Advertencia: Algunos de los personajes de esta historia no me pertenecen, son de J.K.R., los demás, y la trama, son mi de pertenencia.
Capítulo 4
1.-
—Y, óyeme bien, Priya, cierra la puerta con llave y no le abras a nadie.
—Sí, sí, ya, váyanse, que ya quiero saber que es tener la casa para mí sola. —dijo la hermana de Blaise, haciéndole entender que tenía todo claro, pues, ya no era tan niña como sus padres creían—. Y recuerda que me debes un forro nuevo para telefono, no quiero de esos que tienen todos: cuando empiecen las clases quiero presumir.
—Vale. —dijo Blaise, recordando el trato que había hecho con su hermana, para que no le dijese a nadie que Hermione y él se iban esa noche de pinta...
—Estás loca, Hermione, ¿y sí nos catchan? —le había dicho él, con miedo, al escuchar emotivo que tenía su prima para decirle que se esperara a que estuvieran solos, y así poder ella contarle la genial idea que se le había ocurrido: escaparse a donde sus amigos, ya que, al no estar ninguno de sus padres, era la oportunidad perfecta para hacerlo.
—Claro que no, bobo. Ya los escuchastes: regresaran tarde y tú yo podemos ir y venir antes de que ellos estén de vuelta. —insistió su prima y, él, aunque el corazón casi estaba que se le salía por los oídos, aceptó la propuesta.
Solo quedaba una cosa: la ropa de su prima; la que tuvo que cambiarse por una que le prestó, porque, aunque no él no tuviera problemas con esto, como los tenía ella, sí iba a llamar demasiado la atención a donde iban, y en ese barrio, lo mejor era que no llamasen la atención...
Menos mal que allá ya lo conocían, pero nadie sabía que era de una familia de dinero -excepto su amigo Draco, quien fue lo introdujo en el grupo-, y la ropa de Hermione gritaba de lejos que era una chica que tenía mucho de él.
Los dos salieron a la calle y Blaise le acomodó más la gorra a Hermione; que a juego llevaba un pantalón de Jeans negro, que le quedó bastante ancho, y que no se le caía, gracias al cinturón que también le había prestado.
La franela, también le quedaba grande y su prima había resuelto hacerle un torniquete en la parte de atrás, lo que hacía que parte de su estómago saltara a la vista.
Blaise también le prestó una zapatillas deportivas.
—¿Me dirás ahora dónde vamos? —preguntó Hermione, adelántandole el paso, dirigiéndose a la avenida, donde debían tomar el transporte.
Para haber salido siempre en carro, desde que había llegado de visita, se había dado cuenta de las calles y a donde llevaban, notó Blaise, que apresuró su andar, para alcanzarla.
Soltó un suspiro.
—Hermione, antes de que te diga a donde vamos, tengo que advertirte ciertas cosas. —le dijo, algo nervioso, porque no sabía su prima iba estar de acuerdo con algunas de las cosas que él frecuentaba a hacer, en el barrio donde vivía su amigo Draco.
Hermione asintió, deteniéndose de repente.
—¿Qué camión hay qué tomar?
Draco rodó los ojos.
—Aquí no hay camión, Hermione, aquí se toma un taxi o el metro. Iremos en taxi por lo más rápido. Y deja de creer que todo es como en las películas.
—Vale. —dijo su prima, se le notaba entre eufórica y nerviosa, como si fuese ella la que consumiera drogas y no él.
Blaise detuvo un taxi que estaba pasando en ese momento y le tocó la corneta, a modo de pregunta, para saber si solicitaban sus servicios. Los dos lo abordaron en cuanto se detuvo y, ya cuando estuvo en marcha, Blaise comenzó a explicarle a Hermione a donde iban. En un principio su prima no entendió y asintió a todo como si nada, sin embargo, a media que el taxi se fue alejando de la ciudad, metiéndose a una zona a la que ella no estaba acostumbrada, y que para muchos podía parecer tenebrosa, ella comenzó a preguntarle si de verdad le había dado la dirección correcta al chófer del taxi.
—Sí, Hermione, es lo que intentaba decirte. Aquí es un lugar diferente, no puedes andar con dinero encima, a menos que te lo guardes muy bien. Por cierto ¿dónde está tu celular?
Hermione compuso una expresión que él no supo entender y tardó un poco en entregárselo, como si debatiera el por qué debía hacerlo.
Blaise tomó el celular.
—No me veas así. Tengo un bolsillo mágico. —le explicó, cuando ella abrió los ojos exageradamente, viendo cómo él metia la mano dentro de sus pantalones, guardando el celular de ella junto con el de él, no sin antes haberse asegurado de silenciarlo—. Por cierto, debes ponerle contraseña a tu teléfono. —le señaló, al darse cuenta que ella no usaba. Él sí, por muchas razones.
—Claro, como si mi papá me dejaría hacerlo. Nada más intentarlo es para quedarme sin teléfono y, créeme, si pasa, puedes ir haciéndote a la idea de que te quedarás sin prima, porque no me veo en un mundo sin teléfono y la visión de él a través de Internet, al menos. —le explicó ella, el por qué no lo bloqueaba, en tanto, de manera malhumorada, lanzaba su espalda al respaldar del asiento y cruzaba sus brazos en el pecho.
El taxista se detuvo en ese instante e Hermione volvió a erguirse, poniendo su atención de nuevo fuera del taxi.
Tragó grueso y, desde donde estaba Blaise, pudo sentir el temor que sentía ella hacia lo desconocido.
—No te preocupes, aquí todos me conocen. —la calmó, mientras le extendía unos billetes al taxista, luego, él e Hermione se bajaron del carro.
2.-
Eran cerca de las 7:00pm, calculaba Blaise, sin reloj y sin poder sacar su teléfono, miró el cielo que ya estaba comenzando a oscurecerse.
—¿Tienes frío? —le preguntó a Hermione, que no dejaba de ver, con quién sabe con qué pregunta en su cabeza, el cerro que se extendía frente de ellos.
—No —contestó ella—. Vamos. —le dijo, con una seguridad que no tenía hacía un rato y, otra vez, le adelantó el paso.
No habían avanzado mucho cuando, Theodore, uno de los muchachos de su grupo, saludó a Blaise al verlo.
—Epale, Blaise, ¿cómo está la vaina? —él saludó a Theodore como de costumbre, un saludo muy particular, de mano y hombro—. ¿Y la chica, tu jeva? —preguntó, refiriéndose a Hermione.
—Soy su prima. —dijo ella, de repente, extendiéndole la mano a Theodore, con una familiaridad que a Blaise no le gustó pues, no quería que sus amigos creyesen malas cosas de ella.
Theodore en seguida le tomó la mano y, como había quedado claro que no era la novia de Blaise, dijo:
—Un gusto, preciosa, yo soy Theodore, pero, para ti, Theo.
—Mira, ¿y los muchachos ya están en la azotea? —dijo Blaise, apresurado, con intención de desviar la atención de Theodore en él.
—Coño, no, chamo, ahí nada más anda Harry y Neville, los demás quedaron de ir más tarde, yo voy a ir más ahora, pero primero voy a conseguirle un hielo a la vieja, que otra vez se le dañó el frizer.
—Verga, bueno, dale, chamo, nos vemos al rato. —se despidieron y, cuando Theodore se alejó, Hermione miró a su primo con expresión rara.
—No entendí casi nada de lo que hablaron. ¿Qué es eso de coño, verg...?
—Hermione, ya —la interrumpió Blaise—. No repitas esas palabras, quieres.
—¿Por qué?
—Porque son groserías.
—Oh, sí, recuerdo escuchar algunas de ellas en los vídeos. Está bien que las digas, así sabré cómo hablar delante de tus amigos.
—Claro que no, no hables así, ¿vale?
—¿Por qué? —volvió a preguntar Hermione.
—Ya te dije, porque son groserías.
—Pero las Venezolanas hablan así y tú también acabas de hacerlo, quiero hacer lo normal para encajar.
—Mira, Hermione, entiendo lo que dices, pero, creéme, aquí no tienes que aparentar ser otra cosa para agradar.
—Pero tú escondes que tienes dinero.
—Shss —la silenció Blaise—. No vuelvas a decir eso, quieres que te escuchen —miró para todo lados, las persona a su alrededor seguían inmersos en sus asuntos—. Eso es porque ellos no tienen idea que, tener dinero, no significa exactamente no tener otros problemas, iguales a los que ellos tienen, como la libertad de expresión y querer hacer lo que tú quieres. Así que prefiero mantener, por ahora, mi estatus en secreto. Pero tú no debes aparentar ser una marginal... —agregó luego.
Hermione frunció el ceño, al no comprender la palabra.
—Me refiero a que no debes axpresarte de manera vulgar para agraderles, solo sé tú, no le digas que tenemos dinero y, si te preguntan, diles que solo viniste a pasar las vacaciones en casa de mis padres. Tienes la suerte de que mis amigos no hagan muchas preguntas.
Hermione volvió a asentir, comprendiendo... Al menos eso era lo que Blaise esperaba.
Los dos, retomaron su camino, subiendo el cerro.
3.-
—Ven, te ayudo. —le ofreció Blaise, devolviendo su andar donde estaba Hermione, que se había detenido un momento para tomar aire, colocando sus manos en las rodillas. No era de canzarse con facilidad, pues, el ejercicio formaba parte de su rutina diaria, sin embargo, la empinada que estaban recorriendo, no era fácil, por lo mismo, no estaba acostumbrada a hacer este tipo de esfuerzo. No quería ni imaginarse el sufrimiento de las personas que vivían allí, donde Blaise la había llevado, al tener que hacer este camino diariamente. No tenía que hacerlo, porque lo estaba viviendo en carne propia en ese momento, por lo que, con algo de empatia y admiración, se irguió, respirando profundo y le dijo a su primo que no, que estaba bien.
—¿Seguro? Porque podemos parar un rato. Mira, allá hay una bodega. Tienda. —corrigió Blaise, creyendo que ella no iba a saber a qué se refería. No sabía, pero, podía inferir al ver hacia donde señalaba y, además, no era como si no hubiese visto antes un abasto, solo que este era diferente, por la apariencia y la gente que estaba en su alrededor.
Hermione vio a unas jóvenes de la edad de ella y su primo, y quiso acercarse, sintiendo unas ganas de conocerlas de repente. Quizá, si Blaise las conocía, podía preséntaselas.
—Sí quiero, vamos. —aceptó ella, pero no le dijo a Blaise acerca de sus intenciones.
Cuando se acercaron, Blaise se adelantó a pedir los refrescos sin saludar a nadie, ella, en cambio, se dirigió a las chicas para presentarse.
—Hola, soy Hermione. —le dijo a una muchacha muy bonita, que hablaba con otra, igual de bonita que ella.
Las dos hablaban mientras tomaban... "refrescos" y, al oírla presentarse, casi le escupieron la bebida encima, por el hecho de que se rieron, de manera abrupta, por algo que Hermione no entendió. Luego hicieron como si ella no existiera y siguieron hablando.
Blaise se acercó a ella con los refrescos en una bolsa y la tomó de la mano, alejándola de allí.
—Vamos, le dijo. —con una expresión malhumorada.
Hermione dejó que la alejara con la cabeza algo confundida por lo anterior, escuchando, cuando Blaise y ella estuvieron de espaldas, que las chicas se reían.
—Debe ser una de esas Yanomamis —dijo una de ellas.
—No creo, no lleva guayuco —respondió la otra, riéndose aún más.
—. Pero Hermione sí debe ser, porque que es senda loca poldios. —continuó la primera.
Hermione no entendió todo el contexto, pero lo último sí, por lo que, ayudada por la impotencia de no saber por qué le decían que estaba loca, si solo había ido a presentarse, de manera educada, se soltó de la mano de Blaise, al que no le había dado tiempo de comprender nada (aunque había escuchado también lo dicho por las chicas), no, hasta que Hermione llegó hasta una de ellas y le lanzó una cachetada, tan fuerte, que la hizo soltar la botella que tenía en la mano, causando que, a su vez, la otra muchacha, de la impresión, se asustara, tanto, que se echó la bebida encima.
—¡Suéltame, Draco!
Hermione no supo de dónde había salido aquel chico, pero, lo agradecía, ya que su corazón había saltado cuando se dio cuenta que la chica, a quien Draco había agarrado por la parte de atrás, reaccionó después de la cachetada e iba como una fiera a lanzarse encima de ella.
—Lo siento —dijo Draco a Hermione. Ella no sabía de qué si él no le había hecho nada—. Daniela, disculpate.
—¿Qué te pasa, estás drogao? ¿No ves que la loca es la que se tiene que disculpar? —dijo Daniela, histérica.
—Que yo sepa tú comenzaste primero a insultarla.
Hermione dedujo que Draco había escuchado la conversación de las chicas.
—No te das cuenta que no es de aquí —le explicó—. ¿Qué más, Blaise? ¿Es tu prima?
Hermione volteó a mirar a su primo que asintió y, allí ella recordó que él le había dicho que iban era casa de su amigo Draco.
—¿Ya te calmaste? —Draco le preguntó a Daniela, a la que seguía manteniendo agarrada.
—Sí. Suéltame. —contestó ella, con un tono que decía, que estaba todo, menos en calma. Sin ambargo, Draco la soltó. La miró con aprehensión al ver que seguía con las intenciones de antes de que él la soltara y, Daniela, bufó una frase que Hermione no entendió: "vete a la mierda" Es decir, conocía las palabras, sólo no entendia del todo la expresión, pero debía ser un insulto o algo parecido, por lo molesta que se lo había dicho Daniela.
—Vamonos, Nairobi. —Tomó la mano de su amiga y las dos se alejaron.
Draco se acercó a Blaise y los dos se saludaron igual a como Theodore y su primo anteriormente, sin embargo Hermione notó que, con Draco, su primo era más familiar.
—Hermione, ¿no? —le dijo Draco, dirigiéndose a ella nuevamente.
—Sí. —contestó y le extendió la mano.
Draco la tomó y, ella, no sabe por qué lo hizo, pero intentó saludarlo al igual que Blaise, llevando su cuerpo hacía él, para golpear su hombro con el suyo; algo que no fue fácil, considerando que Draco era más alto que ella; mucho más que su primo, y Blaise sí que era alto, por lo que, su hombro y otras parte de su cuerpo, golpearon el pecho de Draco, que se tensó un momento, quizá porque no esperaba esa acción de ella, creyó Hermione y, luego, se echó a reír cuando ella se alejó.
Blaise también rió, pasándose una mano a la cabeza, se le veía apenado, pero no dijo nada, tampoco Draco, al menos, nada referente a su impulso, e Hermione no sintió que la risa de él fuera de burla, al igual que el de las chicas hacía unos minutos.
—Van para la azotea. —no fue una pregunta, pero Blaise y ella asintieron—. Yo también, vamos.
Los tres retomaron el camino.
