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𝗥 𝗨 𝗠 𝗘 𝗨 𝗥 𝗦

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04: 50/50


«Monkey D. Luffy consiguió su beca siendo amante de la profesora de gimnasia»

—¿Coñac? ¿Está jugando conmigo?— preguntó incrédulo, la doctora Kureha lo miró con una ceja levantada demostrando seriedad —¿Tiene idea de cuánto cuesta solo una botella?— reprochó cruzándose de brazos, esa mujer estaba demente.

—¿Por quién me tomas, mocoso?— devolvió la pregunta su superior —He bebido coñac toda mi vida, claro que conozco su valor.

—Entonces, ¿por qué me pide un imposible?

—Esa es mi tarifa si quieres meter a tu noviecilla loca de ahora en adelante en tus turnos— esa era su última palabra, Law lo sabía. Ella no cambiaría de parecer, era un hueso muy duro de roer y el azabache ya conocía su temperamento.

Suspiró.

—¿El mismo de siempre?— resignado era poco, se sentía condenado. Su superior sonrió de oreja a oreja y palmeó su espalda con brusquedad.

—¡Dios bendiga el poder de tu vagina y tus encantos!— exclamó la doctora chocando los cinco con la pelirroja que observaba todo en silencio con pequeña diversión en la mirada —Los veo esta noche, tortolitos— sin más desapareció por la puerta dejándolo solo con la bruja de cabellos rojizos.

—¿Te he dicho que eres increíble, Lawcito?— dijo con voz sumamente chillona, colgándose de su brazo como un gato mimado. Esa mujer iba a enfermarlo.

—Vete a la mierda— contestó de muy mal humor, eran las 6 a.m. y quería arrancarse los ojos. Para vendar y suturar a Cejas Locas, lo llevaron al hospital. Law sabía que necesitaba herramientas desinfectadas y la doctora Kureha podía darle pase libre a los instrumentos sin problemas.

Fue en ese momento que Nami escuchó accidentalmente sobre su noche de guardia y lo convenció—extorsionó— de dejarla pasar a la morgue. Dejaron al rubio en una camilla y partieron a buscar a la doctora Kureha. La bruja había insistido en acompañarle, dado que no confiaba en que Law hiciera el trato con su superior al mando.

Debía despedirse de 1500 berries de su presupuesto mensual.

Y todo por una chantajista sensual que amenazaba con revelar fotos de su vergonzosa niñez.

Aún si a Law le importaba un pepino lo que los demás pensaban de su persona; tenía una reputación que mantener.

—Te veo esta noche, querido— se despidió la pelirroja y su mal humor estalló, la tomó del brazo impidiendo su partida y la pegó a su cuerpo —¿Qué haces? Ya te dije que no eres mi tipo— rodó los ojos ante esa respuesta y se encaminó a la salida del hospital.

—Conseguir el coñac es un grano en el culo, no creas que te saldrá gratis este favor— una sádica sonrisa se dibujó en su rostro, Nami le observó con miedo y eso lograba hacerlo feliz —Me ayudarás con eso, quieras o no.

—¿Y por qué lo haría?— cuestionó la pelirroja arqueando una ceja. Sabía que diría eso, no llevaba mucho tratando con ella pero, Law atinó al deducir que no le gustaba seguir órdenes, que solo ella debía tener el control.

Compartían algo en común.

—Porque le salvé el trasero a tu malagradecido amigo— respondió el azabache y al verla lista para refutar agregó —Sabes mejor que nadie que no era mi obligación, nuestro trato solo es dejarte entrar a la morgue. No incluye servicio médico a domicilio para ti o para tus amigos.

Y tenía razón, su acuerdo era de que ella pudiera pasar a la morgue sin problemas.

No existían cláusulas especiales acerca de ir a darle ayuda médica cuando lo necesitara.

La observó apretar los labios y levantó una ceja, parecía tener una batalla interna consigo misma. Al cabo de unos minutos suspiró y lo miró con odio.

Si ella no respetaba los términos del trato; él tampoco lo haría.

—Espero que tu cuerpo arda en el infierno— masculló de mala gana soltándose de su agarre y caminando a grandes zancadas —Soy una chica de palabra, Trafalgar Law.

—No lo dudo, nena— comentó con sorna, sonriendo de la manera más hipócrita posible.

Punto para Law...

El azabache abandonó el hospital y se dirigió a casa, la pelirroja de seguro estaría con Cejas Locas, por lo que no tenía más obligaciones con el cojo. Además que su primera clase del día era a las 8:10 am, debía preparar su mochila, desayunar y darse otro baño para poder sentirse en paz e ir a la universidad.

Solo tenía dos clases en la mañana, el resto de su día estaba libre.

Sin embargo, debía buscar al comerciante que le vendería el coñac. Y era allí donde tenía que intervenir la pelirroja.

Ojo de Halcón no vendía el mismo producto a una persona en repetidas ocasiones, era muy estricto en su trabajo.

Law ya había comprado coñac para la doctora en situaciones pasadas, por ende Ojo de Halcon ya lo conocía y no había probabilidad de que quisiera hacer negocios con el azabache de nuevo.

"Vendo exclusividad. No puedo vender un mismo producto a un solo cliente; cuando puedo revenderlo a muchos más" esa era la norma de oro que usaba como comerciante, tenía un punto, pero uno muy absurdo.

Law: Busca a Ojo de Halcón en la facultad de deportes y atletismo, dile que necesitas hablar de poesía con él.

Mikan Nami: ¿Por qué demonios hablaría de literatura con el maestro de esgrima? ¿Te la fumaste muy verde, o qué?

Law: Te veo en la cafetería principal a las 11 a.m.

Guardo su móvil y se metió a la ducha, después le explicaría el plan a la bruja.

—¿Te gusta ser impuntual?— preguntó apenas la vio sentarse a su lado, llevaba esperándola quince minutos que le parecieron una eternidad, para su buena suerte la cafetería estaba desierta.

Odiaba ser el centro de atención.

La pelirroja rodaba los ojos mientras colocaba su mochila sobre la mesa ignorándole por completo.

—Contrario a ti, doctor emo, tengo clases diarias hasta las 2:30 pm— refutó con ligera molestia —Vamos al grano, ¿qué quieres que haga? ¿A quién debo estafar?— preguntó curiosa, el azabache frunció el ceño —¿O debo seducir a alguien? Porque déjame decirte que ese tipo de servicios tienen tarifas especia...— no la dejó terminar, ¿en qué demonios pensaba esa mujer?

—¿Ubicas la palabra legalidad en tu diccionario?— dijo interrumpiéndola, la pelirroja blanqueó la mirada y le sacó la lengua en respuesta —Conseguiremos el coñac de forma honesta— hizo énfasis en la última palabra causándole hastío a su acompañante.

—¿Y qué narices toca Dracule Mihawk en todo este rollo?— cuestionó Nami con el ceño fruncido, Law suspiró, se notaba que la paciencia no era una de sus cualidades.

—¿No conoces los antecedentes de Mihawk?— preguntó incrédulo, era imposible que no lo supiera. Todos conocían la reputación de Ojo de Halcón, incluso le vendía whiskies exóticos al decano camuflados en las computadoras de las oficinas de gestión estudiantil.

La pelirroja negó con la cabeza, su expresión era de ingenuidad pura delatando su inocencia.

—Ojo de Halcón vende licores que están prohibidos en el país— explicó de forma muy general y sin dar detalles —Pero es un vendedor muy...especial— ni siquiera él encontraba palabras para describirlo —Y aquí es donde entras tú, debes buscarlo y comprarle el coñac, dile que buscas el más añejo que tenga. Él sabrá a cuál te refieres.

—¿Y ya? ¿Eso es todo?— preguntó la pelirroja con incredulidad, Law asintió —Pensé que se trataría de algo muchísimo más difícil.

—Es algo muy sencillo, solo tienes que poner 1500 berries y ya está todo resuelto— dijo el azabache con desdén, el rostro de la pelirroja cambió en cuestión de segundos.

—¿Poner 1500?— repitió sin poder creerlo, Law asintió desinteresado —¿Tengo cara de ser centro de caridad? ¿Por qué tengo qué dar 1500?

«Además de ser manipuladora, también es una tacaña; que maravilla» pensó el azabache con ironía.

—Así como lo escuchas, bruja, cada botella de coñac añejo tiene un valor de 30000 berries— respondió Law, era ridículamente caro, él lo sabía. Sin embargo, ella también tenía que colaborar si quería tener acceso al hospital —¿Esperabas que te saliera gratis? La Doctora Kureha es una alcohólica de gustos refinados.

—Se supone que tú— lo señaló con recelo —Ibas a encargarte que pudiera entrar a la morgue sin problemas— reclamó indignada —No pensé que fueras a salir tan caro, Trafalgar.

—Si, si, como sea— le restó importancia —¿Puedes hacerlo o no? Depende de ti conseguir la botella, estoy siendo equitativo al dejar que pagues la mitad— reconoció y eso pareció enfurecer más a la pelirroja.

—Es la primera vez que un hombre me pide 50/50— expresó bufando, totalmente indignada y Law lo entendió todo. La pelirroja era de ese tipo de chicas que esperaban que un "caballero" derrochara todo su dinero en ella solo por ser bonita.

Oh, Dios mío.

Si supiera que Law podía ser un caballero, pero uno sin dinero.

Incluso a él le gustaría encontrar a una chica que quiera derrochar su dinero en él y sus caprichos, no se negaría que buscar una anciana millonaria viuda a veces le tentaba mucho.

—No lo haré sola, tú vendrás conmigo— sentenció la bruja y ahora ambos se encontraban en la facultad de deportes y atletismo. Entendía el motivo por el cual la pelirroja no quería ir en solitario a dicha facultad, el lugar era un nido de hombres babosos que la miraban como si fuesen depredadores y ella la presa.

—Como odio esta facultad— masculló la pelirroja bajando un poco su falda, Law se colocó a su espalda. La bruja le caía como una patada en la ingles, no lo negaría, sin embargo, tampoco era un desalmado que permitiría que la viesen de esa forma tan asquerosa.

Las miradas se intensificaron a su alrededor, los murmullos incrementaron y se podía escuchar con claridad los apodos de ambos en boca de todos.

«Es la Gata ladrona, y el Cirujano de la Muerte» «¿Qué hacen juntos?» «Pero Trafalgar no es pelirrojo»

Soltó un gruñido al escuchar cada disparate, le fastidiaban los rumores.

—¡Nami-chan!— gritó alguien, la atención de Law se dirigió a un pelirrojo que corría desde el aparcamiento hasta ellos, ¿cómo era que esa bruja conocía a ese hombre? —¿Qué haces aquí? ¿Buscas a Luffy?— preguntó dándole un fuerte abrazo y elevándola un poco del suelo, dando vueltas causándole risas a la chica.

—Hola Shanks— saludó con una amplia sonrisa —Vine por asuntos confidenciales— se limitó a responder, Law estaba mudo, con el ceño fruncido y brazos cruzados a lado de la pelirroja —¿Has visto al profesor de esgrima? Tengo que hablar con él.

—Claro que si, ese amargado está en su oficina, sígueme— pidió amablemente, abriéndose paso entre los estudiantes que los miraban atónitos —¡Hey, babosos! ¡Dejen de mirar a mi nuera de esa manera!— amenazó con una cara de pocos amigos, todos los estudiantes voltearon la mirada con nerviosismo.

¿Nuera?

¿Esa pelirroja era nuera de uno de los profesores más conocidos de la universidad? Todos conocían a Shanks el pelirrojo, era un hombre increíblemente fuerte, no por nada era el campeón nacional de Taekwondo.

Law se sentía confundido.

—Por cierto Nami-chan, ¿quién es tu amigo?— el pelirrojo se giró hacia el azabache y lo observó con curiosidad —¿Desde cuándo te gustan los pelinegros?

¿Cuál era el problema con su color de cabello? No entendía nada.

—No somos amigos— aclaró Law de mal humor al sentirse ignorado. La pelirroja puso los ojos en blanco y le susurró algo en la oreja a Shanks, este asintió y lo miró con burla logrando irritarlo aún mas.

Se supone que acompañó a la bruja para evitar acoso, no obstante, su presencia no era necesaria. Con el pelirrojo a su lado, nadie volteaba a verla con ojos lujuriosos.

Nunca más intentaría ser un caballero.

Después de unos cuantos minutos de caminata, llegaron al edificio de los docentes. La oficina de Mihawk quedaba en el segundo piso, mientras subían las escalabras Shanks no paraba de contarle su vida a Nami como si fuesen amigos de toda la vida, eso lo desconcertaba.

Su curiosidad picaba mucho, pero debía convencerse a sí mismo que no le importaba.

¿Por qué el pelirrojo la llamaba «nuera»?

—Es aquí Nami-chan— el recorrido acabó, Shanks le dio un corto a la pelirroja a modo de despedida —Sigue en pie que te cases con mi hijo, considéralo— la bruja soltó una pequeña carcajada y asintió con la cabeza.

Ambos quedaron solos frente a la oficina del profesor de esgrima, la placa de la puerta tenía tallado Dracule Mihawk en perfecta caligrafía. La pelirroja dio dos golpes suaves, en cuestión de segundos se escuchó un "adelante" desde el interior y los dos entraron.

Ojo de Halcón yacía en su escritorio, leyendo un libro al mismo tiempo que tecleaba algo en su ordenador.

Ni siquiera levantó la mirada cuando entraron.

—¿Qué se les ofrece?— preguntó con la vista en su ordenador, Law pellizcó a la pelirroja que parecía sentirse intimidada por el profesor.

—Me gustaría... hablar de... poesía con usted— dijo insegura, automáticamente Mihawk dejó el ordenador y los observó con intensidad.

—¿Qué estás buscando, chiquilla?

—El coñac más añejo que tengas— se aventuró a decir Law, Ojo de Halcón levantó una ceja.

—Le pregunté a ella— respondió tajante, se quitó los anteojos y examinó a la pelirroja de pies a cabeza —Señorita, ¿has venido obligada por este sujeto? ¿Tu novio te obligó a venir aquí?

Su rostro era un poema, ¿acababa de escuchar bien?

—Law no es mi novio, ¡por amor a Dios, solo mire su cara!— expresó indignada, señalado el rostro del azabache —¿Cree que este hombre amargado estaría con una chica tan linda como yo?

Mihawk negó con la cabeza, dándole la razón a la pelirroja.

—Solo vinimos por coñac, pero no es mi pareja— aclaró una vez más sacando el dinero, Law sumó su parte y la colocaron en el escritorio del docente.

Mihawk contó el dinero y de un cajón del mueble; sacó una botella de coñac color marrón.

—Mereces algo mejor, señorita. Se nota que no son compatibles— dijo tendiéndoles la botella, el azabache no podía estar más exasperado —Y tú, cambia esa cara de pocos de amigos, espantas a cualquiera.

Salieron de la oficina después de unos minutos, la pelirroja parecía contenta mientras que Law se encontraba en el limbo, ¿qué había sucedido? Ni siquiera acaba de procesarlo, ¿qué hacía a Mikan Nami tan especial?

—Hey, lo primero que te dijeron es que cambies ese ceño fruncido— no supo en qué momento pero la muchacha se encontraba frente a él, a escasos centímetros de su rostro colocándole un dedo en la frente; evitando que sus cejas se unieran en una mueca —Si sigues así, nunca podrás conquistarme, querido Law.

Silencio.

—¿Te comió la lengua el gato?— se burló y plantó un beso en su mejilla, divertida del notorio enojo del azabache —No te desanimes, eres guapo. Puedo darte más oportunidades, esfuérzate más, ¿quieres?— iba a darle otro beso en la mejilla, pero Law la tomó de las manos, pegándola peligrosamente a su cuerpo.

—Eres una maldita bruja— masculló observando la brillante sonrisa en los labios de la pelirroja —No te hagas ideas tontas, no eres mi tipo.

—¿No lo soy?— preguntó incrédula, soltando el agarre de sus manos y llevándolas a la nuca de Law, respirándole en el cuello, causando un gran escalofrío en su cuerpo —¿Estás seguro, Law?— pegó sus labios en su oreja, causándole estragos.

Aquel tono con el que dijo su nombre, maldita sea, esa arpía sabía jugar sus cartas.

No obstante, Nami se separó de su cuerpo, sonriendo de oreja a oreja mostrándole una cadena de plata entre sus dedos, por instinto se llevó una mano al cuello constatando que el crucifijo que le obsequió su padre ya no estaba en su lugar.

—Me gustan los hombres a los cuales no puedo robar— y sin más se fue corriendo por las escaleras.

Esa mujer...

Estaba volviéndolo loco.


Volví! Cómo han estado? Iré actualizando los capítulos, tendremos capítulo nuevo la próxima semana ;)

Disculpen la inactividad, han sido años caóticos, pero al fin hay estabilidad 3