Capítulo 27

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Agradecía que su extraña crisis hubiera sucedido en su día de descanso, no hubiera podido soportar agregar un día más de entrenamiento perdido a la lista; pero el día llegó, con un cielo cerrado que dejó caer sobre Konoha un torrencial diluvio que no parecía estar dispuesto a detenerse por nada. Aquello se había sumado a las reservas que aún tenía su familia aquella mañana, no parecían convencidos de su excelente estado mental, pero había triunfado de alguna manera.

Las cosas entre ella y Hanabi y Neji no volverían a la normalidad pronto, pero las tensiones se contenían solo entre ellos dos, dejándola a ella fuera de toda esa tormenta; había estado navegando por los límites de aquel huracán, más a fuerza que por convicción. Cuando intentaba girar el timón hacia el centro, alguno de ellos le enviaba una ventisca que la alejaba de las corrientes turbulentas y de nuevo miraba desde el exterior.

Estaba sentada en la cama, frente a la puerta, que se encontraba abierta de par en par, así que cuando Neji salió de la habitación de Hanabi, tuvo que encontrarse con ella.

El muchacho se sacudió una arruga imaginaria, le enfrentó la mirada y luego desapareció de ahí. Se levantó, cuando sabía que Neji ya no se encontraba cerca, y salió al pasillo. Observó la puerta cerrada de Hanabi y abrió una pequeña rendija, asomándose; encontró a la muchacha sentada en la orilla de la cama, con las manos apretadas sobre la cobija; las arrugas que se formaban entre sus dedos se extendían a sus lados.

La mirada estaba clavada en el suelo y tenía un brillo de confusión que Hinata no había presenciado antes en su vida.

―¿Hanabi?

Parpadeó y levantó la mirada, clavándola en lo poco que podía ver del rostro de Hinata. ―Nee-sama… no te escuché llamar.

―¿Estás bien?

Sonrió, pero el gesto apenas alcanzó sus mejillas. ―Sí.

―¿Me acompañarás al entrenamiento?

―… no, nee-sama, hoy no. ¿Uchiha no está de guardia hoy?

Negó.

―Dile a Natsu que te acompañe.

Asintió y se alejó de la puerta, pero no la cerró del todo. Miró hacia el pasillo, preguntándose qué se traía Neji entre manos.

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No se había quedado tranquilo luego de la discusión durante la fiesta. Había aprovechado el ajetreo que llegara después, para hablar un poco con algunas personas y el día anterior, el episodio con Hinata le había servido otro tanto para tantear el terreno. Aquella mañana, luego del desayuno, se había reunido con Natsu en la lavandería. El sonido de las máquinas había servido de abrigo para su conversación.

Fue imposible que no notara ciertos detalles en la certeza de Hanabi, que no encajaban del todo con la realidad; habría podido ignorarlo, creyendo que se trataba de un intento por venderles la idea del compromiso con Yasahiro, pero su intuición le decía que no debía ignorarlo y Natsu había alimentado sus sospechas con los reportes de todas las veces que encontró a la muchacha, a solas en el aviario, con la mirada completamente vacía y la cabeza dispersa al reaccionar.

Sakura le había curado casi por completo y retirado los analgésicos orales, así que la excusa inicial parecía más y más una falacia conforme le revisitaban. Estaban seguros que no se trataba de un genjutsu, así que sus temores recaían en control mental… solo que Natsu no había encontrado ningún sello.

Tampoco olvidaban el aparente sonambulismo, con un solo evento no se habían atrevido a conjeturar demasiado, pero cuando lo consideraba junto al resto de los detalles, las dudas que tenía sobre la palabra de Hinata iban desapareciendo. No había demasiadas cosas sospechosas… a simple vista.

Entre más polvo quitaba de encima, se daba cuenta de las piezas del rompecabezas que no encajaban. No solo Hanabi se encontraba dispersa, las personas que la habían acompañado al viaje también llevaban pequeños abismos dentro. Se había dado cuenta que, si llevaba la conversación de manera gentil y persuasiva y lograba confundirlos, los sumía en ese estado de abstracción y confusión que Hanabi había atribuido a los medicamentos.

No perdían el hilo de la historia de la caldera, así que no podía asegurar que aquel accidente no hubiera ocurrido en realidad, pero al menos tenía la certeza de que las decisiones de su prima estaban siendo manipuladas por una tercera persona. Si se trataba de Yasahiro o no, eso ya lo investigaría después. En esos momentos, lo único que le interesaba, era alejar a Hinata de ese entorno.

Así fue como terminó en la oficina de Kakashi, exigiendo una audiencia personal y privada, en la que esparció las cartas en la mesa.

―… por desgracia solo ustedes pueden notar cambios tan sutiles o notar la ausencia de detalles en sus rutinas. Lo que me consuela es que no es una lista muy larga.

Asintió. ―Desde que se usa el tren los acompañan menos personas, pero Hanabi-sama tiene programado un segundo viaje y requirió la compañía de otras personas.

―Eso no es normal ―comprendió.

Negó suavemente. ―Creo que lo mejor es sacar a Hinata-sama de Konoha, pero temo estar cayendo en una trampa.

―Es una posibilidad ―coincidió, meditabundo. ―Hasta estos momentos cualquiera puede pensar que tenemos por completo el control de su ambiente y con el ojo blanco encima de ella es imposible tocarla, sacarla de aquí sería más a conveniencia de ellos… ¿Ha habido cambios ordenados por Hanabi o Hiashi-sama?

―No… al menos no que yo sepa.

―No podemos fiarnos ―aseguró, presionando un botón en el comunicador.

La voz de Iruka no tardó en resonar.

―Usa el auricular, por favor ―pidió, esperando la pauta para hablar. ―Iruka, necesito a Ino y a Sasuke en mi oficina, que abandonen lo que sea que estén haciendo y vengan de inmediato.

Ino y Sasuke no tardaron en aparecer, se habían encontrado en el pasillo y no habían intercambiado palabra alguna. Imaginaron que aquello tenía que ver con Hinata y temían que algo hubiese pasado con ella y su progreso volviera a interrumpirse y sus temores solo empeoraron al encontrar a Neji ahí dentro.

Kakashi les explicó la situación de la manera más clara y concisa posible.

―¿Quiere que investigue? ―preguntó Ino. ―Eso podría delatarnos…

―Aún no, primero tenemos que hacernos cargo de la seguridad de Hinata. Tengo un par de ideas ―declaró. ―Puedo coordinar un simulacro de unos cuantos días en el bosque prohibido, para sacar a Hinata de la casa… Neji, cancelaré tu participación en la próxima misión, lo mejor es que puedas mantener constancia en la vigilancia interna, nadie más puede infiltrarse.

Sasuke no pudo evitar juntar las cejas. Neji fungiendo como espía en contra de su propia familia… se sentía asquerosamente reminiscente.

―Enviaré un equipo a investigar a los Hasegawa y vigilar la residencia.

―¿Puedo saber de quienes sospechas? ―preguntó Sasuke, distrayéndose de sus rencores.

Neji estaba a punto de replicar, pero decidió usar la información con la que ya contaba. El comentario que Hinata había hecho sobre Chachamaru lo había asaltado.

―¿Takako, Miki y Akino están en esa lista?

Neji asintió, sintiendo que el corazón se le quería escapar del pecho. ―¿Notaste algo?

No ignoró la manera en que Kakashi lo había mirado, expectante. Negó. ―Hinata me comentó que Chachamaru les ladraba a unas personas y que Hanabi quería que lo cambiaran por otro perro. ¿Ya cambiaron al perro?

Neji chasqueó la lengua y se apretó el puente de la nariz. ―… no. Hanabi-sama cambió de parecer, después de la fiesta.

―¿Suele tener ese tipo de caprichos? ―resonó la voz de Ino.

Tenía la mirada clavada en Neji. El muchacho asintió una sola vez, aquello explicaba por qué no lo había notado sospechoso. El aire entre ellos cambió, incluso Kakashi se tornó más serio, de ser posible.

―¿Sospechas de ella también? ―inquirió Sasuke.

―… es la primera persona de la que sospeché.

―¿Quién está cuidando de Hinata en estos momentos? ―preguntó Ino.

―La dejé con Shino ―apresuró Sasuke. ―Deben estar aquí, en la sala de estudios.

Asintió, aliviada.

―Neji, vuelve a casa y sigue investigando, sabes qué hacer, lo dejo a tu consideración. Veré que Kiba se haga cargo de Chachamaru hoy mismo… podemos fingir que la cancelación del cambio se traspapeló, no es inaudito y no provocará alarma.

El muchacho asintió y salió de la oficina. Kakashi miró a Ino y a Sasuke. ―Lo que voy a decirles no debe saberlo nadie… ni Naruto, ni Sakura, ni Shikamaru o Shino. Lo que les diga a ustedes en privado, no pueden comentarlo entre ustedes. ¿Entendido?

Aquello los alarmó. Asintieron.

Miró a Sasuke. ―¿Hinata está agotada?

―No.

―Bien. La sacaremos de aquí, tengo una misión para ustedes, partirán hoy mismo…

―¿De qué va la misión?

―Espionaje ―limitó ―no puedo darte detalles frente a Ino. Escúchenme bien.

Ambos asintieron.

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Luego de unos minutos, Sasuke llegó a la sala, donde Shino estaba evaluando la rapidez con la que Hinata formaba los sellos de los jutsu que Sasuke le había estado enseñando.

―Puedes irte, Shino.

Asintió y se despidió de Hinata con una sonrisa. ―Nos vemos luego.

―Hasta luego ―se despidió, sonriente.

―Saldremos en un momento ―indicó Sasuke.

Un crujido en el exterior llenó el silencio, mientras Sasuke caminaba, seleccionando algunos de los pergaminos que mantenían en la mesa y guardándolos dentro de un bolso. Hinata lo había seguido con la mirada, pero la desvió el techo al escuchar el sonido de las nubes.

―Justo había dejado de llover ―murmuró.

―Créeme, es mejor que siga lloviendo ―murmuró, por lo bajo. ―Saldremos de misión.

―¿Qué?

―No puedo explicarte aquí, éste es el oficio ―extendió su mano y le tendió el documento a Hinata.

Lo leyó confundida. ―¿Por qué no me dieron uno a mí?

―Porque debemos mantener esto en secreto. Es importante para la misión ―limitó, sin mentir del todo. ―Kakashi se encargará de informar a tu familia.

―¿Cuándo partiremos?

―Ahora.

―Pero no traje-

La puerta se abrió entonces. Ino solo se detuvo para depositar sobre la mesa un bolso de viaje con provisiones y el uniforme para Hinata. Salió de ahí como había entrado, sin decir una sola palabra, sin cruzar miradas por segunda vez.

―Tu equipaje y tu uniforme ―señaló, cuando la puerta se cerró. ―¿Cuántos clones de sombra puedes crear?

―Tres… cuatro si-

―No… tres está perfecto ―murmuró, tomando el bolso con provisiones y caminando a la puerta. ―Saldré, tienes un minuto para cambiarte, deja tu ropa aquí, Ino se encargará de ello. Cuando estés lista crearemos tres clones.

Aquel minuto pasó rapidísimo. Cuando abrió la puerta, Sasuke entró y formaron los tres pares de clones. Hinata observó a su alrededor, confundida por aquel misticismo, pero no se atrevió a hacer preguntas, temerosa de que aquello fuera una prueba que aún no terminaba de comprender.

Sasuke observaba su reloj. Levantó la mirada y acomodó su mano sobre el hombro de Hinata. ―Vámonos.

Caminaron por los pasillos internos, que Hinata solo había recorrido una vez antes. Entre más pasos daban, más y más se iban hundiendo debajo de la torre. Los pisos lustrosos y las paredes lisas quedaron atrás rápidamente, pronto los envolvieron corredores de paredes con sus piedras desnudas y suelos que parecían más bien tierra apisonada.

—¿A dónde vamos? —preguntó al fin, ante una escalinata de piedra, que los dirigía aún más al fondo y se perdía en la oscuridad.

—Vamos a salir por un subterráneo —explicó, tomando una de las antorchas que se mantenían dispuestas a la entrada y encendiéndola con la que había eternamente iluminada y acomodada en la pared.

—¿Por qué?

—… no me gusta llamar la atención —limitó. ―Escúchenme bien. Llegaremos a un pasillo, la salida es angosta, así que saldremos de dos en dos, pero nos dispersaremos de inmediato. Dispersaremos el jutsu a los diez minutos de salir. ¿Entendido?

Las cuatro Hinata asintieron.

―Vayan ustedes primero ―ordenó, señalando a dos pares y miró al resto. ―Ustedes irán al final.

Comenzaron a bajar cuando les llegó el turno, casi de inmediato sintió la mano de Sasuke tomar la suya; lo miró, confundida, pero se sacudió todas las ideas que pasaron por su cabeza y bajó, yendo un paso detrás de él. Luego de unos segundos escuchó la puerta rechinar al cerrarse. La única luz que los guiaba se encontraba frente a ellos, pero no era suficiente para poder asegurarse de lo que pisaban; apretó la mano de Sasuke y con la otra mano se detuvo de la pared.

Sasuke notó la humedad de la mano helada de Hinata, miró por encima de su hombro, la diferencia de altura que había en un escalón y otro casi los dejaba a la misma altura.

―Tranquila ―susurró.

Llegaron al corredor del que había hablado Sasuke y caminaron en parejas. Hinata llevaba la mirada clavada en el clon que le llevaba la delantera; no se acostumbraba a verse la espalda, pero pronto se olvidaría de todo ello.

Una luz gris comenzó a brillar al final. Formaron una fila y en cuanto pisaron el exterior fueron desapareciendo, rodeados por el sonido de la lluvia rebotando en la vegetación y el de sus pasos sacudiendo las ramas y arbustos.

Sasuke no soltó la mano de Hinata.

La supuesta ausencia de eventos, más allá de tranquilizarlo, amenazaba con confirmar sus paranoias. Quizá el enemigo les estaba midiendo la fuerza, pero, por el momento, no parecía ser lo suficientemente fuerte para meterse con la aldea completa o eso le gustaba pensar.

Confiaba en sus habilidades y se vanagloriaba de su fuerza, pero no sabía qué esperar de aquella escurridiza piltrafa; quizá solo quedara en eso, una escurridiza piltrafa de la que no debía preocuparse, pero en el peor de los casos podría representar una amenaza y la integridad de Hinata se encontraba en juego.

No sabía si había infiltrados, así que aquella vía de salida había sido cuidadosamente planeada por él, sin ser comunicada a nadie.

Las copas de los árboles los resguardaban del apogeo de la tormenta, pero aquí y allá caían gotas que burlaban el espeso follaje y por los troncos escurría el agua, formando corrientes en el suelo que desestabilizaban el paso. Llevaban ya varios minutos corriendo y hasta el momento nadie los seguía. Se habían soltado las manos para que Hinata pudiera activar su Byakugan y cerciorarse; cuando la muchacha lo miró y asintió una sola vez, volvió a extender su mano.

—En unos metros vamos a abandonar la barrera de la aldea, entonces voy a saltar, tienes que agarrarte bien a mi ―ordenó. —Y no te alejes de mí, bajo ninguna circunstancia.

Avanzaba, confiado. Habían tomado desprevenido al enemigo o los clones habían servido de algo, si es que se le había ocurrido ir tras ellos ahora que se encontrarían fuera de los muros y de la protección de la aldea. Aquel mal tiempo había sido un regalo, con la fuerza del agua se borraría cualquier rastro y sería difícil poder seguirlos.

Saltaron a las ramas y luego de unos cuantos árboles, mientras zurcaban el viento, Hinata sintió la fuerza con la que Sasuke tiró de ella y se aferró con fuerza a él, sintiendo a su vez el brazo bien apretado alrededor de sus hombros. Cerró los ojos y sintió un extraño cosquilleo recorrerle el cuerpo.

Sasuke saltó para cruzar por una de las aberturas que Ino había creado para ellos. Así no quedarían registros claros de su partida.

―Listo ―anunció, luego de aterrizar en una rama.

La pausa solo sirvió para que Hinata lograra estabilizarse. Retomaron el camino de inmediato.

―¿Puede decirme que está pasando? ―preguntó al cabo de unos minutos.

Habían liberado los clones en la marca de diez minutos, pero a su mente no habían vuelto más memorias que las de los metros de bosque recorridos. Había sido un confuso choque, pero su tratamiento con Ino la había preparado para ello.

―¿Memorizaste el lenguaje de señales que te enseñé?

Asintió una sola vez. Habían repasado el sistema de comunicación no verbal y luego Sasuke le había enseñado sus propias señas; ya se había familiarizado un poco con ello en sus misiones de recadera, pero la complejidad del sistema había aumentado con los simulacros.

—Bien.

—Va a decirme-

―Es una misión secreta, Hyūga ―le recordó, sin mirarla. ―Nos enteraremos de los detalles al llegar al puerto.

―¿Llegaremos hoy al puerto?

―No, acaparemos unas horas y retomaremos el camino por la madrugada… estaremos en el puerto temprano por la mañana.

―… iremos al país del agua.

―No lo sé, solo me dijeron que recibiremos el resto de los detalles a esa hora y en ese lugar.

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Sasuke observaba el lugar en silencio. Habían llegado un poco tarde y la mayoría de las personas habían montado sus tiendas cerca de los árboles, dejando la explanada extrañamente desolada. Por suerte el mal tiempo también había influido en la disminución del tránsito de aquel día y lograron encontrar un pequeño espacio; no era suficiente para montar las tiendas, pero se las apañaron. Usaron la tienda de Hinata para cubrirse de la lluvia y con la tienda de Sasuke se protegieron de la humedad del suelo.

La briza, que en momentos tomaba fuerza y se convertía en lluvia, no le estaba facilitando las cosas a Hinata, que se empeñaba por encender una fogata en la que pudiera calentar agua.

Luego de dejarla batallar unos momentos, se acercó y le pidió la mano. Realizaron la serie de sellos y sopló una llamarada que secó la leña y encendió una fogata. Se alejó, luego de recibir el tímido agradecimiento de la muchacha y volvió a su puesto debajo de la tienda. Sacó una pequeña libreta de su bolsillo y comenzó a escribir las notas mentales que tenía del desempeño de Hinata… pero no eran muchas aún.

El problema más grande que tenía Hinata, era su inseguridad. Golpeó con punta del lápiz la hoja y levantó la mirada al escuchar un susurro a lado de él; Hinata se acercaba con una bolsa en la mano. Se detuvo a unos pasos de él, la ligera briza que caía del cielo aún la mojaba en aquel sitio. Lo miraba con esos ojos que evidenciaban un sentimiento extraño, cuando no estaban acompañados de las sonrisas y la afabilidad.

Conocía esa mirada… la recordaba de años atrás, aquella era la mirada que le devolvía el lago en el que había entrenado con su padre, cuando su padre ya no existía.

Separó los labios para preguntar un "Qué pasa", pero la suave voz de la muchacha interrumpió su intento.

—Ino envió conservas y comida instantánea ―indicó, mostrándole las opciones.

―Lo que quieras está bien ―murmuró. ―Iré a buscar bayas y raíces.

Asintió y se alejó, sin mirarlo.

Le había quedado un ligero temblor en los dedos, desde que Sasuke la soltara, y batalló unos momentos para abrir el contenedor de arroz. Hidrató el arroz instantáneo, diluyó una porción de miso en un poco de agua y vertió en la olla de hojalata el tofu y las verduras deshidratadas; se quedó observando aquella concocción y agregó el miso un poco antes de retirarlo del fuego.

Tenía la cabeza vacía… o al menos se esforzaba por mantenerla así. Estaba consciente de que su completa concentración la debía a la misión, pero los pensamientos sobre Hanabi y Neji no tardaron en asaltarla una vez se encontró en la tranquilidad del campamento. Revolvió unos momentos el miso y se levantó, dejaría la fogata encendida en caso de que algo se les ofreciera y después la apagaría.

Esperó en silencio, hasta que Sasuke se plantó frente a ella y le tendió unas cuantas bayas que aún tenían gotitas de agua sobre la piel. Tomó la porción y le ofreció al muchacho la comida caliente, le sorprendió verlo arrodillarse para sentarse junto a ella.

―Itadakimasu ―rezaron ambos y se pusieron a cenar.

El cielo cerrado no brindaba luz aquella noche y los brillos anaranjados de las fogatas eran lo único que tenían para poder verse los rostros, pero se ignoraban.

―¿Es la primera vez que recibes una misión del tipo?

Levantó la mirada y apuró el trago de sopa. Negó. ―… ya había trabajado en circunstancias similares.

Asintió y dejó los contenedores vacíos en el suelo. ―¿Estás preocupada?

―… un poco ―mintió.

―Es mejor que aproveches y lo saques, ¿qué te preocupa?

―… creí que no tenía intenciones de ser mi amigo ―le recordó, con una pequeña sonrisa.

―Tampoco tengo intenciones de fracasar, no me conviene que no estés concentrada ―declaró, recargando la mano en el suelo.

Lo miró unos momentos y agachó la mirada, un ligero calorcillo se estaba adueñando de su rostro y no quería a su corazón una segunda vez en la vida. Jugó con sus dedos, sopesando sus pensamientos.

―¿Recuerda lo que hablamos la otra noche? ―murmuró, sin mirarlo.

El sonido de una gota de agua evaporarse en la fogata coronó el silencio.

―Sí ―contestó, viéndola retorcerse los dedos.

Su misión personal se había visto frustrada, había tenido la intención de confirmar o negar de una vez por todas sus sospechas sobre Hanabi y Kiba… ahora no sabía si tenía el tiempo o si contaría con él y estaba deseseprada. No dejaba de darle vueltas a lo que Sasuke había dicho y, no podía negarlo, la idea la seducía de una manera que le parecía hasta malsana. Algo dentro de ella se regocijaba un poco imaginando llevar a cabo ese acto de traición a su familia.

Resopló… no era tan desgraciada, no estaba tan desesperada y sabiéndose un poco enamorada de Sasuke, no tenía el corazón para soportar engañar a su familia y a sí misma.

—… solo espero las cosas no se aceleran en mi ausencia.

Asintió y casi exhaló alivio, le sorprendía no haberse atragantado al escucharla tocar el tema. —Lo dudo… primero van a hacer un escándalo e intentar linchar a Kakashi por enviarte de misión de esta manera.

Observó la pequeña sonrisa burlona en el rostro de Sasuke y no pudo evitar cubrirse una risilla con los dedos.

Sasuke aprovechó que las pestañas de la muchacha probablemente lo cubrían y la observó un par de segundos, con un gesto de sorpresa que no pudo controlar. El escalofrío que le recorrió la espalda lo obligó a desviar la mirada.

El sonido de la lluvia tomó fuerza y pronto los sonidos sibilantes llenaron el aire; había brazas que cedían tras rechistar, pero unas cuantas fogatas se rehusaban a ceder a la lluvia.

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Horas atrás

Kiba llegaba a casa de los Hyūga, en compañía de Yukimaru, un perro más veterano que Chachamaru. Bajó del lomo de Akamaru y observó los muros y las puertas de madera que resguardaban aquella finca del exterior; le palmeó el lomo a Akamaru al escucharlo gimotear y le sonrió, en un intento por convencerlo de que todo estaría bien.

Odiaba estar ahí. Si no fuera por Hinata, evitaría aquella casa a toda costa.

―Qué remedio ―arrastró, dando un paso al frente. ―Espérenme aquí.

No le sorprendió encontrarse frente a frente con Natsu en el genkan, la saludó, tan cordial como podía serlo a pesar del malhumor que sentía y le permitió guiarlo hacia la sala de estar. Donde se quedó sentando en completo silencio, con la promesa de que pronto llegaría Neji a explicarle las cosas, rumiando su bilis y demasiado consciente de la nota que llevaba en el bolsillo.

Unos pasos suaves lo tensaron y mantuvo la mirada clavada al frente.

Hanabi pasó de largo y luego volvió, asomándose, para confirmar que veía ahí a quien creía que veía.

―Inuzuka, ¿qué haces aquí?

―Vine a ver cómo están cuidando de Chachamaru ―limitó, sin mirarla.

Hanabi asintió una sola vez. ―¿Por qué la cara de esbirro del terror?

―Cállate ―apresuró, mirándola. ―… por favor, cállate. No estoy de humor.

Hanabi enarcó las cejas y siguió su camino, dejándolo a solas para despeinarse el cabello a gusto y presionar las palmas sobre su rostro, en un intento por no mandar todo al carajo. Arrastró las manos por su rostro y miró hacia la puerta, a tiempo para encontrar a Neji, en compañía de Chachamaru.

―¿Qué demonios te tomó tanto tiempo?

―Buenas tardes.

―Sí, sí… buenas tardes ―arrastró, palmeándose la pierna para que Chachamaru se acercara a él. ―¿Cuál es el problema? Kakashi-sama envío a un genin con el mensaje y en fin…

Asintió. ―Verás, hubo una situación hace unos días… cuando volvió Hanabi-sama.

Se acuclilló y juntó las cejas al observar al cachorro prestarse solícito para el exámen físico, pero no poder mantenerse quieto ni callado por más que se esforzara.

―No puedo ayudarte con sus caprichos, Neji ―sonrió, con ironía. ―Si no le gustó Chachamaru-

―No es eso… deberías verlo con el perro.

Kiba había levantado la mirada hacia Neji y ahora observaba a Chachamaru, que tomó aquello como la pauta para poder dar un reporte a alguien que lo entendiera y, sobretodo, lo escuchara. Kiba escuchó con atención cada gruñido, bufido, ladrido y chillido que emitió el cachorro y palideció.

―Neji ―al levantar la mirada observó al muchacho negar una sola vez, con el índice elevado para ordenarle que guardara silencio.

Miró de nuevo al ninjen y lo acarició para tranquilizar la frustración del pobre animalito y luego sacó de su bolsillo un premio, que el perro olisqueó, como si dudara de merecerlo.

―Cómelo, hiciste un buen trabajo ―le animó. Se irguió y miró a Neji. ―¿Me acompañas? Quisiera visitar al resto de los perros.

Neji asintió y pronto se encontraron lejos del a casa, dentro del espacio de bosque que pertenecía al clan. Caminaban tranquilamente entre los árboles, Neji llevaba a delantera.

―¿Cuál es tu versión, Neji? ―murmuró, sintiendo tenso el rostro.

―¿Lo que sea que te haya dicho el perro no es suficiente? ―contestó, receloso de la información.

―¿Dónde están Akino, Miki y Takako? ―contraatacó.

―Takako se encuentra en la casa, Akino y Miki volverán más tarde ―aseguró, mirando sobre su hombro al muchacho.

Kiba asintió. ―Después de revisar a los demás, quiero una audiencia.

―Veré que Takako-

―Con Hanabi ―aclaró.

Neji volvió la mirada al frente y no pudo evitar chasquear la lengua. La única reacción que obtuvo de Kiba fue una corta mirada que se posó en su nuca.

Desvió la mirada al bosque y se ahorró una exhalación, aquello se estaba complicando de una manera que no le gustaba.


e.e han pasado 84 años... ya tengo computadora.

Miércoles, 20 de marzo de 2024