Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.
No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.
El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.
DRAGONS: A Twins Story
El gélido calvario de una doncella irascible (Pt. 13)
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El viento helado resoplaba con un chiflido y helaba la piel de sus mejillas mientras los trineos se deslizaban a toda velocidad por el hielo congelado del mar del norte, en lo que eran tirados con fuerza por las alas de los dragones de los jinetes.
Los chicos guiaban el camino volando bajo para evitar los fuerte vientos de la tormenta invernal, en lo que los tablones, algunos miembros de la armada de Berk, Gobber, Barbara y Smolder se sujetaban con fuerza para no salir disparados ante la gran velocidad.
–¡El viento está cobrando más fuerza! –bramó Gobber mientras sujetaba a su amiga del brazo para que no saliera volando.
–¡Es el ojo de la tormenta! –gritó Stoick con fuerza desde el lomo de Thornado.
–¡Debemos resistir! –apenas se alcanzaron a escuchar las palabras de Hiccup ante el estruendo del viento. El chico pecoso y su night fury iban a la cabeza del grupo, guiando con su radar la dirección ante la poderosa y oscura tormenta.
–¡Tal vez no perdimos! –chilló Fishlegs, el único jinete que no montaba a su dragón y por igual eran jalados en los trineos.
–¡Lo juro por Freya, vamos en la dirección correcta! –contestó Smolder, aunque nadie podía estar seguro de cómo estaba convencida de ello –. ¡No falta mucho!
–¡Voto arrojarla al mar si equivoca! –gritó Ruff.
–¡Apoyo la moción! –aceptó su hermano.
–¡Nadie va arrojar a nadie! –los contradijo Astrid levantando su puño.
–¡Chicos, sigan adelante! ¡Casi llegamos!
–¡Si morimos congelados será tu culpa, Hiccup! –le gritó Snotlout.
–¡Si morimos congelados te doy permiso de arrojarme al mar, Snotlout! –aceptó el muchacho con ironía.
–¡Apoyo esa moción! –agregó Honey mientras se apretaba contra la espalda peluda de su dragón.
Horas antes de que corrieran el riesgo de morir congelados en las aguas heladas del norte, varios sucesos se conjuntaron para que llegaran al punto de descargar su frustración en el joven pecoso si las cosas no resultaban como imaginaban. Todo inició con el regreso de Stoick y Gobber al Pingüino Peregrino acompañados de una antigua amiga del herrero, Smolder.
Al parecer, el resto de los habitantes de Chilblain decidieron no matar al líder vikingo y herrero después de todo; pero nadie, con excepción de Smolder, se ofreció a guiarlos a las tierras de norte donde solían ir los comerciantes, con quienes los habitantes de la isla solían intercambiar vienes por madera.
Claro, el padre de la vikinga no estaba muy feliz con que su hija se marchara con Gobber, pero la mujer conocía bien a su padre y pudo convencerlo con amenazarlo de no volver a prepararle estofado de pescado si no la dejaba acompañarlos.
Cuando finalmente los tres vikingos regresaron al navío se toparon con la nueva idea de Hiccup.
Como resultaba imposible que pasaran por el mar congelado a bordo del barco, sin importar lo grande y poderoso que este fuera, podían recorrer la distancia en trineos tirados por los dragonesmucho más rápido que sí lo hicieran a pie o en barco.
–Espera cerebrito –soltó Snotlout al escuchar el plan de Hiccup –. ¿No sería más fácil si llegamos volando sobre los dragones en primer lugar?
Como le recordó Stoick, Spitelout y la mayoría de los miembros de la guardia a Snotlout, no podían correr el riesgo de ser detectados si llegaban volando desde las alturas, en especial a desconocer con lo que se estaban enfrentado. Además, Hiccup le explicó, que la mejor forma de llevar a la mayoría de la guardia de Berk sería con ayuda de los trineos, ya que los dragones tendrían que dar varias vueltas para poder llevar a todos sobre sus hombros sí hicieran el trayecto solo volando.
Los trineos era la mejor opción para recorrer el mar congelado de forma discreta dejando a pocos miembros atrás.
Ya con la boca de Snotlout cerrada como la boca cocida de Loki, pusieron en marcha su plan. Smolger les ayudó a recolectar los materiales necesarios para construir los trineos. Los miembros de la guardia los armaron fácilmente siguiendo el diseño con el que jugaban los niños de Chilblain.
Cuando ya todos estaban listos para partir, unos pocos tripulantes se quedaron en el Pingüino Peregrino, en lo que los demás se distribuyeron sobre los trineos para ser tirados por los dragones más fuertes, que soportaran la ventisca que comenzaba a arreciar.
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–Me lleva Loki –soltó Gobber sacudiéndose sus ropas una vez en tierra firme pero completamente nevada.
–Sí, yo quería que arrojáramos a Hiccup al mar –agregó Tuffnut desilusionado confundiendo el motivo del comentario.
–¿En dónde nos encontramos? –preguntó el joven pecoso contemplando los alrededores. Era una costa nevada donde las suaves olas arrojaban el hielo del mar sobre la arena, causando un constante y armonioso tintineo.
–Estoy segura que estás son las tierras del norte –aseguró Smolder –. Pero en qué parte de ellas estamos exactamente, lo ignoro.
–¡¿Qué?! –explotó Snotlout –. ¡Se supone que te trajimos porque sabías donde debíamos ir mujer!
–¡Snotlout! –lo calló Astrid propinándole un zape en la nuca.
–Las tierras heladas del norte son un territorio inhóspito y difícil de guiarse debido a que todo se ve igual –explicó Smolder al grupo de vikingos hooligans, sus dragones y amigos.
–Y definitivamente este no es el campamento que estamos buscando –puntualizó Honey señalando unas escazas y raquíticas chozas que estaban a pocos metros de la costa. Un poblado pesquero de novadas sin lugar a dudas.
Los pobres lugareños ataviados solo con algunas pieles de animales, se ocultaron dentro de sus hogares o detrás de cualquier cosa que los pudiera cubrir de los recién llegados y sus bestias escupe fuego.
Tuffnut y Ruffnut aprovecharon las reacciones de los locales para asustarlos agitando sus armas sobre sus cabezas en lo que gruñían como animales. La reacción fue instantánea y los pobres aldeanos chillaron en lo que corrían a ocultarse despavoridos.
–¡Tuffnut, Ruffnut! –los llamó el jefe Stoick firmemente –. ¡Dejen de asustarlos!
–¿Por qué deberíamos parar? –se quejó el gemelo rubio.
–Mejor deberías decirles que no se asusten tan fácil –contentó su hermana antes de hacer unas muecas y terminar de espantar a los locales.
–Dudo que obtengamos información de ellos en ese estado –comentó Fishlegs.
–No veo porque no –comentó Stoick con seguridad con sus manos en su rechoncha cintura –, no estamos aquí para lastimarlos.
–Un grupo de vikingos armados hasta los dientes, acompañados por dragones –comentó sarcásticamente Hiccup ganándose una risita por parte de Barbara "The barbarian" y algunos miembros de la guardia de Berk –. Claro, nos vemos como un grupo muy amigable.
–¡Por Odín! ¡Hay que intentarlo, maldita sea! – dijo decidida Astrid dando unos pasos hacia adelante. No sabía que destino le esperaba a su dragona con el ladrón de Arngrim, por lo que no estaba dispuesta a esperar más tiempo. Asustados o no, lo aldeanos le darían una respuesta –. Hola… –pero su saludo fue recibido con más pánico y miedo.
–O tal vez no –soltó Snotlout con una risita burlona.
La rubia intentó acercarse nuevamente unas cuantas personas más, obteniendo el mismo resultado. Desesperada se volvió hacia el gemelo pecoso:
–Hiccup estamos perdiendo el tiempo.
El chico miro el poblado ya casi desolado frente a él, luego a sus compañeros vikingos y dragones, y por último la tormenta invernar que acababan de pasar. Las cosas no pintaban para bien si no averiguaban a donde estaba el poblado al que huyó Arngrim. Pero tampoco tenían muchas opciones por delante y ya era muy tarde para regresar.
Hiccup necesitaba otro plan.
–¿Hiccup? –como un llamado de los dioses, escuchó su nombre. Buscando con la mirada pronto se encontró con una cabecita dentro de la piel de oso blanco que lo observaba desde detrás de un bote en reparación.
–¿Eggingard?
–¡Hiccup! –dijo la niña esclava alzándose por completo de su escondite –. ¡Honey!
Ambos gemelos pecosos se sobresaltaron ante la sorpre, pero pronto salieron corriendo al encuentro de la pequeña niña quien se tropezó en la nieve en lo que corrió en su encuentro. Todo ante la mirada incrédula de los demás vikingos.
–Eggingard ¿qué haces aquí? –le preguntó Honey mientras la abrazaba.
–Esta es la aldea donde nací, es mi hogar –dijo la niña señalando la raquítica aldea.
–Es muy… acogedor –comentó Hiccup tratando de mantener su sonrisa.
–¿Qué están haciendo tan lejos de Berk, rawr?
–Un ladrón se robó uno de nuestros ladrones –le explicó Honey señalando a Astrid con su pulgar – y al parecer él la trajo a un campamento aquí en las tierras del norte.
–Hemos pasado muchas dificultades… –dijo Hiccup
–Y rencontrado con muchos rostros del pasado… –agregó su hermana.
–… para finalmente llegar aquí.
–Aunque no estamos seguros donde queda ese campamento.
Eggingard le echó una mirada con sus ojos desorbitados a sus amigos y luego a la muchedumbre de vikingos que los acompañaba. Después de un momento de silencio para meditar, dijo entre gruñidos:
–Solo hay un lugar que tiene esa descripción: el campamento de los cazadores, rawr.
–¿Qué? ¿Cazadores? –mascullaron los hermanos.
– Cazadores de dragones –dijo la niña –. Su campamento está a unos cuantos kilómetros en aquella dirección –agregó indicando con su mano enguantada en la piel de oso –. Es ahí donde venden y compran dragones.
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Hola a todos.
Sé que es lo que están pensando, cada vez agrego más personajes, pero les prometo que tengo una intensión, solo hay que ser pacientes. Y aunque hago mención de los cazadores no es mi intención que conozcan a Viggo y compañía todavía, pero sí será la primera vez que conozcan de ese mundo.
Sin más explicaciones que hacer por el momento, espero que disfruten este capitulo y nos vemos en el siguiente.
