Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Stolen Touches" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Epílogo

Bella

Dos años después

No puedo creer que lo haya vuelto a hacer.

Se abre el ascensor. Sin prestar atención a la secretaria de Edward, que me mira boquiabierta detrás de su escritorio, atravieso el vestíbulo de la oficina hacia la gran puerta ornamentada de la derecha.

—¿Sra. Cullen?

Me detengo y miro por encima del hombro.

—¿Sí, Ginger?

—¿Está todo... bien? —pregunta la secretaria, sus ojos van desde mi cabello enmarañado, pasando por la camiseta gris de Edward que llevo puesta, hasta mis pies descalzos.

—Por supuesto que sí. —Sonrío ampliamente, cojo el pomo y entro en el despacho de mi marido.

Con las manos en las caderas y el ceño fruncido, camino alrededor de su escritorio y me detengo junto a él. Edward levanta la vista del portátil y se reclina en la silla.

—¿Has dormido bien, vita mia?

Entrecierro los ojos y señalo el pequeño bulto que sostiene sobre su pecho.

—Deja de robarme a mi bebé.

Desde que volvimos a casa del hospital hace un mes, Edward aprovecha cualquier oportunidad para colarse en la habitación del bebé, coger a Selena y llevarla consigo a todas partes. Su explicación: le gusta más dormir en sus brazos que en la cama. Y, por si fuera poco, también ha sido él quien la ha cogido en brazos mientras estaba despierta. Todo. El. Tiempo.

Edward ladea la cabeza y hace eso con los ojos, cuando me clava la mirada y parpadea lentamente. Joder, todavía me tiemblan las rodillas.

—La tuviste para ti sola durante nueve meses, Bella —dice en ese tono grave que hace que hasta la afirmación más extraña suene absolutamente sólida—. Ahora me toca a mí.

—Estaba dentro de mi vientre, Edward. Eso no cuenta.

—En mi opinión, sí.

Suspiro y tomo su rostro entre mis manos.

—¿Qué pasa? Y no me digas 'nada', porque te conozco demasiado bien. Así que dímelo.

Me sostiene la mirada durante un largo instante y luego cierra los ojos.

—Tengo miedo a que no me ame.

—¿Qué? —Aprieto con fuerza sus mejillas y sacudo ligeramente su cabeza—. Claro que te amará, mi amor. Eres su padre.

Edward abre los ojos y, aunque no dice nada, veo preocupación en el fondo de sus profundidades verdosas.

—Te adorará —repito y aprieto los labios contra los suyos—. Ella jodidamente te adorará. Como yo.

—¿Me lo prometes? —susurra en mi boca.

—Lo prometo. —Extiendo la mano y la pongo sobre la cabecita de nuestra hija, apartando los cortos mechones castaños—. Mírala. Ya te ama incondicionalmente.

Baja la mirada hacia el bebé que duerme sobre su pecho. Los ojos de Selena se abren y, un instante después, dos miradas verdes se encuentran.

Y entonces, mi marido sonríe.