Capítulo 20
El alba despuntó en el horizonte al mismo tiempo que la comitiva llegaba al castillo Haruno. Sakura no había parado de rezar durante toda la noche con la esperanza de que los Uchiha los alcanzaran y los liberaban, pero cuando el castillo de su padre apareció frente a sus ojos supo que ya no había vuelta atrás, que no podrían escapar de allí fácilmente y que los Uchiha, en caso de llegar hasta allí, lo tendrían muy difícil para liberarlos.
Sakura había vuelto a cabalgar junto a su hermano Sasori, aunque lo que había quedado de noche no habían vuelto a discutir, mirarse, ni tan siquiera dedicarse una sola palabra. Sakura no quería volver a tener una conversación con él. A pesar de llevar la misma sangre que el joven había llegado a odiarlo tan profundamente que su sola presencia tras ella y la mano sobre su cintura la asqueaban. No le habría importado cederle su puesto en el clan si se lo hubiera pedido de buena gana, incluso si su padre se lo hubiera planteado habría dicho que sí, pues ella consideraba que ese puesto no era para ella, pero alejarla del clan y de todo lo que conocía por aquella lucha de poderes no había hecho más que separar a todos los miembros de la familia, y ella era la que al fin y al cabo había sufrido más.
Gaara cabalgaba a su lado y a veces había sentido sobre ella la mirada de su hermano pequeño, llegando a preguntarse qué demonios pasaría por su cabeza, pues su hermano había sido siempre una persona de poca conversación, por lo que nunca había logrado entenderlo o conocerlo. A veces lo había oído hablar entre ellos, pero la frialdad con la que se trataban ambos hermanos le confirmó que ellos tampoco tenían una buena relación.
A veces, durante la noche, Sakura había dirigido su mirada hacia un lado, justo donde cabalgaba Sasuke. El guerrero parecía menos cansado que anteriormente cuando lo obligaron a caminar, por lo que cuando la joven lo miraba, este intentaba dedicarle una mirada cargada de energía, paciencia y valentía para que no se viniera abajo. A pesar de la oscuridad, Sakura tenía la sensación de que Sasuke estaba guardando su propia energía para cuando llegara el momento de usarla. Desde la montura parecía un fiero guerrero dispuesto a matar con sus propias manos a todos los que los rodeaban pues se dio cuenta de que estaba conteniendo la rabia, ya que aquella tranquilidad que supuestamente mostraba precedía a la tempestad.
—¿Qué le pasa a padre con los Uchiha? —preguntó Sakura cuando se acercaban al castillo.
—Tú sabrás sus planes mejor que nosotros, ¿verdad? Sakura giró la cabeza y miró a Sasori.
—Yo no sé nada.
Su hermano sonrió.
—Tendrás que convencer a padre de ello.
Sakura prefirió mantener el silencio y fijó su mirada al frente. Apenas les quedaban medio centenar de metros para llegar a la puerta de la muralla que protegía la fortaleza y la joven comenzó a temblar. Quedaban tan solo unos minutos para volver a enfrentarse a su padre después de más de un mes sin verlo, pero esta vez el enfrentamiento sería peor, pues durante ese tiempo se había comprometido con uno de sus enemigos.
Sakura tragó saliva. Sentía en su garganta una fuerte presión, como si alguien estuviera apretando su cuello y le impedía respirar con facilidad. Desde el caballo vio cómo los hombres de su padre se apostaban en la muralla y poco a poco la puerta comenzó a subir para recibirlos.
Sakura cerró los ojos un instante y respiró hondo, preparándose para lo peor. A pesar de que había pasado un mes, el castillo seguía igual, nada había cambiado. Los semblantes eran los mismos, la sensación de parón en el tiempo también y la suciedad seguía en cada rincón del mismo.
Cuando los caballos cruzaron el portón, Sakura fijó su mirada en las personas que aparecían por la puerta del castillo. En ese instante, sintió como una bola de fuego subía desde su estómago hasta su garganta, provocándole una arcada que logró dominar a tiempo antes de que alguien pudiera verla.
—¡Vaya! Os envié solo a por una, pero veo que traéis dos —exclamó Kisashi.
Gaara se acercó a él para contarle todo lo sucedido y Sakura vio cómo en los labios de su padre se dibujaba aquella sonrisa sádica que tanto miedo le había dado siempre. Y su voz... Volver a escuchar ese tono que parecía estar siempre enfadado le hizo tener un escalofrío. No podía creer que volviera a estar frente a él, y lo peor de todo era que ahora llegaba como una enemiga, no como hija.
Sasori bajó del caballo y la aferró por el brazo, empujándola para que también desmontara. La joven perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer al suelo, pero su hermano la sacudió y la puso frente a él, soltándola.
De soslayo, Sakura vio que varios hombres del clan Haruno empujaban a Sasuke y lo colocaban justo a su izquierda, por lo que la joven le dirigió una mirada rápida, aunque esta vez no obtuvo respuesta, puesto que el guerrero cuadró los hombros, estiró la espalda y levantó el mentón, orgulloso, además de que su
negra mirada estaba clavada en Kisashi, como si estuviera retándolo con ella.
Al instante, Sakura volvió a mirar a su padre y esperó. A su alrededor solo podía escucharse el sonido del viento y el canto de las gallinas que solían corretear por el patio con libertad, pero los hombres estaban en completo silencio, como si estuvieran midiendo fuerzas con los recién llegados. La tensión podía cortarse en el ambiente e Sakura no estaba segura de qué ocurriría después.
Cuando su padre dio un paso hacia ella y abrió los brazos, la joven lanzó una exclamación apenas audible y dio un paso atrás, provocando la risa de su padre y su hermano Sasori. Sakura vio que Gaara, en cambio, se quedaba callado e intentando ser ajeno a lo que ocurría a su alrededor.
—¡Hija mía, cuánto tiempo!
Para sorpresa de la joven, Kisashi la abrazó con fuerza mientras en sus labios seguía estando aquella sonrisa ladina. La espalda de Sakura se tensó de golpe y se quedó quieta. En ningún momento pensó en devolverle el abrazo, no solo porque sus manos estaban atadas, sino porque aunque hubiera estado totalmente libre, no deseaba tocarlo.
Al cabo de unos segundos, Kisashi se separó de ella y chasqueó la lengua.
—Oh, perdona, hija, no te he recibido como te mereces. —Y antes de que pudiera descubrir sus intenciones, Kisashi le dio una sonora bofetada.
El impacto le hizo dar un traspié hacia Sasuke, contra cuyo hombro chocó. La joven se tocó la mejilla e intentó apartar las lágrimas de sus ojos antes de volverse de nuevo a su padre. Levantó la mirada y sus ojos se chocaron contra los de Sasuke, que la observaba en silencio hasta que su cuerpo comenzó a temblar y lanzó un rugido al tiempo que intentó arrojarse contra Kisashi. Sin embargo, los guerreros del clan Haruno, que habían estado esperando su reacción, actuaron a tiempo y lograron contenerlo entre cuatro de ellos.
—Eres un desgraciado, Haruno —le espetó Sasuke—. No mereces la hija que tienes.
Kisashi dejó escapar una risa.
—Uchiha, yo trato a mi hija como merece —le dijo acercándose a él—. ¿Acaso se ha encamado también contigo?
Sasuke le enseñó los dientes.
—No creo que mi hermano tarde mucho en llegar —le advirtió sin responder a su pregunta—, y cuando lo haga...
—Lo estaremos esperando y lo mataremos junto a ti y su querida prometida —lo cortó y acabó por él.
—Me temo que no conoces a los Uchiha, padre —intervino Sakura con un ataque repentino de valentía
—. Uno solo de ellos es más valeroso y mejor guerrero que todos vosotros juntos.
Kisashi sonrió y se acercó a ella lentamente.
—Vaya, Sakura... Así que ahora te dedicas a defenderlos por encima de los de tu propia sangre.
La joven lanzó un bufido.
—¿Los de mi sangre? —preguntó—. ¿Qué me han hecho los de mi propia sangre? Habéis renegado de mí, así que no merecéis nada mío, ni siquiera mi lealtad.
—Tu lealtad la conseguiré a base de golpes, hija —le respondió Kisashi—. Llevad al Uchiha a las mazmorras. Así le hará compañía a mi esposa...
Sakura frunció el ceño al tiempo que le dedicó una mirada cargada de odio a su padre para después ver cómo se llevaban a Sasuke entre cinco. Sakura deseó poder irse con él y así ver de nuevo a su madre, que seguramente estaba sufriendo en aquel lugar tan tétrico y frío. Pero no solo por eso, sino que internamente estaba sufriendo por ella misma, pues acababa de quedarse sola entre los lobos: su padre y sus dos hermanos, que tenían la mirada posada en ella.
El primero en reaccionar fue su padre, quien llevó una mano al brazo de la joven y la empujó hacia adelante.
—Me parece que tú y yo tenemos una conversación pendiente.
Kisashi la arrastró hacia el interior del castillo y en ese momento, Sakura recordó de nuevo el olor fétido que desprendía ese lugar, nada que ver con el castillo Uchiha, cuya limpieza era extrema. La joven arrugó la nariz al volver a respirar ese aire viciado y numerosos recuerdos de su antigua vida e infancia asolaron su mente. Tragó saliva cuando descubrió que tenía la garganta seca e intentó controlar la maraña de sentimientos que cruzaban por su pecho y estómago, haciendo que se sintiera más vulnerable que nunca.
Sakura apenas miró el despacho de su padre cuando este la empujó a su interior. La última vez que había estado allí le había comunicado que la iba a internar en un convento, por lo que el recuerdo que tenía de ese lugar no era precisamente el mejor. Y a pesar de que apenas había pasado poco más de un mes, tenía la sensación de que hacía años que había ocurrido, pues durante ese poco tiempo habían sucedido muchas
cosas.
Cuando la puerta se cerró tras ella con un sonoro portazo, Sakura no pudo evitar dar un respingo. Cerró los ojos unos segundos y cuando los abrió, su padre estaba frente a ella observándola con aquella mirada que parecía traspasarla; y a ambos lados de la joven, sus dos hermanos. Estaba completamente rodeada de sus enemigos. Sí, aunque le costara aceptarlo, aquellos con los que había crecido eran ahora sus enemigos, y le dolía a pesar de que no quería asimilarlo.
—Debo reconocer que me sorprendí cuando leí la carta del laird Uchiha en la que me decía que tenía retenida a mi hija. Pero no me asombré por el hecho en sí, sino porque realmente creyera que me importaba tu situación.
Sasori rió a su lado y se cruzó de brazos con engreimiento. Sakura miró de soslayo a Gaara y descubrió que miraba a su padre con firmeza, también con los brazos cruzados y las piernas ligeramente separadas, como si estuviera esperando algo para entrar en acción. Sin embargo, no reaccionó a las palabras hirientes de su padre.
—La verdad es que pensé que si te mataban, me quitaban un peso de encima, hija.
A pesar de que la joven intentaba mantener la calma y frialdad que ese momento requería para no mostrar ningún tipo de sentimiento, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas frente a aquellas palabras. ¿De verdad no la había querido jamás? ¡Por Dios, era su padre! ¿Cómo podía un padre desear la muerte de una hija? ¿Qué clase de mente se escondía en ese hombre?
—Sois un ser despreciable, padre —le espetó sin poder callarse—. No merecéis nada de lo que os rodea.
Kisashi sonrió y la miró con desprecio.
—Lo que sí me sorprendió fue leer la carta que le escribiste a tu madre —continuó sin responder a lo anterior.
—No teníais derecho a leerla —lo cortó.
—Querida, tu madre estaba en las mazmorras y todo lo que tuviera que ver con ella, primero debía pasar por mis manos, especialmente si llevaba el sello Uchiha. ¿Cómo has podido prometerte con uno de ellos?
Sakura levantó la cabeza con orgullo antes de responder.
—Porque me ha demostrado que la vida no se trata de vivirla con odio, sino que hay otras formas de disfrutarla.
Kisashi lanzó un bufido y se rió de ella.
—Ese Uchiha es un blando entonces.
—Itachi Uchiha es más valeroso, fuerte y mejor laird de lo que usted será jamás.
Esta vez no lo vio venir. Su padre volvió a golpearla y de su boca escapó un gemido de dolor cuando su nariz comenzó a latir con fuerza. Notó algo pringoso saliendo de su nariz y al llevar sus atadas manos a ella descubrió que se trataba de un hilo de sangre. Respirando con fuerza, volvió a levantar la mirada y la clavó en su padre, al cual volvió a mirar con orgullo.
—Ni aunque me matara a golpes me haría cambiar de opinión, padre.
Kisashi apretó los puños, intentando contenerse. Sasori se puso entonces al lado de su padre e Sakura se dio cuenta de que parecía estar disfrutando con aquella situación. Gaara, por su parte, se mantuvo a su lado, impasible como siempre y con el rostro tan hierático que tuvo la sensación de que se había quedado petrificado de repente.
—Te propongo algo mejor, hija, para cambiar tu destino.
La joven lo miró con el ceño fruncido y sabiendo que no le gustaría lo que iba a escuchar.
—Si reniegas de los Uchiha, vivirás y ellos también. Pero si sigues empeñada en casarte con su laird, no volverás a ver un nuevo amanecer, ni ellos tampoco.
—No podéis pedirme eso, padre. Kisashi sonrió y dio un paso hacia ella.
—Puedo y lo hago. Tienes hasta el anochecer para pensar en ello, querida. Si rompes tu compromiso contra el Uchiha, tanto él como sus hermanos vivirán. Pero si no lo haces, verás su cabeza clavada en una pica, y la tuya a su lado.
A una señal, Gaara se movió por fin y aferró con fuerza el brazo de Sakura, empujándola después hacia la puerta para llevarla al lugar donde debía decidir su propio destino.
Apenas fue consciente de la gente con la que se cruzó por el pasillo. Sakura iba tan metida en sus pensamientos que no vio la mirada de sorpresa de algunos sirvientes que la conocían desde que había
nacido y que ahora veían cómo su propio hermano la llevaba maniatada hacia el pasillo de las mazmorras. Pero la verdad es que en ese momento poco le importaba. El dolor que sentía en su alma y en el centro de su pecho era tan abrumador que podría haberse cruzado con Itachi y no habría sido capaz de verlo.
Sasuke le había dicho durante el camino que estaban en serios problemas, pero hasta ese momento no había conocido el mayor de todos ellos. Su padre acababa de ponerla entre la espada y la pared y tenía la sensación de que frente a ella había un abismo tan grande que durante unos segundos tuvo fuertes deseos de dejarse caer por él. Siempre pensó que su padre tenía un don, y era hacer que todo a su alrededor, por muy seguro que fuera, se tambaleara y derrumbara en cuestión de segundos. Cuando era pequeña y llegaba con algo hecho por ella, su padre lo despreciaba y le repetía una y otra vez que era basura hasta que la niña lograba creérselo.
Y ahora se encontraba en la misma tesitura. Amaba a Itachi, deseaba pasar el resto de su vida su lado, compartir todo con él, pero no quería que lo mataran. Sabía que era el mejor guerrero que había conocido, pero gracias a ese don de su padre, de repente tenía cierta inseguridad. ¿Y si por su elección y egoísmo Itachi moría? Y no solo él: también sus hermanos.
Sakura lanzó un suspiro de frustración que llamó la atención de su hermano. Gaara la miró con interés por primera vez desde que habían vuelto a verse. La mano que sujetaba su brazo de repente aflojó y la joven levantó la mirada para observarlo. La mirada de Gaara estaba clavada en ella y en ese instante distinguió algo en él que era diferente a Sasori. En los ojos de su otro hermano había maldad y resentimiento, pero en los de Gaara creyó ver sufrimiento, aunque al instante cambió su expresión y la endureció justo cuando comenzaron a bajar las escaleras de la mazmorra.
La luminosidad cambió de repente y disminuyó, por lo que tardó unos segundos en acostumbrarse a la escasa luz. El hedor que subía por las escaleras le revolvió el estómago y de haber tenido las manos libres, habría llevado una de ellas a su nariz para evitar inspirar aquella pestilencia. Rezó para que su nariz se acostumbrara pronto a ese olor y las ansias de vomitar se disiparan. La joven sintió un escalofrío cuando sus pies bajaron el último peldaño de las escaleras y el silencio era lo único que podía escucharse.
Al llegar allí, Gaara paró y se giró hacia ella. Con la mirada puesta en sus ojos, el guerrero sacó una daga de su cinto, haciendo que Sakura dejara escapar de sus labios una exclamación de sorpresa y miedo al creer que iba a herirla. Sin embargo, su hermano llegó la punta hacia las cuerdas que ataban sus manos y las cortó, dejándolas caer al suelo. Inconscientemente, la joven se frotó las manos mientras no podía apartar la mirada de los ojos de su hermano. Lo miraba con el ceño fruncido, teniendo hacia él sentimientos encontrados por todo lo vivido en su niñez y lo que estaba viviendo ahora junto a él.
Sin nada que decir, Gaara la empujó de nuevo hacia las celdas y fue en ese momento cuando Sakura vio un movimiento en una de ellas, la que estaba más cerca a las escaleras. Al instante, una exclamación sofocada llegó a sus oídos, seguida de otro movimiento dentro de la celda, aunque esta vez, unas manos y un rostro conocido apareció tras los barrotes.
—¡Sakura!
La voz retumbó en ese lugar solitario y frío, y a pesar de la situación en la que estaba metida, no pudo evitar alegrarse por verla.
—¡Madre!
Gaara la dirigió hacia la misma celda que Mebuki, abrió la reja y la empujó dentro sin miramientos. Apenas dirigió una mirada a su madre, que lo observaba fijamente y, tras dirigir una mirada rápida hacia la celda de enfrente, se marchó sin decir nada.
Pero a Sakura no le importó nada en ese instante. Estaba realmente feliz por volver a encontrarse con su madre y sentirse de nuevo protegida entre sus brazos, que la envolvieron con auténtica efusión. Hacía demasiado tiempo que no se veían y habían pasado tantas cosas que solo necesitaban volver a sentirse la una al lado de la otra para poder animarse y retomar las fuerzas que habían perdido con el tiempo.
—Estaba tan preocupada por ti, hija —le confesó mientras le acariciaba la cabeza. Y después la separó de ella para mirarla a la cara—. ¿Qué te ha hecho tu padre?
La joven aún tenía la cara manchada de sangre por la herida del labio y la de la nariz. Sakura se preguntó cómo estaría su aspecto, pero finalmente se encogió de hombros e intentó restarle importancia.
—Eso ahora no importa, madre. Las heridas del cuerpo sanan pronto.
—¿Y las heridas que ha hecho tu padre en tu alma?
Sakura sintió que los ojos comenzaron a picarle por las lágrimas y apretó los puños. No quería llorar, pero después de tanto tiempo intentando mantener a raya los sentimientos que corrían por su cuerpo, tenía la creencia de que no podía aguantar más. Necesitaba sacarlo para poder pensar con claridad una respuesta para su padre. Horas antes habría tenido una réplica sin tan siquiera pensarla, pero la sola presencia de su padre hacía que todo dentro de ella se tambalease. Y se dejó llevar.
Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin control. Su cuerpo temblaba cuando se alejó de su madre para evitar que esta la abrazase y sus ojos entonces fueron en busca de una de las personas cuya vida dependía de su decisión.
Sasuke se encontraba en la celda de enfrente y se dio cuenta de que la estaba mirando en completo silencio. No obstante, en sus ojos vio que se formaban preguntas que no estaba seguro si debía formularlas. Con el ceño fruncido, el guerrero caminó hasta los barrotes y se apoyó en ellos mientras la miraba y a pesar del silencio que reinaba en las celdas, supo que había sucedido algo cuando Sakura se quedó a solas con su padre.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó intentando que su voz no sonara tan dura como siempre.
Sakura entonces negó con la cabeza y le dirigió una mirada cargada de pena y dolor. Tras varios segundos en los que no supo cómo comenzar, retiró su mirada, pero eso solo incrementó el nerviosismo que sentía el guerrero en su pecho.
Sakura sintió en su hombro la mano consoladora de su madre y cuando Mebuki apretó levemente, la joven levantó la mirada hacia ella al tiempo que su llanto se hizo más fuerte.
—Por Dios, muchacha, ¿qué ha pasado? —preguntó Sasuke de nuevo.
Sakura entonces se decidió a mirarlo de nuevo y dio un par de pasos hacia los barrotes. Apoyó la frente en la frialdad de esos hierros y clavó sus ojos azules en la mirada negra del guerrero.
—Mi padre... —Su voz se entrecortó—. Me ha dado hasta el final del día para decidir sobre algo.
—¿Sobre qué? —preguntaron Sasuke y Mebuki al mismo tiempo. Sakura suspiró e intentó calmar el temblor de sus manos.
—Debo romper mi compromiso con Itachi. Si no lo hago, moriréis. Y si lo rompo, podréis vivir.
Sasuke rechinó los dientes y apretó los puños. Dio un sonoro golpe en los barrotes y se alejó de ellos para caminar dentro de la celda. Llevó sus manos al rostro y lo frotó con fuerza, como si de repente tuviera la sensación de que eso era un sueño.
Sakura, por su parte, sintió que las lágrimas volvían a correr por sus mejillas, perdiéndose en el cuello de su vestido, y durante unos momentos cerró los ojos, deseando poder desaparecer de allí para regresar junto a Itachi. El rostro del guerrero apareció en su mente y para su sorpresa sintió que le daba las fuerzas que le faltaban, pero no la solución a la cuestión que se le planteaba. Sin embargo, fue la voz de su madre la que le dio una respuesta.
—Hija, estamos metidas en una celda y con pocas probabilidades de salir con vida. Ya conoces a tu padre, por lo que solo me queda una pregunta por hacerte: ¿de verdad crees que, decidas lo que decidas, Kisashi nos dejará libres y a ellos los dejará marchar sin luchar?
Sakura miró a su madre. A pesar de la situación que había vivido durante días, el rostro de su progenitora parecía hacerse iluminado de repente al verla y la vida parecía haber vuelto a sus mejillas y a sus ojos. Mebuki sonrió levemente y asintió, inspirándole fuerza y después levantó la mirada hacia Sasuke.
—Joven Uchiha, vuestra vida depende de la decisión de mi hija. Por lo tanto, ¿qué creéis que debería hacer?
Sasuke se apoyó de nuevo en los barrotes. Parecía realmente cansado, como si de repente hubiera envejecido varios años, y suspiró antes de alargar la mano hacia la celda de ambas y pedirle a Sakura que la tomara:
—Hice un juramento a mi hermano prometiéndole que cuidaría de ti, incluso de tus propios pensamientos. Así que déjame decirte ahora que ha sido un honor conocerte. Y sí, me estoy despidiendo porque no pienso dejar que rompas el compromiso con mi hermano por la locura de tu padre. Si debo morir por protegerte, lo haré, y sé que mi hermano haría lo mismo si estuviera aquí. Los Uchiha luchamos hasta el final y aceptamos las consecuencias sean cuales sean. No nos amilanamos frente a un enemigo y defendemos a los nuestros hasta la muerte. Tú ya eres una de los nuestros, así que si muero, me quedará la tranquilidad de haberlo hecho protegiéndote.
—Pero no podría vivir con vuestras muertes en mi cabeza —replicó la joven tras unos segundos de silencio.
Sasuke le apretó la mano.
—Creo que no nos has visto luchar ni a mis hermanos ni a mí, muchacha. Estoy deseando que llegue el momento de tomar una espada y demostrarte lo que los Uchiha somos capaces de hacer.
Y la soltó. La mano de Sakura quedó en el aire mientras dentro de ella se debatía de nuevo con lo de que debía hacer tras escuchar a Sasuke. Sus palabras le dieron fuerza; la fuerza necesaria para tomar una decisión y tras unos minutos de silencio, en los que tanto Sasuke como Mebuki la dejaron para que pudiera pensar, Sakura respiró hondo y soltó el aire poco a poco.
—No puedo imaginar una vida sin Itachi —comenzó—, así que creo que solo me queda decir que prefiero luchar por él y morir llegado el momento.
—Hija, no hay por qué morir —intervino su madre mientras miraba a Sasuke—. Apenas conozco a los
Uchiha, pero los dos con los que me he cruzado me han demostrado más fortaleza, viveza e inteligencia que todos los Haruno juntos. Ten fe.
—¿Y si Itachi no viene antes del anochecer?
Sasuke soltó un bufido.
—Entonces lucharemos nosotros.
