365 días de sadomasoquismo

Ep. 1: "Contrato"

-Ten-.

-Oh, ¿qué es esto señor Davies?-. (Lo miré, tratando de no hacer algún gesto que saliera como alguna mueca de decepción).

-Es tu liquidación-.

-P…Pero…Señor-.

-Lo siento, el bar va a cerrar por problemas económicos. Será mejor que busques trabajo en otro lugar Riley, lo siento mucho y…suerte-. (Hace una reverencia, se da media vuelta y se va).

Suelto un suspiro, realmente tengo ganas de llorar, pero sí lo hago, mis lágrimas no se convertirán en dinero, así que debo empezar a buscar algún otro empleo. Necesito ese dinero.

Terminé mi última jornada de trabajo, colgué mi mochila en mi hombro, mientras que empezaba mi deprimente caminar por la vereda, dónde algunas personas caminaban de la mano con su pareja o incluso, jugaban entre ellos. Risas por aquí y por allá, mientras que yo, me hundía poco a poco, en mi miseria. Sabía de antemano que yo no estaba lista para ese tipo de relaciones, y más sí tengo una prioridad primero.

Mi abuela.

Mi dulce y pobre abuela, la cual la edad empezó a pasarle la factura, el alzheimer empezó a atacarla hace un año, y desde entonces muy pocas veces me recuerda, incluso me ha llegado a desconocer por completo, arrojándome cosas para que me vaya. Es triste, y muy deprimente. No tuve de otra que internarla en un asilo, dónde la ayudan y medican para que esa enfermedad no la lleve más allá.

Suelto un suspiro, y entró a mi pequeño y muy deteriorado edificio, el cual está a punto de caerse a simple vista. Ni siquiera me molestó en tratar de tomar el elevador, ya que no sirve y ni lo hará.

Agradezco mucho que mi apartamento este en el segundo piso, abrí la puerta de mi departamento y entre, cerrándola después de mí, tiré mi mochila y camine hasta mi sofá, un sofá desgastado con uno que otro alambre suelto. Realmente estoy arruinada. Mi teléfono vibra, ya que ha llegado un mensaje. Lo tomó y lo veo.

-Cielos, lo olvidaba-.

Sí, la renta está a una semana a aspirar y realmente no sé de dónde voy a sacar dinero ahora. Y prostituirme no es una opción.

Siento mis ojos llenarse de lágrimas, tengo que tranquilizarme y pensar con calma. Tomó mi teléfono y empecé a buscar por medio de internet algún trabajo. No sabía con exactitud cuándo había sido la última vez que comí bien y una comida decente. Odié eso con mi vida, pero puedo aguantar hambre por ella, por mi abuela.

-¿Qué es esto?-. (Piqué un anuncio que me salió).- ¿Pagan 3 millones de dólares?-. (Abrí los ojos sorprendida, no dude y entré).

"Se requiere mujer entre 20 a 25 años de edad, soltera, con disponibilidad de horario, sin hijos y que pueda vivir en el lugar de trabajo, el sueldo es de 3 millones de dólares, llamar a este número en caso de estar interesada y tener los requisitos"

Comenzar desde el principio.

Abrí la boca, realmente esto me interesaba.

Copie el número en una libreta vieja, para después marcarlo en mi teléfono.

-Oh… ¿Hola?-.

-Dígame-.

-Uhm, habló sobre el anuncio que vi en una página de internet-.

-Oh, claro, dígame su nombre completo, edad, lugar de origen, fecha de cumpleaños, peso y altura, por favor-.

-Sí, uhm…Me llamo Riley Andersen, tengo 21 años recién cumplidos, soy originaria de Minnesota, mi cumpleaños es el 22 de enero, peso 48 kilos, y mido 1,55-.

La línea se quedó en silencio por unos segundos.

-¿Tiene hoja y lápiz en mano? Le daré la dirección de la casa, para que venga a la entrevista-.

Copié la dirección que me dictó, me dijo que debía estar a las once de la mañana, justamente mañana. Las horas restantes, me dispuse a buscar otros empleos y anotar números, sólo de precaución sí no se llega a dar el empleo de mañana.

Me prepare un poco de café, y entre a mi habitación a darme una ducha antes de ir a dormir.

Me miré por última vez en el espejo roto que tenía en mi habitación, solté un suspiro.

Una playera multicolor, una sudadera azul, unos jeans negros ajustados y finalmente mis converse (no los originales, sólo son imitación). Decidí atar mi cabello en una cola de caballo, tome mi mochila y la hoja de la dirección, para después salir de casa, rezando que ese trabajo fuera mío.

Tuve que tomar un taxi, ya que no sabía dónde era exactamente, así que éste me llevo hasta una linda y muy lujosa mansión, no supe el porqué, pero me dio un poco de escalofríos verla.

Caminé hasta el portón principal y toque el timbre. Vi a un señor salir de la casa y caminar hasta mí.

-¿Qué necesita?-. (Preguntó amable y sin expresión).

-Yo, uhm…Vengo por el trabajo que está en internet-. (Dije).

-Oh, ¿usted es Riley Andersen?-.

Asentí.

-Pase, mi señora está esperándola en su despacho-. (Volví a asentir. Él abrió el portón y me dejó entrar, para después, guiarme hacia dentro de la enorme casota).

Mis ojos no dejaban de divagar de allá para acá, y es que, todo era malditamente caro y lujoso, incluso me dio miedo tirar algo y que se rompiera, para al final, cobrarme el doble. Lo cual, yo no podía pagar ni en mil años.

-Llegamos-. (Avisa, toca un par de veces la puerta, un pequeño pero audible pase, se escucha detrás de la puerta).-Entre-. (Se hace a un lado, abre la puerta y me deja entrar).

Sentí mis piernas de gelatina al estar entrando a esa habitación, ¿y sí todo era falso y terminaban matándome? o peor aún, ¿violándome y matándome?

Despejé esos pensamientos, al ver a una mujer sentada detrás de un escritorio, mientras leía algo.

-B…Buenos días, señora-. (Hice una reverencia, al levantarme y mirarla, pegué un pequeño brinco al notar su mirada en mí).

¡Vaya! era la mujer más jodidamente apuesta y hermosa que había visto alguna vez.

-Buenos días, ¿se te ofrece algo?-. (Su mirada me escanea de pies a cabeza).

-Ehm, y...Yo…Vine por el trabajo-.

Me aferre a la correa de mi mochila.

Ella se mantiene seria, mirándome, sentí su mirada en mi cuerpo como si estuviera tocándolo, porque me dio un terrible escalofrió. Deja los papeles en el escritorio, cruza sus manos y recarga su boca en estás.

-Siéntate-.

Su orden hace que mis piernas se muevan rápidamente hacia la silla que está enfrente de su escritorio, tomando asiento rápidamente. Alcé mi mirada y se topó con la suya. Tragué pesado.

-¿Por qué debería darte el empleo?-.

Su voz, dios, su voz.

-Y…Yo-. (Bien, hora de dar un poquito de lástima).-Mi abuela necesita medicamentos…Ella está en el asilo, tiene alzheimer-.

Y era la verdad.

Ella se queda en silencio, analizándome y analizando mi situación. Mientras yo, mordía mi labio inferior con muchos nervios.

-Señora… ¿De qué trata el empleo?-. (Pregunté. Ella me miró seriamente a los ojos, tragué una vez más saliva, pensando en lo tonta que fui al preguntar algo así).

-Cuando leas el contrato lo sabrás-.

Su mirada cae en los papeles que están en su escritorio, los mira fijamente, para después mirarme a mí.

-Voy a hacerte unas preguntas y me contestas con la verdad, ¿bien?-. (Asentí).- ¿Has tenido relaciones sexuales?-. (Abrí los ojos sorprendida, sentí mis mejillas arder).

-¿E…Eso es necesario saberlo?-.

-No quiero que te distraigas con algún chico o chica mientras trabajas para mí. Así que dime, ¿has tenido relaciones sexuales con alguien?-. (Bajé mi mirada a mis manos y negué).

-No. Nunca-. (Ella hizo un sonido de afirmación).

-Dime… ¿Estás dispuesta a hacer cualquier cosa por cinco millones de dólares?-. (La miré sorprendida).

-¿C…Cinco millones? pensé que eran tres-. (Dije y ella asintió).

-Sí, pero yo aumente la cifra-.

Mordí mi labio inferior y pensé.

Realmente quería ese dinero, más bien no lo quería, lo necesitaba para mi abuela, ella siempre me cuido desde pequeña, a pesar de que mis padres murieron, ella no fue capaz de dejarme en la calle como lo hicieron mis tíos, a ella le debo mucho y sí hay algo que puedo hacer por ella, creo que es ahora. A pesar que con el tiempo se vaya olvidando de mí.

-Sí, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa-.

Y por primera vez, pude ver una sonrisa de ella, pero no era cualquier sonrisa, sino una muy…Extraña, como sí esa sonrisa tuviera un significado oculto.

-Bien, lee el contrato-.

Puso un folder enfrente de mí, al abrirlo solo habían dos hojas, lo cual me hizo fruncir el entrecejo, pensé que sería una biblia completa.

-¿Sólo dos hojas?-. (Pregunté mirándola).

-Sí, la primera hoja es el contrato y la segunda las reglas, pero no puedes leer la segunda hasta que hayas leído la primera, aceptado y firmado el contrato-. (Explica).-Así qué, lee-.

Asentí, tomé el folder con mis dos manos y empecé a leer el contrato. Mediante las letras eran leídas en mi mente, cada vez más, era más confuso.

Hasta que llegue a esa parte, ese renglón, esa frase que me dejó en total shock y más roja que un tomate.

-¿Q…Qué…Qué es esto?-. (La miré y ella sonrió).

-El empleo-.

No podía ser posible.

Este contrato está destinado al empleo de "365 días de sadomasoquismo", el empleo durará un año, sin excusa, ni pretextos, sí el contrato expira y quiere renovar contrato, la ama lo hará sin problema alguno, siempre y cuando, ambas partes estén de acuerdo en renovarlo.

Firma del empleado (a)

Firma del amo (a)

Levanté la mirada y ella estaba mirándome nuevamente con una media sonrisa.

-Entonces… ¿Aceptas?-.

Tragué pesado. Cinco millones de dólares. 365 días. Sadomasoquismo.

-Bien, Lo haré-.

Tomé la pluma y firme mi sentencia de muerte.

Continuará….