Capítulo 21

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Los simulacros eran vigilados por un equipo de élite en el que se encontraba una variedad selecta de ninja de la aldea y del clan Hyūga. Natsu no estaba contemplada, pero había logrado obtener un puesto y observaba, en compañía de Kō, el desempeño de la primogénita.

Sus preocupaciones no eran menores a pesar de la seguridad que parecía protegerlos, era un pensamiento colectivo que aquello solo se trataba de una distracción. Se sentía atrapada en el centro de una red, intricada y confusa, que se extendía alrededor de ella y parecía abarcar por completo su universo. Nadie podía permitirse un paso en falso.

Además, cargaba consigo el mal presentimiento que Hanabi le había dejado, pero que por alguna razón no podía terminar de concentrarlo en Hinata.

Observó a la muchacha, que corría rápidamente entre los árboles. Ya había pulido la forma, estaba alcanzado, al fin, esa perfección que Sasuke exigía, sus reflejos no se quedaban atrás, pero su fuerza aún dejaba un poco que desear. El sonido del metal chocando aquí y allá hacía ecos agudos por el bosque y las aves que salían volando despavoridas, graznando, eran el único testigo de la trayectoria que Hinata y su verdugo estaban recorriendo, para aquellos que no poseían el ojo blanco.

Un fuerte estruendo, seguido de una nube de polvo y un par de árboles caídos, anunció el primer ataque.

Hinata observó boquiabierta la enorme grieta que se había abierto en el suelo y había tumbado los árboles por los que había intentado huir. Pero no tenía tiempo para maravillarse por la fuerza de su oponente. Apenas había aterrizado en el suelo, había tenido que saltar unas cuantas veces para esquivar los golpes que Sakura dirigía directo a su rostro y no conforme con eso, la abrumaba con una lluvia de kunai, obligándola a mantener la distancia en lugar de acortarla.

Aprovechó un momento de confusión que se creó con la caída de unos cuantos árboles más y se perdió entre los escombros.

Llevaban veinte minutos en aquella carrera, el tiempo había comenzado a correr cuando localizara a Sakura. Desde un principio había entendido que aquello no era realmente lo que se pensaba explotar ese día, era absurdo; estaban poniendo a prueba su capacidad para crear estrategias.

Observó en la distancia a Sakura, no parecía tener intenciones de ir en su búsqueda, quizá porque estaba siguiendo las reglas de los médicos o quizá solo se aprovechaba de la situación. Maldijo en silencio y se llevó, inconscientemente, la mano al brazo lastimado, que aún no terminaba de recuperarse. En esos momentos le cayó encima la seriedad de lo que Sasuke le había dicho cuando notara que se había lastimado.

Confiaba en que podría esforzarse, pero eso solo retrasaría un poco su recuperación… aunque siempre podría acudir con un médico para que agilizara el proceso. Se mordió el labio unos momentos, esperando cualquier tipo de movimiento por parte de Sakura. La muchacha estaba haciendo estiramientos, mirando fijamente en su dirección.

Sakura no la buscaría, la obligaría a ella a ir hasta allá.

De su manga se deslizó un kunai y respiró profundo, preparándose para salir al encuentro.

Sasuke se mantenía en la cámara, acompañado por el consejo de la aldea, Iruka y Kakashi, que se encontraban evaluando a su alumna a través de las pantallas. Era imposible que las cámaras captaran por completo lo que sucedía, pero Sakura estaba haciendo un buen trabajo al mantenerse dentro del campo de vigilancia. Había visto a Hinata perderse entre los árboles caídos y no podía evitar apretar los dientes, él no le había enseñado, en todo ese tiempo, a huir.

Aunque tampoco podía culparla, hasta el momento, casi todas las personas habían mantenido sus ataques en un nivel de acuerdo con el de Hinata. Sakura no estaba midiendo en absoluto su fuerza.

Kakashi presionó un botón y se inclinó hacia el micrófono. ―Si tarda más en salir, tendrás que ir por ella.

Ah, eso no será necesario ―resonó la voz, metálica, de Sakura por las bocinas.

Hinata surgió entonces de entre las copas de los árboles, con la intención de arrancar del poder de Sakura el pergamino que debía recuperar.

De nuevo hubo una corta carrera. Sakura aprovechó para poner bajo su brazo el pergamino y asegurarlo mejor, el tiempo se acababa y la desesperación de Hinata parecía estar truncando un poco sus intentos. Sonrió ampliamente y se detuvo al escuchar el sonido del viento al ser rasgado por las armas; dio una serie de saltos atrás, viendo como se clavaban en el suelo las armas, siguiendo la línea que ella había recorrido.

Miró detrás y encontró a Hinata, las venas aún hinchadas en sus sienes, la mirada clavada en ella. Esquivó con facilidad el ataque, girando sobre su pierna izquierda, pero tambaleó ligeramente al escuchar el sonido metálico en el viento de nuevo.

―Te enseñaron a usar los hilos ―sonrió, saltando a un árbol y perdiéndose entre las copas.

―… quizá.

Hinata se escondió a su vez y se dio esos momentos para recuperar el aliento.

Dudaba que los trucos de Sasuke o Tenten funcionaran con Sakura, pero en esos momentos eran de lo poco que tenía en su arsenal. Arrancó de sus dedos los hilos con los que había accionado las trampas y localizó de nuevo a la muchacha, la encontró en lo alto de un árbol, resguardada por una serie de ramas enredadas.

No tengo que ganar, pensó, no importa si no recupero el pergamino, mientras mi estrategia sea buena…

―… eso es lo único que importa ―gruñó.

El silencio reinó entonces en el bosque. Sakura miraba en la dirección de Hinata, en silencio y con una pequeña sonrisa en los labios, estaba emocionada, hacía mucho tiempo que no había tanta acción dentro de la aldea. Cerró los ojos unos momentos y se dejó caer al suelo, a tiempo para ver que Hinata aterrizaba en la rama y volvía a perderse entre el follaje. Se impulsó y corrió por las ramas, huyendo de la muchacha sin tener que esforzarse demasiado.

Aterrizó en el suelo, golpeándolo con su puño, y cuarteando la superficie, impidiendo que Hinata le siguiera con facilidad. La vio tambalearse, pero también escuchó el sonido del metal cortando el viento.

―No caí la primera vez, Hinata ―la regañó, lanzando una roca con tanta fuerza que rompió el fūma shuriken en pedazos.

El sonido del metal, chocando con el duro suelo y perdiéndose entre las grietas hizo ecos en los oídos de Hinata, que no alcanzó a levantarse del suelo y recibió el puño de Sakura en el estómago.

La nube de humo hizo que tanto Sakura como Kakashi enarcaran las cejas. El sonido de la explosión distrajo a Sakura del sonido del metal que se movió, miró detrás de ella y saltó, alejándose de la trayectoria de impacto y viendo la cuchilla chocar con uno de los troncos. Se regañó por haber bajado tanto la guardia y se impulsó, para ir tras Hinata, pero la muchacha se entregó, casi en bandeja de plata, saliendo de su escondite, los hilos aún se enredaban alrededor de su muñeca.

Lanzó el puño de nuevo, directo hacia el rostro de Hinata, que lo bloqueó con un golpe certero a la muñeca. El chakra que había contenido en su puño fluctuó unos instantes y se disipó de manera violenta, golpeándolas a ambas. Hinata cayó al suelo y se levantó apretando contra su pecho su brazo lastimado; Sakura se había recuperado luego de un par de saltos inestables. Miró a Hinata a los ojos y se encontró con la mirada decidida que recordaba de otros años. Sonrió, cambió el pergamino de brazo y se lanzó hacia ella. No iba a poder asestar el mismo golpe dos veces.

Pero Hinata no tenía intenciones de hacerlo.

Esquivó el golpe de Sakura, girando como la había visto hacer cuando esquivara uno de sus ataques anteriores, rodeándola casi por completo antes de saltar hacia uno de los árboles. Lanzó su brazo izquierdo atrás, arrancando con su mano derecha los hilos que llevaba atados a la muñeca y aferrándolos bien. Una descarga de dolor le recorrió el brazo, pero no la detuvo de seguir tirando.

Sakura sintió el hilo que rodeaba su cuerpo y corría y vio los sellos explosivos que se apresuraron hacia ella.

Hinata se detuvo sobre una rama, con un kunai en mano, el sello explosivo pendía en el aire y se consumía rápidamente. Miró a Sakura a los ojos.

―Entrégame el pergamino.

―No.

Arrojó el kunai, pero Sakura lo bloqueó lanzando un shuriken. Batió la mano en el aire, atrapando unos cuantos hilos y tiró con fuerza de ellos, dispuesta a arrancárselos.

Sasuke negó al ver la trampa caer y vio a Kakashi inclinarse sobre el micrófono, pero decidió alejar la mirada de las pantallas.

―Aún queda un par de minutos, empújala un poco-

El sonido de una serie de explosiones interrumpió la orden y llenó la habitación por unos segundos. Kakashi dejó salir un sonido de satisfacción, que obligó a Sasuke a mirar de nuevo las pantallas, pero habían perdido dos cámaras con los árboles caídos y otras dos con la cortina de humo.

Sakura tosía y los ojos le escocían, pero no se atrevería a cerrarlos hasta encontrar a Hinata. Los últimos dos sellos de una de las guías estaban activos y lo había visto a tiempo para no quedar en medio de la explosión. Batió el aire con fuerza, golpeó con su brazo izquierdo y abrió un poco de campo en el humo. Encontró a Hinata de pie, a poco menos de tres metros de ella, con las manos en alto.

―Pedí refuerzos ―declaró. Aquella era la señal de retirada de la misión.

―¿Por qué…? Aún hay tiempo.

―Son menos de cinco minutos… y me lastimé el brazo al caer, solo podría ganar tiempo ―las venas en su frente desaparecieron lentamente.

Sakura relajó su postura entonces y habló por el comunicador. ―¿Bien?

―Recibimos el mensaje ―aseguró Kakashi, abriendo comunicación con Hinata también. ―Bien hecho, vengan acá.

Cortó la comunicación y miró satisfecho a Sasuke.

―Aprendió rápido tus manías ―sonrió.

―Esperemos no aprenda otras cosas ―gruñó Mitokado, poniéndose en pie. ―No tenía oportunidad contra Haruno… pero lo hizo bien.

Utatane asintió una sola vez. ―Discutiremos esto más tarde, con permiso.

Kakashi y Sasuke hicieron una reverencia y los vieron partir. Kakashi exhaló y se giró, encontrándose con Iruka, que estaba complacido con el desempeño de Hinata.

―¿Qué opinas, Iruka-sensei?

―Logró darle un golpe a Sakura ―celebró.

Asintió una sola vez y miró de nuevo a Sasuke, no borró la satisfacción de su rostro. ―Debes estar orgulloso de tu alumna.

―Sakura bajó la guardia ―murmuró.

Sonrió ―Ah, no tienes que ser tan modesto, Sasuke-kun… recuerda que Kurenai ya la había preparado antes.

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Luego de recibir sus resultados y una alabanza por parte de Sakura, se dirigió con ella a la clínica. La muchacha se había rehusado a dejarla ir sin revisarle el brazo.

En aquel consultorio, donde el olor a esterilizante y medicamentos se colaba por las rendijas, reinaba un silencio, en el que de pronto irrumpían los sonidos suaves de los movimientos de Sakura, mientras le aplicaba su chakra curativo.

Observó a la muchacha trabajar, meditando unos momentos la situación.

Su mundo había crecido un poco con aquel nuevo modelo de entrenamiento; siempre había sido reducido, pero a sus dieciséis años había estado en buenos términos con la mayoría de las personas con quienes tenía que realizar transacciones cotidianas, ya fuera de su vida como ninja o su vida como civil. A pesar de su timidez había hecho migas con muchísimas personas, pero sus amigos se habían reducido a los ocho de su generación, el equipo de Neji y un par de herederos de los clanes en el extranjero con los que el clan Hyūga mantenía relaciones.

Con esos siete años de desaparición, sus relaciones habían sufrido y por unos momentos había temido que fuera difícil poder retomar algunos de los lazos que se fueron soltando de su mano. Mantenía la esperanza, de que algunas amistades podría recuperarlas una vez comenzara a ir de misión, pero en momentos sentía que debía aceptar que algunas conexiones simplemente no encontrarían el puente.

No veía la manera… pero parecía que le tocaba el turno para intentarlo con Sakura.

—Solo es una contractura —aseguró.

Asintió.

―… pero es vieja, ¿por qué no la trataste?

―… la traté, pero…

―Hm ―gruñó, de manera casi infantil. —Te daré un masaje hoy y en dos días veremos cómo evoluciona.

Asintió de nuevo. Sakura le dio la espalda unos momentos y volvió con gel frío en una mano, que no dudó en aplicarle en el brazo. No pudo evitar contraer un poco el gesto al sentir la presión sobre los músculos lastimados y el incómodo banquillo de metal no le permitía encogerse.

—Te estás esforzando demasiado.

—N-No… mis reflejos no son buenos y mi fuerza… es lamentable.

Sakura sonrió, su gesto era suave, sus ojos estaban concentrados en el brazo. Negó con movimientos suaves y miró a Hinata, apenas un par de segundos.

—Lo estás haciendo bien, sino no habrías logrado hacerme esto ―renegó, levantando el brazo y mostrándole la marca en su muñeca.

―L-Lo siento…

―No lo sientas… tenías que hacerlo, si fuera una misión real, habrías recibido bastante daño ―aseguró. ―Necesitas descansar.

Aquello la desinfló un poco. —No tengo tiempo…

—Si lo tienes, ¿cuántas horas al día estás entrenando?

—… seis… siete…

—¿Cuántas horas entrenas el puño suave?

—Tres.

—¿Y cuántas horas entrenas con Sasuke-kun?

—… tres o cuatro, dependiendo.

Asintió. —¿Cuántas horas entrenas por tu cuenta? ¿Otras tres?

No contestó y agachó la mirada.

Sakura no pudo evitar sonreír. Terminó de darle el masaje, le aplicó el ungüento y vendó el brazo para mantener el calor.

—No vas a usar este brazo para nada, al menos hasta que nos veamos de nuevo. Le diré a Sasuke, para que no se pase de listo… solo entrena la parte inferior del cuerpo, ¿entendido?

Asintió, avergonzada de que la trataran como una niña… consciente de que se había comportado como una.

Sakura escribió la receta y luego se sentó frente a ella. Le tendió la hoja de papel y esperó a que la tomara.

—Sé que llevas prisa… lo entiendo. Pero si te lastimas solo atrasarás tu progreso.

—… lo sé —arrastró, sin poder mirarla.

—Bien.

Hinata creyó que aquello era el fin de esa embarazosa situación. Sakura se había puesto en pie, como si fuera un resorte que se había mantenido encogido por una fuerza que de pronto lo soltara. Se puso lentamente en pie, dispuesta a salir.

—Te conozco y quiero asegurarme de que al menos hoy no irás corriendo a entrenar, así que…

Su rostro no pudo ocultar la pena que aquello le provocaba, pero no supo si Sakura no lo comprendió o no le dio importancia.

—Creo que es la excusa perfecta… Aún existe esa cafetería a la que íbamos, ¿la recuerdas? Si no la recuerdas, no pasa nada —apresuró, poniéndose nerviosa. —Mi turno está por terminar y nos queda de paso a ambas y pensé… podemos invitar a Ino sino te sientes cómoda, sé que quizá tengas más confianza con ella ahora, aunque últimamente ha estado ocupada.

—¿Quieres que vayamos a comer algo? —balbuceó.

Asintió, con efusividad.

Lo meditó unos segundos, pero terminó aceptando.

Sakura lo celebró con una expresión algo violenta de su puño y la acompañó a la sala de espera, donde se quedaría solo unos quince o veinte minutos. Se sentó y observó el hospital, descolocada.

La última interacción que había tenido con la muchacha había sido durante su cumpleaños, pero en aquel entonces todo era tan confuso que no había hablado demasiado con nadie. Se había limitado a escuchar historias, que en aquel momento no recordaba, sobre misiones compartidas, sobre los días de la academia y las tardes de juegos y travesuras.

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Más allá de la ubicación, a sus recuerdos no podía volver la cafetería por el cambio que había sufrido el interior, pero esa sensación de familiaridad, que solía abordarla, estaba presente y la tranquilizaba. Al principio habían hablado de trivialidades, pero gracias a los recuerdos que ahora tenía Hinata, pronto pudieron llevar una conversación de amigas. Saltaron de tema en tema, hablaron de los sucesos importantes de esos siete años; como siempre, Hinata se interesaba en la versión que cada persona pudiera darle y encontró divertida la manera en que Sakura expresó su sorpresa al enterarse de los ascensos de Kiba y Shino en sus respectivas carreras.

—Esto es algo que siempre quise preguntarte —cortó Sakura de pronto, inclinándose sobre la mesa. —¿De dónde salió ese interés por la docencia de Shino?

Una corta risa escapó de sus labios y se encogió de hombros. —No lo sé… no sucedió en mi tiempo o quizá aún no lo recuerdo…

Sakura se cruzó de brazos y enarcó la mirada. —… es raro.

—Quizá Mirai-chan tuviera qué ver —apresuró, pensando en la criatura a la que había visto en contadas ocasiones.

Sakura recargó la mejilla en su mano y revolvió las frutas con la gelatina. —Supongo… ¿Puedo preguntarte algo?

Asintió, sorprendida por el cambio en la actitud de la muchacha.

—¿Cómo están las cosas en los entrenamientos? ¿Estás contenta con la manera en que Sasuke-kun te trata? ¿Te exige demasiado?

No supo si asentir o negar, aunque estaba segura de que en momentos le sobre exigía. —… todo está bien. ¿Ha dicho algo?

—¡No, no! —Apresuró, sonrojándose. —… es solo que no ha hecho algo parecido antes y estábamos nerviosos.

—¿Sasuke-sensei y tú? ―balbuceó, extrañada.

Sakura la miró y no pudo evitar una risa. Era extraño escuchar a alguien referirse a Sasuke de esa manera. Negó.

—Naruto y yo… y Kakashi-sensei.

Asintió, relajándose un poco. El nombre de Naruto le había provocado un cosquilleo en el estómago que no comprendió del todo… estaba al tanto de sus antiguos -y ahora vergonzosos- sentimientos por el muchacho, eran más fuertes de lo que había esperado, pero no entendía aquella reacción después de tantos años.

—Todo está bien —aseguró, tranquilizando las ansiedades de Sakura.

—¡Ah, menos mal! —exhaló, relajándose en la silla unos momentos.

Aquello dio rienda a una retahíla en la que Sakura dejó fluir por completo sus ansiedades y temores, entre bromas que ahora se permitía hacer. Hinata sonrió y se rio de lo que la muchacha le decía, atenta, pero sin dejar de contener el impulso que tuvo de pronto, de preguntarle si había estado enterada de antemano de su vuelta a Konoha.

Había creído que con sus memorias perdería todas las reservas, pero ahora estaba convencida de que las circunstancias que rodeaban su regreso estaban plagadas de discrepancias. Los recuerdos que le faltaban por recuperar eran todos de índole sentimental, así que no había lugar a dudas… pero esperaría, sus relaciones aún eran débiles y sabía que había preguntas que aún no podían hacerse.

Ya había desafiado esa tormenta por casi cuatro meses, podría esperar un poco más. En ese tiempo había confirmado la inocencia de Kiba, Lee, Tenten, Sai y Shino, había confirmado sus sospechas con Hanabi, Neji y Sakura, solo faltaba tener una oportunidad para juzgar a Chōji, Naruto y Shikamaru, pero esos eran unos encuentros que le parecían imposibles.

—He estado pensando… Ino y yo salimos a cenar una vez al mes. Se supone que es algo de equipos, pero Sasuke-kun nunca va y Naruto y Shikamaru están ocupados con sus capacitaciones… prácticamente somos Chōji, Ino y yo en la barbacoa. ¿Te gustaría venir? La de este mes acaba de pasar, pero podemos coordinarnos para la próxima.

Tragó saliva y sonrió, luchando contra la fuerza con la que le palpitaba el corazón, aquello parecía una burla del destino.

—N-No sé si pueda… no debo salir demasiado tiempo de casa ―murmuró, pensando en que Kō la estaba esperando afuera.

―Ah… es cierto ―arrastró, desinflándose un poco. ―… pero soy muy fuerte, ¿no podrían hacer una excepción?

La carita de circunstancias que tenía Sakura logró remover un poco de culpa dentro de ella y tuvo que agachar la mirada para no ceder.

―Veré si me dan permiso… quizá Neji-niisan vaya conmigo, ¿no hay problema?

Negó, sonriente. ―… puedo hacer que Naruto vaya… si eso los hace sentir más-

—N-No importa —apresuró, avergonzada.

Sakura sonrió. —¿Ya no te gusta?

Se cubrió el rostro, para ocultar el sonrojo, y miró a Sakura por el espacio que formó entre sus dedos.

—¿Quién más sabe de eso?

Sakura separó los labios, pero no pudo hablar de inmediato, enrojeció a su vez. —… lo dejaste… muy claro… así que…

Cerró los espacios entre sus dedos y gritó internamente. Tenía poquitísimos recuerdos de eso y algunos eran terriblemente vergonzosos.

—… ok.

—¿Ya no te gusta? —insistió Sakura, sintiendo pena por Naruto, a pesar de que el muchacho vivía en la ignorancia.

Bajó las manos y clavó la mirada en su taza de té. —… es un bonito recuerdo ahora.

Asintió, notando la manera en que los ojos blancos de Hinata observaban la taza de té. —Bueno… existen las segundas oportunidades…

—P-Preferiría cambiar de tema —apresuró, sonrojándose violentamente y sacudiendo el vago recuerdo de una sonrisa que de pronto la atacó.

Sakura se cubrió la sonrisa con una mano y asintió, cambiando de tema.

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El humo se elevaba en una enorme nube densa.

Hinata estaba de pie al borde de lo que al principio creyó un precipicio, pronto reconoció las siluetas y el horizonte… se encontraba de pie en el mirador, pero la baranda ya no existía, ni el interior de la aldea. El humo se elevaba al cielo como un rascacielos, que se retorcía en sí mismo y exhalaba ceniza, que caía alrededor, suavemente, como la nieve lo había hecho en los días más fríos del invierno.

—¿Qué es esto? —susurró.

Dio un paso al frente y se deslizó por los restos de un rostro de piedra que ya no reconocía; el humo no tardó en asfixiara y obligarla a moverse del lugar, alejándola de aquella tragedia que no terminaba de digerir.

—¡Hanabi! ¡Papá! —gritó, cuando pudo dejar de toser.

Corrió de vuelta al nivel bajo de la aldea.

Se detuvo al pie de aquel accidente natural y observó las llamas que aún consumían los restos de las casas, tiendas y edificios. Había trozos de piedra por todos lados, miembros y manchas de sangre se asomaban por aquí y por allá, pero no escuchaba un solo grito, ni un solo gemino, ni una sola voz pidiendo ayuda.

Desesperada, se llevó las manos temblorosas al rostro, sus dientes castañeteaban. Negó con movimientos cortos y rápidos y se alejó corriendo en dirección a los bosques, rogado, implorando a los dioses con cada paso que daba, que su casa se hubiera salvado milagrosamente, que su padre y su hermana estuvieran a salvo, dirigiendo a la gente y preparándose para salir a realizar actividades de rescate.

Sus pasos perdieron velocidad cuando obtuvo un vistazo del muro, que se había derrumbado, de las enormes puertas de madera no quedaba rastro. Se detuvo a unos metros y observó, no había fuego, pero las tuberías de gas emitían un silbido peligroso, el aire estaba cargado con ese olorcillo ácido que no tardó en marearla.

—¿Hay alguien? —sollozó. —¡Hay alguien!

Corrió al escuchar el sonido de piedras pequeñas rodas y escaló los escombros. Encontró una silla intacta en medio de todo, los adornos de porcelana y cristal formaban pequeñas trampas por todos lados. El olor a sangre y quemado era más fuerte que el del gas, pero siguió andado, buscando una señal de vida, ignorando los brazos y las piernas que pendían de maneras absurdas entre los escombros.

—¿Hija?

Se giró, jalando aire con fuerza, y el gesto se quedó congelado en su rostro al encontrarse con su padre. Tenía la mitad del rostro destrozado, de su único ojo no dejaban de escurrir lágrimas.

—… estás bien —suspiró, aliviado.

Lo vio caer al suelo y luego de unos segundos sintió un golpecito en su pie, bajó la mirada, lentamente. Tenía la garganta seca. Observó el charco de sangre que se extendía hacia ella y la cabeza decapitada la miraba fijamente.

—… p-papá —balbuceó, aquejada por un vacío en el estómago.

—¿Nee-sama?

Miró de nuevo detrás de ella y encontró a Hanabi de pie sobre los escombros, sus brazos sangraban y estaban llenos de ampollas, de su rostro escurría sangre y aún goteaba, manchando el suelo. Observó con horror que la muchacha tenía las cuencas de los ojos vacías.

El grito que escapó de su garganta retumbó dentro de la casa y en la oscuridad de la madrugada.

Aquello sobresaltó y movilizó a todo mundo. Chachamaru apenas había podido escanear la habitación cuando Sasuke irrumpió, rompiendo la ventana. Las sábanas se agitaban con fuerza y los sollozos y gemidos no dejaban de interrumpir la noche. Se arrojó sobre ella, alarmado, y no tardó en arrastrarla fuera de aquella enredadera de tela, poniéndola en pie con dificultades.

Hinata lo empujaba lejos de ella, arañándole el brazo y el hombro.

—¡Tranquila! —gritó, luchando contra aquel cuerpo escurridizo que se esforzaba por huir. —Hinata… —la tomó por el hombro con fuerza y la sacudió, gritándole en la cara. —¡Hinata!

La mirada blanca se posó sobre él y lentamente perdió el velo que la había cegado. Miró alrededor, confundida, estirando distraída sus manos hacia Sasuke y aferrándose a su camisa.

—¿Qué…?

Sasuke aprovechó la calma desorientada para revisarla y pronto exhaló, aliviado, de que al parecer aquello fuera producto de una pesadilla. Los pasos de quien quiera que se acercaba se escuchaban por el pasillo y el pasto en el exterior. La escuchó balbucear unos momentos y apretó el gesto al sentir que se recargaba en él; por unos momentos le acarició la cabeza, peor no tardó en reaccionar y levantar el brazo, alejándolo de ella, esperando a que se calmara.

La puerta se abrió y Kō encendió la luz, Natsu y él observaron la ventana, el cortinero había caído y había vidrios rotos en el suelo, Chachamaru se mantenía firme frente a la cama de Hinata y los sollozos de la muchacha llenaban el silencio.

―¿Qué pasó? ―exclamó Natsu, mirando la escena que había a la orilla de la cama.

—Un mal sueño —indicó Sasuke, mirándolos, casi suplicante. ―… no me suelta.

Natsu se apresuró y con voz maternal tranquilizó a Hinata y soltó las manos de la camisa de Sasuke. Se llevó a la muchacha de ahí, con promesas de una reconfortante taza de té caliente y un panecillo. El perro pasó de largo a Sasuke, se escurrió fácilmente en el espacio que quedaba entre la puerta y Kō y se perdió en el pasillo, yendo detrás de Hinata.

Sasuke se acomodó la camisa y miró los vidrios, luego miró a Kō. ―¿Tengo que pagar la ventana?

Negó, no podía hablar, tenía los dientes apretados. ―Vuelva a su puesto.

Asintió y desapareció de ahí.


Miércoles, 01 de marzo de 2023