Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, historia basada en su universo.
Abstract: El trio dorado retorna a Hogwarts para su octavo año. Sin la presión de la muerte sobre su destino, Harry tiene el tiempo para poner las cosas en perspectiva y darse cuenta de ciertas cosas. Redenciones imprevistas mientras se viene un baile para planificar. Harmony con ligero Dramione.
Del luto, a la graduación
Definitivamente iba a ser la mejor ceremonia de graduación de todas. Así lo había decidido Hermione Granger. Sus pasos firmes resonaban sobre las baldosas de piedra mientras dejaba la oficina de la directora McGonagall. Con el ceño fruncido y la resolución de cuando de hacer deberes se trataba, se dirigió rápidamente a la biblioteca para cambiar sus libros de clases por otros muy diferentes.
No sabía casi nada de fiestas y que ni se diga de su sentido de la estética y moda juvenil, lo cual la hacían sentir nerviosa. Pero no era algo que no pudiera aprenderse, de eso estaba segura. Para eso contaba con la infalible biblioteca de Hogwarts, que había resuelto cada una de sus dudas y problemas estudiantiles a lo largo de seis años y otros problemas de carácter más oscuro durante el último. Obviamente la planificación de una fiesta no sería la excepción.
Tras tres tramos de escalera y dos pasadizos, llegó a su destino. La señora Pince lucía imperturbable como siempre. Para la apergaminada mujer la amenaza de Voldemort solo había representado un mal sueño provocado por una mala organización política y escolar. Al día siguiente de la caída del mago más tenebroso de los últimos tiempos, Madame Pince volvió a su escritorio con una puntualidad envidiable, a remediar el caos que había dejado la guerra de Hogwarts en su amada biblioteca.
- ¿Libros de eventos sociales? –rumió y levantó los ojos de sus registros para observarla con cierta extrañeza, por detrás de las gafas de murciélago. Hermione se consideró afortunada al despertar una reacción en la anciana bibliotecaria, para variar.
-Necesito organizar la fiesta de graduación de la generación de postguerra y consolidar la nueva era de cambio y compromiso social mágico de Hogwarts–indicó, y añadió simplemente –es importante.
Pince ya no expresó el más mínimo cambio en su rostro. Con un gesto apolillado de la mano le indicó la miserable sección que había quedado de tales libros, los cuales no eran muchos incluso antes de la destrucción.
Hermione agradeció a la mujer sabiendo que no obtendría respuesta; la conocía demasiado bien para saber la dinámica, o, mejor dicho, la estática de la mujer. Ese pensamiento le provocó un escalofrío. En realidad, no conocía la historia detrás de la coraza de ese témpano de hielo que vegetaba en la biblioteca de Hogwarts.
Venga Hermione -se dijo a sí misma -bien puedes hacer una fiesta que hasta la señora Pince sea capaz de disfrutar.
Un reto sin igual, sin duda. Y Hermione no se corría cuando de retos se trataba.
En la sección oeste, vacía y desolada de la presencia de estudiantes, Hermione encontró lo que buscaba y se estiró lo más que pudo para alcanzar los libros ubicados en un estante delgado y ridículamente alto. Sintió su falda elevarse por sobre sus muslos. Había crecido durante el periodo lejos de la escuela y quería probar su punto de no depender más del espagueti de Ronald, cuyo límite de crecimiento distaba aun de alcanzar el tope.
La mano de alguien más alto que ella apareció junto a las suyas y alcanzó el condenado libro que estaba a milímetros de sus dedos. Al girarse molesta por su infructuoso intento, se encontró con la mirada atenta y amable de Harry. Automáticamente se le iluminó el rostro al ver a su amigo.
- Harry. Gracias. Pensé que estarías volando al confín del mundo ahora que oficialmente acabaron las clases –bromeó Hermione mientras se arreglaba el jersey y la falda y se ponía el alborotado cabello detrás de las orejas–al menos eso sugirió Ron cuando salió, arrojando su bolsa y sus libros, de la última clase de Bins.
-Pero luego tuvo que volver por su varita y se ganó que Bins lo atravesara "accidentalmente" –apuntó el muchacho, mientras sacaba los restantes libros sin que Hermione tuviera que pedírselo y los depositó frente a ella en una destartalada mesa de nogal.
-Honestamente, Ron es el único que puede llegar a molestar al mismísimo fantasma del profesor Bins.
Harry empleo el mismo gesto tolerante que ponía cuando de las locuras de su amigo se trataba, mientras echaba una ojeada a los libros.
Hermione se refrenó moralmente de nuevo. Tras las desgracias del último año en el mundo mágico y no mágico había decidido dejar de ser tan criticona y demostrar mayor tolerancia con todos los demás y todas las posiciones y formas de vida que convivían delicadamente en esos momentos de recuperación psicosocial.
Dejo de lado el tema recurrente de la inmadurez de Ron, que solía estar siempre en la punta de su lengua, y se sentó frente a los libros para revisarlos.
-Notas y copas mágicas, Velas e iluminación profesional, Hipogrifos de color: los mejores efectos especiales para una noche inolvidable, Hermione… -Harry se sentó frente a ella - ¿para que necesitas estos libros?
La miró como si estuviera loca por un momento. Ella enderezó los hombros con resolución.
-McGonagall me pidió que forme parte del comité de organización de la ceremonia de graduación de Hogwarts. Es un evento especial, asistirá casi toda la comunidad mágica y es nuestro último año. No podía decir que no.
Harry guardo silencio durante un momento. Hermione intuyó lo que estaba pensando. No obstante, decidió seguir hojeando los libros a la espera de que él fuera a decir algo.
-Claro que podías Hermione. –La voz del Gryffinndor cargaba reticencia. Ella lo esperaba. –Creí que no te gustaban esas cosas…no después de lo que paso en cuarto grado.
-Eso fue hace 4 años Harry –exclamó indignada –no veo por qué eso me iba a marcar de por vida, creo haber madurado, gracias –. Estaba siendo exagerada, pero conocía los verdaderos motivos de Harry para estar en contra de la fiesta, así que decidió desviar la atención de su amigo de ellos.
-McGonagall quiere que este año se inaugure las refacciones del Gran Salón con el baile. Planea invitar a los padres de los estudiantes para que hagan un recorrido por el castillo, y aprecien las mejoras de ampliación y seguridad mágica para sus hijos. Y por supuesto serán invitados Kingsley y miembros del Ministerio, además de otros representantes de la reciente Comunidad de Seres Mágicos.
Habló rápidamente sin mirarlo demasiado, mientras guardaba los libros en su bolsa. Quiso demostrar entusiasmo, sin embargo, sus emociones aún estaban en franca consonancia con los de Harry. Si antes podían comunicarse con solo una mirada, desde el bosque de Dean percibía la energía emocional de su amigo con tan solo estar en la misma habitación. Y viceversa. Hermione no sabía que pensar de aquello. Era halagador para su amistad, aunque a veces resultaba exasperante.
Como en esos momentos. El ánimo de desarrollar una fiesta de Harry era casi nulo. Dirigió sus pasos hacia la salida de la biblioteca seguida de su amigo, tratando de poner cierta distancia para evitar que Harry arruinara su humor e influyera demasiado en su determinación. Además, no quería que leyera en sus ojos sus verdaderos motivos.
-Ahora recuerdo porque no quería volver al colegio este año –murmuró Harry caminando junto a ella –. Evidentemente este año la fiesta de graduación tendrá otra connotación. Tratará de hacer borrón y cuenta nueva a diferencia de todas las ceremonias que ya se realizaron este año, las cuales fueron de homenaje y duelo …tristes, en su mayoría.
Hermione reprimió un gemido y permaneció callada. Entrecerró los ojos al atravesar el pasillo del séptimo piso, inundado por los rayos solares que se colaban por las grietas enormes que aún no habían sido reparadas.
El castillo tardaría todavía un año más para ser completamente restaurado. La magia negra que reventó el día de la batalla de Hogwarts había socavado los cimientos mágicos y contaminado la red de sortilegios y encantamientos que atravesaba cada centímetro del colegio. El panorama todavía era desolador, aun cuando los signos de maldad habían sido borrados. El frio de las piedras tenía un frio anormal que calaba los huesos a pesar del espléndido sol de una tarde de primavera.
Agobiada se detuvo frente a uno de los boquetes y contempló la lenta puesta del sol, a través del arco de un enorme ventanal sin marcos y vidrios. Había sido un día diáfano y cálido de fines de abril; los ecos de los estudiantes que disfrutaban el fin de las clases se escuchaban muy lejos, traídas por una leve brizna de viento proveniente de los terrenos del castillo, cercanos al lago. El calamar gigante sacaba los tentáculos para disfrutar de la estación. El enorme bosque prohibido se movía y respiraba por su propia cuenta con sus linderos claramente delimitados tras la pequeña cabaña de Hagrid.
Respiró aliviada de comprobar que fuera había toda una vida pulsante ansiosa de continuar y dejarse admirar lejos de las viles acciones humanas que desencadenaron la guerra todavía fresca en la memoria y en las personas ausentes.
Harry también se había detenido y continuaba a su lado. No estaba segura de si él observaba el mismo paisaje o si la estaba observando a ella. Sin embargo, sabía que compartía sus sentimientos en la misma medida.
Ambos sentían el trauma latente, las heridas abiertas, la mente intranquila. No había necesidad de hablarlo, el dolor de las pérdidas se comunicaba a través de cada silencio y pausa en la rutina del colegio. Bendito colegio, que los había acogido en sus momentos más felices, y ahora los acogía para esconderlos de mundo y tratar de sanar sus corazones. Pero tan solo por un año. Recibirían el siguiente otoño en algún otro lugar, y, por primera vez en sus vidas, sin un destino claro para ellos.
Al menos para Hermione.
-Quizá necesitamos una fiesta después de todo – suspiró Hermione después de un rato, cruzando los brazos sobre sí misma, tratando que el frio no la entumeciera demasiado. Esa sensación estaba por volverla loca. –Honestamente, no le veo sentido a seguir manteniendo las apariencias de sostener un duelo eterno hasta que alguien o algo indique que por fin todo volverá a ser como antes. No será así, jamás volverá a ser igual. El castillo nunca será el mismo, aunque cada piedra mágica vuelva a su lugar. Los muertos no volverán a vivir por más que hablemos en susurros y caminemos de puntillas en los pasillos ante sus recuerdos –una bandada de lechuzas mensajeras atravesó el cielo, bastante cerca de ellos, en su ruta a la torre de la lechuzería. Hermione no tuvo necesidad de mirar a Harry para saber que ambos habían pensado en Hedwig en ese mismo instante. Los fantasmas de los recuerdos amenazaban convertirse en pesadillas en lugar de representar lo mejor de ellos, y eso Hermione no lo iba a permitir.
-Creo que debemos celebrar…que cambiamos –continuó después de un rato –que todo lo que pasó, sirve y servirá de enseñanza para la construcción de una mejor comunidad mágica y muggle. Que el sacrificio de los caídos inspirará las ideas y valores de futuras generaciones de una manera sin precedentes. Y, ante todo, celebrar que nosotros, los que quedamos, seguimos vivos para promover este cambio y defender esos ideales y principios.
Se giró hacia Harry que todo este tiempo había estado observándola a través de los anteojos redondos.
-¿Crees que tenemos ese derecho Hermione…? -preguntó Harry con la vez tensa y los ojos endurecidos de repente –cada día me digo que esta vez será diferente, pero al finalizar cada tarde, me encuentro pensando que es el mismo día que ayer. Un día donde no están los que deberían estar y solo quedan espacios vacíos, lugares oscurecidos, agujeros negros que te arrastran y consumen cualquier momento que parece ser bueno. Es terriblemente frustrante.
-Ya hablamos sobre eso Harry –dijo Hermione, tomando su mano helada entre las suyas para tratar de eliminar el frio, sabiendo que sería inútil puesto que sus propias manos estaban tan frías como las de él. Conocía los terribles sentimientos de culpa que consumían a su amigo y que ella se esforzaba por expulsar. Era característico de su personalidad, no obstante, los últimos eventos amenazaron durante un peligroso tiempo sumirlo en la depresión más profunda.
-Así es, y créeme que lo estoy intentando –respondió Harry apretando sus manos y la atrajo hacia él. Hermione se arrebujó contra él recargando su cabeza en su hombro. También sus fantasmas eran tales que aún no se había atrevido a volver a casa, a la vida muggle…a recuperar a sus padres. El miedo era un monstruo terrible. No quería ver la cara de sus progenitores al saber lo que su hija les había hecho. Temía que no quisieran volver a verla y prefirieran quedarse en Australia, lejos de ese mundo mágico que ella había desencadenado con su nacimiento. Además, si todo pasaba nuevamente, ¿volvería a hacerles lo mismo?
Era una cobarde. Y no ayudaba el hecho de que un año más pasaba y la vida en Hogwarts no había resuelto el conflicto de los fantasmas y las culpas.
Era por ello que había aceptado la tarea de organización, para tener algo diferente que hacer aparte de solo estudiar. Ahora estaba decidida a convertirlo en algo más que solo una distracción. Tendría que ser la oportunidad de otorgarle a los caídos, al colegio, el valor y la alegría que merecían sus recuerdos brillantes.
-Te ayudaré a hacerlo –dijo el muchacho, refiriéndose con ello a TODO. Hermione sonrió lánguidamente aun sin verlo. Amaba el hecho de no tener que gastar palabras con él. Y eso que a Hermione le encantaba hablar.
-Es mi tarea –negó tranquila, reuniendo fuerzas, programando la cuenta regresiva de la fiesta e instaurando una estructura en su mente. –El comité tiene dos semanas para organizar los invitados, la música, la decoración. Suerte que no me tocó la comida, los elfos se negaron a dejar que otros lo preparasen, así que me ahorro un buen lio de principios con la S.P.E.W.
Harry se rio, murmurando algo como "la misma Hermione de siempre" y le revolvió y acarició el pelo.
-Eso no quiere decir que no tendrás cosas que hacer –dijo con un tono estricto, separándose de él con una sonrisa brillante. –Tendrás que aprender a bailar –sentenció arrancando una carcajada de Harry quien respondió afirmativamente. –Además, compraras un traje adecuado, te cortaras el pelo, y….tendrás que invitar una pareja para el baile.
Harry, tomando un mechón de su pelo y evaluando su largo, dijo como quien no quiere la cosa, sin ver directamente a su amiga: –pensé que serias tú Hermione.
Hermione negó con la cabeza, mirándolo astutamente.
-Eso sería demasiado fácil Harry, se lo que estás pensando, no me engañas. En lo que va del año no has intercambiado más de diez palabras con otra chica que no sean las que ya conozcas, eso incluye a Parvati, Padma, Luna y Ginny. Obviamente no te estoy pidiendo que te enamores de alguien, solo que trates de…ampliar tus horizontes sociales…
-Vale, vale –aceptó Harry a regañadientes. Si contaba el hecho que Ginny medio le hablaba después de su estrepitosa separación, el rango de las chicas que conocía se reducía bastante. Hermione en cierta manera tenía razón. –Y ¿qué harás tú? –preguntó, para añadir sarcásticamente –¿lo intentarás con Ron nuevamente?
Riendo, esquivó el golpe que una abochornada Hermione le dirigió. Lo ocurrido con Ron y Hermione era el único tema que conseguía sacarle una sonrisa a Harry, aun cuando estuviera del peor humor o sumido en la culpa más acuciante.
Luego del repentino y apasionado beso que una valerosa Hermione le dio a un muy gratamente sorprendido Ron en la batalla final de Hogwarts los dos intentaron una relación que tenía todas las probabilidades de durar para siempre, si no fuera porque duró solamente cuatro semanas. Solo en cuatro semanas locas e intensas se desarrolló el romance, el idilio, la desilusión, la riña, quitarse la palabra el uno al otro, la negociación, y el tratado de ser amigos para siempre.
Todo aquel que se vio enganchado por la promesa de un "amor en tiempos de guerra" pronto se vieron decepcionados ante el fracaso de lo que se apostaba era el escenario perfecto: la "tensión sexual provoca peleas", con su mantra de: "los contrarios se atraen".
Ahora era gracioso, pero durante esas semanas Harry estaba convencido de haber vivido un infiernillo mismo. Primero fue la incómoda visión de sus dos mejores amigos tratando de cruzar el espacio personal del otro. Aun se estremecía al recordarlo, y se preguntó si Ginny y él se veían igual de extraños y dispares el uno con el otro, cuando salían juntos.
Paulatinamente, Hermione tomó consciencia de una realidad, la cual, cuando Ron se enteró, desencadenó el drama por completo. No fue tanto el hecho de sentirse rechazado por la chica que supuestamente amó desde cuarto grado lo que lo indignó de sobremanera, sino la deducción "brillante" de Ron acerca de los hechos: que Hermione lo había besado solo porque él se había manifestado a favor de los elfos, ergo, lo que incitó a la chica a abalanzarse sobre él fue que lo había visto como un gran elfo gigante digno de compasión, ni más ni menos.
Harry tuvo que emplear toda su fuerza de voluntad para no reírse ahí mismo cuando escuchó el razonamiento de Ron y vio la cara de Hermione atravesar los mil colores en un minuto. Tuvo que coincidir que él estuviera presente en la cocina de Grimauld Place cuando sus dos mejores amigos dieron muerte definitiva a su relación. Basta decir que gritos y llantos sobraron los días siguientes. A duras penas la amistad fue salvada. Concluyó que tanto Ron y Hermione habían experimentado nada más que incomoda calentura adolescente durante los días que estuvieron juntos. Fue como el chiste del siglo y bien pronto regresaron a la rutina normal de tolerancia y belicosidad, a pares.
-Jajaja, muy gracioso Potter – Hermione rodó los ojos, sonrojándose como siempre hacía con el tema, consciente de las consecuencias que el acto más inmaduro de su vida provocaba. –Como miembro del comité no es necesario que piense en ello aún, tendremos mucho que hacer ese día.
-¿Quiénes están en el comité? -continuó de muy buen humor Harry.
-Dos profesores: el profesor Flitwick y la profesora Sprout; un representante ministerial, un representante de cada casa de Hogwarts: Justin Finch Fletchley, de Hupplepuff; Luna Lovegood, de Ravenclaw; Draco Malfoy, de Slytherin; y yo.
-¿Malfoy? –se preocupó Harry. Era inevitable no pensar en el Slytherin con recelo. Para Harry no era suficiente que su reivindicación última en la batalla de Hogwarts lo excusara de todo lo que había causado con su actitud en sus años del colegio.
-No empieces Harry, Malfoy fue lo suficientemente estoico para aceptar regresar a Hogwarts, aun con su padre en la cárcel y el honor de su familia por los suelos. Aceptó la designación de McGonagall para tratar de ayudar a manera de redención; esa actitud indica mucho de sus deseos de cambiar.
-O solo de graduarse rápidamente –musitó Harry por lo bajo. –Vale, está bien –aceptó con desgana ante la mirada de Hermione, practicando la tolerancia debida ya que no quería pelear con su amiga–pero no te descuides Hermione, puede que la guerra haya acabado, pero eso no quita que Malfoy tiene el talento innato para ofender y hacer sentir mal a cualquiera que trate de invadir su espacio.
-Claro, claro –dijo Hermione sin mucha convicción, con otras cosas rondando en la cabeza. Hermione era demasiado buena y amable para sentir compasión por cualquier alma torturada, eso Harry lo sabía muy bien, un buen ejemplo eran Ron y los elfos. Decidió que mantendría un ojo en la seguridad de la chica en lo referente al antaño privilegiado Draco Malfoy.
Se quedaron unos minutos más mirando la puesta del sol sin necesidad de hablar, cada uno perdido en sus pensamientos, pero pensando en el otro en realidad. Con los rostros de lado se observaron con cariño y Hermione durante un momento apoyó su cabeza en su hombro a manera de apoyo y luego le sonrió. Harry observó ese rostro tan familiar en la totalidad de sus facciones. Amaba pensar que conocía ese rostro a la perfección durante siete años continuos. Ese rostro que había permanecido en sus realidades y sueños lealmente. Un anhelo extraño se apoderó de su pecho, una necesidad brutal de asegurarse que eso continuara siendo así para siempre.
Sus ojos vagaron de la seguridad de sus iris mieles lentamente hasta detenerse en el grosor de sus labios de color rosa intenso natural que enmarcaban unos dientes blancos perfectos. Hermione, recíprocamente, también desvió su mirada de sus ojos a su boca.
Sintió acelerarse el pulso de sus venas.
El calor del sol rápidamente se desvaneció y la penumbra llegó de repente, haciendo ver más desolados los quebrados muros. Rompieron su contacto visual, un poco desorientados, nuevamente a esa realidad oscura que necesitaban sanar.
-Lo conseguiremos, Harry –dijo Hermione con emoción contenida y un tono decidido que la caracterizaba cuando se proponía algo.
-Si tú lo dices Hermione, no dudo que será así. –respondió Harry sintiendo el calor correr por su sangre disolviéndose de sus mejillas. Lo que Hermione dijera, él lo creería hasta el final. La vida le había enseñado que era mejor hacer lo que decía su mejor amiga. Siempre. Estaba agradecido de poder contar con esa única convicción en su vida. Le sonrió mientras tomaba su mano y la arrastraba hacia las escaleras para dirigirse a cenar algo en el gran comedor.
