Danganronpa Re: IF
Capitulo VIII
Mukuro caminaba junto a Makoto en silencio, quien solo miraba una estantería con libros, sin saber exactamente cual llevar, con una mano en el mentón, el meditaba sobre lo que adquiriría.
"Mukuro, ¿Te gusta leer?" Preguntó Makoto sin mirarla, concentrando su vista en las estanterías donde se catalogaban las novelas ligeras.
La pregunta la tomó por sorpresa, pero asintió lentamente. "Si."
"¿Y qué es lo que te gusta?" Preguntó de nuevo el Afortunado, ahora girando a verla, con curiosidad.
Mukuro sintió como un pequeño rubor empezaba a formarse en sus mejillas, ligeramente avergonzada de responder esa pregunta, no es que ella se avergonzase de sus gustos, en lo absoluto, no, solo que nunca antes alguien le había preguntado por algo como eso.
Ella había quedado con Makoto a visitar una librería cercana a la casa del chico, no se esperó una proposición como esta de parte del Afortunado, y la pelinegra que ese mismo día había tenido algunos problemas con su hermana decidió acompañarlo.
Mukuro había cambiado en los meses que convivio con Makoto, después de aquella extraña sesión de estudio, ella había forjado buena amistad con Komaru, con quien solía hablar con regularidad y que por alguna extraña razón que no entendía se refería a ella como "Cuñada."
Para la Mercenaria el teléfono había pasado de ser un simple adorno a ser un objeto ampliamente utilizado, aunque Makoto no solía escribir mucho ya que según él, prefería hablar siempre en persona.
Ahora ella aun sin abandonar su personalidad seria y retraída, se había vuelto más abierta con sus demás compañeros de la clase, no los ignoraba e incluso mantenía conversaciones con todos, aunque aún así se auto-excluía cuando se formaba un grupo grande.
Sin embargo, el día de hoy había sido muy diferente, Mukuro había peleado con su hermana Junko, todo producto de su plan de inundar el mundo entero de desesperación, el cual aún faltaban algunos meses antes de ser ejecutado.
Intentó hablar con ella para que se detuviera, pero desgraciadamente para la pelinegra, no pudo tumbar los argumentos de su hermana menor al ser muy mala con las palabras sumado a la personalidad dócil que tenía con Junko.
Así que cuando Makoto la invitó a una librería cercana a su casa, ella no lo pensó dos veces antes de decirle que sí, tanto por querer pasar más tiempo con el cómo porque quería distraerse de su discusión con Junko.
Fue un esfuerzo infructífero, ya que antes de siquiera intentar entablar una conversación con Makoto, se perdió en sus pensamientos sobre el problema con su hermana, por lo que no estaba muy atenta a su entorno y cuando el Afortunado preguntaba algo, ella respondía con monosílabos.
Ella no sabía bien cómo lidiar con la culpa que la corroía por dentro.
Cuestión de meses, solo cuestión de meses antes de que todo como se conozca dejara de existir, esta librería, los dependientes, la familia de Makoto, todo, todo sería consumido por la desesperación.
Ella apretó los dientes.
"Mukuro, ¿Te sientes bien?" Preguntó Makoto, mirándola directamente a los ojos y zarandeándola de forma suave, su expresión denotaban una ligera preocupación que se calmó cuando ella le devolvió la mirada.
"S-sí. Lo siento, he estado un poco distraída." Contestó ella parpadeando varias veces, Makoto sonrió al ver que se encontraba bien y ella no pudo evitar imitar su contagiosa sonrisa. "¿Qué me habías preguntado antes?"
"Te pregunté por los tipos de libros que te gustan."
Mukuro se cruzó de brazos, colocando una expresión pensativa. "En realidad, me gustan mucho las novelas de misterio, cuando era niña solía leer muchas para distraerme." Dijo con tono neutro, aunque con un ligero aire de nostalgia.
"¿Misterio? Tienes buen gusto." Elogió Makoto de forma sincera, haciendo que Mukuro se sonrojara. "¿Qué tipo de autor te gusta?"
La pregunta la tomo nuevamente por sorpresa. "Oh… Mi autor favorito es Nisioisin." Respondió en tono bajo.
"¿Quién?" Preguntó Makoto con una ceja enarcada, él no era un lector empedernido, pero nunca había escuchado de él.
Mukuro por su parte frunció el ceño. "Nisioisin, ese es su apodo, su nombre real es Nishio Ishin, autor de la saga Monogatari."
Makoto asintió en comprensión, ya sabía de quien se trataba, Nisioisin era una especie de celebridad en Japón, se consideraba popularmente al nivel de Toko Fukawa y una gran fuente de inspiración para todo tipo de escritores.
"Él es mi autor favorito, tenía algunas de sus novelas antes, aunque después de que volví a Japón no he tenido oportunidad de comprarlas otra vez." Dijo ella con un pequeño suspiro. "¿Y a ti, Makoto, que tipo de literatura te gusta?"
"¿A mí? Oh, nada fuera de lo común, leo de todo un poco, aunque soy especial fan de Natsume Akatsuki." Comentó Makoto rascándose la cabeza con nerviosismo.
"Él es el autor de… ¿Konosuba, verdad? No lo he leído, pero a Junko parece gustarle." Dijo la pelinegra con un asentimiento, ella había visto a su hermana varias veces antes leyéndolo.
Makoto rio con nervios. "Si, de todas formas, ¿Por qué no miramos un poco?" Sugirió el chico.
El apartado de novelas ligeras era algo amplio, siendo que en Japón los libros occidentales no acostumbraban a llegar, y si llegaban traducidos el costo era demasiado alto, por lo la literatura japonesa estaba muy presente.
Mukuro asintió y comenzó a seguir al Afortunado por la sección, en cuestión de minutos el había dejado su indecisión atrás y se había agenciado varias novelas ligeras, ella no pudo leer el nombre de la mayoría ya que se encontraba perdida en sus pensamientos.
Pero lo que si sabía era que Makoto tenía mucha lectura por delante cuando vio la pequeña pila de libros que tenía en sus manos.
"Eso son muchos libros." Comentó Mukuro con asombro mientras caminaba con el afortunado, ella también tenía algunos en sus manos, pero estos eran de Makoto, ya que eran muchos para que el los cargara solo. "Tienes como… Catorce, creo."
"Si, es mucho, pero solo suelo comprar una vez al año." Respondió el.
"¿Cómo?"
"Si, para dar tiempo a que mis sagas favoritas tengan nuevos tomos, suelo ahorrar y comprar novelas una vez cada año, por eso compro tantas de una sola vez." Dijo el con vergüenza.
"Ya veo. Es un buen sistema, en realidad." Elogió la Mercenaria con un asentimiento.
El Afortunado solo rio, pero no dijo más, y juntos se dirigieron a pagar todos los libros, sobra decir que la pequeña montaña de libros atrajo algunas miradas curiosas, miradas que Mukuro ignoro aunque Makoto no tanto, ya que se encontraba un poco tenso.
Cuando terminaron de pagar, ambos salieron de la tienda de libros, en dirección a la casa del Afortunado para dejar todas sus recientes adquisiciones, no era nada práctico caminar con ellas por la calle, en lo absoluto.
Entraron al hogar de Naegi, siendo recibidos por la madre de Makoto, quien los saludó a ambos, y se disculpó con Mukuro al ver como ella cargaba con parte de lo que su hijo había comprado, disculpas que ella rechazó cortésmente.
Dejaron los libros en la habitación de Naegi, y cuando Mukuro iba a salir para esperarlo, él la tomo de su mano, llamando la atención de la pelinegra por la inesperada acción.
"¿Q-que sucede?" Preguntó ella con un sonrojo, le gustaba estar cerca de Makoto, pero aún no se acostumbraba al contacto físico imprevisto con el chico, es como si una corriente eléctrica pasara por todo su cuerpo.
El soltó su mano, pero le dio una sonrisa. "Tengo algo para ti."
Y antes de que pudiera preguntar, el empezó a buscar debajo de su cama una pila de libros, sorprendiendo a Mukuro ya que ella no se esperaba que los guardara allí.
"Si, este es mi lugar secreto para guardar mis cosas." Dijo el, como si adivinara los pensamientos de la pelinegra.
Siguió buscando, hasta que finalmente encontró su objetivo; Tres novelas ligeras que había comprado unos años atrás y que estaba seguro de que a Mukuro podrían gustarle.
Las tomó, levantándose del suelo, y girando para ir con Mukuro, quien se encontraba perpleja, Makoto, sin decir nada solo le dio los libros con una sonrisa.
Ella los tomó, mirando el nombre de cada uno y cuando se dio cuenta de lo que eran, abrió los ojos sorprendida, su expresión neutra cambio y sus ojos mostraban un inusual brillo que el había visto pocas veces.
"E-esto…" Dijo Mukuro con la boca abierta.
Las tres novelas ligeras eran; Kabukimonogatari además Nekomonogatari Kuro y Shiro… Todas escritas por Nisioisin.
"Tómalas, son tuyas." Dijo Makoto. "Las compré hace un par de años, me gustó mucho la escritura del autor, aunque el orden de la historia se me hacía confuso y desistí de seguir leyendo."
Mukuro lo miró sorprendida. "¿E-estas seguro que quieres dármelas?"
"Claro." Respondió Makoto con una radiante sonrisa.
Silencio.
Mukuro cambio poco a poco su expresión perpleja por una pequeña sonrisa, asintió con lentitud hacia el Afortunado.
"Gracias, Makoto. Prometo que las cuidare." Dijo la pelinegra abrazando los libros, el Afortunado sonrió, al parecer a ella sí que le gustaban.
"Descuida, sé que lo harás." Le restó importancia con su habitual sonrisa. "Y, gracias por acompañarme. ¿Quieres salir a caminar un rato?"
Ella asintió con rapidez, antes de que ambos se dispusieran a salir de la casa, despidiéndose de la familia de Makoto, caminaron por la calle sin rumbo fijo, o al menos eso pensaba Mukuro.
Fueron alrededor de unos diez minutos de caminata, pero Makoto los había guiado a lo que parecía ser un pequeño parque, pocas personas habían allí, algunas chicas quienes tenían sus caras tapadas por algunas capuchas además de un hombre sentado leyendo un periódico.
Makoto se sentó en una banca cercana, y fue seguido por Mukuro, quien hizo lo mismo.
El Afortunado la miró por unos segundos. "¿Te molesta algo?" Preguntó.
"¿Eh?"
"Te pregunto si algo te molesta. Has estado callada hoy, más de lo habitual. Y estoy un poco preocupado…" Dijo Makoto, para luego alzar las manos con sorpresa. "¡Claro, si es algo personal no tienes por qué contármelo!"
La pelinegra suspiró, era cierto que hoy se había encontrado un poco distraída por la pelea que había tenido con Junko, pero no espero que fuera notado por Naegi.
Él era una persona de confianza y sabía que podía decirle las cosas, aunque obviamente no le diría la verdad, pero algo podía revelar para que el pudiera aconsejarla y llenarla de esperanza como siempre solía hacerlo.
"Makoto, ¿No te molestaría escuchar mis cosas?" Preguntó Mukuro con timidez, ella nunca le gustó que los demás escucharan sus problemas, acostumbrada a cargar con todo sola.
Naegi no perdió tiempo en asentir. "Por supuesto que no me molestaría, Mukuro."
La Mercenaria volvió a suspirar de nuevo, preparándose mentalmente para lo que venía.
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"A veces… Pienso en todo el mal que he hecho, y el mal que voy a hacer en el futuro." Empezó ella mirando hacia el frente en la banca. "Me refiero, a todas las personas que han muerto a mis manos y las que vendrán."
Mukuro carraspeó la garganta antes de seguir.
"Mi infancia no fue la mejor, ¿Sabes? Éramos sintecho y normalmente querían aprovecharse de nosotras, por eso empecé a hacerme fuerte, porque quería proteger a mi hermana." Dijo ella, haciendo una pequeña pausa. "Pero, cuando empecé como Mercenaria tuve que abandonar a Junko, volví dos años después…"
Mukuro hizo una pausa, Makoto giro a verla, para darse cuenta de que su expresión era muy seria, apretando los dientes con fuerza.
"Cuando volví dos años después, me di cuenta de que la Junko que yo conocía no existe más." Dijo ella con una voz seria.
"¿Ya no existe? ¿A qué te refieres?" Preguntó el Afortunado con confusión.
"Junko ya no es la misma." Fue la simple respuesta dada por ella. "Por mí, por mi culpa, por abandonarla, todo es culpa mía. Solo soy una máquina de matar sin sentimientos… Por mi es que todo ha llegado tan lejos y gracias a mi serán posibles las tragedias que sucederán en el futuro…"
"Mukuro…"
"¿Entonces, que puedo hacer? Antes no tenía a nadie… Pero ahora tengo amigos, como Komaru, Asahina o Leon, y gente especial, como tú, Makoto." Dijo ella con tono desesperado, y si no fuera por la situación, el Afortunado se habría sonrojado fuertemente. "No quiero perderlos, pero ya estoy en el punto de no retorno… No sé qué hacer."
Silencio.
Eso fue lo que Makoto le había podido regalar a la Mercenaria, había escuchado atentamente, pero no entendía la situación, salvo que era algo muy grave, sin embargo no hizo preguntas, él estaba allí para apoyar a Mukuro y él sabía que ella tomaría la mejor decisión por su cuenta.
"Mukuro, no entiendo lo que me dices, pero pasaste por momentos duros…" Comenzó Makoto por su parte, paso la mano por el hombro de ella y la atrajo hacia él en un abrazo improvisado. "Eres una mujer fuerte, puede que te veas a ti misma como una máquina de matar sin sentimientos, pero tú no eres eso."
"Te equivocas—"
"No. No me equivoco, una máquina de matar no querría cambiar, tú quieres dejar eso atrás, ¡Puede que no sea fácil, pero sé que puedes lograrlo! ¡No soy el más fuerte, pero yo te ayudare en todo lo posible!" Expresó el con convicción genuina. "Yo creo en ti, Mukuro. Tu deberías creer en ti misma también, te aseguro que no te arrepentirás."
Silencio.
La cabeza de Mukuro descansaba en el hombro de Makoto, la chica solo suspiró, el pequeño discurso del Afortunado no era aplicable a su situación, algo entendible ya que ella no explicó mucho.
Pero se sentía más tranquila, ya que a pesar de todo, sabía que tenía a alguien con quien contar, como el mismo había dicho, tal vez físicamente no era el más fuerte, pero con su voluntad inquebrantable podía levantar el ánimo de cualquiera, tal como había hecho con la mercenaria.
Ella se permitió el lujo de sonreír, y aun cuando Makoto la soltó, Mukuro no quitó la cabeza del hombro del chico.
"Cuento contigo, Makoto. Solo espero que… No me olvides." Dijo ella con una sonrisa triste.
"¿Cómo podría olvidarte? Jamás lo haría, eres alguien muy especial para mí, Mukuro." Expresó el con determinación, volviendo a abrazar a la pelinegra.
"¿En serio?"
"Si, de hecho, yo… Yo quería confesarte algo, Mukuro." Comentó Makoto, sonrojándose ligeramente y tensando su cuerpo, algo que llamó la atención de la Mercenaria.
Silencio.
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"¿Qué es?"
"V-veras…" Siguió el entre tartamudeos. "Y-yo, quería decirte que…"
"¿Si?" Preguntó ella con expectación, no entendía porque, pero el sonrojó del afortunado se había contagiado a ella.
"Yo te—"
"¡Vamos, bésala, hombre, no seas idiota!" Ambos escucharon como alguien gritó.
Los dos buscaron con la mirada, encontrándose con que el hombre que leía un periódico había sido el responsable del gritó, quien había vuelto a tapar su cara, Mukuro frunció el ceño, levantándose de la banca, seguida de Makoto.
Cuando estuvieron cerca de él, la Mercenaria le arrebato el periódico y lo rompió sin miramientos, desvelando que la persona que se encontraba 'leyendo' no era nada más ni nada menos que Leon Kuwata.
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"Ups." Dijo él.
"¿Leon? ¿Qué haces aquí?" Preguntó Makoto con una ceja enarcada.
"V-veras—" Intentó explicarse el con una risita poco convincente.
Pero fue interrumpido por otra voz que venía detrás de ellos. "Él los estaba espiando."
Makoto dio un respingo mientras que Mukuro sostuvo con fuerza los libros que el Afortunado le había regalado para estampárselos en la cabeza a la persona que los había sorprendido.
Aunque se detuvo cuando vio que los que estaban tras de ellos eran sus compañeras de clase; Kirigiri, Toko y Sayaka.
La primera que era quien había hablado tenía una expresión en blanco como acostumbraba, la segunda tenía su cara amargada habitual mientras que Sayaka parecía que estaba a punto de echar humo por alguna razón.
"Leon…" Murmuró la Ídolo pop con enojo.
El soltó una risita nerviosa. "¡P-pensé que debía dar un empujón!" Se excusó él.
Toko lo apunto con un dedo. "¡C-cállate, arruinaste lo que podría haber sido el clímax de una genial novela de romance! ¡E-e-eres un idiota!"
Makoto sacudió su cabeza, ignorando la escena. "¿Qué es lo sucede aquí?"
"Ellos los estaban espiando, Leon y Sayaka querían que ustedes dos comenzaran una relación, en el caso de Fukawa, era para una novela." Explicó Kirigiri con tono indiferente. "Según Leon, ustedes parecían tener un tipo de relación profundamente penetrante."
"¿P-Profundamente penetrante?" Repitió Makoto con un sonrojo e incredulidad.
Mukuro solo veía como Sayaka intentaba golpear a un temeroso Leon, pero la Mercenaria tenía una pregunta que se estaba formando en su cabeza y que no podía evitar formular.
"Kirigiri." Llamó ella con tono indiferente.
"¿Si?"
"¿Desde cuándo nos estaban siguiendo y espiando?" Preguntó la Mercenaria con curiosidad.
Ante esa pregunta, Leon tomo a Sayaka por los hombros, y la giró para usarla como un escudo humano contra Mukuro, la Idol definitiva por su parte intentaba soltarse, sin éxito alguno.
"Desde que fueron a la librería, es decir, desde el principio." Respondió Kirigiri encogiéndose de hombros. "Leon fue a mi habitación y rogo que le ayudará, le dije que no, pero no se rindió, incluso cuando lo patee así que accedí para que me dejara en paz."
El All-Star definitivo podía sentir como una pequeña chispa de furia empezaba a emanar desde el cuerpo de Mukuro Ikusaba, retrocedió con Sayaka como escudo quien también empezaba a sentir un sudor frio correr por su frente.
"¡E-espera, Mukuro!" La Idol extendió las manos con rapidez, abandonado su sonrisa habitual por una mueca temerosa, aun sin poder soltarse del agarre de Leon. "¡El me pidió venir—!"
"¡Pero tú no te negaste!" La interrumpió Leon.
"¡T-Toda la culpa es de Kuwata!" Gritó Fukawa con el ceño fruncido.
"¡Claro que no, acosadora de Togami! ¡Kirigiri, diles la verdad!" Exclamó Leon con ligera desesperación en su tono.
"La verdad es que toda la culpa es de Leon." Respondió ella con simplicidad aunque había un indicio de sonrisa en sus labios.
"¡Ugh!" Gimió el con miedo, no había soltado a Sayaka quien también tenía una expresión de puro terror.
El aura asesina de Mukuro no disminuyó. "¿Escucharon lo que Makoto y yo hablamos?"
"¡No, señora, nadita!" Afirmó Kuwata con rapidez y Sayaka asintió para apoyarlo, Mukuro sin creerlo, miro a Kirigiri.
"Puedo dar fe de que no escucharon nada."
Satisfecha con la respuesta, Mukuro suspiró. "Está bien, los perdonare, pueden irse."
Leon asintió y tomando a Sayaka salieron del lugar con prisa, mientras Toko y Kirigiri se quedaron con ellos, la primera porque quería ver como Mukuro golpeaba con fuerza a Leon para satisfacer sus deseos masoquistas oscuros y la segunda simplemente porque no tenía razón para irse.
Aún quedaba tiempo, por lo que Makoto había invitado a todos a pasar el rato, a lo cual aceptaron, algunos sin tanto ánimo como Fukawa que atribuyó su invitación a que se burlarían de ella.
Y así, el día para ellos paso volando, Makoto no pudo decirle a Mukuro lo que quería, pero otras oportunidades se presentarían en el futuro.
Los hechos de ese día habían sido raros, ya que aunque los chicos los hubieran espiado gracias a Leon, Makoto siempre tuvo una duda; ¿Quién le había dicho a Leon que él se reuniría con Mukuro en la librería?
. . .
Mondo Owada caminaba por los pasillos de la academia Kibougamine sin rumbo fijo, de hecho, su objetivo era encontrar a sus enemigos aparentes; Makoto Naegi y Mukuro Ikusaba.
Buscando en la mayor parte del primer piso, sin éxito, no se detuvo en su búsqueda, aunque varias cosas le llegaron a la mente.
El sin duda no era la persona más inteligente de todas, así que lo primero que pensó es… ¿Qué haría? Es decir, Makoto Naegi estaba medio muerto, si lo conseguía estaba seguro de que podría dominarlo…
Pero…
Mukuro Ikusaba estaba con él.
Mondo era muy arcaico en su punto de vista y su filosofía de vida, su hermano le había inculcado el clásico credo de que "A una mujer no se le pega ni con el pétalo de una rosa" y desde entonces él lo había seguido al pie de la letra.
El vivió su niñez y adolescencia creyendo eso, por lo que no importa el caso, golpear a Mukuro estaba fuera de discusión.
Entonces, el problema real yacía ante el…
En el caso de que hipotéticamente luchara con Mukuro, ¿Podría vencerla de todas formas incluso si el decidiera pelear?
Ella había demostrado sus habilidades en el gimnasio, y Mondo podía afirmar que si bien obviamente Mukuro no estuvo a la altura de Sakura, sí que podría darle una paliza a él mismo sin esfuerzo si se lo propusiera.
"Mierda." Masculló el con enojo al darse cuenta de su situación, lo más prudente para el sería volver con los demás en los dormitorios.
Pero Mondo Owada no era prudente en lo absoluto.
Demonios, era el estudiante motero definitivo, la irreverencia estaba escrita en su frente, nada lo detendría de su objetivo, sin importar si recibía una paliza por ello, era egoísta, pero así era su forma de actuar.
Navegaba a través de los pasillos del primer piso sin encontrar ningún tipo de rastro sobre sus objetivos, y abrió la puerta del gimnasio con la esperanza de encontrarlos allí.
Ya que, si todo había empezado en el gimnasio era lógico pensar que Mukuro y Naegi podrían esconderse allí pensando que nadie los buscaría al ser un lugar precisamente obvio.
Paso por la antesala y de una patada abrió la puerta del verdadero gimnasio, cuando entro…
La confusión estaba escrita en todo su rostro… Allí dentro no estaban ni Mukuro ni Naegi, no…
El que estaba allí era Monokuma.
Pero más importante;
Monokuma tenía su moto.
"¡Upupupu! Hola, nene." Saludó el Oso con diversión mientras intentaba en vano conducir la moto, todo gracias a que sus manos eran demasiado cortas para alcanzar el manubrio.
"¿Q-q-q-q-q-q-q-que?" Tartamudeaba Mondo al ver a su fiel compañera allí frente a él, y al igual que la conmoción inicial paso, la ira tomo su lugar. "¿¡Que haces con mi moto, hijo de puta!? ¡Devuélvemela!"
Mientras Mondo caminaba hacia Monokuma, este último se rio. "¡Si quieres esta motocicleta primero tendrás que pasar una prueba!"
Mondo le ignoro, siguiendo su camino hasta su vehículo robado, pero antes de poder acercarse a menos de un metro, detuvo en seco su andar cuando una lanza se clavó en el suelo justo frente a él.
"¿Qué demonios?" Preguntó el Motero mientras retrocedía, mirando a Monokuma con enojo, quien ahora solo tenía una expresión seria.
"¿Acaso no fui claro? Mi palabra es absoluta, ¡si quieres tu moto cumple las reglas, sino, regresa por donde viniste, fracasado!"
Las venas en la frente del chico eran visibles mientras apretaba sus dientes. "¿¡A quién demonios le dices fracasado, maldito peluche!?"
"¿Entonces, las haces o qué? No tengo todo el día, chico." Comentó Monokuma, ignorando los reclamos de Mondo por completo.
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El Motero chasqueo la lengua con frustración. "Acepto." Dijo el, cediendo ante el Oso. "¿Qué tengo que hacer exactamente?"
"¡Es muy fácil! Jugaremos 10 veces Piedra-Papel-Tijeras, si ganas 5 veces la moto es tuya, si pierdes 5 veces… Tendrás que… Um… ¿Qué podrías hacer? ¡Oh, ya se! Si pierdes 5 veces tendrás que besar a Sakura Ogami."
"¿¡Qué mierda de trato es ese!?" Preguntó Mondo con confusión e ira ante lo bizarro de la petición de Monokuma.
"¡Cállate! ¡Vamos a empezar con la fiesta!" Dijo Monokuma con un asentimiento. "¡Piedra-Papel-Tijeras!"
Mondo extendió su mano, completamente cerrada en un puño mientras que Monokuma saco su pata abierta, aunque era lo único que podía hacer ya que en sencillas cuentas él no podía cerrarlas.
Y Mondo se dio cuenta de eso.
"Maldición." Expresó el Motociclista frunciendo el ceño.
"Yo 1, Mondo 0." Se jactó el Oso con una burla. "¡Bien, vamos de nuevo!"
Esta vez había sido diferente, Mondo había sacado tijeras, mientras que Monokuma había sacado papel de nuevo.
"Je." Dijo el chico con una media sonrisa.
"No te confíes, 1 a 1." Comentó Monokuma con calma. "Vamos otra vez."
En la siguiente ronda, Mondo repitió el mismo patrón que la pasada vez, sacando tijeras, y Monokuma había hecho lo mismo, sacando papel de nuevo.
"¿¡Qué diablos!? ¡Estás haciendo trampa!" Se quejó el Oso apuntando al motero. "¡Trampa, trampa, trampa!"
Mondo se encogió de hombros. "No entiendo como haría trampa en un juego como este."
"¡Tienes el Sharingan, puedes predecir mis movimientos!" Exclamó Monokuma con enojo.
"Cállate, Oso. Terminemos esto." Dijo el Motero con enojo.
"¡Ya veras, te hare morder el polvo!"
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6 rondas después era seguro decir que Mondo había ganado, con Monokuma solo pudiendo sacar papel el duelo había sido demasiado unilateral como para que el Motociclista se sintiera orgulloso por su vacía victoria.
"Bueno…" Comenzó Mondo mirando a Monokuma en su motocicleta, el chico tenía una expresión seria que luego fue cambiada a una sonrisa victoriosa. "¡Gane, gane, maldito peluche! ¡Vete al caño, a la mierda y a la—!"
"¡Cállate, que si sigues diciendo malas palabras nos van a censurar!" Interrumpió Monokuma con un grito. "¡Pero toma, aquí tienes tu moto!"
El Oso se bajó de un salto, cayendo torpemente al suelo, Mondo no perdió ni un segundo antes de subirse a ella e intentar encenderla, solo para darse cuenta de que no tenía la llave.
"¿Eh? ¿Y la llave?" Preguntó Mondo con sorpresa.
Monokuma la poso frente a él. "¡Te dije que te daría la moto, pero no la llave! ¡Si la quieres, debes ganarme 30 veces en Piedra-Papel-Tijeras!" Dijo el Oso con una sonrisa.
Mondo apretó los dientes mientras se enfadaba demasiado por la jugarreta de Monokuma, mas sin embargo por su propia seguridad se tragó su enojo, preparándose mentalmente para luchar en otro duelo contra el Oso.
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Mukuro dio un mortal hacia atrás, esquivando a un Monokuma que intento decapitarla, y rodando hacia un lado una vez aterrizo en el piso, la batalla se había alargado más de lo que a ella le hubiera gustado, sin embargo aún estaba en buena forma para poder seguir.
"¡No te preocupes, niña!" Gritó un Monokuma. "Prometo que no dejare que Naegi muera."
La Mercenaria esquivo a otro Monokuma, contraatacando con una patada y enviándolo lejos, no importaba cuantos Osos ella destruyera, más y más aparecían para tomar su lugar, era esencialmente una batalla sin fin.
"¡Mientras Naegi y los demás estén vivos puedo borrar sus recuerdos cuanto quiera!" Dijo otro Monokuma, Mukuro se tensó ante esto, pero la sorpresa no menguo sus defensas en lo absoluto.
La pelinegra saltó, mientras giraba verticalmente con todo su cuerpo en el aire para aterrizar asestando una mortífera patada a un Monokuma, destruyendo el cuerpo del robot por la fuerza de sus piernas.
Chispas saltaron, y Mukuro no perdió el tiempo para pasar de modo ofensivo a evasivo, mientras comenzaba a esquivar a los diferentes robots que la atacaban desde varios flancos.
"¡Mukuro!" Escuchó un gritó e inmediatamente reconoció la voz como la de su hermana, Junko Enoshima.
Pero ella lo ignoró.
La Mercenaria no ostentaba su título solo por ser una experta en el uso de armas, sino que como cual soldado ejemplar, ella podía controlar sus sentimientos mucho mejor que cualquier persona normal.
Tal como lo hacía ahora, que a pesar de escuchar la voz de su hermana, quien hasta hace poco tiempo era su persona más preciada, ella no sucumbió a sus emociones.
Varios Monokumas se lanzaron por sobre ella, pero la pelinegra, con un tiempo de reacción muy pequeño, se agacho con rapidez y tal cual bailarín de Break Dance, apoyo su cabeza en el suelo e inmediatamente después impulso sus piernas como las astas de un helicóptero para comenzar a girar, pateando a todos los osos que intentaban acercarse a ella.
Mukuro luego de su ataque giratorio, se levantó de un salto, mientras miraba a su alrededor; Había formado una buena distancia de los Monokuma, si bien aún estaba rodeada por todos lados.
Ella apretó los dientes con fuerza, y tensando sus músculos salto de nuevo para luchar.
"¡Esquívalo, Mukuro!" La Mercenaria escuchó la voz de Makoto Naegi.
Abrió los ojos con suma sorpresa cuando lo escucho, no estaba por ningún lado, pero le tomo menos de un segundo darse cuenta que era una grabación de Junko con el objetivo de hacer que bajara la guardia.
Y lo logro sin problemas.
Al instante siguiente de que Mukuro hubiera escuchado esa grabación, se encontró cayendo al suelo; varios Monokumas la habían tomado de una de sus piernas.
"Ugh." Gimió ella cuando cayó duramente contra el suelo.
Más y más robots se sumaron, sujetándola de todas sus extremidades, y a pesar de cualquier cosa, estos en multitud eran sumamente fuertes, incluso con este tipo de situación adversa, la expresión de Mukuro no mostro indicio de temor.
Un Monokuma salto y se sentó en su pecho, mirándola con una sonrisa divertida a sus vanos intentos de liberarse.
"Jo… Sentarme aquí es como sentarme en una mesa…" Dijo Monokuma con burla. "Puedes tener unas buenas piernas, pero por delante eres una tabla, aunque que lo tengas todo ya sería demasiada buena suerte para Naegi."
". . ." La pelinegra no respondió, pero tampoco se inmuto ante las bromas y burlas de Monokuma.
"¿Qué debería hacer contigo? ¿Matarte? ¿Traer a un pulpo que te destroce por todos los ángulos? O tal vez… ¿Dejarte salir con Naegi?"
". . ."
"Lo primero era broma, lo siento, es que estoy sentando en los pechos de una hermosa mujer, ¿Cómo quieren que no me ponga a mil? ¡Tienes suerte de que esto sea clasificación T y no M!" Dijo Monokuma, imitando vagamente un sonrojo. "En fin, ¡Podría matarte ahora mismo, pero al público no le gustaría tan desesperado final!"
Mukuro miró directamente a Monokuma con neutralidad. "… ¿Y entonces, qué me harás?"
"Nada, me ceñiré al plan original y te borrare los recuerdos para que participes en el juego de matar de nuevo." Dijo Monokuma. "Pero hacerlo todo igual sería muy aburrido, ¿no? ¡Esta vez te hare participar como Mukuro Ikusaba!"
"¿Q-que?"
"Te quitare más recuerdos que a esa pobre intento de detective, serás la pobre chica con tanta amnesia que no puede ni siquiera abrir una puerta por su cuenta."
El Oso siguió describiendo su desesperante plan con toda la calma, rodeado por aquella escena tan especial de ella siendo sostenida por todas sus extremidades impidiendo que se moviera.
"Obviamente, Naegi te va ayudar, es un joven tan idiota. Entonces cuando se vaya descubriendo el secreto de la academia… ¡Se darán cuenta que la linda chica amnésica es en realidad una de las promotoras de este retorcido juego!" Dijo Monokuma entre risas. "De seguro mataras a alguien por puro instinto, conociendo lo desconfiada y violenta que eres."
Mukuro abrió mucho los ojos, ahora con un ligero indicio de temor, mientras aplicaba toda la fuerza que tenía para intentar levantarse y quitarse a Monokuma de encima.
"¡No puedes hacer eso!" Gritó Mukuro apretando los dientes, no importara cuanto intentara, no podía levantarse.
Su hermana iba a borrarle la memoria, ella no podía permitirlo, le daba igual lo que sus compañeros pudieran hacerle, pero si perdía sus recuerdos significaba que perdería todo en su vida.
Perdería los pocos recuerdos buenos de su hermana y más importante, perdería todo sobre Naegi, saber que ya no recordaría a la única persona que genuinamente se preocupó por ella y la apoyó siempre era una idea muy aterradora para Mukuro.
"No, no, no, no, no, no, no, no, no, no." Esa sencilla palabra se repetía una y otra vez en la cabeza de Mukuro, quien tenía una expresión de puro terror cuando se dio cuenta de lo que Monokuma haría con ella.
"¿Qué sucede? ¡Jojojo! Al parecer al fin veo la desesperación en tu cara." Comentó Monokuma con un tono macabro. "¿Debería atarte? ¿O quieres que hagamos este juego aún más masoquista y picante?"
Mukuro no respondió, limitándose a seguir intentando escapar.
"Upupupu, deja de intentar moverte." Se burló el Oso. "Te ves muy hermosa tirada en el suelo, sin intención de parecer un disco rayado, debo decir de nuevo que lástima que esto sea clasificación T…"
La Mercenaria seguía ignorando todo lo que el Oso decía, mientras aplicaba toda la fuerza en las extremidades de su cuerpo para quitarse a los Monokumas de encima.
Sus dientes estaban apretados hasta el punto que la pelinegra pensó que en cualquier momento podrían romperse, las venas de sus brazos, piernas, cuello y frente eran visibles debido al fuerte esfuerzo que estaba dando.
"¿Crees que esto es un Shonen? ¡No te sacaras poderes de la manga para liberarte de aquí! ¡Eres una—!"
El Monokuma fue interrumpido por Mukuro, quien por fortuna y esfuerzo había podido liberar su mano derecha, tomando al Oso por la cabeza y lanzándolo contra los robots que venían a tomar de nuevo su extremidad.
Sus siguientes objetivos fueron los Osos que tenían su mano izquierda, tomándolos a todos y lanzándolos a volar, algo muy fácil porque estos a diferencia de los otros, no saltaron a atacarla ni intentaron impedírselo.
Junko era un genio, pero no podía controlar cientos de robots al mismo tiempo.
Con un gritó, Mukuro golpeo con fuerza a los robots que tenían sus piernas, liberándose y levantándose al instante de estar libre. Escaneo rápidamente la habitación para ver que la situación era la misma que momentos antes.
Estaba rodeada y debía pelear.
Pero ella no haría eso, no, ahora tenía una meta más importante a corto plazo; Huir, su raciocinio volvió, y sabía que esta lucha no tenía sentido, esencialmente lo que había estado haciendo era perder el tiempo.
Sus ojos se desviaron hacia la puerta que daba al pasillo, no estaba cerrada, por lo que ella podía irse si llegaba hasta allá.
No lo pensó dos veces antes de comenzar a correr, se sentía cansada por el esfuerzo de antes, pero aun podía esquivar a los osos que intentaban matarla, salto un par que intentaron cortarla con sus garras, antes de llegar a pocos metros de la puerta de entrada.
"¡Jojojo! ¿Pensaste que huirías así de fácil?"
Mukuro se tensó, estaba a menos de un metro de la entrada, pero un Monokuma se las había arreglado para colocarse en su espalda, sin embargo, ella no tena tiempo para detenerse.
"¡Uf, uf! ¡Estoy en la suave espalda de una adolescente sensual! ¡Uf, uf, estoy tan caliente que voy a explotar!"
Y antes de que Mukuro pudiera asimilar sus palabras, el Monokuma estallo en su espalda, fue una explosión débil, como las anteriores, pero sin duda fue lo suficiente para causar un considerable daño en su ya cansado cuerpo.
Salió disparada hacia el pasillo, tropezándose con sus pies, y con una ligera nube de humo cubriendo su espalda, choco de cara contra la pared al no poder detener su propio impulso gracias a la explosión.
Y se dio cuenta de que la puerta de la entrada ahora se encontraba cerrada, con el sonido de varios Monokumas golpeándola para poder salir, Mukuro suspiró mientras se levantaba.
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"¿Dónde podrían estar Naegi y Kirigiri?" Pensó Mukuro con rapidez, mientras empezaba un trote lento por el pasillo.
Después de revisar la enfermería y darse cuenta de que nadie estaba allí, rápidamente llego a la conclusión de que Naegi debería estar en el dormitorio, decidiendo ir allí a la mayor velocidad que podía.
Corrió por los pasillos, jadeante, pero con suma urgencia por comprobar que Naegi estuviera bien y a salvo, finalmente después de varios minutos de marcha llego al área de los dormitorios.
El comedor estaba frente a ella, pero Mukuro lo ignoro por completo, corriendo sin aliento hacia las habitaciones.
"¡Naegi! ¡Naegi!" Gritó ella con todas sus fuerzas antes de caer de rodillas en el suelo apoyándose en sus manos.
Su cuerpo había dejado de responder al ser forzado más allá de sus límites.
Ella necesitaba descansar.
Jadeó, mientras intentaba recuperar el aliento, sin mucho éxito, su frente sudaba y su ropa estaba magullada, gastada y parcialmente destruida, podía seguir consiente, pero a no ser que descansara no podría continuar.
Estaba tan cerca de su objetivo, pero su cuerpo ya no quería responder a sus demandas, internamente maldijo por su debilidad.
"¡Mukuro!" Grito una voz que ella podía identificar como Makoto Naegi, sin embargo no se emocionó, sabiendo que podría ser un perfecto engaño de su hermana.
Alzo la cabeza lentamente, y tanto sus ojos como su boca se abrieron con suma sorpresa, cuando vio a Makoto acercándose a ella con preocupación y dolor, su paso era lento y era seguido por Sakura Ogami con manos extendidas, precavida de que el fuera a desfallecer en cualquier momento.
Y a pesar de la situación, ella sintió que una sonrisa se formaba en sus labios, pequeña, casi imperceptible, pero estaba allí.
"Al menos, él está bien…" Se dijo a sí misma con alivio.
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Makoto Naegi se encontraba acostado en la cama de la habitación de Toko Fukawa. Una vez que Kirigiri, Fujisaki y Sakura llegaron, decidieron que todos se quedarían en la habitación de la escritora por seguridad y porque allí podían supervisar a la Genocida Shou para que no pudiera escapar.
Todos se encontraban allí, con la excepción de Mondo Owada, de quien nadie sabía dónde podría encontrarse, pero que por orden de Kirigiri dejaron la puerta abierta en el caso de que llegara para que pudiera encontrarlos.
Los estudiantes presentes miraban al Afortunado Definitivo mientras este relataba la historia de cómo acabaron aquí. Todos miraban con suma estupefacción, a excepción de Shou, Kirigiri y Fujisaki que habían escuchado o sabían la historia de antemano.
Ocasionalmente la detective Definitiva constataba algunas afirmación del Afortunado, ella que si bien no tenía recuerdos de lo ocurrido, usaba la historia que Mukuro les había dicho en la enfermería como referencia.
"No me lo creo, no me lo creo, no me lo creo, no me lo creo, no me lo creo." Repetía Leon tomándose del cabello. "¿Me estás diciendo que el mundo afuera está destruido?"
"Si…" Respondió Makoto, sus heridas ya no sangraban, pero sentía dolor por todo el cuerpo lo que le impedía moverse con soltura.
"¿Y dicen que lo destruyo Junko Enoshima?" Preguntó Taka con seriedad, un sudor frio recorría su frente.
"Exactamente." Esta vez fue el turno de Kirigiri para responder.
"Entonces, hemos sido engañados todo este tiempo, ni Makoto ni Mukuro son unos traidores." Dijo Sakura cerrando los ojos, aun sin creérselo del todo.
Byakuya Togami chasqueo la lengua, una de sus mejillas estaba sumamente inflamada por la patada que Mukuro le había dado, y sus lentes habían quedado destrozados por lo que había optado por no seguir usándolos.
Fue secundado por Celestia, quien solo suspiró negando con la cabeza.
"¿Qué sucede, hombre apaleado?" Preguntó Hagakure con burla.
El Heredero le ignoró. "No, no hemos sido engañados por nadie." Sostuvo el con el ceño fruncido.
"¿A qué se refiere, Señor Togami?" Preguntó Yamada esta vez.
"Makoto no es un terrorista, eso está claro, pero la propia historia que nos está contando nos confirma que Mukuro SI lo es." Celeste dijo con su expresión neutral de siempre. "Es decir, Mukuro Ikusaba es hermana de Junko Enoshima, y vestía como Junko Enoshima, ¿Nadie ha pensado en eso?"
Kirigiri negó con la cabeza. "Por supuesto, sin embargo, ella ha confirmado no estar de parte de la mente maestra."
"¿Y?" Cuestionó Byakuya. "¿Qué te hace pensar en que no está mintiendo? Podría estar haciéndolo para matarnos."
"¿Qué te hace pensar que estaría mintiendo? ¿Te das cuenta de que hay ametralladoras en varias partes de la academia que nos podrían pulverizar? No importa cómo se vea, es obvio que ya no trabaja con la mente maestra." Respondió Kirigiri con el ceño fruncido.
Todos los demás estudiantes estaban en silencio, mirando la discusión sin querer incluirse.
"Está bien, Kirigiri, entonces, te preguntare esto, ¿Y la gente asesinada?" Preguntó Celestia.
"¿Qué quieres decir?"
"Si el mundo fue destruido por Enoshima, y Mukuro es hermana de Enoshima, ¿Puedes afirmar que ella no habría matado a nadie por la causa? Si es cierto que el mundo está destruido, las victimas las contaríamos por millones, ¿Cuántos de esos crees que Mukuro habría asesinado?"
"Si lo analizamos, el hackeo de Madarai fue increíblemente conveniente, y si pensamos que fue un engaño de Junko la conclusión es demasiado obvia; En el caso de que Mukuro este de nuestro lado, solo lo está porque no tiene otra opción ya que la mente maestra la ha traicionado." Dijo Byakuya con seriedad. "Si usan sus cerebros podrán concluir que Mukuro hubiera seguido colaborando con la mente maestra sino la hubiera traicionado."
"¡Eso no es verdad!" Gritó Naegi con enojo, haciendo que todos le miraran sorprendidos cuando él se sentó en la cama, tomándose con fuerza de su herida para que no se abriera de nuevo. "¡No puedes afirmar algo como eso sino conoces a Mukuro!"
"Puedo afirmar lo que quiera si tengo las pruebas para ello, y desgraciadamente para ti, plebeyo, tengo más que suficientes." Dijo el Heredero Definitivo sin inmutarse.
Celestia asintió. "Si Enoshima no hubiera traicionado a Mukuro, ¿Crees que sería Mukuro la que hubiera traicionado a Enoshima?"
Makoto asintió sin dudar. "¡Ella lo hubiera hecho, porque ya lo hizo antes!" Exclamó el Afortunado.
El Heredero solo alzo una ceja. "Explica, ahora."
"¡Mukuro intento hablar con Junko antes!" Al ver la gran cantidad de miradas que estaba recibiendo, el decidió ser más explícito. "¡El día que fuimos a la librería, ella dijo que se arrepentía de lo que haría, pero que había llegado a un punto donde no podía retornar, lo hizo porque no quería perdernos!"
"¿Ella te lo dijo o lo viste?" Celestia preguntó.
"Ella me lo dijo." Respondió Naegi.
"No puedes tomar eso como información verídica, pudo mentirte o tu mentirnos en este momento." Kirigiri dijo, con el ceño fuertemente fruncido, sus puños estaban apretados, no quería ir en contra de Naegi, pero ella era alguien que piensa con lógica, no con emociones.
"¡Yo puedo afirmar que eso SI es cierto, tan cierto como que Luigi y Mario son hermanos!" Dijo la Genocida Shou, amarrada y puesta cerca de una de las esquinas de su habitación. "La samurái silenciosa tenía una devoción muy extraña por su hermana que rozaba lo yuri, pero también tenía esa misma con Big Mac, además, mi otra yo estuvo allí. ¡Puedo dar fe de eso!"
"¿Big Mac es Makoto, no?" Preguntó Celestia con una inclinación de cabeza.
"¡Exacto! ¡El punto es que estoy a favor de Monadaegi!"
"¿Y eso que nos importa? Lo que ustedes exponen no son más que simples percepciones sobre algo que podría o no ser cierto, no tiene validez alguna." Dijo Togami. "Y aunque fuera cierto, eso no quita todo el daño que ha ocasionado."
Makoto apretó los dientes, a sabiendas de que no convencería a nadie. Su cerebro maquino alguna forma de afrontar la situación, ¿Si no podía lograr que confiaran en Mukuro, que podía hacer?
Una idea le vino a la cabeza: Si nadie confiara en Mukuro, haría que las personas confiaran en él y en el hecho de que ella estaba de su lado.
"Byakuya, tu eres mi amigo—"
El Heredero lo interrumpió sin problemas. "No sueñes, no tendría razón alguna para juntarme con un plebeyo como tú."
"No, tu eres mi amigo, solo que no lo recuerdas, tú me contaste el cómo llegaste a ser el Heredero de la familia Togami, me hablaste sobre tus hermanos." Dijo Makoto con una expresión determinada.
Los ojos de Togami se abrieron con sorpresa poco disimulada. "¿C-como sabes eso?"
"Celestia, tú me dijiste sobre como jugabas tu vida en cada apuesta, y tu verdadero nombre." Siguió Naegi.
"Oh…" Fue lo único que alcanzo a decir la Apostadora mientras se tapaba la boca con ambas manos.
Makoto miró a la Luchadora. "Tú, Sakura, me contaste sobre como tu padre te entreno desde pequeña, incluso me hablaste sobre Kenshiro."
"¿Q-que?"
"Tú me lo dijiste, y tú, Hagakure, me contaste sobre tus problemas con la Yakuza." Terminó el Afortunado con un asentimiento.
"¿¡Que!? ¿¡Como lo sabes!? ¿¡Lees las mentes, lees las mentes, verdad!?"
Makoto negó con la cabeza ante las palabras de Hagakure, levantándose con sumo pesar de la cama, y siendo sostenido por Kirigiri, quien le sugirió acostarse de nuevo cosa que el negó.
"Por favor, confíen en mí. Por la confianza que ustedes tuvieron conmigo antes, les puedo asegurar que Mukuro está de nuestro lado." Rogó el Afortunado mirándolos a todos.
La habitación se llenó de silencio, todos mirando al Afortunado por un largo tiempo, hasta que Sakura Ogami caminó hasta estar al lado de Makoto.
"Te creo." Fue lo que dijo. "Si mi yo del pasado te confió esa información, sé que eres alguien de confianza, creeré en ti cuando dices que Mukuro está de nuestro lado."
Celestia asintió con lentitud. "Supongo que también podría depositar mi confianza en ti… Arriesgare todo con esta apuesta." Expresó con una mueca divertida.
"Yo no estoy de acuerdo, pero te daré el beneficio de la duda." Dijo Togami, y Makoto sintió como una sonrisa se formaba en sus labios. "Pero no creas, que Mukuro este de nuestro lado no cambia lo que hizo."
"O pudo haber hecho." Corrigió Kirigiri mirándolo. "No asumas que mató a millones sin mayores pruebas."
Makoto sonrió a Kirigiri, quien solo asintió en respuesta, el recordaba que ella nunca fue la mejor para hablar, pero siempre buscaba apoyar al quien tuviera la razón y ser imparcial.
"¡Naegi! ¡Naegi!" El Afortunado escucho los gritos de Mukuro a las afueras de la habitación, sorprendiéndolo.
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"Mukuro…" Musitó Naegi antes de comenzar a caminar lo más rápido que podía hacia la puerta, nadie se lo impidió, pero Sakura comenzó a seguirlo en caso de que pudiera desfallecer por sus heridas.
Salieron del área de los dormitorios y allí la vieron, a Mukuro Ikusaba, la estudiante Mercenaria Definitiva, estaba arrodillada y con las manos apoyadas en el piso.
Se veía en mal estado, ya que su ropa estaba sucia y destruida, no lo suficiente para ser reveladora, pero si para darse cuenta de que había salido de una encarnizada batalla hace poco.
La Mercenaria intento torpemente levantarse y se acercó a él con lentitud, solo para tropezar de nuevo con sus propios pies y caer de cara al suelo.
Para ella, estos eran los efectos secundarios de la perdida de adrenalina después de una pelea, una vez esta se va, el agotamiento hace mella en el cuerpo y la pelinegra ahora se encontraba cansada hasta el extremo.
Makoto se acercó a ella, sin embargo solo se quedó a su lado, mientras la miraba tirada en el piso, no porque le tuviera miedo, sino que gracias a sus heridas no podía ejercer suficiente fuerza para ayudarla a levantarse.
De hecho, la sola acción de que estuviera caminando ya era peligroso y su expresión adolorida eran solo una confirmación de ello.
"¿M-Mukuro, estas bien?" Naegi sabía que esta era una pregunta sumamente obvia y su respuesta era aún más obvia, pero no pudo evitar preguntarlo.
La pelinegra intento levantarse para verlo, pero antes de que pudiera esforzarse mucho, fue cargada por Sakura al puro estilo princesa, sin ningún tipo de complicación.
"¿O-Ogami?" Preguntó Mukuro con voz sorprendida, aun recuperando el aliento.
"No tienes que preocuparte, somos aliados, por ahora." Le dijo con expresión seria ella mientras caminaba.
Makoto les siguió a paso lento, hasta que volvieron a llegar a la habitación, donde Ogami depositó a Mukuro en la cama, cosa que ella agradeció, y luego por orden de Kirigiri, Makoto tuvo que sentarse al lado de la pelinegra para no forzarse a estar parado en su condición.
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"Entonces, ¿Mukuro Ikusaba, cierto?" Preguntó Ishimaru. "¿Qué te ha sucedido?"
Ella inicialmente no respondió, solo cerrando los ojos y jadeando, aun recuperando el aliento perdido, hasta varios segundos después. "Estaba luchando contra los Monokumas."
Ishimaru abrió los ojos con sorpresa, pero antes de que pudiera preguntar de nuevo, Byakuya se le adelanto. "¿Cómo podemos salir de aquí?"
"No se puede." Mukuro respondió inmediatamente. "No hay ninguna forma de salir, en ningún piso de la academia, la única que puede dejarnos salir es Junko."
La habitación quedo en silencio de nuevo, pero Sayaka alzo una mano, haciendo que todos se fijaran en ella.
"¿No hay una forma de convencer a Junko?" Preguntó la Idol con incomodidad.
"¡Por supuesto que la hay, de hecho hay muchas!" Exclamó Monokuma, quien estaba al lado de Leon y Hagakure, haciendo que estos corrieran hacia Sakura para protegerse.
"¡Deja de hace eso!" Suplicó Hagakure asustado.
"Upupupu, lo siento, me divierte. De todas formas, ¿Escuche que alguien pregunto por una forma de dominar el mundo?"
"Monokuma, limítate a responder." Dijo Celestia con indiferencia.
"Si, jefa… ¿Quieren convencer a Junko de que los deje salir de la Academia?" Preguntó retóricamente. "Pues tienen dos formas, la primera es con el poder de la amistad—"
"¡Deja las bromas aun lado, maldito oso de los cojones!" Gritó la Apostadora con furia atrayendo las miradas sorprendidas de todos en la habitación, para poco después volver a su expresión habitual. "Lo siento por mi pequeño arrebato."
"E-e-e-e-e-eh, no me extraña que no tengas novio." Dijo Monokuma con miedo. "En fin, todos dependen de Mukuro para salir de aquí."
Casi de inmediato todas las miradas recayeron en la Mercenaria, quien aún acostada en la cama no se inmuto ante lo dicho por el Oso, Naegi a su lado le miro, sin embargo ella no le devolvió la mirada.
"¿A qué te refieres?" Preguntó Asahina.
"Es sencillo, quiero que en veinte minutos Mukuro me busque en el comedor, hablaremos algunas cosas y los dejare salir de aquí, sencillo. Hasta un Hagakure podría entenderlo." Dijo Monokuma, haciendo que vidente frunciera el ceño. "Antes de que alguien diga algo, no, no hay preguntas, adiós."
Y dicho eso, el Oso desapareció sin dejar rastro alguno.
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"Veinte minutos, eh." Byakuya fue el primero en comentar con el ceño fruncido antes de girar hacia la pelinegra. "Al parecer, todo depende de ti, plebeya."
"Si." Los estudiantes otros dijeron.
"Demuestra que la confianza que hemos depositado en Naegi es real." Comentó Celestia. "Si lo haces, hare la vista gorda y no te reportare a las autoridades si llegamos a salir de este lugar."
Mukuro sonrió, mientras se sentaba en la cama con pesar, aun se sentía exhausta, pero ahora podía moverse mejor y estaba segura de no tener problemas para hablar.
"¿A qué autoridades te refieres? La policía y el ejército ya no existen, en todo caso estaría la Fundación del Futuro, en la cual ustedes no tienen ningún tipo de influencia."
Byakuya frunció el ceño, tenía curiosidad por la fundación del futuro por lo que no perdió la ocasión para preguntar. "¿Qué es esta fundación del futuro?"
"Una organización compuesta por estudiantes graduados de la Academia que tienen el objetivo de restaurar el mundo." Respondió Mukuro sin dudar. "Luchan contra la desesperación definitiva, es decir, con los que destruyeron el mundo."
"¿Cuántos son exactamente la desesperación definitiva?" Preguntó Ishimaru.
"No tengo idea del número exacto, pero puedo decirles que son más de cincuenta mil personas, solo en Japón, y con ello están los estudiantes definitivos de la Clase 77, los cuales son sumamente peligrosos." Explicó Mukuro, asombrando a la gran mayoría de los presentes.
"¿Quiénes están con ellos?" Kirigiri inquirió con curiosidad, la información que sacaran de esto era esencialmente inútil, pero su curiosidad era muy grande como para no satisfacerla.
"Los más peligrosos serian Nagito Komaeda, el Afortunado Definitivo, Akane Owari, la Gimnasta Definitiva y Nekomaru Nidai, el Entrenador Definitivo." Los nombro Mukuro, con una mueca pensativa. "Tanto Nekomaru como Akane podrían derrotar a Sakura por sí mismos."
"¿T-tan fuertes son?" Murmuró Sayaka con incredulidad.
"¿Podrían vencer a Ogro?" Dijo Hagakure con la boca abierta.
"Al parecer, son enemigos temibles." Musitó Sakura con una mirada seria.
Celestia suspiró. "Hay que cortar la conversación, esta información aunque interesante, es inútil para los que nos concierne."
"Estoy de acuerdo con ella." Dijo Togami con un asentimiento. "Aunque, no me agrada dejar mi destino en manos de una plebeya."
"Eso es lo que nos toca, y no estás en posición de quejarte." Le dijo Kirigiri con un tono frio.
El Heredero suspiró. "Ya lo sé. Así que es mejor que a la plebeya no se le ocurra fallar."
Mukuro se encontraba sentada en la cama, con la cara enterrada entre las manos, pero aun así asintió en señal de que había escuchado las palabras de Togami.
Makoto se sentó a su lado y colocó una mano en su hombro para llamar la atención, lo que hizo efectivamente cuando ella volteó a mirarlo, con una expresión en blanco.
"¿Estas bien, Mukuro?" Preguntó Naegi con preocupación.
"Si. Estoy bien." Respondió ella con el menor indicio de una sonrisa. "¿Tu estas bien?"
"Si, me duele mucho todo el cuerpo—"
"¿Y tu cabeza, te duele?" Interrumpió Mukuro.
"No. Mi cabeza está bien."
La pelinegra sonrió. "Ya veo, me alegro. Entonces, me gustaría darte algo."
Makoto enarcó una ceja confundida, pero Mukuro girándose un poco tomó la cara del Afortunado con ambas manos, acercándola a la suya.
A pesar de la situación en la que estaban y que los demás se encontraban allí presentes, Makoto no pudo evitar sonrojarse, ¿Mukuro acaso iba a besarlo? Mientras sus caras más se acercaban, el Afortunado cerro los ojos por instinto.
Y sintió un fuerte dolor en su frente, como si algo hubiera impactado contra ella.
Mukuro lo había golpeado.
Se tomó su frente con ambas manos, mientras gruñía de dolor, estuvo a punto de caerse de la cama sino fuera por la pelinegra, quien lo tomo de su chaqueta para evitar que cayera.
Makoto abrió los ojos con dolor. "¿P-por qué fue eso?"
"Eres un idiota, Naegi." Respondió Mukuro con el ceño fruncido. "¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué casi mueres por mí?"
"Lo hice porque—"
"¡Cállate!" Exclamó Mukuro con enojo, el Afortunado pudo ver que en sus ojos la única emoción visible era la tristeza. "Makoto… Tu eres todo lo que me queda, ¿acaso no lo sabes?"
El Afortunado se quedó en silencio, mientras que los otros estudiantes se encontraban incomodos al escuchar una conversación que no les incumbía, fue Kirigiri quien tomo la iniciativa.
"Vamos a darles un poco de privacidad." Dijo ella, y salió por la puerta, fue seguida poco a poco por los demás estudiantes, incluyendo a la Genocida Shou, quien era cargada por Sakura ya que seguía amarrada.
Mukuro agradeció en silencio, ella siempre tuvo problemas para expresar lo que pensaba, y se sentía más segura ahora que se encontraban ellos dos solos y con la puerta cerrada.
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"M-Mukuro, lo siento." Se disculpó Naegi con torpeza. "Pero, no podía quedarme allí y simplemente ver como morías."
"Makoto, tu eres todo lo que tengo, yo… No quiero que tu mueras, cuando te vi siendo atravesado por la lanza, pensé que todo había terminado allí para mí."
Lo que decía la Mercenaria era cierto, cuando Mukuro Ikusaba vio como Naegi era empalado, sintió que todo su mundo se había venido abajo; Su hermana traicionándola y la única persona que amaba muriendo ante ella.
Pero afortunadamente, Makoto había sobrevivido, y cuando la Mercenaria supo eso, lucho para salvarlo a sabiendas de que ahora sería el objetivo de dos bandos que querían asesinarlos.
Makoto miró a la Mercenaria con una expresión perpleja. "Lo mismo aplica para mí, no podía dejar que murieras, lo hice sin pensar… Y lo volvería a hacer de nuevo."
"¡No entiendes! ¡Tú tienes personas que se preocupan por ti, no puedes morir! ¡Tu hermana aún vive, tienes que ayudarla!" Dijo la pelinegra con ira antes de que sus hombros cayeran. "En cambio, yo no tengo a nadie."
Makoto iba a protestar, pero antes de que pudiera hacerlo, Mukuro se tapó los oídos y cerró los ojos con fuerza, negando con la cabeza repetidas veces.
"Siempre fui la sombra de mi hermana… Nunca tuve a nadie a quien podía decir amigo, seguí ciegamente a Junko porque pensé que algún día ella me querría, que podría levantarme cada mañana pensando que le importaba a alguien…" Comentó Mukuro con voz baja, aun si abrir los ojos. "Pero, ya ves como terminó."
"Mukuro, eso no—" Comenzó Naegi, pero fue interrumpido.
"¿Entiendes lo que te digo? Tú eres importante para los demás, Makoto. En cambio, si las lanzas me hubiera empalado a mí, a nadie—"
¡POOM!
Fue rápido, fue repentino, pero Mukuro solo pudo gemir de dolor cuando el puño de Makoto, junto a todo el peso de su cuerpo conectó con su estómago. Ella retrocedió varios pasos, chocando con la mesa de Fukawa y tumbándola cuando finalmente perdió el equilibrio y cayó al suelo.
Makoto no era alguien fuerte, pero gracias a que se había lanzado junto a su golpe, había sido suficiente como para sacarle el aire a la mercenaria, ella tenía una mirada dolorida y de incredulidad cuando volteó a ver al afortunado.
Este se encontraba arrodillado, tomándose con fuerza del estómago, uno de sus ojos estaba cerrado y se mordía tan fuerte su labio inferior para mitigar su propio dolo que un hilo de sangre caía hacia su barbilla.
Makoto sacó fuerzas de donde no las tenía para continuar. "¡Eres una idiota!" Le gritó el con enojo, algo extremadamente raro en el chico. "¿¡Porque dices eso, Mukuro!? ¿¡Porque crees que te salvé!? ¿¡Acaso crees que lo hice porque eres la sombra de Junko!?"
"M-Makoto…" Dijo Mukuro con asombro, su boca estaba abierta, solo mirando la faceta iracunda del Afortunado que nunca antes en su vida había visto, la ira no era algo propio de él.
Naegi apretó los dientes, mientras se agarraba su estómago. "Mukuro, responde. ¿Por qué crees que te salve?"
"…" Ella solo le miró, para responder después de varios segundos. "… Porque, tu salvarías a cualquiera."
"¡Eso no es verdad!" Gritó Makoto. "¡Me conozco, no soy tan valiente para sacrificar mi vida por alguien más, soy un cobarde! ¡Pero aun sabiendo eso, te salve, lo hice sin pensar! ¿Sabes porque? ¡Porque eres especial, Mukuro, porque me importas!"
"…" Las declaraciones del Afortunado fueron suficiente para dejarla sin palabras.
"¡No digas que a nadie le importaría si tu hubieras sido empalada por las lanzas!" Reprendió Makoto, bajando su tono de voz, evidentemente cansado de gritar. "Por favor, recuerda que aunque Junko te haya traicionado, yo estoy contigo."
Mukuro miro a Makoto, quien ahora tenía una suave sonrisa en su cara. En este punto, la mercenaria tenía las cejas fuertemente fruncidas y su visión comenzaba a ser borrosa, producto de las lágrimas contenidas que amenazaban con salir.
"Siempre estaré a tu lado, pase lo que pase." Dijo el con una sonrisa. "No soy el más listo, ni más fuerte, ni veloz. Pero, yo nunca jamás dejare de estar contigo."
Mukuro apoyó sus manos contra el suelo, bajo la cabeza para que el Afortunado no pudiera ver las lágrimas que empezaban a salir de sus ojos, aunque este sí pudo escuchar los pequeños llantos de la chica.
"G-gracias, Makoto…" Dijo ella mientras lloraba, aun sin mirarlo. "Gracias."
La sonrisa del afortunado se ensanchó por algunos segundos antes de que gimiera de dolor, Mukuro levantó la cabeza alarmada antes de acercarse con rapidez a él.
Lo tomo por los hombros, las lágrimas corrían por sus ojos, pero se las arregló para preguntar. "¡Makoto! ¿Estás bien?"
El levantó la cabeza con su característica sonrisa. "D-descuida." Dijo el, aminorando su expresión, era obvio que solo estaba soportándolo, pero sus heridas no se habían abierto de nuevo por lo que su vida no corría riesgos.
Y sin que la pelinegra pudiera decir nada, Makoto la atrajo a un torpe abrazo, conteniendo sus gemidos de dolor la presionó lo más posible contra él, intentando mitigar sus propias preocupaciones y servir como ayuda para ella.
Mukuro, quien se mostró tensa al principio, correspondió al abrazo aunque con mucha menos fuerza que el Afortunado con cuidado de no lastimarlo, se permitió el capricho de enterrar su cara en el hombro del chico.
El Afortunado apretó a la pelinegra, y ella escuchó como el suspiró. "Mukuro… Saldremos de este lugar, pase lo que pase, tu vendrás con nosotros, no te dejaré aquí…" Soltó Makoto con tono determinado.
"No entiendes, Makoto." Dijo Mukuro, con su voz ligeramente ronca por su llanto anterior. "Ya no hay un futuro para mí, he llegado a un punto de no retorno—"
"Todos hemos cometido errores en el pasado, Mukuro…" Expresó el cerrando los ojos y dejando que el olor de la mercenaria entrara en sus fosas nasales. "… Tu puedes cambiar, dejar todo esto atrás, estoy—"
"La fundación del futuro me matará solo con poner un pie fuera de este lugar. No hay ninguna posibilidad para mí."
"¡Claro que la hay!" Exclamó Makoto separándose lo suficiente de ella para mirarla a los ojos. "¡No sé cómo funciona la fundación del futuro, pero me salvaste la vida, estas luchando contra Junko y nos estas ayudando a salir! ¡Cuando estemos fuera todos abogaremos por ti, no dejaremos que mueras!"
"… ¿En serio?" Preguntó Mukuro a nadie en particular, sus ojos estaban fijos en Makoto, pero su mirada se encontraba perdida, como si vagara en un infinito vacío, sin embargo, el brillo regresó a sus ojos y dio la sonrisa más grande que Naegi haya visto de ella, solo empañada por las lágrimas que aun corrían por sus ojos. "Gracias, Makoto."
Ella no estaba segura de que lo que decía Makoto fuera verdad, las probabilidades de que si salieran fuera ejecutada eran extremadamente altas, en el mejor de los casos seria encarcelada de por vida en algún lugar con seguridad máxima.
Pero la esperanza del Estudiante Afortunado era contagiosa, siempre pensando en positivo, sin importar lo adverso de los momentos el buscaría lo solución más optimista y lucharía por ello.
Era una de las tantas cualidades que Mukuro amaba de él.
"¡Beso, beso, beso!" Gritó Monokuma, sentado en la cama, quien como acostumbraba habitualmente, había salido de la nada y miraba la escena de ellos con picardía. "¡Vamos, bésala, no decepciones, Makoto, que sé que eres un pillo!"
El susodicho giro a verlo con sorpresa, que rápidamente se transformó en un ceño fruncido. "Monokuma—"
"¡Esto fue decepcionante, estuve aquí como 15 minutos y en ningún momento te dignaste a decirle que la amas, que la quieres, que estás enamorado de ella o cualquier otra cosa! ¡Solo un abrazo, un abrazo! ¡Perdí mucho de mi tiempo y ni un mísero beso!"
Mukuro se separó del Afortunado con cuidado, no se encontraba cien por cien recuperada, pero ya no se encontraba agotada hasta el extremo, por lo que con rapidez avanzó hacia la cama donde se sentaba Monokuma y lo tomo lo que sería su cuello con una de sus manos.
"¡Espera, señorita, yo solo—!"
Fue interrumpido por Mukuro quien le miraba con enojo. "¿Qué quieres?"
"Upupupu, no me mires así, ¿Qué vas a hacer si me hago pipi?" Preguntó Monokuma de forma burlona, pero luego se dirigió a Makoto con la mirada. "¡Eres un idiota, incluso la hiciste llorar de forma emotiva y no supiste leer la situación para besarla! ¿¡Es que acaso no la amas!? ¡Llénala con amor entonces!"
Makoto se sorprendió por la declaración de Monokuma, pero asintió. "Lo hare."
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"¿Y cuándo lo harás?" Preguntó Monokuma al ver que Makoto no había hecho nada después de su declaración, incluso la propia Mukuro giro completamente sonrojado a verlo.
Él se sorprendió y se apuntó a sí mismo. "¿¡Eh!? ¿Q-quieres decir ahora?"
"¡Si, ahora, menso!" Gritó Monokuma.
"No lo hagas, Makoto." Ordenó Mukuro, volviendo a mirar al Oso, ahora con una sonrisa retadora. "¡Lo haremos cuando salgamos de aquí!"
El ojo de Monokuma brilló cuando su diversión se hizo evidente. "¿Lo harán? ¿Quieres decir que harán eso? ¿Harán el ritual prohibido de reproducción conocido vulgarmente como 'el sin respeto'?"
"Eso no es de tu incumbencia." Murmuró Mukuro con un aura asesina, que fue imitada por Monokuma.
"Upupupu, así me gusta… Con la motivación antes del gran final." Dijo el Oso con tono siniestro. "Bueno, antes de que alguien tenga la inteligencia de preguntar… Tus veinte minutos de descanso se han acabado."
Monokuma sonrió con maldad, antes de que el ojo de su parte oscura empezara a brillar de un rojo intenso.
"… Te espero en la cafetería, hermanita." Esta vez fue la voz de Junko quien salió del cuerpo de Monokuma. "Ven solita."
. . .
Junko se encontraba sentada en la cafetería, desmontando a un Monokuma por simple curiosidad y ostracismo, había abierto su estómago, pero se detuvo cuando su motivación se fue, aburriéndose inmediatamente y frunciendo el ceño.
"Eres aburrido." Murmuró Junko con los cachetes inflados, antes de empujar al Monokuma desmontado y tirarlo al suelo, miró a otro robot cercano a ella con seriedad. "Oye, tu."
"Aquí estoy, para servirle, Jefa." Dijo Monokuma haciendo un torpe saludo militar.
Junko suspiró con cansancio e hizo un gesto con la mano. "Quiero beber algo."
"¿Quiere que le traiga mi especialidad, señora?"
"¿Y cuál es tu especialidad?" Preguntó Junko con curiosidad.
Monokuma se infló con orgullo. "¡Agua de Jamaica, que es de limón pero que sabe a tamarindo!"
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"¿No es agua sucia del inodoro, verdad?" Preguntó Junko haciendo una mueca.
El robot solo se rio con nerviosismo. "Eh… Tal vez."
Junko rompió a reír, siendo secundada por el Monokuma, aunque las risas duraron poco tiempo antes de que ella tomara un cuchillo de cocina cercano y lo partiera en dos.
La Modelo definitiva gruñó. "Ese maldito… ¿Por quién me toma? Ofreciendo agua de un excusado…" Dijo ella con una expresión molesta.
Esta no duro más de unos segundos antes de que ella girara a ver en otra dirección a otro Monokuma, quien la miraba con una expresión en blanco, aguardando órdenes.
"¿Quiere alguna bebida? Ya sabe, como la Pepsi-cola."
"Te dejare hecho Pepsi-cola sino me traes una." Dijo la rubia con una expresión iracunda, que luego cambió a una dulce sonrisa. "¿Puedes traerla, hermoso?"
"¡Si, señora!"
Y dicho eso, Monokuma se adentró más en la cocina, volviendo poco después con la bebida que Junko había pedido. La rubia se acomodó en su asiento a la espera de que su hermana llegara.
"Oye~, ¿Cuánto falta para que llegue?" Preguntó Junko aburrida, lanzando a un lado su bebida recién traída.
Monokuma colocó una expresión pensativa. "Mm… Yo diría que unos veinte segundos, Jefa."
Junko abrió los ojos con sorpresa, levantándose de su asiento y sacudiéndose el polvo de su falda, su hermana estaba a punto de llegar y le daría el recibimiento apropiado.
"Preparen las cosas, hijos míos." Ordenó ella en su personalidad de profesora, cuando varios Monokumas salieron debajo de las mesas de la cafetería.
Y con una rapidez vertiginosa, los Monokumas colocaron objetos de todo tipo en la mesa más grande y que los alumnos habían usado varias veces antes para comer en grupo, finalmente cubriéndola con un gran mantel cuando habían finalizado.
Un Monokuma se acercó a Junko, deteniéndose a un metro de ella. "¡Hemos terminado, Jefa!"
Junko sonrió complacida, antes de colocar una extraña pose, extendiendo ambas manos como si fuera lanzar algún tipo de poder oculto.
Monokuma ladeó la cabeza con curiosidad. "Acaso… ¿¡Quiere lanzar un Kamehameha!?"
"Error… ¡Hadouken!" Gritó Junko.
Y como por arte de magia, inmediatamente después todos los Monokumas presentes en la cafetería explotaron, cubriendo el lugar con una gran nube de humo.
Junko aprovechó el momento para sentarse en una silla de la gran mesa rectangular, mirando hacia la puerta de la cafetería a la espera de que su hermosa hermana apareciera.
¡Ella estaba muy emocionada! El hecho de que ahora hubiera sido traicionada y que su hermana viniera por ella a matarla era una sensación muy desesperante, se dio cuenta de que se estaba sonrojando furiosamente, pero no hizo nada por ocultarlo.
Cuando el humo empezó a disiparse, la Modelo definitiva pudo escuchar pasos, alguien había entrado a la cafetería, y Junko no necesitaba sus habilidades de analista para saber de quien se trataba.
Solo uno segundos después el humo se había disipado lo suficiente como para que Mukuro fuera visible, se acercaba a ella a paso lento con una expresión muy seria.
Junko no pudo evitar sonreír de forma tonta, como una chica perdidamente enamorada, sus ojos se encontraban repletos de ilusión. Su hermana tenía una esperanza demasiado brillante en sus ojos.
La rubia para este punto parecía un tomate de tan sonrojada que se encontraba, su hermana no había dicho nada y solo se acercaba lentamente, por lo que fue Junko quien decidió dar el primer paso.
"Mukuro, te ves muy hermosa, creo que me equivoque al decir que había un mundo de diferencia entre nosotras." Dijo Junko con una sonrisa embelesada. "Esa esperanza que rebosa en tus ojos es tan buena~, te hace ver irresistible, incluso para tu propia hermana…"
Silencio.
Mukuro solo seguía avanzando, encontrándose ya casi alcanzando donde Junko se encontraba.
"Esa esperanza…" Murmuró Junko intentando cubrir su sonrojo con sus manos inútilmente. "Esa esperanza… ¡Es desagradable!"
La sonrisa tonta de Junko paso al siguiente segundo a ser una demente, y sus ojos llenos de ilusión fueron convertidos en unos ojos que desbordaban una locura sin igual.
Junko tomo el cuchillo con el cual había cortado a Monokuma para arremeter contra su hermana, quien no se había inmutado ante la inesperada acción de la rubia.
"¡Esto se acaba aquí, Muku~!" Gritó Junko con locura antes de intentar apuñalarla.
Continuara…
¡HOLA! ¿Cómo están?
Ha pasado un tiempo desde la última actualización, y esto se debe a diversos factores que van desde la falta de internet, problemas con la facultad de la universidad y problemas eléctricos.
Creo que hemos tenido un gran desarrollo en este capítulo, ¡Al fin Makoto y Mukuro se reencuentran! Sé que algunos podrían esperar un beso o algo similar, pero no pensaba que fuera el momento idóneo para ello, al menos no aun.
Soy consciente de que Makoto enojado se vio muy OOC, pero creo que Makoto a pesar de tener una paciencia demasiado grande, él también puede perder el control, como se ha visto en el primer juego cuando lo iban a ejecutar, por eso pienso que fue una decisión acertada, también considerando que su enojo fue circunstancial.
Makoto intenta por todos los medios ayudar a Mukuro, tanto con acciones, como con palabras, y vemos como incluso llegando a recurrir a la violencia para acabar con su línea de pensamiento de auto-desprecio, al igual que la Mercenaria lo golpea a él por ser tan imprudente.
Como se puede ver, en este punto ya nos hemos desligado de la trama del IF, tal como dije, aquí el final será diferente del libro original.
He de decir también he de decir que este capítulo dio mucha guerra cuando intentaba escribirlo, ¿Por qué? Sencillo, estamos en los capítulos finales y quería escribir algo a las alturas de las expectativas.
Realmente, hubieron demasiados cambios para este capítulo, que en líneas generales es el mismo que como lo plantee al inicio, por ejemplo en la "Beta" había un segundo Flashback que se enfocaba en Mukuro y Junko, pero decidí descartarlo ya que no era muy necesario para la trama.
Otro pequeño cambio era que en Flashback, tanto Mukuro como Makoto usarían ropa informal, y descubrirían a Leon gracias a la Mercenaria que gracias a sus instintos termino dándose cuenta de que los seguían.
Sinceramente, me gusta mucho mas el Flashback como quedó al final, de hecho es uno de mis favoritos.
Además, Mondo tendría más participación en el capítulo, cosa que no pasó. Sin embargo después de tanto escribir, editar y demás, puedo decir que me siento orgulloso de este capítulo y espero que haya valido la pena para ustedes.
También algunos habrán notado la publicidad gratuita que le di tanto a Konosuba como a la Saga Monogatari, pero desde el inicio quería abarcar así fuera un poco de la pasión por Mukuro sobre las novelas de misterio, considerando que es el único rasgo definitorio explicito que se dice de ella en el IF original.
Siendo sincero, la idea al principio era un poco diferente, de hecho, planeaba contactar con algunos escritores de Fanfics de Danganronpa para que me permitieran usar sus nombres para los libros y autores de los que hablaban Mukuro y Makoto, pero por problemas de internet no pude hacerlo xD.
Y sería demasiado darme publicidad gratuita en mi propio Fanfic, por lo que decidí usar a algunos de mis autores favoritos y sus novelas como referencia.
De todas maneras, falta poco para que esta historia acabe, y me esforzare para ofrecer un final a la altura.
¡Me gustaría agradecer a CS Soldier97, JuanD y Neo Magician 96 por sus reviews! En serio, me alegro que les haya gustado el capítulo anterior, y espero que por este haya valido la pena la espera.
Ya saben, cualquier tipo de crítica constructiva es bien recibida, todo sea en pos de mejorar.
¡Un saludo y nos vemos en el siguiente capítulo!
