Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia


Capítulo 6

Emmett

—¿Esa chica sigue en tu casa? —cuestiona Jasper en cuanto entro a su oficina.

—Sí. —Asiento con la cabeza y tomo asiento junto a Paul.

—Bien. Tienes que preguntarle cómo consiguió las drogas. Aro sigue sin localizar al tipo que suministraba las pastillas, así que tu chica es nuestra única pista.

Miro a mi Pakhan y niego con la cabeza.

—No.

—¿No? —Abre sus ojos de par en par.

—Si ella misma me dice algo, te lo haré saber. Pero no voy a obligarla a hablar a menos que ella quiera.

—¿Por qué no iba a querer?

—¿Doc no te lo dijo? —pregunto.

—¿Decirme qué? Dijo que encontraste a la chica, que tuvo una sobredosis y que la llevaste a casa.

—Abusaron sexualmente de ella, Jasper. Creo que la gente que la tenía dirigía una red de prostitución.

Jasper me observa fijamente, con un tic muscular en la mandíbula. El bolígrafo que tiene en las manos se rompe en dos. El tema de las mujeres que son víctimas de abusos siempre ha sido un asunto delicado para él.

—¿La chica está bien? —inquiere con los dientes apretados.

—Está mejor.

—Bien. No le preguntes nada. —Asiente y vuelve su atención hacia Paul—. ¿Cuál es el asunto con los albaneses que querías discutir?

Paul se quita los lentes y cruza los brazos sobre el pecho.

—Parece que de repente han obtenido una gran cantidad de dinero. Uno de los chicos de Anton nos informó que vio al yerno de Dushku gastando una suma disparatada en uno de los casinos de la Cosa Nostra.

—¿Cuánto?

—Decenas de miles por noche. Varias noches seguidas.

—Julian es un idiota que nunca ha trabajado para ganar un centavo. Ha estado sacándole dinero a Dushku durante años.

—Bueno, parece que de repente tiene más de lo que puede gastar — señala Paul—. ¿Podría estar involucrado en este nuevo asunto de las drogas?

—Más le vale que no. Porque si alguien de la organización criminal albanesa se atrevió a introducir sus drogas en mi territorio, no les gustarán las consecuencias de su decisión. Le dejé las cosas muy claras a Dushku cuando tuvimos nuestra pequeña charla hace unos meses, después de la metida de pata con los irlandeses.

—¿Qué pasó con los irlandeses? —pregunto. Como me dedico sobre todo a dirigir los clubes, no siempre estoy al día de otros asuntos. Lo último que recuerdo de los irlandeses es que intentaron acabar con la Bratva hace unos años y casi matan a Ron. Felix eliminó a su líder y a varios otros hombres de alto rango, y Jasper echó al resto de Chicago.

—Se establecieron en New York —continúa Jasper—. Don Cullen me envió un mensaje hace unos meses, diciendo que Dushku empezó a colaborar con los irlandeses y les entregó un gran cargamento de armas. Dushku lo hizo a pesar de conocer muy bien mi postura sobre los irlandeses.

—¿Fue solamente un cargamento? —curioseo—. ¿O Dushku sigue trabajando con ellos?

—Solo uno. Poco después, Cullen se encargó de los irlandeses porque el idiota de Fitzgerald secuestró a su esposa. Cullen se volvió una fiera.

—¿Mató a Fitzgerald?

—Lo fileteó él mismo con un cuchillo. —Jasper sonríe—. No conozco al hombre, pero ya me cae bien.

—¿Qué planeas hacer con los albaneses, Jasper? —añade Paul.

—¿Tenemos a alguien dentro que pueda vigilar lo que están haciendo? Necesitamos saber de dónde vino ese dinero.

—Una de las camareras de Baykal visita a Dushku regularmente — revelo—. Quizás ella pueda persuadirlo para que hable de sus negocios.

—Intentemos eso por ahora —asiente—. Si al final resulta que Dushku está detrás de esto, voy a destriparlo personalmente.


Cuando salgo del auto y me dirijo a la entrada de mi edificio de apartamentos, veo un vehículo conocido estacionado frente a la entrada. Aro está sentado al volante de su camioneta SUV blanca y me hace señas para que me acerque.

—¿Qué pasa? —pregunto mientras me deslizo en el asiento del pasajero.

Apoya sus codos en el volante y me clava la mirada.

—No lo sé. Tú dímelo.

—Nada. ¿Por qué?

Sacude la cabeza y mira hacia la calle, más allá del parabrisas.

—Te conozco desde hace diez años, Em, así que no me vengas con esa mierda. ¿Estás planeando dejar la Bratva?

—No. ¿Por qué piensas eso?

—Dejaste que Ron se hiciera cargo de tus clubes. Prácticamente has vivido en Ural y no dejabas que nadie te cubriera, nunca. Cuando traté de convencerte de tomar un descanso hace unos meses, dijiste que no puedes funcionar a menos que estés trabajando.

—Bueno, he decidido tomarme ese descanso ahora.

—Entonces, ¿vas a volver?

Me reclino en el asiento y observo hacia mi edificio. Han pasado unas tres horas desde que salí para la reunión con Jasper, y he pasado cada segundo de ese tiempo pensando en Rose. «¿Se encontrará bien? ¿Habrá comido? ¿Y si tiene hambre y no puede decidir qué preparar? ¿Tendrá miedo por haberse quedado sola? ¿Y si vuelvo a casa y ya no está?».

—Volveré, Aro. No te preocupes.

—¿Cuándo?

—Cuando ella se vaya —expreso, mirando hacia las ventanas del tercer piso. No puedo ver las luces del interior porque las persianas están cerradas. ¿Y si se volvió a asustar? Odio dejarla sola.

—¿Ella? ¿La chica que tienes en tu casa?

—Si.

—¿Ustedes dos... tienen una relación?

—No.

—No lo entiendo.

Miro a mi amigo. Tiene la mandíbula apretada y hay preocupación en su mirada. A sus sesenta y cinco años, Aro es el mayor de los miembros del círculo de confianza de la Bratva. Se ha convertido en una figura paterna para los soldados que trabajan bajo sus órdenes, pero también es ferozmente protector con el resto de los hombres de la Bratva, independientemente de su posición. Siempre me ha parecido extraño cómo puede preocuparse tanto por los que no son parte de su familia, mientras que hay gente en el mundo a la que le importa un carajo su propia sangre.

—¿Alguna vez has conocido a alguien que se siente como si fuera una pieza que te falta? —curioseo—. ¿Una pieza que ni siquiera sabías que te faltaba hasta que apareció en tu vida?

—No, la verdad es que no. ¿Crees que esa chica es la tuya?

—La conozco desde hace una semana.

—Eso no es lo que te pregunté.

—Lo sé. Pero en realidad no importa. De todos modos, ella se irá pronto. —Agarro la manija de la puerta—. Volveré al trabajo tan pronto como ella se marche.

—Quizá no quiera irse.

—Sí, claro —replico y salgo del coche.