Hola a todos mis queridos lectores.

Gracias a cada uno de ustedes por sus reviews!

Karii Taisho: La detective Karii lo hizo de nuevo jajaja. De seguir así, los Taisho te contratarán para dar con Onigumo y Byakuya. Fue algo extraño, cuando pensaban que los atraparían algo pasa y no lo consiguen, definitivamente aquí hay "gato encerrado"; solo recuerda que en este fic todo puede pasar, las reglas cambian y no dejes de sospechar hasta del menos pensado. Por cierto, vuelvo a aceptar que tenía bien merecido el título de TERESA, y es que fue inevitable no hacer esto, tenía que acabar con el orgullo de Bankotsu por ser una basura con Kag, ¿Crees en su arrepentimiento? Espero que no. Lo que si te aseguro es que al ser ficción, puedes disfrutar sin remordimiento de lo que pasó: "Kag solo pudo pensar en el sexy Inuyasha". Pero espera la reacción de Bankotsu, y prepara tus sartenes, solo déjalo vivo por un tiempo más jajajaja.

Cbt1996: Esa frase fue épica y Miroku no estaba equivocado jajaja Inuyasha y Kag son fuego puro. Quiero saber tu teoría, ¿Por qué no se te hace tan extraño el compromiso? No sé, tengo la ligera sensación de que no falte mucho para que sepan de quién se trata. Ahora, respecto a Naraku, todo puede pasar, algo que tiene este fic son muuuchas sorpresas, así que no descartes la posibilidad de él pueda estar involucrado. Creo que no fue tan necesario huir con ese final jajaja; Kag aún es débil, pero sus pensamientos ya no pudieron rendirse a las caricias de Bankotsu, al contrario, la llevaron a los brazos de Inuyasha y por eso terminó rendida ante su falsa imagen, a tal punto de herir el orgullo del otro. Solo te diré prepara todos los sartenes posibles, los necesitarás desde la primer línea.

Rosa Taisho: Me alegra que hayas disfrutado el encuentro de estos dos insaciables jajaja, porque recuerda que será lo último que tendrás, y sabes a lo que me refiero Teresa Suprema. Lo que le molestó a Miroku es que las dos chicas se fueron jajaja creo que si se hubieran quedado, no le reclamaría nada a Inuyasha. ¿Quién será la persona que dio el aviso? En verdad Rosita, no confíes en nadie, en este fic todos son sospechosos, incluso los personajes que aún no aparecen. El karma no respeta, y le tocó a Bankotsu, es que no me puedo ni imaginar su cara al escuchar el nombre de otro, y eso a cualquier hombre lo mata de indignación, así que disfrútalo mientras dure, porque en este capítulo lo vas a acabar a sartenazos. Ah, y la llamada misteriosa, muy pronto sabrás de quién se trata.

Lin Lu Lo Li: Inuyasha y Kagome saben aprovechar el momento siendo muy responsables, además de que Inuyasha se preocupó por ella en todo momento, y eso será algo difícil de olvidar para ella. Gracias por leer!

Guest: Muchas gracias por leer! Me alegra que te haya gustado.

Shikon de Oz: Interesantes cuestionamientos, que en algún momento tendrán su respuesta, por ahora solo están las teorías. En cuanto a la relación de Bankotsu y Kag ya estaba destruida desde antes, lo único que pasó aquí es que él al fin se dio cuenta que ya tiene todo perdido con Kag. Me alegra que hayas disfrutado de este capítulo.

MegoKa: Tu teoría es muy buena, pero no, la cita de Miroku no eran ellas. Sí se conocerán pero todavía no es el momento. Respecto al compromiso, ya falta poco para que sepan de quién se trata, y será una gran sorpresa, o eso creo. Ahora con lo que pasó con Bankotsu, disfruté dejar su orgullo por los suelos; ¿Cómo será su reacción ante esto? Por supuesto que nada bueno, y este capítulo deja claro que está persona tan Narcisista querrá hacer de las suyas. Gracias por leer y espero disfrutes esta nueva entrega.

El final de capitulo anterior quedó impactante, y a esto me refiero con los giros inesperados que está dando la historia, son tantas sorpresas que ni yo misma sé que pasará más adelante.

Respecto a lo sucedido con Kag, si, yo también me sorprendí ante su reacción, pero es algo que desgraciadamente sucede en la vida real cuando una persona manipuladora juega con tu mente; pero fue tan satisfactorio que Kagome le gritara en la cara el nombre de otra persona, fue darle una cucharada de su propio chocolate. Ahora veamos la reacción de Bankotsu y preparen sus sartenes porque esto está muy fuerte.

Advertencia: Este capítulo contiene lenguaje fuerte, descripciones de violencia y situaciones explícitas que pueden resultar perturbadoras para algunos lectores. Si no les gusta este tipo de situaciones, pasen de largo hasta la perspectiva de Kagome.


CAPITULO 8: VALIENTE

BANKOTSU

¡Maldita sea! Nada me estaba saliendo bien desde que la estúpida de Kagome decidió pedirme el divorcio. Mis problemas económicos habían regresado, muy a pesar de que pude seguir desviando parte de su sueldo a mi cuenta a pesar de habernos separado. Para mi desgracia, el lugar donde ahora estaba viviendo era extremadamente sencillo para mi gusto, ya no tenía las comodidades que tenía con ella. Después de nuestra pelea, creí que Kagome cambiaría de parecer y que regresaría a mí llorando y pidiendo perdón, rogándome que regresara con ella, pero me equivoqué. La estaba perdiendo y no podía permitirlo, tenía muy claro que tenía que tragarme mi orgullo y humillarme si quería recuperarla, por eso no pensé dos veces en esperarla en la casa cuando regresara de ese corto viaje que hizo con su amiga y su hermana.

Me reí al descubrir que no había cambiado la cerradura de la casa; eso para mí, significaba que aún me extrañaba, y que tenía una oportunidad para recuperar mi vida. Entré a la casa, pero estaba vacía, así que me senté a esperar en la sala. Por suerte, no pasó mucho tiempo cuando escuché un auto estacionar en frente, me asomé por la ventana y era Kagome. Respiré profundamente, y me preparé para hacer la mejor actuación de toda mi vida: la de un hombre arrepentido.

-¿Dónde estabas? -traté de sonar lo más tranquilo posible.

-No tengo por qué darte explicaciones -respondió con brusquedad. Esa actitud no era común en ella.

En su voz podía notarse el rencor que sentía hacia mí, sobretodo cuando me preguntó que hacía en SU casa, como si yo no tuviera derecho de estar ahí. Tuve que contenerme para no provocar una nueva discusión, así que respiré relajadamente y tuve que actuar lo más triste y arrepentido posible, pero nada, sólo eso, nada. Kagome no reaccionó como yo esperaba, al contrario, me recriminó todo el dolor que le causé. Y sí, lo admito, fui un tonto al dejar que me captaran con aquella modelo, pero tenía necesidades, debía satisfacer mis deseos como ya no lo podia hacer con Kagome porque, ni siquiera me excitaba verla con poca ropa.

Seguí insistiendo, pero no quería ceder, se me estaban agotando los recursos, y tuve que recurrir a lo más humillante que había hecho en toda mi vida.

-¿Qué quieres que haga para que me perdones? -la tomé de las manos, y Kagome quiso alejarse, pero me aferré a ella-. ¿Quieres que me arrodille? ¡Está bien!

Me arrodillé implorando su perdón; aunque por dentro, mi odio era más grande. Ninguna mujer me había humillado tanto como lo estaba haciendo ella; ¿Tanto le costaba olvidar todo?

-¡Levántate, Bankotsu! -dijo sorprendida

A pesar de su reacción, su voz no mostraba compasión, solo incredulidad, y eso me enfureció aún más. No sé cómo, pero puse todo mi esfuerzo para no reventarle la cara de un golpe; no podía arruinar el momento. Ella logró soltarse de mis manos y se dio la vuelta; en ese momento sentí que ya no tenía salida, pero me quedaba una última carta, tenía que recurrir a los más bajo y desesperado. Corrí detrás de ella y la abracé.

-Kagome, sé que aún me amas -comencé a besar su cuello, su cuerpo se tensó en ese instante y sonreí triunfante. ¡Bingo! -. Solo date cuenta como tu cuerpo reacciona a mis besos.

-Eso no es cierto -susurró con la voz temblorosa.

Al fin estaba logrando mi cometido, no había conocido alguna mujer en el mundo que pudiera resistirse a su hombre, y Kagome no sería la excepción. Sin embargo, tenía que fingir ante ella, a pesar de que ya conocía cada rincón de su cuerpo, no me provocaba absolutamente nada; todo se trataba de un juego en el que la manipulación era el único factor que me impulsaba a seguir adelante y hacerle creer que deseaba estar con ella.

Kagome seguía resistiéndose, pero de un momento a otro, se rindió ante mí; respondió a mis besos con desesperación. Llevé mis manos a su cadera, levantándola y haciendo que enredara sus piernas en mi cintura; caminé hasta la mesa y la senté ahí, abriendo sus piernas, listo para satisfacerla y hacer que olvidara todo. Necesitaba mantenerla bajo mi control.

-Kagome... No quiero perderte. No puedo vivir sin ti -mentí.

No recibí respuesta alguna de su parte, al contrario, se dejó llevar ante aquel falso gesto de amor. Lo que más me sorprendió fue que estaba respondiendo de una manera que jamás había mostrado, sus gemidos eran intensos, más de lo que recordaba, además, el temblor de su cuerpo ante mi contacto era algo que jamás había visto en ella. No había ni un rastro de aquella Kagome sumisa en el sexo; algo dentro de ella había cambiado y no sabía si explotarlo o preocuparme por ello. De lo que creía estar seguro era que estaba ganando, que pronto todo volvería a estar en su lugar, y seguiría viviendo la vida de rey que tanto me merecía.

El cuerpo de Kagome volvió a tensarse, listo para llegar al clímax, y después de eso, estaba decidido al follarla tan duro que no iba a querer volver a pensar en el maldito divorcio. De un momento a otro, y sin darme cuenta, todo se fue a la mierda; esta maldita mujer tuvo un orgasmo intenso que la hizo gritar el nombre de un tal ¿Inuyasha?

-¿QUÉ? -grité sintiéndome, humillando y molesto.

Kagome abrió los ojos de golpe, claramente asustada por lo que acababa de hacer. ¿Cómo se atrevía? La muy maldita no solo me estaba engañando, sino que, mientras la hacía mía, estaba pensando en ese bastardo. Mi furia creció en ese instante; no podía creer que ella me había traicionado y mucho menos que se hubiera atrevido a gritar su nombre en medio de nuestro encuentro.

-¿QUIÉN DEMONIOS ES INUYASHA? ¿ACASO ES TU AMANTE? -grité lleno de odio, mientras ella, tranquilamente bajaba de la mesa y se acomodaba la falda del vestido.

-¡No es nadie! -respondió como si nada, lo que encendió mucho más mi furia-. Esto solo fue un error, Bankotsu, será mejor que te vayas.

-¡Estás muy equivocada si piensas que me iré como si nada! -exclamé, dando un paso hacia ella.

-¡Bankotsu, esto se acabó! ¡Entiéndelo! -dijo con firmeza. En su mirada podía ver una mezcla de confusión y frialdad-. Desde el día que nos casamos, esto se fue al carajo, tú cambiaste y…

-¿Por eso buscaste un amante? -la interrumpí, mientras la rabia en mi interior seguía creciendo-. ¿Desde cuándo te volviste una zorra? -pregunté en medio de una sonrisa frustrada

-¡No me hables así! -respondió con nerviosismo disfrazado de frialdad. Lo sé porque comenzó a apretar sus dedos pulgares entre sus manos-. Te lo pediré una última vez, vete de mi casa

-¿POR QUÉ? -grité furioso. Me acerqué a ella y la tomé fuertemente del brazo-. ¿ACASO TÚ AMANTE VENDRÁ A NUESTRA CASA? ¿SEGUIRÁS COMPORTÁNDOTE COMO UNA PUTA?

Un golpe fuerte resonó en la sala, di un paso hacia atrás soltando a Kagome, y un fuerte ardor invadió mi mejilla izquierda.


KAGOME

¿Zorra? ¿Puta? No soporté que Bankotsu estuviera insultándome de esa manera. Sus palabras hicieron hervir la sangre en mis venas, y cuando me di cuenta, mi mano derecha ya se había estampado en su mejilla. El sonido de aquella bofetada retumbó en un sonido seco, mezclándose con el aire tenso que se respiraba en la que un día fuera nuestro hogar.

Bankotsu me soltó llevando su mano a su mejilla; sus ojos estaban bien abiertos por su sorpresa ante mi reacción.

-¡NUNCA MÁS, EN TU MALDITA VIDA, VUELVAS A HABLARME ASÍ! -le grité con voz temblorosa.

-¡ERES UNA MALDITA PERRA! -La ira se hizo presente en su rostro.

De un momento a otro, Bankotsu había levantado su mano con una clara intención de golpearme, y aunque sentí miedo, busqué todo el valor dentro de mí.

-¡ESO! ¡PÉGAME! -levanté la cabeza haciendo a un lado el terror-. ¡VAMOS! ¡HAZLO!

Ladeé mi cabeza dejando mi mejilla izquierda al descubierto; Bankotsu estaba sorprendido y asustado a la vez. Posiblemente jamás pensó que llegaría el momento en que me perdería para siempre y que me defendería a capa y espada; ahora quien no sabía cómo actuar era él.

-¡Pégame aquí! -tomé su mano y la llevé a mi mejilla-. Pero pégame lo más fuerte que quedé bien marcado y poder presumirlo; para que todos se enteren de la clase de basura que eres. ¡HAZLO; MALDITA SEA!

-¡Estás loca, Kagome! -exclamó alejando su mano de mí-. ¡Eres una maldita desquiciada! -agregó suavizando su tono de voz.

-¿Ahora ya no eres tan valiente? ¿Dónde está el Bankotsu que con un grito hacía callar a todos? -pregunté con rencor, tratando de controlar el temblor en mi cuerpo.

-Yo te amaba, Kagome, eras todo para mí -Nuevamente volvía a decir sus mentiras. Solté una risa sarcástica y negué con la cabeza-. ¿Por qué te burlas de lo que estoy diciendo?

-Porque el amor no humilla, no hiere, no mata como tú lo hiciste conmigo. Mataste todas mis ilusiones, ME CONVERTISTE EN UN MUEBLE MÁS EN ESTA MALDITA CASA.

-¿QUÉ ES LO RECLAMAS? ¿QUÉ NO TE FOLLARA COMO A UNA CUALQUIERA?

El calor de la discusión iba en aumento, no tenía idea de cómo terminaría esto; de lo que si estaba segura, era de que no iba a dejar que Bankotsu me insultara de nuevo

-Solamente piensas en sexo, Bankotsu. ¡Estás enfermo! Lo que yo quería era una vida de felicidad, formar una familia, compartir nuestros logros, pero eso a ti te valió. Mi padre tenía razón, debí separarme de ti hace mucho.

-¡Ese maldito viejo no sabía lo que decía! -respondió con rencor.

-¡CÁLLATE! -le aventé un florero que tenía cerca, pero logró esquivarlo.

-No, ahora tú me vas a escuchar a mí. Se supone que yo era… no, mejor dicho, soy tu esposo, y ¿qué es lo que hiciste? ¡JA! Dices que estoy enfermo por pensar en sexo, pero mira quién es la maldita puta que fue a abrirle las piernas a otro -Bankotsu se jaló del cabello, despeinando su larga trenza-. ¡AQUÍ LA MALDITA PERRA ENFERMA ERES TÚ!

-Eso fue… un error… -desvié la mirada

-¿Un error? Por favor, Kagome, no mientas… hace unos minutos te iba a follar y gritaste como una maldita zorra el nombre de ese imbécil. ¿Dices que fue un error?

-Había tomado de más, y estaba dolida… ¡agh! No sé para que te doy explicaciones. -comencé a caminar en círculos sintiendo como la rabia seguía creciendo más y más-. ¿Pero sabes qué es lo que si te diré? -Sin darme cuenta, las palabras comenzaron a salir por sí solas-. Inuyasha tiene todo lo que tú no. En una sola noche me hizo sentir una verdadera mujer, me llevó al cielo con sus besos, sus caricias; me hizo sentir una pasión que tú nunca despertaste en mí.

La expresión de Bankotsu me decía que no estaba soportando nada de lo que le estaba diciendo, y no me arrepentía, al contrario, disfruté el ver cómo los papeles habían cambiado. Ya no iba a permitir que hiciera lo que quisiera conmigo, aquella Kagome sumisa había muerto desde el día en que le pedí el divorcio.

-Él, en una sola noche, me hizo llegar más allá de lo que tú nunca has podido.

-¡Cállate, maldita! -ordenó con rencor-. Además no creo que ese imbécil te haga sentir lo que yo.

-¡Deja de humillarte, Bankotsu! -frunció el ceño, y aunque quiso hablar, no se lo permití-. Por supuesto, tienes razón, Inuyasha me hace sentir más viva. ¡Él es mucho mejor que tú!

-¡Esto no se va a quedar así, Kagome Higurashi! -me amenazó entre dientes mientras se dirigía a la puerta-. ¿Quieres el maldito divorcio? Perfecto, lo tendrás, pero atente a las consecuencias, maldita zorra.

Bankotsu salió cerrando de un portazo. Me quedé inmóvil, con el sonido de mi respiración y los latidos acelerados de mi corazón. Me dejé caer lentamente al suelo, asimilando todo lo que le había sucedido así cómo mis palabras; la rabia se había apoderado de mí y ya no podía remediar nada. Su amenaza resonaba una y otra vez en mi mente "Atente a las consecuencias". Tenia que estar preparada para lo que pudiera pasar.


BANKOTSU

Subí a mi auto y aceleré lo más rápido que pude. Necesitaba controlar el odio y el rencor que estaba sintiendo, así que le llamé a la única persona que podría ayudarme. Uno, dos, tres toques, y cuando estaba a punto de cortar, respondieron mi llamada.

-¿Qué pasó, guapo?

-¿Ya estas en tu casa? -pregunté sin tantos rodeos.

-Si, no tiene mucho que regresé. ¿Vendrás a verme?

-En 5 minutos estoy allá. -Corté la llamada sin esperar su respuesta.

Giré a la derecha, adentrándome a la calle principal, donde pisé el acelerador con más fuerza para llegar lo antes posible a casa de aquella mujer. Alguno autos pitaban furiosos mientras los rebasaba, pero no me importaba, lo que quería era dejar de escuchar la voz chillona de Kagome resonando en mi cabeza repitiendo una y otra vez: "¡Él es mucho mejor que tú!".

Llegué a mi destino en tiempo récord. Frené de golpe, bajé del auto y caminé hasta la puerta de la casa, la cual se abrió antes de que pudiera tocar, y ahí estaba ella, esperándome con un sexy conjunto de lencería que encendió mi deseo. La tomé de la cintura y la besé con desesperación; la empujé hacia adentro cerrando la puerta detrás de nosotros. Nos dejamos caer en el sofá en un juego de caricias desenfrenadas; nos despojamos inmediatamente de todo lo que nos estorbaba, quedando completamente desnudos. Necesitaba olvidar lo que había sucedido, y lo que ella me iba a dar, era exactamente lo que necesitaba.

La penetré con fuerza provocando que gritara en el acto, la embestí como un loco mientras ella arañaba mi espalda. Escucharla gritar mi nombre me excitaba demasiado y me hacía sentir poderoso. Pronto llegamos al clímax experimentando un orgasmo intenso que nos dejó sin aliento.

Ella se acomodó a horcajadas sobre mí y colocó su cabeza sobre mi pecho. Mientras acariciaba su espalda, me quedé con la mirada fija al techo, hasta que su voz me regresó a la realidad.

-Estuviste increíble -dijo con la respiración más controlada-. Me fascina cuando eres así de intenso.

-Mmmm -ni siquiera tenía ánimo de hablar.

-¿Todo bien con Kagome? -preguntó al notar mi cambio de humor.

-¿Sabías que la estúpida me engañaba? -ella levantó la cabeza y me miró directamente a los ojos.

-¿Qué te dijo?

Recordar cómo gritó el nombre de su amante en mi cara lastimaba aún más mi orgullo herido. Empuñé mi mano y solté un golpe en el respaldo del sofá.

-Tranquilo, guapo -dijo acariciando mi mejilla-. No creo que Inuyasha sea algo serio. -Solo escuchar el nombre de ese imbécil, me enfurecía.

-¿Por qué no me lo dijiste? -la frustración aún se notaba en mi voz

-Porque quería que te dieras cuenta de que tu esposita no es la tonta que creías -respondió con rencor en su voz-. Siempre preferiste las comodidades, y cuando ella logró ese puesto con Kaede, a mí me desechaste, me hiciste a un lado dejándome en el papel de tu amante.

Ella tenía razón, preferí a Kagome por mi ambición, porque sabía que viviría con lujos, comodidades, y se supone que mis problemas se resolverían y podría pagar por mi libertad, pero me equivoqué. Mi trabajo no me causaba orgullo, y no tenia más opción que seguir en ello si quería conservar mi vida.

Acaricié la espalda de mi amante, como ella se autonombró, y la besé, brindándole la tranquilidad y certeza de que siempre me tendría a su lado.

-Necesito que sigas fingiendo ser su amiga; al menos hasta que logre quitarle todo -Exclamé, decidido a llegar hasta la últimas consecuencias.

-Pero… ya no la soporto -se quejó mi sexy compañera de larga cabellera negra.

-Solo un poco más, y cuando le haya arrebatado hasta el último centavo, tú y yo tendremos la vida que tanto hemos deseado, lejos de todo y de todos.

Ella sonrió y me miró a los ojos con una mezcla de deseo y ambición. Nos besamos con pasión ardiente, cayendo nuevamente en la excitación del momento; llevándonos a una segunda ronda de sexo, mientras en mi mente, planeaba la mejor venganza en contra de Kagome Higurashi.

¡Este sería tan solo el comienzo!


KAGOME

-¿CÓMO SE ATREVIÓ? -grité al teléfono levantándome de golpe de la silla.

-Kag, ¿Qué pasa? -preguntó Sango preocupada. Le hice una señal para que esperara un momento mientras escuchaba las palabras de mi abogado.

-Bien, te veo en el departamento. ¡Gracias, Koga!.

Corté la llamada y me deje caer de nueva cuenta en la silla. Cubrí mi cara con mis manos y solté un grito frustrado.

-Me estás asustando, Kag, ¿Qué te dijo Koga? -movió una silla y se sentó mi lado.

-¡El idiota de Bankotsu inició la demanda de divorcio por infidelidad! -solté con frustración mientras apoyaba la cabeza en el respaldo de la silla y cerraba los ojos fuertemente-. Está pidiendo una compensación económica por el daño causado, y no contento con eso, está exigiendo la mitad del dinero que me pagaron por la casa

-¡¿Qué?! -exclamó sorprendida con los ojos bien abiertos.

-Estoy igual que tú. ¡Ese imbécil seguirá jodiéndome la vida!

Después de nuestra última pelea, decidí vender mi casa porque me traía amargos recuerdos. Ese casa había sido un regalo de mi padre antes de que me casara con Bankotsu, y aun así no entendía por qué exigía la mitad del dinero si nos habíamos casado por separación de bienes. Y ahora ¿Divorcio con culpa? Por dios, él me fue infiel por mucho tiempo, y tenía las pruebas. La voz de Sango me sacó de mis pensamientos

-¿Y has vuelto a ver a Inuyasha? -su preocupación era evidente, aunque me sorprendió su pregunta.

-¡No! -le afirmé con seguridad-. Les dije que ese encuentro en Nara seria el último.

-Entonces no tiene pruebas de tu supuesta infidelidad. Tranquila, no va a lograr nada con esa demanda.

Sango me abrazó y me aferré a ella en busca de la tranquilidad que había perdido desde hace mucho tiempo.

Los gritos efusivos de una mujer nos sorprendieron, y al mirar de quien se trataba, nosotras también gritamos de emoción.

-¡HE REGRESADO! -gritó mientras entraba a la oficina con los brazos abiertos.

-¡TSUBAKI! -gritamos al unísono.

-¿Cuándo regresaste? -pregunté muy emocionada mientras la abrazaba.

-¡Mi querida Kag! -me abrazó fuertemente-. ¡No tienes idea de lo mucho que las extrañé! -respondió mientras abrazaba a Sango.

Tsubaki Saito, era una bella mujer de cuerpo perfecto, con larga cabellera en color negro, ojos grandes y redondos de un color grisáceo; era el sueño de cualquier hombre. Sango y yo la conocimos cuando iniciamos a trabajar en la empresa de moda de la gran Kaede Terada, convirtiéndonos en grandes amigas desde entonces.

Después de saludarnos, se sentó junto a nosotras para seguir platicando sobre su regreso.

-¡Ay, chicas! Ya extrañaba este lugar. -dijo mientras aspiraba el aroma de la oficina-. ¡Lavanda! Característico en tí, Kag. Y respondiendo a tu pregunta, regresé ayer en la noche.

-¿Qué tal la vida en París? -preguntó Sango con gran curiosidad.

-Es todo una locura, unos diseño increíbles, todo es de ensueño, me hubiera gustado quedarme más tiempo por esos lugares, pero… -abrió los ojos sorprendido sin quitarle la mirada a Sango-. Amiga mía, ¿desde cuando eres pelinegra?

-Desde hace un mes -respondió Sango un poco avergonzada.

-Querida, tu cabello se ve espectacular. ¡Me gusta!

-Es lo que le digo, -intervine- Cuando estuvimos en Nara, decidió teñirse el cabello, pero ya la conoces, aún no está muy convencida.

Comenzamos a reír y seguimos platicando acerca de su estadía en París y de todo lo que había aprendido. Tsubaki estaba muy emocionada. Eran esos momentos de felicidad los que me permitían olvidarme de los problemas en mi vida, o al menos eso creí, hasta que ella preguntó sobre mi situación con Bankotsu.

-Kagome… Supe lo que sucedió con… -miró a Sango, y prefirió callar.

-Tranquila, puedes mencionarlo -respondí con una sonrisa falsa en mi rostro.

-¡Kag! ¿Segura que quieres hablar de esto? -preguntó Sango un tanto preocupada.

-Si esto te afecta, mejor cambiemos de tema -dijo Tsubaki con un tono de voz suave y comprensivo.

-Estoy bien, no se preocupen.

Aunque por dentro, sentía como el dolor carcomía mi corazón, porque a pesar de las circunstancias, Bankotsu fue alguien muy importante en mi vida. Sin embargo, sabía que era hora de soltar y seguir adelante, sobretodo, cuando él mismo se encargó de matar el poco respeto que le tenía el día en que me insultó en mi propia casa. Ya había pasado un mes desde ese acontecimiento, y aunque se lo platiqué a Sango y Kikyo, aún sentía un poco de tristeza.

-Tsubaki, es necesario que sepas que, Bankotsu y yo nos vamos a divorciar. -dije sin más.

-Pero ¿qué estás diciendo Kagome? -la sorpresa en su rostro era genuina, ya que, para ella, él y yo éramos lo que se podría llamar la pareja ideal.

-Las cosas nunca son lo que parecen, y míranos ahora. Sabía perfectamente que me engañaba, pero no tenía pruebas de ello, hasta que la prensa lo descubrió, y decidí terminar con esta tortura.

-¡Kagome! ¡Lo lamento demasiado! Ven aquí -Tsubaki me abrazó con fuerza, brindándome todo su apoyo y comprensión.

-Bueno, bueno, adiós tristeza -intervino Sango en un intento de desviar la atención hacia otro tema-. ¿Qué les parece si hoy salimos a festejar el regreso de Tsubaki?

-¡Excelente idea! -chilló Tsubaki con gran entusiasmo

-No se si pueda. Saliendo de aquí tengo que hablar con Koga para revisar la situación con Bankotsu -expresé con frustración. Sabía que no la tendría fácil con él.

-En ese caso, lo dejamos para mañana, ¿les parece? -propuso Tsubaki-. Lo importante es que estemos las tres.

-Me parece bien -aceptó Sango y yo solamente asentí.

-.-.-

Pasaban de las 8 de la noche cuando finalmente iba en camino hacia mi nuevo departamento que estaba ubicado cerca de mi trabajo, así que no me demoré más de 15 minutos en llegar. El edificio era moderno, no muy ostentoso, pero elegante; además, la fachada era de cristales que destellaban con las luces cercanas de la ciudad. Entré al estacionamiento y acomodé mi auto en el lugar asignado.

Antes de bajar, inhalé y exhalé varias veces, tratando de controlar mis nervios, hasta que la notificación de un mensaje en mi celular me desconcentró. Lo abrí y se trataba de Koga.

"Kag, en 5 minutos llego a tu departamento. Recuerda que debes tener la cabeza fría para revisar la demanda de divorcio"

Y de un momento a otro, toda la tranquilidad que había logrado conseguir, se fue al carajo con ese mensaje que, para mí, solo significaba que el proceso que tenía que enfrentar, sería demasiado complicado.

Subí por el elevador hasta el cuarto piso, mientras pensaba en todos los giros inesperados que había dado mi vida en tan poco tiempo. Ahora vivía mi día a día lleno de inestabilidad, ansiedad, nervios, trataba de centrarme más en mi trabajo para olvidar, aunque fuera por un momento, pero al llegar a casa, todos los recuerdos me atormentaban. Las puertas del elevador se abrieron y caminé unos cuantos metros hacia la derecha hasta llegar a mi nuevo hogar. Al entrar, me dirigí hasta la cocina para preparar un café; necesitaba un momento de tranquilidad para despejar la mente antes de enfrentar la cruda realidad.

Minutos después, el sonido del timbre me anunciaba la llegada de Koga, lo pude verificar en la pantalla del intercomunicador. Abrí la puerta y me saludó con un efusivo abrazado.

-¡Prima! ¡Estás más hermosa cada día! -exclamó con entusiasmo.

-¡No seas un adulador! -dije entre risas respondiendo a su abrazo.

La compañía de Koga siempre me transmitía paz y una calidez que lograba calmar cualquier inseguridad dentro de mí. Se separó un poco y alborotó mi cabello en un gesto juguetón.

-¡Oye! -me quejé tratando de parecer molesta, aunque en realidad, este pequeño momento me llenaba de alegría.

-Sé que no ha sido fácil, pero vamos a superar esto juntos -dijo con tranquilidad-. No estás sola en esto, Kagome. Haré todo lo que esté en mis manos para que ese parásito no logre su objetivo.

Asentí, sintiendo un pequeño alivio al saber que no estaba sola en esta tormenta que estaba atravesando.

Lo invité a pasar y se acomodó en el sillón, mientras me dirigí a la cocina para servirle una taza de café. Me senté junto a él y le entregué la taza.

-¡Gracias! -dijo para después darle un sorbo. Dejó el café en la mesita de centro y me miró a los ojos con una seriedad que me paralizó el corazón-. No te hablaré con tantos rodeos, Kag.

-Lo que sea, sólo dímelo ya, no puedo con tanta angustia –le pedí mientras un nudo se formaba en mi estómago.

-¡Bankotsu quiere todo! -soltó sin tantos rodeos.

Sentí que el suelo se movió, ¿qué quería decir con todo? Koga seguía hablando, pero su voz parecía un eco perdiéndose entre mis pensamientos, no podía procesar absolutamente nada de lo que me estaba diciendo.

-Koga… -lo interrumpí angustiada-. Bankotsu y yo nunca formamos un patrimonio después de que nos casamos, siempre vivimos al día, además, él nunca aportó nada a pesar de tener un trabajo estable. Y lo más importante, ¡Estamos casado por separación de bienes!

-¿Estás segura, Kagome? -la seriedad con la que hizo esa pregunta no me estaba gustando-. No quiero alarmarte, pero en la copia del acta matrimonial figura el régimen de "Sociedad conyugal".

-Pero… eso es… imposible -musité con dificultad.

-Con el abogado adecuado y si logra persuadir al juez… Kag, esto podría volverse complicado. -Tomó mis manos y me miró fijamente-. ¿Leíste el acuerdo prenupcial antes de firmarlo?

Me quedé en silencio, tratando de recordar; ese día estábamos en medio de los preparativos de la boda, y lo único que tenía claro era que Bankotsu me había dicho que confiara en él, que todo estaba bien, y estúpidamente lo firmé.

-Kagome, ¿Leíste el acuerdo prenupcial? -insistió

-No… lo sé -respondí con temor-. Estaba tan ciega que, creo que sólo decidí confiar en él. ¡Fui una estúpida!

-¡Tranquila, Kag! -Koga limpió las lágrimas que habían resbalado por mis mejillas-. Él te supo manipular, y ahora tenemos que buscar la manera de comprobar que firmaste sin pleno conocimiento.

-De acuerdo -asentí.

-¡Hay algo más! Necesito que me expliques esa tontería del supuesto amante.

Suspiré sabiendo que no sería nada fácil lo que estaba por contarle, y aunque fuera muy incómodo para mí me armé de valor y le relaté mi relación con Inuyasha, claramente eligiendo bien mis palabras para evitar entrar en detalles vergonzosos. Koga me escuchó atentamente y sentí mucho alivio al notar que en su mirada no había rastro de desaprobación, al contrario, había comprensión, lo que me brindó mayor tranquilidad.

-No voy a juzgarte -dijo mientras tomaba nuevamente la taza de café-. Todos cometemos errores, además de que no estabas en tus cinco sentidos. Únicamente te voy a pedir que no vuelvas a ver a ese tal Inuyasha, por favor

-¿Cómo? -pregunté confundida.

-Kag, el volver a verlo puede ser perjudicial para ti. Bankotsu declaró que el motivo principal para pedir el divorcio fue tu infidelidad, y créeme, no va a descansar hasta conseguir las pruebas que corroboren su acusación.

-¡Entiendo! Pero no te preocupes, eso no sucederá. -suspiré y eché la cabeza hacia atrás, apoyándome en el respaldo del sofá-. No sé cómo voy a salir de esto, pero teniendo tu apoyo, se que conseguiré ganarle a Bankotsu.

-Saldremos de esto, Kagome, te lo prometo, pero tienes que ser valiente. Y cuando logremos ganar, serás más fuerte de lo que alguna vez imaginaste.

Continuará…