A/N: ¿Cómo sé que mi nivel de obsesión ha llegado al tope? Cuando empiezo a escribir fics; la última vez que pasó eso fue hace 7 años (con The Mentalist); así que estoy muy emocionada de compartir esta historia sobre aquello que me hace feliz: Slow Horses, especialmente sobre Lamb y Standish.
En este proceso, quiero enviar un abrazo a lucyyh y Flora98 quienes leyeron esto primero, compartieron ideas y me animaron a publicarlo (:
Capítulo 1. Lamb. Un monstruo de mierda.
Ho no era un especialista en relaciones; de hecho, era todo un sociópata, pero incluso él podía percibir que algo no iba bien, "debe ser la vejez", fue su primera explicación; acababa de presenciar una acalorada discusión entre Lamb y Standish, algo relacionado con Partner y una traición, "a Catherine le debe estar afectando la menopausia y a Lamb la falta de alcohol", se dijo; él se había percatado de que Lamb no había bebido en todo el día.
Ahora Ho conducía de regreso a Slough House, con Lamb de copiloto, mientras que Standish deambulaba por las afueras de Londres. Pensaba que Catherine debería ser un poco más agradecida, pues ellos fueron a rescatarla; sobre todo debería ser más agradecida con él, quien había afrontado con valentía esa tensa situación de rehenes y que, con su ingenioso plan del autobús, había dado el toque final a la operación.
Aun así, Ho consideraba a Catherine, la verdad es que era de las pocas personas que le caían bien, ella podía ver el talento en él, y de vez en cuando se lo hacía saber, no por querer ganarse un favor o ser indulgente, sino porque simplemente era una persona amable; así que le preocupaba que una mujer de su edad tendría que caminar casi 30 millas de camino para llegar a casa, eso podría ser bastante contraproducente.
—Entonces Catherine… -dijo de repente-.
—Cierra la puta boca, Ho -Lamb le interrumpió con un gruñido que salió del fondo de su estómago, era como si pudiera leer los pensamientos de Ho, y esperaba a que tarde o temprano se le ocurriera la brillante idea de hablar para así irritarlo un poco más-, no quiero saber que existes, así que solo conduce o le harás compañía a Standish en la puta carretera.
Ho no era un especialista en la conducta humana; pero incluso él, podía deducir que Lamb estaba teniendo una muy, muy mala noche.
Cuando llegaron a Slough House, Ho pretendía dejar a Lamb y seguir su camino a su casa; sin embargo, este le ordenó que entrara.
—Rastrea el teléfono de Standish -le dijo mientras encendía un cigarro-, no te irás hasta que me confirmes que está en su casa -le indicó sin mirarlo, mientras subía con pesadez, el segundo tramo de escaleras.
En la penumbra de su oficina, Lamb se sirvió un trago, luego otro, y luego un tercero, se los bebió como si no existiera el mañana, cuando se sirvió el cuarto vaso, se sentó en el sofá, no, más bien se derrumbó en el sofá, como si hubiese estado sosteniendo una pesada carga durante todo el día, y de repente ya no pudiese con ella; pero allí estaba, ese peso hiriente que no le abandonaba y que sentía le aplastaba el corazón.
Había sido un imbécil, lo supo justo cuando sus palabras abandonaron su boca.
"Tu héroe, Charles Partner, era un maldito traidor" … "¿Y sabes por qué te mantuvo? Te mantuvo precisamente porque eres una borracha".
Lo supo cuando miró a Standish y vio como ante sus crueles palabras, la vida se le escapaba por los ojos.
Vació el whisky en su garganta, esperando que le ayudara a deshacer el nudo que se le había formado. Lanzó la colilla del cigarro, ni siquiera miró dónde cayó, enseguida encendió uno nuevo; su boca se sentía muy seca.
"No te estaba salvando. Te estaba usando, joder." "Estás mintiendo".
Aún resuena en su mente, con claridad, el temblor de su voz; de repente sintió un amargo cosquilleo en su nariz, por lo que le dio una calada profunda al cigarro.
"Jódete" le había dicho ella, con la voz ahogada; un insulto que ahora sabe fue un mecanismo de defensa, porque él le había roto el corazón; se sintió el hombre más miserable, se merecía la mierda y la miseria de toda una puta vida.
"Jódete, Jackson Lamb, que se jodan todos. Renuncio".
¿Por qué no la detuvo?
Debió detenerla, debió ir detrás de ella y pedirle perdón, pero fue un maldito arrogante, "Haz lo que quieras", le dijo, y se quedó congelado viendo como se alejaba en la oscuridad de la noche.
El cosquilleo llegó a sus ojos y el nudo en la garganta no cedía; tardó más en servise un nuevo trago que en bebérselo.
Standish tomó su bolsa, cerró con fuerza la puerta del vehículo, lo miró por un segundo para dejarle claro su odio, y entonces salió huyendo, como si hubiese visto un monstruo; eso era él, un monstruo de mierda que le había hecho daño a la única pesona de quién podía decir que era genuinamente buena.
Y así se alejó de él, con sus puños cerrados y sus tacones resonando contra el asfalto.
Inmóvil y sin quitarle la mirada de encima, Lamb contuvo por un momento la respiración, mientras sus manos sudaban en sus bolsillos, "Mírame", pensó inconscientemente; él sabía que ella no lo haría, estaba furiosa y decidida, aún así: "Mírame", el pensamiento desesperado cobraba vida propia en su mente.
¿Por qué no la detuvo?
Se martirizó de nuevo con la pregunta.
Lo que Jackson no sabía es que así se siente un corazón roto, un corazón destruído que te deja incapaz de reaccionar; y ahora él no sabía qué hacer con eso.
—Standish acaba de encender su celular, ya está en su casa. – Estaba tan absorto en su autodesprecio que no sintió la presencia de Ho-.
Saber que ella había llegado a casa, le liberó un poco la presión en su pecho; entre sombras y en medio de una humarada, Lamb simplemente agitó la mano y luego se acostó en el sofá.
Ho era un completo sociópata, pero por alguna razón, en ese momento supo que lo más prudente era callar y simplemente alejarse.
—Catherine acaba de responder, dice que no volverá -le comentó River a Louisa, mientras miraba su celular con el ceño fruncido-.
—¿Cómo que no volverá? -Le respondió ella con sus brazos cruzados en el pecho. Estaban en la cocina, esperando a que el agua de la tetera hirviera.
—¡No lo sé, es todo lo que pone!
Desde el rescate de Catherine habían pasado 48 horas; como era de suponer, Lamb les había ordenado presentarse a trabajar al día siguiente de los eventos en el almacén de archivos, "no son unas malditas vacaciones, así es el trabajo de espías, idiotas", les había dicho cuando ellos insinuaron la posibilidad de descansar al menos una jornada.
Nadie dijo nada cuando Catherine no se presentó a trabajar ese primer día, pensaron que era justo que descansara luego de lo que había vivido, pero cuando vieron que la siguiente mañana, su oficina seguía vacía se empezaron a preocupar; en especial River.
—¿Crees que tenga alguna clase de estrés postraumático? -Preguntó él mientras se recargaba en el mueble de la cocina-.
—Claro que no, el estado natural de Standish es el estrés… -respondió Louisa sin pensarlo dos veces- …de hecho, pienso que lo que ella no podría soportar, sería la idea de faltar al trabajo a propósito.
—Sí, es extraño, yo hablé con ella, me dijo "nos vemos mañana" -interrumpió Shirley quien de repente entró a la cocina, pasó en medio de Louisa y River, tomó la tetera y empezó a servirse agua en una taza-.
River y Louisa se miraron.
—¿Cuándo fue eso? ¿Qué te dijo exactamente? -Cuestionó River-.
—La noche del rescate. Llamé a Lamb para informar sobre cómo terminó la operación -explicó Shirley mientras se metía dos galletas en la boca-, respondió Standish, me dijo que Lamb conducía, ella se escuchaba normal, le expliqué lo que había pasado y me dijo 'nos vemos mañana'.
El silencio reinó por un momento.
—Eso fue todo -agregó Shirley y se dispuso a salir de la cocina-.
—Espera -dijo River mientras la seguía; se detuvieron los tres en la oficina de él y Louisa-, dices que Lamb conducía, pero Lamb se llevó a Ho cuando fue a buscar a Catherine; tal vez él sepa algo.
—Sí claro -agregó Louisa- si queremos obtener algo de él, nos va a querer cobrar el muy cabrón.
—Entonces Lamb y Standish discutieron y después ella se fue sin dar explicaciones, ¿qué cosa tan terrible pudo haberle dicho Lamb para que ella no quiera volver? -Se cuestionó River con la mirada divagante-.
River suponía que algo grave debió haber pasado, no era normal en Catherine tomar decisiones a la ligera.
—¿Entonces le crees a Ho? -Preguntó Louisa sentada en su silla detrás del escritorio-.
—¿Por qué carajos Ho iba a inventar algo así?
—No lo sé, porque es un imbécil; está dolido con Standish porque no le agradeció ir a rescatarla -comentó mientras negaba con su rostro-.
—Lamb tuvo que haberle hecho algo terrible, es un completo bastardo cuando quiere -decía más para sí mismo, después guardó silencio por un momento-.
—¡Debo saber qué paso! -River se levantó impulsivamente de su asiento y tomó su suéter-.
—¿A dónde vas? -Preguntó Louisa cuando vio que se disponía a salir de la oficina-.
—La llamaré, solo…, solo necesito salir un momento.
—¡Mejor no te metas! -Le dijo, pero River ya iba bajando las escaleras como caballo desbocado-.
Las gotas de la lluvia caían sin cesar sobre el pequeño Toyota negro estacionado frente al conjunto de departamentos en St John's Wood; era un coche robado, el dueño no se daría cuenta, porque Jackson regresaría el vehículo antes de que pudiera notar su desaparición, en realidad, solo era un préstamo; así como lo había hecho las tres veces anteriores con otros vehículos.
Habían pasado tres semanas desde que tuvo esa discusión con Catherine.
La primera semana, él fue esporádicamente a Slough House con la esperanza de encontrarla en su oficina; le había ordenado a Ho que creara alarmas de rastreo en los hospitales con los datos de Standish, "¿por qué puñetas preguntas? ¡Porque lo digo yo, joder!, le había gritado cuando Ho quizo saber por qué debía hacer eso; a Jackson le preocupaba que ella cayera de nuevo en la bebida.
A partir de la segunda semana, Jackson prácticamente dejó de ir a Slough House, ese lugar no tenía ningún sentido sin ella para organizarle la vida y para ahorrarle el trabajo de verles las caras al grupete de perdedores a su cargo; en especial, la puta cara de reproche de River, quien sabía que Standish se había ido por su culpa.
Con la excusa de cuidar a Standish, Jackson empezó a seguirla desde esa segunda semana; la verdad es que la extrañaba, y no tenía nada mejor que hacer con su vida.
Esa noche, en el Toyota, estacionado frente el edificio de departamentos donde vivía ella, tenía en una mano un cigarro a medio terminar, y en la otra, el maldito formulario que debía firmar para completar el procedimiento de baja de Standish; cuando vio el documento por primera vez, sintió como si le enterraran un puñal en el corazón, guardaba la esperanza de que tarde o temprano, Standish se cansara y regresara a casa con ellos, pero era evidente que esa no era su intención.
Cuando Jackson empezó a seguirla, descubrió que, aparentemente, podía tener una vida tranquila sin ellos, una vida sin él, como si esos 20 años no hubiesen significado nada. Él se había preocupado por encontrarla tirada debajo de un banco del parque, borracha, desnuda, casi muerta. Pensaba que tarde o temprano volvería a sus andanzas del pasado, saltando de bar en bar, y cogiéndose a cuanto hombre se dejara.
Él pasó años protegiéndola del fantasma de Charles, creyendo que ella se derrumbaría si sabría la verdad, pues su sobriedad se había fundado en la figura del maldito traidor; pero no, ella era más fuerte de lo que pensaba; por qué se sorprendía, Catherine estaba llena de sorpresas.
Eran las 11 de la noche, sostenía el puto formulario, negando la realidad de que la había perdido; en eso, su mente lo regresó, una vez más, tres semanas atrás, a la estación de servicio.
"Quería agradecerte por salvarme la vida hoy", le había dicho ella con su voz dulce y suave; mientras él estaba ocupando siendo un bastardo egoista.
"¿Estás de mal humor por haber tenido que rescatarme?, sí, le hervía la sangre pero por otras razones.
"Deja de fingir que no te importamos", claro que le importaban, ella le importaba. La habían secuestrado, y él estaba desesperado, quería encontrarla, saber que estaba bien, saber que no le habían hecho daño.
Entonces cuando estuvieron juntos de nuevo, ella solo tenía palabras para el cabrón que les ha arruinado la vida por más de 20 años…
"Charles nunca habría autorizado un operativo como ese" … "Podré vivir con lo que he hecho porque sé que Charles lo habría aprobado" … "era un hombre honorable" … "él me respetaba, me consideraba una amiga".
-¡Partner hijo de puta! -Dijo con el odio entre los dientes, mientras arrugaba el formulario y lo metía en su gabardina-.
La furia se apoderaba de él, esa misma furia que hizo que se descontrolara aquella noche, que soltara veneno como el vil animal que es, hiriendo a Catherine como lo hizo, esa furia que en última instancia lo tenía allí, en el foso, sentado en un Toyota en medio de la noche, con la esperanza de verla aunque sea un instante; era patético.
Estaba a punto de encender el coche y marcharse, cuando vio brillar la ventana de su habitación; su corazón dio un vuelco cuando vio que Catherine había recorrido la cortina para asormarse. Llevaba una bata blanca, su cabello suelto y la mirada perdida, primero al cielo y luego a un punto aparentemente en la nada, en medio de lo que ahora era una suave llovizna.
Tenía los brazos cruzados en su pecho, había recargado su cabeza al ventanal; no estaba tan cerca para apreciar los detalles de su rostro, pero la conocía tan bien, que sabía que portaba un semblante de tristeza, y él solo podía sentirse culpable.
Recargó sus brazos y su barbilla en el volante, deseando detener el tiempo, estirar ese momento para poder admirarla un poco más; no es más que un hombre patético, pensó de nuevo.
Standish cerró de repente la cortina. Fue solo un instante, pero fue suficiente para acelerarle el corazón…, la extraña tanto.
El Toyota estaba de nuevo en su lugar, lo único que el dueño, seguramente notará serán la pequeñas aperturas en los cristales de las puertas delanteras; era eso y que asumiera que olvidó subirlas, o el fuerte olor a cigarrillo; supuso que era mejor la primera opción.
Habían pasado ocho semanas desde aquel fatídico día; eran las 8:15 de la mañana, y él estaba de frente a uno de los edificios de la City, el distrito financiero de Londres; de repente vio su propio reflejo en la pared de cristal, ¿en qué momento le había crecido tanto la barba? No importaba, en ese momento lo único importante era que Catherine entraba a uno de los edificios ubicado en la otra acera; "joder, lleva pantalones", pensó como si eso fuese un pecado; también llevaba un suéter delgado, una camisa de flores azules, botas, su bolso cruzado y colgado de su hombro, y su cabello perfectamente arreglado. Era raro verla así; sin embargo, en todas sus formas, ella se veía hermosa.
Era su primer día de trabajo, claro que Lamb había seguido investigándola, no tan obsesivamente como los primeros días, pero estaba enterado de los movimientos más importantes.
Standish mantenía cierta rutina, iba al súper, al mercado, algunos días comía con una que otra amiga, los miércoles acompañaba a su vecina al médico, por supuesto sus reuniones de AA. Y ahora, ella iba a trabajar, de lunes a viernes de 8:30 a 5:30, en pantalones; sin faltar ningún día y con la impecable puntualidad que le caracteriza.
Durante las siguientes dos semanas, Lamb había ido un par de veces a Slough House, con la intensión de hacer infelices a los caballos; hacerles saber que no porque no lo veían, él no se enteraba de todo.
"¡Si vas a drogarte hazlo fuera de la oficina, troll inútil, te estás quedando bizca!", le dijo a Shirley, mientras esta fingía demencia; "¡y tú, no creas que no sé que faltaste 6 horas esta semana, te toca venir el sábado!", le gritó a River, quien le explicó que estaba en una emergencia médica con su abuelo, "me importa una mierda, cuando lo vuelvas a ver dile que lo odio", le dijo antes de subir a su oficina.
—¡Extraño a Standish! – Dijo Shirley con la mirada perdida-, está insoportable desde que ella no está.
—Lo único bueno es que prácticamente no se aparece por aquí –señaló Louisa-.
—Sí, pero cuando viene nos jode terriblemente la existencia a todos -agregó Marcus-, con Catherine aquí, básicamente no le veíamos la cara, pues se la pasaba arriba en su oficina.
En eso escucharon golpes en el piso, "muevan el culo, perdedores, no les pago para que vengan a hacer chismes en la oficina"; pusieron los ojos en blancos, pero todos caminaron apresuradamente a sus lugares.
Doce semanas habían pasado desde aquel maldito día. Esa mañana Jackson había recibido, por segunda vez, el formulario para oficializar la baja de Standish; así que con el papel en la mano, se había inventado una excusa para ir a verla; le diría que no tenía idea de qué hacer con ese documento (en realidad solo tenía que poner su firma), que no entendía las instrucciones; luego le cambiaría el tema dos o tres veces, hasta que ella se deseperara, y, finalmente, abordaría el tema de su regreso.
Estaba en una esquina, a dos cuadras de distancia de su edificio, él sabía que ella debía pasar por allí para llegar a su casa al regreso de su trabajo; a veces se detenía en el café de la esquina, otras veces en la tienda para comprar leche u otros insumos básicos.
Esa tarde era diferente. Catherine caminaba del brazo de Will, y Jackson sintió un nudo en el estómago que se retorcía con cada pensamiento intrusivo. Su mandíbula se apretaba con fuerza, casi dolorosamente. Will era un viejo amigo de Catherine, ese tipo que regresaba a su vida cada cierto tiempo. Habían pasado más de cuatro años desde la última vez que se vieron. Will no era un amigo cualquiera; Jackson sabía que era ese eterno pretendiente; por su parte, Catherine lo estimaba, lo estimaba mucho, a decir verdad. Por alguna extraña razón Will y Catherine, parecían no estar en la misma página para llevar su relación a otro nivel; sin embargo, él no podía ignorar cómo la felicidad de Catherine parecía aumentar cada vez que Will estaba cerca, y eso le carcomía un poco la vida.
Jackson sabía todo eso porque había investigado a Will, la primera vez que entró a su radar, hace años atrás.
Mientras Will y Catherine entraban al café de la esquina, Jackson los observaba a la distancia; consumido en sus pensamientos, recordó la jodida discusión que habían tenido, las palabras llenas de verdad pero hirientes que habían salido de su boca, y lo mucho que la habían lastimado; él era un hombre de naturaleza egoísta, pero comenzaba a vislumbrar la posibilidad de que, tal vez, era tiempo de dejarla ir, no tenía derecho de entrar de nuevo a su vida y arrastrarla a su mierda; por lo que dobló el formulario y lo guardó en su pantalón, y con un suspiro amargo se alejó del lugar, sintiéndose maldito y miserable.
A/N: Gracias por pasar y leer, espero lo disfrutes tanto como disfruté escribirlo.
