Capítulo dos. El don de Stardust

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, historia basada en su universo.

Fuera de la enfermería, Harry iba de un lado a otro furioso y preocupado, mientras Ron estaba gritando a su hermana lo que habían ocasionado con las chicas más estúpidas de Hogwarts. Dumbledore, McGonagall y Flitwick estaban dentro con Madame Pomfrey después de haber apagado el fuego mágico en el cuarto de baño. Flitwick había dicho que por poco no se generó un fuego maldito por la cantidad de energía que el pelo de veela había expulsado. No por nada este material se empleaba en la fabricación de varitas, era un elemento muy poderoso.

Ginny no parecía escuchar a su hermano. Llorosa no era la única que aguardaba alguna noticia de Hermione. Padma y Susan Bones se habían quedado, luego de escuchar la reprimenda y castigo de parte de sus jefes de casa con la cabeza baja. El resto de chicas volvieron a sus respectivas casas, en parte asustadas por lo que ocasionaron y conscientes que si no fuera por Hermione no la habrían contado.

McGonagall salió por la puerta doble de la sala de enfermería y no se sorprendió de encontrarlos allí, a pesar de ya no ser horas de deambular por el castillo. Tenía el rostro preocupado.

-Profesora –Harry la abordó de inmediato – ¿ella está bien? ¿ya despertó? –Ron, Ginny, Padma y Susan se le unieron de inmediato.

La profesora suspiró y negó con la cabeza.

-Madame Pomfrey no pudo hacerla despertar con un procedimiento de limpieza. Su cuerpo absorbió mucha de la energía que salió disparada del caldero y respiró demasiado de la nube tóxica. El profesor Flitwick y el director están tratando de aplicar hechizos y magia alquímica para canalizar la energía de otra manera.

Ron tembló al oír eso y Ginny se llevó las manos a la boca.

-Eso que quiere decir –tartamudeó Harry –tiene que haber un contrahechizo o un antídoto…

Minerva negó con la cabeza –por el momento la contaminación es crónica, Madame Pomfrey tendrá que monitorear toda la noche su evolución. Si no despierta en 24…tendremos que evacuarla a San Mungo. No queda más que esperar.

Esperar. Esa fue la peor palabra que los chicos pudieron oír. Susan abrazó a Padma. Ginny se puso a sollozar, sumamente culpable y Ron solo la tomó de los hombros, con el rostro vacío por la preocupación que sentía. Harry se quedó quieto sintiéndose más impotente que nunca.

*.*

Al día siguiente Hermione no despertaba. Cada hora el director Dumbledore y el pequeño profesor Flitwick empleaban una nueva combinación de alquimia y hechizos tratando de encontrar la llave que permita sacar la energía acumulada en Hermione. No lo conseguían. Madame Pomfrey iba administrando suero mágico al cuerpo de la chica para que resistiera la exposición.

Fleur se terminó enterando de lo sucedido, al igual que el resto de los Weasley. Acudieron al castillo. Fue como volver a segundo grado, cuando Harry había salvado a Ginny de la cámara de los secretos y Molly y Arthur Weasley habían regañado a su hija pequeña ante su imprudencia. Esta vez fue Fleur quien expresó su enojo, sumamente preocupada por Hermione, sintiéndose responsable y temerosa.

Les explicó el por qué.

Conseguir un pelo de veela no era tan fácil como arrancarlo de la cabeza en una persona común. Ni siquiera era posible cortarlo, a menos que la vela accediera voluntariamente. Fue así que se enteraron que el pelo no era de Fleur. Ginny había tomado sin saberlo una hebra de un relicario que Fleur poseía de su bisabuela, Chanciell Delcourt, descendiente directa de la sangre de Elora Stardust, una de las primeras velas y hechiceras nacidas naturalmente en el siglo XI.

Un pelo por el que matarían muchos magos o hechiceras de tener en su poder.

Por ese motivo Hermione no despertaba. Había sido expuesta a una magia hibrida de una de las primeras velas más poderosas de todos los tiempos.

-Si no logran sacar la energía de su cuerpo no quiero imaginarme que pasará –se lamentó Fleur –solo espero que su cuerpo logre resistir.

Todos se miraron preocupados y asustados.

-Hermione es fuerte –recordó la Sra. Weasley tratando de dar ánimos, incluida a su hija que ya había sufrido suficiente –resistió la mirada de un Basilisco y el ataque de Dolohov. Logrará salir de esta.

Una horrible sensación de debilidad cubría el cuerpo de Harry. Ya eran dos veces en las que Hermione terminaba en la enfermería casi al borde de la muerte. Si creyó que en su sexto año todo mejoraría se equivocó. Lo peor era no poder verla. Harry y Ron habían tratado de colarse en la enfermería, pero Madame Pomfrey había aislado por completo el cubículo donde estaba la chica.

Luego de enterarse de la hebra de Elora Stardust, Dumbledore consideró que debían trasladar a Hermione a San Mungo y avisar a sus padres. Su cuerpo no resistiría otra noche con suero reconstituyente de la escuela.

Fleur se ofreció para ayudar a los profesores. Creía que su registro mágico podría canalizar la energía al tener una conexión de sangre con la energía de Elora Stardust. Dumbledore escuchó y después de analizarlo con Flitwick y Snape, estuvieron de acuerdo.

Sería el último intento.

-Profesor –dijo Fleur antes de ingresar a la enfermería –tengo entendido que hay un componente mental en los diagramas que están empleando para canalizar la energía.

-Efectivamente –respondió Dumbledore mirándola sobre las gafas de media luna –según nos compartió la señorita Padma Patil, responsable de los cálculos, la señorita Granger se vio expuesta a un diagrama orgánico-neuronal erróneamente elaborado que ahora es imposible de descifrar. Estamos probando varios diagramas alquímicos para desbloquear el anterior.

-¿Quizá ayudaría utilizar legerimancia? Alguien que la conozca muy bien podría ingresar a su mente para llamarla, guiarla y conducirla en todo el proceso.

Dumbledore medito la propuesta unos segundos.

-Sin duda sería un recurso útil. Ya lo hemos intentado todo. Sin embargo, no quiero arriesgarme de que ingrese cualquier persona a su mente y provoque algo peor al estar tan expuesta e inconsciente.

-Tendría que ser alguien que la conozca muy bien, un amigo de confianza, que la conozca casi como la palma de su mano, profesor.

Al unísono las miradas de ambos se dirigieron a Harry y Ron, quienes escuchaban atentamente toda la conversación.

*.*

-Necesito que uno de ustedes ingrese –explicó Dumbledore con una voz serena y profunda, luego de asentir con la cabeza a Fleur–Generalmente ante un hechizo que mantiene prisionera la mente, ayuda trabajar con alguien familiar que estimule los recuerdos. Deben ser recuerdos poderosos e importantes –advirtió al verlos adelantarse los dos. –No es necesario conocer a fondo legerimancia, sin embargo… -hizo una pausa mirando evaluativamente a los dos muchachos - pónganse de acuerdo mientras le comunico a los profesores el nuevo plan.

Harry y Ron observaron entrar a Dumbledore y luego se miraron entre ellos.

-Yo entraré –dijo simplemente Harry.

Ron hizo una mueca.

-Soy amigo de Hermione igual que tú…

-Escuchaste al director, tienen que ser recuerdos poderosos que…

-Tengo la misma cantidad de recuerdos con Hermione que tú durante estos 6 años. Pasamos el mismo tiempo juntos y vivimos las mismas experiencias.

-No es lo mismo…no como nosotros…-trató de explicar Harry repasando en su mente cada momento significativo con su amiga. Desde primer año, ya fuera el destino o lo que fuera, hacía que terminaran solos en la aventura del año. Frente al fuego maldito antes de enfrentarse a Quirrel; guiado por sus indicaciones se enfrentó al basilisco; salvaron a Sirius con un giratiempo y un hipogrifo; siendo abandonado por todos menos por ella cuando tuvo que participar en la Copa del Torneo de los Tres Magos; ella siguiéndolo al Ministerio a pesar de su equivocación…provocando que Sirius muriera y ella se salvara apenas de este destino.

Y recientemente estaba la tarde pasada frente al lago. Desde ese día Harry no se había logrado librar de ese enervante cosquilleo y calor cada vez que pensaba en su mejor amiga. Quiso desestimarlo, aunque ya no podía seguir con esa tontería de ignorarlo. Sabía lo que significaba lo que estaba sintiendo.

Eran demasiadas cosas…Harry decidió abandonarse a ello y se vio completamente sobrepasado por la emoción.

Sin embargo, el menor de los Weasley no parecía pensar lo mismo.

-Qué quieres decir con eso? –resopló Ronald –¿escuchas lo engreído que suenas, Harry? ¿Por qué creo que me vas a salir con la mierda de que tú la salvaste muchas veces? Claro, como eres Harry Potter, el héroe salvador del mundo mágico…

Harry cerró los ojos, abrumado. Deseó no tener esa conversación en frente de los Weasley y Fleur, quien los observaba como en un partido de Wimbledon.

Sabía que tenía que ser él; sentía una compulsión dirigirle hacia la enfermería. Pensando en su amiga en peligro su magia cosquilleaba en sus manos. Abrumado, sintió que su propia vida dependía de eso. Se hizo consciente de una verdad tremenda y contundente: que si Hermione no despertaba todo acabaría para él.

¿Cómo Ronald pretendía que se lo explicara sin sonar pedante?

Resopló frustrado.

La puerta se abrió y Fleur les hizo una seña para que pasara uno de los dos.

Tanto Harry como Ron abrieron la boca.

-Entra tú Harry –Ginny intervino de repente sin llorar por primera vez. –Tú fuiste el primero en llegar y arriesgaste tu vida para salvar a Hermione. Entre otras cosas –murmuro esto último quedamente. – Además –su gesto adquirió resolución y firmeza frente a los chicos – se lo debes…ella te salvó a ti tantas veces.

Harry no espero una reacción de Ron que miraba traicionado a su hermana. Entro rápidamente con una última mirada de asentimiento a la menor de los Weasley y se cerró la puerta.

*.*

Sintió oprimírsele dolorosamente el pecho al verla.

Hermione estaba acostada en la cama aún con los ojos abiertos. Le recordaba a segundo año cuando fue petrificada por el basilisco. Solo que en este caso su cuerpo no estaba rígido. Habían pasado casi 24 horas desde el accidente y su exposición al humo y las ondas de energía. Yacía completamente desvalida, la piel lucía frágil casi transparente.

-Es la exposición a la energía acumulada en su cuerpo –explicó la enfermera Pomfrey –estamos haciendo todo lo posible para contrarrestar con pociones reconstituyentes cada hora.

Snape y Flitwick discutían sobre un pergamino con diagramas alquímicos. No era usual verlos interactuar así, como enfrascados en un problema de examen. Cuando observaron a Harry, Flitwick lo miró con empática tristeza y Snape con arrogante desdén.

-Los profesores harán la apertura del diagrama y yo me encargaré de tratar de ingresar al organismo de la señorita Granger y extraer la energía –explicó suavemente el director –la señorita Fleur Delacour se unirá a mí lanzando un hechizo de rastreo para que la energía reconozca el registro de su sangre mágica y pueda ser canalizada. Y tú Harry, tendrás que emplear legerimancia, hechizo que afortunadamente ya conoces gracias al profesor Snape. No tiene que ser de mucha intensidad –aclaró el anciano viendo la cara de aprensión del chico ante el recuerdo de sus desastrosas clases con el profesor de Pociones –digamos que solo es necesario entrar a su mente y llamarla. Quizá tengas que esperar o buscarla, metafóricamente hablando. No sabemos que hallarás. Es por eso que mientras mejor aproveches los recuerdos y la conexión que tienes con ella la guíes fuera.

Harry asintió tratando de no verse tan nervioso frente a todos los presentes.

-Lo harás bien Harry –le animó Fleur con una hermosa mirada – tu conexión con Hermione es fuerte, quizá seas quien mejor la conoce tras todos estos años. Ella confía en ti.

Harry observó a Hermione. ¿En realidad la conocía? ¿Ella confiaba en él? Se dio cuenta que tal vez era al revés. Ella era la que conocía todo de él. Era él quien confiaba en ella, ciegamente. Ella era la que lo había guiado a él durante todo el tiempo que tenían de conocerse.

Confundido se preguntó en el último minuto si él era el indicado para esto. Si era "merecedor" de Hermione después de todo lo que ella hizo por él.

Aun así, asintió y todos se colocaron en sus posiciones. No había tiempo que perder. Anochecía.

*.*

Estaba oscuro.

No se oía nada.

Sin embargo, curiosamente, en la oscuridad sentía la suave presencia de Hermione. Como un rastro o aroma –a libros nuevos, vainilla y jazmín –que conocía muy bien.

Se dejó guiar reconfortado por ello. En una habitación atestada sería capaz de reconocer si Hermione se encontraba allí.

Su mente atravesó lo que al parecer era un espacio infinito y adimensional. No había formas ni gravedad. Cuando practicaba con Snape, ingresaba a un espacio real muy semejante al exterior. Ahora no vislumbraba el arriba o el abajo, izquierda o derecha.

-Hermione –pensó.

Sintió la presencia de Hermione incrementarse. Creyó que estaba muy cerca, demasiado cerca de ella. Pero no podía ver ni tocar nada.

-Hermione, soy yo Harry…

Una luz tenue apareció en el horizonte. Aliviado Harry se apresuró a continuar en esa dirección.

-Soy Harry –continuó tratando de generar mayor reacción –vine a buscarte, estoy aquí para ayudarte a salir de aquí.

La luz se concentró en un punto. Harry observó pasmado a una Hermione niña agachada con la cabeza sobre las rodillas y abrazando sus piernas. Debía tener no más de 7 años.

-Hermione –volvió a llamar agachándose a su altura.

La niña levantó la mirada. Su cabello esponjado cortado a la altura del cuello la hacían ver más pequeña y con un aspecto de niño bastante gracioso. Unos dulces ojos castaños como la miel se enfocaron en él sin reconocerlo.

Hizo un mohín con la pequeña nariz respingona.

-¿Quién eres tú? –cuestionó tratando de otorgarle seguridad a su voz –no necesito tu ayuda. Estoy esperando a mis padres, no tardarán en venir por mí.

Harry sintió ternura por conocer a su amiga de niña. Se imaginó si la hubiera conocido a esa edad. ¿Se llevarían bien? Su niño interior con una sonrisa fácilmente le dijo que sí.

-Tranquila, no temas. Conozco quienes son tus padres, Robert y Cameron Granger. Soy Harry Potter, un amigo tuyo, te conozco –aseguró Harry suavemente tratando de ganarse su confianza y no espantarla –tú también me conoces o bueno, me conocerás cuando tengas 12 años.

-¿Eres un viajero en el tiempo? –cuestionó –¿de verás? En la escuela dicen que no es posible viajar en el tiempo. Aunque yo creo que si es posible…yo quisiera hacerlo.

-Es posible viajar en el tiempo, tú y yo ya lo hemos hecho –Harry sonrió al verla abrir los ojos grandes con sorpresa e interés –cuando tengas 14 –rectificó -. ¿Lo recuerdas? Haz un esfuerzo. He venido a ayudarte para que lo recuerdes…

-Serás mi amigo en el futuro? – el gesto de esperanza que empleó Hermione conmovió a Harry. Se sintió identificado. Alguna vez ella le mencionó que no tuvo muchos amigos en la escuela. El gesto que reconoció en la niña le indicó que su caso era muy similar al suyo de niño. Sin amigos, siendo el raro de la escuela, incomprendido por ser diferente.

Él asintió.

-Eres mi mejor amiga Hermione Jane Granger, vamos a la misma escuela de magia y hechicería de Hogwarts, y adoras leer libros. Te puedo contar más cosas que sé de ti, pero necesito que me recuerdes Hermione, por favor. Es urgente que lo hagas.

El gesto de Hermione se contrajo dolorosamente.

-No quiero…si me muevo me duele mucho.

Harry supo que se refería a la energía mágica que hacía estragos en su cuerpo. Hermione aisló la sensación bloqueando su sistema sensorial transportándose a un espacio reducido y atemporal.

-Lo sé –se lamentó Harry –pero Hermione, si no salimos de aquí corres un gran peligro.

La luz empezó a extinguirse. Angustiado, Harry ya no podía ver el contorno de la niña. Trató de asirla, pero sus manos se cerraron alrededor de nada.

-No sé dónde estoy, ni cómo salir de aquí –escuchó la voz de la Hermione actual resonando en su cabeza. Harry giro a todos los lados tratando de encontrarla –ya lo intenté. Hay algo…que no me deja. Tengo miedo Harry.

Su voz lejana se desvanecía.

-Hermione, continúa hablándome –era cierto. Una entidad pesada e indescifrable la estaba alejando o manteniéndola atrapada. Una entidad sumamente poderosa. Harry sintió escalofríos al imaginársela en la oscuridad.

-Tal vez debería quedarme aquí –susurró la voz distorsionada de su amiga. Harry se desesperó al no poder verla –nadie me necesita allá.

-Hermione no te rindas, tú no eres así, tienes que volver. Yo te necesito…yo…

Se mordió la lengua, de repente sumamente nervioso. Quería decirle que la necesitaba, que no podría vivir sabiendo que la había perdido. Se asustó de sus propios pensamientos. La opresión de la energía maligna era tal que incluso él se sintió atrapado y con un miedo enorme. El miedo del dolor y la pérdida.

-¿Por qué tuviste que venir tú Harry? –el chico sintió la pena en la voz de Hermione. -Ya ni siquiera hablamos, estás enojado conmigo todo el tiempo por culpa del libro de Pociones.

-Eso no es verdad –respondió con el pecho oprimido. Era cierto que ese sexto año inició con muy mal pie al menos para él con todo lo de la profecía. Y luego vino el libro del Príncipe y de alguna manera fue un asidero en toda esa mierda amenazante que se había convertido su vida. Pero nunca se imaginó que su amiga se sentía así. ¿Tanto había ignorado su amistad con ella?

-Te extraño Harry –Hermione expresó justo lo que él estaba sintiendo en esos momentos –extraño hablar contigo como antes. Pero me preocupo por ti, quiero ayudarte con toda mi capacidad y eso me hace una carga molesta día tras día. Estoy cansada.

Harry se sintió culpable y tonto a la vez. Jamás pensó que la miseria de sus días se debía a la ausencia de Hermione. Quizá el libro si tenía un efecto pernicioso sobre él. Lo estaba alejando de las personas reales e importantes de su vida.

-Hermione, tú eres más importante que el libro para mí. Si quieres me deshago de él. No me importa –lo dijo de todo corazón.

-No es eso Harry…yo…

De pronto la opresión se hizo más fuerte. Escucho a su amiga lanzar un terrible gemido de dolor. El dolor proveniente de su cuerpo exterior.

El diagrama alquímico estaba teniendo efecto.

Pero a un costo de total dolor y agonía para su amiga.

-Hermione!

Escucho un sonido extraño parecido a una risa proveniente de la entidad que los rodeaba. Dejó de escuchar a Hermione. La entidad no la quería dejar ir. Y se hizo presente.

-Ella es fascinante, sabes –la voz de una mujer se hizo eco en su cabeza, personificándose al fin –tiene una energía híbrida mágica y no mágica única. Me encanta.

-Quién eres?

-Creí que estaba claro. Soy la entidad que habita en la reliquia de mi descendiente.

-Eres Elora Stardust.

-Exactamente. La primera veela nacida naturalmente. Y tú eres Harry Potter. He navegado por los recuerdos de Hermione. Interesante vida la tuya muchacho – se rio desdeñosa –una figura heroica masculina que pasará a la historia. Fama asegurada para toda la vida. ¿Estás satisfecho?

-De ninguna manera –le respondió cortante. Más cortante de lo que hubiera querido –Uh…yo no busco eso.

-Igual que todos los hombres –divagó la entidad para desesperación del chico –no lo buscan, pero lo tienen. Para mí no fue nada fácil, sabes. Tuve que luchar contra muchos hombres para que mi valía se reconociera. Pero al final terminaron matándome.

-Lo siento mucho –se lamentó sinceramente Harry, recordando lo poco que sabía sobre Elora Stardust gracias a Fleur –sé un poco sobre lo mucho que sufriste.

-Lo que sufrí a causa de la belleza y poder es uno de los más grandes chistes de la humanidad. Mis descendientes nunca pudieron entenderlo. Pero Hermione…ella me entiende…ella es igual a mi…

Harry se inquietó presintiendo lo que quería Elora con su amiga.

-Dónde está, Hermione?

-Dime Harry, ¿qué es ella para ti? ¿Es solo un instrumento para ayudarte a derrotar a Voldemort?

-Por supuesto que no. Yo jamás quisiera tal cosa. Ella es mi amiga. Mi mejor amiga –recalcó con contundencia –Siempre estamos juntos porque…yo la necesito, pero no con en ese sentido egoísta que crees –su voz adquirió un cariz de desesperación – no puedo explicarlo ahora. La conozco por más de 6 años. Todo lo que soy se lo debo en parte a ella. No estaría vivo si no fuera por ella.

-¿Sientes que le debes dar las gracias?¿Que estas en deuda con ella?

-Es mucho más que eso…

La esencia de Elora Stardust se cernió sobre él, evaluándolo.

-Eres muy digno, Harry. Tengo que reconocerlo, al menos eres lo suficientemente sincero para admitirlo: qué no serías nada de lo que eres sin ella.

-Por favor, déjala ir…

-Descuida, no quiero que sufra. Estoy pensando que haré con ella. Es lo suficientemente fuerte física y mentalmente para tolerar mi presencia, pero estoy conteniéndome. Nunca antes encontré a una persona así…quisiera probar usarla…si resiste la pobrecilla…

-No! –gritó Harry aterrado –por favor, no la lastimes.

-Yo no la lastimo, mi magia solo la hace más poderosa. Son ustedes los que tratan de quebrar una simbiosis perfecta que ya se ha iniciado. Eres tú quien la pone en conflicto y trata de rechazarme por ti. Te aprecia más de lo que crees y mereces Harry Potter. ¿Me pregunto si vale la pena? ¿Qué estarías tú dispuesto a hacer por ella?

Harry tragó pesado. Ante sus ojos se desplegaron los recuerdos de Hermione vistos como en un pensadero. Elora le mostró sus momentos junto a Hermione. Fue brutal verse desde los ojos de la chica. Cada risa, cada abrazó que se dieron, cada sensación de confort, alegría y comprensión con solo una mirada. Su momento junto al lago de hace una semana, donde casi atravesaron la delgada línea de su amistad. Era demasiado. Sus sentimientos por Hermione se aclararon y se desbordaron.

-Qué interesante –la vela percibió perfectamente el cambio ocurrido en Harry –cómo opera la amenaza de una pérdida…hace que uno sea consciente de lo que tiene en realidad.

Harry no la escuchaba. Todavía estaba abrumado por sus emociones. Cómo la extrañaba. Extrañaba a Hermione, necesitaba verla, respirar su aroma, abrazarla, protegerla, sentir que estaba viva.

La entidad se rio enigmáticamente.

-Qué no se diga que Elora Stardust fue en contra de lo que llaman destino. Cálmate Harry, creo que aceleré un poquito lo inevitable, sin embargo, espero que sea para bien. Liberaré a Hermione y la dotaré con gran parte de mis poderes. Con ellos su futuro será aún más brillante. Pero tienes que prometerme algo.

-Qué cosa? –respondió temblando.

-Quiero que la protejas con tu vida Harry. Existe el mal que siempre reacciona a lo que es bello y noble. Habrá seres que querrán cernirse contra ella. Ella es fuerte pero no quiero que exista la mínima posibilidad que sufra como yo. ¿Entiendes lo que te estoy pidiendo? Cuídala, obsérvala, sé su guardián, al menos el tiempo que afiance sus poderes o el tiempo que sea necesario ¿Estás dispuesto a hacer eso?

Harry asintió enérgicamente ante lo fácil que sonaba esa condición.

Observó como la oscuridad se despejó para dar paso a un ambiente iluminado parecido al gran salón de Hogwarts. Hermione estaba en el centro tal como la había visto la última vez al salir de la sala común de Gryffindor, preocupada. Cuando decidió seguirla tras un mal presentimiento.

Siempre la estaba cuidando después de todo.

-Hermione –la llamó.

La chica volteándose, lo miró y se abalanzó a abrazarlo. -Harry –gritó, con fuerza, con miedo –por fin te encuentro, pensé que jamás te volvería a ver.

El chico nunca se sintió tan reconfortado y aliviado por verla y poder tocarla, metafóricamente. Se sentía extraño abrazarla en el plano intangible de su mente.

-Nunca te lo he dicho Hermione, pero me he dado cuenta que eres lo más importante que tengo en la vida.

Las palabras salieron inevitables como una exhalación. Sintió a Hermione tensarse. Se separó de él y lo observó confusa.

-¿Pasó algo, Harry?

-Sí que eres densa Hermione –intervino la voz de Elora de repente, haciéndolos brincar y separarse azorados –es algo que debes mejorar. En fin, ya es hora de irse. Recuerden ambos sus promesas.

Harry y Hermione se miraron sorprendidos, conscientes que los dos conocieron a Elora Stardust por separado y que sus vidas iban a dar un giro inesperado.