Severus
Mamá me trae de vuelta a casa utilizando la máquina del tiempo, de la que se ha vuelto muy aficionada, sobre todo para dejarme a mí con los papás y las mamás de mis amigos americanos.
Cuando regresamos, papá aún no ha vuelto de trabajar porque el tiempo no ha transcurrido desde que nos fuimos, así que tengo mucha tarde por delante para estar con mamá.
-¿Cómo te lo has pasado, Severus? ¿Te lo has pasado bien? –me pregunta mamá mientras me sienta en el suelo de la cocina. Yo asiento con la cabeza sin dejar de mirarla-. Está muy bien que hayas hecho nuevos amigos, aunque sean de otro país. No sé si te habrás dado cuenta, Severus, pero esos niños y sus padres son muggles.
Sí, sí, ya me he dado cuenta. Pero eso no me afecta para relacionarme con ellos. Yo lo único que busco es cariño y atención, da igual que venga de un muggle que de un mago. Pero como mi papá y los niños muggles de mi barrio se portan tan mal conmigo, esto ha hecho que les coja tirria a buena parte de los muggles y que me sienta más identificado como mago. Que esa es otra, en mi barrio no hay magos. Yo soy el único junto con mi mamá y me siento muy solo.
Y con mis amigos americanos, no puedo hacerles ninguna demostración de mi magia ni decirles que soy un mago porque aunque ellos dicen que les gusta la magia y que les gustaría ser magos y brujas, creo que a la hora de la verdad, si se toparan con un mago de verdad se asustarían y saldrían huyendo despavoridos, y me quedaría sin amigos.
Con Helena y Leonor, que también son muggles, no puedo tampoco por el mismo motivo.
Sólo puedo hacer magia delante de mi mamá, mientras no está mi papá. Cuando papá está en casa, reprimimos nuestra magia, aunque a mí me cuesta mucho y muchas veces se me escapa algo de magia. Mamá dice que es normal porque soy sólo un bebé, pero que cuando comiencen a entrenarme en Hogwarts, sabré controlar mi magia en vez de que ella me controle a mí.
Mamá me coge en brazos y me sienta sobre su regazo, y después coge su varita y me hace una pequeña demostración más de todas las cosas que se pueden hacer con ella. Me enseña un hechizo que se llama Wingardium Leviosa, que hace que los objetos leviten. Ahora mismo, la tetera y la taza de té que se ha preparado mi mamá para sí misma están levitando delante de nosotros. Y yo me quedo mirándolas maravillado. ¡Ojalá pudiera yo hacer eso! También me enseña otro hechizo que se llama Accio, que hace que las cosas vengan a ti en vez de tener que ir tú a por ellas.
Nos pasamos toda la tarde practicando magia. Bueno, mejor dicho, mi mamá se pasa toda la tarde practicando magia, y yo sólo observo embelesado. En este sentido, admiro mucho a mamá. ¡Es capaz de hacer cosas increíbles! Y me encanta saber que conforme yo vaya creciendo, también seré capaz de hacerlas.
Varias horas después, mamá deja la magia y me prepara la cena: un puré de pescado. Después de cenar, mamá me lleva a mi habitación porque sabe que papá está a punto de llegar y prefiere que yo ya esté en mi habitación cuando él llegue para que no tenga que ser testigo de sus gritos y peleas.
Me pone el pijama, me mete en la cuna y me da un beso de buenas noches en la frente. Cierra la puerta de mi habitación y me quedo solo, pensando en el libro de magia que hemos encontrado mis amigos y yo en la biblioteca.
Lo que más me llama la atención es que haya un libro de magia en una biblioteca muggle. ¿Cómo es posible? Siento mucha curiosidad.
Entonces, de repente, se abre un portal del tiempo en mi habitación. El segundo en poco tiempo. ¿A dónde llevará? Como todavía no tengo sueño, me bajo de la cuna y me meto en el portal con un poco de miedo e incertidumbre. Y enseguida desaparece mi habitación, todo se vuelve negro durante unos segundos y después aparezco en la habitación de Helena y Leonor, que están jugando con un piano de juguete. Cada tecla del piano es de un color diferente y emiten diferentes sonidos.
-Hola, Severus -me saluda Helena alegremente en cuanto me ve. Esta vez no se ha asustado de verme, como la otra vez. Supongo que esta vez no le ha pillado de susto verme aparecer en su habitación a través de otro portal del tiempo.
-Bienvenido a nuestro hábitat -me saluda Leonor con mucha amabilidad. Ella tampoco se ha asustado.
-Hola -digo yo, devolviéndoles el saludo tímidamente-. ¿A qué estáis jugando? -Sé que están jugando con el piano pero no sé a que juegan exactamente.
-Estamos jugando a que somos cantantes -me explica Helena amablemente-, y a Leonor le encanta tocar el piano.
-¿A ti no? -le pregunto yo mirándola directamente a los ojos. Helena se sonroja ligeramente durante un momento pero enseguida recupera la compostura y me dice:
-Sí, a mí también me gusta, pero es que a Leonor le vuelve loca y además lo toca muy bien.
Leonor sonríe ampliamente ante el halago de Helena, y continúa tocando el piano con mucho entusiasmo.
-¿A ti te gusta la música, Severus? -La pregunta de Leonor me deja un poco desconcertado. No me esperaba esa pregunta, pero sí, sí que me gusta la música y se lo hago saber a Leonor:
-Sí, claro que sí.
-¿Te gusta tocar algún instrumento? -me pregunta ahora Helena. Buena pregunta. Nunca me lo había planteado. También es verdad que nunca he tenido la oportunidad de tocar ninguno aunque sea sólo de juguete ya que mis papás son muy pobres y apenas pueden regalarme nada.
-No lo sé -les confieso elevando un momento los hombros-. Nunca he tenido la oportunidad de tocar uno.
-Ah -dicen Helena y Leonor a la vez.
-Bueno, si quieres puedes tocar nuestro piano -me invita Leonor con una sonrisa. Yo acepto su invitación con cierta timidez y nerviosismo. Ellas me hacen hueco para que pueda sentarme delante del piano. Estamos los tres sentados en el suelo frente al piano de juguete y yo pongo mis manos sobre algunas teclas, y empiezo a tocar a boleo porque no tengo ni idea de piano.
Helena y Leonor se ríen por los sonidos que emite el piano, y yo me ruborizo y dejo de tocarlo.
-No, Severus, sigue, que ibas muy bien -me anima Helena.
Yo me animo con sus palabras y vuelvo a tocarlo, aunque con cierta sensación de vergüenza. Esta vez ellas no se ríen, y sé que antes no se han reído de mí, tan sólo les ha hecho gracia cómo ha sonado el piano, ya que lo he tocado a boleo.
-¡Muy bien, Severus! -exclama Helena muy contenta, aplaudiéndome. Leonor también está aplaudiéndome y asiente con la cabeza, demostrando que está de acuerdo con su hermana.
Después, Helena coge como una especie de puzzle en el que tiene que colocar cada pieza en la casilla en la que encaje perfectamente. Por ejemplo, la estrella amarilla la coloca en el hueco que tiene forma de estrella, y el triángulo morado lo coloca en el hueco que tiene forma de triángulo.
-Por cierto, tengo que contaros algo -les digo poniéndome un poco más serio porque me acabo de acordar del libro de magia que había en la biblioteca muggle de nuestros amigos americanos.
Ellas dejan de jugar y me miran con seriedad y curiosidad.
-¿De qué se trata, Severus? -me pregunta Leonor.
-El otro día fui con nuestros amigos americanos a una biblioteca y encontramos un libro de magia -les confieso yo en un susurro.
-¿En serio? ¡Qué guay! -exclama Helena como si acabara de venir Papá Noel.
-¡Hala! ¡Qué chuli! -exclama Leonor, con el mismo entusiasmo que Helena.
-Sí -coincido con ellas-. Lo que no entiendo es qué estaría haciendo allí un libro de magia.
-Ya… Te entiendo. Un libro de magia en una biblioteca es un poco raro -reconoce Helena, y Leonor asiente con la cabeza.
-Exacto.
-Aunque a mí no me sorprende tanto -dice Leonor poniéndose una mano en la barbilla y un dedo de la otra mano en la frente, pensativa-. Hace poco nuestra mamá nos llevó a una tienda esotérica a la que suele ir y allí también había libros de magia.
-¿De verdad? -Estoy completamente perplejo. ¿Libros de magia en una tienda esotérica muggle? Que sí, que puede ser todo lo esotérica que quieran, pero no deja de ser una tienda muggle. ¿Cómo es posible que allí haya también libros de magia? Seguramente, serán libros con ninguna utilidad mágica. Mamá siempre me ha hablado de ese tipo de tiendas muggles, las esotéricas, no muy bien y me ha dado a entender muchas veces que lo que venden ahí no tiene ninguna utilidad real. Son simplemente los muggles jugando a ser magos o brujas.
-A nuestra mamá le encanta todo lo que tiene que ver con lo esotérico, y a nosotras también, ¿verdad, Leonor? -continúa Helena mirando a su hermana, que vuelve a asentir con la cabeza-. La tienda esotérica a la que suele ir mamá, aparte de tener libros de magia, tiene también cristales, talismanes, amuletos, velas, inciensos, cartas del Tarot, calderos, calendarios lunares, bolas de cristal, piedras preciosas y muchas cosas más. Y la dueña de la tienda es muy simpática.
-¡Qué bien! -exclamo yo sin añadir nada más.
Y sonrío sin poder evitarlo. Me da mucha ternura que unas muggles como ellas se sientan tan atraídas hacia la magia, pero me temo que lo que venden en esas tiendas esotéricas no hacen nada de magia, pero si los muggles son felices con ellas, allá ellos. Seguro que si vieran magia de verdad o a un mago o a una bruja auténtica, se asustarían. Por eso, por el momento prefiero no confesarles que soy un mago.
-En fin, supongo que lo del libro de magia en la biblioteca de nuestros americanos tendrá que seguir siendo un misterio -dice Helena de repente, volviendo a jugar con el puzzle.
-Sí, supongo que sí -le digo, no muy convencido, porque yo estoy dispuesto a averiguar a qué se debe que haya un libro de magia en una biblioteca muggle. Y también tengo que averiguar por qué la máquina y los portales del tiempo muggles funcionan como funcionan porque tengo mucha curiosidad. Sé que averiguar todo esto me llevará mucho tiempo, pero no por ello pienso dejar de investigar.
