KURENAI
"Rojo profundo"
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Primer eslabón
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"Él era un medio demonio y ella una humana, no cualquier humana; una sacerdotisa. Juntos se habían propuesto dominar a la bestia que habitaba en la sangre demoniaca que él había heredado, y someterla hasta que cediera dócilmente a la mano de la sacerdotisa."
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InuYasha notaba la tensión que se iba apoderando de su cuerpo a medida que Kagome se acercaba con aquel sonido pesado de metal contra metal. El olor a humedad y cenizas viejas que desprendía el espacio en que estaban le resultaba evidente. Entrecerró los ojos para fijar su atención únicamente en la mujer que tenía ante él. La luz de las lámparas de aceite que había encendida danzaba con suavidad sobre los colores de su ropa de sacerdotisa y su pelo oscuro y suelto. El peso de lo que traía consigo ralentizaba sus pasos y dejaba una huella sobre el suelo de madera que pisaban.
—Permite que te ayude —InuYasha hizo la petición nuevamente, y una vez más Kagome negó. Primero lo hizo con un gesto calmado para recurrir luego a las palabras.
—Prometiste obediencia. Aceptaste eso —le recordó.
InuYasha cerró las manos en puños, para reprimir su deseo de romper aquel pacto y dejar atrás la incomprensible idea que los tenía aquí.
—Lo sé —masculló con cierta amargura. Para ese momento Kagome estaba junto a él.
Suspiró e intentó encontrar una resignación que no parecía tener lugar en su carácter. InuYasha se sabía salvaje e indolente cuando se trataba de su libertad; excepto con ella. Kagome conseguía que hiciera cosas que jamás había pensado, rompiendo límites que no concebía. Se recordó que esa misma sangre indómita que corría por sus venas, sangre youkai, era la razón de buscar una forma alternativa de dominio.
Tessaiga había sido su sello. La espada consiguió, durante largo tiempo, mantener dormida a la bestia que lo habitaba. Sin embargo, ya no. Esa era la razón de encontrarse aquí. Se trataba de un templo antiguo y alejado de los poblados humanos. Sobre el sitio pesaba una leyenda de fantasmas que hablaba de una tragedia horrorosa, venida de la mano de una de las tantas guerras sucedidas en el último siglo. Miroku dijo que aquella leyenda era sólo una creencia popular que se había extendido hasta convertir el sitio en un espacio solitario. Aun considerando eso, para InuYasha había un componente desconocido en la estrategia que su compañera propuso como ayuda a su problema. Llegó a pensar que sólo una humana loca o una temeraria podía creerse capaz de someter a una bestia. Acalló la ironía que quiso escapársele a través de una sonrisa.
—Extiende los brazos —Kagome pidió aquello con voz suave, aunque sin mirarlo a los ojos—. Haciendo esto podremos saber quién habita tu corazón. Hanyou o youkai.
InuYasha contuvo un estremecimiento, temía a la respuesta. Expuso ambos brazos desnudos hacia su compañera para que ella pusiese en cada muñeca un grillete.
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Continuará.
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N/A
Otra historia que nace de la idea de la dominación y como yo no sé ponérmelo fácil, armé un contexto que me está complicando un poco ir al sexo por el sexo. Sin embargo, creo que eso mismo hará estos drabbles más interesantes.
Gracias por acompañarme, leer y comentar.
Anyara
