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𝗥𝗨𝗠𝗘𝗨𝗥𝗦

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01: La facultad de arte


«Mikan Nami es una bruja que ofrece pelirrojos como sacrificios en sus hechizos»

Se compró un café de la máquina expendedora y miró el reloj, eran las 12:50 pm. Su guardia en el hospital había comenzado, era la jornada más agotadora del mundo pero debía soportarla. Solo le quedaba este año y al fin se graduaría de la universidad, tendría su título que lo certifica como médico y podría laborar libremente.

Su tiempo de dividía entre las horas de sus pasantías y la universidad, a veces debía entregar algunos trabajos de materias complementarias después de sus guardias y podía volver a casa para dormir por el resto de la tarde.

Law era un estudiante de medicina en su último año, por causas de la vida –y que le encantaba complicarse la existencia– decidió llegar a un acuerdo con el decano de su facultad, el doctor Hiluluk, el cual consistía de poder realizar sus pasantías mientras aún era estudiante universitario.

La universidad central One Piece trabajaba bajo la política de que todo estudiante de medicina, después de graduarse debía cumplir con dos años como «pasantes» en un hospital. Una vez realizado este paso obligatorio, el egresado ya estaba listo para escoger una especialización de medicina y elegir a qué rama dedicarse.

Y Law siempre quiso ser cirujano.

Así que, decidió "ahorrarse" tiempo innecesario de pasantías después de graduarse. Por lo que solicitó –más bien, rogó, suplicó y negoció– con el decano que le dejase tomar las pasantías durante su tiempo como estudiante. Fue muy tedioso elaborarse un horario flexible que coincidiera con sus maestros, la mayoría del tiempo debía recibir clases con diferentes salones debido a que el no pertenecía a ninguno en particular.

Law era un lobo un tanto solitario en su carrera debido al inusual horario que tenía. Sin embargo, eso no lo convertía en un marginado sin amigos, no señor, para su buena suerte pudo entablar una amistad con Chopper –hijo del decano– y este le ayudó mucho para lograr su cometido.

Volverse amigo de Chopper también implicó conocer un poco al círculo social de este, algo de lo que se arrepentía ligeramente. En su mayoría era un grupo que siempre estaba metido en problemas, aunque no negaría que tenían mucha variedad.

—¡Law! ¿Qué haces aquí? ¡Hubo un accidente y necesitamos ayuda!— le reprendió la doctora Kureha al verlo cerca de la máquina, ya había hecho sus rondas y todo estaba en orden. El reloj marcaba la 01:00 la madrugada y al notar el mal genio de su superior; supo que su noche sería larga.

Según escuchó de las enfermeras hubo un gran choque entre dos autobuses que dejó muchos heridos. Corría de un lado a otro con vendas, gazas, antibióticos, anestesia y jeringas.

Apenas terminaban con una horda de heridos, ingresaba otra en peores condiciones, la sala de emergencias era un caos lleno de quejidos, llanto y personas inconscientes. Su noche parecía eterna, estuvieron en aprietos hasta alrededor de las 8 am. Pudo tomar un respiro cuando su turno acabó, nunca se sintió tan libre como cuando finalizaban sus guardias nocturnas.

Se despidió de todos en el hospital y fue a su departamento, tomaría una gran siesta y después se ingeniaría cualquier receta para la cena. Estaba quitándose los zapatos cuando su móvil sonó, podía fingir no oírlo y centrarse en descansar, pero su sentido del deber lo carcomía por dentro.

—¿Shachi? ¿Qué sucede?— preguntó apenas contestó la llamada, Shachi era uno de sus compañeros de piso, se supone que tenía clases a esa hora de la mañana.

Ca-capitán buenos días— saludó el chico con algo de nerviosismo —Su guardia acabó a las 8, por lo que ahora debe estar en casa ¿ve-verdad?— Law levantó una ceja —Yo sé que está cansado, pero ¡por favor! ¿Podría traerme mi ensayo? Está en mi escritorio, en una car-carpeta verde.

Si fuese un insensible de mierda, claro que no lo haría, quería descansar, dormir debido a la noche caótica que pasó en el hospital... sin embargo Law jamás podía negarse a un favor, su tutor legal y autoproclamado padre nunca le perdonaría no ayudar a alguien que lo necesita.

«Cora-san me pegó lo blandengue» chistó revolviéndose el cabello con exasperación, volvió a colocarse los zapatos y salió del departamento con el trabajo de su compañero en la mano, tomó un taxi y llegó después de diez minutos de espera. Caminó arrastrando los pies hacia la facultad de Matemática y entregó el encargo fulminando a su amigo con la mirada.

«Ahora si, a casa» dijo mentalmente suspirando de alivio, bajaba por las escaleras cuando vio una figura conocida. Lo ignoró y siguió de largo, no obstante aquel conocido estaba pisándole los talones en busca de atención.

Tsss, Torao— susurraba llamándolo —Sé que puedes escucharme— declaró Usopp colocándose frente a él para cortarle El Paso.

—Si lo sabes, ¿qué quieres?— preguntó directamente con mal humor, alguien por favor pónganse en sus zapatos, había estado despierto toda la noche atendiendo heridos y lo único que quería era descansar.

Usopp comenzó a juguetear con sus dedos delatando su nerviosismo y eso ya era una mala señal para Law.

—Verás, por un pequeño problemita no puedo poner un pie en la facultad de arte— explicó superficialmente desviando la mirada —Y mi mejor amiga tiene una presentación, todo lo que necesita está en su laptop— le mostró un ordenador lleno de pegatinas —Lo necesita ahora mismo, ¿podrías llevársela?— la respuesta sería un rotundo no.

—Narizotas-ya, ¿por qué no se lo pides a tus amigos?— cuestionó con cansancio, estaba seguro que pronto su paciencia se iría por la borda. Usopp rascó su nuca y Law supo que era otra mala señal.

—Luffy está en una competencia ahora mismo, Zoro tuvo un problema en casa y se fue hace media hora. Sanji está en una feria gastronómica en la escuela que queda cerca— enumeró el moreno con sus dedos —Robin está en un examen de antropología y Chopper... bueno, él se rompió un brazo esta mañana y fue llevado al hospital.

Apretaba los dientes mientras soltaba maldiciones, el no era un centro de caridad que aceptaba cualquier favor que le pidieran pero allí iba, caminando a paso apresurado a la facultad de arte con una portátil ajena en la mochila. Usopp le prometió comprarle todos los onigiris de la cafetería y se alejó gritándole que su alma conseguirá ascender al reino de Dios por ser tan bueno, bufando y auto maldiciéndose ingresó al bloque de edificios que pertenecía a artes.

Law jamás había entrado, solía pasar por allí pero nunca se detuvo a ingresar ya que no tenía ningún conocido o amigo que estudiase en tal facultad. Al entrar, muchas miradas se posaron en él y los murmullos no se hicieron esperar, al principio le causaba hastío ser el centro de atención pero terminó acostumbrándose cuando se volvió «famoso» en su segundo semestre de medicina. No todos los días se veía a un chico correr por el campus con un corazón en la mano, para después dejarlo colgando con un mensaje en el escritorio de su maestro de anatomía.

Aquello era una larga historia.

«Edificio B, segundo piso, último salón a la derecha» le había dicho el chico de la nariz larga, suspirando arrastró sus pies por las escaleras con algo de pesar. El cansancio estaba afectándole un poco, llegó al susodicho salón y lo encontró lleno de chicas sentadas en grupos platicando animadamente, al verle todas se callaron de golpe comenzando a murmurar, soltó un pequeño gruñido de hastío hasta que una muchacha de cabello celeste se le acercó.

—Disculpa, ¿buscas a alguien?— preguntó amablemente ignorando a sus compañeras, Law le tendió la portátil con seriedad.

—Es de la tal Gata Ladrona, el narizón se la envía— explicó sin darle muchas vueltas, no esperó una respuesta y se giró en dirección a las escaleras. Ya podía fantasear con la comodidad de su cama, tenía pensado dormir todo el día. Al diablo hacer la cena, sus compañeros de piso podían pedir algo a domicilio.

—¡Brook, maldito pervertido!— escuchó a alguien gritar, era una voz femenina. Sinceramente no le importaba, parecía que habían personas corriendo por las escaleras así que hizo a un lado y siguió bajando sin darle importancia a las trivialidades —¡Devuelve esas bragas, joder!

Law seguía haciéndose de oídos sordos, los pasos se oían más cercanos hasta que sintió a alguien en su espalda. Un hombre de casi dos metros le saltó encima, sin embargo aterrizó mal y ahora estaba estrellado en el suelo.

«Ignóralo y vete a casa, ignóralo y vete a casa» se repetía una y otra vez al ver que ese hombre de cabello afro no se movía, su sentido del deber médico iba a terminar causándole problemas un día de estos. Bufando se acercó al herido, seguía con vida por lo que pudo constatar pero tenía una fractura en el tobillo.

—Oye deberías levantarte...— comenzó a decir Law, no obstante la mano del herido se posó en su muñeca impidiéndole alejarse.

—Ayúdame— rogó el desconocido, el entrecejo de Law se arrugó como una pasa y quiso huir de ese demente —Si ella me encuentra va a matarme... Nami-san no tiene piedad, es una bru...— la frase quedó incompleta debido a un grito que interrumpió todo el melodramático momento.

—¡Allí estás, ladrón!— Law no entendía nada, giró su torso y lo primero que vio fue el color violeta, de ese color eran las bragas de la mujer que estaba saltando las escaleras estirando su pierna para darle una patada al malherido Brook. El azabache quiso moverse, literalmente él estaba en medio de toda la pelea pero la mano del desconocido se lo impedía, Brook gritaba súplicas y pedía disculpas sin ser consciente que tenía preso el brazo de Law.

Todo sucedió como en las películas, la patada fue en cámara lenta. Tanto que estuvo seguro de haber visto toda su vida pasar por sus ojos, el momento en el que la patada impactó con su abdomen sintió que estaba siendo cortado a la mitad. Pero esa no fue la mayor de sus preocupaciones, cuando el golpe fue recibido; pudo ver a su atacante de cerca.

Cabello lacio naranja rojizo, ojos chocolate y bragas violetas.

Al menos eso era lo que vio antes de caer en la inconsciencia.


—¿Crees que esté muerto?— sus sentidos parecían adormecidos, una voz hablaba, podía sentirla pero su mente estaba desorientada.

Incluso yo lo estaría después de semejante patada, yohohoho— una risa chillona resonó cerca de sus oídos, intentó abrir los ojos pero estos parecían pesar plomo.

—Es tu culpa Brook, cállate y sígueme, debe ser por aquí.

Como ordenes, Nami-san— y su mente volvió a sumirse en la oscuridad, no volvió a escuchar voces. Ni siquiera supo por cuánto tiempo estuvo así, sus ojos pudieron abrirse y reconoció el techo de su habitación.

Todo estaba en penumbras, la única iluminación era proporcionada por la ventana, ¿qué hora era? Buscó su móvil sin encontrarlo en sus bolsillos, trató de incorporarse pero al hacerlo un dolor en su abdomen lo hizo cuestionárselo dos veces.

¿Cuánto tiempo había estado inconsciente?

¿Por qué le dolía tanto el abdomen bajo?

Los recuerdos fugaces del suceso ocurrido en la facultad de arte llegaron a él, ¿cómo llegó a su habitación? Su mente era un mar de interrogantes pero en la oscuridad de su recamara no encontraría las respuestas. Con mucho cuidado se incorporó, un vendaje le envolvía desde el pecho hasta la cadera. Enarcó una ceja por inercia, sus compañeros de piso no sabían ni siquiera colocar ungüentos correctamente.

Se levantó de la cama y salió de la habitación, las luces del pasillo lo golpearon y chasqueó la lengua hasta acostumbrar sus ojos a la iluminación artificial. Caminó hacia la sala, como siempre sus compañeros estaban discutiendo sobre a quien le correspondía lavar los platos esa noche, se dirigió hacia la cocina por un vaso con agua pasando desapercibido hasta que la voz de Penguin lo alertó.

—¡Trafalgar D. Water Law!— nombró como si de un enemigo de tratase, el aludido frunció el entrecejo al ver a su compañero observarle con rencor —¡Confiesa ahora todos tus pecados!

—Deja y me pongo ropa adecuada para cumplir los sacramentos, Sacerdote— ironizó rodando los ojos, Shachi también le estaba observando de la misma manera —¿Se puede saber a qué vienen esas caras? Parece que quieren arrancarme la cabeza.

—Capitán, ¿por qué no nos dijo que la conocía?— interrogó Shachi dolido, Law no podía sentirse aún más confundido con toda la situación, ¿es que acaso estaba soñando? —¡La mayoría de nosotros los mortales queremos una oportunidad con ella!

—¿De quién mierda estamos hablando?— inquirió Law con la paciencia pendiendo de un hilo.

—¡Mikan Nami! La gata ladrona de la facultad de arte— respondió Penguin con obviedad —Cuando llegamos ella estaba en su habitación cuidándolo— explicó mordiéndose el cuello de la camiseta —¿Sabe cuántas veces he intentado que me hable? ¡Muchas! ¿Qué lo que hizo para tener su atención?

La gata ladrona, si su memoria no le fallaba ese era el seudónimo de la mejor amiga del narizón. La misma a la que le llevó el portátil en la mañana.

—Usted no es pelirrojo, ¿entonces cómo lo logró?

—¿Qué cojones tiene que ver mi cabello en todo esto?

—Mikan Nami solo se fija en pelirrojos.


Holaaaa! Este es el primer capítulo de esta historia, espero que les haya gustado

Gracias por leer 33

Pronto volverán a encontrarse nuestro cirujano de la muerte y la gata ladrona, no desesperen ;)