®Shingeki no Kyojin es propiedad de la mente maestra de Hajime Isayama
Persiguiendo la libertad
Ahora bien: ¿qué poder oculto y misterioso comunica ese fuego sublime, que engendra héroes, realiza prodigios y convierte hasta los pequeños en gigantes? ¿Qué alienta a aquellos corazones? ¿Qué los hace invulnerables a la debilidad, omnipotentes para el sufrimiento? Una idea, una sola inspiración. La Libertad…
—Eduardo Blanco, Venezuela Heroica.
Cuando Petra salió del cuartito de baño, vestida con ropa nueva y tiritando del frío, la habitación se encontraba sola. No había señales de Hans, además de la cama desocupada y una nota junto a una bandeja de comida. Petra se aproximó hasta la mesita donde una cena caliente le esperaba, y su estómago gruñó en respuesta. Hacía más de doce horas que no comía nada, cuando las Fuerzas de Seguridad la arrestaron esa mañana. Petra tomó la nota a la vez que se disponía a darle un bocado al pan. La letra era desordenada, pero legible. Era de Hans, según la firma.
Te he dejado la cama para que descanses. Mañana, cuando te encuentres mejor, hablaremos. Disculpa el desorden, no esperaba visitas. Gracias por confiar en nosotros, Rosalie.
Petra dejó la nota a un lado y terminó de comer, apreciando profundamente la hospitalidad de esa persona. No tenía idea de cómo funcionaban las cosas allí, pero estaba agradecida de poder quedarse allí, a salvo. Pronto se quedó dormida, un sueño pesado y libre de pesadillas.
Para cuando despertó, se hallaba sola. Abrió los ojos con lentitud, estirándose en la cama. Sentía que había tenido un sueño, uno muy largo, pero cuando abrió sus ojos por completo y vio el estante desordenado, los libros en el suelo y la mesita llena de papeles, comprendió con desasosiego que no había estado soñando.
El arresto, el paseo de la vergüenza por las calles de Marley, su extraño rescate, todo eso había sucedido. Su mirada se apagó y su corazón se apretó en su pecho, compungido y lleno de dolor. Pensó en su padre, aquel hombre afable y de buen corazón, siempre a su lado, aconsejando, consolándola, dándole todo el amor que un padre puede entregar. Pensar en lo destrozado que estaría al creerla muerta le rompía el corazón y Petra, ahora llamada Rosalie, sintió sus ojos humedecerse y las lágrimas rodar por su rostro hasta caer en las sábanas.
—Lo siento tanto, papá —se dijo, con la voz quebrada y un nudo en la garganta que amenazaba con asfixiarle. Ni siquiera había tenido tiempo de llorar por él.
En aquel momento la puerta rechinó y un hilo de luz se asomó por la habitación, a la vez que la figura de Hans entraba. Rosalie se limpió las lágrimas rápidamente, aparentando normalidad. No quería que Hans la viera llorar.
—¡Buenos días! —la voz de Hans se oía demasiado animada para su comprensión—. ¿Dormiste bien?
Rosalie asintió a la vez que le dedicaba una débil sonrisa.
—Sí, gracias por preguntar.
—Vaya, me preguntaba a qué hora despertarías —se rascó la cabeza—, pero ya que estás levantada te traeré algo de comer. Debes tener hambre…
Rosalie no sentía deseos de comer en realidad, pero aceptó de todos modos. Le habían acogido, y sentía que rechazar la comida sería descortés.
—Sí, está bien, gracias.
Hans desapareció por la puerta y Rosalie aprovechó el momento para salir de la cama y ordenarla un poco. También se lavó el rostro en el lavabo y se acomodó su largo cabello rubio, peinándolo en una trenza. Hans volvió poco después, trayendo una bandeja consigo.
—Servimos el almuerzo sobre las tres de la tarde, así que esto es en realidad el desayuno… Bueno, más bien es como un almuerzo porque desayunamos a las once, pero…
—Está bien —interrumpió Rosalie educadamente—, gracias.
La más joven recibió la bandeja y se dispuso a comer. La comida consistía en caldo de patatas y algunas verduras, acompañado por pan y un vaso de agua.
—Hay algunas cosas de las que tenemos que hablar —dijo Hans. Rosalie le prestó atención, era la primera vez que la veía tan seria—. Ahora que estarás con nosotros, hay cosas que debes saber y hacer. Como te dije ayer, estás comenzando una nueva vida, así que debes olvidar tu vida anterior. Lo siento —su mirada se ensombreció—. Sé que es muy duro, pero es la única forma de garantizar nuestra supervivencia. Somos como tú, descendientes de Ymir, y Marley no nos perdonará si nos descubre. Rosalie —Hans la miró a los ojos con intensidad, y por un momento, Rosalie sintió un escalofrío—, no puedes hablar con nadie sobre lo que sucede aquí. Tampoco puedes ponerte en contacto con tu familia, ni con tus amigos.
—Mi padre piensa que voy a morir —dijo en un hilo de voz—. Cree que me llevarán a Paradis y me convertirán en un titán…
—Lo sé —respondió Hans compadeciéndose de ella—. Pero sólo así garantizarás que siga con vida.
—¿Qué pasará conmigo ahora, qué voy a hacer?
—Justamente venía a hablarte de ello. Quien te salvó dijo que tenías una gran voluntad, que no tienes miedo en denunciar lo que Marley le hace a nuestra gente, que no te callas ante sus injusticias. Eso es lo que estamos buscando. Gente como tú, de voluntad firme que desee ponerle fin a esta miseria. Si te unes a nosotros estarás luchando contra Marley, pelearás para defender a nuestro pueblo y algún día hacerlo libre. No te aseguro que será fácil, de hecho, será muy difícil y doloroso y tal vez veas gente que amas morir —las palabras de Hans fluían en un caudal que solo las vivencias de las mismas pueden conferir—. No voy a mentirte, trabajar con nosotros requiere de un gran auto-sacrificio y valor. Pero la recompensa será aún mayor —su mirada se llenó de significado—. Vamos a liberar a Eldia.
—¿Quieren que me una a ustedes? —Hans asintió ante la maravillada interrogante—. ¿Por qué?
—Somos una fuerza de resistencia contra Marley. Necesitamos gente como tú, con valor, que luche por una causa. Cielos, me haces sonar como Erick… —Hans sonrió y meneó la cabeza—. Pero en fin, ese es más o menos nuestro propósito. Eres libre de escoger si ayudarnos o no.
—¿Qué pasará si digo que no?
—Te ayudaremos a salir de aquí —contestó Hans con tranquilidad—. Tomará algún tiempo, pero podemos conseguirte papeles para que salgas de aquí. Hizuru queda lejos de aquí y mantiene una posición neutral en cuanto a los eldianos. Te irás allá, aprenderás el idioma, y comenzarás una nueva vida. Sin embargo, nunca más podrás ver a tu padre ni escribirle ni ponerte en contacto con él.
Cuando llegó a la última parte, Rosalie sintió que su corazón se detenía. ¿Jamás volver a ver a su padre? ¿Jamás volver a escuchar su voz, recibir sus abrazos y palabras de ánimo? El nudo en su garganta regresó, esta vez más apretado ante la perspectiva que parecía hacerse cada vez más y más real.
—Y si me quedo… ¿podré verlo de nuevo?
—Es posible —contestó Hans con un gesto ausente—. Todo depende de las circunstancias. Pero sí, puede que haya una posibilidad.
Aquello consoló un poco a Rosalie.
—¿Qué tendría que hacer para poder quedarme con ustedes?
—Bueno, la mayor parte consistiría en entrenamiento físico y aprender un idioma. Es necesario que aprendas otro idioma, incluso quizá un par más… Deberás aprender a comportarte como una marleyana, desde la forma de hablar hasta el lenguaje corporal y gestos. También tendrás que cambiar tu apariencia, aunque tendríamos que hacerlo de todos modos si decides irte…
—Suena… —Rosalie hizo una pausa, pensando en la palabra adecuada—. Como un sueño… Yo… no sé si pueda.
Sonaba a mucho trabajo, y sinceramente Rosalie no creía que pudiera con lo del entrenamiento físico. Gozaba de buena salud, pero de eso a ser un soldado había una gran diferencia. No quería ser pesimista, de hecho se consideraba alguien tenaz, pero también trataba de ser realista. No estaba acostumbrada a trabajos pesados y no quería comprometerse con algo con lo que no podría. Sin embargo, ésa era la única opción que tenía si quería ver de nuevo a su padre algún día. Además, Hans había dicho que hacían todo eso por Eldia, por liberar a su gente y darle una nueva esperanza. ¿No era eso lo que había deseado toda su vida acaso? ¿Qué Marley cayera y Eldia fuera libre? ¿No era ése su sueño?
Hans continuó.
—Te entiendo, sin embargo, el enano vio algo en ti y por eso te trajo a nosotros. Créeme que no es una actitud usual en él. Él lo explicaría mejor pero no está aquí y odia las explicaciones…
—Ya veo…
Rosalie meditó un segundo en sus palabras. ¿Que había visto algo en ella? ¿Qué pudo ser lo que vio? No lo entendía. Solo era una chiquilla condenada a muerte por decir lo que pensaba, lo más bajo de la sociedad a los ojos de Marley. No tenía destrezas, ni fuerza física. ¡Con suerte había ido a la escuela! No hablaba ningún otro idioma ni tenía algún talento en particular. Petra era simplemente Petra. Sin embargo, aquel soldado de palabras ásperas y mirada vacía había decidido salvarle la vida y tomarse todas las molestias que eso conllevaba. No acababa de entender cuáles habían sido sus motivos, pero no podía desperdiciar semejante oportunidad. Así que, tomando aire y reuniendo el poco coraje que le quedaba, tomó una decisión.
—Está bien entonces —levantó la vista, su mirada estaba llena de determinación—. Lo haré entonces. Me quedaré con ustedes y formaré parte de la resistencia.
Hans sonrió de oreja a oreja y se abalanzó sobre Rosalie para tomarla por los hombros.
—¡Excelente! ¡Erick estará muy contento! —Hans estrechó su mano con fuerza, quizá demasiada en opinión de la chica—. Bienvenida al equipo, Rosalie. Ahora eres una legionaria.
Rosalie sonrió un poco también. Se sentía bien pertenecer a algo.
Los legionarios, como se hacían llamar aquellas personas, era un grupo de soldados y civiles infiltrados en Marley con el fin de derribar la opresión desde dentro. Algunos de ellos se habían unido en algún momento de sus vidas, otros habían estado desde que tenían memoria, y unos pocos como Rosalie habían sido rescatados de la pena de muerte marleyana.
El grupo era acogedor y le recibieron de forma entusiasta y calurosa. Algunos lo demostraban de manera más sobria, otros, como Hans, parecían más entusiasmados que nunca. Rosalie sonrió y aceptó todos los apretones de manos con gratitud, aunque se sobresaltó un poco cuando un hombre sumamente alto y de porte imponente se dedicó a olfatearla a manera de saludo.
—No te preocupes, siempre hace eso —le dijo Hans al oído—. Este es Zack, nuestro cantinero.
Rosalie apenas atinó a asentir con la cabeza, no muy segura de si debía extenderle la mano u olerlo en su lugar. Hans no le prestó mayor atención al incidente, y se dedicó a presentarle a los demás miembros de la organización. Supo entonces que varios de ellos trabajaban allí, y que incluso vivían allí mismo, y que ninguno usaba su nombre real. Conoció a Nina, una joven de aproximadamente su edad, de cabello castaño rojizo y grandes ojos cafés. Natasha era una mujer alta y delgada, cuyo cabello corto y rasgos poco definidos le hicieron pensar al principio que era un hombre. Tenía ojos azules y era muy bella. Martin era un hombre joven y algo tímido, ayudaba a Hans con el papeleo y otras cosas más. Lilly era una chica bastante joven también, cuyo rasgo más llamativo eran sus vivos ojos verdes y cabello rojo. Ayudaba en la cocina y a limpiar, junto a dos chicos de más o menos su edad. Se hacían llamar Phineas y Frank. También había un par de adultos más, como Rebeca, de cabello rubio corto y gafas; Iván y Heinrich, este último estaba medio borracho cuando lo conoció. Esos eran los únicos presentes en la habitación, pese a que el grupo contaba con más miembros. Para el final, cuando ya les habían presentado a todos, Rosalie se encontró un tanto decepcionada. Hans se percató de su inquietud, al verla otear la habitación como si buscara algo.
—¿Sucede algo? —le preguntó.
—No… Bueno, en realidad me preguntaba qué había sucedido con ya sabe, el soldado que me rescató.
La mirada de Hans se relajó.
—¿Te refieres al enano? —Rosalie se escandalizó un poco ante el calificativo—. Ah, no está aquí. Casi nunca viene.
—Ya veo… —Rosalie se sintió un poco decepcionada. Esperaba verlo ahí, después de todo, había sido él quien la había salvado—. Yo sólo quería agradecerle por lo que hizo. Si no hubiera sido por él, yo no estaría aquí ahora. Le debo mi vida.
Hans le dio una mirada comprensiva y le regaló una pequeña sonrisa.
—Ya tendrás la oportunidad de decírselo. Tendrá que venir tarde o temprano, después de todo es uno de nosotros.
—Hans —Rosalie le detuvo antes de que siguiera su camino—. Gracias por lo que está haciendo por mí.
Hans esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza. Sonrió de nuevo, esta vez para sí. Presentía que Rosalie y ella serían buenas amigas.
El siguiente paso en la nueva vida que Rosalie estaba comenzando fue cambiar su apariencia. Hans le había explicado que era imperativo que lo hiciera, pues de lo contrario corría el riesgo de que alguien la reconociera. Así que, esa misma noche luego de haberse presentado al resto del grupo, Hans y Nina se hicieron cargo al respecto. Cuando terminaron, ni ella misma podía creer cuánto había cambiado su apariencia. Su cabello que había sido largo y rubio había sido recortado hasta el cuello y teñido de un tono naranja zanahoria. Incluso ahora tenía flequillo, cortesía de Nina. Hans también había sugerido que usara maquillaje en público para acentuar aún más el cambio. El grupo acogió el cambio de buena gana, señalando que ahora se veía más bonita así. Lilly la aplaudió con emoción, contenta de tener otra chica pelirroja en el grupo. Rosalie aceptó los cumplidos con algo de timidez, pues no estaba acostumbrada a ellos, pero los agradeció de todos modos. Después se despidió de sus nuevos amigos, pues la noche comenzaba y el bar debía abrir. El turno de la noche le correspondía a Hans, Martin y Zack, pues eran los mayores del grupo, junto a Frank y Nina. El turno diurno era responsabilidad de Lilly, Rebeca, Phineas, Iván y Heinrich. Pronto Rosalie se uniría al staff también, pero por el momento no se presentaría en público. Su arresto había sido apenas hacía dos días, y debían evitar cualquier riesgo.
Así que, una vez decidido todo, Rosalie subió de vuelta a su habitación temporal para descansar. Nina y Lilly le dieron algo de ropa, puesto que la de las demás mujeres le quedaba grande. Rebeca le trajo algunas cosas para su uso personal como un cepillo de dientes y jabón, y Heinrich se comprometió en conseguirle ropa de invierno. Todos fueron muy amables con ella, lo que le había llegado al corazón. Rosalie no había conocido antes muchas personas así, y jamás había imaginado que podría encontrar gente como ésa en las calles de Marley. Tal vez, con ellos de su lado, ya no se sentiría tan sola.
Con ese último pensamiento en mente, cerró los ojos y se dejó llevar al mundo de los sueños, a una noche sin pesadillas.
Los siguientes días pasaron veloces para Rosalie. Como era nueva en la organización no se le asignó ningún trabajo en el bar, sino que se concentraron en lo que debía aprender. Por las mañanas ayudaba en la cocina y estudiaba el idioma de Hizuru con Nina, mientras que en las tardes Zack y Frank le enseñaban algunos movimientos de pelea. En la noche Rebeca le enseñaba todo lo que debía saber sobre Marley, como su historia, modo de vida, tradiciones, roles sociales, etcétera. Rosalie aprendía rápido y se le daba bien el entrenamiento físico, pues ser pequeña y delgada le ayudaba. También ayudaba en lo que podía, colaborando con las comidas y la limpieza cuando cerraban. Nunca dejaba el edificio ni entablaba conversación con nadie más fuera de los legionarios. Habían sido órdenes explícitas de su líder, un hombre al que no había visto todavía y a quien sólo se referían como "Comandante". En consecuencia, Rosalie se aburría un poco y deseaba poder salir, pero obedecía lo que le decían. Por otro lado, se había hecho amiga de las mujeres que le acompañaban, en especial de Hans y Lilly.
Lilly tenía su edad, era amable y soñadora, amaba los animales y se llevaba muy bien con todos. Físicamente era bonita, tenía una fantástica cabellera roja que siempre peinaba en dos coletas y sus ojos eran de un vivo color verde. Tenía algunos problemas con las matemáticas pero era buena recordando las reglas gramaticales del hizurés y su pronunciación era excelente. Aparentemente lo había aprendido directamente del mismo soldado que le había salvado la vida a Rosalie. Lilly se había apegado rápidamente a Rosalie, desarrollando una relación de hermanas. Hans, por otro lado, le llevaba varios años, diez quizá, pero eso no había sido impedimento entre ambas. Era brillante y se emocionaba fácilmente cuando encontraba algo interesante, sobre todo si estaba relacionado con los orígenes de Eldia y lo que había en Paradis. Podía pasarse horas hablando sobre ello, y Rosalie aprendió a tener más cuidado con lo que le preguntaba, pues fácilmente podía quedarse hablando hasta el amanecer. Hans era amable, tenía un lado divertido aunque tenía su lado oscuro también. Era un poco descuidada tocante al orden y a su propia seguridad, siendo Martin quien casi siempre tenía que recordarle que tenía que comer o beber agua, o irse a la cama.
También durante esos días poco a poco fue conociendo a los demás miembros de la organización. Zack era callado, comprometido con su trabajo, y sumamente fuerte. Parecía increíble al ser un cantinero, pero su constitución física y resistencia eran asombrosas. Frank era fuerte también, hábil con los puños, y según había oído de la misma Lilly, un carterista consumado. Ambos eran muy buenos amigos, al parecer se habían criado juntos en las calles de Marley. Phineas no solía hablar mucho pero cuando hablaba era brutalmente honesto y celoso de sus ideales. Nina era agradable, no tenía problema en acatar órdenes y era muy inteligente. Se llevaba de maravilla con Hans y tenían algún tiempo trabajando juntas. Rebeca tampoco hablaba mucho, era realista más que idealista pero aun así creía con todo su corazón en los legionarios. Rebeca tenía un gran conocimiento sobre la cultura de Marley, lo que la hacía la maestra perfecta. Martin era un chico joven, algo tímido y muy listo. Apoyaba a Hans con sus investigaciones, a menudo sirviéndole de asistente. Era noble y pronto Rosalie descubrió que tenía un gran corazón. Por último, Iván y Heinrich no solían pasar mucho tiempo en el bar. Heinrich bebía con frecuencia y a Iván no se le veía mucho fuera de sus horas de trabajo, pero ambos estaban comprometidos con la causa que les unía.
En cuanto a Natasha, sólo le había visto un par de veces, pues al servir en la milicia no le convenía pasar mucho tiempo con ellos. El soldado que la había salvado no había vuelto otra vez, y por fortuna tampoco lo había hecho su compañero. Rosalie temía ver al hombre, pues podría reconocerla, y aunque todavía no estaba trabajando en el bar como Lilly o los otros, pronto lo haría también.
Rosalie no tardó en tomarles aprecio a todos, en especial a Lilly y Hans. El sentimiento era recíproco, dada su naturaleza gentil. Sin embargo, bajo esa capa dulce y amable había un gran carácter, una fortaleza inusual. Poco a poco Hans fue viendo lo que el soldado marleyano había visto aquella mañana: una joven de fuertes convicciones e ideales que no se doblegaba ante nadie, que mantenía su cabeza bien alta aún con un fusil en la cabeza. También era terca y un poco temperamental, pero justa. Hans estaba impresionada, y bastante segura de que con algo de entrenamiento, sería una aliada ideal en la lucha contra Marley. Por su parte, Rosalie estaba contenta de ayudar y le emocionaba la idea de algún día poder hacer más que entrenar con Zack y aprender todo lo necesario para vivir en Marley. Finalmente podía saciar su curiosidad, saber la verdad que aquel país les había ocultado y lo más importante, liberar a su gente. Ya no más eldianos oprimidos, viviendo en guetos con temor a equivocarse, siendo llevados lejos y transformados en bestias sin conciencia. En verdad, podrían ser libres.
Pero la libertad siempre tiene un precio.
Hoy es una fecha importante también. Y como alguien que no puede dejar de escribir, tuve que actualizar.
—Fanfiction, 17 de Agosto de 2024.
