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𝗥𝗨𝗠𝗘𝗨𝗥𝗦
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02: El trato con la ladrona
«Bones Brook era un mafioso, conserva un cuchillo en su violín»
Después de un tedioso día de pasantías debía presentarse en la universidad a la mañana siguiente. Tenía una jornada de clases a las cuales asistir, Law caminaba por las calles de la facultad con un café en la mano, estaba ensimismado en sus pensamientos.
Su móvil no estaba.
Y él no era de esos que dejan el celular tirado en cualquier lugar, siempre lo llevaba consigo en caso de alguna emergencia, no obstante después del incidente en la facultad de arte su móvil mágicamente había desaparecido. No se encontraba en su habitación, lo buscó por todo el departamento sin encontrarlo. Así que su maquiavélica mente solo pudo darle un veredicto.
1. Alguien de la facultad de arte lo tenía.
2. Había sido un completo irresponsable y en serio lo dejó caer.
Esta segunda opción parecía la menos irreal, Law se conocía a sí mismo, era incapaz de dejar algo tan importante caer así por así. Por ese mismo motivo estaba adentrándose de nuevo a la facultad de arte; necesitaba respuestas y la tal gata ladrona era su principal sospechosa por deducción unánime.
—¡Oye! ¿Cómo te encuentras, señorito desmayado?— escuchó una voz vagamente conocida, a unos cuantos metros estaba un hombre alto de cabellera afro observándole con una sonrisa. Llevaba una guitarra en su espalda y lentes de sol con diseño ridículo. Su mente hizo click en ese instante, era el hombre del tobillo fracturado.
—Yohohoho, ¿estás oyéndome?— preguntó Brook nuevamente en tono cantarín, esa risa chillona lograba hacerse doler los tímpanos —Lamento lo de ayer, Nami-san no suele medir su fuerza.
—¿Dónde está la gata ladrona?— interrogó directamente, no quería ser un amargado pero no estaba interesado en ser amistoso con un desconocido que lo metió en problemas el día de ayer.
Brook le miró asombrado durante unos segundos, después en su rostro apareció una sonrisa burlona pero no emitió comentario alguno. Le hizo un ademán a Law para que lo siga y comenzaron a caminar a uno de los edificios de la facultad.
—Soy Brook— se presentó el desconocido, era muy parlanchín para su gusto —Veo que ya estás mejor, eres el primer hombre que sobrevive a una patada de Nami-san y vuelve a buscarla— explicaba con mucha alegría, Law se limitaba a oírlo, no estaba de humor para conversaciones triviales —Por lo general los hombres suelen huir cuando la ven agresiva, eres digno de admirar...— el hombre del afro hizo una seña para que diga su nombre, el azabache suspiró.
—Law, mi nombre es Law— respondió con algo de cansancio, solo quería su móvil y volver a su facultad. Tenía un examen a primera hora, se sentía irritado al recordar que fue golpeado injustamente por el parlanchín de Brook.
¿Quién querría hacerse amigo de alguien que le hizo ganarse una patada en el abdomen?
—Es aquí— finalizó Brook el recorrido deteniéndose en un salón —Buena suerte, joven Law— el azabache tomó una bocanada de aire antes de ingresar al salón y buscar a la pelirroja zanahoria con la mirada, la encontró infraganti sentada en el último asiento del lugar con su móvil en las manos.
¿Se podía ser más sinvergüenza?
A grandes zancadas se acercó a ella, la pelirroja no parecía darse cuenta de su presencia y eso logró aumentar su enojo, ¿qué se creía esa mujer? Carraspeó un par de veces para llamar su atención, ella levantó la mirada observándole con algo de burla.
—Tú debes ser el dueño de esta pequeña belleza— habló taciturna jugueteando con el móvil entre sus dedos, Law levantó una ceja —No pensé que volverías a poner un pie aquí después de lo que pasó ayer, tienes agallas.
—Irónico que lo diga una ladrona— refutó Law sarcástico, extendió su mano pidiendo el móvil —Devuélvemelo y acabemos esto por las buenas— pidió pausadamente, la pelirroja levantó una ceja —No quieres que tome medidas legales por hurto ¿verdad?— la expresión burlona de la mujer se descompuso y de mala gana le tendió el pequeño aparato.
—Eres serio, aburrido y arrogante— finalizó Nami rodando los ojos —Lo deduje al revisar tu móvil, pero ahora lo confirmé— explicó al ver el rostro desconcertado y molesto de Law, el azabache estaba a punto de perder la paciencia.
—¿Estuviste husmeando en mi móvil?— acusó incrédulo llevándose una mano al rostro, a Law no le gustaba ser grosero con las mujeres pero ella estaba sacándole de sus casillas. Iba a agregar más cosas a su discurso, sin embargo se vio interrumpido por el timbre que anunciaba la primera hora. Tragándose sus palabras abandonó el salón, no sin antes dirigirle una última mirada llena de ácido a aquella arpía.
De mal humor hizo su examen de microbiología, ¿esa tal Nami trataba así a todos? ¡Era una completa grosera! Era la primera vez que se veían y ella lo trataba como si tuvieran años de amistad; Law detestaba a la gente confianzuda. Su ceño fruncido se mantuvo hasta la hora del almuerzo, cansado de darle vueltas al asunto se dirigió a la única persona que podría darle respuestas.
Para su sorpresa Chopper no se encontraba solo, a su lado estaba Usopp haciendo estupideces con los cubiertos. Sin pedir permiso o preguntar se sentó frente a ellos y dejó escapar un suspiro.
—Esa gata ladrona, ¿siempre tiene un carácter de mierda?— lanzó su pregunta sin pelos en la lengua, sus acompañantes se miraron extrañados y después se encogieron de hombros.
—Si y no— contestó Chopper mordiendo una manzana con su brazo libre, el yeso en su mano izquierda parecía ser un problema —Depende si estaba usando la chaqueta verde, cuando se la pone tiene humor de los mil demonios.
¿Qué?
—Te robó el móvil ¿cierto?— dedujo Usopp con una pequeña sonrisa, Law asintió a regañadientes y el narizón rió abiertamente —Es una pequeña maña, no te lo tomes personal. Nami no es una mala chica.
—Es una bruja— se quejó Law indignado.
—Como ya te dije, su estado de ánimo es cambiante. Pero Nami es muy amable por lo general— comentó Chopper limpiándose las migas de comida del rostro —Si está usando la chaqueta verde, quiere decir que te vayas al diablo y no le hables.
—¿Qué cojones tiene que ver la chaqueta verde?
—Oh, la utiliza cuando está en sus días, ya sabes, Andrés el que te jode cada mes— respondió Usopp restándole importancia, Law por su parte resopló y se despidió de ambos, no entendía como los hombres mataban por estar con ella. Bueno, no negaría que era muy hermosa y atractiva, no obstante su comportamiento altanero le restaba puntos.
Shachi y Penguin se decepcionarían cuando descubrieran que su chica ideal era una bruja en todos los sentidos.
Su móvil vibró indicándole la llegada de un mensaje, salió de la cafetería y buscó un lugar tranquilo para sentarse en el campus. Una vez recostado bajo la sombra de un árbol abrió el mensaje y casi se atraganta con su propia saliva al leerlo.
Bella Nami: Me tomé la molestia de agendar mi número, tú seguridad es un fiasco, lol.
Bella Nami: Por qué no me invitas un café? Te veo en la cafetería "Baratie" a las 2:00 pm.
Bella Nami: No faltes o publicaré la foto que encontré en tu móvil, esa dónde estás semi desnudo cuando eras bebé ;)
Pero ¿qué carajos? ¡Esa mujer estaba demente!
Negó con la cabeza, su mal humor parecía empeorar con cada clase. Su jornada estudiantil acabó y Law sentía que la migraña pronto acabaría con el, ¿debía presentarse? Podía simplemente ignorarla y demandarla por difamación y calumnia. Aquello era lo más sensato, dio un último suspiro y se dirigió a la salida del salón.
Iría a casa.
Sin embargo, si había algo que Law odiaba era a si mismo y la paranoia que se le había pegado por parte de su autoproclamado padre. Con una vena a punto de reventar, se dirigía a la cafetería acordada maldiciendo entre dientes a su persona y a Cora-san; chequeó la hora en su móvil y resopló al ver que eran pasadas las 2 de la tarde. De seguro y esa lunática ya se había ido. Para su sorpresa, ella estaba allí.
Y no traía puesta la maldita chaqueta verde.
Entonces si era una completa bruja.
—Sabía que vendrías— canturreó Nami tamborileando los dedos en la mesa —Nadie puede ignorar un chantaje, ni siquiera el mismísimo Cirujano de la muerte— la sorna en la voz de esa pelirroja le parecía irritante y a su vez atractiva.
—¿Qué quieres de mi?— preguntó sin rodeos ojeando la cafetería, el lugar era frecuentado por estudiantes y muchos no disimulaban, la mesa donde estaban sentados era el centro de atención. Law miró con indiferencia a los curiosos y mentalmente comenzó a contar los minutos para poder irse.
—Tan directo como dicen los rumores— refutó cantarina guiñándole un ojo, Law blanqueó los ojos y gruñó en respuesta —Necesito órganos humanos para una exposición de arte y tú— lo señaló con una sonrisa —Eres mi boleto de entrada a la morgue.
—Estás loca— declaró el azabache tomando su mochila dispuesto a irse, no obstante la mano de la pelirroja le detuvo obligándolo a sentarse de nuevo.
—¿Para qué demonios quieres órganos humanos?
—La facultad de arte se comprometió a ayudar a los estudiantes de biología de último año con una galería de arte— explicó Nami jugueteando con la pajilla de su bebida —Mi cliente es alguien que quiere plasmar en un cuadro la belleza de las tripas y esas cosas sangrientas junto con la naturaleza— terminó de contar con una expresión taciturna —Es algo así como un paisaje lleno de sangre y viseras.
—Mira, mujer lunática— empezó a decir Law con un poco de hastío —No me has dado la mejor de las primeras impresiones, eres una...— buscó una palabra en su diccionario que no sonase soez pero desistió —Solo olvídalo, busca a otro idiota que caiga con tus chantajes. Yo puedo tomar medidas legales y resolver esto como un adulto— volvió a incorporarse para abandonar la mesa, sin embargo la respuesta de aquella mujer le dejó perplejo.
—¿Llamarás a tu papá, Cora-san como un nene llorón?— interrogó Nami con un puchero fingido —Porque te advierto que no lo conseguirás, cambié los nombres a tus contactos en caso que las cosas se pusieran tensas entre nosotros.
—Arpía— masculló Law con veneno sentándose de nuevo, fulminándola con la mirada logrando que la sonrisa de la pelirroja se ensanchara.
—Sisisi, arpía, bruja, zorra, ramera— enumeró los insultos con los dedos con desdén —Los tengo anotados en la lista de adjetivos hacia mi persona, que no me interesan— restó importancia y tendió su mano hacia el azabache —Entonces... ¿tenemos un trato, señor Cirujano de la muerte?
«Voy a arrepentirme de esto» maldijo mentalmente pero tomó la mano de la pelirroja; estrechándola de mala gana.
¿En que lió se había metido?
