Capítulo 3: "Amigas"

POF Fate

A la mañana siguiente, después de haber dejado a mi hija en su nueva escuela, me dirigí al hospital donde hoy empezaría pasando las primeras consultas de neurocirugía. Cuando llegué, busqué a Hayate y ella me explicó que hoy por la mañana tendría consultorio y por la noche tendría que hacer mi primera guardia en urgencias ya que no tenía a nadie disponible. Suspiré. Acababa de llegar y se me iba a acumular el trabajo. Tenía muchos informes que revisar. Ser la directora de urgencias conllevaba mucho trabajo extra. Me dirigí a mi consultorio y empecé a atender a todos los pacientes citados. Era casi la hora del almuerzo, pero quería terminar con todos los pacientes antes de ir a comer y eso hice. Cuando atendí al último, fui a la cafetería. Como ya era tan tarde, no había mucha cola, cosa que agradecía porque no quería esperar mucho. Me moría de hambre. Hice mi pedido y, cuando estuvo listo, me fui a una mesa a tomarlo tranquilamente mientras revisaba unos informes. Exhalé. Definitivamente el antiguo doctor de neurocirugía no tomó las mejores decisiones con algunos pacientes. Froté mi rostro. Quité mis manos de mi cara al sentir que alguien se ponía a mi lado.

- ¿Puedo sentarme contigo, Fate-chan? –preguntó cierta cobriza nerviosa.

- Claro que sí, Nanoha. –dije sonriendo ampliamente al ver como ella volvía a utilizar de nuevo el apelativo cariñoso.

- ¿Ya estás con papeleo y te acabas de incorporar? Nyahaha. –decía riéndose.

- Es lo que tiene ser la jefa de urgencias… –sonreí levemente mirándola para bajar la vista nuevamente a los informes– Nanoha, yo… –exhalé– Quería hablar contigo...

- ¿Hablar conmigo? ¿Qué pasa? –se sentó frente a mí.

- Quería pedirte disculpas si ayer Vivio te puso en un compromiso. Quería agradecerte también que le hicieras ese favor. A veces es imposible decirle que no con esa mirada de cachorrito que pone. Lo intento, pero nunca consigo negarle nada. Es muy difícil. –suspiré rendida– Intentaré que no vuelva a pasar, aunque…

- No te preocupes. –me interrumpió– Vivio es una niña realmente encantadora y me gustó pasar tiempo con ella. Me recuerda a ti cuando estábamos en la escuela, ¿sabes?

- ¿Eh? –la miré.

- Eras tan inocente y… –me miró intensamente– …dulce. –me sonrojé– Aunque también muy densa. –añadió antes de reírse– Nyahaha.

- ¡Nanoha! –exclamé avergonzada.

- Nunca pude negarte algo cuando ponías esa carita también. Supongo que eso lo heredó de ti. –dijo bajando la mirada sin notar el rubor que hizo aparecer en mí otra vez.

- Ayer, de camino a casa, me dijo que le habías caído muy bien y que estaba feliz de haberte ayudado a sonreír. También me dijo que quería jugar contigo algún día. –se sorprendió– Como te he dicho, intentaré que no te moleste, aunque no te prometo nada…

- Lo haré, Fate-chan. –esta vez me sorprendí yo– Tú quieres mucho a Vivio, y yo… –se ruborizó y yo ladeé la cabeza– …siempre te quise, Fate-chan. –me sonrojé yo también– Ella es importante para ti, así que para mí también. –sonrió con ese bello sonrojo en su rostro.

- Nanoha… –murmuré su nombre.

- Jugaré con ella siempre y cuando tú me lo permitas. –se rascó la mejilla– Además, le contaré sobre todas las travesuras que hacía su Fate-mama cuando era pequeña. Nyahaha.

- ¡Nanoha! –me avergoncé al recordar mis travesuras– Gracias... Siempre has sido muy amable y dulce con los demás. –le sonreí con ternura y ella me devolvió el gesto– También quería pedirte perdón por la forma en la que me fui hace 6 años, Nanoha… –negué– Estaba enojada porque no confiaste en mí. Creí que éramos las mejores amigas y que siempre me lo contarías todo, pero supongo que incluso las mejores amigas tienen secretos… –sonreí con tristeza– Aunque no sé por qué me ocultaste una noticia tan buena. Siempre se notó lo mucho que querías a Yuuno. –exhalé disimuladamente– Espero que podamos retomar nuestra amistad por el bien del hospital, Vivio y… nosotras. –le dije tranquilamente con una sonrisa.

- No tienes que pedir perdón, Fate-chan. –se calló unos instantes– Tienes razón, yo… no fui totalmente honesta contigo… –la miré y ella sonreía tristemente– Yo debí haber hablado contigo antes y no permitir que llegáramos a esa situación de distanciamiento. Jamás me perdonaré el haberte perdido. –bajó la cabeza totalmente derrotada.

- Nanoha…–me sentí fatal por haber sido tan fría y dura con ella en aquel momento.

- A partir de ahora no más secretos, Fate-chan. Tendremos una verdadera amistad por el bien de todos. Yo… –me miró con tal intensidad que me estremecí– Yo… estoy muy feliz de que estés aquí de nuevo. –dijo alegre.

Ella pidió algo de comer y comimos juntas mientras recordábamos anécdotas de nuestra infancia y adolescencia, pero en especial me recordó la anécdota de cuando me caí de un árbol –de nuevo– mientras trataba de recuperar un globo de Nanoha.

Flashback

Nanoha estaba muy triste porque sin querer soltó su globo y quedó atrapado en un árbol. Yo no quería verla así y tampoco tenía dinero suficiente para comprarle un nuevo globo. Además, a ella le encantaba ese en forma de rayo porque decía que le recordaba a mí. Suspiré.

- Tranquila, Nanoha. Yo recuperaré tu globo. –le dije sin mirarla y corrí hacia el árbol para treparlo.

Por suerte era experta en trepar árboles gracias a mi gato Bardiche. Subí sin problemas hasta la rama donde el globo había quedado atrapado. Lo tomé entre mis manos con cuidado y comencé a bajar lentamente. Nanoha me estaba alentando desde abajo, pero también podía notar la preocupación en su voz. Todo iba bien, estaba bajando bien hasta que resbalé y caí. Quise proteger el globo de Nanoha, pero caí sobre él y se explotó.

- ¡Fate-chan! –corrió hacia mí y me ayudó a levantarme– ¿Estás bien?

- Lo siento, Nanoha, exploté tu globo. –bajé mi rostro y ella lo tomó entre sus manos.

- El globo no importa, Fate-chan. ¿Estás tú bien? –asentí levemente– Nunca me perdonaría que te hubiese pasado algo por mi culpa. –y me abrazó estrechamente.

Fin Flashback

- Me diste un susto de muerte, Fate-chan. –suspiró– ¿Cómo se te ocurrió subir al árbol sabiendo que siempre te caías? –negó y yo me avergoncé.

- ¡Mou, Nanoha! Estabas triste porque perdiste tu globo. –me defendí– Quería verte sonreír de nuevo. –confesé en un murmuro.

- Gracias, Fate-chan. –puso su mano sobre la mía y le dio un apretón.

Miré nuestras manos. Su mano me quemaba ante el contacto. Me gustaba. Me sobresalté al escuchar el sonido de mi teléfono. Ella retiró su mano de la mía y extrañé su calor de inmediato.

- Lo siento, Nanoha. –negó– ¿Chrono?

- Hola Fate. ¿Interrumpo?

- No, estaba comiendo. ¿Has recogido a Vivio de la escuela?

- Sí. Íbamos para casa, pero ella quiere verte antes, así que estamos en el hospital.

- ¿Estáis en el hospital? –fruncí el ceño.

- Sí. ¿Dónde estás?

- En la cafetería. ¿Sabes dónde está?

- Sí. Vamos para allá.

- Gracias, os espero aquí… –colgué y me puse en pie.

POV Nanoha

Fate habló con alguien y le indicó que se encontraba en la cafetería. Me preguntaba quién sería esa persona. Ella se puso en pie y sonrió ampliamente en cuanto vio entrar a la cafetería a su hija tomada de la mano de un hombre de cabello azul oscuro. Así que ese hombre era su marido. Lo cierto es que hacían una hermosa pareja. Parecía un chico agradable. Y si hacía sonreír a Fate así era porque lo era. Ese hombre fue el que consiguió llegar a su corazón, hacerla inmensamente feliz y le dio una hija tan maravillosa como lo era su madre.

- ¡Chrono, Vivio! Estoy aquí. –exclamó alegremente Fate alzando una mano.

- ¡Fate-mama! –gritaba Vivio mientras corría para su madre para que la cargara en brazos.

- ¡Hola preciosa! –la abrazó muy fuerte y yo sonreí ante la escena. Siempre supe que la rubia sería una madre maravillosa– Te he echado mucho de menos. ¿Has sido buena? –decía la rubia mientras le daba un beso esquimal que hacía reír a la pequeña– Hola Chrono. –le dio un pequeño abrazo y beso en la mejilla.

- Hola Fate. –le dedicó una sonrisa y ésta respondió de la misma manera.

- Gracias por recogerla y traerla para verla antes de iros a casa. –me miró– Vivio, saluda a Nanoha.

- ¡Hola Nanoha! –saludó la pequeña avergonzada, pero feliz.

- Hola Vivio. Me alegro de verte de nuevo. –sonreí lo mejor que pude.

- Fate. –la llamó su marido– ¿A qué hora saldrás de trabajar?

- Esta noche me toca guardia, Chrono. No saldré hasta por la mañana. –decía mientras le daba besos en la cabeza a su hija, provocando que la niña sonriera y se acurrucara en su cuello.

- Entonces, ¿la llevo yo mañana a la escuela? ¿Quieres que te venga a recoger? –me puse en pie con los ojos vidriosos. Me dolía. Me dolía mucho verla con ese hombre porque yo, al parecer, aún estaba enamorada de ella.

- Nanoha. –me miró con una sonrisa– Quiero presentarte a Chrono Harlaown, mi…

- Mucho gusto, Chrono-san. –la interrumpí antes de escuchar la palabra marido salir de sus labios– Les dejo que hablen de sus cosas, yo… debo volver ya al trabajo. Hasta pronto. –y me marché de aquel lugar– «Tú me robaste a Fate-chan. Tú la has hecho feliz y le has dado una hija maravillosa. Jamás la vi tan feliz» pensaba mientras caminaba rápidamente fuera de la cafetería.

POV Fate

- ¿Eh? –me sorprendí por su repentina estampida y me quedé viéndola alejarse.

- ¿Fate? –me sobresalté.

- ¿Sí? Lo siento Chrono. –me disculpé– Gracias por traer a Vivio. Si pudieras llevarla mañana a la escuela me harías un gran favor. Y no, no te preocupes, no hace falta que me vengas a buscar. Nos veremos mañana en casa. –volví a abrazar a mi hija estrechamente y ella me lo devolvió con la misma intensidad– Pórtate bien, Vivio. Te quiero mucho.

- Te quiero, Fate-mama. –le di un beso en su cabeza, se la di a Chrono para que la cargara y se marcharon.

Después de que Vivio se fuera a casa con Chrono, yo tomé los informes y me fui a mi despacho para terminarlos de revisar. Aún tenía mucho trabajo que hacer y, además, debía dormir algo para poder soportar el pesado turno de noche. Esos turnos siempre eran agotadores.

Cinco meses después

Después de haber acabado de revisar todos los informes de todos los pacientes y contratar a un nuevo neurocirujano, esta vez estando seguras de que era realmente bueno en lo que hacía, me centré exclusivamente en el servicio de Urgencias, que era lo que realmente me gustaba a mí. Los casos que llegaban de improviso y en los que tenías que actuar rápido para salvar sus vidas. Mis cuatro residentes: Erio, Caro, Teana y Ginga estaban aprendiendo a pasos de gigante y eso me enorgullecía. Estaban realmente entregados a su trabajo y eran muy meticulosos. Sin duda alguna, serían grandes neurocirujanos muy muy pronto.

POV Nanoha

Habían pasado cinco largos meses y sólo había coincidido con Fate dos veces desde que se incorporó a la plantilla. Nuestros turnos eran muy diferentes y pediatría y neurocirugía estaban en alas opuestas del hospital. Ni siquiera habíamos coincidido en la cafetería desde que vino su marido a buscarla. Suspiré y bajé la cabeza. Nuestra relación seguía siendo prácticamente nula, también en cierta medida porque yo misma había intentado evitarla. Cada vez que la imagen de ellos tres se me venía a la mente, el mundo se me caía a los pies. Sentía dolor al pensar que ella estaba cerca de mí, pero lejos, tan lejos que nunca la podría alcanzar. Me odiaba por seguir teniendo esos sentimientos hacia ella cuando Fate había hecho su vida con aquel hombre que la hacía tan feliz y dándole el mayor regalo: una hija. Me odiaba por sentir porque estaba viendo que pronto volvería a caer en una amarga depresión.

Salí de mi consultorio y me dirigía a los vestuarios para cambiarme cuando recibí un mensaje en mi busca. Lo leí. Suspiré. Era viernes, por todos los cielos. ¿Hayate no tenía otro día para hacer una reunión? Fruncí el ceño. Para un día que podía salir temprano y llegar a casa a una hora decente, ella se las arreglaba para retenerme en el hospital más tiempo. Negué y caminé hasta la sala de reuniones. Entré y me senté en uno de los asientos libres. Fate llegó tras de mí, totalmente agitada, y se sentó en el asiento que había disponible a mi lado. Me dedicó la más linda de las sonrisas y yo me perdí en ella. Se escuchó un carraspeo y ambas miramos al frente.

- Buenas tardes a todos. Siento que hayáis tenido que quedaros un poco más en el trabajo para asistir a esta reunión de última hora, pero es importante y prometo que será muy breve…. –nos miró a todos– Como sabréis, en tres semanas se organizará una competición entre hospitales para recaudar fondos para ayudar a niños desprotegidos, por lo que necesito que uno de vosotros se ofrezca voluntario para participar. Este año la competición consistirá en carreras individuales y de relevos. –los compañeros comenzaron a murmurar– Tenéis dos horas para pensarlo ya que el plazo de inscripción se cierra esta medianoche.

- Lo haré yo, directora Yagami. –dijo alguien a mis espaldas.

- Oh, esto no me lo esperaba. Pensé que nos tomaría más tiempo. –miró a la chica– ¿Está segura, señorita Nakajima?

- Sí, lo estoy. Me gustaría mucho participar y poder ayudar a esos niños. –miré a la rubia y estaba sonriendo orgullosa.

- Excelente, no se hable más. La inscribiré en cuanto terminemos la reunión.

- Lo harás genial, Ginga. –la animó la rubia con una sonrisa y yo sentí celos.

- Gracias, Fate-san. –se ruborizó y yo fruncí el ceño.

- Bien, solucionado ese tema, os recuerdo que dos días antes de la carrera habrá una gala benéfica y que todos los que no tengáis guardia, debéis asistir de manera obligatoria. Debemos conseguir fondos suficientes para seguir mejorando nuestros servicios y atender a todos los pacientes con las mejores técnicas y calidad. –todos asentimos– Bien, pues eso es todo. Gracias a todos por quedaros un poco más. Ya pueden irse y volver a casa. Doctoras Harlaown y Takamachi, ustedes no.

Aguardamos a que se fueran todos. Suspiré. Ya sabía lo que se venía. Me preguntaba qué le parecería a Fate lo que iba a decirnos Hayate. Seguro que dejaba a todos impresionados con su velocidad.

- Nanoha-chan. –me llamó– Supongo que ya sabes por qué te he pedido que te esperes… –asentí– Fate-chan… necesito que…

- Hayate. –la interrumpió la rubia seria– No pienso correr en la competición. –dijo firme– Sabes de sobra que dejé de correr hace mucho tiempo y solo he corrido cuando he necesitado… –la interrumpió la castaña mientras yo quedaba muy sorprendida observando a Fate sin creer que ésta hubiera dejado de correr.

- Lo sé, pero necesitamos tu ayuda. –insistió– Tú y Nanoha-chan tendréis que correr obligatoriamente, lo siento. Ya os he inscrito. Además, sois las más rápidas y las más sexys. –decía pícaramente la castaña y reí por dentro– Aunque obviamente no tanto como yo. –se echó a reír– Pero mientras corréis, tendréis a todos mirándoos y podréis ganar sin problemas jajaja.

- ¡Hayate / Hayate-chan! –gritamos al unísono Fate y yo completamente sonrojadas.

- No has cambiado nada… –negó la rubia– Está bien… Cuenta conmigo. –aceptó rendida– Entrenaré un poco, pero necesitaré ayuda con Vivio. No puedo hacer todo sola. –decía una rubia muy cansada.

- Cuenta conmigo también, Hayate-chan. –dije emocionada sabiendo que correría con la rubia– Sabes que siempre participo en estos eventos.

- Gracias chicas. –nos sonrió– Sabía que podía contar con vosotras. –miró a la rubia– Y, tranquila, Fate-chan, nos las apañaremos con Vivio, ¿de acuerdo? Quizás podrías llevártela para que te cronometre. También podrías practicar con Nanoha-chan. A cambio de ti, ella nunca ha dejado de correr, quizás sea más rápida que tú… –dijo con picardía para hacer reaccionar a Fate– Además, os hago saber que debéis asistir a la gala benéfica. Fate-chan, lo siento, como directoras del hospital y de urgencias debemos asistir obligatoriamente… –la rubia asintió vencida– Además, tenemos algo que hacer allí…Y no olvides que todo el mundo está deseando conocer a la rubia sexy que está haciendo que funcione tan bien urgencias desde hace cinco meses. Muchos directivos de otros hospitales me preguntan cómo conseguí que vinieras a mi hospital, que tú siempre has declinado sus ofertas de trabajo… Yo siempre les respondo lo mismo: "El que la mejor neurocirujana sea tu amante es un plus", les guiño un ojo y todos quedan boquiabiertos. –se echó a reír.

- ¡Hayate! –me eché a reír al ver el rostro de Fate arder de la vergüenza– ¿Cómo se te ocurre decir eso? –se cubrió el rostro hasta que se calmó– Entiendo que al ser directora de urgencias tenga que ir, pero, ¿qué tenemos que hacer allí? –ladeó la cabeza.

- Etto…. Nanoha-chan te lo explicará… –rió nerviosamente y yo tragué pesado– En fin, necesito que, tanto Nanoha-chan como tú, saquéis todas vuestras armas de seducción y que consigáis una alta recaudación. Confío en vosotras. Y ahora, largo. Id a casa a descansar.

Fate y yo salimos de la sala de reuniones sin poder creer lo que había dicho Hayate. Yo sabía que era cierto. Fate era una mujer muy sexy y era capaz de levantar miradas allí por donde pasara, aunque fuera vestida de manera informal, todos quedaban prendados de ella. Siempre fue así en el instituto y universidad. Todos se quedaban mirándola siempre y eso me hacía sentir unos celos horribles porque sabía que se la estaban comiendo con los ojos y yo quería ser la única que pudiera mirarla así, la única que se la pudiera comer con los ojos y no solo eso. Suspiré y la miré. Además, recordaba que muchos valientes se declaraban, incluso chicas, pero ella jamás aceptó a alguno de ellos. Me gustaría saber por qué.

- Ne, Fate-chan, ¿tienes un momento? –le dije sujetándola del brazo.

- Dime, Nanoha. ¿Qué es eso que tengo que hacer en la gala? –preguntó dulcemente e hizo que me estremeciera.

- Etto…. Te lo diré si tienes un entrenamiento conmigo, tal y como ha propuesto Hayate-chan. –le pedí tímidamente– Tú siempre fuiste la más rápida y quisiera entrenar contigo para esforzarme más. –dije ruborizada.

- Lo pensaré Nanoha. Hace mucho tiempo que no corro y estoy muy oxidada... –admitió– Además, primero tengo que organizarme con respecto a Vivio. Es muy pequeña para que se quede sola en casa y, a decir verdad, no me fio mucho de los cuidados de Hayate... –me guiñó un ojo de forma juguetona.

- Yo tampoco me fiaría. Nyahaha. –reí– ¿Y su padre no puede cuidarla? –pregunté curiosa.

- ¡Doctora Harlaown, rápido, hay una urgencia!

- Lo siento Nanoha. –salió corriendo y se fue dejándome cabizbaja, viendo cómo mis planes por estar junto a Fate no salían adelante.

Fui, ahora sí, a los vestuarios para cambiarme y así poder irme a casa, pero cuando estaba a punto de irme, recibí un mensaje de Yuuno para almorzar juntos. No tenía ganas de estar con él, pero necesitaba despejar mi mente. Desde que Fate regresó no había dejado de pensar en ella ni un momento y sentía que una ansiedad se estaba apoderando de mí lentamente. No quería volver a caer en una depresión. Quizás había llegado el momento de recurrir de nuevo a la terapia. Salí de los vestuarios y fui a la cafetería para esperar a Yuuno. Mientras lo hacía, me puse a mirar por la ventana pensando en qué debería hacer con respecto a Fate. Nunca dejé de amarla y nunca la olvidé. Pensé que ya lo tendría superado, pero me había dado cuenta de que no. Y ahora que había regresado, mis sentimientos por ella eran incluso más intensos. Era consciente de que era un amor unilateral y que ella nunca me vio ni me vería como yo lo hacía. Era consciente de que estaba casada y tenía una hija, y eso, eso era lo que me más me estaba matando en mi interior. Pero a pesar del dolor que yo estaba sintiendo, no quería que Fate se alejara de mí otra vez. En realidad, en estos momentos quería decirle que la amaba, que siempre la amé, pero ya era demasiado tarde. Ya no podía hacer nada. Ya la había perdido y tampoco era justo para ella el confesarle estos sentimientos que yo guardaba en lo más profundo de mi corazón. Me repetía una y otra vez que Fate se había casado y tenía una hija, y lo más importante, era feliz. «Si ella es feliz, es suficiente para mí, ¿verdad?» pensaba mientras una sonrisa triste asomaba en mi rostro. Estaba tan ida en mis pensamientos que no me di cuenta de que alguien se había sentado a mi lado.

- ¿Te encuentras bien? –esa dulce voz me sacó de mis ensoñaciones.

- Fa-Fate-chan, ¿de-desde cuándo estás ahí? –tartamudeé.

- Pues veamos… Creo que… –se puso la mano en la barbilla como si estuviera pensando– …desde el segundo suspiro, es decir, hace unos 10 minutos.

- ¿Eh? ¿Qué? ¿Hablas en serio? –me morí de la vergüenza y bajé la cabeza haciendo que Fate soltara una carcajada.

- Pensé que nunca volvería a escuchar tu risa, Fate-chan. –confesé– La he echado tanto de menos… –murmuré sin poderlo evitar.

- Nanoha… –me llamó mirándome con ternura y mi corazón se desbocó– ¿Qué te parece si quedamos esta noche?

- ¿Eh? –me tomó totalmente por sorpresa.

- Podríamos entrenar si tú quieres y no tienes nada que hacer. –me sonrió con timidez– Vivio se quedará con Chrono, así que no tengo ningún problema. –se encogió de hombros– Me gustaría ir a correr a la playa a la que siempre íbamos. –habló con ilusión– ¿Qué tal a las 8? –ladeé la cabeza– Así me cuentas en qué consiste lo de la gala…

- ¿Eh? –estaba tratando de recapacitar sobre lo que acababa de oír cuando llegó Yuuno.

- Siento llegar tarde, Nanoha. –me dio su amable sonrisa– Hola, Fate. –la saludó con seriedad.

- Hola Yuuno. –le devolvió el saludo, pero con una sonrisa amable– Lo siento, no sabía que Nanoha te esperaba. –abrí más los ojos haciéndome salir del trance sus palabras– Nos vemos en otro momento. –se levantó del asiento y yo quise retenerla, pero no podía reaccionar– Que disfruten del almuerzo.

- Fate, ¿no quieres quedarte a comer con nosotros? –preguntó el rubio para sorpresa de ella.

- No, gracias Yuuno. Otro día. No quiero molestarlos. –miró seria al rubio para después mirarme– Además, tengo que entregar un informe antes de ir a recoger a mi hija. Hasta pronto. –comenzó a caminar para salir de la cafetería.

- ¡Fate! –la llamé y se detuvo, volteándose a mirarme– A las 8. –le sonreí y ella me devolvió el gesto, asintiendo, antes de abandonar la cafetería definitivamente.

POV Fate

Yo no tenía que entregar ningún informe. Mentí. Pero no quería pasar tiempo con ellos. No quería ver cómo Yuuno besaba a Nanoha, tomaba su mano o le pasaba su brazo por el hombro. Pensé que estaba lista para verlos juntos otra vez, pero estaba totalmente equivocada. Sí. Jamás estaría lista para verlos juntos. No quería estar cerca de la persona que le robó a su mejor amiga y, en secreto, a su amor. Definitivamente tenía que hacer algo para superarlo. Salí del hospital y fui a casa a ponerme ropa deportiva para después cuando fuera a correr con Nanoha. Salí de casa y fui a recoger a mi hija. Fuimos a comer juntas y después pasamos la tarde jugando y riendo en el parque. Cuando llegó la hora de la merienda, fuimos a tomar un pastel a la pastelería que regentaba la familia de Nanoha.

- Buenas tardes Momoko-san. –la saludé alegremente.

- ¡Fate-chan! ¡Vivio-chan! Bienvenidas. –nos abrazó– Por favor, sentaros. Enseguida os traeré unos deliciosos pasteles y unas bebidas. –dijo Momoko con visible alegría.

Vivio y yo nos sentamos en la mesa que eligió mi hija y aguardamos ansiosas por los pasteles y bebidas. Cuando Momoko los trajo, Vivio sonrió muy feliz y se lo comió todo. Acabábamos de terminar de comer y beber cuando llegó Chrono y se sentó junto a nosotras para tomar algún pastelito.

- Fate. Ahora llevaré a Vivio a la playa. –asentí– Aún hace calor, así que, si el agua está bien para ella, nadaremos un poco, descansaremos y nos iremos a casa. ¿Te parece bien?

- Claro que sí, Chrono. –sonreí– Yo iré a entrenar a la playa un poco más tarde, así que volveré tarde a casa. Cenad sin mí. Y que Vivio no se vaya a la cama tarde o no querrá levantarse mañana.

Estuvimos hablando un poco más hasta que llegó la hora de que Vivio se fuera con él. Vivio me dio un abrazo extra fuerte que me sanó el alma. Le di un beso en su cabeza.

- Te quiero mucho, Vivio.

- Te quiero mucho, Fate-mama. –sonreí teniendo mi pecho lleno de calidez.

Le di un abrazo a Chrono para despedirme y los vi marchar. Fui a pagar por los pasteles y bebidas que nos habíamos tomados y, después de dejarle una propina a Momoko, me despedí y me marché.

POV Nanoha

Había llegado antes de nuestra hora, pero estaba ansiosa por ver a Fate. Sabía que ella llegaría también antes, o, al menos, eso creía, pues siempre fue muy puntual y nunca me hizo esperar ni una sola vez. Me senté en el paseo marítimo y observé el horizonte. Estaba a punto de atardecer y, aun así, todavía quedaban varias familias en la playa. Suspiré. Algún día me gustaría verme así. Aquí en la playa con mi pareja y nuestros hijos. Ojalá fuera junto a Fate y Vivio. Su hija me había robado el corazón con su preciosa carita, sus ojitos bicolores y esa bondad que ya portaba. Definitivamente Vivio era una calcomanía de su madre. Exhalé. Fijé bien mi vista en una niña que salía del mar junto a un peli azul hombre. Los reconocí de inmediato. Vivio y Chrono. Fruncí el ceño al ver cómo él se adelantaba y la pequeña se quedaba atrás. Se agachó en la orilla y parecía estar buscando algo, quizás alguna concha bonita para regalársela a su madre. Volví a mirar hacia su padre, quien siguió caminando, y se dirigió hacia una chica castaña que estaba sentada sobre una toalla. Se sentó a su lado, le pasó el brazo por el hombro y la besó.

- ¡No puede ser! –exclamé con los ojos y boca bien abiertos.


Saizoh: ¡No me corras tanto, Saizoh! Da un poco más de tiempo para ver si estas dos dejan de ser densas y se confiesan o siguen viviendo ajenas a los sentimientos de la otra. A veces, algunas personas actúan de forma un tanto ambigua y te confunden mucho, no llegando a saber si tienen interés romántico por ti o no. Como hemos dicho muchas veces, los humanos complicamos nuestra existencia. Si no tuvieramos miedo, hablaríamos de todo con todos y muchos malos entendidos no existirían... Pero ya te digo, aguanta un poco que aún vienen curvas xD ¡Saludos, mi fiel amigo!