Los personajes de Inuyasha no me pertenece a mi si no a Rumiko Takahashi, esto es sin fin de contenido explicito,.Y me agradan todos los personajes, solo para aclarar.

Un destino diferente.

Los tiempos de calma momentáneos eran un exquisito regalo para el alma de aquel hanyo de nombre Inuyasha que miraba soñador el hermoso cielo azul en todo su esplender, sentado en un árbol mientras esperaba a alguien en particular. Nunca había sido ambicioso, ni sus pretensiones le habían llevado demasiado lejos, hasta que el anhelo de ser más que un medio demonio y convertirse en uno totalmente le había llevado a buscar la perla de Sion y con ello, enredar su destino con la persona que ahora esperaba.

Sin embargo, sus pretensiones de ser más que un medio demonio, habían comenzado a cambiar desde que la conoció, a ella, a su Kikyo. Desde niño siempre había sido demasiado solitario, rechazado incluso, pero al conocerla, todo el rencor que había nublado su carácter, lentamente se había disuelto, haciéndole sentir por primera vez esa necesidad de estar en compañía de alguien, mas bien, de ella. Y ahora, como un tonto desesperado, esperaba paciente por su Kikyo.

Reflexionando sobre sí mismo, Inuyasha recordó aquel primer día que la observo, su belleza por supuesto que le había cautivado, sobretodo aquella mirada dulce y valiente que parecía penetrar su alma cada que se enfrentaba a él, pero su personalidad serena y llena de vida en medio del caos y la bondad abrazadora de su corazón, eran principalmente los motivos que ahora le hacían permanecer a su lado.

No importaba cuanto tiempo habría de esperar por ella, el siempre lo haría con tal de estar a su lado. Sin embargo, aquella mañana parecía que ella estaba tardando más de lo habitual, por lo que ligeramente impaciente como era, decidió bajar de aquel árbol donde esperaba y buscarla en la aldea e su cabaña.

Inuyasha camino hasta la cabaña que compartían Kikyo y Kaede y al alzar la malla de bambú que se mantenía como puerta, pregunto a la pequeña hermana de ella sobre la sacerdotisa tras saludarla.

-Lo siento Inuyasha, no se ha donde ha ido.-dijo Kaede mientras cocinaba el arroz para la comida.

El hanyo se sentó en el suelo, algo desesperado por la respuesta y exclamó.-¡Bah!, ¿cómo es posible que no sepas donde esta a Kikyo, Kaede?

Kaede negó y comenzó a acomodar los platos limpios del desayuno.-Se fue hace poco menos en una hora, no tardara, sobre todo si iba a encontrarse contigo después Inuyasha.

-Iré a buscarla…-señalo Inuyasha poniéndose de pie.

Tan pronto lo hizo, Kikyo entro a la cabaña con algunos platos sucios en un envuelto en una canasta y se sorprendió al ver a Inuyasha esperando.

-¡Vaya, por fin!, ¿Dónde estabas Kikyo?-pregunto Inuyasha ansioso.

La hermosa dama expreso con calma y una sonrisa tímida.-Fui a ver a un aldeano enfermo, perdóname por hacerte esperar.

Inuyasha ladeo su rostro en un gesto mal disimulado de molestia hasta que Kikyo sin miramientos, sujeto su mano tras tomar su arco y le invito con una dulce sonrisa a partir fuera tras darle los platos a Kaede. Inuyasha no pudo resistirse más y olvido su molestia. Su solo toque podría calmar su furia y convertirla en alegría.

Los días continuaron calmados y pacíficos, sin embargo, los retrasos de Kikyo comenzaron a hacerse más frecuentes en un par de días y aunque Inuyasha pregunto sobre el motivo de ello, Kikyo no pudo decirle que la razón de ellos era el ir a alimentar a un ladrón llamado Onigumo, pues sabía bien que Inuyasha se opondría.

Fue entonces que una mañana, ansioso por su retraso, Inuyasha decidió actuar y se acerco a Kaede en su cabaña, quien tendía en el exterior de esta sobre unos hilos gruesos, su canasta de ropa húmeda como indicaba su rutina. Inuyasha se poso a su lado, con su mohín de disgusto y sospecha y exclamó.-Vamos Kaede, no puedes ocultarlo más, hay algo oculto con este asunto del aldeano que cuida Kikyo y sus retrasos para ir a cazar demonios y mounstros conmigo.

Kaede negó y continuo tendiendo su ropa sin prestar mucha atención a la demandas del mitad bestia.-No es cierto Inuyasha, así que cualquier inconformidad, háblalo con mi hermana.

Inuyasha se acerco al tendedero y miro fijamente a Kaede.-No mientas, lo veo en tus ojos, vamos Kaede, sé que hay algo que te preocupa, así que dime. si Kikyo está en problemas o peligro, debes decírmelo.

-Inuyasha, yo…-Kaede se detuvo un momento sus acciones, pues le costaba mentirle a Inuyasha, sobretodo porque realmente le preocupaba las actitudes de Onigumo con su hermana, pues cuando ella había ido a atenderlo, las preguntas y conversaciones entre ellos siempre iban relacionadas hacia ella de una forma un poco "perversa" y posesiva.

-¡Esta bien!, aunque no me lo digas, seguiré su olor y la encontrare para descubrir la verdad.-sentencio Inuyasha dándose la media vuelta.

-¡Espera Inuyasha!.-sentencio Kaede nerviosa.-Te diré todo.

-.-

Inuyasha escucho las palabras de Kaede sobre Onigumo y los cuidados bondadosos que Kikyo hacia con él en una cueva en las afueras de la aldea, por lo que guiado por un mal presentimiento, no dudo en seguir su olor y alcanzarla hasta aquella cueva donde permanecía ella con Onigumo. Fue entonces que en la copa de los arboles, la vio salir y él se escondió sin detener el camino de Kikyo de regreso al pueblo.

Tan pronto la vio alejarse, Inuyasha bajo de los árboles y se adentro sigiloso a la cueva avanzando hasta el lugar donde aún quedaba el rastro del olor donde había estado Kikyo.

Fue entonces que lo vio, a ese hombre de aspecto descarnado y con varios vendajes en su rostro. Su olor era putrefacto así como el ambiente que le rodeaba, lleno de una bruma oscura y de mal augurio.

Lentamente, Inuyasha se acerco y lo miro fijamente.-¿Así que tu eres Onigumo, cierto?

El ladrón movió su único ojo a la vista bajo los vendajes y exclamó.-¿Quién eres tú?

-Eso no importa, ¿así que Kikyo ha estado cuidando de ti?-señalo con seriedad el mitad bestia.

El ladrón gimió y señalo.-¿Kikyo?, hablas de la hermosa sacerdotisa que acaba de irse?

Inuyasha asintió mientras se acercaba a Onigumo con sospecha.-Si, y solo he venido a decirte que desde ahora yo la acompañare.

-Oh,¡ con que tú eres Inuyasha?.-señalo Onigumo con diversión haciendo que Inuyasha frunciera el ceño.-Escuche de ti en una conversación de Kikyo con su hermana, "eres el mitad bestia".-sentenció despectivo.

-Cuida tus palabras, sujeto.-exclamó irritado Inuyasha.

Onigumo rio sardónicamente y exclamó divertido.-¿La amas?, que tontería, de cualquier manera no puedes tenerla, eres una mitad bestia y ella una humana, son completamente diferentes.

-¡No te metas en lo que no te importa, tonto!-exclamo irritado Inuyasha.

Onigumo rio perversamente y exclamó.- Además "mitad bestia", ella viene a mi porque me ama, ¿sabes?, en el fondo es mía, su alma es mía, ofrecería mi vida a los mismos espíritus del infierno si pudiera tenerla en mis brazos tan solo una vez.

-¡Ya cállate!-grito Inuyasha furioso ante la osadía verbal de Onigumo. Sus puños se cerrados con firmeza.

-¡Y la haría mía una y otra vez hasta saciarme de su belleza aunque ella no quisiera!.

-¡Te dije que te calles!-siseo entre sus dientes apretados de rabia Inuyasha mientras sus garras se preparaban para atacar.

-La mataría tan solo para que no sea tuya, Inuyasha, porque aunque muera en esta vida, la volveré a encontrar en cualquier destino hasta tenerla mía.

-¡Maldición, ya cállate, cállate!-gimió lleno de ira el de cabellos blancos.

Inuyasha ya no pudo soportar más osadía en palabras de Onigumo, la solo idea de que Onigumo lastimara a Kikyo le hervía la sangre, por lo que lleno de ira y cegado a su raciocinio, lanzo sus garras sin pensar sobre el cuello de Onigumo y lo asesino, silenciando su risa perversa estruendosa en toda la cueva mientras sus garras apagaban sus suspiros en un zarpazo firme y lleno de ira.

-¡Eres un maldito!-expreso Inuyasha, sin embargo al ver el rastro de sus garras llenas de sangre, se quedo consternado por lo hecho. Onigumo había muerto. Para su mala suerte, Inuyasha escucho los pasos presurosos de Kikyo a su espalda, acercándose a la cueva. Seguramente Kaede le había confesado lo dicho.

-¡Inuyasha!-gimió Kikyo al ver al hanyo con su mano ensangrentada.- ¿Qué hiciste?

Inuyasha bajo su mano culpable y nervioso, trato de justificarse. -Kikyo perdóname, es que ese hombre …yo…-las palabras se quedaron en la garganta de Inuyasha. Ni si quiera el mismo tenía una respuesta para lo que había hecho.

Kikyo se dio la vuelta mientras Inuyasha salía corriendo, exclamando.

-¡Kikyo, escúchame, por favor, Kikyo, déjame explicarte…Kikyo!

Kikyo continuo su andar presuroso hacia el pueblo mientras Inuyasha salía de la cueva, sin embargo, decidió no seguirla y darle tiempo.

Al anochecer, a media noche, Inuyasha se presento al exterior de la cabaña de Kikyo, con el semblante decaído y arrepentido. Kikyo escucho pasos en medio de la noche mientras permanecía acostada junto a Kaede y observo una silueta sentarse arrodillada fuera la puerta de su cabaña. Lentamente Kikyo salió de la cabaña y observo a Inuyasha en el exterior.

Un silencio espeso se hizo entre ambos y cuando Kikyo quiso volver a su cabaña ante una conversación fantasma, Inuyasha la sujeto del vientre, abrazándola arrepentido mientras su cabeza se quedaba pegada a ella y exclamó.-Yo…lo siento tanto Kikyo.

La acción sorprendió a Kikyo, pues jamás había escuchado a Inuyasha disculparse, pues su orgullo no se lo permitía incluso en sus pequeñas faltas, por lo que sentía que debía escucharlo hasta el final. Inuyasha alzo sus ojos y la miro con su hermosa mirada ámbar brillando tintineante. El arrepentimiento se asomo en sus ojos.

Kikyo le acaricio el cabello suavemente sin poder resistirse a esa mirada.-¿Por qué lo hiciste, Inuyasha?

-Es que…-siseo Inuyasha recordando con ira lo sucedido.-Ese hombre dijo cosas de ti que no pude soportar, por favor Kikyo, perdóname.-Inuyasha presiono aun mas su rostro en el vientre de Kikyo como un niño desvalido.-Yo…no quise asesinarlo, es solo que…por primera vez…tuve miedo por ti.

-¿De qué?

-De que alguien pudiera hacerte daño, Kikyo.

-Inuyasha…-suspiro Kikyo sorprendida.

-Yo solo quiero protegerte Kikyo, de todo, de todos los que puedan hacerte daño para mí, tú lo eres todo.

-Inuyasha…-suspiro conmovida Kikyo a pesar de su enfado.

-Lo siento tanto Kikyo, sabes que no asesinaría sin una razón, menos a un… humano, por favor confía en mí, había algo oscuro en ese hombre, lo sé, lo sentí, una maldad en su alma inexplicable.-suspiro dulcemente Inuyasha poniéndose de pie lentamente y tomando las manos delgadas de la joven.-Por favor créeme Kikyo.

-¿Cómo lo sabes?

-Por la manera en que hablo de ti, se que ese hombre te hubiera hecho daño en cualquier oportunidad, a ti y a muchas más personas si en algún momento lograba recuperarse, yo lo sentí así Kikyo.-sostuvo Inuyasha con seriedad.

-Yo solo quiero dedicar mi vida a protegerte, Kikyo, por favor, perdóname.

-Inuyasha…-suspiro Kikyo mientras en un acto de desesperación, Inuyasha acuno sus mejillas y deposito un suave beso en su mejilla. -Créeme.

-Inuyasha…

Aquella noche, Kikyo se adentro a su cabaña mientras Inuyasha se quedaba en el exterior de su cabaña.

-.-

Algunos días pasaron desde aquel suceso con Onigumo, y fue entonces que Inuyasha decidió hablar en privado con Kikyo. Ya no quería esa distancia entre ambos, por lo que al verla terminando sus deberes en el pueblo, la alcanzo y le dijo:

-¿Podemos vernos en el lago al atardecer Kikyo?, tengo algo que quiero mostrarte.

Kikyo accedió y al término del día, justo cuando el cielo se tiño de rojizo color, avanzo hacia el lago donde Inuyasha le había mencionado. Ahí lo vio, sentando tranquilo mientras miraba al lago, totalmente pensativo.

-Oye Kikyo, ven aquí…-señalo Inuyasha poniéndose de pie en el árbol donde se encontraba al sentir su mirada a la distancia.

Kikyo obedeció y tan pronto llego a escasos pasos de él, se sentó junto a él y miro hacia el atardecer junto a tarde era perfecta para un encuentro romantico.

Tras unos momentos de calma, Inuyasha habló.

-¿Todavía sigues molesta, Kikyo?-suspiro Inuyasha con el semblante serio y un poco lastimero.-¿Todavía quieres que use la perla de Shikon para convertirme en humano?

Kikyo le miro un momento eterno y lentamente sujeto su mano con suavidad para encontrarse con su mirada.

-¿Sabes?, he estado pensando Inuyasha, pienso que por ahora, deseo que no hagamos eso y no lo digo porque no quiera compartir mi vida contigo, si no porque tengo un presentimiento.-Kikyo miro al sol a punto de extinguirse. -Después de todo, criaturas malignas seguirán apareciendo aun cuando te entregue la perla y me preocuparía mucho si algo te sucediera y no pudieras defenderte. Por ahora creo que podemos esperar un poco más para ello, hasta que estemos plenamente seguros sobre ello.

-Kikyo…-suspiro Inuyasha en un gesto relamente se preocupaba por él.

La oscuridad lentamente abrazo a ambos mientras la luna comenzaba a asomarse oscura lentamente. Era el momento de sincerarse.

-¿y bien, dijiste que debías mostrarme algo Inuyasha, que era?-señalo Kikyo ansiosa.

Inuyasha entonces suspiro algo difuso.-No te lo he dicho pero en las noches de luna nueva, mi cuerpo cambia.. un poco.

-¿Qué quieres decir?-suspiro ella preocupada.

-Como sabes mi madre fue humana al igual que tú , así que su sangre corre en mis venas y cada luna nueva, yo…me convierto en uno y dejo de ser una bestia.

La confesión sorprendió a Kikyo, quien lentamente comenzó a observar como Inuyasha comenzaba a cambiar su color de cabello a uno oscuro mientras sus garras se retraían a la par de la extinción de la luz solar.-En días como estos, yo…me encuentro totalmente vulnerable, mi fuerza se debilita y yo me siento más cansado de lo habitual, me vuelto "humano".

Kikyo lo miro asombrada,totalmente perdida en el fenómeno belleza de Inuyasha como humano y lentamente al verlo cerrar los ojos y relajarse, suspiro.

-¿Puedo tocarte?-suspiro ella con la mirada llena de "su belleza humana".

-Ummjum…-suspiro Inuyasha mientras Kikyo delicadamente sujetaba su mejilla sintiendo la tersura de su piel y calidez aun mas cálida de lo habitual.

Inuyasha atrapo su mano sobre su mejilla y la acaricio dulcemente, sin sus afiladas garras, uniendo sus dedos contra los de ella.-Kikyo, ahora soy un poco… humano.

Inuyasha abrió sus ojos y miro fijamente a Kikyo, sus ojos bailaron junto a los de ella, llenos de emoción. Y aunque la noche era algo fría, la sensación de su tacto sobre él se convirtió en una manta preciosa para importaba si era humano, si podía tener a su lado a Kikyo.

- Eres aun más hermoso bajo la luz de la luna, Inuyasha más de lo que puedes imaginar.-señalo Kikyo acunando su mejilla con dulzura.

-Kikyo..-suspiro Inuyasha conmovido por sus palabras.

Kikyo entonces no se resistió y acerco sus labios lentamente a Inuyasha, venciendo la distancia entre ambos, atrapándolos con suavidad.

Inuyasha sintió su respiración acelerarse mientras sus manos viajaban hasta el cuello de su amada. Las cosquillas revolotearon en sus estómagos, mientras la cercanía se vencía a cada segundos con tan solo la armonía de los grillos de la noche, resonando a distancia.

Inuyasha no pudo evitarlo más y lentamente apoyo su peso sobre Kikyo en un impulsivo movimiento, quien dejo su preciosa silueta recostarse en el césped profundizado aquel beso lleno de ternura y suavidad.

Inuyasha se separo un poco y observo el hermoso rostro de porcelana de su amada sobre el césped brillar en su palidez contrastante con sus mejillas encendidas mientras su melena azabache se esparcía como cascada bravía evocando una imagen casi gloriosa de ella. Realmente estaba perdido de amor por ella. Entonces la exploro.

Su mirada inexperta pero curiosa lentamente viajo por la fineza de su cuello hasta la abertura suave de su kimono blanco que revelaba un poco las montañas de su cuerpo.

Kikyo impaciente nuevamente sujeto sus mejillas y las guio a sus labios mientras la miel dulce de los labios de Inuyasha se mezclaba con la suya. Una mano tímida de Inuyasha viajo por el cuerpo de Kikyo, acercándose aun mas mientras la sentía temblar un poco bajo sí. Con su otra mano apoyo su peso para no caer sobre ella completamente mientras su nariz podía percibir el dulce aroma cálido que llamaba su boca hacia su cuello.

-Kikyo…-gimió Inuyasha totalmente embelesado tanto sus labios lamian y absorbían la delicada piel de su níveo cuello.

Kikyo por su parte, poso sus manos a través de la enorme camisola rojiza del mitad bestia mientras sentía su musculosa espalda haciéndole sentir cobijada.

Inuyasha entonces descendió lentamente hacia la abertura de su pecho y pasivamente se detuvo mientras su respiración pesada se quedaba fija en su clavícula. -Kikyo, no deseo faltarte, así que si quieres que me detenga, es el momento de decírmelo, porque después yo…no podre contenerme.

Kikyo sujeto de las mejillas a Inuyasha y le miro con suma ternura, no había otra cosa que mas anhelara que su calor.-Inuyasha, yo…no quiero que te detengas.

Inuyasha suspiro con la mirada brillante.-Te amo Kikyo, siempre te amare eternamente.

-Y yo a ti, Inuyasha.

Kikyo sonrió mientras los delgados dedos de Inuyasha se acercaban al listón de su holgado pantalón rojizo, liberando su kimono blanco y las capas de tela que había debajo de ella. Aquel acto fue liberador al mostrar su torso completamente desnudo ante él mientras sus ojos curiosos y castos conocían aquella feminidad en ella tan oculta como su corazon. La curiosidad lentamente llevo a sus manos a deslizarse por aquella piel expuesta mientras Kikyo suspiraba ansiosa ante el tacto.

-Inuyasha…suspiro ella en su oído mientras el hanyo vagaba en sus curvas, sintiendo su propio cuerpo responder ante la suavidad en sus palmas .Sus dedos, ahora sin garras, lentamente apretaron y masajearon el pecho de la sacerdotisa, fascinado ante el sonido agudo de su voz ante cada movimiento. Jamás había tocado algo tan suave y delicado como ello, era tan suave como para reposar en su fragilidad. Kikyo lentamente deslizo el sujetador del kosode de Inuyasha y lo abrió para conocer al mitad bestia. Sus ojos nublados vagaron por cada centímetro de la pálida piel del de cabellos tan musculo, y varonil a pesar de su juventud.

Inuyasha sintió la desesperación en su piel por lo que en un hábil movimiento se quito su kosode exponiendo su torso a plenitud de Kikyo. Los delgados dedos de la sacerdotisa lo sujetaron con suavidad debajo de sus costillas mientras los labios de Inuyasha le hacían perder la razón. Era tan suave, a pesar de las cicatrices en su piel, mismas que delineo con suma devoció un mapa por explorar.

-Mi amado…-susurro Kikyo extasiada mientras la ávida boca de Inuyasha bajaba hacia los montículos de su cuerpo, mordisqueando muy suave sobre de ellos y percibiendo la finura de su aureola.

-Eres tan hermosa Kikyo.-suspiro Inuyasha mientras volvía lentamente a sus labios, aprisionándolos como si la vida se le fueran en ello.-Tu cuerpo es tan…hermoso.

Kikyo gimió extasiada mientras el deseo nublaba su mente y aquella humedad entre sus muslos le hacía saber que ya no podía resistirse más a entregarse al ser suya con todo su ser.

El toque sublime y delicado de Inuyasha lentamente la envolvía en un sueño de ansiedad y deseo que buscaba más y más llevarla a donde jamás lentamente bajo en delicados besos por el cuerpo e Kikyo y con sus manos deslizo su hakama revelando sus níveas piernas de color luna y su feminidad. La imagen de Kikyo rebosante en el suelo, con las mejillas encendidas , cuerpo desnudo y brazos flectados a la altura de su cara hizo que Inuyasha sonriera con ternura. Aquella era la imagen más hermosa que jamás hubiese visto.

-Eres la mujer más hermosa, Kikyo, mi Kikyo.

-Inuyasha…-suspiro ella mientras sujetaba sus labios con ansiedad correspondiendo cada palabra con deseo.

El mitad demonio deslizo sus manos por toda la fina figura, casi como un pincel errante tanto ella deslizaba su hakama rojizo revelando su virilidad encendida. Kikyo suspiro cuando sus cuerpos se rozaron por primera vez, la sensación del abrazo de Inuyasha era tan cálida y abrazadora como un mismo sol, que le fue imposible rendirse a sus deseo y abrazarlo con más fuerza mientras su labios ardientes de posesividad, le reclamaban todas y cada una de esas noches en las que las que lo había soñado como su mujer.

-Te amo tanto Inuyasha…-suspiro Kikyo mientras lo envolvía con sus muslos alrededor de su cintura.

-Kikyo…al fin serás mi mujer…-suspiro Inuyasha con una sonrisa suave mientras una de sus manos le acariciaba los flequillos con dulzura.-Mi querida Kikyo.

Inuyasha nuevamente apresos sus labios y profundizo su beso con precisa ansiedad. El pequeño hueco entre los labios de Kikyo solo hizo que la provocación evidente encendiera la piel del hanyo mientras Kikyo enredaba sus brazos en su cuello.

-¿Estas lista?.-suspiro Inuyasha conteniendo el fuego que recorría desde su garganta hasta su vientre.

Kikyo asintió y suspiro.-Si,mi amado.

Inuyasha entonces comenzó a mecerse instintivamente sobre la feminidad de Kikyo, sintiendo como su cuerpo se llenaba de cosquillas cálidas y electrizantes, mismas que le entrecortaban la respiración.

-Kikyo…-gruño ahogado Inuyasha aun posado en sus labios.

Lentamente , sus palabras se hicieron agua y se convirtieron en un rio que hizo camino hasta su cuello, hundiendo su nariz en el, hasta que su firme virilidad le indico instintivamente el centro de la sacerdotisa y la humedad que de el sentirla suya.

Kikyo cerró sus ojos con fuerza y fue entonces que un jadeo ansioso comenzó a emanar de su garganta al sentir la irrupción del hanyo dentro de su ser.

-¡Ah!-suspiro la sacerdo tisa mientras temblaba bajo el de cabellos oscuros, al sentir su virilidad llenándola de sí. Fue entonces que en un movimiento lento, Inuyasha llego hasta el fondo de su ser , rompiendo su pureza mientras sus labios se habrían para dejar oír su profanación.

Kikyo miro al cielo, le pareció aun más brillante y bello que cualquier otro, mientras esperaba a que Inuyasha se acostumbrara a su calor. La presión de tenerlo en su ser era deliciosa y tensante. El joven hanyo entonces sentencio.-Al fin somos uno Kikyo.

-Lo sé mi amado Inuyasha…-suspiro ella mientras sentía como él la acariciaba tiernamente las mejillas .

-¿Te lastime?

-Solo un poco, pero puedo soportarlo.

-Lo siento.

Tras unos segundos de acomodarse, Inuyasha tomo sus labios nuevamente y comenzó un baile cadenciosos en su boca, jalando suavemente su labio inferior antes de retirarse para empezar a adentrarse una y otra vez en el centro de Kikyo con mas ritmo.

Kikyo entonces se dejo llevar por la sensación de Inuyasha dentro de sí y dejo que su garganta emanara los más bellos suspiros para su enloquecedor rendirse ante su mundo. Lentamente la ansiedad creció y fue así que en cada movimiento, cada vez más duro e irruptivo,Kikyo se abandono a sí misma, perdida en los ojos oscuros de su amado.

-Inuyasha…eres tan hermoso.

Inuyasha sonrió ante lo dicho mientras se movía cadencioso sobre ella, soportando su peso en si mismo. La ansiedad lentamente les volvió fuego, mientras su conciencias se centraban en la mirada del otro, en una imagen casi celestial. La perfecta sintonía de sus cuerpos les provocaba el más exultante placer, buscando más y más llegar al final.

Los jadeos de Kikyo combinados con los gruñidos de Inuyasha se volvieron la más bella sinfonía del placer, no importaba nada más, solo el uno al otro latiendo al mismo ritmo de sus acelerados corazones y el mas exquisito placer. El tiempo se volvió un instante eterno, ambos perdidos en el placer del otro, hasta que el culmino del placer se anuncio ansioso en Inuyasha , quien jadeante, esbozo.-No puedo soportarlo más, siento que voy a explotar.

-¡Inuyasha,Inuyasha!-jadeo ella rendida mientras se arqueaba bajo el.

Kikyo jadeo su nombre repetidas veces mientras sus caderas le obligaban a arquearse a plenitud buscando más contacto y saciedad de él. Fue entonces que Inuyasha enterró sus dedos en el pasto mientras empujaba con fuerza hacia el cuerpo de Kikyo un par de veces más, emanando su esencia con impulso en su interior. La mente de ambos se nublo mientras la imagen del uno al otro inundo sus pensamientos.

-Mi Kikyo…

-Inuyasha…-suspiro ella sintiendo escalofríos en su ser al sentir su descarga calida dentro de su ser.

Inuyasha se rindió sobre el cuello de ella, totalmente en trance ante lo hermoso que aquella sensación había sido para él. Estaba fascinado por la calidez y feminidad de Kikyo. Un éxtasis cargado de adrenalina le había llevado al cielo en brazos de la mujer que tanto anhelaba proteger y ahora estaba rendido a su ser. Kikyo entonces acaricio los cabellos de Inuyasha y suspiro.-Mí amado Inuyasha, prométeme que siempre estaremos juntos.

Inuyasha se rio suavemente y con sus últimas fuerzas, suspiro.-Por siempre estaré a tu lado Kikyo, no importa lo que suceda, yo estaré contigo.

Inuyasha jalo suavemente su kosode rojo y lentamente cubrió el cuerpo de ambos mientras las estrellas eran testigos aquella noche de una historia que no podían había un destino diferente para dos almas que se pertenecen.

Fin…

Muchas gracias por leer.