Capítulo 18

Antes de que Sakura pudiera reaccionar, sintió cómo Sasuke la empujaba tras él al tiempo que sacaba la espada del cinto y la aferraba con ambas manos. La joven trastabilló y estuvo a punto de caer sobre el agua del riachuelo, pero logró mantener el equilibrio y se giró de nuevo hacia el recién llegado, que los miraba con una amplia sonrisa en los labios.

—Vaya, venía buscando solo a una persona, pero al final veo que me puedo llevar a dos...

—¿Qué haces en mis tierras, Haruno?

El joven jugueteó con una daga entre sus manos y después señaló a Sakura.

—Buscaba a mi querida hermana —respondió en un siseo—. Pero me alegra saber que está con uno de los hermanos Uchiha.

Sakura tragó saliva e inconscientemente dio un paso atrás. Se hizo a un lado para poder mirar a su hermano, pues el cuerpo de Sasuke le impedía verlo con claridad. Hacía demasiado tiempo que no veía a su hermano Sasori. Nunca se habían llevado bien, pues las aspiraciones de este estaban por encima de cualquier cosa, y ella era la única persona que se interponía entre él y la jefatura del clan Haruno. Apenas se parecían entre ellos. Cada uno tenía un carácter diferente e Sakura siempre intentaba desaparecer cuando él andaba cerca. Además, a Sasori lo temía tanto como a su padre, pues ambos compartían la misma forma de ser.

Las manos de Sakura temblaron al ver que su hermano daba un paso hacia ellos. Sasuke aferró con más fuerza la espada y lo apuntó.

—No te acerques más, Haruno. No eres bienvenido en estas tierras, así que será mejor que te marches por donde has venido y no vuelvas antes de que te mate.

Sasori chasqueó la lengua y sonrió.

—Me temo que no estás en condiciones para amenazarme, Uchiha —dijo lentamente antes de señalar a su alrededor y silbar.

Más de una decena de hombres salieron de entre los árboles, como si hubieran estado esperando la señal de Sasori para abandonar su escondite. Sakura escuchó la maldición de Sasuke frente a ella y la joven estuvo a punto de decir otra de no ser porque sentía que se le había secado la garganta. Los hombres de su padre los rodeaban por completo, incluso al otro lado del riachuelo, y no podían escapar de allí. A la izquierda de Sasori, Sakura vio otro rostro igualmente conocido para ella: su hermano Gaara, el más pequeño de los tres. Este la observaba en silencio y con cierta tranquilidad en el rostro, como si todo aquello no fuera con él o no le interesara e Sakura se dio cuenta de que tenía sus ojos fijos sobre ella.

La relación que había tenido con él había sido diferente, pero cuando su hermano tuvo uso de razón y comenzó los entrenamientos con los guerreros de su padre, el carácter de Gaara también cambió y la dejó a un lado, como si ya no fuera su hermana.

—Sasori, ¿por qué no os marcháis y me dejáis en paz?

—Porque casada con un Uchiha eres el mayor de mis estorbos. No pienso permitir que intentes quitarme la jefatura de los Haruno.

—¡No me importa el clan! ¡Nunca me ha importado! Acabad con esta absurda guerra de una vez y volved con padre.

Sasori negó con la cabeza y la señaló con la daga.

—Volveremos, pero contigo para darte tu merecido. Sasuke dio un paso hacia adelante.

—Sakura ahora es una de los nuestros, y no voy a permitir que le hagáis nada.

La vehemencia con la que habló Sasuke para defenderla, emocionó a la joven, que sintió un nudo en la garganta mientras observaba la espalda del guerrero.

—Nuestro padre nos encargó llevarle de vuelta a mi hermana, Uchiha, y no pienso fallar. Además, tiene una mazmorra preparada para ella, igual que la de nuestra madre.

Sakura frunció el ceño e intentó sobrepasar a Sasuke para ir hacia Sasori, pero el hermano de su prometido puso su brazo delante de ella, impidiéndole el paso. No obstante, la joven no fue hacia atrás, sino que enfrentó a su hermano.

—¿Qué dices? ¿Qué pasa con madre?

—Lo mismo que con todos los traidores. Ella liberó al Uchiha y perdió su libertad.

—Sois unos desgraciados —vociferó la joven—. Maldita sea mi propia sangre, pues no sois personas valerosas. El resto de los Uchiha anda cerca de aquí, así que no vais a ir muy lejos.

Sakura y Sasuke vieron cómo Sasori y los demás reían.

—Estamos en serios problemas, muchacha —susurró Sasuke mirándola a los ojos—. Pero te juro por mi vida que voy a protegerte hasta que la última gota de mi sangre caiga sobre la hierba.

Sakura abrió la boca para responder, pero la inquina voz de su hermano llamó su atención.

—Entonces, debemos darnos prisa...

A un silbido de Sasori, los guerreros sacaron sus espadas. Sakura vio que Sasuke se tensaba a su lado y miraba de un lado a otro esperando el ataque de los Haruno. La joven también dirigió su mirada hacia todos lados y vio que en los rostros de los hombres de su padre asomaba una sonrisa sádica que le provocó un escalofrío. Sakura sabía que no tendrían piedad con Sasuke si comenzaban a luchar, y a pesar de todo, no quería que le hicieran daño al hermano de Alec por su culpa.

De repente, sintió unas ansias tremendas por vomitar. Su estómago se revolvió al pensar en todo lo que podría suceder, pero respiró hondo cuando una idea cruzó por su mente y se giró de golpe hacia Sasori.

—Me iré con vosotros si a Sasuke lo dejáis ir.

Su hermano lanzó un bufido y negó levemente con la cabeza sin poder creer que su hermana defendiera con tanto ahínco a un Uchiha. Sasuke, por su parte, giró la cabeza hacia ella, entre sorprendido e iracundo por haber ofrecido semejante idea.

—Pero ¿qué dices, muchacha? —le espetó intentando mirarla a ella y a los demás—. ¿Te has vuelto loca? ¿De verdad piensas que voy a dejar que te lleven con ellos? No puedo dejar que hagas eso. Mi hermano te dejó a mi cuidado, y pienso obedecer.

La risa de Sasori llegó a oídos de ambos y lo vieron dar un par de pasos hacia ellos, lo cual hizo que Sasuke volviera a ponerse tenso.

—¡Qué bonita amistad! —dijo entre dientes—. ¡Y qué pena que vaya a durar tan poco...! Yo tengo otra idea, Sakura: te vienes tú y se viene él.

A una señal de su mano, los guerreros caminaron hacia ellos, incluido su hermano Gaara, el cual no le quitaba la mirada de encima. Lo odió. Después de todo lo vivido y aunque había intentado perdonarlo, en ese momento lo odió por ser una marioneta más de su padre y su hermano mediano.

Sasuke se lanzó al combate con el primer hombre que se acercó a él, dejándola a ella a un lado. Sakura miró desesperadamente a su alrededor en busca de algo punzante con lo que poder defenderse de los guerreros, pero no encontró más que piedras. El nerviosismo y el miedo a lo venidero comenzaba a paralizarla, pero se obligó a pellizcarse para despertar la mente y hacer algo para ayudar a Sasuke e intentar noquear al resto. Deseó fervientemente que Itachi anduviera cerca de ellos y aparecieran de repente, sorprendiendo a los hombres de su clan, pero mientras tanto, debía defender también a Sasuke. Este, de repente, se vio rodeado por varios guerreros, pero era tan buen luchador que hasta ese momento se defendía con destreza. Sujetaba con fuerza la espada y Sakura vio que ya había herido a varios hombres, que habían tenido que retroceder.

Sin embargo, cuando la joven miró a su alrededor se dio cuenta de que a ella también la habían rodeado. Miró con desesperación de un lado a otro y solo veía los rostros iracundos de los hombres de su padre. A algunos los conocía desde pequeña, mientras que a otros apenas los había visto un par de veces. Intentó ver en ellos algo que le indicara que se sentían incómodos con las órdenes, pero no era así. Estaban dispuestos a llevársela sin miramientos y en ese instante solo pudo hacer lo que pasó por su mente: defenderse como podía.

Sakura recordó las piedras del suelo y con rapidez se agachó para tomar entre sus manos todas las que pudiera. Sabía que no podría hacer mucho contra expertos guerreros, pero al menos podría abrirles sendas heridas para ganar tiempo. Los guerreros se movían lentos hacia ella, como si fueran unos cazadores a punto de cazar a su presa, pero esta no estaba dispuesta a poner las cosas fáciles. Sakura lanzó la primera piedra contra uno de ellos y, para su sorpresa, dio de lleno en la frente. El guerrero lanzó un gruñido de rabia mientras se tocaba con la mano el lugar donde había acertado la joven. Esta, sin esperar su reacción, lanzó otra piedra contra otro de sus oponentes, viendo cómo chocaba contra el estómago de este. Y así una y otra vez hasta que de repente sintió que alguien la agarraba fuertemente por detrás y le levantaba del suelo. Las manos del guerrero la apretaron contra su pecho, haciendo que la joven tuviera que soltar las piedras que aún quedaban entre sus manos cuando los huesos de su costado amenazaron con romperse.

De la boca de Sakura escapó un grito de dolor, que llamó poderosamente la atención de Sasuke. La joven lo escuchó gritar algo que no logró entender, pues estaba envuelta en dolor y apenas podía concentrarse en otra cosa. Sakura intentó patear al guerrero que la sostenía, pero la tela de su falda se le enredaba en los pies y no podía lograr su objetivo.

Y entonces decidió que la mejor manera para llamar la atención de los Uchiha si estaban cerca era gritando, por lo que lanzó un grito desgarrador hasta que la mano del hombre se posó sobre su boca, sofocando cualquier sonido que pudiera salir de ella. Sakura intentó arañarlo, sin éxito, hasta que apareció de repente otro de los hombres de su padre y, con una daga que tenía en su mano, la golpeó en la cabeza,

haciendo que todo a su alrededor se volviera negro.

Sasuke vio de reojo cómo Sakura se derrumbaba en los brazos del guerrero y caía al suelo, inconsciente. Una rabia incontenible lo sacudió, pero sabía que estaba en clara desventaja respecto a los Haruno, que al instante se lanzaron contra él y lo golpearon con los puños hasta que lograron arrebatarle la espada, que escurrió de su mano cuando un intenso dolor lo azotó en la nuca. Sasuke se giró hacia el que lo había golpeado, pero los demás guerreros fueron más fuertes y lograron reducirlo en cuestión de segundos, arrebatándole la única esperanza que le quedaba para salir de allí con vida.

La caza había salido sorprendentemente bien. Hacía demasiado tiempo que Itachi no salía con ese objetivo, ya que eran sus hombres los que se encargaban de ese cometido mientras él se quedaba en el clan llevando a cabo las obligaciones de laird, además de que también hacía mucho que no veía a los que habían sido sus compañeros de combate en el clan cuando apenas estaban empezando y ahora eran los líderes de los diferentes pueblos del clan Uchiha.

Entre todos habían pasado un día espléndido y, para finalizar, podría ver a Sakura cuando llegaran al castillo. Se había marchado con la idea de no verla hasta el día siguiente, pero ahora que regresaban cuando estaba a punto de entrar la noche, estaba seguro de que la iba a sorprender.

Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando vio el castillo a lo lejos. Itachi miró hacia sus hombres y los vio reír, bromear y comentar lo bien que se había dado el día de caza. Tres de ellos llevaban sendas cuerdas que estaban atadas a un enorme jabalí muerto que llevaban arrastrando. Jamás había cazado un animal tan grande y en tan poco tiempo, por lo que la alegría era doble. Deseaba llegar a su hogar y exhibir lo que habían conseguido entre todos, aunque Shisui había salido mal parado. El jabalí había ido directamente hacia él tras clavarle la primera flecha y al no haber sido más rápido que el animal, este lo levantó del suelo y lo lanzó varios metros lejos de donde estaba, y al caer al suelo y dar con el hombro contra una enorme piedra escuchó un crujido. Desde entonces se quejaba de dolor, aunque no era demasiado fuerte, por lo que estaba seguro de que no se había roto nada.

Shisui cabalgaba a su lado con las riendas en una sola mano y Itachi frunció el ceño.

—¿Te duele mucho?

El joven movió el hombro e hizo un gesto de dolor.

—Sobreviviré. Esto no es nada para mí. Además, solo de pensar en la cara que pondrá Sasuke cuando vea nuestra adquisición hace que se me vaya el dolor.

Itachi sonrió. Su hermano tenía razón. Durante un tiempo se había sentido mal por haber dejado en el castillo a su hermano mediano, pero no podía dejar el clan desprotegido teniendo en cuenta lo que había sucedido con los Haruno días atrás. Su hermano era uno de los mejores guerreros y sabía que protegería a Sakura y al resto del castillo en caso de ataque.

Su prometida... Durante todo el día no había podido olvidarla y concentrarse bien en la caza. La deseaba a todas horas y sentía que no podría esperar para hacerla suya hasta la boda a pesar de que tan solo quedaba una semana. Contra todo lo que había pensado a lo largo de su vida, aquella joven había logrado traspasar las barreras que había levantado y conquistó su corazón con aquel carácter distinto a todos los que había conocido. Las mujeres que habían pasado por su camino le habían demostrado que solo lo querían por interés o solo para una noche de placer, pero nada más allá. Y la única que había estado más tiempo con él era Karin, pero para él no era más que unas noches de placer, pues había algo en ella que no le gustaba, además con Sakura sentía que podía ser él mismo, dejar a un lado el guerrero que era para dar paso al verdadero Itachi, con un carácter más amable y cercano.

—¿Y esa sonrisa tonta, hermano? —le preguntó Shisui con tono bromista—. ¿Piensas en tu querida damisela?

Itachi soltó el aire lentamente y le devolvió la mirada.

—Te voy a decir una cosa, Shisui. Espero que nunca te enamores porque en caso de ser así, haré de tu vida un infierno.

El aludido silbó y negó con la cabeza.

—No lo creo, hermano. Ya sabes que a mí me gusta repartir el amor entre muchas mujeres. Sería un desperdicio darle todo a una.

Itachi lanzó una carcajada y le dio un puñetazo en el hombro sano.

—Todo a su tiempo, hermano, todo a su tiempo.

Con una sonrisa en el rostro, Itachi recorrió el trecho que quedaba. Y cuando apenas les faltaban unos metros para llegar a la puerta del castillo, el joven levantó la mirada hacia los hombres apostados en la muralla. Recorrió sus rostros uno por uno y en lugar de ver alegría por verlos llegar con su trofeo, descubrió que había cierta confusión. Sus hombres se miraron entre sí con preocupación y Itachi llegó a la conclusión de que algo estaba pasando. Intentó buscar a Sasuke entre ellos, pero no lo divisó, por lo que pensó que tal vez se encontraba esperándolos en el patio junto a Kisame.

Pero cuando la puerta del castillo se abrió lentamente para recibirlos y vio únicamente a Kisame en el patio con rostro preocupado, él también se contagió de ese sentimiento.

—¿Qué demonios habrá ocurrido? —preguntó en voz alta.

Shisui, que fue el único en escucharlo, asintió también con intranquilidad.

—Es raro que Sasuke no esté con Kisame.

Ambos instigaron a los caballos y atravesaron la puerta con rapidez, llegando junto a Kisame en cuestión de segundos. Antes de que los animales pararan, ambos hermanos desmontaron y se acercaron al guerrero, que mantenía el cuerpo tenso a la espera de darles las noticias.

—¿Qué pasa, Kisame? —preguntó Itachi—. ¿Dónde está Sasuke?

El guerrero carraspeó, nervioso, y se encogió de hombros.

—Pensaba que vosotros podríais decírmelo.

—¿A qué te refieres?

—Esta mañana Sasuke e Sakura fueron al pueblo y vieron que un niño llevaba un broche que perteneció a Sakura. Al parecer un hombre del clan Haruno se lo dio en el propio pueblo cuando llegaron los comerciantes.

—¿Qué? —exclamó Shisui con sorpresa—. ¿Se han atrevido a venir al pueblo?

Itachi apretó los puños con fuerza y soltó un gruñido de rabia mientras Kisame asentía.

—Tu prometida reconoció el broche. No es casualidad.

—¿Y ahora dónde están?

Kisame chasqueó la lengua y torció el gesto.

—Tras venir del pueblo, Sasuke decidió ir a buscaros para que volvierais, pues los Haruno dejaron un mensaje al niño y le dijeron que la boda nunca se celebraría, así que tu hermano temió que os atacaran. Y... —Kisame no sabía cómo decirle al laird que su prometida también estaba con él—. Sakura insistió en marcharse con Sasuke.

—Maldita sea... —refunfuñó.

—Salieron poco más de dos horas después de vosotros. ¿De verdad no os han alcanzado? —preguntó Kisame, sorprendido.

Shisui negó mientras miraba la espalda de su hermano Itachi, que se había alejado de ellos unos metros mientras intentaba mantener la calma. En su rostro vio la rabia y frustración por lo sucedido en su ausencia y a pesar de que no era él quien estaba enamorado de la joven, Shisui también sintió preocupación tanto por ella como por Sasuke, que bien podía estar tirado en algún camino.

—Tomaron el mismo camino que vosotros y Sasuke pensaba encontraros pronto para reorganizarnos. Si los han sorprendido los Haruno, tal vez no andaban muy lejos de aquí. Joder, debimos imaginarlo... Lo siento, Itachi. Llevamos todo el día esperándoos porque pensábamos que tal vez no habríais querido dejar la caza y se habían unido a vosotros. Por eso, cuando hemos visto que llegabais sin ellos hemos temido lo peor.

—No pasa nada, Kisame, no tienes la culpa, amigo —le respondió el joven—. Si han caído en manos de los Haruno, ambos están en serios problemas. No sé cómo ha podido enterarse Kisashi de nuestra boda, pero tal vez ha leído él la carta que Sakura le envió a su madre. Y si es así, hará lo que sea para alejarnos, por lo que debemos actuar cuanto antes.

Shisui asintió.

—Cuenta conmigo, hermano. Itachi sonrió levemente.

—¿Y tu hombro?

—No puedo negarle una buena pelea contra los Haruno —respondió con firmeza.

—Pues entonces adelante. No hay tiempo que perder. Organicémonos y salgamos cuanto antes. Esta vez seremos nosotros quienes llamaremos a la puerta del castillo Haruno para buscar a Sakura y a nuestro hermano. Si quieren guerra, la van a tener.