Aquí estamos de nuevo, les traigo el capítulo 4 de esta pequeña historia. La canción que le corresponde siendo "Open Arms" o "Brazos Abiertos", de la saga de troya del musical "Epic: The musical". Este es el penúltimo capítulo de la primera saga (no vamos a cambiar de historia, solo como de "temática" con cada saga del musical/del fic, meramente es la forma en la que se han estado publicando las canciones del musical, y por lo tanto, la forma en la que los refiero a ellas. Pero todo va a estar en un solo fanfic, que es este). Una vez más, muchas gracias por leer, y disfruten el capítulo.


Capítulo 4: Patas Abiertas

El bosque al que se adentraron Bolt y Rhino no era un bosque convencional. El brillo que habían encontrado en la distancia al navegar había resultado ser brillo propio de los árboles; el lugar emitía una tenue luz azulada, no completamente distinguible si proveniente de la tierra o de los troncos de los árboles. Al menos les servía de iluminación natural mientras Bolt avanzaba a paso lento por la maleza, oídos alerta a cualquier ruido extraño, el hámster parado sobre su cabeza, observando alrededor.

Tenían que encontrar algo de alimento pronto, y salir de ahí. Quién sabe qué clase de criaturas extrañas podrían habitar un lugar así. Aunque, bajo esa misma lógica, quién sabe qué clase de comida podrían encontrar en un lugar así. Pero no podían irse con las patas vacías…

–Puedes relajarte, viejo amigo –Le dijo Rhino de pronto, su voz sonando entre los oídos del can, haciéndolo levantar la vista y detenerse un momento.

–¿Eh?

–Vamos, te conozco, se nota que estás nervioso –Insistió el hámster, su voz animada y alegre como siempre–, así que hazte un favor, Bolt, y trata de relajarte.

–Estoy bien, Rhino –Le afirmó el can mientras retomaba la marcha por el bosque bioluminiscente.

El hámster se deslizó de la cabeza de Bolt hacia su hocico, de modo que pudiera verlo a los ojos.

–No te creo nadita –Y no le dio oportunidad de responder antes de seguirse–. Sé que estás cansado de la guerra y la sangre, ¿y quién no lo estaría?; no me puedes decir que de esa forma te gustaría vivir. Pero mira como empuñas tu espada, listo para sacarla –Bolt se volvió consciente de que, efectivamente, parte del porque andaba lento era porque tenía una pata sobre la empuñadura de su espada constantemente–, ¿necesito decir más? ¿Por qué tomar, cuándo podemos dar?

–No, Rhino, yo…

El hámster no lo dejó hablar, negando con la cabeza amablemente.

–Esta es la oportunidad perfecta para hacer un par de cambios, amigo –Le dijo con una sonrisa–; inténtalo, no es tan difícil. Hazme caso: esta vida es megaincreíble, cuando la recibes de patas abiertas. Lo que sea que enfrentemos, estaremos bien si guiamos con el corazón. No importa el lugar, podemos iluminar el mundo, no es tan difícil. Solo recibe lo que te dé con patas abiertas.

Hola –Sonó un coro de voces agudas y peculiares de entre la maleza.

De inmediato el can desenfundó la espada y la apuntó hacia el frente, quedando dirigida hacia una criaturilla peculiar. De tamaño parecido al de Rhino, pelaje de coloración índigo-morada, y orejas alargadas y móviles, había varias de estas criaturitas alrededor de los dos, mirándolos con ojos negros, grandes y redondos.

–¡Atrás! –Bramó el can mientras blandía la espada para ahuyentarlos.

Atrás –Repitieron las vocecillas, todos y cada uno de los seres extraños dando un paso en retroceso.

–Amigo, patas abiertas –Le recordó Rhino gentilmente, habiendo saltado de regreso a su cabeza con el giro brusco que dio el can.

Bolt lo ignoró. –Solo vinimos aquí por comida –Les dijo a los seres pequeños, sin bajar la espada un poco.

Comida –Murmuraron ellos, haciendo eco a lo que el pastor suizo hablaba.

–Seiscientos amigos nos esperan en la playa, a que regresemos intactos –Amenazó Bolt, aun ojeando por el rabillo del ojo a las criaturillas. Claro, el tamaño no era impresionante, pero Rhino era de un tamaño similar, y el pequeño hámster había sido de mucha ayuda en la guerra de Troya, atacando por sorpresa, desbalanceando enemigos y recopilando información sigilosamente. Si estas criaturillas se les abalanzaban…–. Así que atrás, se los advierto.

Comida.

¿Si quiera entendían lo que él decía?

–Eh… Si no volvemos a salvo, mis hombres convertirán este lugar en cenizas –Y no era fanfarronería. Jack era capaz de soltar a los hombres la isla con toda la furia que sus suministros permitieran.

Bolt bajó la vista un poco, para enfocar en la criaturita más cercana a él, a la que le estaba apuntando con la espada. Para su sorpresa, la bolita de pelo morada tenía los ojos abiertos con curiosidad más que miedo o terror, y dando un par de pasos hacia el can, alzó las manos para ofrecerle una fruta con un par de mordidas en el costado.

Aquí tienes.

Rhino se extasió al ver eso y, dando un chillido de alegría, se deslizó de la cabeza al hocico del can para verlo a los ojos de nuevo.

–¿Ya ves?

El hámster saltó del hocico de Bolt hacia el suelo, a la par que el can tomaba la fruta que le ofreció la criaturilla para empezar a observarla. Mientras este analizaba qué clase de fruta se trataba, Rhino se acercó amenamente a una de las criaturillas y empezó a hablar de nuevo.

–Esta vida es megaincreíble cuando la recibimos de patas abiertas.

Megaincreíble.

–La mejor forma de mostrarle a alguien que confías, es bajar la guardia.

Confías.

–Deja que tu corazón guíe, estaremos bien. Recibe, viejo amigo, con patas abiertas –Eso último ya se lo dijo a Bolt, volteando a verlo con una sonrisa conocedora.

–Oh, viejo amigo, quisiera poder decirte que estoy de acuerdo –El can bajó la pata en la que sostenía la fruta y la hizo rodar hasta el hámster–, pero mira como esa fruta brilla, y está repleta de semillas brillantes también –Se explicó con puntualidad–. Me tomó un poco entender que clase de fruta comen ellos. Es un loto, cómelo y controlará tu mente, te volverá esclavo de su sabor. Eso nos llevaríamos con "patas abiertas".

Rhino perdió un poco de su sonrisa cuando Bolt hablaba, pero nunca por completo. Y una vez que el pastor suizo hubo terminado, rodó los ojos y suspiró, cuál padre que le va a explicar algo simple a su cachorro. Sin hablarle de regreso a Bolt, el hámster se volteó hacia la criaturilla cercana a él.

–Come-Lotos, me gustaría mostrarle a mi amigote que la generosidad es valentía –Habló con calma–; ¿podrían decirme dónde hay otro tipo de comida para comer?

La cueva –Dijeron todos al unísono. A Bolt le pareció escuchar que uno agregaba "cueva del susto" al final.

–¡Una cueva! –Exclamó Rhino, claramente no habiendo escuchado lo mismo que Bolt–. Dicen que hay una cueva dónde podemos comer. ¿Y en qué dirección navegamos para encontrar esta cueva con comida?

Al este.

Por allá –Señaló uno de los come-lotos con su patita. Efectivamente, señaló al este. Bolt no tuvo palabras.

–Gracias –Rhino inclinó la cabeza levemente en agradecimiento.

Por nada.

Rhino regresó hacia Bolt, rodando la fruta hacia la pata del can, y se sentó frente a él.

–Es una vida megaincreíble, Bolt –Repitió tranquilamente–, si la recibes con patas abiertas. Veo en tu rostro toda la culpa que traes cargando en el corazón. ¿Por qué no reemplazarla, ayudar a hacer un mundo mejor? Ya te dije como empezar –Rhino rodó la fruta hasta que esta chocó con la pata del pastor suizo–: patas abiertas.

Bolt, silenciado por lo que había visto acontecer, recogió la fruta de loto y la observó atentamente un poco. –Recibir el mundo con patas abiertas…

Rhino asintió un par de veces.

–Puedes relajarte, viejo amigo.