Kiyoka miró de reojo a Miyo durante todo el día, había estado más distante de lo usual. Ella habitualmente era muy servicial y muy dulce, su forma de ser era muy agradable.
Ese día ella no lo había visto a los ojos ni una vez, había estado usando su viejo y maltratado kimono de cuando vivía con la familia Saimori en lugar de los nuevos finos y costosos que él había mandado a hacer para ella.
No quería ser molesto para ella, pero suponía que algo no iba bien ya que se había mantenido así todo el tiempo. Incluso le había preguntado a Yurie qué tal habían ido las cosas mientras él no estaba y le había dicho lo mismo.
Miyo estaba viendo por la puerta que daba al patio de la casa, estaba abierta, aunque estaba lloviendo. La había visto abrirla pocos minutos antes y había estado mirando las gotas caer por bastante tiempo, era una lluvia pesada e intensa que había empezado poco después que él llegara.
Kiyoka fue a sentarse junto a ella ya que estaba sentada en el suelo, se quedó allí algunos segundos en silencio. Era más que seguro que ella había notado que se había sentado junto a ella.
¿Estás bien Miyo?-preguntó Kiyoka con precaución, no quería ser invasivo ya que sabía todas las cosas por las que su prometida había tenido que pasar. Poco tiempo había transcurrido desde que habían confirmado su compromiso y los dos habían estado completamente de acuerdo con eso.
Sí honorable prometido, no se preocupe- respondió Miyo con una expresión neutral, Kiyoka ya sabía de sobra que esa era la expresión que ella utilizaba siempre que quería ocultar sus sentimientos-¿Quiere que haga algo por usted? -preguntó ya que él había permanecido por algunos segundos más sentado a su lado.
Sí, quiero saber si estas bien. Hoy has estado bastante distante y quisiera saber si hice algo o sucedió algo que te esté preocupando-le informó nuevamente, Miyo negó con su cabeza.
No honorable prometido, todo está bien- respondió Miyo sin quitar su mirada de la lluvia, a pesar de que nada malo estaba pasando sentía que una gran ansiedad se apoderaba de ella. Se había sentido así todo el día, no sabía por qué se sentía en peligro, aunque desde que vivía con su adorado prometido la vida era mucho mejor para ella.
Está bien, te creo- respondió Kiyoka, aunque ciertamente no podía estar tranquilo al verla así. Sabía bien que ella reprimía sus emociones de forma casi automática- ¿No quieres una taza de té? - preguntó, tal vez eso podría calmar los nervios de su consternada prometida.
No se preocupe por mí honorable prometido, no necesito nada ahora mismo- le respondió Miyo de forma cortés pero algo apagada.
Kiyoka decidió dejar las cosas así, las horas pasaron y Yurie se fue de la casa cuando llegó el atardecer. Estaba bastante preocupada por ella, aunque tenía que irse, Kiyoka le había prometido que la vigilaría atentamente.
El jefe de la familia Kudo se dirigió al cuarto de Miyo, ya estaba allí hace bastante tiempo y la hora de dormir se acercaba. Tocó la puerta y luego de insistir unas pocas veces, escuchó la voz de su bella prometida que le deseaba las buenas noches sin abrir la puerta.
¿Puedo pasar? -preguntó Kiyoka, aunque suponía que ella quería estar sola.
Si usted quiere puede hacerlo- respondió Miyo, aún sonaba desanimada.
Kiyoka lo pensó unos pocos segundos antes de entrar, no quería invadir su espacio pero tampoco quería que ella continuara sintiéndose de esa forma.
¿Necesita algo? ¿Quiere una taza de té antes de dormir? Ya que la señora Yurie se fue yo puedo preparársela- dijo Miyo al verlo entrar, realmente parecía que quería evadir otro tipo de conversación con aquellas palabras.
No, no necesito nada. Solo quería ver cómo estabas- respondió Kiyoka con un tono tranquilo, se sentó cerca de ella ya que ella estaba en un cojín en el suelo.
No tiene que preocuparse por mí, no quisiera importunarlo con problemas- dijo la chica con cierta preocupación, temía que su actitud de siempre arruinara todo como siempre lo hacía.
No eres un problema, solo quiero que estés bien. Si hay algo que te está preocupando quiero saberlo- dijo Kiyoka, la mirada de Miyo había estado baja desde que había entrado. Tal parecía que le estaba costando disimular su estado de ánimo.
No es nada... discúlpeme si lo preocupo- dijo Miyo apesadumbrada, aunque ella sabía que no era así. Se sentía tan mal, solía pensar así siempre ya que tantos años de maltrato la habían hecho creer que su mera existencia era una molestia para los demás.
Te ves triste, tu voz suena triste- comentó Kiyoka, recordaba la primera vez que la había visto sonreír, desearía poder hacer que lo hiciera otra vez.
Discúlpeme- dijo Miyo, sintió que sus ojos comenzaban a humedecerse, había tratado de evitar llorar todo el día, pero no podía contenerse más- Yo no quiero ser una carga para usted o estorbarle honorable prometido, realmente lo siento- dijo mientras las lágrimas desbordaban sus ojos.
Kiyoka se sorprendió al verla llorar así, se acercó a ella para abrazarla de inmediato y notó la mueca ensombrecida del rostro de ella mientras que sus lágrimas todavía se resbalaban por sus mejillas.
Discúlpeme honorable prometido, yo soy tan feliz viviendo con usted-dijo Miyo de forma pausada ya que su llanto le impedía respirar normalmente- Pero a pesar de que mi vida con usted ahora es maravillosa siempre siento que le estorbo o que no merezco esto. Yo no merezco vivir en su casa, no merezco su amabilidad, ni sus obsequios, ni sus abrazos- dijo Miyo entre lágrimas.
Sentía que todo lo que le sucedía era irreal, después de todo siempre la habían tratado como basura o menos que eso ¿Cómo podría creer de repente que merecía cosas buenas? ¿Qué había hecho ella para merecer todo ese cariño y esa vida tan hermosa que ahora compartía con su amado prometido?
No merezco que usted me elija por sobre muchas otras prometidas que podría tener que serían mejores que yo y podrían ser suficiente para estar a su lado. Yo no sé ser una dama de la nobleza, no soy nadie, no soy nada- dijo con tristeza en su voz mientras se apartaba de él. Se sentía justo como estaba acostumbrada desde que tenía memoria. No era más que una mujer que a nadie le importaba, solo una sirvienta que no hacía nada bien.
Eso no es cierto- respondió Kiyoka, la atrapó con sus brazos, sintió que Miyo suspiró, contenía el llanto mientras él le hablaba- Miyo, yo decidí que tu seas mi prometida, yo quiero que tú te cases conmigo. Las cosas que dices sobre ti no son ciertas, eres muy importante, para mí si lo eres- le aseguró, sintió que se sonrojó ligeramente al decir eso último.
Pero...-dijo Miyo, algunas lágrimas se escurrían de sus ojos violetas- Pero usted no tiene porqué lidiar con alguien como yo. Solo sería un estorbo para alguien tan importante e increíble como usted- dijo con pena, sentía que ella estaba muy por debajo del nivel de él.
No es verdad, para mí eres muy valiosa. No debes pensar en las cosas que te dijeron en la casa Saimori, nada de lo que sucedió allí está bien. Tú no merecías el trato que te dieron allí, yo me encargaré de que veas lo importante que eres-le aseguró el joven de cabello blanco- Si quieres llorar puedes llorar, si quieres estar triste puedes estarlo, pero avísame para que pueda recordarte lo importante que eres. No eres una molestia- le aclaró sin dejar de abrazarla.
¿En verdad cree eso? - preguntó Miyo sorprendida, había dejado de llorar mientras lo escuchaba, aunque sentía que sus ojos estaban muy húmedos aun así.
Absolutamente- le aseguró el joven Kudo- Quiero que seas feliz aquí y si no lo eres debes decírmelo. Me esforzaré más porque lo seas- le dijo con seguridad, Miyo parecía obnubilada por la forma tan encantadora en la que su atractivo prometido le hablaba.
No tiene que hacer eso honorable prometido, yo soy muy feliz solo con que usted me permita acompañarlo- le aseguró Miyo- No necesito que me dé regalos costosos o que haga tantas cosas por mí, desde que vivo con usted no he estado mejor- le aclaró, Kiyoka le sonrió al escucharla. Ella siempre solía preocuparse por no lastimar a los demás a pesar de que a ella la habían herido incontables veces.
Tendrás todo lo que quieras, de ahora en adelante acepta mis obsequios y disfruta sin culpa de todo lo que hagamos-dijo Kiyoka como indicación- No quisiera que dejes de vestir ese kimono con flores de cerezo que te di- dijo haciendo referencia a su atuendo, Miyo seguía vestida con su viejo kimono que casi se deshacía.
Le agradezco mucho por él y también por todas las demás cosas que me ha dado-agradeció Miyo, siempre sentía que no merecía nada, pero valoraba mucho las cosas tan hermosas que él le había regalado.
No te preocupes-dijo Kiyoka, se dio cuenta que había estado abrazándola todo el tiempo y se apartó un poco. No quería sobrepasarse con ella o asustarla con tanta cercanía.
Le agradezco todo lo que hace por mí honorable prometido, yo también quiero esforzarme porque usted sea feliz- le aseguró Miyo, sus mejillas estaban levemente sonrojadas por haber podido disfrutar de un fuerte abrazo de su apuesto futuro esposo- Le prometo que haré lo necesario para que usted y yo podamos llevarnos bien siempre- dijo ella con una ligera sonrisa.
Kiyoka sonrió al notar que había logrado que el humor de ella cambiara, sabía que todavía tenían un largo camino por recorrer juntos. Miyo todavía tenía muchas heridas del pasado que apenas estaban comenzando a sanar, pero la acompañaría en todo, al menos hasta donde ella se lo permitiera.
Ya acuéstate, está comenzando a hacer frío y además siempre te levantas muy temprano. Debes descansar- le sugirió Kiyoka, Miyo asintió al escuchar su comentario.
Si honorable prometido, usted también debería descansar- dijo Miyo como respuesta. Kiyoka acarició suavemente su cabeza con una de sus manos, había tomado la costumbre de demostrarle cariño de esa forma ya que no quería ser tan invasivo.
Iré a la cama, buenas noches Miyo- la despidió, antes de levantarse del suelo le dio un beso en la frente. Miyo se sonrojó al sentir el contacto de los labios de su prometido con su piel.
Buenas noches a usted- dijo con timidez en su voz mientras él se retiraba, Kiyoka no pudo evitar sonreír al darse la vuelta. Lo había hecho al escuchar cómo había cambiado el tono de las palabras de Miyo debido a cómo se había despedido de ella.
El jefe de la familia Kudo se fue a dormir después de eso, ya podría estar más tranquilo al saber que Miyo se encontraba de mejor humor.
La muchacha de ojos violeta se acostó luego de que él se fuera, todavía sentía que sus mejillas ardían mientras pensaba en su honorable prometido.
Consideró ponerse el kimono color rosa al día siguiente, no quería que él creyera que no le gustaba. Le encantaba más de lo que podría expresar.
Recordó lo que había pensado al conocerlo, él era un hombre tan hermoso y amable. A pesar de que muchas dudas todavía invadían su mente sentía que podía ignorarlas cuando pensaba en su futuro esposo.
Deseaba en secreto un día poder ser absolutamente feliz con él sin que la incertidumbre o el pasado volvieran a molestarla. Mientras tanto podía disfrutar de la felicidad que estaba contenida en aquellos preciosos momentos que ahora tenía junto a él, su adorado prometido.
Buenos días! Este oneshot lo hice especialmente para mi esposa de fanfic por su cumpleaños. A las dos nos encanta este anime y este shipp en especial, así que quise aprovechar su cumpleaños para escribir un oneshot de esta pareja tan tierna aunque no sea de dragon ball z
Feliz cumpleaños DesertRose000 ✨️ espero te agrade el regalo y muchas gracias por ser mi amiga hace tanto tiempo, espero que lo disfrutes
Niebla~
