Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia


Capítulo 12

Emmett

Odio los funerales.

Supongo que todo el mundo los odia, pero a mí me perturban a un nivel profundo. Las expresiones en los rostros de la gente.

La tristeza.

El llanto.

Cuando comienzan a bajar el ataúd de Aro y su hermana se derrumba, cayendo de rodillas sobre el suelo cubierto de lodo, no puedo soportarlo más. Me doy la vuelta y me dirijo hacia el estacionamiento mientras a mis espaldas resuenan llantos y gritos de dolor. Incluso cuando estoy en mi auto, conduciendo de regreso a casa, todavía puedo escucharlos en los rincones de mi mente. El hecho de que todavía no tengamos pruebas claras de quién está detrás del ataque hace que sea aún más difícil de procesar.


Al tocar el timbre en mi afán por escuchar a Rose acercarse para abrir la puerta del departamento, me doy cuenta de que aún estoy usando el traje. Tengo un abrigo negro puesto sobre él, pero aún así puede molestar a Rose. Planeé llevarme un cambio de ropa, pero se me olvidó. Si hace unos meses alguien me hubiera dicho que me preocuparía no tener a la mano unos jeans y una camiseta, me habría reído en su cara. Desde la llegada de Rose, mi aversión a los jeans desapareció por completo. Sé que es porque vestir ropa informal en lugar de trajes la ayuda, así que ya no me molesta la idea de unos Levi's desgarrados.

Retiro la mano, me quito el abrigo y me desabrocho la chaqueta del traje. Hasta que no me quito la chaqueta, el chaleco y la camisa, vuelvo a tocar el timbre. Una fracción de segundo después, pienso que lo mejor hubiera sido usar mi llave. Demasiado tarde.

Rose quita el seguro de la puerta y la abre completamente. Sus ojos se abren de par en par cuando su mirada recorre mi pecho desnudo y se detiene en la mano que sujeta la ropa amontonada. Lentamente, estira su mano para tomar la mía y me guía hacia el interior.

—Te morirás de frío —musita mientras camina hacia la sala a la par que yo la sigo.

Cuando llegamos al sofá, me empuja ligeramente para que me siente y desaparece de mi vista. Tiro el bulto de ropa al otro extremo del mueble y miro fijamente y sin propósito la pantalla en blanco de la televisión. Aún no puedo quitarme de la cabeza la imagen de la hermana de Aro hundiéndose de rodillas en el lodo.

Un ligero toque en mi hombro me saca de mi estupor al tiempo que Rose se para frente a mí. Sostiene una camiseta y una sudadera gris con capucha en su mano. No dejo mi ropa tirada por ahí. Ella tendría que haber entrado a mi vestidor para traérmelas. Donde están mis trajes. Tomo la camiseta y me la pongo. Una vez que me pongo la sudadera, Rose se sube a mi regazo y me rodea el cuello con los brazos.

—¿Fue malo? —pregunta junto a mi oreja.

Le pongo la mano en la nuca, enredando mis dedos en su cabello, e inhalo.

—Sí.

—¿Averiguaste algo más sobre quiénes fueron los que atacaron?

—No. Justo antes de morir, Aro dijo que eran albaneses, pero no tenemos más información. El tipo que suministró las drogas está muerto. Sin otras pistas, no podemos hacer ninguna conexión.

Me agarra con más fuerza. Noto cómo se eleva su pecho mientras respira profundamente y luego comienza a susurrar.


Rose

—El tipo que me secuestró no era albanés. Al menos, no creo que lo fuera —suelto. Me tiembla la voz.

—Mishka, no lo hagas. —Em pone su mano en mi mejilla—. No tienes que hablar de ello si no quieres.

—Estaba en un bar con mi hermana —continúo—: Usamos identificaciones falsas para entrar. Lo único que queríamos era ir a bailar. Un tipo se nos acercó. Era guapo. Carismático. Nos hizo reír a las dos. No tenía acento; me habría acordado si lo tuviera. Tanya decidió irse a casa temprano, tenía clase de pilates a la mañana siguiente. Yo me quedé.

—¿No tenían guardaespaldas con ustedes?

—No. Nos escabullimos de la casa y tomamos un taxi para ir al bar. Alec siempre se ponía furioso cuando hacíamos eso.

Su dedo baja hasta recorrer mi barbilla.

—Me pareció simpático. Ese tipo —añado—. Dijo que se llamaba Robert. Hablamos durante una hora y, cuando le informe que tenía que irme a casa, se ofreció a acompañarme a tomar un taxi. Me pareció muy caballeroso. —Casi me hace reír lo estúpida que fui—. Me puso algo en la cara. Un trapo mojado que olía muy fuerte. Intenté escapar, luchar contra él. Era más grande que yo. Más fuerte. Perdí el conocimiento poco después. — Me tiembla la voz. Cierro los ojos, dispuesta a seguir—. Desperté en la oscuridad. Estaba tumbada en el suelo frío y él estaba arrodillado sobre mí, desgarrándome el vestido. Grité e intenté luchar contra él, pero mi mente seguía confusa. Entonces lo sentí... a él... entre mis piernas. —Aprieto los brazos alrededor del cuello de Em y entierro mi cara en él. Su cuerpo está completamente inmóvil, excepto su pecho, que se mueve debido a su respiración acelerada y superficial—. Me dolió. Muchísimo. Era mi primera vez.

Siento que sus brazos me rodean la espalda y me aprietan contra su cuerpo. Me da asco hablar de esto, sin embargo, ahora que he empezado, no puedo parar. Como si anhelara salir de mí.

—Me congelé. No podía mover los brazos ni las piernas; fue como si de repente me quedara paralizada. —La sensación de impotencia absoluta, el horror que sentí en ese momento... Creo que nunca podré olvidarlo—. Después... conseguí zafarme de él y corrí hacia la calle. Corrí tan rápido como pude. Pero igual me atrapó. Y luego me drogó —narro—. Me desperté sola en una habitación extraña. Estaba muy, muy asustada. — Los brazos que rodean mi cuerpo me aprietan y siento la palma de su mano acariciando mi espalda, al igual que aquella primera noche—. Había una mujer. Dolly. Fue la que nos dio las pastillas a mí y a las otras chicas. Y seguía trayéndolas dos veces al día. También era la que instruía a las chicas y organizaba las citas con... clientes. —Inclino la cabeza hacia arriba hasta que mis labios se acercan a su oído y susurro—: No me resistí. Dejé que me drogaran y que hicieran lo que quisieran conmigo. ¿Qué clase de persona tan miserable y repugnante hay que ser para permitir eso?

La mano de Em se acerca a mi nuca y me inclina la cabeza hasta que nuestras miradas se encuentran.

—Una mujer joven e inocente que sufrió abusos tan violentos que su mente se desconectó en un intento de protegerse. Pero luchaste. Escapaste. Sobreviviste. No fue otra persona quien te salvó. Tú misma lo hiciste.

—Eso no me hace sentir menos repugnante.

—No digas eso, nena. —Se inclina hacia delante y me da un beso en la frente—. Encontraré a la gente que te hizo daño. Y gritarán pidiendo clemencia mientras los destrozo como intentaron destrozarte a ti. Sus muertes no serán rápidas.

Mis pensamientos se retuercen mientras asimilo sus palabras. ¿Los quiero muertos? Imagino a Robert suplicando por su vida. Me sube la bilis al estómago. Pero ¿no supliqué yo también? ¿Y qué hay de las otras chicas? Ahora, mientras imagino los gritos de Robert pidiendo clemencia, una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios.

—¿Puedo mirar? —Curioseo con vacilación, a la vez temiendo y deseando la idea.

—Cada momento, Mishka.

Apoyo mi cabeza en el pecho de Em y lo abrazo. La incertidumbre y la cautela me consumen.

—Tengo miedo —susurro—. Tengo miedo de que vuelva a ocurrir. No sé si alguna vez podré salir a la calle y caminar sola sin estremecerme cada vez que alguien pase cerca de mí.

—Lo harás. —Vuelve a acariciarme el cabello—. Te lo prometo.


NOTA:

Se que ahorita todo parece muy triste, pero ambos van a mejorar.

Este libro tiene 24 capitulos y un epilogo, puede que lo termine el Viernes o el Lunes.