365 días de sadomasoquismo

Ep. 4: "Visitas"

-Tienes permiso de salir hasta las cuatro y media, si a esa hora no estás aquí, recibirás un castigo-. (Asentí, mirando la forma tan intimidante que me estaba dando).

-Sí, ama-. (Hice una pequeña reverencia).

-Despídete antes de que te vayas-. (Menciona, pero, no supe que hacer, ¿qué debería hacer? ella jamás menciono nada sobre las cosas que debía hacer cuando me despidiera de ella. Con pasos precavidos, me acerque a ella, sin dudarlo, pase mis piernas a lado de las suyas y me senté en su pelvis, me incline y besé sus labios, al parecer eso fue algo que no se esperaba y que bueno, le gustó, sentí algo palpitar debajo mío y sus manos se posaron en mi trasero, apretando y sacándome un jadeo. Su lengua lamio mi labio inferior, haciéndome jadear más fuerte).

Hasta que ella, rompió el beso, mordió su labio inferior y acaricio mi mejilla.

-Estas portándote mejor que el primer día, supongo que mis castigos si te mostraron como debes comportarte, ¿no es así?-. (Alzó una ceja, sonreí, y asintió).

-Sí, ama, sus castigos fueron muy…Duros-. (Ella sonrió y palmeo mi muslo, antes de indicarme que me levantará).

-Bien, no quiero que te vayas tarde, así regresas más temprano-. (Asentí, bajando un poco la mirada).-Por cierto-. (La miré y vi como abrió el cajón que estaba a un costado en su escritorio y saco un sobre amarillo, se veía realmente abultado. Lo tiró en el escritorio y lo señaló con la barbilla).-Es tu paga, la acordada en el contrato-. (Mordí mi labio inferior, con un poco de timidez tome el sobre y ni siquiera me dio gusto de verlo).

-Gracias ama-. (Hice una reverencia).-Entonces, nos vemos en la tarde, ama-. (Ella asintió, hice una nueva reverencia y salí del despacho, cerrando la puerta despacio y sin hacer ruido).

Solté un suspiro y miré la hora en mi teléfono. Son las once de la mañana, si me da tiempo, tengo que comprar una despensa, flores e ir al asilo a pagar el tratamiento de mi abuela, además; también dejar para sus gastos. Eché mi cabello hacia atrás y di marcha hacia aquel lugar.

Jamás en la vida me había sentido tan mal, no de salud, sino, mal de conciencia, sé que tal vez, dios esté viendo mi esfuerzo y lo que hago para una buena causa, pero, también sé, que dios probablemente me este regañando y mandando diferentes formas de salir adelante, pero, nadie quiere aceptar a una chica que ni siquiera termino sus estudios, que a duras penas sabe hacer cuentas, leer y que trabaja muy duro, pero, ¿de qué sirve eso, si la paga no es buena y ni siquiera puedo pagar la cuarta parte de lo que se supone que debo? dios debe entender y no debería juzgarme.

Al llegar al centro, tuve que recordar que era lo que comprarían. Cosas para la higiene personal de mi abuela y cosas de la despensa, tome un carrito y empecé a empujarlo, teniendo en mente las cosas que compraría.

Media hora más tarde, ya lo tenía casi todo, sólo me faltaba comprarle algunas cajas de cereales que tanto le gustaban, algunos croissants que había en la panadería del lugar y algunos jugos en botella. Mi mirada se alzó al ver los cereales en la parte de arriba, solté un suspiro y bueno, no me quedo de otra que acercarme al estante y alzarme de puntas. No sabía porque se suponía que no los alcanzaba, media 1.55 y ni siquiera lo valían para alcanzar la jodida caja. Solté un suspiro, rendida.

Hasta que una presencia a mi lado me hizo girar la cabeza y mirarla. Demonios, que atractiva.

-¿Puedo ayudarte?-. (Me miró de forma seria, bueno, al parecer no tenía dobles intenciones, porque de ser así, tendría que salir corriendo, el contrato con Valentina decía que no podía mantener otra relación, ni física, ni amorosa).

-Mhm, ¿puede ayudarme a bajar tres cajas de ese cereal, por favor?-. (La mujer levantó la mirada y vio las cajas las cuales señalaba).

-Claro-. (Dio un paso hacia mí y se estiró, bajando las cajas y dándomelas).-Aquí tienes-.

-Oh, muchas gracias, señorita-. (Hice unas reverencias rápidamente, mostrando mi gratitud).

-De nada. Nos vemos después-. (Sonreí e hice una pequeña reverencia con mi cabeza, miré de reojo lo que llevaba en su carrito. ¿Quién demonios tomaría tanto vino? tsk, cosa de ricos).

Eché las cajas en el carrito y continúe mi búsqueda de las demás cosas. Después de haber pagado y pedido un taxi, echando las compras en el maletero, le indiqué al taxista hacia dónde ir. El transcurso hacia el asilo se me hizo un poco rápido, ni siquiera me había preparado mentalmente para ver a mi abuela, la última vez que fui, me desconoció por completo y tuve que marcharme antes de que la hora de visita acabará.

El taxista me ayudó a cargar las bolsas hasta el mostrador, dónde recibían las cosas de los pacientes, le agradecí y le di un poco más del dinero que debía, ya que fue amable en ayudarme.

-¿Para quién es esto?-. (Pregunto la enfermera, la cual, ya conocía mi rostro por venir algunas veces aquí).

-Para la señora Andersen-. (Ella asintió y busco en la computadora su apellido, hasta encontrarlo).

-De acuerdo, ¿va a pagar también los meses de retraso?-. (Asentí).

-Sí, y voy a adelantar cinco meses más-. (Ella asintió, pidió un monto, incluyendo ya los cinco meses que adelantaría, saqué el sobre y saqué algunos dólares, dándoselos. Ella se sorprendió al ver la cantidad de billetes).-Yo… ¿Puedo pasar a verla?-. (Pregunté).

-Claro, la cambiamos de habitación porque ella decía que quería estar cerca del jardín, espero y no le moleste-. (Negué).

-No, claro que no, al contrario, muchas gracias por eso-.

-Su nueva habitación es la trescientos ochenta y dos, piso cuatro-. (Asentí, hice una reverencia y camine hasta el elevador, dónde pulse el número cuatro, ya me encargaría de buscar la puerta).

Las puertas de metal se cerraron y el elevador empezó a subir, mi mente trataba de mantenerse tranquila y creando una sonrisa que no era más que una falsa para no darle preocupaciones a mi querida abuela, ya que ella, siempre solía saber que algo pasaba, a pesar de ni siquiera decirle o mostrarle nada.

El elevador se detuvo, las puertas se abrieron y salí, ajustando mi pequeño bolso a mi cintura. Camine por el largo pasillo, mirando el número de las puertas, todas las puertas estaban abiertas y pude ver algunas enfermeras estar con los pacientes, algunos comían, otros hablaban y otros simplemente, estaban mirando el bonito paisaje que les daba la altura, mi mirada se posó en el número de la puerta y sentí mi corazón estrujarse, como siempre que vengo.

Tomé aire y entre, me sorprendió un poco ver a mi abuela sentada en la orilla de su cama, viendo hacia la ventana y una enfermera estar a su lado, la enfermera hablaba y ella estaba callada.

-B…Buenos días-. (La mujer de bata blanca y un gorro, se giró y me miró un poco confundida, no dudo en levantarse y caminar hacia mí, antes de poder entrar).

-¿Necesitas algo?-. (Pregunto amable).

-Oh sí, yo…Soy la nieta de Elizabeth Andersen-. (Ella abrió la boca sorprendida y se hizo a un lado).

-Oh, claro, claro, pasa-. (Agradecí y ella me acompaño a su lado).-Señora Elizabeth, ¿adivine quien vino a verla? Su nieta-. (Pensé que mi abuela me miraría y empezaría a gritar como la vez pasada, pero no, está vez, fue completamente diferente, ella ni siquiera me miró, su mirada continuaba en la ventana, mirando el paisaje. Mordí mi labio inferior).-Oh, ella suele perderse mucho en su mundo-.

-¿D…Desde cuando está así?-. (Pregunté).

-Una semana después desde la última vez que vino a verla, realmente ella casi no está presente, suele murmuras cosas, la vez pasada la escuché mencionar una tal…-. (Guardo silencio, pensando).- ¡Oh, ya recuerdo! era una tal Jill-. (Sentí un poco de humedad en mis ojos, tuve que bajar la mirada).-Decía que tenía que ir al hospital, pues su hija iba a dar a luz-. (El día de mi nacimiento).

-Ella recordó el día en que nací-. (Sorbí mi nariz y limpie mis lágrimas).-Supongo que para ella, aún soy una bebé-.

-Es lo más probable. Mira, no quiero sonar cruel, porque realmente no me gusta, pero, será mejor que no le hables o al menos, no le digas quien eres, porque puede tener un ataque-. (Asentí, tenía razón, era lo mejor).

-De acuerdo, supongo…Que vendré en otro día-. (Ella asintió).

-Vamos, te acompañó, es hora de su merienda, tengo que bajar por ella-. (Ambas salimos del cuarto de mi abuela, a quien le di una última mirada y salí).

-¿Cómo te llamas?-. (Le pregunté, caminando con dirección al elevador).

-Oh, mucho gusto, soy Madison-. (Hizo una reverencia, la cuál le contesté amable).

-Soy Hanamaru, un gusto-.

Hablamos hasta llegar a la primera planta, dónde tome delicadamente su brazo e hice que me mirara.

-Por favor, cuida mucho a mi abuelita, ella…Ella es lo único que me queda, por favor, no importa si tengo que pagarte para que tengas una atención completamente en ella, pero por favor, cuídala mucho-. (Ella sonrió y negó).

-No te preocupes, ella es una señora muy linda y me cae bien, te aseguro que la voy a cuidar como si fuera mi familia, ¿está bien?-. (Asentí, hice una reverencia).

-Muchas gracias, de verdad-.

Poco después, salí del asilo, mirando la hora.

2:24 pm

Bien, aún me queda tiempo para mí, pero, no tengo a donde ir, ni a quien visitar, así qué, simplemente di marcha a la casa de la señorita Ortiz. Tomé un taxi de regreso, mirando el camino por la ventana y recordando que hoy, teníamos visitas. ¿Amigas, socias, personas como ella, que disfrutan el placer siendo malas y bruscas?

Un escalofrió me recorrió de pies a cabeza. Tenía el dinero suficiente para salir del país e irme a otro lugar y olvidar a la señorita Valentina, pero si ella se entera, probablemente pierda el control y terminé siendo una carnada muerta en su cama o en su casa. No dudaría que con todo el dinero que tiene, logré ocultar un cuerpo…O un crimen. Sacudí mi cabeza, demonios, tienes que dejar de pensar de esa manera sobre las personas.

-Ya llegamos, señorita-. (Miré por la ventana y era cierto, estaba enfrente del enorme portón de su casa/mansión.

-Oh, lo siento, me distraje-. (Tomé mi bolso, lo abrí y saque un dólar, dándoselo).

-Señorita, no tengo cambio…-.

-No se preocupe, quédeselo-. (El agradeció y yo baje del taxi. Este retrocedió y se marchó, solté un suspiro y camine hasta la reja).

Toqué el timbre e inmediatamente el mayordomo salió y me abrió, haciendo una reverencia al verme. Entre.

-Gracias-.

-La señora Ortiz está ocupada en su despacho, ordeno que cuando llegará, subiera a la habitación roja, se diera un baño y se pusiera la ropa que ha sido dejada en la cama, cuando esté lista, vaya a su oficina-. (Asentí un poco confundida).

¿No sé supone que las visitas llegarían a las cuatro? rayos.

-Esta bien, gracias, con permiso-. (Camine a paso rápido, entre a la enorme casa e hice lo ordenado, subí las escaleras y camine hasta la habitación de aquel día, la habitación roja, abrí la puerta y entre, me quite mi bolso y lo colgué en un perchero que estaba ahí, camine hasta la cama y mire la ropa que había ahí… ¿Qué rayos…? tiene que ser una broma.

Definitivamente la señorita Valentina tenía un fetiche con verme con cosas para nada abrigadoras en mí. ¡Eso ni siquiera iba a cubrir mi retaguardia! joder.

Maldiciendo mi existencia completa, me metí a bañar, enjuagando y lavando bien mi cabello y cuerpo, sin olvidar ponerme un jabón con aroma a rosas sobre mi piel.

Cuando estuve lista, tome una toalla y la enrolle en mi cuerpo, sintiendo la suavidad de esta envolverme. Seque mi cuerpo y me puse unas bragas negras, tome el body de encaje hasta colocarlo bien en mi cuerpo y para finalizar, pinté mis labios con el lápiz labial vino. Joder, me veía como una puta.

Solté un suspiro, tome el collar que estaba en el lavadero y lo abroche detrás de mi cuello, seque mi cabello y lo peine, dejándolo completamente suelto y listo. Solté un suspiro y salí del cuarto de baño y después de la habitación roja, camine por el pasillo un poco tímida, agradecí al cielo no toparme con alguien en el pasillo, ni al bajar las escaleras y caminar hasta el despacho de Ortiz, dónde escuché algunas risas y choque de copas. Bien, el momento ha llegado.

Toqué la puerta.

-Adelante-.

Tomé aire y entré. Tres miradas cayeron sobre mí, una de Valentina, una de una chica y otra de…

-¿Es ella?-. (Levanté la cabeza, mirando tímidamente a la sujeta que había hablado. Me sorprendió ver a la misma sujeta que me ayudó con los cereales, enfrente de mí y mirarme un poco sorprendida y fascinada).

-Sí, es ella-.

-Ama-. (Hice una reverencia hacia Valentina y después hacia ella).

-Ven aquí, Riley-. (Asentí sumisa, con pasos tímidos, camine hasta ella y me senté en sus piernas, donde había palmeado, invitándome).

-Vaya…-.

-Ama, ¿quiere más vino?-. (Me sorprendió al escuchar a la otra chica llamar así a la sujeta. O sea qué…).

-Y bueno, ¿a qué horas empezamos?-. (Fruncí el entrecejo confundida, miré a Valentina).

-¿E…Empezar qué, ama?-.

Ella sonrió y acarició mi pierna con la yema de sus dedos.

-Tener sexo-.

Fue entonces que vi el vestuario de la otra chica, ella llevaba un conjunto de lencería de encaje negra.

-Bien-. (Miré a la mujer).-Vayamos al cuarto rojo-.

No puede ser.

Continuará….