Valores de entrenamiento


Shio y Rikai se llevan bien con Hajime. Dentro de todo. Shio está fascinado como antes solo lo estaba con Rikai. Y Rikai...

Rikai no agradece para nada que Yusa llevara al nuevo pupilo del Escuadrón Zero. Pero está acostumbrado a tragarse sus quejas y angustias. Como buen Hijo del Jardín.

A Yusa no le gusta pelear con Hajime. Ni en los entrenamientos. Siempre tiene miedo de herirlo pero no hay otra justificación para tenerlo cerca y no puede dejarlo con ese Kanou.

(Nunca jamás).

Así que...

Yusa casi siempre entrena con Rikai. Golpes de espada contra su tridente. Hasta que su hermano se sonroja, jadea cansado y los dos se sientan en el suelo del gimnasio, mirando a Shio "bailar" con Hajime. Ninguno de ellos se cansa. Es como una conversación que tienen con los cuerpos.

Hay que entender los celos de Rikai. No son cualquier cosa. Ni sin motivo. Si a Hajime pudieran gustarle varias personas a la vez, si tuviera una conciencia del sexo como comienza a tenerla Shio, tal vez esos movimientos que realizan al tratar de montar un combate, serían los de un par de amantes uniéndose en pecado.

Y es que se miran con aprecio. Hay una chispa en la mirada de Shio. Y algo en Hajime que cede. Pero Yusa confía en ellos. Luego de bloquear los ataques de Shio, Hajime siempre controla a Yusa con los ojos y sus ataques...Son como una demostración de lo mucho que ha crecido.

Hajime hace gestos a Yusa. Sonríe. Presume.

Shio, por otro lado, juega. Es más inocente y menos orgulloso. Sus palabras buscan orientar a Hajime, imita a Take, a lo mejor se siente un poco padre o hermano mayor cuando lo hace.

(Extraña el Jardín, si se puede extrañar un lugar que es casi una prisión).

(Shio tal vez nunca tenga hijos y no crió a sus hermanos más pequeños como otros, tiene ese hueco, lo mismo que Yusa y Rikai).

Y también, Shio gusta de provocar a Hajime para probar sus propios límites. Hajime presume que ha crecido, Shio niega que sea suficiente.

Así se divierten.

—¡Nunca lograrás aniquilar a los ghouls más fuertes si dudas tanto, Hazuki!

—No estoy dudando, Ihei. Es solo que Yu no va a salir conmigo si te mato.

—Lo dices como si matarme fuera fácil...

Hajime termina en el suelo esa vez, con las dagas de Shio contra la garganta. Hairu los aplaude y luego sigue practicando esgrima con Ui. Pero los niños siguen. Un poco más. O al menos hablan.

—¿Sabes cuál es mi secreto para ser tan fuerte, Hazuki? —bromea Shio, poniendo sus armas a un lado y dándole la mano a Hajime para que se ponga en pie.

—¿Te dieron mucha leche paterna cuando eras un bebé? —murmuró Hajime con resentimiento, aceptando en reluctancia la mano de Shio, que reía.

Yusa pensó que probablemente no entendía el insulto de Hajime. O tal vez solo no se lo tomó en serio. Con los Hijos del Jardín nunca se sabía.

—¡Ahahaha! Se nota que andas dolido...No, no es eso.

Hajime se puso de pie y comenzó a sacudirse el uniforme de entrenamiento.

—¿Qué es? ¿Piensas en lo que te van a pagar como los pobres? —añadió en un siseo.

Pero Shio rió más y allí señaló a Rikai, quien se sorprendió y sonrojó profusamente.

—¡Amor! Cuando luchas por el amor de tu vida, no tienes miedo porque sabes que si pierdes, lo perderás para siempre —explicó Shio Ihei, alzando su dedo índice, como si fuesen palabras con gran sapiencia.

Que en cierto modo lo eran. Al menos para Hajime Hazuki, quien abrió sus ojos muy grandes, antes de observar a Yusa con atención. A Yusa Arima también le costó no sonrojarse más que su hermanito.

—¿Debo imaginarme que me echarán del CCG si no cazo al ghoul más fuerte? ¿Así? —indagó Hajime Hazuki, ladeando la cabeza, pensativo. Como si aquella premisa posible pudiera tener sentido hasta cierto punto.

Pero Shio Ihei rió más fuerte y negó con la cabeza.

—¡No, eso no alcanzaría! Yusa solo seguiría viéndote afuera del CCG. ¡Ten más creatividad! —añadió Shio y fue a zancadas hasta Rikai para abrazarlo, haciendo que el muchacho de cabellos más largos se reclinara en sus brazos como en un baile de tango.

El rostro de Rikai estaba más rojo que sus cabellos.

—¡Yo siempre me imagino que Rikai ha sido secuestrado por el culto Aogiri! ¡Debo rescatarlo! Porque las cosas que le harían a mi amado, son innombrables...

—Shio...

—¡Todos saben que te amo, Ri!

—Niños, sean discretos —les llamó la atención Hairu.

Porque si, en ese entonces, estaba ella. Aún.

Shio soltó a Rikai, pero lo miró con aprecio. Y Hajime...Hajime parpadeó muchas veces. Clavó sus ojos en Yusa y sonrió. Como si entendiera algo fundamental.

Yusa quería pensar que la sonrisa se debía a que Hajime se había enternecido con el espectáculo de Shio y Rikai. Él se sentía así. Sin embargo...

Años más tarde analizaría mucho mejor la escena y pensaría que tal vez no era tan simple ni tan inocente. A lo mejor, una semilla de maldad se plantó en Hajime justo entonces.


Pero de nuevo y de nuevo. Un presente eterno de recuerdos dolorosos por ausencias permanentes. Detrás de los ojos de Yusa, su familia y su novio pueden vivir otra vez.

Como durante esos entrenamientos en que Hajime y Shio aún parecen niños aún. Y es como un juego. Hajime Hazuki trata de ir por Shio Ihei. Lo persigue. Extiende sus tentáculos hacia él. Pero nunca logra alcanzarlo.

No como Hajime quiere.

(Se lo toma muy en serio).

A Yusa le da ansiedad. A veces, solo queda mirar cómo Hajime persigue a Shio, porque meterse entre ellos rompe la dinámica.

(Hajime falla y guarda sus tentáculos cerca de Yusa, como si la mera idea de usarlos para lastimarlo, siquiera entrenando, lo horrorizara).

(Hajime disimula muy mal cómo llevan su noviazgo).

(Hajime puede meterlos a todos en problemas).

(Pero Hajime es tierno en esa insistencia, como si quisiera proteger a Yusa de todo).

Rikai también los mira. No está más feliz que Yusa. Pero sus preocupaciones son diferentes aunque Yusa las entiende.

Y es que cualquiera se sentiría así.

(Yusa no, al menos, no desconfía de Shio, pero le produce recelos esa criatura oscura que es parte del mismo Escuadrón que Hajime).

(Mayuzumi, así se llama, Hajime se lo ha dicho, pero lo que a Yusa Arima no le gusta es la seguridad con la que ese chico pálido y flaco, de cabellos oscuros, que parece un clón suyo, más desgarbado y con acné, llega a creerse con derecho a algo).

Durante los entrenamientos con el Escuadrón Zero, es normal que Hajime y Shio terminen abrazándose. Siempre es así. Hajime persigue a Shio hasta caer rendido. Se gritan cosas.

—¡Tienes que mejorar, Hazuki! ¡A este ritmo, nunca podrías contra mi aunque te convirtieras en un SS!

—¡Ya quisieras, Ihei! Soy más persona que tú...

—¡Pues tienes que ser más rápido!

Es solo que Hajime es fuerte pero su rango de concentración es corto. Pronto, su kagune se deshace. Aunque sea cada vez más grande y duro.

(Yusa se descubre estudiándolo, con estremecimientos, hasta que cruza miradas con Hajime y se sonroja).

Shio es hábil para evitar los golpes. Y su espada siempre golpea en donde es necesario. Además, como es una especie de broma entre los dos, sigue provocando a Hajime, que es más niño que los tres hijos de Tsuneyoshi Washuu.

—¡Tal vez tus tentáculos están grandes, pero ya sé que harías de mujer si yo te agarrara a ti!

—¡Sigue hablando! ¡Casi te tengo, puta!

—¡Cuida el lenguaje! La casa Furuta va a pasar vergüenza por adoptarte.

—¡Me vas a chupar el kagune, eh!

—¡Chúpate esta y goza! Tengo entendido que te gusta...

Rikai tiembla. Son celos y tras algunos golpes de espada, entre la sangre y kagune descartado, como Hajime sigue en pie frente a Shio, hay otra cosa que Yusa no comprende.

O tal vez si.

—Solo son bromas —murmura Yusa a Rikai Souzu.

—Lo sé —susurra a su vez Rikai, sin mirar a Yusa, con la vista clavada en el suelo, como si ver el combate entre su novio y su pupilo lo estresara demasiado.

Shio Ihei guarda su arma y abraza a Hajime Hazuki. Lo llena de caricias. Ríen. Se separan. Shio no está armado. Él dio por finalizada la instancia aunque Take no haya dicho nada. Hajime, por otro lado...

Es un momento. Yusa está a punto de sugerir que terminen oficialmente por ese día cuando un último tentáculo sano de Hajime atraviesa el aire y pasa por un milímetro junto a la cabeza de Shio. Este último a penas y llega a moverse.

Si no lo hubiera hecho...

Todos jadean y luego guardan silencio, sudan frío y finalmente se relajan. Hajime sonríe, las manos de Rikai tiemblan, Shio suelta una carcajada nerviosa, un mechón de su cabello ha sido cortado.

—Bueno...Rikai siempre dice que necesito un corte —bromea Shio, aún tratando de reír.

Pero el que interviene de manera definitiva es Take Hirako.

—Es suficiente, Hazuki, estás afuera.

—¿Qué?

La sonrisa triunfadora de Hajime Hazuki se vuelve una mueca feroz, indignada.

—¡No me tocó, Take! No puedes...—comienza Shio pero Hirako lo hace callar solo con mirarlo.

Rikai corre hacia Shio, hace de cuenta que Hajime no existe, tal vez porque desearía que no lo hiciera. Yusa también va hacia ellos.

Debió ser un día más. Como siempre lo era. Un día, otro día.


—¿Cómo que Hajime ya no puede entrenar con nosotros?

Shio es el más sorprendido. Yusa entiende la expresión afectada de Take, incluso se siente mal por no haber convencido a Hajime de contenerse mejor. Ya no tiene arreglo.

—Está muy grande —respondió Hirako, encogiéndose de hombros, como si esa explicación fuese suficiente.

Los tres chicos guardan silencio. Se han despedido de un Hajime rabioso, que insultó a Take y se fue llorando de la sala de prácticas. Yusa le mandó mensajes pero Hajime no los ha visto.

—Hazuki tiene doce años...Vamos —insiste Shio.

Rikai pone los ojos en blanco cuando se suben a la camioneta de Take. Normalmente, Yusa toma el asiento del copiloto, pero Shio sigue discutiendo con Hirako y agarra su lugar.

No es que Ihei, el sobreviviente único de su casa, no acate órdenes. Es solo que no entiende.

Han perdido a Hairu contra la voluntad de todos. Hajime también la perdió. Y a sus padres. ¿Cómo renunciar a uno de ellos?

—Casi te saca el ojo —terció Take, poniendo el coche en marcha.

—Él no iba a...Vamos. ¡Es Hajime! Prácticamente lo hemos criado por dos años. Es como nuestro "Haise" pequeñito...

Hirako observó tan duramente a Shio, que este se calló de pronto y se puso el cinturón de seguridad en silencio.

—Nunca vuelvas a comparar a ese niño perdido con Ken Kaneki. No en mi presencia —añadió Take Hirako.

Shio no argumenta más. Yusa se pregunta si la advertencia también va para él.


Sus padres adoptivos pelearon esa noche, a puerta cerrada, pero ya era usual aunque intentaran disimularlo. Yusa los escuchó desde el pasillo porque no se atrevía a volver a la habitación que compartía con sus hermanos. Pensó que Shio y Rikai necesitaban hablar también.

Take y Kishou susurraban pero Yusa tenía el oído agudo y le importaba lo que se decían.

Demasiado.

Quiero el divorcio —dijo Take.

Yusa tragó su amargura en seco.

Sabes que no es posible. Tuve que mover muchas influencias para que tú y ellos estuvieran a salvo.

Y te agradezco. Pero se acabó. Te di los mejores años de mi vida.

Take...harás que te maten y a los niños.

Ya no son niños.

...Es verdad.

Pelearemos por nuestra libertad, contigo o sin ti.

...Solo hay una manera.

Lo sé...

...Al final, sí te enseñé a hacer trampa, ¿no?

Ser honesto y leal toda una vida para traicionar sin piedad una vez, en lo definitivo y para siempre, convirtiéndote en algo más, como un tipo de "realeza" bastarda. Si...

Yusa ya no escuchó más que el rumor de cuerpos uniéndose entre llanto. Y él lloró también.


Yusa Arima le escribió a Hajime un "te amo, cuidate, lo siento", antes de destruír su celular bajo órdenes de Take. En la oscuridad de la base de Goat, a veces se preguntaría qué insultos le hubiera mandado Hajime, de haber podido recibir su respuesta. Si eso hubiera dolido igual que ver a Kishou desangrarse entre flores.


Estaban tan felices de ver a Hajime de nuevo que solo querían desarmarlo y ponerlo a salvo. Pero...Hajime no estaba feliz.

Hajime casi no hablaba.

Hajime se dejó estar y caer, sin dar pelea.

No le respondió a Shio sus preguntas sobre su estaba herido. Tampoco a Yusa sobre el tiempo lejos. Rikai lo ignoró y Hajime a él.

Hajime Hazuki solo tuvo algunas duras palabras para Take Hirako.

—Eres un viejo Judas, tú me quitaste a Yusa —escupió.

Por lo demás, pidió ver a Ken Kaneki a gritos. No parecía lastimado. Su cuerpo.

Su mente, por otro lado...


Hajime entró en un letargo. Los chicos pidieron, en vano, que se lo soltara y permitiera dormir con ellos. Ken Kaneki no confiaba en él y Take Hirako menos.

Yusa lloró con amargura, Shio protestó hasta el último día, Rikai no dijo nada. Como si aquello lo aliviara.


La invasión fue un caos y les costó creer que Hajime, tan pequeño, pudiera ser la mente maestra detrás de su planeamiento. Los ghouls atacaron, también las fuerzas paramilitares convocadas por el CCG.

Cuando pudieron reunirse de nuevo, no les importó que fuera en una batalla contra Hajime Hazuki. Habían cambiado tanto. Los Hijos del Jardín, bajo tierra se habían convertido en seres más flacos y ojerosos, en cuyas pupilas brillaba una suerte de obsesión por el Rey, la misma que embriagaba como un vino a la mayoría de los miembros de Goat. El Escuadrón Zero había brindado por sus muertes en el casamiento de Kaneki Ken. No les quedaba mucho, más bien nada más que el honor de ser fieles a su juramento a Kishou.

Yusa pensaba en morir pero no podía hacerlo antes que Take. Lo defendió. Ya había visto a Shio bailar con Hajime. Tenía que ser igual. Al fin y al cabo, cuando lo prendieron, no le hicieron daño.

(Pero el odio no sabe de lógica).

Hajime sonaba como un animal herido, confundido e iracundo. Fue imposible hablar con él. Gritaba, amenazaba.

Yusa intercambió miradas con Rikai, que estaba aterrado. No daba abasto a cubrir la retaguardia de Shio, quien trataba de jugar con Hajime, como si aún fueran niños y entrenaran.

Porque aún eran niños y eso tenía que ser un ensayo. Ui no estaba atacando de verdad a Take. Un raspón, un mero raspón...

Pero fue suficiente para que Yusa dejara de observar a Rikai, Shio y Hajime. Lo cual fue un error. Se odiaría para siempre por eso.

(Si tan solo hubiera confiado en que Take y Ui se arreglarían como al final hicieron).

(Si hubiera sido menos obediente y más apasionado).

(Si al menos Hajime lo hubiera matado primero).

—¿Qué...? ¡Qué hiciste! ¡Rikai!

Hajime rió.

(Y no era como cuando reía por la simpleza de Yusa, las bromas de Shio o las muecas celosas de Rikai).

(Si Yusa no hubiera sabido que era Hajime ante ellos, no lo hubiese reconocido. Ya no era tierno, rollizo y suave, ya no pedía su abrazo y caricias, ya solo era un mensajero de la muerte y el dolor, un ghoul a medio hacer, un humano perdido).

Había una crueldad tan rotunda en él y Yusa se odió por dejar que pasara.

Tentáculos más gruesos que los de Kaneki Ken salían del cuerpo de Hajime. Eran grandes y fuertes, rojos y sangrientos. También fueron rápidos. Demasiado para que Rikai se pusiera a salvo.

Por supuesto. Rikai quiso proteger a Shio. Y Shio quiso jugar con Hajime. Fue ingenuo. Los tiempos de juegos habían terminado cuando Kishou murió y los obligó a hacerse adultos, cuando ninguno de ellos tuvo la fortaleza para obligar a Take a incluír a Hajime en la huída.

—¿Que qué hice? ¡Encima lo preguntas! Pues...¡Solo lo que tú me aconsejaste hacer, pendejo! Con la diferencia de que lo mío es real, palomo traidor. ¡Tú te llevaste a Yusa de mi lado, ustedes dos lo hicieron! También ese viejo Judas. No nos dejaron estar juntos, lo pusieron en mi contra...

Si, eso dijo Hajime. O algo así. Yusa solo seguía peleando como un autómata. Era hábil. Pero la mera escena había volado su mente.

Rikai en el suelo. Atravesado por un golpe de los tentáculos de Hajime. Un golpe duro y certero, que había destruído sus órganos internos en un instante.

¿Estaba...? ¿Como Hairu? Les habían entregado a Hairu en una bolsa. Matsuri Washuu no les tuvo ningún respeto, ¿por qué lo hubiera hecho?

(Hairu parecía un montón de flores secas, podridas y carne pasada, Ui no se cansó de abrazar la bolsa hasta que fue hora de la cremación y Hajime, Hajime había abrazado a Yusa, Hajime casi no podía ver por la operación en ese entonces reciente y Yusa, Yusa lo había protegido, ¿cuándo se alejaron tanto?)

Rikai parecía leer los pensamientos de Yusa mejor que él mismo. Su cuerpo lleno de cortadas y moretones, cayó en dirección a Yu, como diciendo...Te lo dije, no era bueno.

—¡No! ¡Carajo! ¡No!

Shio aulló.

—Hajime...

—¡Cállate! Iré por ti después, amor...

Las lágrimas corrían por las mejillas de Yusa con la sangre.

(No era su sangre pero no importaba).

(Tampoco era la de Rikai, demasiado lejos).

Quiso abrirse paso hacia Shio. Protegerlo de alguna manera. Porque bajó su retaguardia pero los Oggai no dejaban de llegar y también gritaban, desorientados, por sus tragedias personales. Pedían morir y Yusa los hería hasta que callaban. Hacía más o menos lo que fue educado para hacer. Con falencias.

Rikai quedó con los ojos en blanco, inmóvil, Hajime siguió riendo.

—¡¿Pensaste que te perdonaría?! ¡Nunca, traidor! Te acabaré como a este maldito, cuando lo haga, Yusa será libre y vendrá conmigo...

Un tentáculo de Hajime atravesó el ojo de Shio. Y Shio aulló pero Yusa igual no pudo llegar hacia él.

Le sorprendió, sin embargo, escuchar la risa de su hermano aún vivo.

—¿Crees que Yusa irá contigo, si eres nuestro asesino? Deberías saberlo. Solías saber...

Y Yusa quiso gritar pero veía todo desde la distancia. Aunque saltara, quedaría expuesto al kagune de Hajime y distraería a Shio. Incluso si derribara los cuerpos que seguían arrojándose contra él, nunca llegaría.

Lo perdió todo porque había sido educado para matar, no para salvar a otros. No realmente.

Para Shio fue mucho más traumático que para Rikai. Los tentáculos de Hajime partieron su cuerpo al medio. La sangre llovió de tal manera que algunas gotas llegaron a caer sobre las mejillas de Yusa y se mezclaron con sus lágrimas.

De repente, las dificultades se detuvieron. De repente, Yusa cortó tantos cuerpos, uno tras otro, sin importarle si eran sus compañeros. O lo habían sido, tiempo atrás. Antes de jurar su lealtad a Ken Kaneki.

Take y Ui dejaron de pelear. Yusa quedó con su espada ensangrentada frente a Hajime. Las lágrimas le caían sin ningún control. No podía creerlo.

—¿Viste cuánto te amo? —murmuró Hajime.

Pudo cortarlo entonces. Debió hacerlo. Para proteger a sus hermanos. Lo que quedaba de ellos. Rikai ya no podía cuidar su retaguardia. Shio no haría chistes ni volvería a decir que Hajime era familia.

Hajime...

Hajime también estaban en pedazos. Tenía una sonrisa cansada, como la de un niño sonámbulo.

—He hablado con el doctor. Lo que quede de ellos sirve para ti. Todo menos las cabezas. Puedes vivir unos años. Solo los abrirán y sacarán lo que a ti se te dañe. He hecho los arreglos —dijo, con orgullo.

Y Yusa debió matarlo. No solo esperar por su golpe.

Hajime se inclinó sobre Rikai, usó una cuchilla de su propio kagune para profanar su cuerpo.

Una flor del Jardín.

Rikai era tan hermoso. Yusa estaba enamorado de él, antes de conocer a Hajime. Su hermano había sido golpeado, su cabeza desprendida parecía sangrar lirios rojos.

Otra flor del Jardín —murmuró Hajime, riendo.

Tal vez, Yusa debió arrodillarse. Pero su último honor a la casa Arima, fue esperar la muerte de pie.

Por algún motivo, la voz de Hairu vino a oídos de Yusa, mientras que la cabeza de Shio era igualmente cercenada.

(Shio siempre fue el más simpático de los tres).

Vamos, Yusa, Shio, Rikai. Hajime Hazuki es pequeño aún. No fue criado en el Jardín como ustedes. No lo fuercen. Solo miren el tamaño de sus tentáculos. No puede lastimar a nadie aún. Tal vez nunca pueda. Ahora, de nuevo, nada de cortes de espada. Profundos no. Shio, no lo asustes. Yusa, tampoco lo protejas tanto. Rikai, no te escondas. Tienen que ser una unidad, todos ustedes. Si se mantienen juntos, jamás serán derrotados...

Hairu y Shio terminaron sin cabeza. Rikai también. Decían que los Souzu no se casaban con los Ihei porque sus matrimonios estaban malditos. Tal vez era cierto.

Como que los Arima siempre morían encima de flores. Otra leyenda.

—¿Qué haces, Yusa? —preguntó Hajime, de repente.

Yusa no supo en qué momento llevó el filo de su espada a su propio cuello. Solo pensó que así dejaría de sufrir. Y no lo atraparían.

Arima Kishou lo hubiera hecho. ¿O no?

—No tiene sentido, no seas idiota. Ya perdiste —lo reprendió Hajime.

Las cabezas de sus hermanos hacían muecas de decepción, más que de dolor. Yusa se sintió juzgado. Cada vez llegaron más de los hombres de Hajime.

Hombres.

Eran niños incluso menores que ellos dos. Gritaban por sus padres, se retorcían, sacaban tentáculos afilados pero deformes y delgados. Eran demasiados.

Y aún así.

—No iré contigo —murmuró Yusa.

Pensó que Hajime no lo escucharía. Pero rió.

—Espérame. El señor Furuta me pidió que le llevara dos cabezas de ustedes como premio al Rey. Con permiso de elegirlos, obvio. Uno de ustedes tres puede volver conmigo. Tú.

—No.

Hajime puso los ojos en blanco.

—Cuando necesites un riñón y podamos sacárselo al cuerpo del menso de Ihei, ni siquiera te vas a acordar de este berrinche —se burló—. Solo espérame.

"Si Arima se suicida como el viejo Kishou, maten al viejo líder de su Escuadra y a Ui también, por pendejo —indicó Hajime a los suyos.

—Yusa...—comenzó Take, cuando pudieron reunirse y el joven Arima, a regañadientes, bajó el filo que tenía contra el cuello.

Porque los Arima morían sobre las flores y nada germinaba en el fondo de la tierra.

Y luego...

Por lo que supo, a Hajime Hazuki lo mató un monstruo. Pero poco importaría. No podía ser de otra manera.

Los monstruos comen monstruos. Por eso, los humanos desaparecerán un día y solo quedarán ghouls y medios ghouls. Comiéndose mutuamente. Para equilibrar la balanza.


Lo curioso es que incluso después de que a Hajime Hazuki le reventaran la cara, el cerebro, el status militar incluído, sus indicaciones se llevaron a cabo por los efectivos activos del CCG. Los cuerpos de Shio y Rikai fueron recolectados. Aunque sus cabezas quedaron entre los escombros del distrito 24 hasta que un comité de Derechos Humanos e Inhumanos los identificó para darles sepultura.

Sus órganos se regeneraban como los de un ghoul. Condición extraña, que debió salvarlos, de no ser por el daño avanzado y la pérdida de sangre.

Matsuri Washuu contactó a Take Hirako, padre adoptivo de los niños. Con discreción, Hirako aceptó que los parientes de Yusa fueran almacenados.

Shio Ihei y Rikai Souzu solían llevarse bien con Hajime Hazuki, su asesino. Y tenían razón, Yusa jamás lo hubiera amado, después de que los mató.

Pero, ¿qué es el amor, de todos modos? ¿No implica una necesidad de perpetuar la existencia finita de tu ser amado? Incluso si es el amor más corrupto y destructivo.

Take Hirako también amaba a Yusa Arima como a un hijo y tomó la responsabilidad eventual de mentirle cuando necesitara un transplante.