Capítulo 16

Mikoto sentía que sus ojos se habían secado después de pasar varios días dentro de aquella celda. Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba allí y, aunque sabía que no eran demasiados días, tenía la sensación de que había pasado una eternidad. Desde entonces apenas había probado bocado, no solo porque se le había cerrado el estómago de golpe, sino porque su marido se había empeñado en hacerle pagar su traición y solo le permitía comer un trozo de pan mohoso y un vaso de agua.

El tiempo en las mazmorras se hacía eterno y creía que su marido iba a llegar a olvidarse de ella en cuanto pasaran unos días. Pero no solo eso la tenía preocupada. Estaba segura de que los Uchiha iban a soltar a su hija en cuanto el joven al que había apresado Kisashi llegara a su clan, pero después de varios días su hija aún no había llegado y no sabía qué podía haber ocurrido. Por una parte le preocupaba que le hubieran hecho algo los del clan enemigo para vengarse, pero el joven al que había liberado no parecía ser mala persona, por lo que temía más la ira de su marido que la de los Uchiha. Kisashi le había asegurado que mataría a Isla en cuanto la joven regresara al castillo y después la mataría a ella, por lo que rezó una y otra vez para que hubiera alguien que protegiera a Isla de su propio padre.

Sus hijos, Sasori y Gaara, no habían bajado a verla desde que la habían encerrado, tal vez por vergüenza y enfado hacia ella por lo que había hecho y puede que Kisashi se lo hubiera prohibido. Pero los echaba terriblemente de menos. Se sentía tan sola allí metida que llegó a pensar que nadie nunca la había amado en ese castillo. Y cuando su pecho amenazaba con volver a llorar, Mikoto se dijo que no podía salir de allí con el llanto.

Un ruido en las escaleras de las mazmorras llamó su atención y se acercó a los barrotes de la celda para poder mirar. Desde allí no podía ver con claridad de quién se trataba, pero sabía que iba allí a hablar con ella, pues no era la hora de la comida, así que no era el guerrero que le llevaba algo para comer.

Cada vez más nerviosa, Mikoto dio un paso atrás y esperó a que el recién llegado diera la cara. Al cabo de varios segundos, su marido apareció frente a ella. Kisashi sonreía de lado y desde que no lo había visto tuvo la sensación de que su orgullo y pretensión habían aumentado hasta límites insospechados. Mikoto tragó saliva y elevó el mentón, mostrándole que no le tenía miedo a pesar de todo lo que le había hecho desde que se casaron.

Kisashi sonrió de lado y dio un paso hacia la celda.

—¿Cómo estás, querida? ¿Ya te has arrepentido de lo que ha hecho?

—Vete al infierno —le espetó escupiéndole.

Como si tuviera paciencia, Kisashi simuló limpiarse la saliva con parsimonia, aunque lo único que pretendía era contenerse.

—Supongo que con el paso de los días te habrás dado cuenta de que el Uchiha te ha traicionado.

Ojo por ojo. Tu querida hija no ha aparecido...

—La prefiero en manos de los Uchiha o de cualquier otro clan que en las tuyas —le dijo con rabia—.

No mereces lo que tienes. Estás loco.

Kisashi lanzó una carcajada.

—Puede ser... pero no olvides que eres tú la que está encerrada, no yo.

—Todo a su tiempo, querido —le dijo con ironía.

—¿Sabes qué voy a hacer con Sakura si los Uchiha la sueltan? Se la voy a entregar a mis hombres para que disfruten de su cuerpo antes de cortarle el cuello.

—También es tu hija, no lo olvides. Kisashi resopló.

—Si hubieras quedado embarazada de mí, habría sido un varón nuestro primogénito, no una mísera mujer que no vale para nada.

—Recuerda que quien dio su vida para tenerte a ti era una mujer. La sonrisa en los labios de Kisashi desapareció.

—Tienes suerte de que estos barrotes nos separen ahora, si no estuvieran, tu rostro ya sangraría.

Esta vez fue el turno de Mikoto para resoplar, pero no le respondió. Tan solo le mantuvo la mirada hasta que un ruido procedente de las escaleras llamó la atención del propio Kisashi, que giró la cabeza en esa dirección y frunció el ceño, por ser interrumpido.

—¿Por qué demonios has osado a bajar mientras yo estoy aquí? —le espetó al recién llegado.

Mikoto vio que se trataba de uno de los guerreros de su marido, y le entregaba lo que parecía ser una misiva. El hombre dirigió una mirada hacia la mujer, que se extrañó por ello, y después miró de

nuevo a Kisashi.

—Un hombre de nuestro clan que vive en la frontera con los Uchiha nos acaba de traer esta carta, pero me ha pedido que la entregue a vuestra mujer, pero como está encerrada...

Kisashi se extrañó y entornó los ojos mientras observaba la misiva que, efectivamente, llevaba el sello de su enemigo. Al instante, Mikoto se precipitó hacia los barrotes y alargó una mano con intención de quitársela, pero Kisashi fue más rápido y la apartó de su camino.

—Puedes irte, ya me encargo yo. Asintió y los dejó solos.

Kisashi levantó la mirada hacia Mikoto y entornó aún más los ojos. Después levantó la mano y le mostró la carta.

—Vaya, ¿también eres amiga de los Uchiha?

—Esa carta es mía, ¡dámela! —vociferó la mujer.

Kisashi negó con la cabeza al tiempo que chasqueaba la lengua.

—Puesto que estás bajo mi cautela, seré yo quien la lea. Aunque no te preocupes, la leeré en alto.

Con parsimonia, disfrutando del nerviosismo y alteración de su mujer, Kisashi rompió el sello de los Uchiha y desplegó el papel. Su voz se escuchó en toda la mazmorra y a medida que las palabras resonaban y se iban entendiendo en la mente de Mikoto, una sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios.

¡Su hija estaba protegida por los Uchiha! Ella misma había escrito aquella carta y le pedía perdón por no regresar junto a ella, llevando a cabo la promesa que Shisui Uchiha le había hecho. Para sorpresa de Kisashi, Mikoto comenzó a reír suavemente. Tal vez la mataran a ella, pero al menos le quedaba la certeza de que su hija estaba a salvo de la tiranía de su padre.

Kisashi, por su parte, a medida que leía la carta fue cambiando la expresión de su rostro, pasando de la diversión a la cólera en cuestión de segundos. No podía ser verdad... Era imposible que su hija se hubiera prometido con su peor enemigo y, para colmo, parecía hacer gracia a su esposa encerrada. ¡Se estaba riendo de él! Cuando sus labios pronunciaron el nombre de su hija al final de la carta, la arrugó entre sus manos con auténtica rabia. Después levantó la mirada hacia su esposa, que no dejaba de reír.

—Esto me convence aún más de que esa muchacha no es hija mía. Una auténtica Haruno jamás se casaría con un Uchiha.

—Pues créeme que lo es, así que tu querida sangre se verá impregnada por la de tu enemigo.

—¡Jamás! —vociferó—. ¡Nunca lo permitiré!

Mikoto rió más fuerte hasta que Kisashi dio un golpe contra los barrotes.

—Espero que hayas reído con gana porque será la última vez que lo hagas. Jamás dejaré que Sakura se case con ese desgraciado. Antes la mato, ¿me oyes? ¡La traeré de vuelta y la mataré frente a ti!

—Su prometido no lo permitirá —le advirtió.

—Itachi Uchiha no sabe con quién se ha metido. ¡Su sangre jamás corromperá la mía! ¡Esto es la guerra! —vociferó antes de darse la vuelta y regresar por donde había llegado.

Mikoto esbozó una sonrisa y dio gracias por ese romance entre su hija y el laird del clan vecino, tan solo deseó y rezó para que ese enlace se llevase a cabo antes de que su marido llegara a las tierras de los Uchiha.

Seis días después de enviar la carta, Sakura estaba envuelta en sedas, encajes y demás telas para hacer su vestido de novia. Itachi había mandado llamar a la mejor modista del clan para confeccionar el vestido, por lo que desde que llegó apenas había tenido un momento de libertad para disfrutar de Itachi. Aunque el guerrero tampoco tenía mucho tiempo libre. Los líderes de los pueblos del clan estaban llegando día a día y todos los guerreros del castillo se afanaban en preparar los juegos y llenar la despensa del mejor whisky de Escocia. Sin embargo, cuando llegaba la noche, sí podían disfrutar de ese momento de intimidad que tanto uno como otro deseaba ardientemente durante todo el día. Sakura ya se sentía más segura respecto a ese motivo y durante todos esos días había dejado atrás los remilgos que le habían inculcado de pequeña y en el convento. Disfrutaba muchísimo junto al que iba a ser su marido, además de que aprendía otras nuevas formas de dar placer al otro sin perder la virtud hasta el día de la boda.

El vínculo que habían creado se hacía más fuerte y después de sus momentos de placer, charlaban durante un largo rato para conocerse mejor el uno al otro. Y aunque Sakura había mostrado su curiosidad sobre el tema de Sasuke que parecía ser prohibido, Itachi le repitió lo mismo que Shisui: debía ser su hermano mediano quien abriera su corazón.

Además de la preparación del vestido, numerosas eran las doncellas que estaban destinadas a preparar la decoración del castillo y la comida el día de la boda, por lo que Sakura se mantenía entretenida todas las horas del día. La joven le agradeció a Itachi que no pusiera a su disposición a Karin, la cual era una de las pocas doncellas que no habían sido elegidas para organizar algo del acontecimiento.

Y así estaba Sakura esa mañana, mirando la gran cantidad de flores que le habían cortado para que decidiera la decoración de la capilla, el salón y los pasillos. Pero al gustarle todas no era capaz de decidirse.

En el momento en el que decidió mezclar varias de esas flores, la puerta del salón se abrió, dando paso a Itachi, que apareció con una sonrisa pintada en los labios. Sakura vio que lo acompañaban sus dos hermanos, a los cuales también había perdido la pista durante esos días de ajetreo. Se dio cuenta de que Shisui estaba tan alegre como siempre, pero Sasuke... parecía aún más enfadado que nunca, lo cual le hizo pensar que algo no le había gustado.

—Hoy es el gran día —le informó Itachi.

Sakura entrecerró los ojos, sin comprender. Dirigió una mirada rápida a Shisui y vio cómo este intentaba disimular una risa.

—Me acaban de decir los líderes que han decidido que este sea el día de nuestra partida hacia la caza del jabalí.

Sakura levantó una ceja, sorprendida.

—¿Y lo dicen sin avisar?

—Siempre han tratado esto como si fuera una sorpresa. Yo esperaba que fuera más adelante, pero será hoy.

El corazón de Sakura comenzó a latir con fuerza al darse cuenta de lo que eso podía conllevar.

—¿Y eso seguro? Mi padre está demasiado silencioso. ¿Y si decide atacar el castillo?

—No nos marchamos todos. Muchos de mis guerreros se quedarán aquí por si surgen problemas, y Sasuke será quien se encargará de todo.

Así que era eso... El aludido resopló y miró a otro lado mientras Shisui no pudo aguantar la risa, llevándose un codazo de Itachi. Sakura entrecerró los ojos observando a los tres hermanos, especialmente al más enfadado, que intentaba contener el enfado que crecía en su interior.

—Bueno, puede quedarse Kisame como líder y marcharos los tres hermanos —sugirió la joven intentando que el malestar de Sasuke se desvaneciera.

—Lo sé, pero me quedo más tranquilo si se queda mi hermano. Él sabrá cuidarte como mereces.

Y en ese momento, Sasuke le dedicó una de sus continuas miradas enfadadas, provocando que Sakura dudara de la palabra de Itachi, que miró a su hermano con un asomo de sonrisa.

—¿Verdad?

—Nunca se me ha dado bien hacer de niñera —respondió el aludido, aunque a una mirada de Itachi, respondió—: Pero mientras mis manos puedan sostener una espada, no te pasará nada, cuñada.

Sakura sonrió levemente y asintió, incapaz de hacer nada porque el guerrero se marchara con los demás a disfrutar de una buena cacería.

—Si necesitas ayuda, puedes pedírsela a Sasuke. Si todo va bien, la cacería podría incluso terminar mañana.

—¿Tendrás cuidado? —le preguntó la joven bajando la voz.

—Siempre —le respondió el guerrero con una sonrisa al tiempo que le acariciaba una mejilla. Shisui suspiró y se llevó una mano al pecho.

—¡Qué bonito, hermano!

Itachi se giró y dio un puñetazo en el estómago de Shisui, que se quejó con un gruñido y se dobló sobre sí mismo mientras Sasuke le dedicaba una pequeña sonrisa. Sakura negó con la cabeza intentando no sonrojarse mientras volvía junto a las flores que había esparcidas por la mesa.

Vio cómo Itachi e Shisui se marchaban mientras que Sasuke se quedó frente a ella mirándola a la espera de algo.

—¿Ocurre algo, Sasuke?

—Me preguntaba si necesitabas algo. Si no es así, quisiera ir a despedir al grupo de cazadores. Sakura le dedicó una hermosa sonrisa y asintió.

—¡Claro! No hace falta que estés detrás de mí todo el día. Haz lo que tengas o quieras hacer.

Para su sorpresa, el guerrero le dedicó una sonrisa y salió del salón, dejando a Sakura con otra sonrisa en los labios y pensando que tal vez su relación poco a poco podría llegar a ser normal.

Después de su marcha, la joven volvió al trabajo que la tenía ocupada antes de la llegada de los guerreros y, tras varios minutos de indecisión, Sakura llegó a la conclusión de que quería mezclar varias de

aquellas flores, algunas por su colorido y otras por sus inconfundibles olores. Por ello, después de dejar todo claro, la joven decidió salir del salón con la esperanza de que el grupo de caza aún no se hubiera ido y pudiera despedirlos o al menos verlos desde la puerta del castillo. Sin embargo, cuando salió al patio descubrió que ya todo estaba en orden y habían salido de caza. Sasuke se encontraba hablando con uno de los hombres del clan y varios guerreros apostados en la muralla. Y a pesar de que el castillo no se había quedado desprotegido, Sakura tenía la sensación de que iba a pasar algo, que tal vez su padre había estado esperando una oportunidad así para atacar y que podría convertirse en una carnicería. Dentro de ella deseó poder correr tras el grupo de caza, pero no quería arruinar lo que los hombres de Itachi le habían preparado para celebrar su próximo enlace.

Una intensa desazón asoló el pecho de la joven y a pesar de respirar el aire puro lentamente, no lograba calmarse. Una parte de su corazón le pedía que no temiera nada, pero otra... conocía muy bien a su padre, y sabía que no podía confiar en que todo iba a ir bien teniendo en cuenta que aquel era territorio enemigo.

Con manos temblorosas y el estómago cerrado, Sakura decidió ir a dar un paseo por el pueblo para intentar hacer amistad con las personas más cercanas al castillo. Debía ver si realmente la habían aceptado o solo era una fachada cuando Itachi estaba cerca. Y estaba segura de que aquella sería una buena forma de evadirse de las preocupaciones que ella misma se había creado en su mente.

A pesar de sentir un escalofrío por no llevar capa, Sakura decidió no volver a su dormitorio a por ella, pues necesitaba calmar la maraña de sentimientos dentro de ella, y sabía que la mejor manera de hacerlo era llenándose de frío. Aquello era algo que le había funcionado desde que era muy pequeña, por lo que se encaminó con decisión hacia la puerta de la muralla. Sin embargo, cuando estaba a punto de llegar a ella, una férrea mano la detuvo y la giró de nuevo hacia el castillo.

El rostro de Sasuke la miraba con seriedad y cuando se dio cuenta de que aún seguía tocándola, bajó la mano.

—¿A dónde vas?

—Al pueblo. Llevo varios días encerrada con los preparativos y necesito tomar el aire.

Sakura vio que la expresión en el rostro de su interlocutor se endurecía y mostraba su contrariedad.

—Ahora pretendía entrenar con la espada. La joven se encogió de hombros.

—Hazlo...

Sasuke resopló.

—Si vas al pueblo, tengo que acompañarte y no podré entrenar.

—Puedo ir sola.

—Ni hablar. Itachi me ha ordenado que no te deje sola en ningún momento, y eso pienso hacer.

—Pues entonces tendrás que entrenar en otro momento —le espetó Sakura poniendo los brazos en jarras. Durante unos instantes, ambos se sostuvieron la mirada, como si de un combate se tratara hasta que,

finalmente, Sasuke resopló y le comunicó a Kisame, que estaba cerca de ellos, que entrenaran sin él. El guerrero asintió y le pidió a los hombres que había apostados en la muralla que abrieran el gran portón, por lo que una vez tuvieron el paso libre, Sakura se encaminó hacia la salida sin esperar a Sasuke. No sabía por qué, pero el hermano de su prometido la sacaba de quicio desde que se conocían. A veces tenía la sensación de que su carácter se debía a lo que tanto guardaba, pero otras pensaba que la odiaba por ser hija de Kisashi Haruno.

Sakura giró levemente la cabeza para mirar de soslayo a su acompañante. Este la seguía en silencio un par de pasos por detrás, algo que la ponía realmente nerviosa y la hizo resoplar, enfadada. Con la intención de resolver sus dudas de una vez por todas y aclarar lo que tuviera que aclarar con el guerrero, Sakura paró de golpe a medio camino entre el castillo y el pueblo, allí donde nadie pudiera escucharlos, y puso los brazos en jarras al tiempo que clavaba la mirada en la negrura de los ojos de Sasuke.

—Antes de casarme con Itachi me gustaría dejar claras unas cosas contigo.

El guerrero levantó una ceja y se cruzó de brazos, a la espera de las palabras de la joven, que no tardaron en llegar tras resoplar de nuevo por su actitud.

—¿Te importaría explicarme por qué me odias?

—No lo hago —respondió con simpleza y secamente.

—No es eso lo que parece. La verdad es que cuando estoy cerca de ti a veces pienso que simplemente eres así de serio, pero otras me haces creer que me odias. ¿Qué demonios te ocurre?

—Reconozco que cuando supe que mi hermano estaba enamorado de ti, me sorprendí y enfadé a partes iguales, pero supongo que tengo que aceptarlo, y ya lo he hecho. Pero habrás podido comprobar que con

el resto de personas soy así, no solo contigo.

Sakura suspiró y dio un paso hacia él, algo que provocó que Sasuke frunciera el ceño.

—¿Ves? ¡Reaccionas ante mi presencia como si tuviera alguna enfermedad contagiosa! ¿Por qué demonios rechazas el contacto con la gente? Shisui me dijo que hubo un tiempo en el que no eras así.

Sasuke se mostró sorprendido y apretó la mandíbula.

—¿Y qué más te ha contado mi querido hermano?

—Nada. Solo eso. Y si es verdad que no me odias, me gustaría que nuestra relación sea buena. Quisiera que, si me cruzo contigo por el castillo, no haya miedo o rechazo hacia ti, sino al contrario. Me gustaría que fuéramos dos hermanos de verdad, no enemigos. Lo que mi padre haya hecho a tu clan es cosa suya, no mía. Ya lo he demostrado con creces y casi muero por él. Estoy cansada de tanto odio a mi alrededor y hacia mí solo por ser quien soy o como soy. Me gustaría que, si tengo un problema, pueda acudir a ti o a Shisui a partes iguales para poder solucionarlo y que me ayudes o yo ayudarte a ti. Pero con esa actitud solo consigues que me aleje y que me sienta incómoda contigo. Ahora, por ejemplo, podríamos disfrutar del paseo y conocernos mejor en lugar de caminar uno delante del otro y en silencio, como si hace unos minutos nos hubiéramos enfadado.

Sakura calló durante unos segundos para tomar aire. Sentía en su pecho la opresión que le causaba su relación con Sasuke y deseó que el guerrero cediera y comenzara a abrirse poco a poco a ella.

El joven le sostuvo la mirada durante unos minutos hasta que finalmente asintió y levantó una mano, mostrándosela. Sakura dudó un instante, pero levantó también la suya y ambos las estrecharon al fin enterrando el hacha de guerra.

—No soy el mejor conversador del mundo, pero creo que podremos mantener unas palabras sin querer matarnos el uno al otro.

Sakura esbozó una sonrisa y soltó el aire contenido. No sabía cómo demonios lo había hecho, pero había conseguido derribar una de las barreras que había levantadas entre ella y Sasuke y con las manos aún tomadas le dijo:

—Gracias. Me llena de alegría que por fin podamos ser amigos.

Sasuke se encogió de hombros y le señaló el camino para seguir avanzando. Las muestras de cariño de la prometida de su hermano lo ponían nervioso, pues hacía demasiado tiempo que no había recibido un sentimiento así por parte de nadie, y menos que fuera tan natural y sincero como el de Sakura, por lo que no supo reaccionar, pero al menos vio cómo la joven se relajaba a su lado y caminaba junto a él rumbo al pueblo.

Sakura se sentía plena en ese momento, logrando olvidar la extraña sensación de peligro que la había atenazado desde que los guerreros del clan se habían marchado del castillo, y al fin podía respirar hondo sin la sensación de ahogo por el nerviosismo. Una sonrisa se dibujó en sus labios y miró de reojo a Sasuke, que, para su sorpresa, también parecía más relajado.

Y a pesar de caminar en completo silencio, no le importó a Sakura, pues ahora sí tenía claro que no era su presencia la que molestaba o importunaba al guerrero. Y aunque no le hizo más preguntas, se sorprendió cuando la voz de Sasuke llegó a sus oídos.

—Se llamaba Mito —dijo de repente.

Sin saber a qué se refería, Sakura le dedicó una mirada cargada de preguntas, pero Sasuke levantó una mano para callarla y siguió:

—Shisui tenía razón cuando te dijo que yo antes era diferente. De hecho, mi carácter se parecía más al suyo que al de Itachi. —La vio elevar una ceja—. Pero a veces pasan cosas en tu vida que te cambian para siempre.

—¿Y qué te pasó a ti? —le preguntó con voz dulce.

Sasuke frunció el ceño mientras su mirada se perdía hacia un lateral del pueblo, cerca del lago.

—Cuando tenía quince años, me enamoré perdidamente de una joven que vivía en una de esas casas. Yo creía que ella también lo estaba de mí porque parecía corresponderme, pero todo era un engaño... — explicó casi entre dientes por la rabia que le producía recordar todo aquello—. En fin, a partir de entonces cambié. No hay más que contar.

Sakura sabía que no era así, que realmente había algo más, pero no quiso insistir. Ella no quería hurgar en su corazón y reabrir heridas que parecían no estar curadas, por lo que lo aferró del brazo y lo paró. El joven miró su mano y después levantó su negra mirada hacia ella, sorprendido.

—¿Puedo darte un consejo? —Lo vio asentir—. No cierres tu corazón por alguien que no lo merece.

Vive y ama como lo hacía el Sasuke de quince años.

—No creo que vuelva a amar. De hecho, no quiero hacerlo. Mi vida está centrada en mi deber, no en una mujer.

Sakura asintió y le dedicó una de sus mejores sonrisas. No podía creer que aquel guerrero serio y de rostro enfurecido hubiera abierto su corazón a ella y le hubiera contado algo tan relevante para él. Y sorprendiendo a Sasuke, acortó la distancia entre ellos y lo abrazó. Bajo sus brazos sintió cómo el guerrero se tensaba sin saber qué hacer. Durante unos segundos mantuvo sus brazos quietos, pero poco a poco, como si temiera tocarla, alargó los brazos y la rodeó con ellos. Después de tantos años sin abrazar a una mujer, Sasuke se sintió extraño, inquieto e incómodo, pero tras unos segundos recordó lo reconfortante que era que alguien te abrazara y mostrara simpatía y amor por ti.

Una sonrisa se dibujó en los labios del guerrero, que al instante escondió para que Sakura no la viera y se separó de ella intentando evitar su mirada.

—Quién sabe, Sasuke, la vida da muchas vueltas.

Y con la sonrisa aún en los labios, Sakura se giró hacia el pueblo y caminó hasta allí sin saber que su felicidad y tranquilidad iban a derrumbarse en cuestión de minutos.