Capítulo 17

Ese era día de mercado en el pueblo y estaba abarrotado de la gente proveniente de otros pueblos del clan Uchiha, además de los habitantes del castillo. Las pocas calles del pequeño pueblo estaban a rebosar de gente y todo parecía casi idílico. Los vecinos salían a la calle a hablar unos con otros y a intercambiar todo aquello que les hiciera falta. Isla no había visto jamás un mercado como ese, pues su padre jamás la había dejado ir a uno y la primera y última vez que había estado allí apenas había podido disfrutar debido a que salvó al niño de caer al agua helada del lago.

Descubrió que había más puestos de venta que la otra vez que lo vio y las caras nuevas que habían llegado con sus productos la miraban con auténtica sorpresa e interés por conocer a la mujer que había capturado el corazón de su laird. Sakura descubrió entonces que la noticia de su inminente boda había corrido por todos los pueblos, tal vez llevada por los hombres de Itachi cuando estos fueron a avisar a los líderes de los pueblos.

Varios comerciantes le ofrecían sus productos, algo que ella debía rechazar en ese momento, pues se dio cuenta de que no había llevado dinero para comprar viandas. Sin embargo, disfrutaba viendo todos y cada uno de los productos. Algunos le eran conocidos, pero otros no los había visto jamás y llamaban su atención cuando la gente preguntaba para qué servían.

Sasuke le explicaba algunas cosas, pero gran parte del tiempo prefería mantenerse callado y con cierta distancia para no molestar, pues aún se sentía incómodo por haber abierto su corazón.

Cuando llegaron al final de una calle, Sakura descubrió a lo lejos al pequeño Nagato. Este también la vio y corrió hacia ella con una sonrisa en los labios. La joven sintió cómo su corazón se henchía de amor por él a pesar de que se habían visto poco, pero ese niño le inspiraba tanto amor que lo quería como si fuera de su propia familia. Cuando Nagato llegó a su altura, la abrazó con fuerza al tiempo que reía. La madre del niño, al verlo abrazarla, corrió hacia ellos e intentó que la soltara.

—Va a ser la señora del laird. No puedes hacer estas cosas —le regañó.

Sakura negó con la cabeza y mantuvo a Nagato contra ella unos segundos más.

—Soy la misma persona que hace unos días. Además, Nagato y yo somos amigos, y los amigos se saludan con alegría.

El niño se separó de ella y miró de reojo a Sasuke, después tiró de su vestido para que se agachara y así decirle algo al oído.

—¿Por qué has venido con él? Me da miedo.

Sakura lanzó una risotada y le respondió también al oído.

—El león no es tan fiero como parece. Tranquilo.

El niño asintió, pero siguió mirando de reojo a Sasuke, que frunció el ceño mientras se preguntaba qué demonios estarían tramando esos dos.

Después, Sakura se incorporó de nuevo y le revolvió el pelo a Nagato. Sin embargo, cuando este hizo un movimiento que le abrió el abrigo, dejó entrever algo que llamó poderosamente la atención de Sakura. Su corazón comenzó a latir con fuerza y sintió que las piernas le fallaban de golpe. Con una mano temblorosa y para sorpresa del niño y de su madre, la joven se agachó frente a Nagato y miró el broche de plata que pendía de su jersey. No podía ser... Durante unos segundos creyó estar teniendo una visión, pero tras parpadear varias veces y comprobar que ese broche seguía estando allí su piel palideció repentinamente, llamando poderosamente la atención de Sasuke.

—¿Qué ocurre, muchacha?

Sakura levantó la mirada y la posó sobre el guerrero, pero durante unos segundos tuvo la sensación de que no lo veía realmente hasta que se obligó a fijar su mirada sobre él. Abrió la boca varias veces para hablarle, pero tenía la garganta seca, y volvió a mirar el broche.

—Es este broche... —comenzó tras carraspear con fuerza.

—¿Qué le ocurre? —volvió a preguntar el guerrero mientras se agachaba frente a ella.

—Nagato, ¿me permites que lo coja entre mis manos?

El niño asintió, temeroso de haber hecho algo que no estaba bien. Sakura lo cogió al instante y le dio la vuelta entre sus manos para comprobar algo y cuando vio su propio nombre tallado en él, las manos le temblaron visiblemente.

—Es mío —dijo más para sí que para los demás.

—Nagato, ¿le has quitado a la señorita su broche? —le regañó la madre al niño. Al instante, Sakura negó repetidamente.

—No, no. Este broche me lo dejé en el castillo de mi padre cuando me llevaron al convento —le explicó, y después miró a Sasuke—. ¿Cómo ha podido llegar hasta aquí?

Sasuke la miró y después posó sus ojos sobre el niño, que tembló de miedo al ver que el guerrero lo observaba.

—Pequeño, ¿sabes que los guerreros siempre decimos la verdad? El niño asintió.

—¿Podrías decirme cómo lo has conseguido? Nagato se retorció las manos con nerviosismo.

—Esta mañana al alba salí de casa para ver llegar a los comerciantes y un señor a caballo se acercó a mí y me lo dio.

Sasuke e Sakura se miraron entre sí, sorprendidos.

—¿Y dijo algo más?

—Sí, dijo que se lo regalara a la señorita el día de la boda, pero me dijo que sería para mí por siempre porque ese día no llegaría —explicó con lágrimas en los ojos—. Me gustaba mucho y por eso me lo he puesto. Los amigos se prestan cosas.

Sakura se obligó a sonreír a pesar del nerviosismo y la sensación de desastre que crecía en su interior.

—Yo te lo regalo a ti. Eres un niño muy bueno. Entonces, Nagato sonrió y la abrazó de nuevo.

—¡Gracias!

Sakura le acarició su pequeña cara alegre.

—Muchacho, tienes que decirme algo más —intervino Sasuke de nuevo—. Ese hombre, ¿llevaba los colores de nuestro clan?

—No —respondió con seguridad—. Y cuando se marchaba dijo que estaría cerca de nuestro laird.

Como si de repente hubiera caído una losa sobre su estómago, Sakura sintió que le faltaba el aire. Se incorporó y se alejó de Nagato y su madre mientras llevaba una mano allí donde sentía angustia.

—No puede ser... No puede ser...

Sasuke apareció y la aferró por los hombros, obligándola después a levantar la mirada.

—Si es verdad que los hombres de tu padre están cerca, Itachi y los demás corren peligro.

—¿Tú crees que mi madre le ha contado el contenido de la carta? El guerrero chasqueó la lengua.

—¿Y tú crees que tu madre la habrá leído?

—¿Qué quieres decir? —preguntó, asustada.

—Si tu padre ha descubierto que fue ella la que soltó a Shisui, tal vez ha tomado represalias. Y la carta, en lugar de llegarle a ella, la ha leído él.

Sakura sentía que todo a su alrededor amenazaba con desaparecer, pero llevó las manos a la cara para apretar con fuerza y obligarse a estar presente, a no desmayarse.

—Entonces debemos hacer algo, Sasuke, por favor. No podemos dejar que le suceda algo al grupo de caza o que ataquen el castillo o el pueblo.

El guerrero asintió con seriedad e hizo un gesto con la cabeza.

—Volvamos al castillo. Cogeré un caballo e iré a informar a mi hermano para que regresen de inmediato.

Sakura asintió y se dejó llevar por la mano de Sasuke, que se había posado en su antebrazo para sujetarla además de obligarla a caminar deprisa.

El camino hacia el castillo se le hizo eterno a la joven, aunque también tuvo la sensación de que no recordaba cómo había llegado a la fortaleza. Su mente estaba embotada por los acontecimientos y por ella solo pasaban imágenes de destrucción, además del rostro iracundo de su padre, al cual temía más que al mismísimo diablo.

Los guerreros del clan supieron que ocurría algo al verlos llegar tan apresurados, especialmente el rostro pálido de Sakura. Al instante, todo se concentraron en el patio mientras Sasuke les daba instrucciones.

—Estad preparados y con los ojos puestos en los alrededores. Esta mañana ha pasado un Haruno al

pueblo y le ha dejado un recado a un niño. Estoy seguro de que mi hermano y el resto del grupo corren peligro, así que debo marchar a buscarlos para que regresen y evitar así un derramamiento de sangre.

Los guerreros asintieron y se dispusieron a organizarse entre ellos mientras Sasuke se dirigió directamente hacia las caballerizas. En ese momento, Sakura, que se había mantenido callada y metida en sus pensamientos, reaccionó y corrió tras Sasuke. Cuando se puso a su altura, lo miró y este comenzó a negar con la cabeza.

—Ni hablar —le respondió a una pregunta que no había llegado a formular.

—No sabes lo que voy a decirte. Sasuke paró y la miró a los ojos.

—Me vas a pedir un caballo para venir conmigo. Sakura levantó una ceja y lo miró, sorprendida.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo he intuido. Y la respuesta es no.

—Tu hermano y los demás están en peligro por culpa de mi padre. Es justo que yo también vaya.

—¿Y arriesgarme a que mi hermano me corte los huevos por ponerte en peligro? Ni hablar.

Sakura resopló y fue tras él cuando este se dirigió hacia la cuadra donde estaba su caballo para ensillarlo. A pesar de lo que le había dicho, Sakura se metió en la cuadra de al lado y ensilló otro caballo para después sacarlo de allí y acompañarlo.

—¿Se puede saber qué demonios haces, muchacha? —le preguntó de mala gana al verla salir con las riendas entre sus manos.

—Ya te lo he dicho. Y no pienso obedecerte, Sasuke.

—Me parece que nuestra conversación te ha dado demasiada confianza conmigo —le dijo entrecerrando los ojos.

Sakura esbozó una pequeña sonrisa.

—Tal vez... Y ahora, si no te importa, voy a tomarme los derechos matrimoniales antes de tiempo. Dentro de unos días seré la esposa del laird, así que yo también mandaré en el clan... Y mi orden como futura esposa de tu hermano es que me dejes ir contigo.

Sasuke levantó una ceja y apretó con fuerza sus propias riendas hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Después resopló con fuerza.

—Voy a decirte una cosa, Sakura Haruno. Si Itachi no te mata después de esto, tal vez lo haga yo.

La joven sonrió.

—¿Eso es un sí?

—Está bien, pero en el momento en el que te dé una orden, la cumplirás sin rechistar.

—De acuerdo, cuñado.

Sasuke volvió a resoplar y montó su caballo. Sakura lo imitó con una sonrisa. Sabía que no le sentaría bien a su prometido que cabalgara hasta donde estuvieran para informarle de lo acontecido con los de su clan, pero sentía dentro de ella tal nerviosismo y preocupación por Itachi que no podría esperar quieta en el castillo sin tener noticias del guerrero.

Los hombres del clan los vieron salir con una expresión de sorpresa en sus ojos, pero no dijeron nada al ver que era Sasuke quien la llevaba junto a él. El guerrero espoleó al caballo para iniciar una marcha rápida y así llegar cuanto antes a la zona donde Itachi le había comentado que se encontrarían. Sakura lo siguió en silencio, pero con la mirada puesta en el espeso bosque al que se iban a internar en cuestión de segundos.

Su corazón latía con la misma rapidez que cabalgaba el caballo. Estaba deseando poder llegar cuanto antes junto a Itachi y comprobar que todo estuviera en orden para así regresar al castillo, donde tenía la sensación de que había más seguridad.

No conocía el lugar al que se dirigían, pero si Itachi le había hablado de que tal vez al día siguiente hubieran regresado es que estaba más lejos de lo que pensaba, por lo que deseó que el grupo no se hubieran alejado mucho desde que esa mañana abandonaron el castillo.

En el momento en el que la arboleda los rodeó y perdieron de vista el castillo y el pueblo y solo el silencio era lo único que podían escuchar, Sakura sintió un escalofrío en la espalda. Inconscientemente, miró hacia atrás y vio que no había nadie, pero tenía la sensación de que los árboles tenían ojos y que los estaban observando. Sin embargo, durante varios minutos intentó convencerse de que no pasaba nada, que simplemente se sentía así por lo que estaba sucediendo con su padre.

Sasuke la miraba a veces por encima del hombro, pues cabalgaba un par de metros más adelante, marcando el camino e Sakura intentó seguirle el paso en todo momento para que no refunfuñara por su presencia. Cuando se habían alejado un par de millas del castillo, una rama se cruzó en el camino de la joven, que iba tan metida en sus pensamientos que apenas se daba cuenta de lo que había frente a ella, y no tuvo tiempo a desviarse para evitarla. En el momento en que la rama le dio de lleno en el rostro, la joven lanzó una exclamación de dolor y soltó las riendas del caballo para llevar una mano allá donde escocía.

Poco a poco paró el caballo para tomar el aire y comprobar qué había sucedido y Sasuke, tras escuchar su grito, paró también y se volvió hacia ella.

—¿Qué ocurre? —le preguntó poniéndose a su altura.

Sakura retiró la mano de su mejilla y vio que había sangre en ella. Al instante, Sasuke lanzó una maldición y soltó las riendas de su caballo para desmontar y ayudó a Sakura a hacerlo.

—Vamos, el riachuelo está a unos metros —le dijo secamente.

Sakura comenzó a sentirse mal por ralentizar la marcha e intentó volver a los caballos.

—No es nada.

—No tardamos nada en ir y lavarte la herida.

Sakura no tenía ganas de discutir, por lo que asintió y se dejó llevar por él hasta las frías aguas del riachuelo.

—Iba distraída y no he visto la rama. Lo siento.

Sasuke la miró con una expresión ligeramente divertida.

—¿Te disculpas por hacerte una herida?

—Bueno, por mi culpa vamos a detenernos y perder tiempo.

—Solo son unos minutos —dijo Sasuke mientras sacaba de su sporranun trozo de tela y lo mojaba en el agua.

Después, lo llevó hasta la mejilla de Sakura y limpió la herida. La joven hizo un guiño cuando el dolor se incrementó e intentó apartarse, pero la otra mano de Sasuke le aferró la cabeza.

—Es superficial, pero la sangre es demasiado escandalosa —le explicó—. Sobrevivirás... Aunque tal vez sea yo quien muera cuando mi hermano te vea llegar con este arañazo.

—Yo lo que tengo claro es que tanto uno como otro vais a morir... —dijo una voz entre los árboles.

Sasuke y Sakura se incorporaron de golpe y la joven sintió que su corazón se paraba de golpe cuando vio aparecer al dueño de aquella voz.