Danganronpa Re: IF
Capitulo IX.
"¿Cómo te fue en tu prueba, Makoto?" Preguntó Mukuro con una pequeña sonrisa al afortunado.
Ambos se encontraban en el gran campus de la academia. Sentados con tranquilidad a la sombra de un árbol, al menos Mukuro lo estaba, ya que Makoto había llegado junto a ella hace poco.
El Afortunado solo giró su cabeza hacia otro lado, pero finalmente suspiró con pesar. "Me fue bien. Según me dijeron, pasé." Comentó, para después rascarse la cabeza con nerviosismo. "Aunque, no me siento satisfecho. Mis pruebas dependen de la suerte, no es algo a lo que pueda decir que conseguí con esfuerzo."
Mukuro solo miró con una expresión tranquila a lo que Makoto decía, encogiéndose de hombros.
"¿No es de eso que se trata tu talento?" Preguntó la Mercenaria con la cabeza inclinada. "No se me ocurre alguna forma de entrenar tu suerte."
El Afortunado suspiró de nuevo, mientras se sentaba a su lado, protegidos bajo la sombra de un árbol. "Es exactamente eso, no es que sienta alguna inferioridad extraña, no, es solo que no tengo la sensación de lograr algo por pasar."
"No tienes porque. Me pasa igual." Comentó Mukuro cruzándose de brazos, y apoyando completamente su espalda en el árbol.
Makoto se maldijo mentalmente, siendo sincero, desde que salió de su prueba obligatoria de talentos definitivos no se había topado con nadie, más allá de Mukuro y no se pasó por la cabeza preguntarle si quiera como le había ido a ella.
Pero aun no era tarde.
"¿Y cómo te fue, Mukuro?" Preguntó el Afortunado.
Ella sonrió ante esto, mientras pasaba una mano por su cabello. "Excelente. Aunque estoy en el mismo escenario que tú, mi prueba fue tan sencilla que no me sentí satisfecha una vez la completé."
"Oh, ya veo. ¿Y en qué consistió tu prueba exactamente?"
"Desarmar una bomba nuclear activa." Respondió ella con expresión indiferente.
Makoto se alarmó al instante. "¿¡Que—!?"
"Es broma." Interrumpió ella, mientras comenzaba a reír con ganas ante su propia broma, sonrisa que Makoto no podía dejar de mirar, aunque intentaba por todos los medios disimularlo. "Solo tenía que disparar de forma precisa a objetivos móviles, nada tan difícil."
"… Por un momento pensé que lo de la bomba era verdad." Dijo Makoto con una sonrisa. "Aunque felicidades por pasar, y debo decir que verte sonreír me hace muy feliz."
Silencio.
Mukuro no dijo nada ante el comentario de Makoto, solo sonrojándose furiosamente, mientras el Afortunado hacia lo mismo por su parte, casi arrepintiéndose de inmediato de sus palabras.
"¡Genial, Makoto, hiciste incomoda esta conversación!" Pensó él.
La Mercenaria no acostumbraba a recibir elogios, solo los de su hermana, y Naegi tenía ese efecto en ella, ya que sus elogios y palabras eran sinceras, era como un libro abierto y Mukuro no necesitaba colocarle un polígrafo para saber que estaba diciendo la verdad.
Y tenía razón, Mukuro a pesar de que después de que conoció al Afortunado solía sonreír mucho más, que riera era aún extraño en ella, aunque se sentía bien.
El problema radicaba en ese sentimiento extraño, muy parecido a la vergüenza, que sentía cada vez que era elogiada por él, era algo parecido a lo que sentía con Junko, pero a la vez muy diferente, algo que no podía explicar con palabras.
Era en estos momentos donde ella agradecía haberle dicho a Makoto que le dijera lo que pensara sobre ella, recibir sus palabras la avergonzaban, pero al mismo tiempo, la hacían anhelar más.
Y cuando habló con Junko de eso ella le había dicho que era completamente normal, entre muchas otras cosas.
"Gracias, Makoto." Dijo ella con suavidad.
Makoto asintió ante lo dicho por la Mercenaria con una sonrisa, no había punto de comparación de la Mukuro actual con la primera que había conocido, si bien seguía siendo seria y reservada, ahora era mucho más conversadora.
El Afortunado podía considerarse su mejor amigo, aunque ella nunca lo dijera explícitamente, solía ser mucho más abierta con él y pasaban la mayoría del tiempo juntos. Incuso en su clase se extendía el rumor de que ambos se encontraban saliendo…
Y él no sabía quién había creado ese rumor.
Makoto siempre había sido alguien promedio en todo, y el nunca jamás había tenido una novia anteriormente, por lo que una vez el rumor llegó a él y con su hermana siendo participe en decirle que Mukuro "Era un gran partido", no podía evitar verla de otra forma distinta.
Es decir, demonios, el Afortunado no era idiota, se conocía a sí mismo, podía admitir que Mukuro era simple y llanamente la mujer más hermosa que había visto en su vida, incluso siendo superior a su propia hermana —Es decir, Junko Enoshima—
Y la Mercenaria, a pesar de tener innumerables muertes y un pasado oscuro a sus espaldas, mostraba arrepentimiento por sus acciones, y si bien ser un soldado era su vocación, mostraba una gran consciencia y estaba dispuesta a cambiar para no cometer atrocidades en el campo de batalla.
Makoto había estado con ella, escuchando sus pensamientos y ayudándola, y aunque si bien él podía concordar con que era anteriormente una máquina de matar, no era así en la actualidad, y era algo que el Afortunado valoraba mucho de su persona.
La voluntad de aceptar lo que era, y de intentar cambiar, de mejorar. Eso era algo que había cautivado a Makoto.
Sumado a todo el tiempo que había pasado con ella, que la había conocido solo podía llegar a una conclusión; Mukuro Ikusaba era una excelente persona.
Y aunque odiaría coincidir con su hermana; Era un muy buen partido.
Y aunque odiara coincidir con los rumores; Él estaba enamorado de ella.
Y aunque odiara confirmar los rumores; Le gustaría salir con ella.
Era una resolución a la que había llegado después de mucho tiempo de pensarlo, no todo era tan fácil. Si, sabía que estaba enamorado de ella, pero no podía simplemente ir y decírselo.
El temor de un adolescente inexperto lo invadió. El pensamiento que muchos habían tenido recaía en el:
"¿Qué sucede si le digo y me rechaza? Las cosas nunca volverán a ser iguales y no quiero que nuestra amistad terminé por ello."
Con ese pensamiento siempre presente en su mente, nunca intentaba decirle nada sobre lo que sentía, y solo se limitaba a guardárselo para sí mismo, disfrutando de la amistad que mantenía con ella.
"Oye, Makoto, ¿Estas bien?" Preguntó Mukuro fuertemente sonrojada, quien se había acercado a él y movía una mano frente a su cara para llamar su atención. "Te quedaste mirando a la nada como por diez minutos…"
Naegi reaccionó al instante, sacudiendo la cabeza con fuerza. "¡Lo siento! ¿Decías algo?"
"Te estaba diciendo que te amo." Comentó Mukuro con una pequeña sonrisa entre dientes y con hasta el último rincón de su cara sonrojada, una gota de sudor resbalaba de su frente mientras lo decía.
Silencio.
El Afortunado se quedó literalmente en blanco, sin asimilar en ningún momento las palabras que la Mercenaria le había dicho de forma tan inesperada para él.
Y cuando en sus facciones apareció la comprensión, Makoto Naegi aun sin verse, podía asegurar que estaba fuertemente sonrojado, posiblemente estaba más rojo que en cualquier ocasión anterior en su vida.
Si el tuviera que compararse con algo, seria con una bomba a punto de estallar.
"¿Q-q-q-q-q-q-que?" Tartamudeó Makoto con torpeza.
"¿S-sucede algo?" Preguntó Mukuro sonrojada, su sonrisa nerviosa había dado paso a una expresión llena de pura vergüenza.
"¿P-p-podrías r-repetir lo que dijiste? Creo que te escuche mal." Dijo el Afortunado tragando saliva.
Con esa petición, Mukuro se cruzó de brazos, mientras miraba al suelo inmediatamente para acallar su nerviosismo. "D-Dije que te amo." Repitió ella, sin mirarlo.
Mukuro Ikusaba, como aguerrida lectora que era a los géneros literarios de misterio, sabía que una confesión estaba muy fuera de su personaje y de su propia personalidad, pero había una razón para esto.
Todo se debía en gran parte a su hermana menor; Junko Enoshima.
La pelinegra había hablado con Junko sobre Makoto varias veces, y la rubia había sido muy clara al respecto; Mukuro estaba enamorado de él. Si bien su hermana menor no entendía como algún hombre se fijaría en ella, la felicitó y prometió aconsejarla.
Y su consejo estrella era sencillo y efectivo —Según Junko—, que en palabras de la rubia era "En el amor de verdad, tienes que ir a la ofensiva siempre."
Obviamente, en su momento Mukuro había protestado, ¿Ser ofensiva? ¿Entonces para hacer que Naegi se fijara en ella habría que darle una paliza? La Mercenaria era muy inexperta en relaciones sociales y románticas, pero estaba más que segura que no lograría nada yendo a la ofensiva.
Y lo que transcurrió después de eso, fue una tarde llena de tutorías, prácticas e insultos gracias a la torpeza social de Mukuro que incluso llegó a sacar de las casillas a su hermana menor.
Gracias a los consejos de Junko es que ella había sido directa y concisa, yendo a la ofensiva y diciendo lo que sentía con la mejor sonrisa —Nerviosa, eso si— que pudo reunir, puede que fuera sido inesperado pero lo hecho, hecho estaba y ella confiaba en su hermana para esto.
"¿E-es en serio?" Preguntó Makoto visiblemente nervioso, su frente sudaba y tragaba saliva repetidas veces.
Mukuro asintió, también nerviosa. "S-sí."
"O-o-oh…" Dijo Makoto.
Si bien, en el exterior se había convertido en un absoluto manojo de nervios, por dentro se maldecía internamente por no dar una respuesta coherente, todo debido a tanto lo inesperado como su propia timidez que actuaba de limitante.
Y Mukuro recordó el segundo consejo de Junko: Saber cuándo retroceder estratégicamente.
"S-solo quería decírtelo…"
"¿E-e-e-es en este momento donde d-doy una respuesta, no?" Expresó Makoto, sudando a mares. "Yo t—"
"¡No!" Interrumpió Mukuro extendiendo una de sus manos cerca de la cara del Afortunado para callarlo. "Es en este momento donde dices que necesitas pensarlo. Puedo esperar."
"Pero no necesito—"
"Necesitas pensarlo. Puedo esperar." Repitió ella de nuevo con seriedad.
Mukuro necesitaba que Makoto accediera a pensarlo, ya que si bien ella era alguien inteligente, el sentido común… No era el más común de sus sentidos, y Junko le había dicho que dado la personalidad del Afortunado, estaría tan nervioso que tendría que darle tiempo.
Y la Mercenaria no sabiéndose manejar en este tipo de cosas, decidió seguir lo que decía su hermana al pie de la letra, y por ello no importa lo que Makoto tuviera que decir, ella podría esperar.
"Ya te dije que no—"
Mukuro colocó sus manos en los hombros del Afortunado, sorprendiéndolo. "Por favor, tengo que esperar por tu respuesta. Por favor."
Ante la súplica de Mukuro, Makoto abrió los ojos con sorpresa, gran parte de su nerviosismo anterior disminuyo, pero finalmente termino asintiendo ante la petición de la Mercenaria, no daría una respuesta ahora mismo, sino después.
Tenía ganas de simplemente decirle "Yo también te amo." Y lanzarse en un abrazo, pero no tenía las agallas para hacerlo, el salvo situaciones extraordinarias no era alguien muy audaz.
Mukuro se separó del Afortunado, con su sonrojo volviendo, con todo lo dicho aun en el aire, el ambiente se volvía rápidamente incómodo para ambos.
"E-entonces, ¿Cómo te fue tu día?" Preguntó Mukuro.
"B-bien, ¿Y el tuyo?"
"B-bien."
"Genial."
"S-sí, genial."
.
.
.
A una distancia prudente del lugar, escondidos torpemente detrás de una banca se encontraban Kirigiri, Junko, Sayaka y Leon. La hermana menor de la pelinegra se encontraba usando unos prismáticos que había robado de Mukuro y cerca de ellos había un pequeño altavoz de donde obtenían el audio de la escena de ambos.
Podían observar y escuchar toda la escena casi a la perfección.
"¡Maldición!" Masculló Junko mientras tomaba los binoculares y los estampaba contra el piso, para después pisarlo repetidas veces. "¡Esa idiota se tomó demasiado literalmente lo que le dije!"
"Yo diría más que literalmente, ni siquiera dejó a Makoto responder…" Leon dijo con un suspiro de decepción.
"Y el ambiente esta arruinado, solo mira cómo se están hablando ahora, es obvio que están nerviosos." Expresó Sayaka con los hombros caídos.
Kirigiri por su parte, tenía una mirada indiferente ante todo. "¿Por qué se supone que estoy aquí en primer lugar?"
"¡Porque estamos juntos en esto!" Respondió Junko con pasión, a lo que la Detective solo se encogió de hombros.
"Aunque sea así, ¿esto no es invadir la privacidad de los demás?" Preguntó ella cruzándose de brazos. "Estamos escuchando y observando, incluso dudo que esto sea legal."
"¡No lo es, pero solo lo hace más emocionante!" Exclamó la Modelo con una sonrisa. "¡Y no creas que a estas alturas puedes irte, si no te fuiste antes es que ya eres nuestra cómplice!"
". . ." La Detective definitiva solo chasqueó la lengua en voz baja, obviamente Junko tenía razón, ya que pudo irse antes, pero su curiosidad la mantuvo en la escena desde el inicio.
"¡Maldición, 18 capítulos esperando para esto y Mukuro lo arruina!" Dijo Junko con enojo, pisando de nuevo los prismáticos de su hermana.
"¿18 capítulos?" Preguntó Kirigiri con curiosidad.
Junko se sorprendió por la pregunta, pero asintió con lentitud. "Lo siento, se me olvidó que soy la única que puede hacer este tipo de dialogo metaficticios." Dijo ella antes de colocar su habitual sonrisa demente. "¡Cuando le dije que fuera agresiva, me refería a esto, pero no que se lo tomará de forma tan literal! ¡Mukuro se acaba de arruinar su momento ella misma, ni siquiera hizo falta que Leon interrumpiera como la última vez!"
"¡Oye, me deje llevar por el momento, ¿bien?!" Se defendió el beisbolista con el ceño fruncido.
"¡Dejarte llevar por el momento arruino el momento!" Sayaka le dijo con frustración, sobándose el puente de la nariz, toda su máscara de Idol se había ido gracias a la confianza en la que se encontraba con sus compañeros.
Kirigiri asintió en apoyo a la Ido Definitiva. "Siento que si no los hubieras interrumpido, esta escena sería radicalmente diferente."
"¡Exactamente, tal vez ellos estarían besándose—!" Empezó Maizono con ilusión pero fue interrumpida por una —sonriente— Junko.
"¿Besarse? ¡Para ser una Idol seguida por gordos sudorosos y pajilleros, eres muy inocente!" Exclamó la rubia apuntándole, haciendo que Sayaka abriera los ojos, ofendida y sorprendida. "¡No intentes aparentar que eres una santa que se lo que te traes con Leon a escondidas!"
"¿P-P-Perdón?" Dijo la Idol con nerviosismo ante la mención del pelirrojo.
Pero Leon avanzó con enojo. "¡No juegues con mis sentimientos, Junko! ¡Sayaka me rechazó!" Exclamó el pelirrojo...
Kirigiri suspiró con irritación. "Que lo digas de esa forma tan sincera me produce un poco de lastima por ti."
La Modelo definitiva suspiró con decepción ante sus compañeros. "En fin, esto aún no ha terminado, ¡juro que haré que esos dos estén juntos, así sea lo último que haga!" Exclamó Junko con decisión antes de girar hacia los demás. "¡Chicos y chicas, sacaré mi lado genial, intenten no enamorarse de mí!"
Antes de completar su plan de desesperación tenía un objetivo rápido; El Afortunado y su hermana, Junko no mentía, ella por todos los medios haría que ambos empezaran una relación, no había nada mejor en el mundo que llenar el corazón de las personas de esperanza para después hacer que sucumbiera a la peor de las desesperaciones.
¡Eso era algo muy emocionante para ella!
. . .
Para Mondo Owada estar enojado era algo cotidiano, criado en una familia de maleantes moteros era lo más normal para ellos, formando su fuerte carácter y siendo un rasgo definitorio de el mismo.
Pero él no estaba simplemente enojado en este momento, no, estaba furioso, y cualquiera en su lugar lo estaría igual o al menos se exasperaría ante la situación de la que le tocó ser participe.
No todos los días un Oso animatronico psicópata te encierra en una academia, obliga a matarte con tus compañeros, roba tu moto y por si fuera poco te hace participar en un juego insulso de piedra papel o tijeras que no tenía ningún sentido porque Monokuma solo podía sacar papel y por ende estaba condenado a la derrota en cualquier circunstancia imaginable.
Al menos, para él, todo estaba a punto de terminar, es decir, después de recuperar su moto, tuvo que jugar 30 veces Piedra-Papel-Tijeras con Monokuma, ganando en todas las rondas de manera aplastante para recuperar sus llaves…
Lo último que faltaba es que Monokuma lo obligara a participar en otro juego para darle combustible.
Y solo pensar eso le enfurecía.
Segundos pasaron, mientras Mondo volvía a sacar tijeras, ganando de nuevo como todas las veces anteriores.
"¡Listo, oso de mierda, ya gané!" Masculló Mondo con los dientes apretados hacia el oso, quien tenía un aura depresiva a su alrededor.
"¡Eso no es justo!" Exclamó Monokuma con desesperación. "¿No quieres jugar de nuevo?"
"¡Por supuesto que no, maldición, dame las malditas llaves!" Gritó el Motero con enojo, mientras se acercaba con rapidez y le quitaba su premio de un solo tirón.
Mientras Mondo comenzaba a caminar hacia su moto, Monokuma intentó saltar a detenerlo, sin éxito ya que fue ignorado olímpicamente por el motero, así que él, sin nada más que hacer decidió tomar medidas drásticas.
"¡Espera, espera! ¿Por qué no jugamos de nuevo? ¡Te daré el mejor premio y te prometo que será la última vez!"
Las venas de Mondo eran completamente visibles cuando se giró para gritarle a Monokuma. "¡Ya dije que no, deja de joder!"
"Upupupu, ¿ni siquiera jugarías para ganar la libertad de ti y los demás estudiantes?" Preguntó Monokuma con burla, mientras que como era habitual, sacaba de la nada un botón que tenía escrito "Botón de escape" en él.
Silencio.
La furia de Mondo no disminuyó en lo absoluto, de hecho, se encontraba enojándose más y más con el pasar de los segundos, pero no negaría que se encontraba sumamente interesado en lo que Monokuma había propuesto e intentó mantener lo más posible el control.
Monokuma caminó por el gimnasio con tranquilidad. "Este botón abrirá las puertas que conducen al exterior. Confió en que esta vez no podrás derrotarme así que lo apostare para que veas que estoy dispuesto a darlo todo."
"¿Y cómo sé que es real?" Preguntó Mondo con seriedad y veneno en su tono, estaba a punto de montarse en su moto, pero desistió de hacerlo, al menos por ahora, interesado en lo que Monokuma le hablaba.
El Oso solo sonrió mientras le lanzaba el botón a Mondo sin avisar, haciendo que este lo tomará con fuerza entre sus manos antes de que cayera al suelo y se rompiera.
Monokuma aplaudió de forma leve con sus patas, mientras que parte de la madera del gimnasio fue removida de forma automática mientras una pantalla emergía del piso, pantalla que proyectaba una imagen de la puerta de la academia.
"¿Qué se supone que es esto?" Preguntó Mondo con el ceño fruncido.
Monokuma suspiró. "No seas tonto, Jo… Solo presiona el botón de escape y dime que sucede."
El Motero definitivo hizo silencio, mientras miraba atentamente a la pantalla que mostraba la puerta de entrada, a pesar de ser terco, impulsivo y prepotente, Mondo Owada no quería ser víctima de una trampa producto de Monokuma…
Por lo que miró el botón de escape cautela, analizando el sí presionarlo o no.
Silencio.
.
.
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"¡Oh, vamos, no te quedes allí como un tonto!" Exclamó Monokuma con desesperación. "¡Solo es un simple botón, no es tan difícil!"
"¡No fastidies, Oso de mierda, no sé si esto es una trampa!"
"¡Entonces, pongámoslo más fácil para ti! ¡Te prometo que ese botón no te hará ningún daño, ni el más mínimo!"
"¡Eso solo significa que este botón activará algo que me matará!"
"¡No seas tonto!"
"¡No me grites y no me digas tonto, joder!"
"¡Y tú no uses palabrotas conmigo, que soy tu director!"
"¡Silencio, maldito oso!"
Monokuma enfureció ante las réplicas de Mondo. "¡Lo haré aún más fácil! ¡Si no presionas ese botón serás un infractor y te matare aquí mismo!"
"¡Eso no es justo!" Se quejó el Motero con ira, sentía como sus venas estaban a punto de explotar y solo era cuestión de tiempo que perdiera el control de lo enojado que se encontraba.
"¡Yo decido lo que es justo! ¡Y ahora, presiona ese botón!"
Mondo tragó saliva ante la encrucijada en la que estaba ahora, pero no le quedaba de otra, por lo que con sumo pesar y miedo —Aunque él nunca lo admitiría— tocó el botón de escape esperando lo peor.
Pero grande fue su sorpresa cuando en la pantalla la puerta se había abierto, pesadamente y haciendo un gran ruido, parte del exterior, difuminado por el brillo era visible y ni siquiera Mondo fue incapaz de no sonreír con ligero atisbo de esperanza.
"Cierra la puerta." Ordenó Monokuma con tono sombrío.
Mondo de mala gana hizo lo que le pidieron, mientras suspiraba y giraba a ver al Oso.
"Entonces, puedo darte el botón de escape. Sin embargo… ¡Tendrás que derrotarme 25 mil veces en Piedra-Papel-Tijeras!"
Silencio.
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.
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Clic.
Ese era el sonido de la ira de Mondo rompiéndose, como un vaso de agua desbordándose…
Todo el miedo y la preocupación del Motero definitivo desaparecieron por un momento, dando paso a la completa ira. Sintió que sus dientes se apretaban y lo último que recordó haber hecho fue patear a Monokuma con toda su fuerza…
. . .
Junko había saltado con la intención de apuñalar a Mukuro y matarla en el acto, pero la pelinegra no caería de forma tan patética, por lo que sin esfuerzo movió su cuerpo hacia un lado, dejando que la mano de su hermana pasara cerca de su cara.
La Mercenaria con una de sus manos tomó la mano de Junko que tenía el cuchillo, y con la otra la tomó del cuello, inmovilizándola efectivamente e impidiendo que pudiera hacer cualquier cosa.
Junko abrió los ojos con sorpresa. "¿Eh?" Expresó confundida. "¿Perdí tan rápido?"
Mukuro no respondió, lo que hizo que su hermana menor suspirará, la rubia aún tenía su otra mano libre, sola que no la había usado aun debido a que se encontraba desarmada.
Intento moverla, pero fue rápidamente notado por la pelinegra. "No te muevas o te rompo el cuello." Dijo Mukuro con el ceño fruncido de forma amenazante. "Suelta el cuchillo, Junko."
La Modelo sonrió ante las palabras de su hermana, pero contra todos los pronósticos, asintió y Mukuro pudo sentir como Junko soltaba el cuchillo sin mayores protestas.
Clink.
Junko la miró de forma burlona cuando Mukuro se mostró ligeramente sorprendida. "¿Qué? ¿Acaso no lo viste venir?" Preguntó con diversión.
". . ."
"Sabes, no es divertido si solo soy yo la que habla." Dijo Junko haciendo un puchero. "Debes ser más comunicativa o tu relación con Makoto no funcionará jamás de los jamases."
Mukuro la miró a los ojos y cambio su expresión seria a una con un ligero atisbo de tristeza. "Junko… Ríndete, por favor."
Ese solo comentario, aparentemente triste, pero a su vez tan lleno de esperanza hizo que la rubia sintiera una terrible ira correr por su cuerpo, tal fue que se movió hacia atrás, sin importar que Mukuro la sostuviera de su cuello y comenzara a apretarlo.
"¡Junko—!"
Mukuro fue interrumpida, ya que el objetivo de la Modelo era crear una pequeña distancia para poder propinarle una patada en el estómago a su hermana que la hizo soltarla inmediatamente y retroceder cuando fue empujada hacia atrás.
Junko, con una expresión anormalmente seria y nuevamente con el cuchillo en mano, flexionó las piernas para taclear a una desprevenida Mukuro, quien esquivo torpemente saltando fuera de su alcance.
Cuando la pelinegra evadió su ataque, Junko se giró y como si de una jabalina se tratase lanzó el cuchillo con intención de apuñalar a la cabeza de su hermana mayor.
Dado el frenetismo, su puntería había sido muy mala, clavándose en una pared, pero había pasado lo suficientemente cerca como para que Mukuro se mantuviera alerta.
La Mercenaria se encontraba confundida, siendo que cuando formaban dúo con su hermana, Junko era el cerebro mientras que ella era el musculo, la rubia nunca había dado indicios de conocer algún tipo de técnica de lucha más allá de un pésimo estilo libre.
Con una sonrisa, Junko abandonó su posición de pelea. "¿Sorprendida, no?" Preguntó ella con diversión. "¡Fui a un curso intensivo de entrenamiento con Nidai y con Akane! ¡No creas que sigo siendo una debilucha!"
Mukuro no respondió ante el hecho, sin embargo entendió la lógica de la situación y lo peligroso que había sido su actuar anterior, había caminado hacia ella debido a que pensaba que era igual que antes, que Junko no podría vencerla en un combate mano a mano.
Pero Junko siempre tenía la capacidad de sorprender a cualquiera.
"Sé a qué has venido, hermana. ¿Viniste porque quieres convencerme a que me rinda y los deje salir, no?" Preguntó Junko retóricamente. "Pero, no hay nada de qué hablar."
Mukuro se tensó ante esto, tragando saliva. "J-Junko—"
"No me convencerás de que me entregue, y si quieres salir, la única forma será asesinándome…" Dijo Junko con una sonrisa macabra, jugando con los sentimientos de su hermana. "… Eres libre de hacerlo, Muku~."
Junko caminó hacia la mesa que los Monokumas habían preparado con un gran mantel, removiéndolo sin miramientos revelando una gran cantidad de armas que se encontraban allí.
Mukuro no pudo evitar abrir los ojos con suma sorpresa ante esto, había desde cosas como pistolas y escopetas hasta algunas armas blancas como cuchillos de supervivencia e incluso Katanas.
"Eres libre de escoger lo que quieras para matarme, eso sí, no te la pondré fácil, hermana." Dijo Junko con tono cariñoso antes de abrir los ojos con sorpresa, como si recordara algo. "Oh, si… Antes de que se me olvide, mientras más te tardes en asesinarme, más posibilidades de morir tienen los demás."
"¿Qué?" Preguntó Mukuro con una ceja enarcada.
"Si. ¿Por qué crees que no hay Monokumas en esta área? ¿Acaso crees que es porque quería una pelea justa?" Preguntó Junko con una sonrisa burlona. "Es obvio, todos están fuera de este lugar con el objetivo de asesinar a los demás."
Mukuro dio un paso al frente con preocupación. "¡Detente, Junko! ¡No lo hagas!" Exclamó ella.
"Descuida, solo serán Monokumas, no usare las torretas ni la autodestrucción ya que están en piloto automático." Dijo la Modelo con tono pensativo. "Pero no creas, morirán en cuestión de minutos, tal vez horas, todo depende de cuánto te tardes, y cuando yo muera, los Monokumas se apagaran."
Mukuro miró con alarma la mesa repleta de armas y se vio tentada a correr y tomar algunas para luchar, pero sabía que si lo hacía eso significaba que tendría que acabar con la vida de su hermana…
La Mercenaria pensaba que ya lo habría asimilado, entendiendo que Junko por más que Naegi lo dijera, no tenía salvación, ella pensaba que podría acabar con su hermana menor, pero… ¿En serio podría?
¿Podría ser capaz de ignorar sus sentimientos y asesinarla a ella?
Junko, aquella que antaño en su niñez había sido con la única persona en la que podía contar, que juntas se defendían una a lo otra y que siempre pensaba que estarían juntas hasta el final…
Incluso cuando conoció a Naegi y se sentía arrepentida de lo que haría, nunca delató a Junko ni la traicionó ya que en el fondo pensaba, aspiraba y quería que fueran una familia feliz como las que veía a menudo o más específicamente, como la de Makoto.
Tener una familia donde ella podía llegar a casa, hablar con su hermana de que como le había ido el día, hablar de cosas triviales, bromear entre ellas…
Eso es lo que Mukuro siempre quiso.
Sabía que era egoísta anhelar lo que no tenía, pero era aún más grave no haber traicionado a Junko en su momento, en el fondo Mukuro sabia la verdad, ella no era tonta, sabía que Junko jamás la reconocería ni la querría, que un futuro tranquilo con su hermana y Naegi era imposible, siempre lo fue y nunca hubo alguna posibilidad de ello.
Los sentimientos de Mukuro eran contradictorios, se arrepentía de haber ayudado a Junko hasta este punto, pero no se arrepentía de esperar el amor de su hermana que nunca llegaría.
¿Era tan malo para ella solo desear una vida feliz?
El mundo nunca estuvo de lado de las hermanas, ambas eran víctimas de una sociedad corrupta y toxica que fue lo que las volvió de esa forma, adaptación como Celestia siempre mencionaba, ellas adaptaron su forma de actuar, de pensar y de ver el mundo para poder sobrevivir.
Mukuro siempre le daba vueltas a lo mismo, incluso cuando ejecutaban sus planes ella siempre miraba a su demente hermana, viendo como el cruel mundo la había trastornado, siempre se preguntaba…
¿Sus roles podrían haberse invertido?
¿La historia habría podido ser diferente? ¿Mukuro podría ser la que se hubiera vuelto loca y Junko la que intentaría detenerla?
Incluso sabiendo todo lo que su hermana había hecho, tanto directa como indirectamente, sabía que en el gran esquema de las cosas, Junko era otra víctima más, al igual que ella, Makoto y todos los demás.
Era como el antiguo dicho; La sociedad forma a la persona, y la persona transforma a la sociedad.
Pero incluso Mukuro no era una persona que viera todo de color gris, Junko era una víctima, sí, pero todos los demás fueron víctimas de Junko, quien mató y asesinó a mansalva para erigir un mundo basado en el caos.
E incluso ahora mismo se encontraba desplegando Monokumas para acabar con los estudiantes.
Mukuro sabía que por más que le doliera, por más que el sueño de gran parte de su vida fuera aplastado ella debía hacerlo, debía matar a su propia hermana para que el mundo pudiera vivir en paz de nuevo.
Junko era una persona desquiciada que no podía vivir en sociedad…
… Y Mukuro le daría fin a su existencia…
… O al menos, lo intentaría.
La Mercenaria sacudió la cabeza, saliendo de sus propios pensamientos para comenzar a correr hacia la mesa y cuando estuvo cerca, contra todas las expectativas ella saltó y se subió a ella.
Y sorprendió aún más a Junko cuando no tomo ningún arma de fuego, sino que opto por tomar una katana de tamaño pequeño, para luego con la propia mesa impulsarse hacia su hermana.
Las armas cayeron al suelo cuando la mesa fue volteada por las fuerzas de las piernas de Mukuro al impulsarse, y la pelinegra con un gran pesar en el pecho se encontró en objetivo de cortar a su hermana.
Contra todo pronóstico, Junko fue capaz de esquivar el corte enviado hacia su cabeza agachándose y tomando distancia de Mukuro, saltando hacia la mesa que ella había tumbado y que ahora servía como una especie de trinchera con la que podía cubrirse.
Fue solo cuestión de segundos para que Mukuro alcanzara a su hermana, quien salto hacia atrás para esquivar una puñalada de la pelinegra, esta se percató de que la rubia había tomado un cuchillo de supervivencia para luchar contra ella.
La rubia lo sacó, acercándose y apuntando al estómago de su hermana y la pelinegra se vio forzada a cubrirse usando la hoja de su arma como escudo, las chispas saltaron y Junko miró con una sonrisa a la Mercenaria.
"¿Qué sucede, Muku~?" Preguntó Junko soltando una risa. "¿Acaso te tiembla el pulso? Sé que eres mejor que esto, podrías acabar con la vieja yo sin problemas."
Mukuro solo gruñó, balanceó su katana para retirarla del forcejeo que ambas tenían, haciendo que Junko se tambaleara hacia adelante, momento que la pelinegra aprovecho para darle una fuerte patada en el estómago a su hermana.
Junko fue enviada hacia atrás arrastrando los pies, cuando se detuvo tomó con fuerza su estómago intentando mitigar el dolor, sin embargo la sonrisa nunca abandonó su cara, ahora la rubia se encontraba desarmada de nuevo puesto que el arma que había tomado se le había caído de las manos cuando fue pateada.
La pelinegra miró a su hermana con la tristeza escrita en su rostro.
"Junko, por favor, ríndete… Por favor." Suplicó Mukuro con una mueca afligida, a pesar de todo el agarre en su arma no flaqueó ni un segundo.
"¿Rendirme? ¿Por qué debería? ¡Estoy en los mejores momentos de mi vida! ¡Tengo lo que siempre anhele, desesperación, puedo ver como todos se desesperan e incluso saborear la mía propia al ver que mi amada hermana me traicionó!" Exclamó la rubia, abrazándose a sí misma de forma provocativa, moviendo sus pechos de un lado a otro al igual que todo su cuerpo. "¡Estoy en el paraíso, hermana!"
Mukuro solo retrocedió, como si la locura de su hermana quien ahora se encontraba haciendo poses provocativas fuera demasiado para ella.
Junko colocó una expresión maniática mientras apuntaba a su hermana. "¡Que tu arruinaras tu momento con Makoto no quiere decir que tengas que arruinar mis momentos también!" Exclamó con enojo.
Y sin avisar, la Modelo Definitiva en un movimiento imprevisto busco entre sus bolsillos… Sacando de ellos una pistola que inmediatamente alarmó a Mukuro, Junko aun con una amplia sonrisa la apuntó hacia ella y disparo sin siquiera vacilar.
¡PAM!
La puntería de Junko era demasiado mala, de hecho, la bala que había disparado había terminado impactando en la pierna de Mukuro, haciendo que ella se arrodillara ante el ardor inmenso que le provocaba.
No perdió el tiempo e ignorando su propio dolor corrió hacia una pequeña mesa cercana y de una patada la lanzó al suelo, usándola para cubrirse de futuros disparos de su hermana.
Era una protección endeble, y podría ser atravesada sin problemas, pero para ella era mejor que nada.
Estando fuera de cobertura, pero aun en peligro, ella examinó su herida, dándose cuenta inmediatamente de que si bien la bala había impactado con su pierna, no había una herida de bala, sino un pequeño punto de color rojo intenso.
Ella lo identificó inmediatamente, las balas usadas por su hermana no eran de plomo, afortunadamente…
"Son balas de goma…" Se dijo a sí misma, si bien su herida no era tan grave, sí que le costaría velocidad al momento del combate.
Junko no se había movido de su lugar, y de hecho, solo se encontraba mirando a la mesa donde Mukuro se escondía, divertida que aun en una batalla a muerte, sus aptitudes de soldado siempre salían a relucir de una u otra forma.
"¿Sabes? Si esto fuera clasificación M esta escena habría sido radicalmente diferente." Comentó Junko mientras un sonrojo se extendía por su cara y daba varios suspiros lascivos. "Ya entiendes, tal vez hubiera muy poca ropa, yuri y esas cosas."
Pero tan rápido como su sonrojo había llegado había desaparecido y sus brazos cayeron, mientras jadeaba con decepción.
"Muku~, ¿No quieres volver conmigo?" Preguntó Junko con seriedad. "Quiero que todo vuelva a ser como antes, realmente no quiero verte herida."
Mukuro no respondió, solo escuchó las proposiciones de su hermana, se sentía mal el hecho de decir que se encontraba tentada a aceptar, pero tentación no es aceptación, y por ello la pelinegra aprovechó a responder segundos después.
"No." Dijo ella lo suficientemente alto como para que su hermana la escuchara.
Mukuro se había opuesto a Junko, había llegado tan lejos y Naegi confiaba en ella, no podía solamente abandonarlos ahora. Además, por más que odiara admitirlo, su hermana era una mentirosa y solo era cuestión de tiempo que intentara asesinarla de nuevo como ya lo había intentado hacer antes en el gimnasio.
Silencio.
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"¿En serio vas a traicionarme así, hermana?" Preguntó la menor con una expresión devastada. "¿Solo abandonaras todo por lo que hemos trabajado todos estos años?"
"Si." Respondió Mukuro, no podía decir que ella no trabajo junto a su hermana, por lo que solo le quedaba aceptar el hecho aunque le doliera.
Silencio.
"¿Crees que puedes reivindicarte a estas alturas? ¿Crees que serás una especie de antihéroe?" Cuestionó la rubia con una mueca asqueada, apuntando su arma a la mesa donde Mukuro se escondía. "¿Crees que estas en el grupo de los buenos?"
". . ."
"Lo único que demuestra el que estés con Naegi ahora es tu facilidad para cambiar de bando según qué circunstancias, eres una decepción, Mukuro. Estoy segura de que por cuenta propia nunca me habrías traicionado." Dijo Junko negando con la cabeza. "Eres solo una cascara, alguien vacío que solo quiere seguir a un líder sin importar cuál sea, dignidad es un concepto desconocido para ti."
"E-Eso no es verdad, Junko—" Empezó Mukuro con tono serio, pero fue interrumpida con rapidez.
"¿Me tomas por tonta? ¡Jajaja!" Se rio la hermana menor de forma exagerada, interrumpiéndola. "Sé exactamente porque me seguiste, ¿Familia feliz? ¡Puff! No me hagas reír hermana, que muchas tonterías he aguantado de ti ya."
…
Mukuro cerró los ojos, afligida, su hermana siempre sabia usar los comentarios de forma osifica para tocar los nervios de las personas, por eso era que pudo lavar el cerebro de tanta gente.
"¡Solo intentas buscar tu felicidad, antes eras feliz conmigo y ahora lo eres con Naegi! Créeme, es algo egoísta, pero no es malo, solo buscas la esperanza…" Explicó su hermana antes de colocar una expresión seria. "… Es asqueroso."
La Mercenaria apretó los dientes con fuerza, sintiéndose mal por los comentarios de su hermana, pero no perdería el norte ahora, ella sabía el objetivo de Junko con sus comentarios; Afligirla para que bajara la guardia.
Así que Mukuro, ignorando los comentarios de su hermana, se preparó para atacar, girando por el suelo con el objetivo de empeorar la puntería de Junko, quien se colocó en alerta para poder contraatacar cualquier movimiento la Mercenaria.
La pelinegra esquivó una bala de su hermana gracias a su pésima puntería, para después tomar su arma con ambas manos, preparándose para atacar con un tajo certero a la cabeza de Junko. Dudaba aun de matarla, pero la pelinegra ignoraría sus propios sentimientos al respecto.
La distancia entre ambas se acortó, y con un grito Mukuro lanzó su ataque con el objetivo de terminar la pelea…
La Katana empuñada por Mukuro se acercaba rápidamente a la rubia, y Junko por un momento pareció colocar una mueca temerosa.
Cuando la hoja de Mukuro estuvo a punto de conectar con el cuello de Junko, el sonido del metal chocando se hizo se presente, la rubia con rapidez había colocado la pistola para intentar detener el ataque de la pelinegra.
Fue algo inefectivo, ya que la Mercenaria la partió en dos rápidamente, haciendo un corte profundo en la mano de su hermana menor, pero proporcionó el tiempo suficiente a Junko para agacharse y taclearla, enviándola a ambas al suelo.
Junko encima de Mukuro, sosteniéndola por las manos usando toda su fuerza, la rubia en situaciones normales no era rival para su hermana, pero ella ya había venido de una lucha contra cientos de Monokumas —Con solo minutos de descanso— y estaba herida en su pierna, por lo que la Modelo se encontraba en ventaja momentánea.
"¡Eres una idiota, Mukuro! ¡Quieres destruir todo lo que soñé!" Exclamó Junko con lágrimas en los ojos. "¡Solo aceleré el curso natural del mundo, que seguía esa absurda la ley del más fuerte!"
"¡Cállate, Junko!" Gritó Mukuro intentando levantarse y zafarse del agarre que su hermana tenía en ella.
"¡En este mundo los fuertes sobreviven y los afortunados también!" Siguió Junko, reemplazando sus lágrimas por una expresión demente. "¡Nadie nos ayudó a nosotras y estamos aquí! ¡Nosotras no obtuvimos ayuda, entonces, nadie podrá obtenerla y solo los que valgan la pena, los que sean como nosotras, podrán vivir en este mundo!"
"¡No sigas!" Exclamó la Mercenaria, a sabiendas de que ella estaba soltando información delicada que ella no quería recordar, el agarre de Junko en ella perdía fuerza a cada segundo y solo era cuestión de tiempo antes de que pudiera zafarse y dominarla.
"¿Recuerdas nuestra infancia, Mukuro? ¿Recuerdas lo bonito que era comer las sobras de los demás o ser tratadas como basura humana solo por estar sucias? ¿Recuerdas lo lindo que era ver a los demás niños jugando con sus padres y nosotros sin nada ni nadie en quien poder apoyarnos?" Preguntó ella, ahora colocando una mueca severa pero con un ligero indicio de sonrisa.
". . ." Mukuro no respondió, cerrando los ojos antes los desafortunados sucesos de las infancias de ambas.
"¡No creas que esto es una venganza al mundo! ¡Eso sería demasiado trillado! No, mi objetivo es otro." Dijo Junko colocando una media sonrisa. "¡Quiero que todos sean como yo, que saboreen la desesperación y que de ella disfruten, pues así el sufrimiento no existirá en este mundo!"
Mukuro pudo liberar sus manos, tomando a Junko por sus orejas, para luego atraerla hacia ella y darle un cabezazo que hizo que retrocediera, momento que la pelinegra aprovechó para dar una patada lateral y enviarla al suelo.
Junko intento levantarse, solo para ser detenida cuando una fuerte patada descendente aterrizó en su espalda, gimiendo de dolor. Mukuro se sentó arriba de su espalda, mientras como si de una policía se tratase, inmovilizó ambos brazos de la Modelo, quien solo jadeaba por el dolor.
"No, Junko." Dijo Mukuro negando lentamente. "No quiero un mundo así."
"Eres tonta… ¿Seguirás a Naegi hasta el final? ¿Incluso a sabiendas de que serás asesinada por la Fundación del Futuro?"
"Yo no moriré, porque he tomado una decisión…" Dijo la pelinegra con pesar. "… Tu morirás, aquí, Junko…"
Silencio.
Junko no respondió ante el hecho, solo limitándose a mirarla de forma incomoda en la posición en la que se encontraba.
Mukuro por su parte, decidió seguir. "… Te matare, y me entregare a la Fundación del Futuro, les proporcionare toda la información que ellos necesiten de mí… Para así poder salvarme de ser ejecutada." Expresó ella con sus ojos cristalinos, reteniendo las lágrimas. "Antes no me importaba morir, pero, tengo a alguien a quien eso le pondría triste… Tengo que sobrevivir a como dé lugar…"
Silencio.
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"Ya veo." Musitó Junko. "Estas llena de esperanza, tan radiante que me enferma. Me desespera que me hayas traicionado, y más aún que me vayas a asesinar. ¡Aunque supongo que es algo bueno!"
Mukuro dio otro vistazo a su hermana con tristeza, mientras sin soltarla, estiraba su mano cerca de donde ambas estaban y alcanzaba el arma que había tomado para la batalla —Su katana—, atrayéndola hacia ella con lentitud.
"¡Sinceramente, espero que te vaya bien en tu relación con Makoto! ¡Demonios, ese chico sí que tiene suerte! Mira que llevarte a la sexy hermana emo y con suculentas piernas… No pudo enamorarme a mí, pero tú tampoco eres poca cosa, ¿Eh?" Comentó la rubia casualmente como si ninguna pelea hubiera acontecido minutos antes.
"Junko…" Dijo Mukuro con dolor, mirando a su hermana.
"¡Para que veas cuanto te amo, te contaré un secreto! ¿Sabes cuál es la parte de tu cuerpo favorita de Makoto?" Preguntó, siendo ignorada por Mukuro, quien solo miraba con miedo a su arma. "¡Son las pecas de tu cara! ¿A que no te esperabas esa? Es información cien por cien verídica, te lo aseguro."
Silencio.
Mukuro a su parlanchina hermana, sabiendo lo que venía después, no pudo evitar que un nudo en la garganta le impidiera el moverse, tomando su katana con una de sus temblorosas manos mientras que con la otra seguía inmovilizando a Junko...
Apretó los dientes para evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos, mientras levantaba su arma con lentitud, hasta que su mano estuvo completamente alzada y su ataque preparado.
Miró a su hermana de nuevo, boca abajo con una sonrisa esperando su ataque, y sin poder contenerlo más, las lágrimas empezaron a caer como torrentes, resbalando por sus mejillas hasta caer sobre la espalda de Junko.
La Mercenaria había hecho muchas atrocidades antes, pero esto era lo más duro que había hecho en toda su vida.
Nada nunca se había sentido tan mal como lo que estaba a punto de hacer.
Mukuro dio un fuerte grito, con las lágrimas aun fluyendo como una cascada desde sus ojos, bajando su katana con rapidez con el único objetivo de matar a su hermana.
Y en ese momento, antes de que la punta de la hoja atravesara el cuello de una sonriente rubia, algo muy inesperado había sucedido…
Tanto así era, que ni siquiera Junko, la Analista Definitiva había llegado a prever algo como lo que acababa de suceder…
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¡BOOM!
Y en un abrir y cerrar de ojos, una fuerte explosión proveniente de la puerta sellada del comedor que conectaba con los dormitorios las había mandado a volar a las dos…
Continuara…
Holanda, ¿Qué tal están? Como es habitual —Desgraciadamente— me he retrasado demasiado con la actualización.
Realmente, no tengo mucha excusa ya que en Marzo aproximadamente el 40% del capítulo ya estaba listo, pero hubieron algunos problemas y cuestiones que me hicieron cambiar un poco el rumbo final planeado que tenía para este Fanfic.
Para aclarar, el final va a ser el mismo que tenía planeado originalmente, solo que ahora hubo algunos cambios. Si tuviera que hacer algún tipo de aproximado, diría que solo faltan entre uno o dos capítulos para que esta historia concluya.
Aunque siendo sincero, creo que el retraso ayudo a mejorar mucho la calidad en general del capítulo.
En las partes finales del capítulo, vemos algunas escenas de corte emocional, si soy sincero, soy muy inexperto en este ámbito, y quise hacerlo lo mejor posible basado en las personalidades de las hermanas, espero que no sea pesado de leer. Y cualquier crítica es recibida en pos de mejorar.
De todas formas, aquí nos centramos mucho más en las hermanas—Prácticamente, salvo por el Flashback, no aparece ningún otro personaje aparte de ellas—, y aquí vemos también que es Junko quien es la que busca unir a Makoto y Mukuro, algo que era obvio de intuir en el capítulo anterior.
¡Y vemos a Mukuro contando un chiste! ¿Recuerdan ese dialogo donde Junko decía que cerca de Makoto ella cambio tanto que incluso intentaba hacer bromas? He aquí una de esas —La bomba nuclear xD—
¡Mukuro se le declaró a Makoto! Aunque es gracias a los consejos de Junko, si bien arruinó su propio momento ella misma gracias a los nervios y su torpeza social, créanme que eso no se quedará así y veremos la respuesta de Makoto próximamente.
¡Mondo encontró un botón de escape funcional! Pero como siempre, sucumbió a la ira y atacó a Monokuma… Sin comentarios.
Y finalmente la pelea entre las hermanas, barajee mucho la idea, pero no creo que Junko incluso entrenada por Nidai pudiera representar algún tipo de amenaza para Mukuro, por lo que la única razón por la que la rubia pudo durar tanto fue por lo dudosa que estaba nuestra mercenaria.
Aquí también quise dar a entender un poco el punto de vista de Junko, ya que si bien está loca, no soy especialmente fanático de los malvados que quieren ver arder el mundo solo por ser locos, quise darle una pequeña razón y espero que les guste.
También di unos pequeños tintes sobre el pasado de las chicas cuando eran niñas y como tuvieron muchas dificultades, aunque solo en forma de mención.
¡Por cierto! Tengo una pregunta, y creo que con las pistas dejadas a lo largo de los capítulos se puede armar el rompecabezas: ¿Cuál es el plan de Junko y que es lo que quiere lograr?
Obviamente, en el final del Fanfic responderé esa cuestión, aunque sería interesante escuchar sus opiniones.
Y antes de que se me olvide… Junko rompiendo la cuarta pared dos veces fue algo muy divertido de escribir para mí.
¡Me gustaría agradecer a Sr. Kuzma, CS Soldier, y Ak4gi por sus reviews, me alegra que les haya gustado el capítulo anterior y espero que este también sea de su agrado!
Me esforzare para dar un final a la altura, y espero con el no decepcionar a nadie.
Un saludo y nos vemos en el siguiente capítulo.
