Danganronpa Re: IF
Capitulo X.
"Todo estaba ocurriendo muy rápido para el sorprendido Afortunado, ¿por qué? ¿Porque pasaba esto? ¿Por qué ahora?
¿Por qué cuando recién se acababa de levantar?
Él no tenía ni idea…
No era que no le gustase, solo que había sido tan repentino que nunca pudo prepararse adecuadamente para ello.
Pensándolo bien, nadie en su sano juicio lo hubiera hecho porque en primer lugar nunca jamás alguien se esperaría una situación así de surrealista con el simple hecho de despertar...
¿Cuál situación? Era sumamente sencilla;
¿Porque una Mukuro con solo ropa interior se encontraba sobre él, abrazándolo y mirándolo con una expresión de completa lujuria?
Era desconcertante el hecho, principalmente porque estaban en SU habitación, y no recordaba haber estado con Mukuro en ninguno de los días anteriores. Además, recién se había levantado de la cama y fue sorprendido por la esbelta figura de la mercenaria…
Cualquiera en su situación se habría sorprendido.
¿Cómo habría entrado a su casa? ¿Habría pasado por su cuenta? ¿Tal vez Komaru la dejó entrar, o tal fueron vez sus padres?
Se deshizo de esos pensamientos, eso no importaba, lo único que importaba era que tenía a una Mukuro encima de él, envolviéndolo con sus brazos como si fuera a desaparecer y con un deseo sexual apenas contenido en sus ojos.
"Mukuro..." Tragó saliva Makoto, usando toda su fuerza de voluntad para que muchas cuestiones fisiológicas de su propio cuerpo no ocurrieran y así no volver ese momento aún más incómodo para él.
No había que malentender al Afortunado, una situación como esta no le desagradaba en lo absoluto, sin embargo quería al menos saber que estaba ocurriendo antes de sucumbir a la tentación.
Porque, si, Makoto, al igual que todas las personas, sucumbiría tarde o temprano ante los evidentes encantos físicos de Mukuro... Y a este ritmo era más que obvio que sucumbiría temprano.
"Makoto..." Susurró la Mercenaria con un tono que podría catalogarse simple y llanamente como sensual.
La forma lenta y suave en la que ella había pronunciado su nombre sumado a su embriagante aroma hacía que sus sentidos enloquecieran en más de una forma.
De hecho, sería correcto afirmar que si Makoto Naegi fuera una bomba, estaría a punto de explotar.
"Mukuro... ¿Qué haces—?" Intentó preguntar el Afortunado con una voz entrecortada.
Sin embargo, Makoto fue casi inmediatamente silenciado por el dedo de la pelinegra, quien lo presionó contra sus labios, mientras más ella se apoyaba más sobre él.
Naegi podía sentir dos grandes cosas de Mukuro que hacían contacto con su pecho, cosas que podrían, no, estaban haciendo que el perdiera el poco autocontrol que le quedaba.
Usando toda su fuerza mental, intentó aguantar los encantos de la pelinegra. La mente de Makoto no estaba funcionando muy bien, ya que en situaciones normales se daría cuenta de que era un esfuerzo inútil.
Mukuro pareció notarlo, porque entre la oscuridad de su habitación su sonrisa era completamente visible, mientras se separaba un poco de él para permitirse apoyar la cabeza en su pecho, empezando a dibujar círculos lentos en su estómago con una sonrisa pícara.
Makoto tuvo que contenerse lo máximo posible, haciendo que la Mercenaria se riera con diversión, para después girarse con rapidez sobre el Afortunado, colocando sus piernas alrededor de sus caderas y apoyando sus manos en su pecho con sensualidad.
Mordiéndose el labio inferior, Naegi no pudo más que sucumbir a la tentación, llevando sus manos a los blancos y tersos muslos de Mukuro, eran tan suaves que no podía siquiera compararlas con cualquier otra cosa.
Da igual si esto estaba bien, si entendía o no, Makoto no podía aguantar más y él tenía que hacerlo.
La pelinegra disfrutó de su tacto torpe, mientras se llevó las manos a su espalda para remover su única prenda que contenían sus pechos, inclinándose para que estos estuvieran encima del pecho de Makoto y que por lo tanto no fueran visibles para el cuándo lo desabrochara.
Mukuro se levantó de nuevo, mientras tapaba sus pechos con sus manos y una sonrisa burlona. Makoto tragó saliva atentó a lo que Mukuro haría, mientras que esta solo tenía una mirada llena de puro deseo en sus ojos.
Las cosas se iban a poner más candentes a partir de ahora.
La pelinegra se relamió los labios con lentitud antes de habar. "Makoto, quiero que tú me—"
. . .
"¿Qué diablos estoy leyendo?" Dijo Kirigiri levantando la cabeza de él libro mientras miraba hacia la nada con una expresión indescifrable, pero a grandes rasgos incómoda.
Parpadeó varias veces y desistió de seguir con la lectura, obviamente el relato se iba a volver mucho más adulto si seguía tal y como el narrador había mencionado en el párrafo anterior al dialogo que la hizo dejar de leer.
Esto… No era un tipo de literatura que especialmente le fascinara.
Se pasó una mano por su cara, y cerró los ojos con fuerza cuando escuchó un grito chillón proveniente de Junko Enoshima quien se encontraba a su lado y otros de Mondo Owada y Leon Kuwata, todos los nombrados leían con ella.
Y cerca de ellos se encontraba Toko, mirando las reacciones de todos los que leían su borrador de una escena aleatoria para una posible nueva historia que estaba interesada en publicar.
Kirigiri debía de haberlo sospechado desde el principio, no era sin duda normal que Fukawa se acercara a ella con el objetivo de hacerle leer a ella y los demás algo que había escrito.
Considerando que era la escritora definitiva y que sus novelas más conocidas eran solo romance juvenil ella esperaba algo tranquilo, coherente y meloso, pero no estaba preparada para lo que la ella quería mostrarles ni quería estarlo.
La lectura pornográfica… Kirigiri prefería evitarla.
"¿¡Que mierdas es esto!?" Exclamó Leon con sorpresa, antes de girar a Fukawa. "¿Estás loca?"
Fukawa se alarmó con el comentario, para inmediatamente después apuntarle con el dedo. "¡N-N-No hables como si n-nunca hubieras l-leído o v-visto algo c-como esto!"
"¡Es completamente diferente cuando estoy leyendo porno de unas personas que están sentados allí!" Expresó Leon apuntando hacia el puesto de Makoto, quien hablaba animadamente con la Mercenaria, sin percatarse de nada de lo que estaba ocurriendo.
"¿Qué se supone que es esto del título?" Preguntó Kirigiri, interrumpiendo la inútil perorata de Leon. "¿El Torpe Afortunado y la Mercenaria Lujuriosa, segunda parte? ¿En serio escribiste más de esto?"
Fukawa asintió con lentitud. "¿Q-que t-te pareció?"
"La escritura está bien, aunque no es mi tipo de lectura… Y como dice Leon, me siento algo incomoda leyendo sobre ellos dos, especialmente porque están allí mismo." Comentó Kirigiri, intentando ser amable ya que dudaba que Fukawa tuviera malas intenciones.
"¿Qué demonios?" Preguntó Mondo, que al igual que Junko no habían parado de leer, sus expresiones faciales eran radicalmente diferentes, mientras Junko tenía una sonrisa cómplice y un evidente sonrojo, la cara de Mondo decía a simple vista que el relato no lo convencía.
"Vaya… Esto sí que se puso picante." Soltó Junko con una sonrisa lujuriosa.
"He visto porno durante años, pero nunca vi una mamada como esta." Dijo Mondo y cuando todos los demás le miraron por su declaración aclaró. "¡Es un decir, joder!"
Junko negó con la cabeza, mientras que de un plumazo cerraba el libro, y lo guardaba debajo de su brazo, haciendo que Toko enarcara una ceja en confusión.
"¿Q-que haces?" Preguntó ella.
"¿Es obvio, no? ¡No puedes pedir una crítica fiable de un relato porno si no le preguntas a los participantes!" Exclamó levantándose de su asiento, sorprendiendo a todos los que estaban con ella. "¡Mukuro, Naegi, tienen que leer esto!"
"¡E-Espera—!" Gritó Toko con vergüenza, pero ya era demasiado tarde.
Junko ya se había acercado a ambos, llegando a sus asientos con rapidez y sentándose en las piernas de su hermana al no haber un lugar cercano donde ella pudiera sentarse, mientras mostraba el libro a ambos para que lo leyeran.
Incluso Kirigiri, quien acostumbraba a siempre tener una mirada neutral, no pudo evitar contraer la expresión de rostro mientras se pasaba una mano por el cabello, si ella se sentía incomoda al leer eso, no podía imaginar cómo se sentirían ambos, Makoto por ser alguien simple y Mukuro por sus rasgos visiblemente introvertidos.
Eso sumándole el hecho de que ya era algo de conocimiento en la clase 78 de que esos dos estaban interesados entre sí, lo que solo lo haría aún más incómodo para ambos.
"Lo siento por ti, Makoto." Pensó Junko, para nada arrepentida mientras veía la expresión del Afortunado cambiar a medida que seguía leyendo el libro, su hermana también hacia lo mismo sin mucho problema, incluso teniéndola en su regazo.
Desgraciadamente Junko no podía ver la expresión de la pelinegra más allá de cuando giraba un poco la cabeza, con su cara roja como la sangre y una expresión demasiado extraña para no considerarla cómica. La rubia tuvo especial cuidado de no reírse de los dos.
"Makoto ha sido un tonto, haciendo esperar varios días a mi hermana… Con esté momento incomodo debería tensarse su relación, por lo que lo obligaría a darle una respuesta…" Pensaba Junko mientras se cruzaba de brazos.
Finalmente la pelinegra se levantó de las piernas de su hermana, quedándose frente a ambos mientras leían, las caras de los dos eran todo un poema, y maldecía no tener una cámara consigo en estos momentos para capturar esas expresiones.
"… Pero, no toda la culpa es suya, mi hermana también fue una imbécil al no permitirte dar una respuesta." Siguió ella en sus pensamientos, mientras miraba como ambos leían.
En todo momento ella mantuvo una discreta sonrisa en su rostro.
"Esa escritora es toda una enferma, mira que escribir semejante escena de sexo salvaje, no me extraña que sus libros vendan más entre adolescentes con ese tipo de escenas." La rubia se encogió de hombros, negando con la cabeza.
Junko frunció el ceño. "Incluso tuve que censurar en negrita varias frases para que esto no se volviera clasificación M por su culpa." Expresó en sus pensamientos.
Vio como Makoto se cubría la cara con ambas manos al terminar de leer, Junko solo se limitó a mirar hacia otro lado con un evidente sonrojo, a Junko siempre le parecería curioso el hecho de que, a pesar de ser un relato pornográfico de ellos, nunca se detuvieron e incluso leyeron a la par hasta terminar.
"Bueno. Eso tampoco debería importarme." Dijo en voz alta, encogiéndose de hombros. "Ya todo está listo."
¿A qué se refiera ella con que todo estaba listo?
Sencillo; Era seguro de que Naegi diera su respuesta próximamente, debía de hacerlo si no quería que la relación entre él y Mukuro se volviera incomoda a corto plazo.
Junko ya había cumplido su papel.
. . .
Mukuro se había ido.
Makoto se encontraba sentado en el suelo, respirando de forma agitada ya que después de todo aún se encontraba herido y las acciones que había hecho anteriormente con Mukuro cobraron factura una vez que la adrenalina había abandonado su cuerpo.
Ahora se encontraba solo, aunque no fue por mucho tiempo. Poco después Kirigiri entró en la habitación con su habitual silencio, a lo que le siguieron poco a poco los demás salvo algunas excepciones como Byakuya, Toko y Sakura quienes optaron por quedarse afuera.
Kirigiri se acercó a él. "¿Necesitas ayuda para levantarte?" Preguntó, ella podría haberlo ayudado sin siquiera decirle nada pero considerando el estado del Afortunado eso sería potencialmente peligroso.
Makoto negó con la cabeza amablemente, mientras se movía por su propia cuenta hasta recostar su espalda contra la cama de la habitación de Fukawa, no se sentía con la fuerza suficiente como estar de pie, incluso con la ayuda de Kirigiri, al menos, no ahora.
Leon caminó cerca de él, mientras también miraba a los estudiantes restantes en la habitación con un ligero nerviosismo.
"¿Qué se supone que va a suceder, hombre? Vimos a Mukuro dirigirse a la cafetería para charlar con la mente maestra…" Musitó Leon rascándose su cabello con paranoia. "¿Y si por algún casual nos da la espalda?"
El Afortunado frunció el ceño hacia su dirección, mas sin embargo fue Kirigiri quien habló. "Ella no nos traicionará."
"¿Y cómo estas tan segura de eso? ¿¡Acaso tú también estás con la mente maestra!?" Preguntó Hagakure apuntándole con el dedo.
"Por supuesto que no, idiota. Pero, si lo piensas con detenimiento no hay motivos lógicos para concluir que Mukuro nos traicionara, considerando que pudo hacerlo antes perfectamente." Respondió la peliblanca con una mirada fría.
Makoto a pesar de su punzante dolor debido a su herida se permitió sonreírle a Kirigiri de forma sincera en agradecimiento, algo clásico de él.
"Gracias, Kirigiri, me alegra contar contigo." Dijo Naegi con gratitud por defender a Mukuro. "A pesar de no ser la mejor conversadora, siempre ayudas a la gente."
Ella sin embargo, negó con la cabeza. "Eso no es verdad. Solo pensé razonablemente en base a los hechos e información y con ello respondí." Dijo para restarle importancia.
"No. Te conozco, somos buenos amigos." Expresó el Afortunado, tomándose del estómago, su herida no estaba abierta, sin embargo lo hacía por reflejo en caso de que pasara de improvisto.
"No estoy entendiendo nada de lo que está pasando aquí…" Mencionó Hagakure pasándose una mano por su cabello.
Sin embargo, fue ignorado por Kirigiri y por todos en la habitación, mientras que la Detective Definitiva miraba a Makoto con una mirada extremadamente curiosa, ansiando más información sobre su pasado olvidado.
"¿Qué tanto nos conocíamos?" Preguntó ella con curiosidad apenas contenida.
"Lo suficiente como para que me revelaras el secreto que escondes bajo tus guantes." Respondió Makoto con simpleza, a sabiendas de que lo ese tema significaba para ella.
La Detective Definitiva abrió los ojos con una sorpresa nada disimulada, mientras que por reflejo llevó sus manos hacia su pecho de forma protectora, como si tuviera miedo de que Naegi pudiera ver a través de sus oscuros guantes.
Kirigiri sabía que él no mentía, después de todo, ella misma había hablado con Mukuro para conocer toda la información esencial, pero…
¿En serio ella habría sido tan cercana a él como para revelarle su secreto?
Miró a Makoto de nuevo para cerciorarse aun a sabiendas de que estaba equivocada, viendo de la sinceridad en sus ojos. Podía teorizar sin pruebas y sin temor a equivocarse de que él era un pésimo mentiroso, por lo que ella asumió de nuevo que él estaba diciendo la verdad.
Hubo varios segundos de silencio hasta que finalmente pudo salir de su sorpresa. "Ya veo… Debimos ser buenos amigos para revelarte eso." Dijo, sonando lo más neutral posible, pero su tono ligeramente ansioso aún era distinguible.
"Si… En el pasado todos éramos muy buenos amigos, incluso Byakuya era una buena persona en el fondo." Comentó Makoto, mirando hacia el techo de la habitación, recordando el pasado de forma momentánea.
"¿Byakuya? ¿Hablas de ese niño rico intimidante?" Preguntó Hagakure con curiosidad.
"¿De quién más, pedazo de idiota?" Leon dijo con el ceño fruncido.
"Realmente algunos de nosotros éramos muy unidos, Taka, tú por ejemplo me contaste sobre tu punto de vista entre prodigios y los que esfuerzan, me dijiste como querías llegar a ser ministro." Comentó el Afortunado mirándolo.
El Delegado Definitivo solo abrió los ojos con asombro ante la revelación, cayendo en cuenta de que Makoto sabía sobre sus aspiraciones futuras las cuales le había revelado a muy pocas personas.
Sin embargo, decidió no decir nada.
Seguidamente Makoto miró a la Idol Definitiva. "Maizono, tú me dijiste lo duro que era tu carrera y como no todo lo que habías hecho para llegar allí había sido bueno, además… Siempre eras muy amable conmigo."
La reacción de Maizono fue más controlada, sin embargo aún la sorpresa era evidente en sus ojos, además de cierto grado de nerviosismo, pero a pesar de todo ella asintió a sus palabras con una ligera sonrisa.
El siguiente fue el beisbolista pelirrojo. "… Leon, tú me dijiste sobre como querías ser un músico, como estabas enamorado de la chica que te cortaba el cabello y como a pesar de sus rechazos ibas a conquistarla."
Leon asintió con una ligera sonrisa, aunque giró su vista hacia otro lado cuando tanto Aoi como Sayaka le miraron con una expresión de lastima.
"¡O-oigan, un verdadero hombre no se rinde en conquistar a su amada!" Se excusó el.
"Que no niegues que indirectamente la acosabas para conquistarla es lamentable. Pero por alguna razón no me sorprende en lo absoluto." Expresó Kirigiri con los brazos cruzados, haciendo que Leon se riera con vergüenza, sin poder objetar lo que ella había dicho.
Makoto sonrió ante la escena para después seguir. "Hina, tú eras un pilar de ánimo de la clase y siempre después de un examen difícil o a veces sin ningún motivo particular solías regalarnos donas a todos."
La reacción de Hina fue más enérgica que la de todos los demás, ya que se limitó a alzar un pulgar arriba mientras guiñaba un ojo en señal de amistad haciendo que Makoto asintiera.
"¡Las donas son lo mejor!" Exclamó ella alzando un puño.
"Tu Fujisaki, me contaste sobre Alter Ego, y también sobre cómo te sentías débil a pesar de ser una de las personas más fuertes que conozco, espero que algún día puedas revelar tu verdadero yo…"
Ella gimió con asombro. "¿A-A-Alter Ego? ¿V-V-Verdadero yo?"
"Si. Tú me constaste todo esto, aunque nunca lo llegaste a compartir con el resto de la clase, descuida, no le diré a nadie." Aclaró Makoto con asentimiento para alarmar a la pequeña chica.
Fujisaki suspiró, realmente no tenía razón para sorprenderse tanto, ya que después de todo ella había estado allí junto a Kirigiri cuando Mukuro les hablaba sobre como perdieron sus recuerdos.
Su asombro venia ya que al igual que Kirigiri, por el gran secreto de ambas que Makoto tenía en su poder, lo que a ciencia cierta probaba que él conocía de ellos mucho más de lo que parecía.
La Programadora podía sospechar de él, es decir, podía atribuir su información a dos cosas; Que el realmente se había vuelto su amigo antaño o que pudiera haber conseguido la información de otra manera para engañarlos.
Pero al igual que con la Detective Definitiva, Makoto desprendía un aura de sinceridad, sumado a la creíble historia que les había proporcionado la Mercenaria en la enfermería hacían que ella eligiera el creer en la inocencia de Naegi y en la ayuda de Mukuro.
Makoto miró a la Apostadora Definitiva. "Celes, recuerdo que solías constantemente retarme en los juegos de azar e incluso una vez intentaste reclutarme para ser tu sirviente en tu futuro castillo de estética gótica-victoriana."
"¿Gótica-victoriana?" Preguntó Sayaka con la cabeza inclinada, pero fue ignorada por Celestia.
"¿Oh? ¿En serio dije eso?" Cuando Makoto asintió, la Apostadora sonrió de forma elegante. "Ya veo… Entonces, cuando salgamos de aquí le volveré a hacer la misma oferta. Algo debería haber visto mi yo del pasado en ti que le llamara la atención."
Makoto colocó una mueca, sin embargo eligió no decir nada ante esto, decidiendo seguir con los estudiantes restantes.
No había una razón especifica por la que Makoto hiciera esto, es decir, que revelara cuanto conocía de los demás más allá de reforzar la confianza, así el al probar que era alguien en quien podían confiar se sentirían más cómodos entre ellos.
¿Por qué? Porque aun si no se conocían —actualmente— a ciencia cierta, el saber que todos tuvieron un vínculo estrecho en el pasado harían que la nueva confianza aflorase mucho mas fácilmente.
Antaño su clase era muy unida, y estaba seguro de que con el empujón que estaba dando y el siendo el nexo que conectara a todos, podrían volver a lo que eran y dejar desconfianzas aun lado.
Si, era cierto que a estas alturas la confianza no serviría de nada en esta situación crítica, pero, estaba seguro de que era psicológicamente reconfortable para sus compañeros y para el mismo.
El siguiente fue el Vidente Definitivo. "Hiro… No fuimos los más cercanos, especialmente porque intentaste vender mis órganos a la Yakuza, pero también te considero un gran amigo." Dijo Makoto con un tono nervioso.
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Todos miraron a Hagakure, esté giró su cabeza hacia otro lado con vergüenza inmediatamente.
"¿En serio hiciste algo como eso?" Preguntó la Nadadora Definitiva con evidente desaprobación en su tono.
"Y-yo… ¡No sé de qué habla, está loco!" Exclamó Hagakure apuntando hacia Makoto con su dedo, para después agregar. "Aunque si es cierto que tengo deudas con la Yakuza…"
"Lamentable." Dijo Kirigiri con una mirada despectiva.
"Concuerdo, estás loco amigo, loco y muerto también." Añadió Leon negando con la cabeza.
"¡No me asusten, chicos!" Reclamó Hagakure con ambas manos en su cabeza.
Makoto ignoró la escena, dirigiéndose al último estudiante restante en la habitación.
"Hifumi, gracias a tus recomendaciones pude hacerme con algunas novelas ligeras muy difíciles de encontrar y ejemplares de coleccionista que solías darme de vez en cuando, aunque la mayoría eran sobre… Impurezas…." Dijo Makoto, evitando usar un lenguaje vulgar al referirse al material del Otaku.
Silencio.
"¿Porno?" Preguntó Leon, cuando Makoto no respondió el pelirrojo miró al Otaku con una extraña mueca. "¿En serio, gordo? De todas las cosas… ¿Regalas porno?"
"¡No tengo porque avergonzarme de mis gustos!" Exclamó Hifumi orgulloso.
"Ni siquiera malgastare saliva en tachar de lamentable esa declaración." Expresó la Detective Definitiva con una mueca de completa desaprobación.
Luego de esto se hizo el silencio en la habitación. Este sin embargo fue roto en cuestión de segundos, cuando Leon se dirigió a Makoto.
"Si te soy sincero, aunque creo que dices la verdad aun no estoy convencido sobre ti y sobre Ikusaba… Pero, elijo poner mi confianza en ti, y en la amistad que dices que teníamos." Dijo en apoyo.
"¡Exacto! Mi intuición me dice que realmente estas intentando ayudarnos, Makoto." Secundó Maizono con una sonrisa. "¡Y mi intuición casi nunca se equivoca!"
Celestia asintió. "Yo apostare todo en esta jugada con ustedes, y nunca he perdido." Expresó con una pequeña risita.
"¡Confió plenamente en ti, Makoto!" Añadió Asahina.
"¡Si salimos de aquí, prometo hacer un Doujinshi Harem contigo de protagonista! ¡Tendrás a todas las Waifus que quieras!" Exclamó Hifumi alzando su puño con ánimo.
Leon se palmeó la cara. "¿Ya tenías que volverlo extraño, gordo?"
"Yo aún no estoy convencido del todo… Él dijo cosas sobre mí que nunca pasaron…" Comentó en voz baja Hagakure mientras miraba a Makoto. "¡Pero si logramos salir, te haré un descuento del 5% en mi tarifa para adivinar tu futuro!"
"Y allí otro más arruinando el momento." Dijo Celestia con un suspiro.
Makoto se permitió dar una pequeña sonrisa, mientras intentaba levantarse del suelo, no tenía un fuerte dolor como antes —Por sus movimientos bruscos cuando se encontraba con Mukuro— por lo que intentaría levantarse sin ayuda…
Sin embargo Kirigiri lo impidió, ignorando por completo la escena que tenía detrás con los otros compañeros peleando. La peliblanca no quería arruinar su pequeño momento que servía como un alivio de estrés para ellos entre todo ese calvario.
Pero la Detective Definitiva sabía que nada era eterno, momentos como los acontecidos anteriormente eran efímeros…
… Y la dura realidad los golpeó con más fuerza de la necesaria cuando un frenético Byakuya Togami chocó contra el marco de la puerta, llamando la atención de todos.
Makoto, Kirigiri y el resto de estudiantes lo notaron;
Byakuya estaba alarmado, mucho más de lo que el Afortunado o cualquier persona habría podido ver en su vida, no coincidía en lo absoluto con su imagen fuerte, serena y confiada que mantenía siempre.
Y cuando pronunció sus siguientes palabras, todos entendieron porque:
"¡Salgan de esta habitación, la Mente Maestra quiere asesinarnos y es solo cuestión de tiempo de que los Monokumas aparezcan en esta habitación! ¡Hay que salir al pasillo y hay un ejército de ellos fuera del área de dormitorios!"
Todos sentían como poco a poco el color desaparecía de sus caras…
. . .
Byakuya Togami se encontraba fuera de los dormitorios en el espacio que limitaba el pasillo, que daba a lugares como la lavandería, el almacén y al comedor, donde Mukuro Ikusaba había ido minutos antes y que ahora se encontraba cerrado.
Había optado por salir de la habitación de Fukawa junto con los demás para darle un poco de espacio a Mukuro y Makoto antes, algo que nunca creería haber hecho por su propia cuenta, sin embargo, desde que despertó no se sentía como el mismo y sabía exactamente porque.
El Heredero se llevó una mano a la cabeza, imágenes pasaban por ella fugazmente acompañado de un agudo dolor en su sien que poco a poco se hacía insoportable. Él no era un idiota, sabía perfectamente a que se debía esto que le estaba sucediendo…
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Las imágenes seguían, en ellas él se encontraba con Naegi conversando en lo que parecía ser un salón de clase, otra donde jugaba una partida de ajedrez con Celestia Ludenberg y otra donde huía de quien parecía ser Fukawa… Muchas más llegaban rápido y fuerte como un bofetón con la mano abierta a su cara.
Mientras estos recuerdos seguían llegando a él, no pudo evitar tomarse la cabeza con ambas manos y doblarse un poco, sentía como si su cabeza estuviera a punto de explotar, era un sentimiento terrible.
Sakura, quien estaba cerca notó su comportamiento, acercándose a él con preocupación.
"¿Estas bien?" Preguntó extendiendo los brazos a su dirección, en caso de que Togami pudiera desmayarse en cualquier momento.
El no respondió inicialmente, no hasta que su dolor de cabeza bajó de intensidad, pasándose una mano por la cara sin sentir sus lentes, a estos haberse roto con la patada que Mukuro le dio en el gimnasio.
Sacudiendo su cabeza, miró a la peliblanca. "Si, estoy bien, Sakura… No te preocupes." Dijo con tono calmado, dejando a la peliblanca confusa por su forma de dirigirse a ella.
Es que en el poco tiempo que llevaba conociéndolo, Togami solía actuar con una actitud fría y agresiva incluso con su hablar calmado, sin embargo esta vez se sintió muy diferente, realmente tranquilo, como si no estuviera pisoteándola al dirigirse a ella.
El suspiró ante el silencio de Sakura, decidiendo explicarse. "He recuperado mis recuerdos, o al menos una gran parte." Dijo sin más, mirando a la puerta cerrada del comedor.
"¿Recuperado tus recuerdos? ¿Cómo?" Preguntó la Luchadora con sorpresa.
"… La patada que me dio Ikusaba puede ser la razón." Respondió con el ceño fruncido, llevando la mano a su rostro que había sido herido por la Mercenaria.
Shou, quien seguía atada se rio maniáticamente con fuerza, llamando la atención de ambos, ella se levantó, aun retenida mientras miraba a Togami con lo que parecía ser cariño.
"¿Entonces recuerdas nuestras fragantes, picantes y sensuales historias de amor?" Preguntó la Genocida con picardía mientras lo miraba.
El Heredero chasqueó la lengua. "Lo único que recuerdo fue el relato pornográfico que escribió tu verdadera yo a pesar de ni siquiera haberlo leído." Respondió antes de volver su vista hacia Sakura. "De todas formas, intuyo que ya todo está a punto de terminar."
"¿A qué te refieres?" Preguntó Sakura con una ceja enarcada.
"A esto, si Ikusaba puede hacer algo saldremos de aquí, de lo contrario todos moriremos. Ni siquiera puedo comenzar a pensar lo que pasará allí dentro, nunca he sido especialmente cercano a ella, pero puedo decir que es alguien sumamente influenciable, tanto por Makoto como por su hermana." Explicó Togami cruzado de brazos. "Es probable que pueda ser influenciada, lo que es un precedente peligroso si consideramos que la mente maestra es su hermana."
Shou asintió repetidas veces con ánimo. "¡Eso es cierto, si Makoto le ordenara que nos asesinara a todos, lo haría sin rechistar!" Apoyó, sentándose de nuevo y apoyándose en una de las puertas de las habitaciones. "¡Ese es el nivel de locura de esa desquiciada silenciosa!"
"Cállate. A pesar de todo, se vio muy decidida al irse, puede que algo haya cambiado en ella." Defendió Togami, mirándola con el ceño fruncido y siendo respondido con una sonrisa obediente.
Sakura aún se encontraba sorprendida por la actitud reciente de Togami, incluso llegando a defender a otra persona que no fuera el mismo, por lo que no pudo evitar preguntar. "Tu… ¿Eres el mismo Togami?"
"¿Acaso eres una idiota? Te estoy diciendo que he recuperado los recuerdos, no es tan difícil de entender, lógicamente mi comportamiento va a cambiar de una u otra forma." Dijo con irritación, volviendo por un momento a su yo habitual, antes de hacer una seña con su cabeza hacia Shou. "Desátala."
Sakura se encontraba incrédula aun por el giro de 360° en la personalidad de Togami, sin embargo hizo lo que le ordenó y procedió a acercarse a Shou.
Mientras Sakura se dirigía con el objetivo de desatar a Shou, Togami reflexionaba en sus adentros, ¿Cómo el de todas las personas pudo caer en las manos de Junko para participar en esta estupidez? ¿Qué habría sucedido con su familia Togami?
Podía hacerse una idea, pero prefirió no pensar en eso. Era frustrante también el hecho de que poder salir no dependiera de ellos, sino de nada más que Mukuro Ikusaba, Byakuya esperaba que ella no les diera la espalda, pero él era alguien desconfiado por naturaleza y siempre, siempre se esperaba lo peor.
Tan ensimismado en sus pensamientos estaba que no había notado como desde el área académica grandes cantidades de Monokumas empezaban a hacer acto de presencia, hasta que fueron demasiados para no notarlos.
Alzó la vista, aún seguían apareciendo más y más, todos con una expresión burlona, su ojo derecho brillaba en un rojo intenso y ninguno de los Osos decía palabra.
Byakuya retrocedió con cautela cuando los Monokumas se lanzaron hacia el a gran velocidad, nunca jamás fue alguien con una gran condición física o reflejos extraordinarios puesto que para su destino no necesitaba nada ello…
Pero por una vez se arrepintió de no tenerlos.
Después de todo, los Osos se estaban lanzando hacia él, con las filosas garras extendidas con el obvio objetivo de acabar con su vida, si alguna de esas garras lo golpeara en un punto vital… Todo se habría acabado para él.
No pudo ni siquiera permitirse cerrar los ojos cuando las filosas zarpas de los robots estuvieron a punto de conectar con su cuerpo…
Sin embargo, él se le había olvidado dos grandes detalles hasta que pudo verlos frente de él como si de un rayo se tratasen.
Si, había olvidado que Sakura y Shou estaban con él y habían saltado a su rescate. La Luchadora había propinado un golpe fuerte, destruyendo un Monokuma en el proceso, mientras que la Genocida tenía un ceño fruncido en su cara con varios pares de tijeras extendidas y listas para atacar en cualquier momento.
"¡No toquen a mi hermoso príncipe!" Exclamó con enojo.
Togami salió de su estupor ante sus palabras, mientras su mente comenzaba a procesar lo ocurrido, antes de darse la vuelta y comenzar a correr en dirección a la habitación de Fukawa lo más rápido que podía.
El no huía… Corría para salvar a los demás, Togami sabia que Monokuma podría aparecer de improvisto y atacarles por sorpresa, las habitaciones tenían diseños extraños y hasta donde podía teorizar, conductos donde los Osos podían salir a voluntad.
Entonces, si consideraba que la mente maestra ahora quería asesinarlos eso significaba que en cualquier momento podría acribillar a los que se encontraban en la habitación si quisiera con una emboscada.
Monokuma era peligroso a pesar de su apariencia adorable.
Tal fue la velocidad de su carrera, que se encontró chocando con el marco de la puerta de la habitación de la Escritora Definitiva, y pudo divisar varias miradas de los demás, sorprendidos también por el cómo había llegado a la habitación.
Sin embargo, en este momento su estatus como Heredero no le podría importar menos, por lo que abrió la boca para exclamar.
"¡Salgan de esta habitación, la Mente Maestra quiere asesinarnos y es solo cuestión de tiempo de que los Monokumas aparezcan en esta habitación! ¡Hay que salir al pasillo y hay un ejército de ellos fuera del área de dormitorios!"
Y fue allí donde los demás estudiantes supieron que el infierno había comenzado.
. . .
Mondo Owada maldecía en todos los tonos posibles, altos, bajos, medios y muy altos. Él siempre tenía el hábito de que cuando estaba muy, muy enojado solía perder el control, nunca pudo dominar su ira contra cualquier persona que no fuera su madre o su fallecido hermano, y eso lo había metido en un gran problema.
Tenía un botón de escape que funcionaba, podría escapar sin problemas, pero Mondo maldijo de nuevo.
¡Él no podía huir! ¿Por qué? Porque no podía dejar a todos atrás, Mondo no se sentía especialmente apegado a nadie en ese grupo de desconocidos, sin embargo, ¿Cómo podría vivir consigo mismo si supiera que para asegurar su vida tuvo que sacrificar a más de una docena de personas?
Rara vez solía pensar con más racionalidad de la necesaria, pero, incluso el conocía el valor de la vida más que nadie, las calles eran peligrosas y él había perdido grandes amigos en ella.
¿Cómo podría pensar que su vida vale más que las de todas esas personas? No, no valía más, valía lo mismo. El no huiría y dejaría a los demás morir, Mondo más que nadie sabía el lema de las calles; Vives por y para la banda.
Él no estaba con su banda, pero podía considerar a los demás estudiantes aliados, y como sus aliados él no los dejaría atrás para salvarse a sí mismo, si Mondo escapaba todos lo harían con él, y si no lo lograba se hundiría con ellos.
Su hermano siempre lo decía, "¡O jugamos todos, o pincho la pelota!", no huiría cobardemente, si no, nunca podría mirarlo a la cara, ni siquiera en la otra vida.
Y por eso maldecía, porque él quería huir, quería asegurar su supervivencia como todos en una situación parecida, pero no lo haría, se estaba arriesgando al maniobrar con su moto en espacios tan estrechos, dirigiéndose a la zona de dormitorios y esquivando o aplastando a Monokumas dispersos por el camino.
Finalmente, la entrada a la zona de los dormitorios se abrió ante él, y lo que vio en vez de darle miedo, le hirvió la sangre.
Monokumas, Monokumas y mas Monokumas, todos abalanzándose hacia sus compañeros, estos eran contenidos por Sakura Ogami y Toko Fukawa, y eran secundados por algunos otros estudiantes como Leon y Kiyotaka, no se veía como si pudieran ganar y no le extrañaba, no paraban de salir más.
Mondo apretó los dientes, guardo el Botón de escape en uno de sus bolsillos con rapidez, hirviendo de ira…
Hasta que finalmente, había perdido la razón de nuevo.
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Sakura Ogami no había perdido ni un segundo en atacar con una fuerza arrolladora, su cuerpo era fuerte y su voluntad aún más, por lo que no dudó siquiera un momento antes de dar un gran salto en dirección a la horda de Monokumas que se arremolinaban frente a ellas.
Shou a pesar de ser referida como una mente siniestra, retorcida y demente, decidió usar un enfoque más tranquilo, también atacando con sus tijeras de forma agresiva, pero sin lanzarse al medio de la batalla como Sakura.
Después de todo, Shou era alguien muy inteligente, no por nada había podido eludir a la policía por una gran cantidad de tiempo, sabía que en las habitaciones de todos los estudiantes habían ametralladoras preparadas y que el único lugar relativamente seguro seria el pasillo de los dormitorios.
Si ella se apartara de ese lugar, sería algo sumamente catastrófico si los Monokumas llegaran a pasar, y ella no podía permitir que su príncipe, Big Mac o cualquiera de los demás muriera, eso arruinaría el estado de ánimo general y la sinergia del grupo.
¡El estado de ánimo de su príncipe no podía bajar! Porque él había recuperado los recuerdos, y aunque no llegara a decirlo, apreciaba a sus compañeros, si bien a unos más que otros.
La pelinegra esquivo un Monokuma que dirigía sus garras hacia ella, dando una vuelta ágil tal cual bailarina para luego apuñalarlo en el centro de su estómago, dejándolo inutilizable.
La genocida pudo ver por el rabillo del ojo como los estudiantes salían de su habitación al pasillo, buscando resguardar su supervivencia, por lo que ella pateó un Monokuma cercano como si de un balón se tratase para luego dar un varios mortales hacia atrás, en dirección a los demás.
"¿Qué está sucediendo?" Kirigiri preguntó a Shou en cuanto esta estuvo lo suficientemente cerca.
"Aparecieron de repente, buscan asesinarnos, eso es todo lo que se, señorita." Respondió Shou con una sonrisa.
Una gran cantidad de Monokumas fue lanzada por los aires, producto de una patada de la Luchadora, sin embargo algunos robots se encontraban acercándose hacia los pasillos, por lo que la Genocida se vio obligada a actuar de nuevo, mientras que Sakura retrocedía para intentar cubrir algunos puntos ciegos.
"¿¡Cómo es posible esto!? ¡Makoto, dijiste que ella no nos traicionaría!" Reclamó Hagakure con miedo dirigiéndose al Afortunado.
"Cállate, idiota." Togami respondió con el ceño fruncido, mirando la batalla que acontecía frente a él, viendo como Shou y Sakura luchaban por cubrirlos. "Más que alguna traición, puede que fuera llevada a una trampa."
"Concuerdo." Pronunció Kirigiri con una mano en el mentón. "Esto puede haber sido una forma de la mente maestra para quitar a Ikusaba del medio mientras nos eliminaba a nosotros."
"¿N-no q-quieres decir que—?" Empezó Fujisaki con miedo.
"Si. La mente maestra busca acabar con nosotros, estamos en su territorio." Dijo Togami cerrando los ojos con pesar.
"… Por lo que nuestras probabilidades de sobrevivir… Son menos a 1%." Siguió Kirigiri, mordiéndose uno de sus dedos con una mueca que bailaba entre el temor y el enojo.
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Sayaka, Leon, Aoi, Taka, Hifumi y Yasuhiro colocaron una mueca horrorizada, la situación para ellos ahora mismo no era muy alentadora, incluso a sabiendas de que Sakura y Shou por si solas estaban manteniendo a raya a los Monokumas, era solo cuestión de tiempo de que ambas se agotaran…
Kirigiri, Celes y Byakuya intentaron por todos los medios mantenerse serenos y pensar en alguna solución posible a su evidente problema, sin éxito aparente. Todo era muy claro;
Ellos no podrían salir vivos de esta si la situación seguía de esta forma.
El miedo se cernió sobre Makoto, él era brillante y creativo, pero no pudo maquinar ningún tipo de salida a esta situación… El único lugar seguro era el pasillo, si salían de allí serian asesinados por los Monokumas, y si se resguardaban en una habitación corrían el riesgo de que los robots aparecieran y acabaran con ellos.
Y en el caso de que esto fuera una trampa como habían propuesto Kirigiri, Celes y Byakuya eso significaba que era altamente probable que Mukuro ya fuera sido asesinada por Junko.
Con eso en mente y una situación que se cernía por sobre él, por una vez, la esperanza del Estudiante Definitivo desapareció, solo sintiendo desesperación, ni una pizca de esperanza corría ya por sus venas cuando esa resolución llegó como un balde de agua fría a su cabeza.
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Sin embargo había alguien, alguien que se rehusaba a perecer aun en contra de todas las posibilidades…
Un chico débil que no moriría sin al menos intentar hacer algo.
Fujisaki, el, o ella, siempre se había visto a sí misma en un ciclo de auto desprecio por su debilidad, lo que la llevó a ocultarse como una mujer, era algo de lo que siempre se había sentido avergonzada…
Porque incluso como mujer seguía siendo débil aun cuando todas las chicas a su alrededor mostraban una gran fuerza o voluntad como Kirigiri, Sakura, Shou o la propia Mukuro.
Por eso ella no caería, iría en contra de las posibilidades y abriría un camino donde todos pudieran sobrevivir, después de todo, Fujisaki era la programadora definitiva… Y tenía un método que podría salvarlos a todos.
"¡Necesito que me ayuden, chicos!" Gritó Fujisaki de improvisto, llamando la atención de los otros estudiantes.
El primero en responder fue Byakuya. "¿Que necesitas?" Preguntó con seriedad, ni siquiera molestándose en preguntarle en que quería exactamente la ayuda.
Después de todo, cualquier idea que pudiera ayudarlos era bienvenida, fuera cual fuera.
"¡Necesito encontrar mi portátil!" Exclamó ella con decisión. "¡Si Monokuma es un robot, debe funcionar con algún tipo de servidor que envié instrucciones! Si era controlado remotamente quiere decir que hay una red que los conecta a todos." Explicó ella con urgencia, su habitual tartamudeo había desaparecido por completo.
"¿Entonces?" Preguntó Leon con miedo palpable en su tono mientras veía hacia Sakura y Shou.
"¡Tengo varios archivos en mi ordenador que podría usar para lanzar un ataque DDOS a la red, eso podría dejar inutilizables temporalmente a los Monokumas! Si soy capaz de comprar tiempo, puede que sea capaz también de eliminar el servidor por completo."
Cuando las expresiones y gemidos de compresión se hicieron presentes, Fujisaki siguió con rapidez.
"¡Es arriesgado, pero creo que es una posibilidad más que viable para sobrevivir!" Dijo ella apretando sus puños, pasando la mirada por todos los estudiantes.
"¿Dónde está tu ordenador, Fujisaki?" Preguntó Makoto, mirándola a los ojos con seriedad.
Ella colocó una expresión decidida. "Esta en mi habitación escondido." Cuando Leon frunció el ceño ella agregó. "¡Sé que es peligroso, pero podría funcionar!"
"¿Quieres que voluntariamente nos pongamos en la línea de fuego para recuperar tu ordenador?" Preguntó el Vidente Definitivo con miedo. "¡Eso es una—!"
"Te ayudare." Leon fue el primero en decir, interrumpiendo a Hagakure.
"Yo igual. ¡Una relación entre compañeros basada en la confianza siempre es excelente, si caemos, caeremos todos haciendo lo posible por sobrevivir!" Exclamó Taka con el puño levantado.
"¡Los apoyo!" Hina dijo con una mirada decidida.
"Si, también cuenta conmigo." Añadió Byakuya con decisión.
"Y conmigo." Finalizó Maizono.
Inmediatamente después, un patético gruñido llamó la atención de todos los estudiantes.
Ellos giraron su vista hacia el otro extremo del pasillo, dándose cuenta de que otra gran turba de Monokumas se acercaba, tropezando entre ellos y gritando por el estrecho lugar.
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"¡No puede ser!" Exclamó Celes con sorpresa.
El propio Byakuya maldijo su adormecimiento sobre ese mismo hecho; el pasillo de los dormitorios tenía dos formas de acceso… La común que usan todos, y la que da al depósito de basura, y habían ignorado esa última por completo.
Era un error atribuible el poco tiempo que llevaban aquí, pero un error como ese podría costarles la vida, el giró para ver a Shou, quien también se había percatado de eso mismo, corriendo en su dirección para encargarse.
Desgraciadamente, la Genocida no llegaría a tiempo para detener a todos los Monokumas sola. Los Osos llegarían antes a donde estaban ya que después de todo no les faltaba mucho para alcanzar a los estudiantes.
La habitación de Fujisaki todavía era accesible, pero entrar con el peligro inminente parecía todo menos sensato.
Silencio.
"¡Al diablo!" Gritó Leon con una mezcla de ira y miedo. "¡Fujisaki, Hina y Togami, consigan ese maldito portátil!"
Cuando Leon avanzó hacia los Monokumas por cuenta propia, Taka exclamó. "¡Exacto! ¡Los demás les cubriremos!" Mientras seguía al beisbolista.
Celes se había quedado en la retaguardia junto a Makoto, quien por razones obvias no podía aportar en el conflicto, mientras Kirigiri también se encontraba a su lado, sosteniéndolo en caso de que sus piernas cedieran puesto que el Afortunado aún se encontraba débil.
Contra todos los pronósticos, tanto Hifumi Yamada como Yasuhiro Hagakure siguieron a Leon y Taka, todos uniéndose con el mismo objetivo; Sobrevivir, ninguno era un luchador o muy versado en esas artes, pero las medidas desesperadas los llevaron a luchar para vivir.
Afortunadamente, Shou pudo alcanzarlos en ese estrecho pasillo, desafiando la gravedad al impulsarse por las paredes y girar con tijeras en mano, el metal filoso cortando el aire y dejando una estela a su paso, aterrizando con ligereza propia de una bailarina mientras picaba en dos a un Monokuma.
La genocida no estaba en su mejor momento, se encontraba jadeante y su frente sudaba a mares, ella era extremadamente ágil pero su resistencia no era alta en lo absoluto culpa de los malos hábitos de Toko, estaba yendo más allá de sus límites.
Sakura iba por el mismo camino, pero a diferencia de la Genocida, ella estaba acostumbrada a siempre a superarse por mucho que su cuerpo se cansara, no se detendría en su labor de asegurar el bienestar de sus compañeros.
Y ningún Monokuma estaba pasando de su línea, ella esperaba que se mantuviera así. Ignoraba los rasguños que su cuerpo tenia producto de las filosas garras de los Osos que habían podido conectar ataques en su cuerpo.
Y con un grito de batalla se abalanzo de nuevo sobre ellos.
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Mientras, Fujisaki, Asahina y Togami habían entrado en la habitación con rapidez, el Heredero Definitivo se percató de que no hubiera ningún oso presente, algo inútil porque ellos podrían salir en cualquier momento sin previo aviso.
"¿Dónde está el portátil?" Preguntó la Nadadora con urgencia.
Fujisaki corrió hacia su cama. "¡Debajo de mi colchón! ¡La he guardado allí desde el principio!" Exclamó, mientras intentaba levantarlo, sin mucho éxito por su endeble contextura.
Aoi no perdió el tiempo e inmediatamente después levantó el mudillo de la cama de la Programadora sin mucho problema, revelando la pequeña laptop que allí yacía escondida, cerrado y a simple vista en buen estado.
Fujisaki corrió con rapidez hasta tenerlo, abriéndolo inmediatamente y encendiéndolo sin problemas para cerciorarse que no hubiera ningún inconveniente de último minuto con él. Afortunadamente, todo parecía funcionar en bien.
Por lo que Aoi bajó el colchón con rapidez…
… Solo para revelar un Monokuma que había saltado hacia ella, sus zarpas relucían gracias a la luz de la habitación, el Oso había esperado a que ella terminara para atacarla de improvisto.
"¡Un Monokuma salvaje quiere luchar!" Gritó el Oso con una voz llena de estática, como si se tratase de un mensaje pregrabado.
La Nadadora gritó con terror a medida que el Oso se acercaba a ella.
Sin embargo, Aoi se encontró cayendo cuando la sangre salpico su rostro, el ruido sordo que hizo al impactar con el piso fue molesto, pero ella se levantó lo más rápido que pudo…
Para darse cuenta de algo impactante…
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"¿E-eh?" Musitó Aoi, mirando hacia la persona trajeada que se encontraba al frente de ella.
"¡B-Byakuya!" Gritó Fujisaki con terror.
Asahina se había quedado de piedra por un momento… ¿Acaso—?
¿Togami la había protegido?
Eso era lo que parecía a simple vista, él estaba frente a ella, había bloqueado el ataque con su brazo derecho, la manga de su traje estaba prácticamente destruida y la sangre caía al suelo por la herida ocasionada por Monokuma.
Ella salió de su estupor cuando Togami gritó con dolor. "¡Muévete, plebeya, hay que salir de aquí!"
La Nadadora Definitiva se movió con rapidez, tomando a la pequeña chica de la mano, quien no protestó y le siguió en su carrera para salir de la habitación.
Togami retrocedió, casi tropezándose con sus pies, su mano le dolía un mundo y le costaba moverla, la sangre que salía de ella era mucha, hasta el punto en que no podía distinguir la herida que el Oso le hizo.
Independientemente de ello, no importaba, él tenía que salir también, y fue aún más evidente para el cuándo más Monokumas empezaron a aparecer desde todos lados de la habitación.
"¡Jutsu de violación grupal!" Exclamaron todos los Osos con su tono lleno de estática.
El Heredero retrocedió hasta la puerta, un Monokuma se abalanzó hacia él, sin embargo fue interceptado por una patada proveniente de Byakuya mientras salía de la habitación lo más rápido posible.
Esperaba que todo el plan de Fujisaki funcionara, sino, todos morirían de formas horribles, su brazo herido era más que prueba de ello.
"Maldición." Masculló, tenía que detener el sangrado de su herida a como diera lugar o podría volverse potencialmente peligroso.
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Una vez fuera, Fujisaki se había puesto manos a la obra, trabajando sentada en el suelo, ignorando toda la lucha por la supervivencia que había a su alrededor, nadie le dijo nada, nadie la reprendió por ello, después de todo, lo que ella lograra ahora mismo era lo que decidiría si ellos podrían o no seguir vivos.
Ella daría todo de sí misma, todos los demás se estaban esforzando, Fujisaki tenía que hacer lo mismo.
A simple vista todo era efectivamente como ella lo había deducido, había una red WiFi que funcionaba como conexión hacia los Monokumas, entró en ella sin mucho problema, sin embargo es ahora cuando todo se complicaba.
El plan de Fujisaki era hacer un ataque de Degeneración de Servicio (DDOS) al servidor de los Monokumas, provocando que la conexión dejara de funcionar, lo que dependiendo del caso les daría la victoria.
Para ello, tenía que ingresar millones de llamadas al servidor, hasta que la densidad de la información hiciera que la red que conectaba a los Monokumas no funcionase al estar sobrecargada.
Ya que los ataques DDOS se resumían en hacer una saturación de los puertos con múltiples flujos de información, haría que el servidor se sobrecargara y dejara de estar operativo. Podría hacer eso en poco tiempo, confiaba de sus habilidades, si en algo era buena, era en este ámbito.
Por lo que cuando empezó a trabajar se desconectó del resto del mundo, se olvidó de todo a su alrededor, solo existía ella y su objetivo que era hacer caer un servidor.
No todo era tan fácil como parecía, no tenía el tiempo para crear código que pudiera romper la seguridad tan fácilmente, por lo que tenía que revisar varios programas ya creados de ella misma para copiar y pegar de su propio código.
Mientras que Alter Ego, la inteligencia artificial que ella misma había desarrollado en segundo plano intentaba hacer repetidas llamadas de información para que el servidor se sobrecargase poco a poco.
Un sonido fuerte la sacó de sus pensamientos, y cuando giró su cabeza pudo ver como Togami cerraba su habitación con fuerza, tomando del picaporte y jalándola hacia él, impidiendo que se abriera.
La pequeña programadora se alarmó ante esto, sabiendo que podría significar, sin embargo decidió ignorarlo, ella tenía una meta clara que no podía retrasar y estaba segura de que los demás le prestarían ayuda a Togami.
¡Ella estaba haciendo todo lo posible para salvarlos, porque ella era fuerte!
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Byakuya había cerrado con fuerza la puerta, mientras que con su mano izquierda sostenía el picaporte y lo jalaba hacia su cuerpo, para impedir que los Monokumas pudieran salir de allí, no estaba seguro de lo viable que era lo que se encontraba haciendo, pero tenía que intentar mantenerlos encerrados el mayor tiempo posible.
El Heredero tenía una extraña mueca, uno de sus ojos se encontraba completamente abierto mientras que el otro estaba entrecerrado, apretaba sus dientes con fuerza para intentar ignorar el dolor creciente de su brazo derecho.
El ardor era demasiado, y necesitaba aplicar algún tipo de presión para detener el sangrado, pero no tenía el tiempo para ello y los demás estaban ocupados.
"¡Togami!" Gritó Makoto con horror cuando lo vio.
Celestia fue la primera en correr en su ayuda, seguida de Asahina. La Nadadora Definitiva ayudó a Togami en su forcejeo, incluso sin saber exactamente lo que estaba sucediendo a detalle, ya que ella solo había visto un Monokuma dentro de la habitación.
"¡Déjamelo a mí!" Gritó Asahina, dándole vía a libre a Togami para que pudiera revisar su brazo sangrante.
Byakuya aceptó la ayuda y caminó con lentitud hasta dejarse caer, apoyando su espalda en una de las paredes cercanas a la puerta de una habitación que no quería ni podía identificar.
Era potencialmente peligroso, pero a él le daba igual, después de todo, el pasillo era el único lugar "seguro", y habían 15 habitaciones de las cuales solo 2 estaban cerradas, estadísticamente ellos no podían evitar que los Monokumas aparecieran sin arriesgarse, incluso aunque lograran cerrar las puertas nada garantizaba que con esas garras no pudieran romperlas.
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Celestia se acuclillo élegamente ante él, tomando su brazo derecho con cautela, su mirada era estoica, sin embargo el deje de nerviosismo era visible en su expresión, ella no se sentía cómoda intentando ayudar a tratar una herida, pero al igual que todos, debía de cooperar en algo.
Odiaba sentirse inútil en momentos críticos.
Ella solía arriesgar su vida con la mayoría de sus apuestas, fue el éxtasis en los momentos críticos lo que definió su estilo de vida refinado y peligroso, siempre era la que dictaba las reglas y tenía el control, no obstante en esta situación no era así.
Celestia había apoyado entre poco o nada a la causa de sobrevivir, y ella odiaba eso; Hacer nada.
Si, nunca jamás haría algo tan loco como luchar contra los robots como se encontraban haciendo los demás, o nunca hubiera arriesgado su vida por Mukuro Ikusaba como lo hizo Naegi…
Pero al menos podía hacer esto.
Ella viviría su vida cómodamente con sus sirvientes en su castillo en el futuro, pero viviría gracias a sus esfuerzos y su dinero, no viviría por ser una inútil que no hizo nada en momentos sumamente importantes como este.
"¿Qué puedo hacer—?" Se dijo a sí misma, mirando como la sangre seguía saliendo del brazo de Togami.
El Heredero no respondió, solo inhalando y exhalando para mitigar su propio dolor…
Y pasado los segundos, la resolución finalmente llegó a los ojos de Celestia; Si, era lógico lo que debía de hacer a continuación, vendar y apretar su herida, así la sangre dejaría de salir.
Sin embargo no tenía nada que pudiera servir como una venda.
Ella pensó rápidamente, y la única conclusión posible fue…
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… Que se arrepentiría de esto.
Soltó el brazo de Togami con cuidado, mientras con su mano derecha se dirigía hacia la manga izquierda del vestido que usaba, si, efectivamente, Celestia Ludenberg rompería su costoso vestido solo para ayudar al Heredero Definitivo a detener su sangrado.
Togami abrió los ojos una vez el sonido de la tela rasgándose fue audible, mirando como la manga de Celestia ahora era un simple pedazo de tela que ella comenzaría posteriormente a amarrar en su brazo.
"¿Q-que?" Tartamudeó Togami sorprendido, nunca jamás se hubiera esperado algo como eso de la Celestia que conocía años atrás.
Sin embargo ella sonrió en su dirección. "Cuando salgamos de aquí, me compraras 10 vestidos iguales a este." Dijo, a pesar de su aparente sonrisa, una vena era visible en su frente, en señal de que se encontraba furiosa y no le gustaba esto.
El Heredero Definitivo miró hacia ambos lados con lentitud, Sakura defendía de forma imperecedera su lugar, mientras que por el otro lado, Fukawa propinaba una patada a Leon para quitarlo de en medio de un ataque de Monokuma.
La Genocida no se encontraba nada bien, tenía heridas por su cara, piernas y su vestido había sido casi destrozado, solo cubriendo la parte superior de sus muslos, casi a la altura de las faldas usadas por la Idol Definitiva.
Shou miraba con preocupación a Togami, sin embargo no hacia ningún movimiento, preocupándose por defender junto a los demás el área que le había sido asignada.
La programadora mientras tanto, hacia grandes avances con su objetivo y se permitió un momento para informarles a todos sus progresos.
"¡Ya casi termino!" Gritó Fujisaki llamando la atención, con la vista en ningún momento apartándose de su ordenador.
Y con esas reconfortantes y necesarias palabras, Byakuya, Kirigiri, Makoto, Celestia y los demás sentían como la esperanza volvía a florecer dentro de ellos.
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El ruido de un motor se estaba haciendo presente, y cada vez más y más fuerte, Sakura lo oía y no entendía que podía llegar a ser.
Sin embargo, la duda no duro por mucho tiempo, cuando vio una moto salir disparada desde el área académica en línea recta, llevándose a multitud de Monokumas por delante…
Su conductor no era nada más ni nada menos que Mondo Owada, quien en algún punto de la carrera saltó de la moto, rodando por los suelos con fuerza.
La moto al estar sin conductor y aun encendida, siguió su camino, hasta finalmente impactar contra la puerta del comedor, con varios Monokumas a rastras, el golpe fue tan fuerte que algunos robots comenzaron a explotar en cadena…
… Y la moto le siguió poco después.
¡BOOM!
La explosión fue fuerte, fue ruidosa y fue un rayo de esperanza para los demás, al ver como de un solo plumazo un gran grupo de Monokumas desaparecían.
Mondo, quien había rodado por el piso gracias a la aceleración de la moto se levantó lo más rápido que pudo para luego empezar a correr hacia el área de los dormitorios con el objetivo de informarles a todos sobre lo que había descubierto.
Mientras se acercaba al pasillo, pudo notar como la Escritora Definitiva, o mejor dicho, su segunda personalidad salía disparada en dirección al comedor, la expresión de furia hirviente era visible en su cara el poco tiempo que Mondo pudo verla.
Finalmente, cuando llegó con los demás, pudo ver también como varios Monokumas yacían en el suelo, aparentemente desactivados, sumados a unos heridos como Leon, Taka, Hiro y Togami.
"¡Mondo, estas bien!" Gritó Fujisaki con sorpresa al verlo.
"¿¡Que mierdas sucedió aquí!?" Preguntó el Motero con extrañeza, mientras miraba los restos de la escena que habían sucedido aquí minutos atrás.
"Los Monokumas intentaron asesinarnos, pero al parecer la pequeña Fujisaki pudo romper el sistema de seguridad y desactivarlos." Respondió Celes con neutralidad, Mondo no pudo evitar notar como la Apostadora tenia algunas manchas de sangre en su vestido y que su manga izquierda estaba completamente desaparecida.
"Los demás lucharon para comprar el tiempo necesario y que Fujisaki pudiera terminar con su trabajo." Agregó Kirigiri con su habitual tono frio, aun ayudando a Makoto a mantenerse de pie.
El asintió en compresión, girando a ver a Fujisaki y regalándole una sonrisa seguido de un pulgar arriba, haciendo que la pequeña programadora también sonriera, aliviando un poco el estrés de la situación anterior.
"¡Todos los Monokumas del edificio están desactivados!" Anuncio ella con una sonrisa orgullosa para cambiarla después a una desconfiada. "Pero esto no será por siempre, una vez el servidor se estabilice o la batería de mi portátil se acabe, volverán a reactivarse… No he podido bajar permanentemente el servidor"
"¡Entonces tenemos que irnos! ¡Tengo un botón que abre la puerta de la academia!" Exclamó Mondo, y ante las miradas escépticas de la mayoría agregó. "¡Ya lo he comprobado, sí que funciona, joder! ¡Tuve que robarlo a Monokuma y rompí las arreglas cuando le ataqué—!"
"No. No podemos irnos, Mondo." Interrumpió Makoto, llamando la atención del Motero.
Mondo alzó una ceja mientras apuntaba al Afortunado, sin saber hasta ahora que se encontraba allí. "¿Eh? ¿¡Que cojones haces aquí!? ¡Tú y esa mujer pelinegra son el enemigo!"
"Te equivocas. Ellos son nuestros aliados, la mente maestra es otra." Dijo Celestia con seriedad, dando un paso al frente en defensa de ambos, ella no había mentido cuando hablo sobre apostar todo en ellos.
"¿¡Esperas que me crea eso!?" Reclamó él con enojo apenas contenido, odiaba que se burlasen de él o intentaran engañarlo.
Sin embargo, Celestia colocó una mueca iracunda. "¡Cállate y cree lo que yo te diga, maldito malviviente, escoria de la sociedad!" Explotó ella mientras le apuntaba con el dedo en otro de sus arrebatos.
El Motero parpadeo mientras retrocedía unos pasos, sin esperarse en lo absoluto una respuesta como esa, sin embargo no dijo nada, no tenía sentido, ya que el solía resolver sus problemas con violencia y nunca golpearía a una chica bajo ninguna circunstancia…
Eso sí, enojado estaba, y mucho, pero permanecería en silencio por ahora.
"Ella tiene razón. Makoto y Mukuro son nuestros aliados." Defendió Kirigiri, siendo más razonable. "Sé que es difícil de creer, pero por eso no podemos irnos, la mente maestra se encuentra en el comedor, debemos acabar con ella."
"Ya Shou ha ido para eso." Dijo Leon, haciendo que el resto se fijaran en él, se encontraba recostado sosteniendo su estómago, que tenía una herida no muy profunda, pero no por ello menos dolorosa de su batalla anterior. "… Y nadie más está en condiciones de ir…"
Y sorprendiendo a todos, Sakura secundó su argumento. "Debo concordar con Leon, ni siquiera yo podría ir ahora mismo…" Expresó mientras se arrodillaba, una vez que la adrenalina había bajado en su cuerpo, el peso de las heridas eran demasiado para que ella pudiera luchar a corto plazo. "Discúlpenme por ser un peso muerto."
"Mierda, ¿entonces hay que ir por la mujer de pelo negro y la maldita Genocida, no?" Preguntó Mondo, una pregunta inútil puesto que él estaba atado de manos, no podía ir y traer a Mukuro a la fuerza dejando a la mente maestra viva…
… Y como la mente maestra era una mujer no podría matarla, lo que esencialmente lo convertiría en alguien inútil en esta situación, cualquier cosa que hiciera no saldría bien.
"Necesitare la ayuda de cualquiera que pueda moverse." Dijo la Programadora cambiando de tema. "Tenemos que deshacernos de los Monokumas rápido."
"¿Hay que destruirlos?" Inquirió Mondo.
"Lo dije antes. Todo en la red de la academia debe estar desactivado, eso incluye cámaras de seguridad y las armas de fuego, al menos en teoría. Desgraciadamente no puedo controlar a los Monokumas ni he sido capaz de introducir a Alter Ego en la red, lo siento."
"No. Ya has hecho suficiente, pequeña." Dijo Celestia con una sonrisa comprensiva. "Supongo que si no es peligroso, podría ayudar de nuevo."
"¡Entonces, vamos a ello ya, Fujisaki, dime que debo romper!" Exigió Mondo.
Lo único que comprendía el motero es que no podría irse y sin entender la mayoría de lo que ocurría solo decidió seguirles, él nunca fue el más listo de su clase y había decidido confiar en ellos ahora mismo…
No es como si le quedara otra opción ya que después de todo, no iba a abandonarlos como ya lo había dicho antes.
Todos buscaban sobrevivir, el confiaría en cualquier cosa que los demás estuvieran haciendo.
La Programadora comenzó a explicar detalladamente lo que tenían que destruir, misión a la que se unió Aoi, Maizono y Kirigiri, dejando a Makoto sentado y apoyado contra la pared, cerca de Togami y los demás estudiantes heridos.
Makoto tenía una mirada seria, pasó una vista por los demás estudiantes cercanos a él, percatándose que todos estaban lastimados, aunque ninguno se veía especialmente grave salvo el mismo, con su herida que acarreaba desde que salvó a Mukuro.
Leon tenía una herida en su estómago, sin embargo había sido atendido lo mejor posible por Maizono, quien había aplicado presión en su sangrado para intentar detenerlo, con un resultado decente, la cara dolorida del Beisbolista no era tan fuerte, por lo que significaba que el dolor no era insoportable para él.
El Vidente Definitivo no se veía demasiado lastimado salvo algunos rasguños dispersos en su cuerpo, aunque la chaqueta que usaba para cubrirse por sobre su ropa había sido casi destruida y jadeaba gracias al cansancio.
Taka sangraba de la cabeza y tenía una marca de garra en su ojo izquierdo, la herida en su cabeza estaba en vuelta por los restos de la chaqueta de Yasuhiro como una venda improvisada.
Hifumi era el único que aparentemente se encontraba de una pieza, sin heridas aparentes, aparentemente inconsciente por el cansancio.
Sakura al igual que Hagakure tenia cortes y heridas por todo el cuerpo, sangraba de varias partes pero no parecía ser grave y al parecer estaba extremadamente cansada tal y como lo habia dicho antes.
A Makoto no le extrañaba en lo absoluto, ya que ella propinaba golpes con toda su fuerza desde el inicio de su batalla.
Byakuya sostenía su brazo vendado cortesía de Celes, al parecer ya había asimilado la mayor parte del dolor —O fingía ignorarlo—, ya que miraba al Afortunado con una mirada indiferente.
Makoto se sintió algo inútil al ver como todos sus compañeros luchaban por sobrevivir mientras el, lesionado, no podía hacer nada para aportar. Sabía que no era su culpa, pero era un sentimiento que no podía simplemente dejar ir.
"¿Sabes? No me arrepiento." Dijo Byakuya con indiferencia.
"¿Qué dijiste?" Preguntó Makoto, sorprendido de oírlo hablar con normalidad.
"Me duele el pecho, mi brazo derecho se siente horrible y solo moverlo me duele demasiado." Comentó, haciendo que el Afortunado se alarmara con su última declaración. "Pero, no me arrepiento de esto."
"No hables como si estuvieras a punto de morir, hombre." Leon dijo con dolor en su tono.
"Si. ¿Lo dije al principio, no? Todos saldremos de esta." Dijo Hagakure con una sonrisa confiada que no coincidía en nada con su personalidad habitual. "¡Mis predicciones solo fallan el 70% de las veces!"
Byakuya se rio por un corto periodo de tiempo, antes de ser interrumpido por su propia tos. "Pues claro que no moriré, después de todo, soy un Togami, nacido para gobernar, luche contra los demás herederos y solo yo salí victorioso. Una plebeya loca no podrá conmigo."
"… No concuerdo con tus formas… Pero si con lo que dices." Apoyó el Delegado Definitivo con una sonrisa cansada.
"Makoto." Llamó el Heredero Definitivo, ignorando a Taka. "Hay algo que puedo decir a ciencia cierta, sin temor a equivocarme."
"¿Qué es?" Preguntó el Afortunado.
"Las probabilidades de sobrevivir a este ataque de Monokumas eran del 1%, y sobrevivimos. Por lo tanto…" Tragó saliva, haciendo una pausa.
"¿Por lo tanto qué?" Preguntó Makoto.
Byakuya colocó una gran sonrisa a pesar de su estado, radiante y llena de orgullo para después decir:
"Si Mukuro pudo sobreponerse a la mente maestra como hicimos, entonces… Nosotros hemos ganado."
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Mukuro estaba suspendida en el aire, en uno de sus momentos llenos de adrenalina, aquellos en los cuales sentía que el mundo pasaba a cámara lenta para ella, su vista estaba relativamente borrosa más si podía distinguir la mayoría de lo que veía.
Humo y escombros.
Ella se encontraba cayendo, luego de ser enviada a volar por una explosión de origen desconocido junto a su hermana, no tenía idea de que pudiera haberla causado, pero estaba segura de algo;
Junko no había sido la responsable.
Después de todo, Mukuro conocía el modus operandi de su hermana como la palma de su mano y más importante… Si hubiera sido un plan de Junko no hubiera fallado y la explosión las habría matado a ambas.
Entonces para la Mercenaria la duda era importante; ¿Quién habría provocado esa explosión?
Independientemente de quien fuera, el mundo pareció volver a la normalidad cuando ella siguió cayendo, intentando recuperarse de forma torpe en el aire, maniobrando como podía para intentar aterrizar de pie.
Aterrizó de forma tosca en el suelo, retrocediendo con torpeza y tropezando con sus propios pies, cayendo con fuerza sobre algunos escombros que ahora se encontraban en el comedor producto de la anterior explosión.
Cuando recobró por completo sus sentidos, el mundo entero empezó a darle vueltas, los oídos le pitaban con fuerza lo que generaba una creciente y molesta sensación de incomodidad en ella, además del dolor y el cansancio que tenia de la batalla anterior.
La mercenaria no era ajena a este tipo de sensaciones, ya lo había experimentado en carne propia antes, en sus primeras veces en el campo de batalla… Y eran tan, sino más horrible de lo que recordaba.
El fuerte pitido que produce una explosión cercana.
Afortunadamente no se encontraba desorientada, por lo que decidió quedarse quieta un momento mientras el humo inundaba todo el comedor donde hasta hace algunos minutos combatía contra su hermana, no podía simplemente moverse a ciegas considerando que Junko estaba allí con ella.
Había reunido la determinación, y había estado muy cerca de asesinar a su hermana menor, pero esa explosión la detuvo en seco, su determinación seguía con ella, pero su estado físico poco a poco la abandonaba.
Se levantó con pesar del suelo, tosiendo con fuerza gracias al humo que entraba en sus pulmones, gimió de dolor al estar erguida, ya que sentía un fuerte dolor en su espalda.
Mukuro sabía que ahora más que nunca su cuerpo se encontraba sumamente cansado, ya que mirando hacia atrás, se había sobre-esforzado en sobremanera; luchó contra Sakura, corrió por toda la academia para luego terminar luchando contra una horda de Monokumas hasta casi desfallecer…
Solo tomando unos míseros veinte minutos para volver descansar, y ahora todo el cansancio acumulado se cernía sobre ella como un gran peso en su espalda que le impedía moverse con soltura.
La adrenalina que le permitía ignorar todo el cansancio había desaparecido de su cuerpo, ahora solo quedaba una persona agotada.
El dolor en su espalda fue expandiéndose por su cuerpo, con su abdomen doliendo fuertemente, ella se vio obligada a arrodillarse soportando el dolor apretando los dientes para no gruñir.
"¿Ya estás en las ultimas, hermana?" Escuchó una voz cercana a ella, con tono áspero pero a la vez burlón.
El humo poco a poco empezó a disiparse, mientras la figura de Junko hacia acto de presencia, su cara estaba manchada de suciedad y varios moretones, golpes y quemaduras eran visibles.
A pesar de ello, tenía una radiante sonrisa y de cierta forma, se veía en mejor estado que Mukuro al estar completamente erguida con los brazos cruzados, una pose tan típica de ella, que solía hacer para recalcar el tamaño de sus pechos.
Siempre solía hacerlo para intentar molestar a Mukuro en el pasado.
La rubia suspiró. "Diablos, señorita. Pensé que nunca jamás te agotarías, llevas luchando prácticamente desde que empezó el juego de matar y aun así te mantenías a tope… ¡Creí que eras una súper humana o algo!"
Mukuro no respondió, demasiado concentrada en mitigar su propio dolor físico para hacerlo, mientras Junko se reía sonoramente, ignorando toda la destrucción y los escombros que cubrían el piso por la anterior explosión.
"Te ves mal, Muku~" Dijo la rubia, rascándose la cabeza con una sonrisa incomoda, aunque posteriormente se encogió de hombros. "Bueno, era de esperarse si saliste volando con esa explosión."
"…" Ella se quedó en silencio.
"Tú siempre por encima de los limites sobrehumanos, lo mejor de ello es que por tanto esfuerzo físico tu cuerpo siempre está en su mejor forma… Que solo Naegi tendrá el placer de disfrutar." Expresó Junko, frunciendo el ceño en la última parte. "Eso es una… ¡Desgracia! ¡Tu cuerpo es lo más parecido al mío que existe en este mundo, nadie puede tener el placer disfrutarlo!"
Mukuro no respondió de nuevo, sino que se limitó a mirar a su hermana con el ceño fruncido.
"Bueno, hermana, supongo que ya es hora de que vayamos terminando esto." Dijo Junko mientras comenzaba a acercarse lentamente a Mukuro, quien reuniendo esfuerzo e ignorando el dolor, se levantó de nuevo. "¡Eres toda una máquina, horas peleando con todo tipo de cosas y aun así das para seguir!"
La Mercenaria optó por no intercambiar palabras con su hermana, solo limitándose a soltar un golpe que iba directo a su cara. Junko se rio antes de esquivarlo sin mucho problema, contraatacando con un derechazo al estómago de Mukuro.
La pelinegra retrocedió con la mayor velocidad que pudo, para después girar y dar una patada a la cabeza de Junko, siendo esquivada de nuevo.
"Solo pensar que Makoto será el chico que pruebe todo de ti… Que afortunado, ¿No crees?" Preguntó Junko con un sonrojo evidente, mientras atacaba a su hermana con un fuerte golpe a puño cerrado… "¡Solo pensar en cómo el meterá su —CENSURADO— y luego te hará —CENSURADO— acabando con un —CENSURADO—! ¡A cualquiera se le haría agua la boca!"
Mukuro evadió impulsándose hacia atrás, ignorando todo lo que decía su hermana, solo para que el dolor de su abdomen y estomago se hiciera más agudo, pinchándola y haciendo que perdiera el equilibrio, recuperándose antes de caer.
Jadeo en busca de aire, mientras la rubia se acercaba lentamente con una mueca divertida.
"Llegó tu hora, hermana." Dijo Junko encogiéndose de hombros, acercándose más y más con cada paso. "A estas horas seguro algunos de nuestros compañeros deberían estar pensando que ganaron, je."
Silencio.
"No…" Musitó Mukuro.
"¿Qué?" Preguntó Junko con una ceja levantada, deteniéndose en seco.
"… Ya te dije que no voy a morir, Makoto me está esperando." Respondió la pelinegra.
"Es admirable que a estas alturas aun pienses que podrás sobrevivir… No, de hecho no lo es, es molesto, ¡así que ríndete, cállate y muérete!" Dijo la rubia mordazmente.
Junko lanzó un golpe hacia la cara de Mukuro, sin embargo la Mercenaria se las arregló para esquivarlo, contraatacando con un derechazo directo a la mejilla de su hermana.
En rápida sucesión, Mukuro propino otro ataque en la mandíbula de Junko, para terminar girando sobre sí misma y darle un codazo al estómago de su hermana, enviándola al suelo.
La Mercenaria jadeó, perdiendo el equilibrio y cayendo de cara al suelo, su combustible para la lucha se había acabado finalmente, no podría luchar por un buen rato, incluso ya estaba desgastada con los golpes que segundos antes le propinó a su hermana.
Si estuviera a tope como mencionó Junko, la rubia no hubiera durado ni siquiera diez segundos contra ella, sin embargo no lo estaba ahora, y no había tenido la determinación suficiente para acabar con su hermana cuando si lo estaba.
Mukuro era una persona contradictoria, eso lo sabía, ella se seguía repitiendo a si misma que tenía que matar a Junko, que era la única forma de salir con vida, pero no es sino hasta poco después de que ella entró en el comedor con su hermana que su determinación se hizo palpable.
Por lo que no importa cuánto le doliera por dentro, tenía que matar a su hermana aquí y ahora. Independientemente de lo que sucediera con ella misma después de eso.
La Mercenaria sabía que este juego de matar se transmitía en Televisión, todo gracias a Junko y que ahora más que nunca se encontraba en tierra de nadie, era enemiga de la fundación del futuro y era enemiga de la desesperación definitiva, nunca el futuro fue tan desalentador para ella.
Pero, una promesa es una promesa, ella iba a sobrevivir para ver a Makoto de nuevo. ¿Cómo? No lo sabía, pero lo haría.
Rio mentalmente, a eso era lo que se reducía Mukuro, a depender emocionalmente de cualquier persona menos de ella misma para seguir adelante, siempre había sido así, con Junko y con Makoto.
Pero, a ella le daba igual, siempre se había sentido apegada a su hermana menor y el afecto genuino que Makoto le ofrecía había sido algo que ella siempre quería ver de él, porque le hacía sentir bien, sentir especial.
Dependencias como esa limitaban a la gente, y Mukuro no era una excepción, sin embargo, también podrían forzarla a ir más allá de sus límites, tal y como la pelinegra intentaba hacer.
Porque, Mukuro estaba segura, si Makoto no estuviera entre sus compañeros, ella nunca, jamás de los jamases habría abandonado a su hermana, incluso si Junko la hubiera traicionado.
Su deseo de volver a ver al Afortunado la motivaba a seguir adelante por lo que Mukuro intentó levantarse de nuevo…
"¡Patea hermanitas no jutsu!" Dijo la Modelo Definitiva, quien se había levantado, acercándose con rapidez a Mukuro para usar la técnica anteriormente mencionada.
La Mercenaria recibió una patada en la cara producto de su hermana justo cuando se encontraba levantándose, siendo impulsada hacia atrás y cayendo de espaldas al suelo, momento en el que Junko aprovechó para subirse encima de ella.
"No importa cuántas veces lo haga… Esto es tan, pero tan obsceno que me siento extraña solo con hacerlo." Soltó la rubia con una sonrisa cómplice, mientras sus ojos dementes y sus manos se dirigían al cuello de una aturdida Mukuro. "Creo que tendré que ir a un loquero, porque estoy teniendo muchas impurezas en mi cabeza últimamente."
Mukuro no pudo hacer nada cuando las manos de Junko apretaron su cuello, se sentía mareada y desorientada gracias a la patada directa de su hermana menor, su cabeza daba vueltas y podía sentir el sabor metálico de su propia sangre en su boca.
Con una sonrisa cruzando el rostro lleno de locura de Junko, comenzó a estrangular a su hermana con ánimos. La pelinegra ahora se encontraba en la peor de las situaciones y sin fuerzas suficientes para salir de ella.
Era curioso como las cosas podían cambiar en un abrir y cerrar de ojos, minutos antes era Mukuro quien mataría a Junko, y ahora era al revés.
"No puedo morir, no puedo morir, no puedo morir."
Se repetía en su mente intentando darse fuerza de donde no las tenía, sin ningún tipo de efecto.
A sabiendas de que no podría liberarse, sus pensamientos viajaron inmediatamente hacia Makoto casi sin querer, se sentía pésima por faltarle de esa forma.
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¿Por qué? ¿Por qué todo tenía que acabar así para ella?
Sabía que se lo merecía, pero aun así… ¿Por qué?
Incluso sabiendo la respuesta aún se lo repetía, ¿Por qué? ¿Por qué Mukuro quien solo quería ser feliz le había tocado vivir todo esto?
Mukuro se declaraba atea, porque si algún dios benévolo existiera, ella nunca hubiera tenido una vida tan miserable como la suya…
¿Por qué no podía haber nacido como Sayaka, Aoi o incluso como Sakura? ¿Por qué le toco experimentar toda la maldad del mundo?
Aquella maldad que destruyó por completo a su hermana pequeña, convirtiéndola en un vil monstruo.
El mundo es y siempre será un lugar malvado, pero a su vez también un lugar hermoso, Mukuro podía dar fe de ello y la mayor prueba era Naegi, quien nació en una buena familia que lo quería y que nunca tuvo que pasar por las dificultades que ella.
Mukuro, quien se había enamorado del simplemente por su genuina sonrisa, su forma de expresarse y demás, cada vez que se llegó a acercar más a él lo comprendía;
A pesar de que ella lo amaba, tenía una envidia insana hacia él, envidia porque Makoto tenía lo que ella siempre había querido y que nunca podría tener.
Pero aun en su momento ella nunca se planteó el odiarlo por eso, porque era una persona sin igual que siempre la cautivaba más y más, siempre sabría cómo colocarse en los zapatos de otro y a diferencia de otras personas, era alguien muy atento que ayudaría de cualquier forma posible, incluso si no se lo pidieran.
Tal como había hecho al salvarla de las lanzas.
Mukuro no iba a fallarle, no importa que, no importa el método, ella tenía que sobrevivir, era un deseo egoísta, pero no quería dejar a Makoto.
Ella se estaba repitiendo lo mismo una y otra, y otra vez, como un CD antiguo que había dejado de funcionar correctamente y solo se repetía en un bucle, así eran sus pensamientos.
Con una voluntad renovada y sabiendo que no tenía fuerzas suficientes para quitarse a Junko de encima, dejó de intentar remover las manos de su cuello para dirigirlas a sus orejas, tomándolas con fuerza y jalándola hacia ella.
PAF.
El cabezazo fue fuerte y sonoro, haciendo que Junko inmediatamente la soltara, momento que Mukuro aprovechó para retroceder un poco y darle una patada en el estómago a su hermana, enviándola hacia atrás.
La Mercenaria no se levantó, solo quedándose en el suelo mientras se tomaba el cuello, respirando bocanadas grandes de aire para segundos después, pararse lentamente de forma encorvada, haciendo uso de mucho esfuerzo y más que todo, fuerza de voluntad.
Mukuro apretó sus puños mientras su expresión se deformaba en una sonrisa dolorosa, mirando a su hermana quien volvía a levantarse, sobándose la cabeza con lágrimas en los ojos.
"¿¡Otra vez!? ¿¡En serio!? ¡En el capítulo anterior hiciste lo mismo, deja de darme cabezazos y patearme, duele mucho!" Se quejó ella mientras las lágrimas caían por su rostro.
"Me da igual, no pienso rendirme, Junko." Dijo Mukuro, mientras se sentaba en el suelo con pesar.
La sangre que corría por su cara producto de sus heridas sumada a su sonrisa le daba un aire verdaderamente peligroso, haciendo que Junko abriera los ojos y retrocediera alzando las manos.
"¡O-oye! ¿Qué te ha pasado? ¿Acaso la falta temporal de aire te ha vuelto loca?" Preguntó Junko con una sonrisa nerviosa, para después sobarse la cara, empezando a llorar de nuevo. "¿¡En serio, porque siempre tienes que golpearme en el rostro!? ¡Me diste un derechazo, luego en mi barbilla y ahora me das un cabezazo en la frente! ¡Ten un poco de respeto por mi bella cara!"
Mukuro solo sonrió, regalándole a su hermana un ceño fruncido que hizo que esta también le devolviera el gesto, dejando su berrinche atrás.
Sin embargo, a pesar de lo que la Mercenaria pudiera decir o intentar hacerse creer, ya su cuerpo no daba para más, dudaba siquiera poder golpear a Junko en su estado de nuevo, podía mantenerse erguida y solo eso le costaba mucho.
Esta pelea aún no había terminado… Aunque Mukuro tuviera todas las de perder.
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Sin embargo, y para sorpresa de ambas, una figura negra, un grito demente y un dos pares de lo que a simple vista parecían filosos metales fue sucinte para hacer que Junko gimiera por la repentina aparición que saltó directamente hacia ella como si de un borrón se tratase.
No era como si la rubia tampoco se lo hubiera esperado, en realidad.
La Modelo Definitiva fue lo suficientemente rápida como para saltar hacia atrás cuando las dos tijeras que segundos antes estaban en manos de Shou ahora se encontraban clavadas en el suelo donde ella había estado.
"¡Te voy a matar!" Gritó la Genocida con enojo, colocándose frente a la Mercenaria para cubrirla.
A pesar de la situación en la que se encontraba, Mukuro abrió los ojos con sorpresa…
Shou se veía mal, su vestido estaba prácticamente destrozado y la sangre corría por sus piernas, había sido muy lastimada y Mukuro sabia sin duda que se debía a los robots con los que seguramente ella había luchado.
Pero, independientemente de eso, había visto a la Genocida años antes, y nunca, jamás de los jamases la vio enojada, o al menos, enojada genuinamente como en estos instantes.
Un instinto asesino venia de ella como un gran tren de carga, incluso logrando que por breves momentos Mukuro se sintiera intimidada.
Shou enarcó una ceja mientras colocaba una gran sonrisa psicópata. "Te voy a desmembrar como si fueras un gran chico sexy y guapo…"
"¿Eh~? ¡No hables como si no pudiera, puedo ser un chico guapo si me lo propongo! ¡Algo así como mi gran amigo Fujisaki!" Mencionó ella, ignorando completamente la mirada asesina que la Genocida le dirigía.
"… Tsk, odio a las de tu tipo, no por tener unas grandes tetas puedes hacer lo que sea, ¡soy una tabla, y me voy a estampar en tu cara para enseñarte respeto!" Exclamó Shou, sacando de entre sus piernas otro juego de tijeras.
"¿Qué te sucede, amiga? Te noto muy enojada…" Preguntó Junko enarcando una ceja con curiosidad.
Ante el tono burlón y despectivo del que hacía gala la rubia, Shou inclinó la cabeza sin decir ni una palabra, solo lanzándole a Junko una mirada anormalmente seria para alguien como ella.
La Genocida no tenía por qué perder su tiempo explicándole porque SU príncipe no se toca, la única razón por la que ella misma no fue a socorrerlo inmediatamente después de verlo herido era porque se encontraba defendiéndolo de los Monokumas, pero, ahora que se había cerciorado de que Togami estuviera bien podía hacer lo que se le plazca, y eso significaba darle su merecido a Junko.
"… Tengo tantas ganas de arrancarte los pechos ahora mismo que incluso violare mi código de asesinatos… Ni siquiera me detendría si mi príncipe me lo pidiera." Masculló con una mirada seria, antes de girar a ver a Mukuro, quien permanecía detrás de ella, atónita. "Tú, Samurái, no intentes salvarla o también te partiré en dos."
Shou jadeó, mientras extendía su par de tijeras en una extraña posición en preludio a su inminente ataqué.
El aura asesina que emanaba de la Genocida fue demasiado intensa, Mukuro no pudo evitar gemir en voz baja alarmada por un momento de ella… Tal así era su presencia que podía intimidarla a ella.
Y Junko, por una vez en su vida sintió algo que la hizo feliz; Sintió miedo, miedo de que tenía un enemigo frente a ella, trastornada, peligrosa y con la suficiente fuerza como para matarla.
Y a diferencia de su hermana, ella no dudaría ni un segundo.
La Modelo de forma inconsciente se encontró adoptando una pose defensiva. No fue un acto voluntario, el instinto de su cuerpo había actuado por ella antes de siquiera pensarlo, sabiendo el peligro que representaba Shou para su seguridad.
Era alguien indescifrable, su línea de pensamiento era relativamente deducida por el talento como analista de Junko, pero la mente en constante cambio y con un patrón indefinido de la Genocida era algo que no podía seguir.
Porque incluso cuando Junko pensaba tener a la Genocida al alcance de su mano, nunca era por mucho tiempo, ya que ninguna lógica se aplicaba a sus acciones más allá de su imperecedera debilidad por Togami.
Pero, incluso algo como esto entraba en los escenarios de Junko, por lo que aun con un sentimiento reconfortante de miedo corriendo por su cuerpo, se encontró sonriendo, no una sonrisa burlona, ni triste, ni demente, no…
Era una sonrisa genuina.
¿Por qué? Porque el sencillo hecho de que todo su plan estaba saliendo al pie de la letra, no había ningún error.
No había posibilidades de fallos, eso lo sabía Junko, quien se encontraba sumamente confiada por dentro, no importa lo que sucediera a estas alturas, era imposible ahora de que su plan saliera mal.
Incluso cuando Shou saltó, Junko se preparó para interceptar su ataque, manteniendo su sonrisa de oreja a oreja, lista para la segunda y última batalla final.
Al fin y al cabo, la rubia seria quien cumpliría su objetivo, independientemente de lo que sucediera.
Su talento de analista así lo decía… Su victoria estaba escrita en piedra.
Continuara…
¡Hola! ¿Cómo están? Aquí vengo yo con el antepenúltimo capítulo de esta historia.
Primeramente me disculpo por la tardanza, empece un nuevo trimestre en la Universidad, sumado a que empecé a colaborar en el desarrollo de un videojuego —Novela visual, por cierto— me ha retrasado en sobremanera en publicar este capítulo… Y actualizar mis demás fics.
¡Pero aquí vuelvo! No se preocupen, no abandonaré esta historia, además, falta prácticamente nada para que termine.
Escribir esto fue un poco locura ya que tenía a varios personajes desperdigados por allí, y escenas que acontecían al mismo tiempo que sucesos que se encontraban en pantalla en el capítulo anterior —Véase el ataque de los Monokumas—
Por lo que intenté que todas las líneas convergieran de forma coherente, que algunos personajes se reencontraran —Mondo con el grupo, por poner un ejemplo—
También como es más que evidente, algunos personajes brillaron mucho, incluso más que los propios protagonistas. Esto sucede debido a que, seamos sinceros, Mukuro tarde o temprano se iba a cansar y Makoto es literalmente inútil en su estado.
Quería que algunos destacasen, como Fujisaki, Shou, Sakura y Byakuya, también mostrar como personajes como Hagakure bajo situaciones difíciles sería capaz de luchar seriamente por su vida y la de los demás.
Creo que era algo necesario, para no reducir todo a "Mukuro le dio una paliza a Junko y ganó, ekizde", espero que les hayan gustado estas partes.
Oh, si… ¡Byakuya recupera la memoria! O al menos, parcialmente. Y nos da un cambio de personalidad, siendo el mismo, pero relativamente más dócil al tener cierta confianza con los demás de sus recuerdos de antaño.
Es en gran parte a el que se pudo sobrevivir al ataque de los Monokumas, y espero que sus escenas les hayan gustado ya que lo considere una buena adición a la trama de cara al futuro, ¿Cuál futuro? Eventualmente sabrán xD.
¡Oh, sí! Lo de Fujisaki usando una portátil de nada no es un Deus Ex Machina, no, ya que recordemos que en Danganronpa IF Fujisaki tenía un ordenador que si no mal recuerdo usó para grabar cuando Mukuro hablaba con Kirigiri, solo me gustaría aclarar eso.
Por cierto, del Flashback no tengo nada que decir más allá de que lo escribí cuando estaba medio dormido para reemplazar el que se supone que debería ir en este capítulo.
Cuando estuve a tope me reí tanto con el que lo dejé, eso sí, censurándolo para no tener que cambiar la clasificació con ello dejar inútiles a la mayoría de bromas de Junko.
¿Los engañé? ¿Te RIEH? xD
Hay algo que me gustaría aclarar, este capítulo era MUCHO más largo y por ello me vi obligado a cortarlo, cosas como el Flashback que nombré anteriormente cambiaron debido a que el Flashback originario de este capítulo seria "El ultimo" y por ende seria como la conclusión de la relación entre ambos en el pasado.
Sin embargo como partí el capítulo en dos partes, tuve que sustituir el Flashback por este —Que me encantó xD, aún me da risa cuando lo leo—, la conclusión de la confesión de Mukuro estará en el siguiente.
Y para acabar, tengo que comentarlo, el próximo capítulo será la conclusión de esta historia, o mejor dicho, de la lucha con Junko —No así el ultimo capitulo, ya que como dije, este es el antepenúltimo por lo que quedan 2 (La segunda parte de este y los resultados del conflicto, con tal vez un epilogo) —
Por lo que si alguien tenía dudas, si, es obvio que la batalla final no será un Junko Vs Mukuro, sino un Junko Vs Shou y Mukuro —Desgastadas—, no estoy seguro de si esto es una decepción para algunos… Espero que no.
Aunque el siguiente capítulo NO se resumirá en una simple lucha.
En fin, ya Mukuro por sí sola no podía más, llegó a su límite con los Monokumas y solo con 20 minutos de descanso fue obligada a luchar inmediatamente después.
Oh, sí, por cierto, preguntare de nuevo… ¿Quién puede adivinar el plan de Junko? ¿Cuál es ese plan que ella menciona? ¿Podría con eso voltear la situación en la que se encuentra al perder a su ejército de Monokumas?
Siendo franco, me gustaría saber que piensan sobre ello.
El siguiente capítulo —Aun no decido si llamarlo Capítulo XI o Capítulo X Parte II— TEORICAMENTE debería llegar muy pronto ya que está completamente escrito, a falta de modificar algunas cosas.
Mi plan original era publicar el Cap X ayer —18 de Julio— y el Cap XI el día de mi cumpleaños —19 de Julio, es decir, hoy xD—, sin embargo debido a las clases y otros deberes no pude de terminar de editar los capítulos a tiempo.
Actualmente no estoy seguro de cuando publicar el Cap XI, espero poder terminar de editarlo para tener listo tal vez para el miércoles o más tardar el sábado.
Sin más que decir, espero que este capítulo les haya gustado. Nos vemos en el siguiente capítulo.
Muchas gracias a CS Soldier, Guest, dantesparda23 y TeskLines por sus reviews, espero que este capítulo les guste y me alegro que el anterior les haya gustado.
P.D: Tengo como objetivo después de finiquitar la historia hacer una corrección de los primeros capítulos, ortografía, gramática y demás, si tienen alguna sugerencia como escenas que deberían mejorar o demás, son bienvenidas siempre y cuando no den como resultado algún cambio clave de la historia.
P.D2: Desgraciadamente al igual que los Flashbacks, los teatros han llegado a su fin… El último será el del siguiente capítulo y este mismo no tiene ninguno, me gustaba mucho escribirlos, eran interesantes de hacer.
Un saludo y lamento la tardanza.
