16 - Retorno al pasado ( I )
SIGLOS ATRÁS
SANTUARIO DE ATHENA
En lo alto del risco que rodeaba el templo de Escorpio, un Omega de penetrantes orbes jade y largo cabello escarlata, se encontraba observando con gesto iracundo el Coliseo, provocando que aquellas marcas de sus vasos sanguíneos, las cuales atravesaban el contorno de sus ojos, se acentuaran como profundas cicatrices. Por fuera podía evidenciar un aspecto severo e inmisericorde, digno de un guerrero de su estatus. Sin embargo, por dentro poseía un lado sensible y vulnerable. Uno que sólo era conocido por dos personas: Mystoria de Acuario, su alfa, y el Serpentario, Odysseus de Ofiuco.
— Puedo sentir ira en ti, Écarlate. — insinuó una de las serpientes emisarias del guardián de Ofiuco, la cual se posiciona al lado del iracundo Omega, cuyas hebras carmesí lograban hipnotizar al Serpentario.
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Lo deseaba.
El decimotercer guardián tenía una perversa obsesión por aquel implacable pelirrojo. Una que no cesaría hasta convertirlo en su Omega. Sin embargo, para eso tenía que deshacerse de aquel alfa al que estaba vinculado. Aquel al que los dioses habían designado erróneamente como su destinado.
— Que las emociones no nublen tu juicio. — advirtió el mayor, provocando que emitiera un leve gruñido.
La furia del Omega era evidente, desde aquel acantilado observaba con profunda aversión al Santo de Virgo, quien conversaba amenamente con el Santo de Acuario. Conocía perfectamente los sentimientos de aquel Omega por Mystoria. Si bien ambos tenían un vínculo irrompible, esto no parecía impedir que Shijima lo amara, quizás aguardando una oportunidad. La sola idea enfadaba al Escorpión, quien nunca sintió afecto por Shijima, desde que llegó al Santuario parecían tener una aversión mútua o quizás esta comenzó cuando el patriarca anunció que Mystoria y él eran destinados. En ese entonces pudo percatarse de la expresión de dolor en el Santo de Virgo, quién procedió a retirarse a su templo. Esto nunca se lo reveló a Mystoria, quién parecía sentir afecto por aquel Santo. No obstante, no dudaba de los sentimientos que su alfa le profesaba. Mystoria era noble pero serio. Sin embargo, con Shijima sonreía, por esa razón Écarlate odiaba aquella interacción.
No pudo evitar apretar los puños al recabar en la batalla por equipos que se formó, en esta se enfrentaban Izo y Cardinale contra Mystoria y Shijima, el acercamiento entre ambos era notorio, se entendían bien en combate, por lo que no era algo nuevo que hicieran equipo. Esto enfadaba a Écarlate, quien observa al aguador salvar a Shijima de las rosas piraña de Cardinale, tomándolo en brazos. El Santo de Virgo lucía ruborizado por la acción del alfa.
— Virgen de burdel. — bramó iracundo preparando su aguijón. Sentía una gran ira en su interior, lo cual fue aprovechado por el Serpentario, quién sonrió malévolo al recabar en la oscuridad en el corazón de Écarlate. Aquel implacable pelirrojo siempre dudó ser un buen Omega para Mystoria. Por esa razón prefería estar apartado de los demás.
— El vínculo entre Mystoria y tú no tiene futuro. — afirmó la serpiente emisaria, cuyas orbes y vocalización en ese momento eran las de Odysseus — Nunca nos apoyará en nuestra rebelión.
Ante lo dicho, Écarlate no pudo evitar observarlo con aflicción. Aquello era cierto, el Santo de Acuario jamás participaría en su conspiración, no era un traidor. A diferencia de él, Mystoria era noble, quizás el guerrero más noble del Santuario. Y él, él era el Saint más fiel al guardián de Ofiuco. Dado que en el pasado fue salvado por Odysseus, por lo que poseía la facultad de hacer aparecer y desaparecer su cuerpo a tal grado que sus vasos sanguíneos y su sangre eran traslúcidos. Durante el funeral del Serpentario, lloró amargamente la pérdida del alfa, cuya injerencia sobre él era tal, que podía rebelarse contra Athena si este volviese a resucitar.
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Y lo hizo...
Decidió jurarle fidelidad a Odysseus a manera de respeto, pero Mystoria no lo entendía. Dado que ambos guerreros mantenían firmes sus posiciones, Écarlate tomó una decisión. Una que lo alejaba de su alfa y destinado.
— Ahora que vas a resucitar, Athena se ha vuelto innecesaria. — enunció dirigiéndose a sus serpientes emisarias. — Odysseus, cuando revivas ¿qué piensas hacer?
— Retornaré pronto, las señales comenzarán a aparecer. — indicó el mayor — Necesitamos la mayor cantidad de Saints con vida.
Écarlate asintió entendiendo lo que el decimotercer guardián quería decir, pronto daría inicio la guerra Santa. No obstante, esta vez sería el serpentario quien derroque a Athena y tome el control del mundo terrenal. Odysseus era consciente de la obsesiva devoción de Écarlate por él. Por ello, quería tomar la tierra junto al pelirrojo, ser el nuevo gobernante, hacerlo su Omega. Sin embargo, para eso tenía que eliminar a Mystoria, sacarlo de su camino. No obstante, se trataba de un guerrero de élite.
— Deberías dejar que se una a ese Omega. — remarcó la serpiente, señalando a lo lejos a Mystoria y Shijima, quienes habían logrado vencer a Izo y Cardinale. El Santo de Acuario había sido el escudo del Omega cuando este utilizó su cosmos.
Eran un buen dúo.
«Podría perdonarle la vida si marca a otro Omega y me jura lealtad.» pensó
— Debes estar preparado, Écarlate. — sentenció retirándose de los dominios del Escorpión, quien apretó los puños en clara frustración, el tiempo se le agotaba. Quería convencer a Mystoria, pero aquello era tan difícil como imposible. Ya se hablaba de una rebelión en el Santuario, las lealtades estaban divididas y a la señal de Odysseus todo se definiría.
— Por qué no puedes seguirme? — espetó entre amargas lágrimas el pelirrojo — Mystoria...
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El manto oscuro de la nochecubría el rostro iracundo del Santo de Escorpio, quien a estas alturas no podía ocultar su furia frente a su alfa. Tenía el aroma de Shijima impregnado al suyo. Acaso había ocurrido algo entre ambos? La sola idea lo hizo enloquecer.
— Tienes su aroma. — acusó con repudio, odiando aquella esencia a jazmin.
El Santo de Acuario lo observó atónito, no había tomado conciencia que aún portaba el aroma de Shijima, si bien nada fuera de lugar ocurrió entre ambos, no se había deshecho de su esencia cuando lo llevó a cuestas a Virgo, dado su agotamiento por el uso de su cosmos, lo dejó en la cámara principal de su templo.
— Écarlate...— trató de explicarse pero fue interrumpido por un furioso Omega
—Te revolcaste con él?!— exclamó iracundo
—No ocurrió nada inapropiado — acotó sujetándolo de las muñecas para evitar su Scarlet needle sin dañarlo. Aduciendo que nunca lo engañaría.
— No te acerques a Shijima!— exclamó con furia, Mystoria nunca había visto aquella reacción en su Omega, parecía enloquecer pero no sólo por lo ocurrido. Conocía a Écarlate...había algo más.
El heleno no podía aguantar más, estaba en su limite, su marca de unión tenía heridas producto de la frustración.
—Tu marca...— dijo Mystoria notando el enrojecimiento en su cuello, siendo alejado bruscamente por el Omega, quien cubre esta zona cuando intenta acercarse — Por qué tu actitud? — espetó con enfado
«Porque Shijima te ama...» pensó
Por primera vez el pelirrojo podía sentir cómo sus emociones se desbordaban, todo por el resurgimiento de Odysseus, el posible enfrentamiento con Mystoria. Podría convencerlo de unirse al decimotercer guardián? Y si no... Mystoria lo odiaría? Quizás nunca debieron vincularse. Podría enfrentarse a su alfa? Era mucho lo que le debía a Odysseus.
Sus sentimientos estaban con Mystoria pero su lealtad con el guardián de Ofiuco.
— Quédate a mi lado...— dijo con aflicción apoyando la cabeza en el pecho de su alfa
— No me iré, Écarlate. — juró atrayendo con suavidad el cuerpo de su Omega en un protector abrazo. Podía sentir su dolor, pero conocía al griego, estaba seguro que no revelaría nada y él no lo forzaría. — Nunca.
—... Incluso si te decepciono?
Aquello provocó que Mystoria lo observara confundido. Tras la aparición de aquellas serpientes, no quería aceptar que Écarlate fuera un traidor.
— Por qué haces esas preguntas? — cuestionó — Es por Shijima?
Su Omega estaba celoso, Mystoria lo notaba, seguramente esto era debido a la cercanía que mantenía con el Santo de Virgo, ante el semblante serio de su Omega, Mystoria procedió a besarlo tomándolo suavemente del mentón. A medida que el tiempo transcurría, aquel cálido beso fue cobrando mayor intensidad, provocando que las feromonas de ambos se mezclarán en claro deseo. Esa noche como muchas otras, ambos volvieron a fundirse en uno solo. Sin embargo, por momentos el omega se cuestionaba si debía revelar el plan de Odysseus. Le diría a Mystoria que el serpentario era el enemigo?, Qué el daño que se infringía era debido a su traición?. En verdad se arriesgaría a perder Mystoria? Realmente valía la pena enfrentar a Odysseus? Por primera vez tenía miedo, no quería perder a su alfa pero tampoco podía ir contra Odysseus, no cuando compartían la misma ideología.
— Estás celoso. — esbozó con suavidad el aguador, aduciendo que sólo sentía amistad por Shijima. Además el Santuario estaba en peligro. — Ignoro quiénes seguirán a Odysseus.
Esto provocó que el heleno callara de improviso, Mystoria sospechaba de una conspiración. No obstante, no quería dudar de sus compañeros de armas, menos de su Omega.
— Mystoria...
— Estaré a tu lado pase lo que pase. — juró abrazando por la espalda el desnudo cuerpo del Omega — Hasta el final, Écarlate. — finalizó sellando sus labios en un profundo beso.
Aquel día, todo se resumió a:
"Un beso"
Ese había sido su último adiós.
TEMPLO DEL DIOS DEL AMOR
En el interior del recinto principal, una enigmática figura trataba de invocar la presencia de aquella deidad. Pequeños mechones blanquecinos sobresalían de aquella oscura capa. Se trataba del decimotercer guardián, quién tras drenar parte de su cosmos, procede a evocar al único ser capaz de ejecutar su perverso deseo.
— Ruego su ayuda... — sentenció con dificultad debido a la abrupta pérdida de energía
En ese momento, un poderoso cosmos
emergió de la profundidad de aquel templo, provocando que el Santo de Ofiuco se estremeciera al percibir el inmenso poder del dios, cuyo aspecto angelical emulaba al de un joven de cortos y ensortijados cabellos rubios.
— Quién eres mortal? — cuestionó clavando sus penetrantes orbes sobre el serpentario — Preséntate.
Con paso seguro el alfa procede a aproximarse al pedestal del dios del amor, quién lo observaba estoico desde su trono, su cosmos divino era aterrador, lo que contrastaba con su aspecto longevo. No obstante, lo que más destacaba, eran sus enormes alas blancas, las cuales semejaban las de un ángel.
— Odysseus de Ofiuco — se presentó haciendo una reverencia. Por fin conocía al dios del amor, quién era portador de una gran belleza. Sin embargo, sus orbes eran gélidos, vacíos, carentes de emoción.
— Sirves a Athena — acotó despectivo al recabar en la armadura del alfa.
— Ya no más, mi señor — negó explicando con detenimiento su situación, así como la traición a su diosa — Deseo romper el vínculo.
Para el dios del amor no había pasado desapercibido el poder de Odysseus. Por esa razón no comprendía su petición. Podría romper aquel lazo eliminando al otro alfa. No obstante, su obsesión por el Omega no le permitía hacerlo. No cuando corría el riesgo de ser odiado. Por esa razón, recurrió al culto del dios del amor, cuyas flechas podían crear el amor más dulce como la tragedia más amarga.
— No puedo romper el nexo entre ambos destinados — aseveró aduciendo que aquello era un regalo de la Diosa del amor. Sin embargo, aquel Santo de Athena podía serle de utilidad. Su poder y habilidad podía acercarlo a lo que buscaba.
— Usted es poderoso, mi señor.
Ante lo dicho el dios del amor mostró una expresión soberbia. Aquello era cierto, quizás no podía romper el nexo por su propia mano, no sin enfrentar la furia de la regente del Olimpo, pero podía provocar su ruptura.
— Te daré el amor de ese mortal. — dictaminó el dios, quién tras escuchar su perverso deseo, demandó una cosa a cambio de interceder y ensombrecer aquel lazo. — Pero habrá una condición.
— Le daré lo que me pida.
Continuará...
Hola!
Espero que les haya gustado este capítulo (_-)
Qué pidió el dios del amor?
NOTA: Este cap tiene 2 partes.
