Capítulo 21
El cansancio comenzaba a hacer mella en todo el grupo a medida que las horas pasaban, pero aún así, ninguno se quejaba de no haber descansado durante toda la noche. Después de todo un día cazando y con el cuerpo en tensión, habían soportado horas y horas a caballo a través de sus tierras y las de los Haruno. Tan solo unos minutos habían tomado un descanso para comer algo y no desfallecer en el intento.
Apenas se habían cruzado con miembros del clan Haruno durante el camino, por lo que habían tenido vía libre para llegar al castillo, que ya comenzaba a asomar en el horizonte. Ese día estaba demasiado nublado y amenazaba lluvia, que podía desatarse en cualquier momento.
Itachi miraba su destino desde la distancia y con una rabia creciente en su interior. Temía que los Haruno se hubieran vengando de ellos y hubieran matado a Sasuke antes de lo que él pensaba. Esa idea lo carcomía por dentro, pero se repetía una y otra vez que su hermano estaba bien. Y Sakura... la preocupación por ella también aumentaba a límites insospechados. Había visto el miedo en sus ojos cuando hablaba de su padre y estaba seguro de que junto a él no estaba bien y sufría.
—Por fin hemos llegado, hermano —dijo Shisui a su lado.
Itachi lo miró como si de repente hubiera descubierto que estaba ahí, pero su hermano no se había separado de él durante todo el camino. A pesar de la sonrisa que Shisui mostraba, Itachi sabía que dentro de él corría la misma preocupación por su hermano e Sakura, pero aún así, él siempre dejaba ver aquella sonrisa imperecedera.
Itachi asintió y le dio una palmada en el hombro. Le agradeció en silencio que lo hubiera acompañado hasta allí y después dirigió su mirada hacia su espalda. La gran cantidad de guerreros que lo habían seguido hasta allí llegó a sorprenderlo. Aunque sabía que ellos habrían deseado celebrar antes que luchar, sus miradas le confirmaban que lo habían seguido con placer y de corazón para salvar a dos de los suyos.
Kisame se adelantó al resto y se puso también a su lado.
—¿Cuál es el plan?
Itachi se movió inquieto sobre el caballo y miró al frente de nuevo.
—Intentaremos hablar con ellos para llegar a un acuerdo de paz para evitar el derramamiento de sangre.
—Kisashi Haruno no es muy dado a llegar a acuerdos —le advirtió Shisui. Itachi entonces lo miró con seriedad y clavó su mirada en él.
—Entonces lucharemos.
Shisui asintió con la misma seriedad al tiempo que Itachi se volvía hacia sus hombres y empuñaba la espada con fuerza para sacarla del cinto. Después la elevó al cielo y dijo:
—Los Haruno nos han afrentado al hacer prisioneros a mi hermano y mi prometida. Por la sangre de nuestros antepasados que fue derramada en la tierra para defender lo que era suyo, ahora nosotros lucharemos y derramaremos la nuestra por Sasuke y Sakura, y que Dios se apiade de nuestras almas si caemos.
Sus hombres hicieron lo mismo y sacaron sus espadas. También las elevaron y todos exclamaron al mismo tiempo:
—¡Por los Uchiha!
Itachi asintió y susurró más para sí que para el resto mientras se giraba de nuevo:
—Por los Uchiha...
La desesperación crecía en el interior de Sakura a medida que pasaban las horas. Aunque había perdido la noción del tiempo, a través del pequeño ventanuco de la celda podía ver la posición de un sol casi inexistente, pues las nubes negras que amenazaban con descargarse sobre el castillo casi lo habían tapado.
Durante un segundo creyó escuchar un trueno en la lejanía y solo entonces se alejó de la pequeña ventana para sentarse junto a su madre al lado de los barrotes. Desde allí miró hacia la celda de Sasuke, que se había sumido en el más absoluto silencio tras su conversación después de llegar ella de hablar con su padre. Lo descubrió sentado sobre la poca paja húmeda que había allí. Su cabeza reposaba contra la pared y tenía los ojos cerrados. Pensó que tal vez se había dormido, pero al cabo de unos segundos los abrió y dirigió su mirada hacia ella.
Sakura tuvo entonces la sensación de que frente a ella estaba el verdadero Sasuke, aquel que parecía haber muerto después de que aquella misteriosa mujer lo hubiera traicionado vilmente años atrás. En sus ojos vio de repente un brillo parecido al que había en los de su hermano Shisui cuando sonreía y, sin saber muy bien porqué, le sonrió al guerrero. Este apenas le devolvió la sonrisa, pero inclinó la cabeza
levemente y volvió a su frialdad habitual, provocando que la sonrisa de Sakura aumentara. Tenía la sensación de que aquel Sasuke muerto quería renacer de alguna manera, pero aquel en el que se había convertido se lo impedía, o tal vez le divertía la idea de luchar contra los Haruno.
Al cabo de unos minutos, un sonido en la parte superior de las escaleras llamó su atención y la joven dirigió la mirada hacia ese lugar para ver llegar a su padre con una sonrisa en los labios.
—¡No sabéis cómo me encanta tener prisioneros! —les dijo nada más llegar.
Sasuke apenas se movió de su asiento, ni siquiera le dirigió una sola mirada, sino que volvió a cerrar los ojos y lo ignoró por completo.
Mebuki se levantó del suelo con cierta dificultad y se limitó a mirarlo con orgullo. Sakura la secundó y también se puso en pie, se acercó a los barrotes y lo encaró.
—Hija, ¿has tomado ya una decisión?
La joven frunció el ceño y estuvo a punto de gritarle que jamás dejaría a Itachi, sin embargo, se dijo a sí misma que si lo hacía, tal vez su padre los matara antes de tiempo, por lo que debía alargar su respuesta tanto como pudiera.
—Os lo diré cuando el tiempo que me habéis dado se agote. Kisashi sonrió de lado y asintió en silencio.
—De todas formas, si no tienes aún una decisión tomada, me gustaría ayudarte.
En el rostro de la joven se formó una expresión de duda, pues no entendía a lo que se refería su padre. Este cogió las llaves de la celda y se acercó a la de Sakura. En ese momento, Sasuke abrió de nuevo los ojos y lo miró con interés. Poco a poco se puso en pie y se acercó a los barrotes con el ceño fruncido, temiendo su reacción, pues sabía que era capaz de cualquier cosa.
Sakura también miraba todos y cada uno de sus movimientos, recelosa de lo que pudiera pasar por su mente. Con un pequeño empujón, la celda se abrió y le indicó a Sakura con la cabeza que saliera de allí. La joven lo miró fijamente y negó con la cabeza, pero Kisashi entró en la celda y, tras empujar a Mebuki, aferró con fuerza a Sakura y la arrastró fuera. Después volvió a encerrar a su esposa y soltó a la joven para hablarle ante Sasuke y Mebuki.
—Yo tengo una buena manera de convencer a la gente sobre lo que quiero conseguir, hija. Y ya te he dicho que si hace falta, te convenceré a base de golpes.
Sasuke se lanzó contra los barrotes e intentó aferrar a Kisashi, que se apartó al instante.
—No te atrevas a tocarla.
—Kisashi, por favor, deja ya en paz a nuestra hija —intervino también Mebuki.
El aludido los miró alternativa mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro y negaba con la cabeza, como si estuviera disfrutando de esa situación.
—¿Sabes, Uchiha? Con tu hermano disfruté muchísimo porque lo golpeaba varias veces al día —dijo sin apartar la mirada de Sakura—. Y a mi hija aún le debo unos cuantos golpes por no haber sido un varón al nacer.
—¡Ella no tiene culpa, por Dios! —vociferó Mebuki—. ¡Ponme en su lugar!
Kisashi negó con la cabeza y sonrió a Sakura, que se mantuvo con la espalda recta y mirada fija sobre él, como si quisiera retarlo con los ojos a que la golpeara. Sin embargo, todo su ser temblaba de auténtico pánico. Sabía desde un principio que se enfrentaría a algo así si regresaba al castillo y solo deseó que fuera lo más rápido posible.
Kisashi la observaba en silencio, ajeno a lo que tanto un prisionero como otro decían. Para él solo era ruido, nada importante que escuchar. Al cabo de unos segundos, se decidió y dio un paso hacia adelante, pero en su rostro se dibujó una expresión de sorpresa cuando su hija le escupió directamente en la cara. Con lentitud, retiró la saliva de su rostro y miró a Sakura con las mejillas enrojecidas. Después se lanzó contra ella.
Sakura estaba más que preparada para sus movimientos, y al ser más joven pudo apartarse de su camino con rapidez, pero no tanta como quiso, pues la falda se interpuso en su camino y trastabilló, haciendo que Kisashi pudiera recuperarse a tiempo y volviera a lanzarse contra ella. Agarró con fuerza la tela del vestido de la joven, logrando rasgarla a la altura del hombro. Cuando su piel quedó al descubierto, Sakura intentó taparse, perdiendo un tiempo más que necesario, por lo que su padre logró abofetearla con tanta fuerza que la lanzó hacia los barrotes y su cabeza chocó contra ellos. Un intenso escozor invadió su frente y cuando su padre la obligó a levantarse, sintió cómo la sangre corría por su rostro. La vista se le nubló por el golpe y no vio el siguiente, que la dejó sin aliento cuando el puño de Kisashi chocó contra sus costillas. Sakura se dobló sobre sí misma al tiempo que tosía, intentando recuperar el aliento.
—¡Te voy a matar, cabrón! —escuchó la voz de Sasuke entre la niebla que cubría su mente.
Las piernas de la joven fallaron, pero su padre no le dio tregua para dejarse caer hasta el suelo, levantándola de nuevo y lanzándola contra la pared de enfrente para volver a golpearla. No obstante, cuando su puño ya estaba dibujando una circunferencia en el aire que se dirigía directamente a su rostro, la voz de alguien lo interrumpió, dejándolo petrificado con sus palabras.
—Los Uchiha están frente al castillo.
Con la respiración aún acelerada, Sakura se apoyó en la pared para incorporarse y miró con lágrimas en los ojos a su padre, aunque con una expresión de victoria que intentó disimular como pudo. Al instante, dirigió una mirada hacia Sasuke mientras su padre se dirigió a toda prisa hacia las escaleras para hablar en voz baja con el guerrero.
Sakura apoyó la frente en los barrotes de Sasuke y dejó escapar unas lágrimas.
—Ya te dije que los Uchiha nos enfrentamos a quien sea por uno de los nuestros.
Sakura asintió y esbozó una sonrisa. Itachi estaba cerca. Después de un par de días sin verlo y estando en peligro, al fin se encontraba más cerca de lo que había imaginado hasta hacía tan solo unos minutos. Deseó verlo y poder abrazarlo, tocarlo... sentirse al fin segura entre sus brazos y regresar al castillo Uchiha, el único lugar donde había sentido algo de cercanía y amor en toda su vida.
—Tengo que hacerme con una espada, muchacha —le dijo Sasuke en apenas un susurro.
Sakura lo miró y después dirigió sus ojos hacia Kisashi, que justo en ese momento terminaba de hablar, y ambos se acercaron a los prisioneros.
—Parece que tus hermanos se han atrevido a pisar mis tierras sin permiso, Uchiha.
Sasuke sonrió y se apoyó en los barrotes al tiempo que lo traspasaba con la mirada.
—A diferencia de los Haruno, los Uchiha nos ayudamos unos a otros, especialmente a los de nuestra propia sangre —le espetó.
Kisashi sonrió de lado y se acercó a él al tiempo que aferró a Sakura del brazo con tanta fuerza que la joven torció el gesto por el dolor.
—Pues vuestra sangre regará mis tierras en el día de hoy. No dejaremos a un solo Uchiha con vida.
Sasuke sonrió de lado, se incorporó y cuadró los hombros. Al mismo tiempo, sus ojos se oscurecieron tanto que Sakura tuvo la sensación de que era otra persona y al clavar la mirada en Kisashi, Sakura sintió cómo la mano de su padre quiso temblar, aunque logró reponerse al instante.
—Entonces no pierdas tiempo, Haruno —le dijo con seguridad en la voz.
—Llévalo tú —le dijo a Sasuke mientras empujaba a Sakura hacia las escaleras.
La joven dirigió una última mirada a su madre, que aferraba los barrotes con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.
—¡Deja a nuestra hija! —suplicó a Kisashi, pero estaba segura de que no la había oído con el sonido de la celda de Sasuke, el cual le dirigió una mirada seria pero tranquilizadora.
—Cuidaré de ella —le dijo al pasar por delante antes de que el guardia lo empujara hacia las escaleras.
Sakura miró hacia adelante y vio que en el castillo los guerreros estaban nerviosos. Todos se estaban preparando para luchar y corrían de un lado a otro buscando más armas para colgar de sus cintos.
Kisashi tiró de su brazo y se dirigieron directamente hacia la salida del castillo y cuando la brisa le dio de lleno en el rostro, Sakura sintió un escalofrío. Descubrió que las nubes negras comenzaban a descargar el agua sobre la tierra y tuvo la sensación de que aquella negrura no era más que un aviso para uno de los dos clanes. Y a pesar de todo, en su interior sentía pena por los de su propia sangre, pero el amor y el respeto de ella que habían conseguido atrapar los Uchiha hacían que su corazón estuviera con ellos en todo momento, pues solo habían ido a reclamar lo que era suyo. Quienes habían comenzado la guerra eran los de su propio clan.
La cabeza aún le palpitaba por el dolor de la herida en su frente, pero las gotas de agua fría lograron clamarlo en parte. Todo sucedía demasiado deprisa a su alrededor y apenas podía ser consciente de todo, pero su mirada se dirigió hacia el gran portón, detrás del cual había una decena de guerreros de su padre que supuso que se encargarían de mantener cerrada la entrada a la fortaleza.
En la muralla se encontraban también apostados numerosos hombres, y aunque los Uchiha estaban fuera, se dio cuenta de que su actitud era hierática, como si les hubieran ordenado mantenerse fríos y quietos mientras esperaban al laird.
En ese instante, aparecieron en su campo de visión sus dos hermanos. Sasori estaba realmente enfadado y su rostro, contraído por una rabia que parecía crecer a cada segundo que pasaba. Por el contrario, Gaara parecía el mismo de siempre, con aquella increíble tranquilidad o frialdad en su rostro, como si aquel problema no fuera con él. Ambos caminaron con paso apresurado hacia Kisashi.
—El desgraciado Uchiha ordena que soltemos a su hermano y a su furcia —dijo con desprecio.
Sakura giró la cabeza y le dirigió una mirada rápida a Sasuke, que se mantuvo impasible y con la misma mirada serena y negra que había adoptado en las mazmorras.
Sasori entonces miró a Sakura y esta le sostuvo la mirada hasta que su hermano la apartó mientras Gaara la mantuvo sobre ella. Los ojos de su hermano la observaban de forma extraña. La joven tuvo entonces la sensación de que la miraba como si fuera la primera vez que se cruzaban sus caminos, y algo extraño que no supo identificar cruzó entonces por sus ojos, provocando que Sakura frunciera el ceño.
—Organiza a los hombres lo antes posible —le dijo Kisashi—. Cruzaremos enseguida el portón para salir a su encuentro. Si tanto desea Itachi Uchiha a su hermano y a su prometida, lucharán. Y cuando acabe el día, tendrá que verlos en el infierno.
Sasori asintió y junto a Gaara fueron a organizar a los hombres que ya estaban listos para luchar. Mientras tanto, Kisashi se giró hacia Sakura. Esta esperó, durante unos segundos eternos, que volviera a golpearla, pero dibujó una expresión de extrañeza cuando su padre tan solo la miró con firmeza.
—Tienes un minuto para decidirte, querida. Si rompes tu compromiso, lo dejaré ir.
—¿Y si no lo hace? —preguntó Sasuke a su espalda. Kisashi sonrió.
—Moriréis todos. Yo cumplo mi palabra, Uchiha —le dijo al guerrero.
Sakura se mantuvo en silencio durante unos segundos mientras los latidos de su corazón se incrementaban tanto que sentía que aquel músculo iba a estallar en cualquier momento. No quería que por su culpa se derramara más sangre, pero recordó las palabras de Sasuke y abrió la boca para responder:
—Yo amo a Itachi Uchiha. Y si debo morir por él, lo haré con sumo gusto, algo que no haría por usted, padre.
El rostro de Kisashi se tornó rojo por la ira y la vergüenza al escuchar esas palabras y torció el gesto antes de propinarle una bofetada y atraerla hacia él. Sakura apretó los ojos al cerrarlos por el dolor que sentía en su mejilla.
—Te he dado varias oportunidades a pesar de que no debería haberte proporcionado ninguna, hija —le espetó con rabia—. No mereces llevar mi sangre ni mi apellido, ni siquiera mereces vivir.
—En eso tiene razón, padre. Por eso a partir de unos días llevaré el apellido que tanto odia.
Sakura escuchó una risotada de Sasuke a su espalda y ella incluso tuvo el ardiente deseo de sonreír por su atrevimiento, pero la férrea mano de su padre apretó su cuello con fuerza, cortándole la entrada al aire.
—Si no fuera porque tengo que liderar una batalla ahora, te lo rompería con sumo gusto.
Y la soltó. Sakura tosió varias veces mientras se acariciaba allí donde los dedos de su padre habían apretado con saña y cuando por fin recuperó el aliento, apareció su hermano Sasori.
—Ya estamos todos listos.
Kisashi se giró hacia él y sonrió de lado, entrecerrando los ojos y adoptando una mirada astuta.
—Entonces vamos. Hay Uchihas a los que matar.
