi?
Aquel llamado la obligó a distraerse un poco de su alarma, no le sorprendió encontrarse con el enorme perro que no dudó en bufarle a la cara, reclamando una caricia. Lo miró fijamente a los ojos, rehusándose a mimarlo. Kiba no tardó en acercarse a ellos, llevaba las manos en los bolsillos y un gesto de sorpresa bien recibida en el rostro.
—¿Qué haces aquí, Inuzuka? —saludó.
—¿Cuándo volví a ser Inuzuka? —balbuceó. —Hace unos días era Kiba, ¿qué pasó?
Lo miró fijamente unos momentos y relajó los brazos a sus costados. —Nada. ¿Qué haces aquí?
—Mis abuelos llegan en el próximo tren, vine a recibirlos.
Asintió una sola vez, no tenía ánimos de conversar y socializar y ya solo quedaban cinco minutos antes de poder abordar. El muchacho no pareció notar su renuencia y se acomodó a su lado.
—¿Cómo está Hinata?
—Desesperada.
―… me imagino ―murmuró.
Volvió a cruzarse de brazos y tamborileó los dedos unos momentos, enarcando la mirada, podía ver a Natsu señalar algunas cosas, a través de la ventana.
―… ¿qué tan probable es que Hinata le tome cariño a Uchiha?
―¿Ah? ―espetó Kiba, ofendido.
Lo miró y se encogió ligeramente de hombros, haciendo un gesto de obviedad. ―Empezó a llevarle refrigerios…
―Hmm… ―renegó, rascándose la nuca. ―Hacía eso con todos… ¿Estás preocupada por eso?
—¿Tu no? —reflejó.
Se encogió de hombros, algo contrariado, pero no hizo preguntas. Si algo había aprendido luego de tratar a los Hyūga era que no se enteraría de nada a menos que ellos lo quisieran, Hinata iba incluida en aquellas actitudes de exclusividad.
―También lo hacía con Naruto ―le recordó, mirándolo con un gesto de obviedad.
―Con Naruto era diferente ―apresuró, palideciendo. ―¿Crees que se está enamorando de Sasuke?
―No ―apresuró, volviendo la mirada al frente. ―Pero desde antes de entrenar le dio por defenderlo y es fecha que no deja de hacerlo.
―Bueno, Ino nos advirtió que esto pasaría, es su maestro y por desgracia es con quien más convive… y no debes olvidar que fue de las pocas en defenderlo, incluso entonces, así que…
―… Creí que solo lo hacía por Naruto ―declaró.
―Hinata nunca ha sido tan influenciable ―la defendió. ―Sí, estaba perdidamente enamorada de él… pero eso nunca la cegó, sus opiniones siempre han sido suyas.
Miró al suelo y asintió una sola vez, enarcando las cejas.
―Relájate, Hanabi… Sasuke es incapaz de querer a alguien y Hinata está muy lejos de ser la mujer que él buscaría ―aseguró.
―Habías dicho que era el modelo de esposa perfecta ―le recordó, mirando el suelo aún.
―¡Ja! Sí ―arrastró, ligeramente sonrojado ―… pero la sutileza de Hinata no es para todos. Mira, si lo que te preocupa es que se enamore y huya con Sasuke, pierde el cuidado, necesitas a las dos partes de acuerdo. Hinata es una pacifista y por lo que hemos hablado, creo que no ha dejado de serlo, y Sasuke no soporta esas cosas.
―¿Cómo puedes estar tan seguro? ―preguntó, mirándolo al fin.
―… porque ese fue uno de sus fundamentos cuando renegó de entrenar a Hinata ―susurró ― ¡pero no le digas a nadie que te dije, se supone que no debo leer esas cosas!
Sonrió ligeramente y asintió, agachando la mirada y enarcando las cejas. ―Vaya, eres más útil de lo que creí.
Negó, tragándose la ofensa. ―No debería sorprenderte.
Dio unos cuantos pasos al frente y asintió. ―Tengo que abordar.
―Nos vemos ―se despidió, acompañándose por un gesto de la mano.
―No estaría mal que visitaran a Hinata ―declaró, dando pasos lentos hacia atrás. ―Sé que Shino y tú están ocupados, pero quizá Kurenai-sensei pueda frecuentarla un poco, solo convive con-
―Sasuke ―interrumpió, volviendo la mano a su bolsillo. ―Descuida, yo me encargo ―aseguró, sonriente. —Que tengas buen viaje
—Gracias —respondió.
Aquello no le devolvía la tranquilidad.
No le devolvió la sonrisa, solo le miró y asintió una sola vez, girándose y subiendo al vagón. Se encontró de inmediato con Natsu, que ya se dirigía hacia el exterior en su búsqueda. La tomó del antebrazo y la obligó a inclinarse, para poder susurrarle al oído.
El último silbido de la locomotora logró mantener su orden en la discreción absoluta. Miró a Natsu fijamente a los ojos, recibió un asentimiento que le costó a la mujer más de lo que admitiría en su vida, y luego la vio bajar del vagón, renuente pero obediente. Observó a la mujer observarla desde la plataforma, al tiempo que cerraban la puerta del vagón.
Natsu se alejó de la plataforma cuando el tren comenzó a avanzar. Su semblante no cambió un ápice, se mantuvo sereno y casi sonriente todo el tiempo. Se alejó, dedicando una respetuosa reverencia al guardia antes de salir, bajo la atenta mirada de Kiba, que había podido escuchar la última orden de Hanabi.
Miró hacia el vagón al que había visto a la muchacha abordar y luego miró hacia el suelo, distraído le palmeó el lomo a Akamaru.
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Hinata y Sasuke no habían perdido el tiempo y habían tomado el rumbo a los terrenos de los Hyūga.
Sasuke no pudo evitar mirarla por el rabillo del ojo, a pesar de que caminaba con la mirada al frente y con paso seguro, podía sentir la renuencia que sentía por volver. Aquel mes lo había ayudado a conocerla un poco más y pronto había caído en la cuenta de lo miserable que era en esos momentos, a pesar de lo mucho que parecía esforzarse por disfrutar de los momentos agradables que le quedaban a sus días.
Le sorprendía el temple con el que sobrellevaba hasta la orden más arbitraria que podían ladrar los ancianos de su clan.
―Están empezando los preparativos para el festival de primavera ―murmuró Hinata de pronto, mirando alrededor.
Solo dedicó un vistazo hacia la dirección que distraía a la muchacha y asintió.
Siguieron caminando, pero por primera vez Hinata veía aquella ciudad con una luz diferente a la que Sasuke había presenciado antes. En ningún momento lo obligó a detenerse, ni volvió a hacer comentarios, no señalaba, pero miraba con la ilusión de una chiquilla las guías que comenzaban a montar para colocar las lámparas de colores y las figurillas de papel que adornarían el paso.
Observó aquella faceta de la muchacha lo que tardaron en salir del centro de la ciudad y lentamente la vio volver a la resignación de siempre.
Clavó la mirada al frente.
―… ¿Sensei?
―¿Hm?
―¿Entrenaría por las noches conmigo?
―Tengo que vigilar.
Hinata lo miró entonces, él apenas y movió el cuello para mirarla.
―¿No puede vigilar y entrenar conmigo al mismo tiempo? ―preguntó con inocencia.
Sasuke, por alguna razón, sintió aquello como un reto. ―Por supuesto que puedo hacerlo, simplemente no lo haré.
Su gesto no pudo ocultar que se había amedrentado y volvió la mirada al frente. ―… no lo dije con intención de ofender.
―No me ofendiste ―aseguró.
Una pequeña sonrisa se extendió por los labios de Hinata, no podía evitar sentir que aquello había sido una mentira, pero no tenía el valor para asegurarlo en voz alta… o al menos no frente a él o alguien más.
―Recuerda que tienes que descansar ese brazo ―arrastró, sin mirarla.
Algo en lo que podría coincidir con Naruto, era las extrañas maneras en que Hinata podía influenciarlo, pero no lo admitiría jamás en voz alta. Comenzaba a perder la inmunidad que había tenido a la naturaleza gentil de la muchacha, que en todos esos meses no le había faltado al respeto, ni por error, y no podía decir que fuera porque estaba obligada a respetarlo.
Hyūga Hinata simplemente lo respetaba y punto. Y quizá era la única persona que lo respetaba tanto en el mundo. Aquello no dejaba de atribularlo cuando se detenía a meditarlo, su cerebro no era capaz de comprender el concepto, estaba acostumbrado a ser el shinobi más odiado por los aldeanos de los países del fuego y del rayo… y el resto de las minorías que había ofendido en su adolescencia; había dado por sentado que solo había seis personas en ese mundo que lo toleraban y no le guardaban rencor.
Pues bien, eran siete.
―… voy a descansar ―aseguró Hinata, frotándose el brazo.
―Y ve con Sakura o quien sea tu doctor.
Asintió una sola vez.
―¡Oi!
Aquel grito los obligó a detenerse y mirar detrás. Akamaru corría hacia a ellos y se detuvo a un metro, Kiba aterrizó casi de inmediato y los miró a ambos, contemplativo. Hinata sonreía, como siempre lo hacía, Sasuke esperaba.
―Déjala conmigo ―indicó, mirando al muchacho.
―Bien ―accedió.
Hinata apenas tuvo tiempo de mirar a Sasuke, el muchacho no se despidió, solo desapareció de ahí. Miró entonces a Kiba, que se había cruzado de brazos y le miraba sonriente.
―¿Pasó algo? ―tanteó.
Negó, distraído. —¿Tienes hambre?
Desvió la mirada hacia Akamaru y le rascó las orejas. —¿Por qué la pregunta?
—Shino y yo quedamos de vernos en Ichiraku, y pensé que podríamos… cenar juntos. ¿Qué dices?
Miró alrededor. —… no traje dinero, además debo volver a casa —lamentó. —Quizá en otra ocasión.
—¿Qué? No seas ridícula, nosotros te invitamos… solo invítanos a tu casa ―sonrió, astuto, enarcando las cejas.
—N-No lo sé…
—Pago hoy y me pagas después —insistió.
Contuvo el aliento unos momentos y lo meditó. Terminó asintiendo. —… ¡bueno!
Kiba celebró con un aullido y le palmeó el lomo a Akamaru. ―Ya sabes qué hacer amigo.
Akamaru se alejó, veloz, a reunirse con Shino y confirmar el plan y ellos recorrieron los cortos metros que aún los separaban de la casa.
Pronto se encontraron los cuatro en la casa, llenando el comedor con conversación. Hinata no se permitía demasiada soltura ahí dentro, pero sabía que una vez le daba cuerda a Kiba no necesitaba centrar demasiado la conversación en ella. El muchacho brincaría de tema en tema, manteniéndolos entretenidos todo lo que quisieran pasar juntos.
—… bueno, ya olvidemos el trabajo —pidió Kiba.
Shino asintió y se recargó en su asiento.
—¿Cómo te sientes? ¿Cómo van las sesiones con Ino? —preguntó Kiba, mirando a Hinata, directo como siempre.
—Bien —limitó, sonriendo.
—No tienes que andar por las ramas con nosotros —aseguró Shino, luego de tragar un bocado.
Los tazones de ramen se mantenían frente a ellos, no tan llenos como al inicio, pero el caldo seguía caliente. A Hinata le sorprendió que la atención se centrara tan pronto en ella, había esperado ver los tazones apilados en la esquina de la mesa cuando el momento llegara. Aquello tuvo el mismo efecto en ella que un golpe en el estómago, solo atinó a separar los labios y volver a juntarlos.
Kiba recargó la mejilla en su mano y enarcó una ceja.
—Van bien —insistió, sin saber qué decirles.
Se frotó los muslos unos momentos, con una sonrisilla en los labios y miró a los muchachos, suplicante.
—¿Qué tan avanzada vas ya? ―insistió Shino.
—Pues, ya estoy recuperando recuerdos personales… y la semana pasada las sesiones disminuyeron a dos por semana, Ino me aseguró que es una buena señal y que en menos de un mes me libraré de ella —dijo, un tanto divertida, desenvolviéndose un poco sin darse cuenta. —Aunque aún hay muchas cosas con Hanabi, Neji y papá… y el clan, que no tienen sentido.
Shino asintió, completamente atento. Kiba asintió a su vez, pero estaba distraído revolviendo los contenedores.
―Ah, esperen… iré a la cocina por más condimentos…
―Puedo decirle a-
―Nah, no te preocupes, yo los traigo ―sonrió, poniéndose en pie. ―… creo que no he olvidado el camino a la cocina y sino Chachamaru me llevará.
Chachamaru era un perro de pelaje ambarino y personalidad juguetona, uno de los once ninken que los Inuzuka prestaran a los Hyūga. Era el pequeño de la camada, así que a primera vista no imponía demasiado, pero era más enérgico y astuto que el resto. Se mantenía siempre en guardia, cerca de Hinata, y no la perdía de vista ni por accidente.
En esos momentos montaba guardia ante la puerta, meneó la cola y ladró una sola vez, feliz de ser de utilidad y recibió gustoso la caricia con la que Kiba le despeinó el copetillo al salir. Hinata observó al perro quedarse diligente en su sitio y mirarla de inmediato, borrando el gesto bobito que había tenido momentos antes. No pudo evitar sonreírle.
—¿Qué te agobia?
Miró rápidamente a Shino y negó. —… nada.
—Kiba tardará un poco, puedes hablar.
—No desconfío de él —apresuró.
—No dije que desconfiaras ―sonrió.
Apretó los labios y agachó la mirada. Se recargó en la mesa y, a falta de algo que tomar sin delatar su ansiedad, extendió los brazos y acomodó las palmas sobre la mesa y frotó la superficie con movimientos cortos y suaves.
—… ¿qué sabes sobre mi desaparición? ―murmuró, sin mirarlo.
―Desapareciste durante las primeras horas de la guerra, la transmisión entre tú y tú equipo se interrumpió, ¿quieres que consiga una copia del informe?
―… sí ―murmuró. Había una copia en la biblioteca, pero no estaría de más tener con qué comparar.
Asintió. ―Conseguiré una en cuanto pueda.
―Gracias ―sonrió, sin dejar de mover las manos sobre la mesa. ―… ¿qué sabes de mi regreso?
Shino había esperado pacientemente y aquella pregunta tuvo un efecto confuso en él. Notó la inclinación de la cabeza y la tensión en los labios, pero conocía aquel gesto.
Estaba perdido.
―La verdad no sé nada al respecto y no hemos podido averiguar algo. Fue una sorpresa verte en el festival de invierno, casi me da un infarto.
Una pequeña sonrisa luchó contra el gesto de alivio que casi se coló a su rostro al notar que Shino era sincero. Repasó lo que acaba de decirle y se quedó prendada del plural.
―¿Quiénes están intentando averiguar?
―Kiba y yo ―aclaró.
―Oh ―arrastró, relajándose en su silla.
Al menos, en eso, podía confiar en ellos dos.
Aún estaba a la deriva. Hacía tiempo que había visto tierra, pero la isla se mantenía lejana y ella solo podía dedicarse a flotar. Aquello la hizo sentir que pronto sus pies toparían con la arena. Observó la mesa en silencio y tuvo que luchar contra las lágrimas que subieron a sus ojos. Shino ofreció consuelo y pañuelos, alarmado, pero pronto lo tranquilizó.
―¿Qué te está agobiando?
―Lo siento, es solo… he recuperado muchos recuerdos, pero mi cabeza no deja de sentirse terriblemente vacía, algo falta… ―explicó, esforzándose por mantener las lágrimas al margen. ―Hay tanto que no tiene sentido… algo cambió y no lo entiendo.
—Te fuiste por siete años, es obvio que las cosas iban a cambiar.
Asintió, con una pequeña sonrisa.
—Creo que solo podrás pensar con claridad hasta que recuperes todos tus recuerdos… insisto en que te distraigas, por el momento.
―… lo sé, eso hago… por lo menos lo intento ―aseguró, con una sonrisa.
—Todo esto tiene que dejar de ser un misterio, espero no tarde demasiado, ya verás que todo tendrá sentido entonces —dijo, preparándose para cambiar el tema. —No sé por qué no te dije esto antes, pero te lo digo ahora: Bienvenida de vuelta, Hinata.
Las lágrimas subieron de nuevo a sus ojos, pero esta vez por la felicidad.
Kiba apareció entonces y se quedó pasmado al ver que Hinata ocultaba el rostro para secar sus lágrimas.
—Me voy unos momentos y la haces llorar, ¿qué te pasa? —refunfuñó, sentándose a lado del muchacho. —Y la bestia soy yo…
Hinata rio un poco y negó, restándole importancia. —… son lágrimas de alegría.
Jueves, 09 de febrero de 2023
