Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 11

Rose

Hay dos cartones de leche en la nevera. La normal y una que no tiene grasa. Em suele comprar únicamente la leche entera normal. Aprieto la manija de la nevera y observo fijamente los envases, colocados inocentemente en la repisa. Se están burlando de mí.

¡Es leche, demonios!

Una mano me acaricia la espalda.

—¿Algún problema con la leche?

—Sí —afirmo, mirando fijamente a los malditos envases—. ¿Había un especial de dos por uno en la tienda?

—Nop. Esta vez también compré la descremada, por si te gusta más que la otra. —Em se coloca detrás de mí y me toca el codo, después desliza su mano por mi antebrazo hasta que su palma presiona el dorso de mi mano. Lentamente, la lleva hacia el estante donde están los cartones de leche—. ¿Cuál quieres?

—No lo sé.

—Claro que sabes. —Mueve mi mano un poco más hasta que mis dedos tocan la parte superior del primer envase—. Nunca me ha gustado la leche descremada. Sabe prácticamente a agua. ¿Y a ti?

—A mí tampoco me gusta la descremada —suelto sin pensarlo realmente.

—Ya está. No fue tan difícil. —Mueve mi mano hacia la otra opción de leche—. Nos quedamos con esta. Puedes prepararme un poco de cereal de avena a mí también.

Su mano se retira, dejando la mía suspendida sobre el envase. Lo agarro de la repisa y lo saco.

—La última vez que lo comimos, dijiste que sabía a cartón.

—Estoy dispuesto a probarlo otra vez.

Me doy la vuelta para verlo y disfruto mirándolo claramente a través de mis gafas nuevas, sin tener que entrecerrar los ojos para enfocar. La facilidad para captar cada línea del rostro de Em supera la satisfacción de poder ver todo lo demás a mi alrededor con sorprendente detalle.

Algunos mechones de su cabello mojado le caen sobre la frente. Intento apartarlos, pero siguen deslizándose sobre sus ojos.

—Necesitas un corte de cabello —expreso mientras lo intento una vez más.

Em ladea la cabeza, mirándome, y abre un cajón a su izquierda. Su mirada se queda clavada en la mía mientras hurga en la gaveta, saca unas tijeras y las coloca sobre el mostrador. Son enormes, con mangos de plástico blanco. Las uso para abrir paquetes de pasta y otras cosas.

—Son tijeras para papel —indico, mirándolas fijamente.

—Lo sé.

Quiere que le corte el cabello. Vuelvo a dirigir mi mirada hacia sus impresionantes ojos grises.

—Nunca le he cortado el cabello a nadie, Emmett. ¿Y si lo arruino? ¿No tienes un peluquero o un barbero que pueda cortártelo?

—Sí, tengo. Sin embargo, me gustaría que lo hicieras tú —declara y me roza la mejilla con el dorso de su mano—. ¿Lo harás?

El corazón me da un vuelco. Dejo la leche en el mostrador y tomo las tijeras. Em se da la vuelta y sale de la cocina. Dos minutos después vuelve cargando una silla en una mano y mi peine rosa en la otra. Coloca la silla en medio de la cocina y se sienta de espaldas a mí.

Camino hacia él con las piernas temblorosas mientras mi corazón se acelera al doble. Cuando estoy detrás de él, levanta la mano y me da el peine. Me muerdo el labio inferior, lo acepto y comienzo a pasarlo por los mechones rubios oscuros. No tiene el cabello muy largo, solamente tendría que recortarle la parte de arriba de la cabeza que le creció un poco. No obstante, en lugar de empezar a cortar, sigo peinándole el cabello. Em no mueve ni un músculo, pero escucho su respiración fuerte cuando utilizo la otra mano y paso mis dedos entre sus mechones. Levanto algunos de los cabellos más largos, corto medio centímetro y sigo pasando mis dedos.

—Tengo que salir por un par de horas —informa con voz entrecortada e inclina ligeramente su cabeza hacia atrás, más cerca de mi contacto—. Por el funeral de Aro.

—Está bien. —Asiento con la cabeza y corto de nuevo.

—Tendré que ponerme un traje. Me cambiaré en la otra habitación. Puedes quedarte en mi cuarto hasta que me vaya.

Inclino ligeramente la cabeza e inhalo su aroma antes de pasar mi mano al siguiente mechón de cabello.

—¿Eran cercanos? ¿Tú y tu amigo?

No responde inmediatamente. Cuando miro su cara, veo que tiene los ojos cerrados y sus labios están apretados en una línea delgada.

—En cierta forma —dice finalmente.

Termino de cortar y dejo las tijeras y el peine sobre el mostrador. Em sigue sentado con los ojos cerrados. Me inclino hacia delante, apoyo mi barbilla en su hombro y rozo su mejilla con la mía.

—Siento mucho que hayas perdido a tu amigo.

Su mano sube y me acaricia la mejilla.

—Todos se van, Mishka. De una forma u otra —pronuncia, acariciando un lado de mi cara con su pulgar—. Solo es cuestión de tiempo.

Lo observo mientras se levanta y sale de la cocina, llevándose la silla con él. Había un tono muy extraño en su voz cuando dijo esa última frase. Como si no solo se refiriera a su amigo que murió.