Danganronpa Re: IF
Capitulo XI.
Makoto miraba a la casa que estaba frente a él, no era muy grande, de hecho, podría decir que al menos a simple vista su tamaño era promedio, como la suya. Lo que era muy extraño, ¿por qué? Simple, esta era la casa de la famosísima modelo juvenil Junko Enoshima y su hermana, Mukuro Ikusaba.
El imaginaba que sería sumamente ostentosa hasta el punto de notarse con solo un vistazo. Y tal parecía ser que estaba equivocado.
Makoto y Mukuro habían acordado reunirse el día de hoy que tenían libre para practicar algunos temas de estudios misceláneos en los cuales Makoto no estaba lo suficientemente preparado, como matemáticas por ejemplo.
El no podía permitirse faltar a la cita, tanto como porque nuevos exámenes se acercaban además de que no podía negarlo; Makoto quería ver a Mukuro siempre que pudiera.
No había caso en negar sus sentimientos, a él, Makoto Naegi, le gustaba Mukuro Ikusaba, eso estaba tan claro como el hecho de que Junko estaba loca. Pero había un grandísimo problema:
Mukuro YA se había confesado a él, y no solo eso, sino que no le había permitido dar una respuesta coherente, obligándolo a que "se tomara su tiempo".
Desde el minuto uno Makoto quería corresponderle, pero no pudo hacerlo gracias a la propia Mukuro, había pasado ya un tiempo desde aquello y no habría otra cosa que le gustase más que darle una respuesta a la pelinegra.
Su propia timidez se lo impedía, ya que aun a sabiendas de que sería aceptado por la mercenaria se sentía muy inseguro de sacar el tema a colación. A pesar de ser una tontería, temía esa pequeña probabilidad de que Mukuro le rechazase.
Muchos pensamientos corrían por su cabeza, ¿y si fue Junko la que la hizo decir eso? ¿Y si solo era una broma? ¿Y si se aburría de él rápidamente? ¿Y si había perdido el intereses en el debido al periodo de tiempo en el que tardó en dar una respuesta?
Eran dudas estúpidas y sin sentido, pero Makoto, un chico normal, con inseguridades como cualquier otra persona, no podía simplemente hacerlas a un lado como si nada.
Tragó saliva, para luego agitar la cabeza y sacar esos pensamientos de su mente. Por lo que después de unos cuantos momentos de silencio, decidió pasar por la entrada, una vez llegado a la puerta tocó repetidas veces.
Silencio.
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Los minutos pasaron con rapidez, nadie abría la puerta, por lo que el afortunado se preguntaba si la casa estaría vacía. ¿Tal vez había llegado muy temprano? ¿O tal vez a ellas se les habría presentado alguna situación y no estaban en casa?
Era lo más probable, sin duda, por lo que decidió desistir de seguir llamando, dándose la media vuelta para marcharse. Siempre podría hablar con ellas para venir otro día, pero antes de que el pudiera alejarse mucho…
"Puedes pasar, Makoto." Escuchó una voz de repente que lo hizo sobresaltar. "¡Lo siento~, me estaba cambiando!"
"¿¡Eh!?" Exclamo el con sorpresa mientras se giraba de nuevo hacia la puerta, mirando a todos lados intentando determinar de dónde provenía aquella voz, sin éxito.
"¿Sucede algo?" La voz volvió a preguntar, y esta vez Makoto se dio cuenta de que provenía desde al lado de la puerta, específicamente de la pared.
El Afortunado colocó una mueca sorprendida "… ¿Una pared que habla?"
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"Si… Dicen que si veneras a Junko Enoshima, mi poder crecerá y podría cumplirte cualquier deseo, incluso esos que involucran hacerle cositas a mi hermana." Respondió la pared con un tono robótico y a su vez burlón.
"Eh…" Era lo único que Makoto alcanzó a formular.
"Pasa. Mukuro te ha estado esperando." Dijo la voz. "Y antes de que lo preguntes, estoy hablando vía alta voz instalado en la pared, no puedo creer que seas tan imbécil para no darte cuenta... Por eso es que yo soy realeza y tú, eres prole."
Makoto se quedó un momento mirando a la pared de donde venía el sonido. Realmente se veía común, de hecho, dudaba haberse dado cuenta incluso si la veía detenidamente.
"Jajaja, una pared que habla… Pfffff." La voz de Junko volvió entre risas, haciendo que el Afortunado se sonrojara.
"O-oh, ya veo… En fin, con permiso." Makoto murmuro antes de abrir la puerta con lentitud y pasar a la casa.
Realmente ignoraría la vergonzosa escena anterior, ¿en serio había preguntado si la voz venia de una pared que habla? No sabía si reírse de sí mismo o preocuparse de que sus distracciones por Mukuro estuvieran afectando su capacidad para pensar correctamente…
Una vez adentro, lo primero que vio al entrar fue un largo pasillo con una iluminación muy ligera, que recordaba más a una recepción de cualquier hotel, al final había una puerta, que posiblemente conectaba con la sala.
Dejando sus zapatos en la alfombra, atravesó la puerta y efectivamente, la sala de estar era visible y grande, había varios sofás con una pequeña mesa en medio de todos, algunos libreros además de un ordenador visible.
Makoto no pudo evitar pensar que si no fuera porque el sabría a quien pertenecía la casa, nunca jamás la vincularía con Junko Enoshima en lo absoluto. Mukuro era una mujer simple, pero con la personalidad extravagante de su hermana era difícil pensar que no le agradaran los lujos.
Las apariencias solían engañar, ese dicho vino a su mente con rapidez.
Centrándose, vio como Mukuro se encontraba sentada en uno de los muebles, absorta leyendo un libro, aunque lo cerro de golpe cuando se dio cuenta de la presencia de Naegi, levantándose para recibirlo.
"Hola, Naegi. Junko no me avisó que ya estabas aquí." Dijo la pelinegra con una sonrisa algo más grande de lo habitual mientras se acercaba a él.
Makoto no pudo evitar mirarla cuando se levantó y se acercó a él. Usaba un suéter de mangas largas negro que cubría completamente sus brazos, además de unos pantaloncillos cortos que dejaban la gran parte de la piel de sus esbeltas piernas visible.
El Afortunado se maldijo a si mismo por su cadena de pensamientos, pero no pudo evitar que llegara a la mente algo un poco curioso; Mukuro se veía un poco… Más voluptuosa de lo normal…
Aunque si bien, es cierto que nunca pudo verla con ropa informal así de reveladora.
Tragó saliva mientras le daba la sonrisa más convincente que podía. "S-sí. Hable con ella hace poco, me dijo que pasara…"
"Oh, ya veo. ¿Entonces, comenzamos a estudiar matemáticas?" Pregunto la mercenaria con un gesto pensativo.
"S-sí, suena bien." Respondió Makoto intentando por todos los medios mantener la vista en los ojos de Mukuro.
La Mercenaria se giró y empezó a caminar hacia una de las puertas posicionadas en la esquina de la sala de estar. "Iré a buscar mis notas, espérame aquí un momento."
Sin decir más, desapareció caminando lentamente, Makoto no perdió el tiempo y se sentó, usando su fuerza de voluntad para no observar a Mukuro cuando camino hacia lo que posiblemente era su habitación.
"Cálmate, Makoto. Tú no eres así." Se dijo a sí mismo en sus pensamientos, intentando centrarse. "Sé que Mukuro es linda, pero intenta concentrarte."
Asintió para sí mismo, dándose convicción para no desconcentrarse en su labor, como promedio que era, sucumbía fácilmente a la mayoría de tentaciones, y más considerando su edad.
Espero pacientemente por Mukuro, y mientras ella buscaba sus cosas, el aprovecho para sacar sus notas e intentar empezar una pequeña practica por sí mismo para refrescar sus memorias.
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O eso iba a hacer, ya que antes de siquiera comenzar, sintió un peso que caía en su espalda, no era un peso cualquiera, era el de una persona que se había recostado a él.
Sintió como dos ―Grandes― montañas blandas presionaban contra su espalda y frunció los labios, no había que ser muy listo para averiguar que era, incluso para él. Su cuerpo se tensó y abrió los ojos con sorpresa por tan improvisto evento.
"Lo siento, ¿Te he interrumpido?" Escuchó que hablaban en su oído, identificando su tono como Mukuro, quien para aun hacer más surrealista la situación, le dio un fuerte abrazo en su cuello, apoyando su barbilla en el hombro del afortunado.
"¿M-Mukuro?" Pregunto Naegi sin entender nada, sus neuronas no hacían sinapsis y solo entendía que seguramente estuviera más rojo que hasta la misma sangre.
"Si. Esa soy yo." Respondió ella con tono sensual.
"¿Q-q-q-que estás haciendo?"
"Mm~ ¿No es obvio? Te voy a dar una clase… Íntima." Dijo con un tono seductor, mientras mordía la oreja del afortunado.
Silencio.
"Ay señor…" Makoto pensó, haciendo uso de sus últimas neuronas funcionales para mantenerse en control. "Makoto, concéntrate, concéntrate… ¡No caigas en la tentación y hagas algo de lo que te arrepentirás después!"
Mukuro acaricio con lentitud la cara de Naegi. "Empecemos, entonces…" Dijo ella con tono sugerente, que hizo que los cabellos del Afortunado se erizaran. "… ¿Cuánto es dos más dos?"
Silencio.
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"Cuatro…" Respondió Naegi tragando saliva, ya que Mukuro había apretado aún más su agarre en él, muchas emociones estaban pasando por su cuerpo ahora mismo… Y no todas eran puras.
Sin embargo, y para sorpresa del Afortunado, ella lo soltó mientras usaba su puño para golpear la cabeza de Naegi con fuerza, haciendo que este saliera de su trance y gimiera con dolor.
"¡Respuesta incorrecta, tonto, inútil! ¡Por eso no sirves para nada!" Dijo Mukuro con el ceño fruncido.
Makoto se sobó la cabeza, pero luego enarco una ceja. "Mukuro…" Él dijo, pesando bien como preguntaría lo siguiente. "¿Estas bien? Estas demasiado extraña hoy…"
Y en respuesta, Mukuro solo se lanzó sobre él, tal cual depredador acechando a su presa, cayeron muy cerca de la mesa con un ruido sordo, tanto que incluso esta rozó la cabeza de Naegi por poco, pero ninguno dijo nada ante esto.
Mukuro tomó y apresó ambas manos de Naegi con las suyas, mientras sonreía con malicia.
"Makoto, eres un tonto… ¿Por qué has tardado tanto en darme un respuesta?" Dijo ella con el ceño fruncido, mirándolo. "Sé que te gus…"
Sin acabar su pregunta, otra persona pateo a Mukuro con fuerza, separándola de Naegi y haciendo que cayera a un lado gimiendo de dolor…
Y cuando el afortunado vio quien era, se sorprendió, de nuevo.
"¿¡Otra Mukuro!?" Exclamó.
Si, sin duda. Otra Mukuro estaba parada allí con varios cuadernos y notas, con su expresión estoica habitual, vestía exactamente igual que su contraparte, quien ahora tenía una sonrisa divertida en el rostro.
"Makoto, la próxima vez. Estudiemos en tu casa." La recién llegada Mukuro le dijo con un tono neutro.
La otra Mercenaria estallo en risas, descolocando al Afortunado, pero esta no tardo en retirarse su peluca, revelando que no era nada más ni nada menos que la Modelo Definitiva.
"¿Q-que? ¿Junko?" Pregunto Naegi sorprendido y avergonzado. "¿D-desde cuando estabas vestida como tu hermana?"
"Desde el primer momento era yo, renacuajo." Respondió la rubia aun entre carcajadas. "Vaya, deberías haberte visto a ti mismo, me diste risa y riso."
Mukuro suspiró, mientras se sentaba en uno de los sofás, mirando a su hermana con el ceño fruncido, solo recibiendo una falsa mirada angelical en respuesta.
"Lo lamento, Makoto. Junko suele hacer esto cuando alguien viene a casa, se hace pasar por mí… Según ella para ver cómo reaccionarían los demás a que alguien actuara fuera de lugar…" Se disculpó Mukuro negando con la cabeza.
"N-no te preocupes, debe ser horrible. ¿No?" Dijo el Afortunado.
"¡Oye, oye! No intentes cambiar el tema, muchacho." Junko dijo, mientras se levantaba y apuntaba al afortunado, sacando su lengua con demencia. "Eres un chico sucio, ¿Eh? Te vi como mirabas mi cuerpo pensando que era el de mi hermana, picaron. De seguro estabas pensando… 'Oh, como quiero que Mukuro se coma mi Pepperoni''."
"¿¡Ah!?" Gimió Makoto en respuesta.
"Si, sé que ella es hermosa, no tanto como yo, pero igual lo es, sin embargo… ¡No creas que podrás poner tus albóndigas en su espagueti!" Le interrumpió ella cruzándose de brazos.
Salvando las extrañas metáforas sexuales de la rubia con la comida, decir que Makoto estaba avergonzado e incómodo era poco, no se colocaba la capucha de su chaqueta porque eso sería confirmar todo lo que Junko estaba diciendo.
Aunque para su suerte, Mukuro alzó una mano y Junko la miró, deteniendo su arremetida contra Makoto.
"Junko, voy a ayudarlo con las clases. Así que…"
"Si, ya se, ya se. Me voy." La rubia respondió, herida mientras entraba en su personaje deprimido, no sin antes voltear a mirar a Naegi. "Maldito, por tu culpa ya Mukuro no me quiere como antes… Y ni siquiera te dignas a darle una respuesta…"
Y sin decir nada más, se fue a lo que el Afortunado intuía, era su habitación…
Mukuro bajo la cabeza, mientras suspiraba de nuevo. "Discúlpala, Makoto… Ella es así."
"No te preocupes, ya estoy acostumbrado, creo." Respondió el Afortunado no muy convencido de sus propias declaraciones.
Mukuro se permitió cerrar los ojos mientras regalaba una pequeña sonrisa, para después sentarse con el objetivo de ayudar a Naegi en los estudios que ellos habían acordado.
Makoto le siguió y se sentó a su lado, intentando ignorar la extraña escena que había acontecido momentos atrás y porque no, también ignorar el atrayente cuerpo de Mukuro que en su opinión, nada tenía que envidiarle al de su hermana.
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Estudiaron por algunas horas, en las cuales el Afortunado podía decir que se le estaba fundiendo el cerebro.
Sabía que Mukuro era lista, de hecho había sacado un 49 de 50, sin embargo no sabía que era TAN inteligente, puesto que cualquier duda que tuviera, ella la respondería casi inmediatamente, incluso proporcionando información extra.
Estaba metafóricamente quemado, y Mukuro notó esto, ya que se tomaron un pequeño descanso, mientras Makoto descansaba su cabeza en la mesa ella organizaba sus notas y anotaba algunas cosas más.
Miró de reojo a Makoto. "… ¿Pensaste en lo que dijo Junko?" Preguntó Mukuro con duda, volviendo la vista a sus notas cuando el Afortunado giró la cabeza hacia ella.
"¿A qué te refieres?" Devolvió la pregunta, aunque su boca se quedó abierta por varios momentos, hasta que tuvo una epifanía, levantando las manos con rapidez. "¡Lo de las albóndigas y el espagueti es mentira, nunca pensé eso, lo juro!"
Ella enarcó una ceja, sin entender del todo a que se refería, pero negó con la cabeza. "No, no me refiero a eso… Me refiero a tu… Respuesta sobre eso." Mukuro dijo con un ligero atisbo de vergüenza.
". . ." Makoto no respondió inmediatamente, y opto por mirar su cuaderno para no verla a los ojos. "S-si… Lo siento… Es que… Bueno…"
Silencio.
"Acaso… ¿No correspondes mis sentimientos?" Preguntó ella de nuevo, con un aire dubitativo, tragando saliva.
Makoto la miró a los ojos por varios momentos sin dar respuesta alguna. La razón de ello era que su cerebro de cierta forma había dejado de funcionar correctamente.
La cara de Mukuro denotaba duda y miedo, y ese miedo lo conocía Makoto muy bien, ya que era idéntico al que el mismo sentía cada vez que pensaba en como la mercenaria podía rechazarlo.
Había aprendido a diferenciarlo en las innumerables veces que practicaba al espejo el cómo poder sacar el tema para darle a la pelinegra una respuesta, dándose cuenta de su propio miedo y lo ridículo que se veía, incluso siendo capturado in fraganti por sus padres e incluso por su hermana.
La boca del Afortunado se abrió más sin embargo nada salió de ella.
¿Por qué su cuerpo no respondía a lo que decía?
Él no lo entendía, o mejor dicho, no quería creer que su miedo al rechazo se hubiera activado de nuevo, impidiéndole hablar.
Por fuera solo verías a Makoto con una cara de idiota, pero por dentro el Afortunado era un completo manojo de nervios.
Mukuro bajó la cabeza con un pesar más que visible. "Oh… Ya veo, entonces tu—"
"¡Espera!" Gritó Makoto con todas sus fuerzas, resonando por todas las paredes de la casa, sorprendiendo a la Mercenaria, que dio un pequeño respingo debido a la sorpresa.
"¿Q-que?"
Fue todo lo que la pelinegra pudo formular, mirando a Makoto, quien le devolvía la mirada, completamente sonrojado pero con un ceño fruncido poco común en él.
El Afortunado se sentía de forma muy extraña, por un lado estaba sumamente avergonzado por su repentina exclamación, pero por otro lado determinado. Su improvisto grito le infundio el valor que necesitaba para hablar.
O mejor dicho, la vergüenza por gritar sin razón aparente era tan grande que opacaba al resto de sus sentimientos y necesitaba justificarla de alguna manera.
"¡Eso no es verdad, Mukuro!" Makoto dijo mientras le apuntaba con un dedo, levantándose de donde se encontraba sentado. "¡Si, si correspondo tus sentimientos! ¡Desde el primer día en que tú me dijiste los tuyos—!"
Makoto se detuvo abruptamente, mientras el miedo volvía a corroerle por dentro…
Todas las novelas ligeras o los tutoriales en internet no preparaban a nadie para esto. Confesarse era difícil, y corresponder sorprendentemente también lo era.
Pero el no permitiría que nada lo detuviese llegado a este punto, apretó los puños, armándose de valor de nuevo, mirando directamente a una Mukuro muy sorprendida.
"Mukuro… Eres hermosa, inteligente, amable y muy admirable. Eres una de las mujeres más fuertes que he conocido, ya que no todos tienen la entereza para ir al campo de batalla, volver y seguir sonriendo como tú lo haces."
Makoto siguió, sin detenerse, con Mukuro escuchando cada palabra que salía de su boca: "Siempre correspondí tus sentimientos, incluso te hubiera aceptado aquel día, pero no me dejaste opción."
"¿L-Lo dices en serio?"
"Sí. Cuando tú misma te me confesaste sentí que mi título de Afortunado sí que era real, porque nunca imaginé que una mujer tan valiosa como tu haría caso de alguien tan normal como yo."
Ante las palabras del Afortunado, Mukuro no pudo evitar soltar un gemido de sorpresa, sintiéndose halagada por las palabras que el no solo le dedicaba, sino que las decía a los cuatro vientos sin ningún temor.
O al menos eso pensaba la Mercenaria, ya que Makoto se sentía como si pudiera desmayarse en cualquier momento.
El Afortunado se había quedado en silencio, con una expresión que hizo que ella sonriera, evidentemente estaba pensando en algo, pero la mercenaria no sabía el que.
"Makoto. No soy ni hermosa, ni inteligente, ni amable ni admirable—"
"¡Lo eres! Eres todo eso y más. ¡No miento cuando digo que en serio, en serio, yo siento lo mismo por ti—!" Gritó Makoto, sin darse tiempo para respirar siquiera.
"¡CALLENSE LA MALDITA BOCA! ¿¡ACASO TODOS EN ESTE MALDITO LUGAR SON UNOS MALDITOS SORDOS!? ¡HAGAN EL FAVOR DE GUARDAR EL MALDITO SILENCIO, MALDITA SEA!" Se escuchó un grito fácilmente identificable como uno de Junko.
Silencio.
Ambos se habían quedado callados, Makoto de pie, mirando a Mukuro, quien se encontraba sentada frente a la pequeña mesa, devolviéndole la mirada. El Afortunado respiraba agitadamente y no era para menos, había gastado una gran cantidad de energía en decirle lo que sentía.
El había preparado innumerables discursos para declarársele a Mukuro, pero todos ellos habían sido demasiado cursis e idiotas para siquiera pensar en decirlos seriamente, pero ahora que la situación se había dado, él dijo lo primero que se le venía a la mente, combinando varios de ellos más sus propias palabras sobre la marcha.
La primera en romper el silencio fue Mukuro, quien bajo la cabeza con una risita, mientras se llevaba ambas manos a su cara. Las mangas largas que usaba le daban un aspecto enternecedor.
"Ya veo." Murmuró la pelinegra con expresión serena, mirándolo, con su rubor más que evidente en sus mejillas y manteniendo su pequeña sonrisa. "¿Por qué no lo dijiste antes?"
"No me dejaste opción…"
"No. Me refiero a después de eso."
"Tenía miedo. Miedo a arruinarlo todo… Por eso no dije nada y actué como si no hubiera sucedido."
"Entiendo… Para ser franca, también me ocurrió lo mismo. Miedo irracional le decía Junko, pero tampoco podía simplemente sacar el tema como si nada." Dijo Mukuro. "De hecho, sino hubiera sido porque Junko intentó seducirte no te lo hubiera preguntado."
Makoto se rascó la cabeza con vergüenza, recordando lo acontecido momentos atrás con Junko.
Mukuro hizo un ademan para que Makoto se sentara a su lado. "Ven, siéntate aquí conmigo." El Afortunado siguió su orden sin decir nada.
Sentándose al lado de ella, Mukuro abrazó sus piernas, mientras miraba fijamente hacia las notas sobre las clases que estaban esparcidas por la mesa sin decir nada.
Estuvieron en silencio por casi un minuto, hasta que la pelinegra rompió el silencio.
"Entonces… ¿Estas estás enamorado de mí?" Preguntó ella, quería escucharlo de nuevo.
Silencio.
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"Si." Dijo Makoto, pero a diferencia de antes, ahora lo decía con una seguridad que sorprendió incluso hasta a la propia mercenaria.
Ella soltó una risita, mientras se permitía inclinar su cabeza en el hombro de Makoto.
"Yo también." Dijo la pelinegra.
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Mientras los dos estudiantes definitivos compartían un momento íntimo, una tercera persona les observaba desde su puerta; Junko Enoshima, quien los miraba a ambos con una sonrisa tranquila.
"Entonces… Creo que mi trabajo está terminado, ahora solo faltas que cumplas tu parte, Muku." Susurró la rubia, antes de cerrar su puerta, dejando a los dos enamorados solos.
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La Genocida, haciendo uso de un aura violenta descomunal se había lanzado hacia Junko, corriendo al más puro estilo ninja mientras daba un extraño grito de batalla que era una clara ejemplificación de su absoluta demencia.
Se detuvo a medio camino, levantando una nube de polvo cuando las suelas de sus zapatos derraparon por el suelo, levantando algunos escombros, no obstante aún fue impulsada hacia adelante por la velocidad que había adquirido en su pequeña carrera.
Con zarpazo rápido que Junko apenas pudo esquivar la genocida volvió a atacar de nuevo, esta vez de forma más contundente, intentando atravesar el cuerpo de la rubia con las puntas de sus tijeras.
Junko se movió hacia un lado, chasqueando la lengua cuando esquivó el ataque dirigido a ella, intentando contraatacar con una patada giratoria, que fue eludida una vez Shou se agachó, impulsándose hacia atrás para tomar distancia.
La Modelo aprovechó ese pequeño instante en el que ella estaba con la guardia baja para acercársele con rapidez y atacarle. Shou se dio cuenta rápidamente, intentando sacar una tijera de sus piernas para detenerla y herirla en el proceso.
Pero fue un esfuerzo inútil, todas gracias a que Junko propinó una patada de hacha hacia la mano de Shou, haciendo que esta soltara su arma y esta cayera al suelo. La Modelo soltó otro golpe que aterrizó directamente en la cara de la pelinegra, haciendo que esta retrocediera unos pasos por la fuerza empleada en el ataque.
Shou lentamente giró su cara para mirar a Junko, la marca del golpe que le había dado la rubia era claramente visible gracias a la piel pálida de Toko. Sin embargo lo que llamó la atención de Junko fue el hecho de que ella tenía los labios fruncidos en una ira silenciosa.
Su comportamiento juguetón había desaparecido completamente.
Fue poco el tiempo en el que ella pudo mirar a la pelinegra, ya que esta giró sobre si misma dirigiendo un golpe hacia su cara que impactó limpiamente en el rostro de Junko. La Genocida no se detuvo allí, encadenando otra serie de golpes en todas las partes de su cuerpo sin descanso.
Sus ataques eran rápidos y no daban la oportunidad a Junko de recuperarse, la rubia podía darse cuenta de que Shou no tenía mucha fuerza física, sus ataques le dolían, pero no tenían comparación con los golpes de Nidai, Akane o incluso Mukuro en el estado que se encontraba.
Sin embargo la fuerza que le faltaba la compensaba con creces con su velocidad y agilidad, dudaba que estuviera a los niveles de la Gimnasta Definitiva, pero sin duda estaba cerca de ella, lo que era decir mucho de su propia habilidad.
Para Junko era más que claro un hecho; Shou se encontraba muy agotada, no hasta el punto en el que se encontraba su hermana Mukuro, quien miraba la lucha de cerca, jadeante. Pero sus movimientos eran muchísimo más lentos que cuando había peleado con Sakura en el gimnasio.
La Modelo era capaz de notar esos pequeños detalles.
Junko a pesar de recibir entrenamiento del Entrenador Definitivo —Nekomaru Nidai— y la Gimnasta Definitiva —Akane Owari— no era rival o amenaza para alguien como Shou, Mukuro o Sakura, incluso cuando estas se encontraban agotadas como ahora mismo.
Por lo que debería buscar una forma de dejar fuera de combate a Shou…
Y tenía la manera perfecta de hacerlo, solo tenía que escapar de la lluvia de golpes y patadas que estaba recibiendo para poder llevar a cabo su magnífica e ingeniosa idea.
Junko intentó contraatacar en medio de esa lluvia de ataques, pero la Genocida fue aún más rápida que ella, pateando su pierna, haciendo que la rubia se arrodillara en el suelo, momento que usó Shou para sacar una tijera e intentar apuñalarle el cuello.
Fue detenida por la Modelo, quien atravesó su mano —la misma que había sido herida anteriormente con la katana que usaba Mukuro—, con las tijeras perforándola sin problema, Junko gruño de dolor, pero fue acallada rápidamente con un rodillazo de Shou dirigido a su cara, que la hizo caer de espaldas al suelo.
Silencio.
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La Modelo miraba hacia el techo, mientras la sangre corría por su cara, se encontraba herida, y lo odiaba, pero era un precio necesario en el contexto de lo que ocurría. Su cuerpo adolorido le gritaba que no se levantase, pero a ella sencillamente le daba igual, haría lo que se le diera en gana.
Sus manos estaban extendidas en forma de T en el suelo, enterradas entre las rocas, su mano —Derecha— donde ya había sido lastimada dos veces le dolía y ya ni siquiera podía cerrarla en un puño.
Sin embargo, eso no importaba, ¿Por qué? Sencillo; ya se iba a levantar del suelo y el dolor punzante en ella no duraría mucho tiempo más.
Por lo que Junko reaccionó con rapidez, impulsando su cuerpo hacia atrás y levantándose de un salto, fue veloz, moviendo incluso las pequeñas rocas que estaban cerca de ella, haciendo que la Genocida retrocediera por precaución.
La rubia sacó la tijera que aún seguía clavada en su mano, gimiendo de dolor mientras la sangre caía de ella y de su cara por los golpes propinados por Shou.
La Modelo sonrió, con lágrimas en los ojos mientras dejaba que la sangre de su mano cayera al suelo. "Je, esto duele mucho… P-Pero gané."
"¿…?" La mirada curiosa de la Genocida era más que suficiente para darse cuenta de que no se había percatado aun de lo sucedido.
"Solo mira." Dijo Junko con una sonrisa lastimera.
Con una sonrisa, Junko alzó su mano izquierda lentamente, Shou abrió los ojos con sorpresa cuando se dio cuenta de lo que tenía en la mano…
Un arma de fuego, una pistola.
Incluso Mukuro se sorprendió ante esto.
"¿En serio están sorprendidas? Llené este lugar de armas e incluso se lo dije a Mukuro, era obvio que podría sacarme una de estas cuando me diera la gana." Dijo negando con la cabeza, era una escena extraña debido a que, entre otras cosas, Junko no paraba de llorar mientras hablaba. "Solo fue cuestión de hacerte creer que me habías vencido y que te concentraras en mi mano derecha, lo demás era pan comido."
Junko hizo una pausa, mientras apretaba los dientes y cerraba uno de sus ojos, mitigando el horrible dolor que se hizo más fuerte por un momento, más que todo en su brazo perforado que no paraba de sangrar.
"Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer, Shou. Al suelo y sin ropa, rápido, solo te hare unas—"
Junko fue detenida en seco, abriendo los ojos en grande cuando una tijera había pasado cerca de ella, casi rozando su cara, había sido lanzada por Shou quien no había sido intimidada en lo absoluto por el arma que portaba la rubia.
La Modelo saltó hacia atrás mientras apuntaba con rapidez.
BAM.
El primer disparo había salido, impactando en la pierna derecha de Shou, haciendo que ella gruñera de dolor, soltando las tijeras que tenía en sus manos para apoyarse en el suelo, pero sin detenerse en su carga contra la Modelo.
Junko por su parte se encontraba retrocediendo estratégicamente, tenía que llegar a la cocina, y ya estaba cerca de ella. Sin embargo Shou a pesar de los intentos de la Modelo por retrasarla seguía insistentemente con el objetivo de acabar con ella.
BAM.
Otro disparo, esta vez directo a la cabeza de Shou, que ella esquivó por pura suerte al moverla hacia un lado, colocando en el proceso una pose anatómicamente imposible mientras seguía corriendo hacia ella.
"¡Que insistente!" Exclamó Junko.
Por fortuna para la Modelo, la puerta de la cocina estaba justo detrás de ella, por lo que la atravesó sin problemas, girándose para correr por el lugar con rapidez, no debía de perder un momento o Shou acabaría con ella.
La puerta volvió a abrirse de una patada cuando la Genocida entró con una expresión deformada por la ira, saltando sobre la encimera central de la cocina sin ningún tipo de problema aparente a pesar de haber recibido un balazo en la pierna poco antes. Shou lanzó una de sus tijeras que se clavó en el muslo derecho de Junko.
Junko gritó de dolor al sentir como el filoso metal atravesaba su piel, pero no se detuvo en su objetivo, la razón por la que había traído la lucha a la cocina en primer lugar.
Shou, ahora aparentemente sin armas se lanzó con fuerza hacia Junko, como un gato hacia un ratón, dispuesta a acabar de una vez por todas con la existencia de su escurridiza enemiga.
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Pero para desgracia de Shou, luchaba contra nada más ni nada menos que la Analista Definitiva, no caería tan fácil jamás de los jamases, no importa si no pudiera predecir con exactitud lo que ella haría, ella podía usar cualquier otro tipo de información para crear escenarios en su mente con la fórmula ideal para ganar…
Como en este mismo instante, ella ya había ganado desde el principio.
Si, desde el primer momento en que Makoto Naegi salvó a su hermana ella había ganado el juego por completo, si el Afortunado hubiera dejado a su hermana morir la resolución para ella hubiera sido una derrota por su parte.
Pero todo salió a conveniencia de la rubia.
Junko se giró para confrontar a Shou, soltando su arma de fuego y cambiándola por un bote de pimienta cercano, que arrojó hacia su cara, la fuerza fue tal que todo el contenido salió como si una pequeña nube de polvo se tratase.
La Modelo fue empujada hacia atrás, chocando contra una encimera cuando Shou cayó encima de ella al ser tacleada con la fuerza del impulso de sus piernas. La rubia se las arregló para empujarla lejos de ella, buscando un cuchillo entre los utensilios de cocina, con la Genocida buscando más tijeras en sus piernas.
"¡Acho!" Estornudo Shou de improvisto, deteniendo en seco la búsqueda de su arma.
Junko no pudo evitar reír ante esto, mientras avanzaba para apuñalar a su enemiga, quien ahora tenía una mirada temerosa, retorciendo con cautela, tomando su pierna herida, sintiendo el dolor del disparo que Shou había decidido ignorar.
Si, Junko había arrojado pimienta para hacer a Shou estornudar lo que la cambiaria de personalidad y así volvería Fukawa que no representaba amenaza para nadie, incluso si Shou volviera cuando viera la sangre de la rubia correr, eso le daría el tiempo suficiente para acabar con ella.
Para la Modelo era extraño que Fukawa no se hubiera desmayado al ver la sangre de la rubia o la suya propia, sin embargo eso no importaba, lo importante es que ya había ganado.
La rubia alzó el cuchillo con una mirada demente, era hora de que todo terminara.
"¡Muere, idiota que no se baña!" Exclamó Junko cuando Fukawa gritó con horror.
BAM.
BAM.
BAM.
BAM.
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Cuatro disparos.
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"¿E-eh?" Preguntó la Modelo con una mirada de fingida sorpresa.
Ella se detuvo a medio camino, sintiendo como todos los disparos habían atravesado su cuerpo en diferentes lugares, su estómago, su brazo derecho, su hombro e incluso el área de sus caderas.
La rubia, aun con una mirada sorprendía e ignorando el ruido sordo que hizo Fukawa al caer inconsciente, miró a hacia la puerta con lentitud…
Su hermana estaba allí, con otra pistola extendida hacia ella.
La expresión de Mukuro era seria, pero Junko podía decir a simple vista que estaba a punto de llorar en cualquier momento. Segundos después, la pelinegra se acercó con lentitud, sin bajar el arma ni un momento.
A Junko se le complicó mantenerse erguida por mucho tiempo, cayendo sin detenimiento al suelo, con su espalda apoyándose con dureza en una de las encimeras, torpemente sentada.
La rubia aun seguía consciente, pero su mirada se encontraba ligeramente ida. Solo mirando a su propio cuerpo sangrante, su brazo derecho era un desastre, Shou lo había dejado en muy mal estado al igual que Mukuro antes y no paraba de sangrar, sin embargo a estas alturas se encontraba completamente adormecido…
Ella ya no lo sentía.
Y ahora era su brazo derecho quien se había unido a él, con un hilo de sangre cayendo hasta sus dedos tendidos en el suelo, por la inconsistencia de lugares en donde los disparos le habían impactado ella podía asegurar que Mukuro había estado muy tensa a la hora de disparar…
… Tal parecía ser que se obligó a tener la determinación suficiente…
… Ya que podía haberla matado de un solo disparo a la cabeza.
Pero no lo hizo.
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Fue en ese momento cuando Junko dejó todo tipo de fachada, su locura, su inteligencia, sus múltiples personalidades…
… Pero no su desesperación, eso nunca.
Aceptó la inminente realidad; Ella iba a morir en cuestión de minutos, su propia hermana la iba asesinar.
Y sonrió, no hay nada que la hiciera más feliz.
Se sentía desesperada, feliz, extasiada y por sobre todo, complacida al saber que su plan se había cumplido sin ningún fallo.
Mukuro por su parte, se arrodillo frente a ella con un gemido de dolor por sus propias heridas, la miró a los ojos, Junko podía hablar sin problemas, pero se encontraba sin la suficiente motivación como para a estas alturas hacerle una de sus constantes bromas sexuales a su hermana.
"Junko…" Empezó Mukuro con voz ronca, sus ojos se encontraban cristalinos, pero ella fruncía los labios para no llorar.
Junko mantuvo su débil sonrisa mientras le decía: "Cállate… Ganaste, hermana."
Mukuro tragó saliva, tenía un gigantesco nudo en la garganta producto de ver a su hermana en ese estado y saber que próximamente desaparecería por completo de su vida…
Porque la pelinegra sabía a ciencia cierta que Junko no podría sobrevivir a esas heridas.
Y aun a sabiendas de lo que pasaria, el hecho la golpeó con fuerza, Mukuro sentía como si el mundo estuviera sobre sus hombros, como si fuera a desfallecer en cualquier momento, y no por cansancio…
Sino por tristeza.
La eterna pregunta volvió a su cabeza.
¿Por qué tenía que pasar esto?
"¿Por qué?"
"¿…?"
"¿Por qué no pudimos ser como las demás personas, Junko? ¿No podíamos ser una familia normal y vivir felices?" Preguntó Mukuro con aflicción.
"Nunca fue una opción… Al menos, no para mí." Expresó Junko entrecortadamente, su voz era clara, pero los intervalos que tomaba para hablar mostraban lo rápido que se estaba debilitando. "… El mundo necesitaba un cambio… Y se lo di."
"Junko, pero yo solo quería vivir en paz contigo, ¡un lugar donde nos tuviéramos la una a la otra, no importa si es como en nuestra infancia donde no teníamos nada!" Reclamó Mukuro con enojo, las lágrimas que luchaba por contener comenzaron a caer de nuevo.
"Entiendo… ¿Fue por eso que desapareciste por un par de años, no? … Te volviste fuerte para protegerme de los peligros…" Dijo Junko con una pequeña y débil sonrisa.
"S-si, Junko…"
"Hiciste… Un buen trabajo… Te lo agradezco, Mukuro. Sin ti no hubiera podido llegar hasta aquí." Dijo la Modelo manteniendo su sonrisa.
Mukuro bajó la cabeza mientras las lágrimas fluían libremente por su rostro, dirigió una mano a su pecho, mientras apretaba con fuerza su ropa, como si esa acción pudiera calmar el malestar emocional que sentía.
Mientras, Junko veía como su hermana lloraba sin decir palabra, con una pequeña sonrisa, sintiéndose bien consigo misma. Si era porque Mukuro sentía desesperación o el saber que tanto la apreciaba su hermana, la rubia no lo sabía.
Ella solo sabía cómo su cuerpo se estaba adormeciendo, señal de que su vida se estaba acabando, por lo que decidió seguir con lo que tenía que decir; Su despedida.
"También quería que fuéramos una familia… Por ello, incluso teniendo en mi poder a Nidai o Akane que eran más fuertes que tu… Nunca me deshice de ti, o al menos, nunca lo intenté en serio… Porque tenía la expectativa de que al final… Estuviésemos juntas…" Dijo la rubia con lentitud.
"P-pero, entonces, ¿por qué tu—?"
"Cuando me di cuenta de que sería imposible… Que sería derrotada por Naegi, sabía que ya no podríamos estar juntas… Por ello intenté matarte, porque Makoto te iba a arrancar de mi lado."
Junko tosió con fuerza, mientras sangre salía de su boca, un pequeño charco se estaba formando en donde se encontraba sentada, producto de las heridas de sus manos y pierna.
"Nunca preví que Makoto se lanzara para salvarte de la vida, la probabilidad era de 00000000000,01%… Y fue por ello decidí hacer todo esto…"
"¿H-hacer todo esto?" Preguntó la Mercenaria, entre lágrimas alzando la cabeza para mirar a su hermana.
Junko a duras penas se las arregló para asentir. "Si… Tu ganaste porque… Yo quería que tu ganaras…" Soltó finalmente la rubia. "Te puse a prueba… Y si eras lo suficientemente capaz, podrías salir… Y lo fuiste… No, lo fueron…"
Ante lo dicho por la rubia, la expresión de Mukuro se deformo en una de ira, mientras miraba a su hermana con enojo apenas contenido, sin poder evitar gritarle:
"¿¡Por qué!? ¡Nunca te pedí que me pusieras a prueba! ¡Podías simplemente rendirte, con la información que posees y tus habilidades, la fundación del futuro jamás te mataría!" Exclamó Mukuro, con las lágrimas cayendo de sus ojos como torrentes de agua, se encontraba devastada mientras miraba a su hermana. "¡No quiero que mueras, Junko!"
"Pude haber hecho eso… Pero, lo que quería asegurar era tu vida…" Respondió Junko, hablándole con franqueza en su lecho de muerte a su hermana. "Habían tres escenarios… Uno donde Makoto me vencía y yo te asesinaba… Otro donde Makoto te salvaba y yo me entregaba… Pero tú eras asesinada porque eras irrelevante para la fundación… Y este donde tú, Makoto y todos los demás sobreviven."
"¡Pero—!"
Junko frunció el ceño, mientras apretaba los dientes. "¡Cállate! ¿¡No me dejaras hablar ni siquiera cuando estoy a punto de morir!? ¡Creé un mundo donde me sintiera cómoda para al final poder vivir contigo! ¡No tiene sentido que yo viva si tú vas a morir! ¡La única persona que tengo es a ti, pero tú a diferencia de mí, tienes a Makoto!"
Mukuro quiso responder a ello, pero no pudo, sus lágrimas no se lo permitieron, de su boca solo salían ruidos ahogados ininteligibles por más que intentara formular palabras para hablar.
Y con el sobreesfuerzo al gritar, Junko empezó a toser más y más, mientras la sangre empezaba a filtrarse por su boca, su dificultad para respirar aumentaba, su vida estaba a punto de acabarse.
"No seas tan egoísta para intentar querernos a los dos… E incluso aunque pudieras, Makoto siempre iba a ser la mejor opción…"
Cualquier persona que viera a Mukuro en este momento no podría reconocerla, la chica ruda sin sentimientos se había convertido en una persona frágil que estaba al borde del colapso.
Sus lágrimas no paraban de salir, le costaba asimilar que su hermana, la persona que estuvo con ella desde que tenía recuerdos y que juntas se sobrepusieron al cruel mundo… La dejaría sin más…
Y por su propia mano, porque ella habría asesinado a Junko.
Ese pensamiento no salía de su cabeza, tomó con más fuerza su pecho mientras bajaba su cabeza hasta tocar el suelo. Sus sollozos eran audibles en toda la cocina y su cuerpo tenia estamos productos de su propio llanto.
Junko miraba con tranquilidad a su hermana, ya había deducido todo, no había necesidad de preocuparse por el futuro de Mukuro, la rubia había elaborado la mejor ruta para que su hermana fuera feliz.
Junko quería a Mukuro a su manera, por ello decidió pagarle por todo lo que había hecho. Mientras Mukuro le estaba ofreciendo desesperación a Junko, la rubia lo ofrecería esperanza a su hermana a cambio.
La Modelo sintió como su cuerpo finalmente se adormecía casi por completo, ya no podía mover ninguna extremidad y su mirada empezaba a oscurecerse, el miedo por la incertidumbre se cernió sobre ella…
Sin embargo, Junko no se arrepentía de nada de lo que había hecho…
Pero, por un momento y por raro que pareciera, la desesperación no se sentía tan bien como esperaba.
"Mukuro… El botón de escape… Lo tiene… Owada, y en todo caso… Las puertas… Se abrirán 8 horas después… De que yo… Muera…" Dijo ella entre jadeos y con mucho esfuerzo.
La Mercenaria no se había calmado en absoluto, pero inconscientemente moderó su llanto a duras penas para poder escuchar lo que su hermana le decía.
"Mukuro… También… Quiero decirte algo…" Expresó Junko, la rubia se sentía como si estuviera en un vacío infinito del que no podía escapar.
A estas alturas ya no veía absolutamente nada ni siquiera podía sentir algo, pero, sabía que su hermana estaba allí con ella, por lo que dijo sus últimas palabras:
"Te amo, de verdad…"
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Con esa última declaración, la vida se había desvanecido del cuerpo de Junko.
La rubia, en sus últimos momentos de consciencia rememoraba viejos recuerdos de cuando ella y su hermana eran niñas, el malvado mundo queriéndolas devorar, pero juntas se sobreponían a cualquier peligro que se les presentase.
A pesar de que muy poco lo demostrase, Junko apreciaba mucho a su hermana mayor, al igual que Mukuro a ella.
Junko vivió y murió por su objetivo, ella nunca se arrepentiría de ello, su don de analista la había llevado a esto, a una transformación del mundo, fue algo que no pudo evitar hacer.
La Modelo no buscaba la felicidad, eso era falso, nunca la buscó, pero su hermana si, ella se merecía algo mejor que la muerte, y es por ello que Junko la había puesto a prueba, para ver qué tan lejos podría llegar si tenía que herir a su persona más importante.
Mukuro se había sobrepuesto a los problemas que Junko le presentó, por lo que Junko sabía que una vez que todo esto acabase, ella podría sobrevivir, todo esto se transmitía en televisión.
Los actos de Mukuro serán visibles, el cómo se opuso a la mente maestra, sumado al hecho de que Mukuro siempre mantuvo un perfil bajo en cualquier aparición de Junko y que sería la persona cuerda con más información sobre la desesperación definitiva disponible impediría que la asesinasen.
E incluso después de que Mukuro dejara de ser útil, no la matarían, de eso Junko estaba muy segura.
Con todo hecho y su plan cumplido a la perfección, ella podía morir satisfecha, porque todo había salido como ella lo había planeado…
Ya todo había terminado…
… Su plan fue todo un éxito.
Continuará.
Y… Este es el final.
Primeramente me gustaría pedir disculpas por mi gran retraso, el trabajo y mi proyecto de novela visual me han tenido ocupado por meses y no he tenido la oportunidad de escribir prácticamente nada.
Sumado a que tuve problemas con la PC y que mi teclado se dañó y tuve que comprar otro pues… Fue algo complicado.
Siguiendo, la historia de Junko ha acabado, y por consecuente uno de los mayores —Si no el mayor— conflicto del Fanfic. La villana ha muerto y ha dejado claras sus intenciones que no eran otras de crear un mundo de desesperación y estar con su hermana.
Con respecto al Flashback, era uno que había escrito hace mucho rato, sin embargo lo descarté en su momento debido a que la situación se veía forzada dada la poca confianza mutua que tenían Makoto y Mukuro para ese tiempo.
Ya aquí vemos un gran avance en su relación, aceptando sus sentimientos mutuamente. Creo que la parte de un Makoto temeroso por el rechazo a quedado bien, ya que siendo franco, me reflejé un poco ya que estoy en la misma situación ya que estoy casi seguro que la chica que me gusta me aceptaría, pero el miedo al posible rechazo, por poco que sea me hace desistir de intentarlo.
Antes de cualquier cosa, me gustaría revelar el plan de Junko, que a estas alturas ya se debe saber cuál es, pero igual quiero decirlo:
Su plan era que Mukuro la matase… Junko ya tuvo muchísimas oportunidades de hacerle un Instakill directo a su hermana pero no lo hizo, incluso dando indicios de que se estaba conteniendo e hilando todo.
¿Recuerdan cuando Mukuro peleó contra los Monokumas en la entrada? Allí hubo una gran muestra de cómo Junko se contenía, haciendo que las explosiones fueran débiles para que su hermana no muriera y cerrando la puerta de la entrada cuando ella logró salir para que los Monokumas no pudieran alcanzarla.
Incluso cuando ambas empezaron a luchar en el comedor y Junko usó balas de goma en vez de balas reales. Me dejo algunos, sin embargo ese es el plan que Junko orquestaba. Esencialmente Junko fue la que ganó ya que creo un futuro con esperanza para su hermana y murió sintiendo desesperación.
Fue un poco duro escribir su muerte ya que es un personaje que dado las escenas que creé para ella y su interacción con los demás me resultaba mi favorita, sin embargo, es algo que estaba planeado y listo desde el primer capítulo y aunque por un tiempo estuve barajando la idea de dejarla vivir, al final decidí que no.
Francamente espero no haber decepcionado a nadie con este desenlace, pero para evolucionar a Mukuro como personaje de cara al futuro, Junko tenía que morir.
No tiene nada que ver, pero si les soy franco, me gustaría escribir un Junko X Makoto —Sin desesperación y en Kibougamine— pero mi limitante es no haber visto aun Danganronpa 3 así que cualquier Fanfic de Danganronpa que me gustaría hacer después de esté está en Stop hasta que lo vea.
En fin, quise dar una pequeña explicación sobre el amor extraño que siente Junko hacia Mukuro, la aprecia, pero a su modo. Fue algo difícil escribir la escena, más que todo ya que no quería que Junko fuera muy OOC antes de morir.
Sin embargo no creo que lo haya sido, una de las ventajas de escribir con Junko es su versatilidad dada sus múltiples personalidades y creo que sus palabras finales estaban en consonancia con el personaje.
Bien, ahora todos se preguntaran… ¿Por qué dice continuará?
Pues porque claramente, este no es el final de la historia aun, como lo dije, falta 1 más. Por supuesto que ya la trama en si está terminada, pero aún faltan cerrar cabos sueltos como el reencuentro de Makoto y Mukuro, el como Mukuro lidia con lo que acaba de hacer y los desenlaces finales.
Tengo planeado hacerlo todo en un capítulo siguiente que vendrá + Epílogo.
Aún no he jugado Ultra Despair Girls —Es uno de mis grandes pendientes—, sin embargo para los que están interesados, cuando lo juegue y si veo que puedo ajustar la trama… Tengo planeado hacer una secuela de este Fanfic.
Oh, se me había olvidado mencionarlo. Por cuestiones de tiempo NO he podido terminar de pulir el último teatro, que será el más grande hasta la fecha y el más divertido xD. Pendiente junto con el último cap y epilogo.
Me gustaría agradecer a Rys-AND-Clash, neo magician 96, dantesparda23 y CS Soldier97 por sus reviews.
Y sin más que decir, me despido y de nuevo, perdón por la tardanza. No aseguro que vaya a subir pronto de nuevo, pero antes de que se acabe el año seguro que lo hago.
Saludos.
